En
la economía digital ocurre algo parecido a una autopista: no basta con
ser dueño del asfalto si otros controlan los peajes, los mapas, los vehículos
autónomos y los datos de todos los trayectos. Las telecos europeas han
construido buena parte de la infraestructura por la que circula internet, pero
el mayor valor se ha desplazado hacia quienes controlan las plataformas, la
nube, la inteligencia artificial y el software. Esa es la
contradicción que las fusiones por sí solas no resuelven.
La publicación del Informe Draghi sobre la competitividad europea, del Informe de Enrico Letta sobre el futuro del mercado único y las iniciativas impulsadas por la Comisión Europea en ámbitos como la inteligencia artificial, la conectividad y las infraestructuras digitales han reabierto un debate que lleva años presente en el sector de las telecomunicaciones: cómo puede Europa recuperar capacidad tecnológica y reducir la distancia que la separa de Estados Unidos y China.
En ese contexto, los principales directivos europeos de telecomunicaciones han intensificado sus llamamientos a favor de una mayor consolidación empresarial. Entre ellos está el presidente de Telefónica, Marc Murtra, que en diferentes intervenciones públicas ha defendido que la fragmentación del mercado europeo constituye uno de los principales obstáculos para el desarrollo tecnológico del continente y que Europa necesita operadores de mayor tamaño para competir en igualdad de condiciones con las grandes potencias digitales.
El diagnóstico de partida no resulta especialmente controvertido. Europa ha perdido peso relativo en sectores estratégicos como la inteligencia artificial, la computación en la nube, los centros de datos, las plataformas digitales y determinadas tecnologías críticas. También existe un amplio consenso sobre la necesidad de incrementar la inversión, mejorar la escala empresarial y reforzar la autonomía estratégica europea. Sin embargo, donde aparecen las diferencias es en la interpretación de las causas de ese retraso y, sobre todo, en las soluciones propuestas para corregirlo.
Las declaraciones de Murtra representan una visión cada vez más extendida dentro del sector de las telecomunicaciones: la idea de que Europa necesita reducir la fragmentación mediante fusiones, flexibilizar determinadas normas de competencia y permitir una mayor concentración empresarial para mejorar la capacidad inversora de los operadores. No obstante, una lectura detallada de los informes Draghi y Letta, así como de las iniciativas actualmente impulsadas por la Comisión Europea, permite observar que las conclusiones de estos documentos son bastante más complejas y matizadas de lo que habitualmente trasladan algunos directivos del sector.
El objetivo de este análisis es contrastar las afirmaciones realizadas por Marc Murtra con el contenido de los principales documentos estratégicos europeos publicados hasta la fecha. Para ello se examinan las recomendaciones recogidas en el Informe Draghi, el Informe Letta, la futura Digital Networks Act, las iniciativas europeas en inteligencia artificial, los datos de inversión en telecomunicaciones y los indicadores de investigación y desarrollo de las principales compañías tecnológicas. El análisis muestra que, aunque Murtra acierta al identificar la falta de escala como uno de los problemas estructurales de Europa, la solución planteada por el sector —basada fundamentalmente en la consolidación empresarial— no coincide necesariamente con la dirección estratégica que están marcando las instituciones europeas.
La cuestión no es si Europa necesita más escala. Sobre ello existe un consenso prácticamente generalizado. La cuestión relevante es qué tipo de escala pretende construir Europa y mediante qué instrumentos piensa alcanzarla. Esa diferencia es la que separa una estrategia centrada principalmente en la concentración empresarial de otra basada en la integración del mercado único, la cooperación industrial, los consorcios tecnológicos y la construcción de capacidades compartidas a escala continental.
El presidente de Telefónica, Marc Murtra, aprovechó ayer su participación en la 41ª Reunión del Cercle d'Economia para lanzar una advertencia sobre la situación tecnológica de Europa y su creciente dependencia de las grandes potencias digitales. Según Murtra, la Unión Europea atraviesa un momento crítico en plena revolución tecnológica y presenta "debilidades gigantescas" y "vulnerabilidades peligrosísimas" frente a Estados Unidos y China. El directivo considera que Europa ha perdido capacidad de influencia en ámbitos estratégicos como la inteligencia artificial, la computación en la nube, los centros de datos, las plataformas digitales y las infraestructuras de telecomunicaciones. Además, lamentó que las instituciones europeas carezcan actualmente de herramientas efectivas para regular a las grandes compañías tecnológicas estadounidenses, cuya dimensión económica y tecnológica supera ampliamente a la de las empresas europeas https://bit.ly/3Q3MxKx
Uno de los datos más significativos aportados por Murtra fue la evolución de la diferencia de tamaño entre las grandes tecnológicas estadounidenses y el sector europeo de las telecomunicaciones. Explicó que hace una década el valor bursátil conjunto de las cinco principales compañías tecnológicas de Estados Unidos era ocho veces superior al valor de todo el sector europeo de las telecomunicaciones. En la actualidad, esa diferencia se ha multiplicado hasta alcanzar aproximadamente 68 veces, reflejando el enorme crecimiento de empresas como Apple, Microsoft, Alphabet, Amazon y Meta frente al estancamiento relativo de los operadores europeos. Para Murtra, este desequilibrio pone de manifiesto una pérdida de competitividad estructural que amenaza la soberanía tecnológica europea https://bit.ly/4wYsldI
El presidente de Telefónica defendió que Europa necesita favorecer el crecimiento empresarial y las economías de escala para poder competir globalmente. A su juicio, la excesiva fragmentación del mercado europeo constituye uno de los principales obstáculos para el desarrollo tecnológico del continente. Esta posición no es nueva: Murtra lleva meses defendiendo que Europa necesita consolidar sus operadores de telecomunicaciones para crear grupos empresariales capaces de afrontar inversiones multimillonarias en inteligencia artificial, redes avanzadas y servicios digitales. En anteriores intervenciones había señalado que, mientras países como Estados Unidos, China, India o Japón cuentan con tres grandes operadores nacionales de referencia, Europa mantiene decenas de operadores repartidos entre distintos mercados nacionales, lo que dificulta la obtención de economías de escala comparables https://bit.ly/4elwpxg
Dentro de este contexto, Murtra valoró positivamente el cambio de orientación que, según él, está mostrando la Comisión Europea en materia de competencia y regulación. Destacó especialmente la nueva guía comunitaria sobre fusiones y adquisiciones y las iniciativas relacionadas con la futura Ley de Redes Digitales (DNA), la Digital Networks Act (DNA), que podrían facilitar operaciones de consolidación transfronteriza entre grandes operadores europeos. Llegó incluso a calificar este cambio de criterio como un "giro copernicano" respecto a la política seguida por Bruselas durante las últimas décadas. No obstante, reconoció que una reducción de las barreras regulatorias también implica asumir riesgos y posibles errores, defendiendo que Europa debe aceptar un mayor nivel de incertidumbre si quiere recuperar competitividad tecnológica https://bit.ly/4x6x4tV
La intervención de Murtra se enmarca en un discurso más amplio que viene desarrollando desde su llegada a la presidencia de Telefónica. En diferentes foros, especialmente durante el Mobile World Congress de Barcelona, ha insistido en que Europa corre el riesgo de convertirse en un simple consumidor de tecnología desarrollada en otras regiones. Según su análisis, la dependencia de software, plataformas de inteligencia artificial e infraestructuras digitales externas puede comprometer la seguridad, la privacidad y la autonomía estratégica del continente. Por ello, considera imprescindible desarrollar capacidades propias en inteligencia artificial, centros de datos, computación en la nube y ciberseguridad https://bit.ly/4uPpP8f
Murtra también puso como ejemplo las políticas industriales desarrolladas por Estados Unidos y China. Señaló que el Gobierno estadounidense ha impulsado importantes inversiones públicas y militares en infraestructuras vinculadas a la inteligencia artificial y los centros de datos, mientras que China ha favorecido el crecimiento de gigantes tecnológicos nacionales capaces de competir globalmente. En este sentido, mencionó el peso de Huawei en las redes móviles chinas como muestra de una estrategia coordinada de apoyo a empresas consideradas estratégicas. A su juicio, Europa debería adoptar mecanismos similares de colaboración público-privada para impulsar a sus compañías tecnológicas y garantizar su presencia en sectores críticos https://bit.ly/4auStDl
A pesar del diagnóstico crítico, Murtra se mostró optimista respecto al futuro europeo. Recordó que la Unión Europea sigue disponiendo de una economía de gran tamaño, una sólida base industrial, universidades de prestigio, talento científico e ingenieril, empresas competitivas e instituciones consolidadas. Considera que estos activos proporcionan una base suficiente para recuperar posiciones en la carrera tecnológica mundial, siempre que exista voluntad política para ejecutar las reformas necesarias. Su principal mensaje fue que Europa ya no necesita más diagnósticos, pues los problemas están identificados desde hace años; lo que hace falta ahora es aplicar medidas concretas para favorecer la innovación, la inversión y el crecimiento empresarial https://bit.ly/43MnUoZ
El planteamiento de Murtra parte de un diagnóstico real: Europa necesita más inversión, más escala y menos fragmentación. Sin embargo, convierte ese diagnóstico en una conclusión que no coincide plenamente con lo que sostienen la Comisión Europea, el Informe Draghi, el Informe Letta y la Digital Networks Act (DNA). La lectura de Murtra sugiere que la solución pasa por reducir la regulación para permitir menos operadores por país. Esa interpretación responde más a los intereses del sector de las telecomunicaciones que al núcleo de los documentos europeos citados.
La primera contradicción está en la idea de que la consolidación debe producirse principalmente por mercado nacional. El Informe Draghi sí habla de consolidación en telecomunicaciones, pero recomienda avanzar hacia un verdadero mercado único europeo y plantea que los mercados se definan a escala de la Unión Europea, no únicamente a escala de cada Estado miembro. Es decir, el problema no se formula como si España, Francia, Alemania o Italia necesitaran simplemente menos operadores nacionales, sino como la necesidad de superar la fragmentación regulatoria, de espectro, de normas y de mercados para crear operadores con dimensión europea sin sacrificar competencia, calidad ni bienestar del consumidor https://bit.ly/4dPBjCK
Lo mismo ocurre con el Informe Letta. Este informe no plantea una Europa de oligopolios nacionales protegidos, sino una integración más profunda del mercado único, especialmente en sectores como telecomunicaciones, energía y finanzas. Su propuesta consiste en eliminar barreras internas para que las empresas puedan operar, invertir y crecer a escala continental. Por tanto, utilizar a Letta para justificar fusiones que reduzcan competidores dentro de cada país resulta incompleto: su eje es el mercado único europeo, no la concentración nacional https://bit.ly/4emFJkz
La Comisión Europea tampoco ha dicho que vaya a abandonar el control de competencia para permitir automáticamente fusiones de cuatro a tres operadores por país. La revisión de las directrices de fusiones mantiene como misión central preservar mercados competitivos que ofrezcan productos innovadores, asequibles y de calidad. Es cierto que la Comisión abre la puerta a valorar mejor las eficiencias, la innovación, la inversión, la resiliencia y la escala, pero siempre bajo un análisis económico y jurídico basado en pruebas. Esto no equivale a una rebaja general de normas ni a una autorización automática de concentraciones nacionales https://bit.ly/4dPztBP
La Digital Networks Act (DNA) tampoco confirma la tesis de Murtra en los términos en que él la presenta. La DNA busca modernizar, simplificar y armonizar el marco europeo de conectividad para impulsar inversión, innovación y resiliencia, pero su lógica principal es sustituir la fragmentación normativa por reglas más coherentes a escala europea. La Comisión habla de armonización, seguridad, espectro, despliegue de redes, apagado del cobre y objetivos de conectividad, no de reducir por principio el número de operadores nacionales https://bit.ly/4o6msr1
También es discutible la afirmación de que la regulación europea impide por sí sola la inversión. Los documentos europeos identifican más causas: fragmentación del mercado, falta de integración financiera, costes de capital, asignación del espectro, retrasos administrativos, baja rentabilidad, duplicidades de red, ausencia de escala transfronteriza y déficit de inversión público-privada. Draghi, por ejemplo, habla de una necesidad mucho más amplia de inversión adicional en Europa y de una política industrial coordinada, no solo de fusiones entre operadores https://bit.ly/4fqFtlG
La comparación con Estados Unidos, China, India o Japón también es parcial. Murtra usa esos ejemplos para defender menos operadores por país, pero los informes europeos no trasladan mecánicamente esos modelos a la Unión Europea. La UE es un mercado compuesto por 27 Estados, con lenguas, reguladores, marcos de espectro, fiscalidad y condiciones de competencia distintas. Por eso Draghi y Letta insisten en completar el mercado único europeo como condición previa para generar escala real https://bit.ly/4od45AQ
Tampoco se sostiene que Europa carezca de herramientas para regular a las grandes tecnológicas estadounidenses. Puede discutirse su eficacia o su aplicación práctica, pero la Unión Europea sí dispone de instrumentos como la Digital Markets Act, la Digital Services Act, el Reglamento de Datos, la Ley de IA y las normas de competencia. Draghi incluso recomienda aplicar mejor esas reglas y reforzar la capacidad europea, no sustituirlas por una desregulación general del sector de las telecomunicaciones https://bit.ly/4e3HC4e
En consecuencia, la tesis central de Murtra mezcla tres planos distintos. El primero, correcto, es que Europa necesita más inversión, más escala y menos fragmentación. El segundo, también presente en los documentos europeos, es que la regulación debe simplificarse y armonizarse. El tercero, que constituye el salto no demostrado, es que esa simplificación deba traducirse necesariamente en menos operadores por mercado nacional. Ni Draghi, ni Letta, ni la Comisión, ni la DNA sostienen de forma directa que la solución sea reducir la competencia nacional para mejorar las finanzas de los operadores.
La lectura más fiel de los documentos europeos es otra: Europa debe crear condiciones para operadores e infraestructuras con escala continental, más inversión, mejor coordinación pública y privada, mercados de capitales más integrados, espectro más eficiente y regulación menos fragmentada. Eso no equivale a aceptar que la consolidación nacional sea siempre positiva ni que el bienestar del consumidor pueda quedar subordinado a la rentabilidad de las telecos. El discurso de Murtra interpreta los informes europeos en clave empresarial, pero no reproduce con precisión el equilibrio que mantienen la Comisión, Draghi, Letta y la DNA entre escala, inversión, competencia y protección del consumidor.
Cuando se analizan las declaraciones de Murtra sobre la necesidad de una mayor participación pública en el desarrollo tecnológico europeo, conviene señalar que ese punto de partida ya existe dentro de la estrategia comunitaria. Un ejemplo es el AI Continent Action Plan, una iniciativa de la Comisión Europea destinada a movilizar 200.000 millones de euros para el desarrollo de la inteligencia artificial en Europa, incluyendo 20.000 millones de euros para financiar hasta cinco grandes gigafactorías de IA. Paralelamente, la Unión prevé el despliegue de una red de 19 AI Factories destinadas a apoyar a startups, centros de investigación e industria europea. Estas infraestructuras se apoyan en la empresa común europea de supercomputación EuroHPC y están concebidas para facilitar el desarrollo de modelos avanzados de inteligencia artificial dentro de Europa.
Sin embargo, directivos del sector como Murtra continúan defendiendo una interpretación mucho más reduccionista del problema europeo. La tesis que aparece de forma recurrente en sus intervenciones puede resumirse en una idea sencilla: Europa carece de escala porque existen demasiados operadores y, por tanto, la solución pasa por facilitar procesos de consolidación a través de fusiones. Esta interpretación encuentra apoyo parcial en el Informe Draghi, que señala que Europa necesita aproximadamente 200.000 millones de euros para alcanzar los objetivos de conectividad gigabit y despliegue de 5G, que la inversión por habitante es inferior a la de otras grandes economías y que existe una elevada fragmentación del mercado, con 34 grupos móviles relevantes frente a un número mucho más reducido en Estados Unidos o China. Por ello, Draghi propone facilitar determinados procesos de consolidación, definir los mercados de telecomunicaciones a escala europea y otorgar mayor peso a los compromisos de innovación e inversión en los análisis de competencia https://bit.ly/4v1erq
No obstante, convertir esas recomendaciones en una defensa automática de las fusiones constituye una simplificación que no se corresponde con el contenido completo de los informes europeos. Draghi no afirma que cualquier proceso de concentración empresarial genere por sí mismo soberanía tecnológica o liderazgo digital. Su propuesta central consiste en construir un auténtico mercado único europeo de telecomunicaciones. En la misma línea, el Informe Letta reclama un mercado europeo integrado de comunicaciones electrónicas, con operadores capaces de actuar a escala continental, una mayor armonización del espectro radioeléctrico, reglas comunes de consumo y una coordinación efectiva de las decisiones estratégicas para cerrar la brecha inversora que separa a Europa de sus competidores https://bit.ly/4uHgXRQ
La diferencia es importante porque el problema de escala de las telecomunicaciones europeas no es únicamente societario. Se trata de una cuestión estructural. Europa sigue operando con 27 marcos regulatorios distintos, subastas nacionales de espectro, regímenes fiscales diferentes, normativas divergentes para el despliegue de infraestructuras y mercados de consumo fragmentados. Letta subraya precisamente que la política de espectro debe avanzar hacia una mayor integración y que Europa necesita coordinar recursos, inversiones y conocimiento para mantener posiciones de liderazgo en tecnologías 5G y 6G https://bit.ly/4dQFjBv Del mismo modo, la Comisión Europea abrió una consulta específica a través de su Libro Blanco sobre Infraestructuras Digitales porque considera que el problema no es exclusivamente empresarial, sino también institucional y regulatorio https://bit.ly/4uNONVu
Por ello, la estrategia basada principalmente en fusiones presenta limitaciones evidentes. Puede mejorar temporalmente la situación financiera de determinados operadores y elevar indicadores como el EBITDA, pero no resuelve por sí misma los problemas de fondo identificados por la Comisión, Draghi o Letta. Una fusión no crea una nube soberana europea, no desarrolla capacidades propias de inteligencia artificial, no establece una política común de espectro, no construye una plataforma europea de edge computing ni genera estándares industriales continentales. De hecho, el propio Draghi advierte que Europa apenas cuenta con presencia relevante en edge computing, una de las infraestructuras críticas para la siguiente fase de la transformación digital https://bit.ly/49BcPdU
La debilidad de esta interpretación se hace aún más evidente cuando se examinan los datos de inversión en I+D. Los directivos de las grandes operadoras europeas como Murtra suelen insistir en que la soberanía digital europea requiere capacidades tecnológicas propias, software propio y un ecosistema innovador capaz de competir con Estados Unidos y China. Sin embargo, los datos recogidos por la Comisión Europea en el EU Industrial R&D Investment Scoreboard 2025 muestran una realidad mucho más compleja https://bit.ly/4uBugmZ Según este informe, las cinco grandes tecnológicas estadounidenses —Amazon, Alphabet, Meta, Microsoft y Apple— invirtieron conjuntamente en el año 2025 un total de 214.900 millones de euros en I+D, mientras que las siete compañías europeas de telecomunicaciones incluidas en dicho ranking apenas alcanzaron 3.545 millones de euros. La diferencia es abrumadora: por cada euro que invierten las telecos europeas en I+D, los hiperescaladores invierten aproximadamente sesenta euros.
Esta comparación introduce una contradicción fundamental en el discurso de directivos como Murtra. Si la soberanía digital depende de la capacidad de generar tecnología propia, la principal brecha europea no parece situarse únicamente en el número de operadores presentes en cada mercado nacional, sino en la capacidad de innovación, desarrollo de software, inteligencia artificial, computación en la nube y plataformas digitales. Las operadoras europeas han destinado durante años enormes recursos a redes, espectro y despliegues físicos, pero no han construido posiciones equivalentes en los segmentos tecnológicos donde actualmente se concentra el mayor valor añadido https://bit.ly/3RMygCE
A esta contradicción se suma otra derivada de los propios datos económicos del sector. La inversión total de las compañías de telecomunicaciones europeas alcanzó 56.300 millones de euros en 2021, aumentó hasta 59.100 millones en 2022 y se situó en 57.900 millones en 2023. En términos per cápita, la inversión europea fue de 117,9 euros por habitante, frente a 226,4 euros en Estados Unidos y 36,3 euros en China. Cuando se corrigen estas cifras por PIB per cápita, la diferencia con Estados Unidos se reduce significativamente: 117,9 euros en Europa frente a 134,9 euros en Estados Unidos, mientras China queda en 75,7 euros. Estos datos muestran que Europa sigue realizando un esfuerzo inversor considerable y cuestionan que la falta de inversión pueda atribuirse exclusivamente a la existencia de demasiados operadores https://bit.ly/3Pi0lB1
La evolución de los ingresos también ofrece una perspectiva relevante. Los ingresos minoristas de telecomunicaciones crecieron apenas un 1,7 % en Europa durante 2023 y, descontando la inflación, registraron una caída real del 4,4 %, un comportamiento inferior al observado en Estados Unidos, China o Corea del Sur. Sin embargo, las actividades digitales B2B no directamente ligadas a la conectividad —cloud, ciberseguridad, servicios gestionados, inteligencia artificial o integración tecnológica— crecieron a una tasa anual compuesta del 16,5 % entre 2014 y 2023 y mantenían expectativas de crecimiento superiores al 10 % para 2024 https://bit.ly/4urk1l9
Estos datos sugieren que el problema fundamental de las telecomunicaciones europeas no reside únicamente en el tamaño de las compañías o en el número de competidores presentes en cada país. La cuestión central parece estar relacionada con la capacidad para capturar valor en las nuevas cadenas digitales. Mientras los servicios tradicionales de conectividad muestran síntomas de estancamiento, las actividades digitales avanzadas son las que concentran el crecimiento y el potencial de generación de valor.
La conclusión es que Murtra y otros directivos del sector aciertan al señalar la existencia de un problema de escala en Europa. Sin embargo, el salto lógico que convierte las fusiones y la reducción del número de operadores nacionales en la solución principal no se desprende de los informes Draghi, Letta ni de las iniciativas actualmente impulsadas por la Comisión Europea. Todos estos documentos apuntan hacia una dirección distinta: la construcción de escala europea mediante integración del mercado único, armonización regulatoria, coordinación industrial, inversión compartida y desarrollo de capacidades tecnológicas comunes. En ese contexto, los consorcios europeos, las infraestructuras compartidas y los proyectos paneuropeos aparecen mucho más alineados con la estrategia comunitaria que una política centrada exclusivamente en la consolidación nacional de operadores.
La cuestión de fondo es que el debate europeo sobre las telecomunicaciones corre el riesgo de centrarse en el instrumento equivocado. El problema de Europa no puede reducirse exclusivamente al número de operadores presentes en cada mercado nacional. La evidencia analizada a lo largo de este trabajo muestra que la brecha tecnológica con Estados Unidos y China se localiza fundamentalmente en ámbitos como la: inteligencia artificial, la computación en la nube, el software, los semiconductores, las plataformas digitales y la capacidad de inversión en investigación y desarrollo. Son estos sectores los que concentran actualmente la mayor parte del valor añadido de la economía digital y los que determinan la capacidad real de innovación y autonomía tecnológica.
En este contexto, resulta significativo que las propias compañías de telecomunicaciones europeas inviertan en investigación y desarrollo una cantidad muy inferior a la de los grandes hiperescaladores estadounidenses. Mientras las operadoras continúan defendiendo que la consolidación es una condición necesaria para recuperar competitividad, los datos muestran que la distancia tecnológica no depende únicamente de la escala empresarial o del número de competidores, sino también de la capacidad para generar conocimiento, desarrollar tecnologías propias y capturar valor en las nuevas cadenas digitales. La cuestión central no es si Europa tiene tres, cuatro o cinco operadores por país. La cuestión es quién controla las capas tecnológicas donde se genera el mayor valor económico y estratégico. Mientras las operadoras debaten sobre consolidación, los hiperescaladores continúan ampliando su ventaja en inteligencia artificial, computación, software y plataformas digitales.
La experiencia europea demuestra además que la construcción de capacidades estratégicas no siempre ha dependido de procesos de concentración empresarial. Cuando Europa ha conseguido crear actores capaces de competir a escala global, lo ha hecho frecuentemente mediante mecanismos de cooperación industrial, integración tecnológica y coordinación política como son los consorcios. Airbus constituye probablemente el mejor ejemplo de esta lógica. Ningún Estado europeo habría podido competir por sí solo con Boeing. La respuesta no fue eliminar competidores nacionales para crear un monopolio doméstico, sino construir una capacidad industrial común mediante la cooperación entre varios países europeos. La filosofía que subyace en los informes de Mario Draghi y Enrico Letta se aproxima mucho más a este modelo de integración continental que a una estrategia basada exclusivamente en la reducción del número de operadores nacionales.
Esta diferencia resulta especialmente relevante porque la propia Comisión Europea ya está avanzando en una dirección distinta a la planteada por parte del sector de las telecomunicaciones. Iniciativas como las AI Factories, las futuras gigafactorías de inteligencia artificial, EuroHPC, IRIS², los programas europeos de semiconductores o las diferentes iniciativas destinadas a reforzar la soberanía tecnológica europea responden a una lógica de construcción de capacidades compartidas a escala continental. El objetivo no es únicamente aumentar el tamaño de determinadas empresas, sino desarrollar infraestructuras, conocimiento, tecnología y capacidades estratégicas que puedan ser utilizadas por el conjunto del ecosistema europeo.
Por ello, el verdadero debate no gira en torno a si Europa necesita más escala. Sobre esa cuestión existe un amplio consenso entre la Comisión Europea, los informes Draghi y Letta, los operadores de telecomunicaciones y la mayoría de los actores económicos. La discrepancia aparece cuando se analiza cómo debe construirse esa escala. Mientras una parte del sector de las telecomunicaciones en el que se integra Murtra identifica la escala principalmente con la consolidación empresarial y la reducción del número de operadores, los documentos estratégicos europeos apuntan hacia una escala basada en la integración del mercado único, la armonización regulatoria, la cooperación industrial, las inversiones compartidas y el desarrollo de capacidades tecnológicas comunes.
La diferencia no es menor. La consolidación puede mejorar determinadas métricas financieras de los operadores y facilitar algunas inversiones, pero no garantiza por sí misma la aparición de tecnologías propias, plataformas digitales europeas, capacidades avanzadas de inteligencia artificial o infraestructuras estratégicas continentales. Por el contrario, la construcción de capacidades comunes permite concentrar recursos, compartir riesgos y desarrollar tecnologías críticas sin renunciar necesariamente a la competencia en los mercados nacionales.
Desde esta perspectiva, la principal conclusión que se desprende de los informes Draghi, Letta y de las iniciativas actualmente impulsadas por la Comisión Europea es que Europa necesita construir soberanía tecnológica a través de una mayor integración continental, no únicamente mediante una mayor concentración empresarial. El reto europeo no consiste simplemente en tener operadores más grandes, sino en desarrollar capacidades tecnológicas propias que permitan competir en igualdad de condiciones con Estados Unidos y China. La escala es necesaria, pero la forma de alcanzarla determinará en gran medida el modelo tecnológico y económico que Europa sea capaz de construir durante las próximas décadas.
Para terminar el post quiero manifestar que al comienzo de este análisis se planteaba una imagen sencilla: en la economía digital no basta con ser propietario del asfalto si otros controlan los peajes, los mapas, los vehículos autónomos y los datos que circulan por la carretera. Precisamente ahí reside la principal debilidad del planteamiento que defienden Marc Murtra y buena parte de los directivos europeos de telecomunicaciones. Las telecos europeas han construido durante décadas las infraestructuras sobre las que se apoya la transformación digital. Han desplegado redes fijas, redes móviles, fibra óptica y centros de conexión que constituyen un elemento imprescindible para el funcionamiento de la economía digital. Sin embargo, el centro de gravedad tecnológico se ha desplazado progresivamente hacia otras capas de la cadena de valor. Hoy el mayor valor económico, la mayor capacidad de innovación y la mayor influencia estratégica no se encuentran en las redes, sino en la inteligencia artificial, el software, la computación en la nube, los semiconductores, las plataformas digitales y las infraestructuras avanzadas de computación.
La paradoja es que Murtra identifica correctamente la pérdida de peso relativo de Europa, pero focaliza la respuesta en un problema que ya no constituye el núcleo de la cuestión. La discusión sobre si debe haber tres, cuatro o cinco operadores por país puede tener relevancia para la rentabilidad de las compañías de telecomunicaciones, pero resulta insuficiente para abordar el verdadero desafío tecnológico europeo. La digitalización ya no está en manos de los operadores. La digitalización está cada vez más concentrada en los grandes hiperescaladores y plataformas tecnológicas globales.
Los propios datos analizados a lo largo de este trabajo muestran con claridad esa realidad. Mientras las grandes tecnológicas estadounidenses invierten más de 214.000 millones de euros anuales en investigación y desarrollo, las principales operadoras europeas apenas superan los 3.500 millones. La brecha no deja de crecer año tras año. Los hiperescaladores amplían su ventaja en inteligencia artificial, cloud, software, capacidad de computación y desarrollo de plataformas digitales, mientras las telecos continúan destinando la mayor parte de sus recursos a infraestructuras de conectividad cada vez más difíciles de rentabilizar.
Por ello, resulta difícil sostener que la consolidación empresarial constituya la respuesta principal al problema europeo. Una fusión puede mejorar balances, aumentar márgenes o facilitar determinadas inversiones, pero no altera la realidad fundamental: las operadoras europeas continúan muy lejos de los niveles de inversión tecnológica que realizan los actores que actualmente lideran la transformación digital mundial. La consolidación puede cambiar la estructura de un mercado; no cambia por sí sola la posición tecnológica de Europa.
En este sentido, la insistencia del sector en convertir la consolidación en el eje central del debate corre el riesgo de resultar contraproducente para Europa. Cuanto más se concentre la discusión pública en el número de operadores presentes en cada mercado nacional, menos atención se prestará a los verdaderos desafíos estratégicos: la capacidad de computación, la inteligencia artificial, los semiconductores, las plataformas digitales, la soberanía del dato o el desarrollo de tecnologías propias. El problema europeo no es únicamente de tamaño empresarial; es, sobre todo, un problema de capacidades tecnológicas.
Precisamente por ello, las iniciativas impulsadas por la Comisión Europea, los planteamientos recogidos en los informes Draghi y Letta y la experiencia acumulada por proyectos como Airbus apuntan en una dirección diferente. Europa no necesita únicamente operadores más grandes; necesita capacidades comunes más grandes. Necesita coordinar recursos, compartir riesgos, movilizar inversión y desarrollar infraestructuras tecnológicas estratégicas que ningún Estado miembro ni ninguna empresa europea puede construir por sí sola… Y directivos como Murtra no se acaban de enterar.
A día de hoy, la herramienta más realista para avanzar en esa dirección no son las fusiones nacionales, sino los consorcios europeos. Son los consorcios los que permiten agregar escala sin eliminar necesariamente competencia, coordinar inversiones sin concentrar mercados y desarrollar capacidades comunes sin reproducir modelos oligopolísticos nacionales. Airbus en la aviación, EuroHPC en supercomputación, IRIS² en conectividad espacial o las futuras gigafactorías de inteligencia artificial muestran que Europa dispone de precedentes y mecanismos para construir soberanía tecnológica mediante cooperación e integración.
Por eso, la cuestión decisiva para el futuro digital europeo no es cuántos operadores sobrevivan en cada país dentro de diez años. La cuestión decisiva es si Europa será capaz de construir capacidades tecnológicas propias en aquellos ámbitos donde hoy se genera el valor, la innovación y el poder económico. Si la respuesta a ese desafío continúa limitándose a la consolidación de las telecos, Europa corre el riesgo de seguir discutiendo sobre el tamaño de los propietarios de la autopista mientras otros continúan controlando los peajes, los vehículos, los mapas y el destino final de todo el tráfico digital.
Ya lo dijo Enrico Letta: “La escala no consiste solo en ser más grande, sino en ser capaz de hacer juntos lo que separados resulta imposible.”








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