sábado, 17 de octubre de 2026

TELEFÓNICA CONTRA LA SOBERANÍA DIGITAL EUROPEA: MIENTRAS BRUSELAS INVIERTE EN CABLES SUBMARINOS, MURTRA, GAYO Y DE PAZ PLANTEAN VENDER TELXIUS

 

El 5 de agosto de 1914, apenas iniciada la Primera Guerra Mundial, el buque británico CS Alert cortó varios cables submarinos alemanes en el canal de la Mancha. La operación, realizada por el Reino Unido, buscaba interrumpir las comunicaciones telegráficas internacionales de Alemania y dificultar su capacidad para transmitir información al exterior. Aquellos cables cumplían una función comparable, en términos de conectividad internacional, a la que hoy desempeñan las grandes redes submarinas de fibra óptica. La lección histórica es contundente: quien depende de infraestructuras de comunicación que no puede proteger o controlar puede encontrarse en una situación de vulnerabilidad cuando estalla una crisis. Más de un siglo después, la tecnología ha cambiado radicalmente, pero la importancia estratégica de las comunicaciones internacionales permanece.

Mientras la Unión Europea destina recursos a reforzar sus infraestructuras digitales estratégicas, Orange, Equitix y MDM impulsan el proyecto PISCES, un nuevo cable submarino que conectará Irlanda, Francia, España y Portugal en 2028. Al mismo tiempo, Telefónica y Pontegadea estudian la venta de Telxius, una compañía que ya dispone de importantes infraestructuras internacionales de fibra óptica.

¿Por qué Europa apuesta por construir y proteger estas redes mientras Telefónica contempla desprenderse de una empresa que opera precisamente en ese sector? En este post analizamos el proyecto PISCES, la financiación europea CEF Digital, las recomendaciones del informe Niinistö y las decisiones estratégicas que deben explicar Marc Murtra, Emilio Gayo y Javier de Paz.

Una cuestión que va mucho más allá de una operación empresarial: está en juego el debate sobre quién controla las infraestructuras que sostienen las comunicaciones internacionales y la autonomía digital europea.

PISCES: ORANGE, EQUITIX Y MDM DESPLEGARÁN UN CABLE SUBMARINO DE 3.125 KILÓMETROS QUE CONECTARÁ IRLANDA, ESPAÑA, FRANCIA Y PORTUGAL EN 2028

17 de octubre de 2026. Las compañías Orange, Equitix y MDM han anunciado la constitución de una empresa conjunta para desarrollar y desplegar PISCES, un nuevo sistema de cable submarino de fibra óptica que establecerá una conexión directa entre Irlanda, Francia, España y Portugal a través del océano Atlántico y el golfo de Vizcaya. La infraestructura tendrá una longitud aproximada de 3.125 kilómetros, dispondrá de 16 pares de fibra óptica y está previsto que se despliegue durante 2028. El proyecto tiene como principal finalidad ampliar la capacidad de transmisión de datos entre Irlanda y Europa continental, diversificar las rutas internacionales de telecomunicaciones y reforzar la resistencia de las redes digitales europeas frente a posibles interrupciones. La iniciativa ha sido recogida este sábado por el diario económico Cinco Días, en una información publicada por Ramón Muñoz bajo el título «Orange, Equitix y MDM desplegarán un cable submarino entre Irlanda y España», que puede consultarse en el siguiente enlace: https://tinyurl.com/ydpp8vz8

La nueva infraestructura será desarrollada por PISCES Cable System Limited, una sociedad conjunta constituida por Orange, grupo francés de telecomunicaciones; Equitix, firma de inversión especializada en infraestructuras; y MDM, compañía irlandesa dedicada al desarrollo de sistemas submarinos de comunicaciones. La dirección general de esta sociedad estará a cargo de Carine Romanetti, antigua directiva de Orange y profesional especializada en el sector de las telecomunicaciones submarinas. La constitución de esta empresa conjunta, anunciada oficialmente el 14 de octubre de 2026, supone un nuevo avance en un proyecto que ya había sido presentado por MDM en mayo de 2024 y que cuenta con el respaldo financiero de la Unión Europea. Según la información difundida por las empresas promotoras, el sistema está concebido como una infraestructura de alta capacidad, acceso abierto y ampliable, destinada a atender las necesidades de conectividad de los operadores de telecomunicaciones, los grandes centros de datos y los proveedores internacionales de servicios digitales. La iniciativa forma parte de los esfuerzos europeos por ampliar las infraestructuras de comunicaciones estratégicas y reducir la dependencia de determinadas rutas internacionales de transmisión de información.

El trazado previsto conectará Galway, en la costa occidental de Irlanda; Saint-Hilaire-de-Riez, en Francia; Sopelana, en Vizcaya; y Carcavelos, en Portugal, estableciendo una nueva ruta de fibra óptica entre cuatro países europeos. Uno de los aspectos más importantes del proyecto será su conexión con territorio español, ya que Orange construirá una nueva estación de amarre de cables submarinos en Sopelana, desde la que se enlazará la infraestructura instalada en el fondo marino con las redes terrestres de telecomunicaciones. Esta estación permitirá incorporar el sistema PISCES a las redes de transmisión que operan en la península ibérica y facilitará la conexión con otros puntos de intercambio de tráfico y centros de datos. La costa vasca se convertirá así en uno de los puntos de entrada de esta nueva infraestructura internacional. Aunque el recorrido general del cable se desarrollará por el Atlántico y el golfo de Vizcaya, la documentación publicada identifica Sopelana como el punto de amarre español y no confirma estaciones adicionales en Asturias, Cantabria o Galicia. Por tanto, cualquier referencia a posibles conexiones terrestres en estas comunidades debe diferenciarse del trazado y de las instalaciones anunciadas oficialmente.

Una de las principales características de PISCES será la creación de una conexión directa entre Irlanda y Europa continental que no necesitará atravesar el Reino Unido. Durante años, una parte importante de las comunicaciones internacionales irlandesas ha dependido de rutas que pasan por territorio británico, por lo que la incorporación de una nueva infraestructura submarina permitirá disponer de recorridos alternativos para el intercambio de información. Esta circunstancia adquiere especial importancia debido al papel que desempeña Irlanda como uno de los principales centros europeos de actividad relacionada con los servicios de computación en la nube, los grandes centros de datos y las plataformas tecnológicas internacionales. La presencia de importantes operadores digitales y proveedores de infraestructuras informáticas genera necesidades de transmisión de datos que requieren conexiones de elevada capacidad y disponibilidad. PISCES está diseñado para facilitar la interconexión directa de estas instalaciones con las redes de Francia, España y Portugal, además de ofrecer nuevas posibilidades de enlace con otros sistemas internacionales. La diversificación de rutas constituye uno de los objetivos expresamente señalados por las empresas promotoras y por la Comisión Europea, al permitir que los operadores dispongan de alternativas cuando se producen averías, interrupciones o incidencias en determinadas infraestructuras de comunicaciones.

Desde el punto de vista técnico, PISCES contará con 16 pares de fibra óptica, equivalentes a 32 fibras individuales, y funcionará mediante un modelo de acceso abierto (open access), con disponibilidad de fibra oscura (dark fiber). El acceso abierto permitirá que diferentes operadores y clientes puedan contratar capacidad en la infraestructura, mientras que la fibra oscura consiste en fibras ópticas que se ponen a disposición de los usuarios sin los equipos electrónicos de transmisión necesarios para activarlas. De este modo, los operadores que contraten este servicio podrán incorporar sus propios sistemas de comunicaciones y gestionar la capacidad de transmisión de acuerdo con sus necesidades técnicas. Esta configuración está especialmente orientada a operadores mayoristas, proveedores de servicios en la nube, empresas tecnológicas y organizaciones que necesitan conexiones internacionales de gran capacidad. El proyecto también contempla la interconexión con sistemas submarinos transatlánticos e internacionales existentes, con el objetivo de facilitar el intercambio de tráfico entre las redes europeas y otras infraestructuras de comunicaciones globales. Aunque se ha anunciado la configuración de 16 pares de fibra, las informaciones oficiales no concretan una capacidad comercial total definitiva expresada en terabits por segundo, por lo que no resulta posible establecer una cifra de velocidad global confirmada para el sistema.

La financiación del proyecto combina la participación de las empresas promotoras con fondos procedentes de la Unión Europea a través del programa Connecting Europe Facility (CEF Digital), integrado en el Mecanismo «Conectar Europa». Este instrumento comunitario está destinado a apoyar el desarrollo de infraestructuras estratégicas que contribuyan a mejorar la conectividad y la integración de las redes digitales europeas. PISCES también está vinculado a los objetivos de la estrategia europea Global Gateway, orientada al desarrollo de infraestructuras y conexiones internacionales. En el ámbito de la inversión privada, Equitix participa a través de Equitix Infra Ireland, un vehículo financiero dedicado al desarrollo de nuevas infraestructuras que cuenta con el respaldo del Ireland Strategic Investment Fund (ISIF), el fondo estratégico de inversión irlandés. La participación de estas entidades se suma a la aportación industrial y tecnológica de Orange y MDM, responsables de impulsar el desarrollo del sistema y su futura integración en el mercado internacional de telecomunicaciones. La Comisión Europea ya había publicado información específica sobre PISCES el 27 de marzo de 2026, destacando su contribución a la diversificación de las rutas submarinas, la mejora de la conectividad entre Estados miembros y el fortalecimiento de la autonomía digital europea.

El proyecto ha completado una de sus principales fases preparatorias con la finalización del estudio marino del trazado en agosto de 2026, según confirmaron las empresas participantes. Estos trabajos fueron realizados por Elettra Tlc y Orange Marine, compañías vinculadas al grupo Orange y especializadas en el desarrollo y mantenimiento de infraestructuras submarinas de telecomunicaciones. Los estudios marinos permiten obtener información sobre las condiciones del fondo oceánico y las características de las zonas por las que está previsto instalar el cable, datos necesarios para completar el diseño técnico de la infraestructura y preparar las operaciones de tendido. Tras esta fase, el proyecto se encuentra actualmente en los procesos de ingeniería y tramitación de las autorizaciones administrativas y medioambientales necesarias para su ejecución. Las compañías han establecido 2028 como año previsto para el despliegue del cable, aunque no han anunciado una fecha definitiva de entrada en funcionamiento comercial. Por tanto, PISCES continúa siendo una infraestructura en desarrollo y su instalación efectiva dependerá de la finalización de los trabajos técnicos y de la obtención de los permisos correspondientes.


                  Cables submarinos que dan servicio a Europa

Otro de los aspectos recogidos en la documentación de la Comisión Europea es el estudio de la posible incorporación de tecnologías SMART (Science Monitoring And Reliable Telecommunications), destinadas a combinar determinadas funciones de telecomunicaciones con sistemas de observación científica del océano. Estas tecnologías permiten estudiar la integración de sensores capaces de registrar variables ambientales y geofísicas, con aplicaciones potenciales en la investigación oceanográfica y en los sistemas de alerta temprana ante determinados fenómenos naturales. Entre las posibilidades que se analizan se encuentran la observación de las condiciones oceánicas y la detección de señales relacionadas con terremotos y tsunamis. Sin embargo, la incorporación de estas capacidades a PISCES se encuentra en fase de evaluación y no ha sido confirmada como una característica definitiva del sistema. La documentación europea presenta esta posibilidad como una línea de estudio asociada al proyecto, por lo que debe distinguirse de los elementos técnicos y operativos que ya han sido anunciados por sus promotores.

La nueva infraestructura también se integrará en un entorno de comunicaciones submarinas en el que ya operan otros sistemas internacionales. Galway dispone actualmente de conexiones como el cable IRIS, que enlaza Irlanda con Islandia, mientras que Saint-Hilaire-de-Riez es uno de los puntos de llegada del sistema Dunant, que conecta Francia con Estados Unidos. Por su parte, Carcavelos, en Portugal, forma parte de una zona de concentración de infraestructuras submarinas internacionales, con conexiones asociadas a sistemas como 2Africa, ACE y Medusa. La incorporación de PISCES permitirá establecer una nueva ruta entre estos territorios y facilitará su integración con otras redes existentes. Esta característica resulta relevante porque los cables submarinos constituyen una parte esencial de las comunicaciones internacionales y transportan grandes cantidades de información entre países y continentes. La existencia de múltiples rutas permite distribuir el tráfico entre diferentes infraestructuras y disponer de alternativas técnicas cuando se producen incidencias en alguno de los enlaces.

Las empresas participantes han relacionado el desarrollo de PISCES con el crecimiento de las necesidades de conectividad derivadas de la expansión de los centros de datos, los servicios digitales y las aplicaciones de inteligencia artificial. Valérie Cussac, directora ejecutiva de Orange Wholesale International, ha destacado la importancia de las infraestructuras submarinas de la costa atlántica para atender las necesidades de transmisión de información de los próximos años. Según la compañía, la construcción de nuevas rutas de alta capacidad constituye un elemento necesario para conectar los centros de datos y las plataformas tecnológicas que operan en distintos países europeos. Por su parte, Carine Romanetti, directora general de PISCES Cable System Limited, ha señalado la importancia de la colaboración entre las empresas accionistas y de la financiación europea para desarrollar una infraestructura destinada a reforzar la conectividad y la resistencia de las redes del continente. Achal Bhuwania, director de inversiones de Equitix, también ha subrayado la necesidad de mantener la inversión en infraestructuras digitales críticas para responder a las crecientes necesidades de comunicación de Europa. Estas declaraciones forman parte del anuncio oficial realizado por las empresas promotoras el 14 de octubre de 2026.

La puesta en marcha de PISCES supondrá la incorporación de una nueva ruta submarina de comunicaciones entre Irlanda y Europa continental, con conexiones en Francia, España y Portugal y una longitud aproximada de 3.125 kilómetros. Su configuración de 16 pares de fibra óptica, el modelo de acceso abierto y la posibilidad de contratar fibra oscura permitirán ofrecer servicios de conectividad internacional a diferentes operadores y proveedores tecnológicos. Para España, el proyecto contempla la construcción de una nueva estación de amarre en Sopelana, Vizcaya, que facilitará la integración de esta infraestructura con las redes terrestres de telecomunicaciones. El sistema cuenta con respaldo financiero europeo, participación de inversores privados y trabajos de reconocimiento marino ya finalizados, mientras continúa la fase de ingeniería y autorización administrativa. Su despliegue está previsto para 2028, sin que hasta el momento se haya confirmado una fecha concreta de entrada en servicio. Con esta infraestructura, los promotores pretenden ampliar las alternativas de conexión entre Irlanda y el continente, reducir la dependencia de las rutas que atraviesan el Reino Unido y reforzar la capacidad de las redes internacionales de transmisión de datos.

FUENTES: Información publicada por Cinco Días, el 17 de octubre de 2026, y complementada con el comunicado oficial de Orange, Equitix y MDM del 14 de octubre de 2026, la documentación de la Comisión Europea publicada el 27 de marzo de 2026 y las informaciones difundidas por Data Center Dynamics, Xataka Móvil y otros medios especializados en telecomunicaciones.

El PISCES (Pisces Cable System) es un proyecto europeo de cable submarino de fibra óptica que conectará Irlanda, Francia, España y Portugal a través del océano Atlántico.

El objetivo del cable submarino PISCES es mejorar las comunicaciones de Internet en Europa, aumentar la seguridad de las conexiones y reducir la dependencia de otras rutas internacionales, dentro del programa Connecting Europe Facility - CEF Digital.

📍 Características principales

Característica

Información

Nombre

PISCES Cable System

Tipo

Cable submarino de fibra óptica

Longitud

Aproximadamente 3.000 km

Países

Irlanda, Francia, España y Portugal

Tecnología

Fibra óptica de alta capacidad

Arquitectura prevista

16 fibras

Financiación

Unión Europea y participantes privados

Estado en 2026

Proyecto en desarrollo y despliegue

La Comisión Europea publicó información actualizada sobre el proyecto en marzo de 2026 https://tinyurl.com/ydpp8vz8

CONNECTING EUROPE FACILITY – CEF DIGITAL: EL PROGRAMA EUROPEO QUE FINANCIA LAS INFRAESTRUCTURAS DIGITALES ESTRATÉGICAS Y REFUERZA LA CONECTIVIDAD ENTRE LOS PAÍSES DE LA UNIÓN EUROPEA

La Unión Europea desarrolla desde 2021 el programa Connecting Europe Facility – CEF Digital, denominado en español Mecanismo «Conectar Europa» – MCE Digital, un instrumento de financiación comunitaria destinado a impulsar la construcción, modernización y ampliación de las infraestructuras digitales estratégicas del continente. Su finalidad es mejorar las conexiones de telecomunicaciones entre los Estados miembros, facilitar el despliegue de redes de muy alta capacidad, reforzar la seguridad de las comunicaciones internacionales y contribuir a que Europa disponga de infraestructuras digitales más resistentes y competitivas. El programa forma parte de una iniciativa europea de mayor alcance, el Connecting Europe Facility (CEF), que financia proyectos de interés común en tres sectores fundamentales para el funcionamiento del mercado interior: transporte, energía e infraestructuras digitales. A través de estas inversiones, la Unión Europea pretende completar conexiones transfronterizas, modernizar redes existentes y facilitar el desarrollo de infraestructuras cuya importancia supera las fronteras de un único país. El fundamento jurídico del programa se encuentra en el Reglamento (UE) 2021/1153 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 7 de julio de 2021, que establece sus objetivos, condiciones de financiación y mecanismos de ejecución para el período comprendido entre 2021 y 2027. Su contenido puede consultarse en la normativa oficial de la Unión Europea.

El Mecanismo «Conectar Europa» dispone de un presupuesto global de 33.710 millones de euros para el período 2021-2027, de los cuales 2.070 millones de euros corresponden a su componente digital, según las dotaciones establecidas inicialmente para el programa. El resto de los recursos se distribuye entre las infraestructuras de transporte y energía, con el propósito de mejorar la integración de las redes transeuropeas y contribuir al desarrollo económico de los Estados miembros. En el caso de CEF Digital, la financiación se dirige principalmente a proyectos de conectividad de interés europeo que necesitan inversiones importantes y cuya ejecución puede resultar insuficientemente atractiva para el mercado privado cuando se consideran únicamente los beneficios comerciales inmediatos. La Comisión Europea reconoce que existe una diferencia entre las necesidades de inversión en infraestructuras digitales y los recursos que pueden movilizar por sí solos los operadores y las administraciones nacionales. Por este motivo, CEF Digital está diseñado para complementar las inversiones públicas y privadas, facilitar la financiación de proyectos estratégicos y favorecer la cooperación entre países, operadores de telecomunicaciones, empresas tecnológicas y entidades especializadas en infraestructuras. No se trata de un programa destinado a sustituir la inversión empresarial, sino de un mecanismo comunitario que permite apoyar proyectos considerados relevantes para la conectividad y el funcionamiento de la Unión Europea. La distribución presupuestaria y los objetivos oficiales pueden consultarse en la página de la Comisión Europea dedicada al Mecanismo «Conectar Europa».

Uno de los principales objetivos de CEF Digital es mejorar las infraestructuras de telecomunicaciones que conectan los distintos países de la Unión Europea, especialmente aquellas que permiten transportar grandes cantidades de información a largas distancias. Estas infraestructuras incluyen redes troncales de fibra óptica, sistemas de transmisión de muy alta capacidad, conexiones internacionales y cables submarinos que enlazan territorios europeos entre sí o con países situados fuera de la Unión. Las redes troncales constituyen la estructura principal sobre la que se apoyan numerosas comunicaciones digitales, ya que permiten transportar información entre operadores, centros de datos y puntos de interconexión. Su capacidad y disponibilidad resultan fundamentales para el funcionamiento de Internet, los servicios de computación en la nube, las comunicaciones empresariales y numerosas aplicaciones utilizadas diariamente por ciudadanos, empresas y administraciones públicas. La Comisión Europea considera prioritario aumentar la capacidad de estas redes y mejorar su resistencia ante posibles interrupciones, especialmente en aquellos territorios que dependen de un número reducido de conexiones internacionales. El programa concede especial importancia a la construcción de nuevas rutas de fibra óptica y cables submarinos, así como a la modernización de los sistemas existentes, para ampliar las alternativas de comunicación y reducir la dependencia de determinados enlaces. Esta política también presta atención a las regiones ultraperiféricas de la Unión Europea, cuya situación geográfica plantea necesidades específicas de conectividad con el continente.

La financiación de cables submarinos constituye una de las actuaciones más relevantes de CEF Digital por su importancia para las comunicaciones internacionales y la seguridad de las redes europeas. Los cables submarinos de fibra óptica transportan aproximadamente el 99 % del tráfico intercontinental de datos, según la información utilizada por la Comisión Europea en sus iniciativas de seguridad de estas infraestructuras. Su funcionamiento resulta esencial para las comunicaciones entre continentes, el intercambio de información financiera, los servicios digitales internacionales y la conexión de grandes centros de datos. La dependencia de estas infraestructuras también implica que una avería, un accidente marítimo o una interrupción física puede afectar a determinadas rutas de comunicación, especialmente cuando existen pocas alternativas disponibles. Por esta razón, la Unión Europea considera necesario fomentar nuevas conexiones, diversificar los recorridos y reforzar la capacidad de reparación y recuperación de los sistemas submarinos. CEF Digital financia proyectos que contribuyen a mejorar la capacidad, la seguridad y la resiliencia de las redes internacionales, tanto dentro del territorio europeo como en las conexiones con terceros países. Esta orientación se ha reforzado durante 2026 mediante nuevas actuaciones comunitarias relacionadas con la protección y reparación de cables submarinos. En febrero de ese año, la Comisión Europea anunció un conjunto de medidas dotado con 347 millones de euros para reforzar la seguridad de estas infraestructuras, mientras que en junio comunicó nuevas iniciativas destinadas a mejorar la capacidad europea de reparación. Estas actuaciones forman parte de una política más amplia de protección de las comunicaciones digitales estratégicas.

Otra de las grandes prioridades del programa es favorecer el despliegue de redes de muy alta capacidad y tecnología 5G, especialmente en aquellos lugares donde la conectividad resulta necesaria para prestar servicios públicos, desarrollar actividades económicas o facilitar la movilidad entre países. CEF Digital contempla actuaciones destinadas a proporcionar cobertura 5G en los principales corredores europeos de transporte, incluidas las conexiones transfronterizas pertenecientes a la Red Transeuropea de Transporte. El objetivo es facilitar la continuidad de las comunicaciones a lo largo de determinadas rutas internacionales y permitir el desarrollo de servicios digitales avanzados relacionados con el transporte y la movilidad. El programa también apoya proyectos de conectividad 5G para comunidades inteligentes, que pueden incluir instalaciones y servicios de interés público, como centros sanitarios, instituciones educativas, administraciones locales y otros espacios donde las redes avanzadas pueden contribuir a mejorar la prestación de servicios. La finalidad no consiste únicamente en ampliar la cobertura móvil, sino en facilitar infraestructuras capaces de soportar nuevas aplicaciones digitales en sectores como la sanidad, la industria, la educación, la movilidad y la gestión de servicios públicos. Estas inversiones están vinculadas a los objetivos europeos de transformación digital y a la necesidad de disponer de redes que puedan atender las crecientes demandas de transmisión de información.

CEF Digital también contribuye al desarrollo de infraestructuras que facilitan la interconexión de centros de datos y servicios de computación en la nube dentro de Europa. La Comisión Europea incluye entre sus ámbitos de actuación el apoyo a redes troncales destinadas a mejorar la conectividad entre infraestructuras digitales y federaciones europeas de servicios en la nube. Estas conexiones permiten que diferentes instalaciones puedan intercambiar información mediante redes de alta capacidad y favorecen el funcionamiento de servicios digitales distribuidos entre varios territorios. Su importancia está relacionada con el crecimiento de las necesidades de almacenamiento, procesamiento y transmisión de datos de empresas, administraciones y proveedores tecnológicos. El programa también contempla actuaciones vinculadas a la Infraestructura Europea de Comunicación Cuántica, conocida como EuroQCI, una iniciativa destinada a desarrollar capacidades de comunicación segura mediante tecnologías cuánticas. Asimismo, apoya determinadas infraestructuras digitales asociadas a proyectos transfronterizos de transporte y energía, donde la transmisión de información resulta necesaria para la coordinación y el funcionamiento de redes interconectadas. Estas actuaciones muestran que CEF Digital no se limita a financiar conexiones convencionales de Internet, sino que también contribuye a desarrollar infraestructuras de comunicación destinadas a servicios tecnológicos avanzados y a sectores estratégicos de la economía europea.

Uno de los objetivos fundamentales de esta política comunitaria es reforzar la autonomía estratégica digital de la Unión Europea. Este concepto se refiere, en el ámbito de las infraestructuras de conectividad, a la capacidad de Europa para disponer de redes seguras, fiables y suficientemente diversificadas que permitan mantener sus comunicaciones y reducir determinadas dependencias estratégicas. La Comisión Europea considera que la disponibilidad de infraestructuras digitales propias y de conexiones internacionales alternativas constituye un elemento importante para la seguridad económica y tecnológica del continente. Esto no significa que la Unión Europea pretenda aislar sus comunicaciones del resto del mundo, ya que el funcionamiento de Internet depende precisamente de la interconexión internacional de redes. El objetivo consiste en disponer de una mayor diversidad de rutas, operadores e infraestructuras, de manera que la interrupción de una conexión concreta no comprometa necesariamente la continuidad de las comunicaciones (objetivo tener redundancia de redes ante posibles cortes o sabotajes). Esta orientación también está relacionada con la protección de infraestructuras críticas, la ciberseguridad y la capacidad de respuesta ante incidentes que puedan afectar a las redes de telecomunicaciones. En este contexto, las inversiones en cables submarinos, conexiones transfronterizas y redes de alta capacidad se consideran actuaciones de interés común para el conjunto de los Estados miembros.

Los beneficios de CEF Digital para los ciudadanos europeos están relacionados principalmente con la mejora de las infraestructuras que hacen posibles los servicios digitales utilizados diariamente. Una conectividad más desarrollada puede facilitar el acceso a servicios de educación en línea, teletrabajo, atención sanitaria digital, administración electrónica, comercio electrónico y comunicaciones empresariales. La disponibilidad de redes de alta capacidad también constituye una condición necesaria para el funcionamiento de aplicaciones que requieren transmitir grandes cantidades de información o mantener conexiones estables. En las zonas donde se desarrollan proyectos de conectividad 5G para comunidades inteligentes, las inversiones pueden contribuir directamente a mejorar los servicios disponibles para la población. En otros casos, como ocurre con los cables submarinos y las grandes redes troncales, los beneficios para los ciudadanos son principalmente indirectos, ya que estas infraestructuras refuerzan las redes sobre las que operan los proveedores de Internet y numerosos servicios digitales. Es importante distinguir ambos niveles de actuación: la construcción de un nuevo cable internacional no garantiza por sí sola una reducción del precio de las conexiones domésticas ni un aumento inmediato de la velocidad contratada por los usuarios, pero puede contribuir a mejorar la capacidad, la disponibilidad y la diversificación de las redes que sostienen esos servicios.

Para las empresas europeas, especialmente las pequeñas y medianas empresas, la mejora de las infraestructuras digitales constituye un factor importante para acceder a mercados, utilizar servicios tecnológicos y desarrollar actividades económicas que dependen de las telecomunicaciones. Las redes de alta capacidad permiten utilizar plataformas digitales, intercambiar información con clientes y proveedores, acceder a servicios de computación en la nube y desarrollar actividades comerciales en diferentes países. La Comisión Europea vincula estas inversiones con la competitividad del mercado interior y con la necesidad de disponer de infraestructuras capaces de apoyar la transformación tecnológica de la economía. También pueden resultar relevantes para sectores industriales que utilizan sistemas conectados, procesos automatizados y aplicaciones de transmisión de datos en tiempo real. El propósito de CEF Digital es contribuir a crear las condiciones de conectividad necesarias para que estas actividades puedan desarrollarse sobre redes modernas, seguras y de elevada capacidad. No obstante, el impacto económico de cada proyecto depende de sus características, de los servicios que se desarrollen sobre la infraestructura y de su utilización efectiva por parte de operadores, empresas y administraciones.

 

Los países que forman la Unión Europea también se benefician de CEF Digital mediante la financiación de proyectos cuya utilidad supera el ámbito nacional y que requieren cooperación entre diferentes Estados. Una conexión internacional de fibra óptica puede atravesar varios territorios, enlazar redes de distintos operadores o proporcionar capacidad a usuarios situados en países diferentes de aquellos donde se encuentra físicamente la infraestructura. Esta dimensión transfronteriza constituye uno de los principales criterios que justifican la intervención comunitaria. La Unión Europea pretende evitar que determinadas conexiones estratégicas queden sin desarrollar por falta de coordinación o porque sus beneficios se distribuyan entre varios países y no puedan ser asumidos por un único inversor. El programa permite apoyar proyectos de interés común y contribuir a una mayor integración de las redes europeas de telecomunicaciones, aunque la selección de actuaciones depende de convocatorias, requisitos técnicos, criterios de elegibilidad y procedimientos de evaluación. La financiación no se distribuye automáticamente entre todos los Estados miembros ni garantiza que cada país reciba una cantidad determinada. Los recursos se asignan a proyectos seleccionados conforme a las condiciones establecidas en los programas de trabajo y en las correspondientes convocatorias de ayudas.

La ejecución de CEF Digital se organiza mediante programas de trabajo plurianuales y convocatorias de financiación, en las que se definen las prioridades, los tipos de proyectos subvencionables y los requisitos que deben cumplir los solicitantes. La Comisión Europea establece las orientaciones generales y las condiciones del programa, mientras que la Agencia Ejecutiva Europea de Salud y Digital (HaDEA) participa en la gestión de las actuaciones financiadas. Las empresas, entidades públicas y consorcios interesados deben presentar propuestas que posteriormente son evaluadas de acuerdo con los criterios de las convocatorias. El segundo programa de trabajo plurianual, correspondiente al período 2024-2027, fue aprobado en octubre de 2024 y posteriormente modificado en febrero de 2026, incorporando ajustes en sus prioridades de financiación. Este mecanismo permite orientar los recursos hacia actuaciones consideradas estratégicas y adaptar determinadas convocatorias a las necesidades identificadas por las instituciones europeas. La información sobre las oportunidades de financiación, los proyectos seleccionados y los resultados del programa se publica a través de los canales oficiales de la Comisión Europea y de HaDEA. Puede consultarse en la página oficial de CEF Digital de la Comisión Europea y en la información de HaDEA sobre el programa.

En relación con la participación de Telefónica en el programa europeo Connecting Europe Facility – CEF Digital, la documentación pública consultada de la Comisión Europea y de la Agencia Ejecutiva Europea de Salud y Digital (HaDEA) no ha permitido confirmar que la operadora española figure como beneficiaria o coordinadora de un proyecto específico de construcción de redes digitales de alta capacidad financiado por este instrumento comunitario. Esta circunstancia no permite concluir que Telefónica no haya concurrido a alguna de las convocatorias, individualmente o formando parte de un consorcio, puesto que las propuestas presentadas no son necesariamente equivalentes a los proyectos finalmente seleccionados para recibir financiación. La Comisión Europea mantiene información pública sobre las iniciativas adjudicatarias y sus objetivos, pero para determinar de manera concluyente la participación de una empresa es necesario identificar el proyecto, sus entidades beneficiarias y la correspondiente resolución de financiación. Por tanto, no resulta riguroso atribuir a Telefónica una subvención concreta de CEF Digital, ni afirmar que haya quedado excluida del programa, sin disponer de documentación oficial que acredite cualquiera de esas circunstancias. Hay que recordar que Marc Murtra lleva como presidente de Telefónica desde el 18 de enero del año 2025.

Los resultados publicados por HaDEA muestran que CEF Digital ya ha financiado un número significativo de proyectos relacionados con cables submarinos, redes 5G y nuevas infraestructuras de conectividad. Según los datos difundidos por esta agencia, durante el primer programa de trabajo se seleccionaron 120 proyectos que recibieron aproximadamente 672 millones de euros de financiación, distribuidos entre actuaciones relacionadas con conexiones internacionales, redes 5G, comunidades inteligentes, corredores de transporte e infraestructuras de interconexión de servicios en la nube. En el segundo programa de trabajo, HaDEA recoge 56 proyectos seleccionados por un importe aproximado de 388 millones de euros. La agencia también informa de que las ayudas concedidas en las distintas categorías del programa superan conjuntamente los 1.000 millones de euros, con inversiones especialmente relevantes en conexiones internacionales, proyectos piloto de tecnología 5G e infraestructuras de comunicación cuántica. Estas cifras corresponden a proyectos seleccionados y financiación adjudicada, por lo que no deben confundirse con el número de infraestructuras completamente construidas o ya operativas. La ejecución material de cada proyecto puede prolongarse durante varios años y está sujeta a sus respectivos calendarios técnicos y administrativos.

En España, CEF Digital tiene especial importancia para los proyectos de conectividad internacional, las redes de fibra óptica de alta capacidad y las infraestructuras que enlazan la península ibérica con otros países europeos. La posición geográfica española permite establecer conexiones submarinas con otros territorios del continente y con diferentes regiones del mundo, mientras que las redes terrestres facilitan el intercambio de información entre operadores y centros de datos. En este contexto se encuentra el proyecto PISCES, promovido por Orange, Equitix y MDM, que contempla la construcción de un sistema de cable submarino de aproximadamente 3.125 kilómetros y 16 pares de fibra óptica, destinado a conectar Irlanda, Francia, España y Portugal. La infraestructura contará con un punto de amarre en Sopelana, Vizcaya, y está previsto que su despliegue se realice en el año 2028. El proyecto dispone de apoyo financiero europeo a través de CEF Digital y tiene como finalidad establecer una nueva conexión directa entre Irlanda y Europa continental, diversificando las rutas internacionales de transmisión de datos. PISCES constituye un ejemplo concreto del tipo de infraestructuras transfronterizas que el programa europeo pretende impulsar: conexiones de alta capacidad que enlazan varios países y contribuyen a reforzar la resiliencia de las redes digitales. La información sobre este proyecto puede consultarse en la noticia publicada por Cinco Días el 17 de octubre de 2026.

 

CEF Digital también debe entenderse dentro de la estrategia europea de transformación digital para 2030, que establece objetivos relacionados con las capacidades tecnológicas, la digitalización de las empresas, los servicios públicos y la disponibilidad de infraestructuras de conectividad. La Unión Europea considera que el desarrollo de redes de alta capacidad es una condición necesaria para avanzar en estos ámbitos, aunque no constituye por sí solo una garantía de cumplimiento de todos los objetivos digitales. El programa se complementa con otros instrumentos comunitarios, como el Mecanismo de Recuperación y Resiliencia, InvestEU y el Programa Europa Digital, que disponen de finalidades y mecanismos de financiación diferentes. Mientras que CEF Digital se centra especialmente en las infraestructuras de conectividad, otros programas apoyan actuaciones relacionadas con la investigación, la innovación, las competencias digitales, la adopción de nuevas tecnologías y la modernización de servicios. La coordinación entre estos instrumentos permite abordar distintas necesidades de la transformación digital europea sin confundir las funciones específicas de cada programa. El objetivo general es que las inversiones en redes e infraestructuras contribuyan al desarrollo económico, la competitividad y la disponibilidad de servicios digitales en los Estados miembros, dentro del marco de las políticas comunes de la Unión.

Esta estrategia de conectividad también guarda relación con Global Gateway, la iniciativa presentada por la Unión Europea en 2021 para promover inversiones internacionales en infraestructuras digitales, energéticas, de transporte y otros sectores estratégicos. Global Gateway tiene un alcance geográfico y sectorial más amplio que CEF Digital, ya que está orientada al desarrollo de conexiones sostenibles y seguras con países y regiones de todo el mundo. En el ámbito de las telecomunicaciones, ambas iniciativas comparten el interés por mejorar las conexiones internacionales y favorecer infraestructuras fiables, aunque Global Gateway es una estrategia general de inversión y cooperación internacional, mientras que CEF Digital es un instrumento específico de financiación de infraestructuras de conectividad. La Comisión Europea señala que Global Gateway pretende movilizar inversiones mediante la colaboración de las instituciones europeas, los Estados miembros, entidades financieras y empresas privadas. Su objetivo es desarrollar proyectos de infraestructura que contribuyan a mejorar las conexiones internacionales y respeten los principios y estándares establecidos por la Unión Europea. Los detalles de esta estrategia pueden consultarse en la información oficial de la Comisión Europea sobre Global Gateway.

La seguridad y la resistencia de las infraestructuras digitales constituyen otra de las prioridades que explican la importancia de CEF Digital para los países europeos. La expansión de los servicios digitales ha incrementado la dependencia de las redes de telecomunicaciones en actividades económicas y sociales esenciales, desde los servicios financieros hasta las comunicaciones de las administraciones públicas. Esta dependencia hace necesario que las infraestructuras puedan mantener un funcionamiento adecuado y que existan alternativas técnicas cuando se producen interrupciones. En el caso de los cables submarinos, la Unión Europea ha reforzado durante los últimos años sus iniciativas de prevención, protección y reparación, reconociendo la importancia de estas conexiones para el funcionamiento del mercado interior y las comunicaciones internacionales. La financiación de nuevas rutas no elimina el riesgo de averías ni garantiza la continuidad absoluta de los servicios, pero puede contribuir a reducir la dependencia de conexiones concretas y ampliar las posibilidades de recuperación del tráfico cuando se producen incidencias. Por este motivo, las políticas europeas de conectividad combinan inversiones en capacidad de transmisión con medidas destinadas a mejorar la seguridad física, la coordinación entre Estados miembros y la capacidad de respuesta ante incidentes.

El beneficio fundamental que persigue CEF Digital para los europeos es disponer de una infraestructura de comunicaciones más desarrollada, segura, interconectada y preparada para atender las necesidades de la sociedad y la economía digital. Para los ciudadanos, esto puede traducirse en mejores condiciones para acceder a servicios digitales y en una mayor disponibilidad de las redes que los sostienen. Para las empresas, supone ampliar las posibilidades de conexión con clientes, proveedores, centros de datos y mercados internacionales. Para las administraciones públicas, facilita el desarrollo de servicios electrónicos y proyectos que requieren infraestructuras avanzadas de telecomunicaciones. Para los Estados miembros, permite cooperar en la construcción de redes cuya importancia estratégica trasciende las fronteras nacionales. La principal aportación del programa consiste en financiar y facilitar infraestructuras que resultan necesarias para el funcionamiento de numerosos servicios, aunque sus beneficios concretos dependen de la ejecución de cada proyecto y de su posterior utilización. Esta distinción es importante porque CEF Digital financia fundamentalmente la infraestructura que permite prestar los servicios, no todos los servicios digitales que finalmente utilizan esas redes.

En definitiva, Connecting Europe Facility – CEF Digital representa uno de los principales instrumentos de financiación de la Unión Europea para modernizar y reforzar sus infraestructuras estratégicas de telecomunicaciones durante el período 2021-2027. Su actuación se concentra en el despliegue de redes de muy alta capacidad, conexiones 5G, infraestructuras troncales, cables submarinos y proyectos de conectividad transfronteriza que contribuyen a mejorar la integración digital del continente. Con una dotación inicial de 2.070 millones de euros para su componente digital, el programa busca movilizar inversiones públicas y privadas y apoyar proyectos que aporten beneficios a varios Estados miembros. Su importancia reside en que las comunicaciones digitales europeas no dependen únicamente de las redes nacionales, sino de un conjunto de infraestructuras internacionales que deben funcionar de manera coordinada y disponer de suficiente capacidad y seguridad. Proyectos como el cable submarino PISCES muestran cómo este instrumento comunitario puede contribuir al desarrollo de nuevas conexiones entre países, reforzando las alternativas de transmisión de datos y la interconexión de las redes europeas. La finalidad de CEF Digital es que los países de la Unión Europea dispongan de mejores infraestructuras de conectividad para sostener su desarrollo tecnológico, económico y social, y para afrontar con mayores garantías las necesidades de comunicación de los próximos años.

TELXIUS: UNA INFRAESTRUCTURA ESTRATÉGICA PARA EUROPA CUYA IMPORTANCIA QUEDA REFLEJADA EN EL INFORME DE SAULI NIINISTÖ

La importancia de Telxius para la estrategia europea de seguridad y autonomía digital debe analizarse a la luz del informe presentado el 30 de octubre de 2024 por el expresidente de Finlandia Sauli Niinistö, titulado Safer Together: Strengthening Europe's Civilian and Military Preparedness and Readiness. Este documento, elaborado a petición de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, establece una serie de recomendaciones destinadas a mejorar la preparación de la Unión Europea frente a crisis, amenazas híbridas, interrupciones de servicios esenciales y riesgos que puedan comprometer su seguridad económica y tecnológica. Entre las cuestiones abordadas figura expresamente la necesidad de proteger las infraestructuras digitales críticas, reforzar la resiliencia de las redes de comunicaciones y reducir las vulnerabilidades y dependencias estratégicas de Europa. El informe considera que la seguridad de las infraestructuras de redes y computación constituye un elemento esencial de la autonomía digital europea y propone desarrollar mecanismos comunitarios de gobernanza de los cables submarinos, evaluaciones de riesgos y medidas para mejorar su protección. El documento puede consultarse en la página oficial de la Comisión Europea dedicada al informe Niinistö.

Desde esta perspectiva, Telxius representa una infraestructura directamente relacionada con las prioridades estratégicas identificadas por Niinistö, debido a su actividad en la explotación de cables submarinos de fibra óptica que conectan Europa con América y otros mercados internacionales. Según la información corporativa publicada por Telefónica, Telxius dispone de un ecosistema formado por nueve sistemas de cables submarinos de última generación, redes terrestres que, conjuntamente, superan los 100.000 kilómetros, aproximadamente 100 puntos de presencia internacionales y 26 estaciones de amarre y centros de datos. Estas instalaciones permiten transportar grandes volúmenes de información entre operadores de telecomunicaciones, empresas, proveedores de servicios digitales y centros de datos situados en diferentes países. La compañía participa, entre otros, en sistemas como MAREA, BRUSA, TANNAT y MISTRAL, que forman parte de las conexiones internacionales utilizadas para el intercambio de datos. La relevancia estratégica de Telxius no procede únicamente de su dimensión empresarial o de sus resultados económicos, sino de la función que desempeñan sus infraestructuras dentro de las redes internacionales de comunicaciones. Estos datos pueden comprobarse en la información oficial de Telefónica sobre Telxius.

Uno de los ejemplos más significativos es el cable submarino MAREA, que conecta Virginia Beach, en Estados Unidos, con Sopelana, en España, mediante una infraestructura transatlántica de aproximadamente 6.600 kilómetros y una capacidad anunciada de 200 terabits por segundo. Según la información publicada por Telxius, su trazado discurre por una ruta situada más al sur que otras conexiones del Atlántico Norte, proporcionando una alternativa de comunicación entre Estados Unidos y Europa. En territorio español, el sistema se conecta con el centro de datos de Derio, desde donde se distribuye capacidad hacia otros nodos de comunicaciones europeos. MAREA constituye un ejemplo concreto de la importancia que tiene la diversificación de rutas internacionales para la resiliencia de las telecomunicaciones, una de las cuestiones que el informe Niinistö identifica como prioritarias para la seguridad europea. La existencia de rutas alternativas permite disponer de diferentes posibilidades de transmisión cuando una infraestructura sufre una interrupción, aunque no garantiza por sí sola la continuidad absoluta de los servicios. Las características técnicas y el recorrido de este sistema están publicados en la documentación oficial del cable MAREA de Telxius.

El informe Niinistö plantea expresamente la posibilidad de establecer un sistema europeo de gobernanza de las infraestructuras de cables submarinos que permita identificar y reducir riesgos, vulnerabilidades y dependencias. Entre sus recomendaciones figura la realización de evaluaciones consolidadas a escala de la Unión Europea, la revisión de los criterios para modernizar cables existentes o financiar nuevas conexiones y la utilización de instrumentos comunitarios, como el Mecanismo «Conectar Europa», para apoyar proyectos de interés europeo. Esta orientación resulta especialmente relevante para empresas como Telxius, que disponen de infraestructuras submarinas operativas y participan en conexiones internacionales de gran capacidad. El planteamiento del informe no consiste únicamente en construir nuevos cables, sino también en evaluar la seguridad y las vulnerabilidades de las redes existentes, identificar sus dependencias y establecer prioridades para reforzar su resiliencia. En consecuencia, los sistemas explotados por Telxius pertenecen al tipo de infraestructuras cuya seguridad y continuidad operativa deben tenerse en cuenta dentro de las evaluaciones europeas, aunque el informe no menciona específicamente a esta empresa ni le atribuye una función institucional determinada.

La relación entre la actividad de Telxius y las prioridades europeas resulta todavía más clara al examinar la Recomendación (UE) 2024/779 de la Comisión Europea, de 26 de febrero de 2024, relativa a las infraestructuras de cables submarinos seguras y resilientes. Esta disposición reconoce la importancia de los cables submarinos para la soberanía digital europea y advierte de las consecuencias que podrían derivarse de interrupciones graves o coordinadas de las comunicaciones internacionales. Entre los riesgos identificados figuran los daños físicos, los sabotajes, las interrupciones del suministro eléctrico y las posibles interferencias de terceros países. La recomendación establece la necesidad de desarrollar evaluaciones coordinadas de riesgos y propone que los Estados miembros y la Comisión tengan en cuenta información sobre la capacidad disponible, las características técnicas, la redundancia de las conexiones y, de manera especialmente significativa, la propiedad y el control de las infraestructuras submarinas. Este último aspecto tiene una relación directa con cualquier posible modificación de la estructura accionarial de Telxius, puesto que una transmisión de participaciones puede alterar los derechos de propiedad y gobierno sobre la empresa. El texto completo puede consultarse en el Diario Oficial de la Unión Europea, Recomendación (UE) 2024/779.

La cuestión de la propiedad y el control de los cables submarinos adquiere especial importancia ante las informaciones publicadas sobre el proceso de venta de Telxius. El 16 de julio de 2026, el diario económico Cinco Días informó de que Telefónica y Pontegadea habían iniciado un proceso para vender el 100 % de Telxius, sociedad participada en un 70% por Telefónica y en un 30% por Pontegadea, con una valoración inicial situada alrededor de los 1.200 millones de euros. Según dicha información, las entidades financieras Guggenheim y JPMorgan recibieron el mandato de gestionar el proceso. La noticia puede consultarse en Cinco Días: «Telefónica y Pontegadea ponen a la venta Telxius por 1.200 millones». La apertura de un proceso de venta no equivale a la ejecución definitiva de la operación, pero introduce una cuestión directamente relacionada con las recomendaciones europeas: cómo afectaría un eventual cambio de propiedad al control, la gestión y la seguridad de unas infraestructuras internacionales de telecomunicaciones. Para responder sería necesario conocer la identidad del comprador, las condiciones de la operación, los derechos de control resultantes y las garantías de continuidad operativa.

El informe Niinistö no establece que los cables submarinos deban pertenecer necesariamente a empresas públicas, ni prohíbe su venta a inversores privados o extranjeros. Tampoco contiene una recomendación específica sobre Telefónica o Telxius. Sin embargo, sí establece que la seguridad de las infraestructuras digitales y la reducción de dependencias estratégicas deben formar parte de las prioridades europeas de preparación y resiliencia. Esta distinción es fundamental para valorar rigurosamente la posible operación. Una venta no implica automáticamente una pérdida de seguridad, del mismo modo que mantener la propiedad de una infraestructura no garantiza por sí solo su protección. Los efectos dependen de factores concretos, como la identidad del adquirente, sus obligaciones regulatorias, las condiciones de mantenimiento, los mecanismos de supervisión y la continuidad de los servicios. No obstante, la propiedad y el control son elementos que la propia Comisión Europea considera relevantes para evaluar los riesgos de los cables submarinos, por lo que no pueden quedar excluidos del análisis estratégico de una operación de esta naturaleza.


Pilares y funciones de la Estrategia de la UE para una Unión de Seguridad  

Telxius representa, por tanto, una capacidad industrial y tecnológica vinculada a un sector que la Unión Europea considera esencial para su seguridad, su conectividad internacional y su autonomía digital. Su red de cables submarinos, estaciones de amarre, conexiones terrestres y puntos de presencia forma parte de las infraestructuras que permiten mantener el intercambio de información entre Europa y otros continentes. Desde el enfoque del informe Niinistö, la importancia de estas instalaciones debe valorarse atendiendo a su contribución a la resiliencia de las comunicaciones, la diversificación de rutas y la reducción de vulnerabilidades, además de sus resultados económicos. En consecuencia, cualquier modificación sustancial de la propiedad de Telxius merece un análisis que contemple tanto los intereses empresariales de sus accionistas como los posibles efectos sobre la seguridad y continuidad de las conexiones internacionales.

La conclusión que se desprende de la documentación europea es clara: Telxius desarrolla una actividad directamente relacionada con las infraestructuras que el informe Niinistö considera estratégicas para la preparación y la seguridad de Europa. La compañía no aparece identificada individualmente en el informe, pero sus cables submarinos y redes internacionales responden a la categoría de activos cuya protección, resiliencia y dependencia deben ser evaluadas por las instituciones europeas y los Estados miembros. Por ello, el debate sobre su eventual venta no debería limitarse al precio de la operación o a sus consecuencias financieras para Telefónica y Pontegadea, sino que también debería abordar las condiciones de propiedad, control, mantenimiento y seguridad de las infraestructuras afectadas. Esta exigencia de análisis es coherente con el enfoque establecido por Sauli Niinistö y con las recomendaciones de la Comisión Europea sobre seguridad de los cables submarinos, sin que ello permita afirmar que la operación esté prohibida o que resulte necesariamente contraria a la estrategia comunitaria.

TELEFÓNICA Y TELXIUS: LA CONTRADICCIÓN ENTRE LA POSIBLE VENTA DE LOS CABLES SUBMARINOS Y LA ESTRATEGIA EUROPEA DE SEGURIDAD Y AUTONOMÍA DIGITAL

Mientras la Unión Europea dedica recursos económicos, legislativos y políticos a reforzar sus infraestructuras críticas de telecomunicaciones, promover nuevos cables submarinos y reducir las dependencias estratégicas del continente, la posibilidad de que Telefónica se desprenda de su participación en Telxius plantea una contradicción que merece una explicación pública rigurosa. La cuestión adquiere especial relevancia en un momento en el que Bruselas considera las redes internacionales de fibra óptica elementos fundamentales para la seguridad económica, la continuidad de las comunicaciones y la autonomía estratégica europea. No se trata únicamente de valorar una eventual operación empresarial desde el punto de vista de su rentabilidad financiera, sino de examinar sus consecuencias sobre la propiedad, la capacidad de decisión y el control de infraestructuras que transportan información entre países y continentes. La pregunta que debe responder la Telefónica de Murtra es cómo encajaría una eventual venta de Telxius en una estrategia europea que considera prioritario reforzar la seguridad y la resiliencia de los cables submarinos.

La controversia sobre el futuro de Telxius ha sido abordada en el blog en el siguiente enlace: Marc Murtra y Javier de Paz: vender Telxius. La publicación sitúa el debate sobre la posible desinversión en el ámbito de las decisiones estratégicas de la dirección de Telefónica y señala a Marc Murtra, presidente del grupo, y Javier de Paz, vinculado a la gobernanza de Telxius, como responsables cuya actuación merece ser examinada. También resulta pertinente conocer la posición de Emilio Gayo, consejero delegado de Telefónica, respecto al futuro de esta actividad. Ahora bien, la existencia de informaciones sobre una posible venta no equivale a acreditar que la operación haya sido formalmente aprobada, que exista un comprador definitivo o que los tres directivos hayan autorizado conjuntamente unas condiciones concretas. Esa distinción no resta importancia al debate. Al contrario, obliga a exigir información precisa sobre los planes de la compañía, los criterios utilizados para valorar sus activos estratégicos y las consecuencias de una eventual desinversión.

Telxius no representa una actividad secundaria desde el punto de vista de las comunicaciones internacionales. Su negocio de cables submarinos forma parte de la infraestructura que permite transportar grandes volúmenes de datos entre Europa y América, conectar redes de operadores internacionales y prestar servicios de capacidad a empresas y proveedores tecnológicos. Entre los sistemas vinculados a su actividad se encuentran infraestructuras transatlánticas como MAREA, que conecta España y Estados Unidos, y BRUSA, que enlaza Estados Unidos, Puerto Rico y Brasil. También destaca TANNAT, que conecta Brasil, Uruguay y Argentina, dentro de una red de comunicaciones de alcance internacional. Estos sistemas constituyen activos físicos de larga duración, cuya importancia no se limita a los ingresos obtenidos mediante la comercialización de capacidad. Su valor también está relacionado con la disponibilidad de rutas internacionales, la interconexión de redes y la posibilidad de prestar servicios de comunicaciones entre territorios. La información corporativa sobre estas infraestructuras puede consultarse en Telxius. Vender una participación en una empresa de estas características no significa necesariamente perder el acceso a sus cables, pero sí puede modificar quién ejerce los derechos de propiedad, gobierno y decisión sobre la infraestructura. Precisamente por ello, la identidad del comprador, la estructura accionarial resultante y las condiciones de continuidad de los servicios son cuestiones fundamentales.


                            
Los bloques para la preparación de la UE

La posible operación resulta especialmente discutible cuando se compara con las prioridades que está estableciendo la Unión Europea. Bruselas está destinando financiación pública a construir nuevas conexiones internacionales, diversificar las rutas submarinas y mejorar la seguridad de las infraestructuras digitales, mediante instrumentos como Connecting Europe Facility – CEF Digital. Este programa, integrado en el Mecanismo «Conectar Europa», dispone de una dotación inicial de aproximadamente 2.070 millones de euros para el componente digital durante el período 2021-2027 y contempla inversiones en redes troncales, cables submarinos, corredores 5G y otras infraestructuras de conectividad. Su finalidad es apoyar proyectos que contribuyan a mejorar la integración de las redes europeas y su capacidad para responder a interrupciones. La orientación del programa puede comprobarse en la documentación oficial de CEF Digital de la Comisión Europea. La contradicción que debe analizarse es evidente desde el punto de vista de las prioridades de inversión: mientras las instituciones europeas consideran necesario movilizar recursos para reforzar las infraestructuras submarinas, la Telefónica de Murtra debe explicar qué ventajas estratégicas justificarían desprenderse de una actividad que ya dispone de cables operativos, experiencia técnica y presencia internacional. Esta contradicción es una valoración de política empresarial, no una incompatibilidad jurídica automáticamente establecida por el programa europeo.

El informe presentado por el expresidente finlandés Sauli Niinistö el 30 de octubre de 2024 aporta un fundamento especialmente relevante para examinar esta cuestión. El documento, titulado Safer Together: Strengthening Europe's Civilian and Military Preparedness and Readiness, fue elaborado a petición de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, con el propósito de formular recomendaciones para mejorar la preparación civil y militar de la Unión frente a crisis y amenazas. El informe defiende la necesidad de adoptar un enfoque integral de seguridad que tenga en cuenta las interdependencias entre las actividades civiles, económicas, tecnológicas y militares. Entre sus preocupaciones se encuentran la protección de las infraestructuras críticas, la seguridad de las cadenas de suministro, la preparación ante situaciones de crisis y la capacidad europea para reducir vulnerabilidades estratégicas. El documento oficial puede consultarse en Informe Safer Together de Sauli Niinistö — Comisión Europea. La principal enseñanza aplicable al caso de Telxius es que la seguridad europea no depende exclusivamente de disponer de nuevas infraestructuras, sino también de conocer y gestionar las dependencias y vulnerabilidades asociadas a aquellas que ya existen.

El informe Niinistö no ordena a Telefónica conservar Telxius ni establece que todas las infraestructuras críticas deban permanecer bajo propiedad nacional. Su importancia reside en el marco estratégico que propone: las decisiones sobre activos esenciales para el funcionamiento de la sociedad y la economía deben examinarse teniendo en cuenta sus consecuencias sobre la preparación, la seguridad y la capacidad de respuesta ante crisis. Aplicado a una eventual venta de Telxius, este planteamiento obliga a formular preguntas que van más allá del precio de la transacción. ¿Quién controlaría las decisiones estratégicas sobre los cables? ¿Qué garantías existirían sobre la continuidad de los servicios? ¿Cómo se protegerían las operaciones de mantenimiento y reparación? ¿Qué capacidad de supervisión conservarían las autoridades competentes? ¿Qué riesgos de dependencia podrían aparecer en función de la nacionalidad, estructura accionarial y obligaciones del comprador? Ninguna de estas preguntas presupone que una venta sea necesariamente perjudicial. Sin embargo, todas son relevantes para determinar si una operación de esta naturaleza resulta compatible con los objetivos europeos de seguridad y resiliencia.

La importancia de estas cuestiones se ha visto reforzada por la actuación de las instituciones comunitarias en materia de protección de cables submarinos. La Comisión Europea y la Alta Representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad presentaron el 21 de febrero de 2025 una comunicación conjunta sobre la seguridad y resiliencia de los cables submarinos, destinada a mejorar la prevención, detección, respuesta y recuperación ante incidentes. La iniciativa parte del reconocimiento de que estas infraestructuras desempeñan una función esencial en las comunicaciones internacionales y están expuestas a riesgos físicos, accidentes, fenómenos naturales y acciones deliberadas. Las medidas europeas contemplan una mayor coordinación entre los Estados miembros, la identificación de riesgos, el desarrollo de nuevas rutas y el refuerzo de las capacidades de reparación. La orientación comunitaria es inequívoca: los cables submarinos son infraestructuras cuya seguridad debe abordarse como una cuestión de interés estratégico y no únicamente como un asunto comercial de los operadores. La documentación correspondiente puede consultarse en la estrategia digital de la Comisión Europea.

El contraste resulta todavía más significativo si se observa el proyecto PISCES, anunciado por Orange, Equitix y MDM, que contempla el despliegue de un nuevo cable submarino de aproximadamente 3.125 kilómetros y 16 pares de fibra óptica para conectar Irlanda, Francia, España y Portugal. Esta infraestructura, prevista para 2028, contará con un punto de amarre en Sopelana, Vizcaya, y recibe apoyo financiero europeo a través de CEF Digital. Su finalidad es establecer una nueva ruta entre Irlanda y Europa continental, ampliar la capacidad de transmisión de datos y diversificar las conexiones internacionales. El proyecto fue recogido por Cinco Días el 17 de octubre de 2026. Mientras Orange participa en el desarrollo de una nueva infraestructura submarina con respaldo europeo, la eventual desinversión de Telefónica en Telxius plantea la cuestión de si la operadora española pretende mantener una presencia industrial directa en este segmento o sustituirla por otro modelo de acceso a la capacidad internacional. No sería riguroso afirmar que ambos proyectos son económicamente equivalentes, puesto que responden a estructuras empresariales, geografías y condiciones de inversión diferentes. Pero la comparación sí permite identificar dos decisiones estratégicas que merecen ser explicadas: invertir en nuevas infraestructuras internacionales o desprenderse de participaciones en redes ya construidas.

La responsabilidad de Marc Murtra, Emilio Gayo y Javier de Paz debe examinarse a partir de sus competencias reales dentro de las respectivas sociedades y de las decisiones que hayan sido formalmente adoptadas. Como presidente de Telefónica, Murtra desempeña una función relevante en la orientación estratégica y en la gobernanza del grupo; Emilio Gayo, como consejero delegado, tiene responsabilidades ejecutivas en la gestión empresarial; y Javier de Paz debe responder por las actuaciones que correspondan a sus funciones en Telxius. Sin embargo, atribuir a cualquiera de ellos una decisión definitiva de venta exige disponer de acuerdos societarios, comunicaciones oficiales o documentación que permita identificar su intervención concreta. La crítica más sólida no necesita sustituir esas pruebas por afirmaciones categóricas. Lo que sí resulta legítimo exigir es que la dirección de Telefónica explique públicamente por qué considera conveniente una eventual desinversión, qué alternativas ha evaluado y cómo ha incorporado a su análisis los riesgos estratégicos asociados a la propiedad de infraestructuras internacionales de telecomunicaciones.

La rentabilidad financiera no debería ser el único criterio utilizado para justificar una operación sobre activos de esta naturaleza. Una empresa cotizada debe atender a sus obligaciones económicas y societarias, pero las decisiones sobre infraestructuras críticas también pueden tener consecuencias para los operadores que dependen de ellas, para los servicios que utilizan sus redes y para los países conectados mediante sus sistemas. En el caso de Telxius, una eventual venta debería analizarse considerando su valoración económica, sus necesidades de inversión, la evolución del mercado mayorista, la estructura de competencia, los contratos de capacidad y los efectos que produciría un cambio de control. También sería necesario determinar si la operación estaría sometida a mecanismos de autorización o supervisión de inversiones por razones de seguridad, de acuerdo con la legislación aplicable y las características del comprador. La cuestión no consiste en sostener que toda venta de activos estratégicos sea perjudicial, sino en exigir que una decisión potencialmente irreversible esté respaldada por una evaluación completa de sus consecuencias industriales, tecnológicas y de seguridad.

Existe además una diferencia fundamental entre mantener el acceso comercial a una infraestructura y conservar derechos de propiedad y gobierno sobre ella. Una compañía puede seguir utilizando cables submarinos después de vender una participación, mediante contratos de capacidad, derechos de uso o acuerdos mayoristas. Sin embargo, esos instrumentos no son necesariamente equivalentes a participar en las decisiones sobre inversiones, ampliaciones, mantenimiento, gestión de riesgos o evolución de la infraestructura. El alcance de esa diferencia dependería de las condiciones de una eventual operación y de los derechos que Telefónica conservara. Por eso, una explicación basada exclusivamente en que la compañía podría seguir utilizando los cables después de vender Telxius sería insuficiente para resolver el debate sobre el control estratégico. Habría que conocer qué derechos mantendría, durante cuánto tiempo, bajo qué condiciones contractuales y con qué garantías frente a cambios posteriores en la propiedad o en la gestión de la infraestructura.

También resulta imprescindible distinguir entre una operación de venta a un inversor europeo sometido a las normas comunitarias y una transmisión que pudiera introducir nuevas dependencias respecto de terceros países. No todas las estructuras de propiedad generan los mismos riesgos ni todas las operaciones tienen idénticas consecuencias para la seguridad. La normativa europea sobre control de inversiones extranjeras y los mecanismos nacionales de supervisión permiten examinar determinadas operaciones cuando afectan a intereses esenciales, incluidas las infraestructuras críticas. Por tanto, la identidad del eventual comprador y sus obligaciones regulatorias serían elementos decisivos. El informe Niinistö proporciona argumentos para evaluar cuidadosamente estas dependencias, pero no permite concluir, sin conocer las condiciones de la transacción, que una venta concreta constituya una amenaza para la seguridad europea. Esa conclusión requeriría un análisis técnico, económico y regulatorio específico.

La cuestión de fondo es qué papel pretende desempeñar Telefónica en las infraestructuras internacionales de telecomunicaciones durante los próximos años. La compañía debe decidir cómo distribuir sus inversiones entre redes nacionales, servicios digitales, plataformas tecnológicas y conexiones internacionales, pero una eventual retirada del negocio de cables submarinos no debería presentarse como una simple operación de reorganización patrimonial sin explicar sus consecuencias. En un contexto en el que la Unión Europea está reforzando la protección de las comunicaciones estratégicas, los responsables de Telefónica tienen motivos suficientes para ofrecer una justificación especialmente detallada de cualquier decisión que reduzca su participación directa en este tipo de infraestructuras. Esa explicación debería incluir los objetivos económicos perseguidos, las alternativas consideradas, el impacto sobre la capacidad industrial del grupo y las garantías previstas para preservar la continuidad y seguridad de las conexiones internacionales.

La posible venta de Telxius merece, por tanto, una crítica exigente y una rendición de cuentas proporcional a la importancia de los activos afectados. No basta con invocar la eficiencia financiera, la reducción de deuda o la concentración en actividades prioritarias si no se aportan datos que permitan valorar esos argumentos frente a la pérdida potencial de derechos sobre infraestructuras estratégicas. Tampoco sería correcto afirmar que conservar Telxius garantiza por sí mismo la seguridad de las comunicaciones, puesto que esta depende de numerosos factores técnicos, operativos y regulatorios. Lo que debe exigirse es una evaluación transparente que permita determinar si los beneficios de una eventual venta compensarían la reducción de participación de Telefónica en un negocio que la propia Unión Europea considera esencial para la conectividad internacional.

La contradicción política e industrial que plantea este debate es difícil de ignorar: Europa moviliza financiación pública para construir nuevas infraestructuras submarinas, diversificar sus conexiones y reforzar su capacidad de respuesta ante crisis, mientras una de sus grandes operadoras de telecomunicaciones estudia, según las informaciones publicadas, desprenderse de su participación en una compañía especializada precisamente en ese ámbito. Esa diferencia de orientación no demuestra por sí sola que la operación sea contraria al interés general, pero sí exige una explicación que vaya más allá de los resultados financieros inmediatos. Marc Murtra, Emilio Gayo y Javier de Paz deben responder, en el ámbito de sus respectivas responsabilidades, a una cuestión fundamental: qué ventajas industriales y estratégicas obtendría Telefónica con la eventual venta de Telxius y qué garantías existirían para evitar que esa decisión introdujera nuevas dependencias en las comunicaciones internacionales.

El informe de Sauli Niinistö recuerda que la preparación y la seguridad europeas requieren identificar vulnerabilidades, proteger infraestructuras esenciales y fortalecer la capacidad de actuación ante situaciones de crisis. Desde esa perspectiva, el futuro de Telxius no debería analizarse únicamente como una decisión financiera interna de Telefónica. La propiedad y el control de los cables submarinos forman parte de un debate mucho más amplio sobre la autonomía tecnológica, la seguridad económica y la resiliencia de las comunicaciones europeas. La responsabilidad de quienes dirigen la compañía consiste en demostrar, mediante información verificable y argumentos contrastables, que cualquier decisión sobre estos activos ha tenido en cuenta tanto su valor económico como su importancia estratégica. Porque una infraestructura puede tener un precio de venta, pero su relevancia para la seguridad y la conectividad internacional no se agota en ese precio.

CONCLUSIÓN: EUROPA REFUERZA SUS INFRAESTRUCTURAS ESTRATÉGICAS MIENTRAS TELEFÓNICA PLANTEA DESPRENDERSE DE TELXIUS

La posible venta de Telxius plantea una contradicción estratégica que la dirección de Telefónica no debería eludir. Mientras la Unión Europea moviliza financiación pública para construir nuevos cables submarinos, diversificar las rutas internacionales de telecomunicaciones y reforzar la protección de sus infraestructuras críticas, una de las principales operadoras europeas contempla desprenderse de su participación en una compañía que ya dispone de redes internacionales de fibra óptica, estaciones de amarre y sistemas submarinos operativos. La cuestión no es únicamente cuánto dinero puede obtener Telefónica mediante la venta de Telxius, sino qué capacidad industrial, tecnológica y de decisión estaría dispuesta a dejar de controlar y cuáles serían las consecuencias de esa decisión. En un momento en el que la conectividad internacional forma parte de las prioridades de seguridad de la Unión Europea, reducir este debate a una operación financiera supondría ignorar una dimensión esencial de las infraestructuras digitales.

El informe de Sauli Niinistö, elaborado a petición de la Comisión Europea, establece la necesidad de reforzar la preparación de Europa frente a crisis, proteger sus infraestructuras críticas y reducir las vulnerabilidades y dependencias estratégicas. Sus recomendaciones no prohíben vender empresas de telecomunicaciones ni obligan a Telefónica a conservar Telxius. Sin embargo, proporcionan razones suficientes para exigir que una operación sobre activos de esta naturaleza sea examinada con lupa desde una perspectiva que incluya la seguridad, la resiliencia y la autonomía digital. Esta exigencia resulta todavía más relevante si se tiene en cuenta que la propia Comisión Europea considera la propiedad y el control de los cables submarinos elementos que deben analizarse al evaluar sus riesgos estratégicos, tal como recoge la Recomendación (UE) 2024/779.

Marc Murtra, como presidente de Telefónica, Emilio Gayo, como consejero delegado, y Javier de Paz, en el ámbito de sus responsabilidades en Telxius, deben ofrecer explicaciones sobre el sentido industrial y estratégico de una eventual desinversión. No basta con presentar una operación de estas características como una decisión orientada a optimizar recursos o concentrar inversiones. Resulta necesario conocer qué alternativas se han estudiado, qué derechos conservaría Telefónica sobre las infraestructuras, cómo se garantizaría la continuidad de los servicios y qué consecuencias tendría un cambio de propiedad sobre la capacidad de decisión y el control de los sistemas submarinos. La transparencia resulta especialmente exigible cuando están en juego activos vinculados a comunicaciones internacionales cuya seguridad y resiliencia forman parte de las prioridades de la Unión Europea.

La comparación con el proyecto PISCES resume el fondo de esta controversia. Mientras Orange, Equitix y MDM impulsan una nueva conexión submarina entre Irlanda, Francia, España y Portugal, con apoyo del programa europeo CEF Digital, la Telefónica de Murtra debe explicar por qué considera conveniente desprenderse de su participación en Telxius, si finalmente lleva adelante la operación. Ambos proyectos responden a circunstancias empresariales diferentes y no pueden compararse exclusivamente por sus características financieras. Sin embargo, sí ponen de manifiesto una cuestión estratégica de primer orden: qué posición quieren ocupar las grandes operadoras europeas en la propiedad y el desarrollo de las infraestructuras que sostienen las comunicaciones internacionales.

Europa está reconociendo que los cables submarinos no son simples activos comerciales, sino infraestructuras esenciales para su economía, sus comunicaciones y su seguridad. Esa consideración debería estar presente en cualquier decisión empresarial que afecte a su propiedad y control. Por ello, la posible venta de Telxius exige una justificación pública que permita valorar sus beneficios económicos y sus consecuencias estratégicas, sin confundir una operación societaria con una pérdida automática de seguridad, pero sin ignorar tampoco los riesgos y dependencias que puedan derivarse de un cambio de propietario.

La pregunta que queda abierta para Marc Murtra, Emilio Gayo y Javier de Paz es tan sencilla como trascendental: si Europa considera prioritario reforzar el control, la protección y la resiliencia de sus infraestructuras submarinas, ¿qué razones industriales y estratégicas justifican que Telefónica estudie desprenderse de una empresa que opera precisamente en ese sector?

Esa es la explicación que merece la sociedad española y los diferentes stakeholders (grupos de interés) de la operdora. Y esa es la responsabilidad que corresponde asumir a quienes dirigen Telefónica.

 

EPÍLOGO: EN 1914 SE CORTABAN LOS CABLES DEL ENEMIGO; EN 2026 EUROPA INTENTA PROTEGERLOS MIENTRAS TELEFÓNICA ESTUDIA VENDER TELXIUS

El 5 de agosto de 1914, al comienzo de la Primera Guerra Mundial, el Reino Unido cortó varios cables submarinos alemanes en el canal de la Mancha para dificultar las comunicaciones internacionales de Alemania. Aquella operación, ejecutada por el buque británico CS Alert, demostraba que el control de las comunicaciones constituía un instrumento estratégico mucho antes de que existieran Internet, los centros de datos o la inteligencia artificial. Más de ciento doce años después, la lección sigue plenamente vigente: las comunicaciones internacionales no son únicamente un negocio, sino una infraestructura de la que dependen la economía, la seguridad y la capacidad de actuación de los Estados. Lo que entonces se transmitía mediante cables telegráficos hoy circula por sistemas submarinos de fibra óptica que conectan continentes y sostienen buena parte de la actividad digital mundial. Han cambiado las tecnologías, las velocidades y las dimensiones de las redes, pero no ha desaparecido la importancia estratégica de disponer de comunicaciones seguras, diversificadas y resistentes frente a las crisis.

La historia debería servir para aprender, no para repetir errores. La Unión Europea parece haber comprendido esa lección cuando destina financiación pública a construir nuevos cables submarinos, diversificar las rutas internacionales y reforzar la protección de sus infraestructuras críticas. El programa Connecting Europe Facility – CEF Digital y las recomendaciones del informe Safer Together, de Sauli Niinistö responden a una preocupación común: Europa necesita reducir sus vulnerabilidades estratégicas y mejorar su capacidad para mantener las comunicaciones esenciales cuando se produzcan crisis, interrupciones o amenazas contra sus infraestructuras. La Recomendación (UE) 2024/779 va incluso más allá al señalar la importancia de examinar la propiedad y el control de los cables submarinos dentro de las evaluaciones de riesgos. Europa no está hablando de una soberanía digital abstracta: está identificando infraestructuras concretas, movilizando inversiones y reclamando medidas de protección.

Y aquí aparece la contradicción que la dirección de Telefónica tiene la obligación de explicar. Mientras Europa impulsa nuevas capacidades de transmisión internacional, la Telefónica de Marc Murtra, Emilio Gayo y Javier de Paz contempla, según las informaciones publicadas, desprenderse de Telxius, una compañía que ya dispone de cables submarinos operativos, conexiones transatlánticas y una infraestructura internacional construida durante años. La operación, cuya valoración inicial fue situada por la prensa económica en torno a 1.200 millones de euros, puede tener una justificación financiera para sus accionistas, pero ninguna cifra debería bastar, por sí sola, para cerrar el debate sobre la conveniencia industrial y estratégica de vender una participación en activos de esta naturaleza. No se trata de afirmar que la venta supondría automáticamente la pérdida de la soberanía europea, porque sus consecuencias dependerían del comprador, de las condiciones de la operación y de los derechos de control resultantes. Se trata de algo más elemental: si la Unión Europea considera prioritario reforzar su capacidad de decisión sobre las infraestructuras críticas, Telefónica debe explicar por qué desprenderse de Telxius sería una decisión coherente con ese objetivo.

Lo verdaderamente desconcertante es la distancia entre los discursos y las decisiones que se están planteando. La soberanía estratégica, la autonomía tecnológica, la resiliencia de las redes y la necesidad de alcanzar una mayor escala industrial europea se repiten constantemente en los foros empresariales e institucionales. Pero la soberanía estratégica no se proclama desde una tribuna mientras se deja sin explicar el futuro de los activos que permiten ejercerla. Se construye mediante inversión, conocimiento tecnológico, capacidad industrial y derechos efectivos sobre las infraestructuras. Vender una participación empresarial no significa necesariamente perder el acceso a sus servicios, pero tampoco es equivalente conservar un contrato de capacidad que mantener derechos de propiedad y gobierno sobre una red internacional. Confundir ambas situaciones supondría reducir una decisión estratégica a una simple operación contable. Y eso es precisamente lo que no debería aceptarse sin una explicación completa, documentada y sometida al escrutinio de los accionistas.

A esta controversia se añade la necesidad de examinar críticamente el plan estratégico de Telefónica y sus expectativas de consolidación y escala en el mercado europeo. La posición regulatoria del Organismo de Reguladores Europeos de las Comunicaciones Electrónicas (BEREC) debe analizarse con precisión: BEREC no es la autoridad que autoriza o prohíbe por sí sola las concentraciones empresariales, pero sus análisis sobre competencia, estructura de mercado y regulación constituyen una referencia relevante para evaluar las expectativas del sector. Si la estrategia de Telefónica atribuye un papel decisivo a la consolidación de operadores y a las economías de escala, sus responsables deben explicar cómo encajan esas expectativas con el marco regulatorio europeo y qué alternativas existen si las operaciones previstas encuentran obstáculos. La dirección de Telefónica no puede pedir confianza ilimitada en un plan sin someter sus hipótesis esenciales a una evaluación rigurosa. Una estrategia empresarial debe juzgarse por la solidez de sus fundamentos, no por la contundencia con la que se presenta ante inversores y medios de comunicación.

Por todo ello, ha llegado el momento de que los accionistas con representación en el consejo de administración asuman plenamente su responsabilidad. Su función no puede limitarse a respaldar las decisiones de la dirección o esperar a que las operaciones anunciadas produzcan resultados. Deben exigir una revisión profunda de la estrategia industrial, de las razones que justificarían la venta de Telxius y de la coherencia entre los objetivos proclamados de autonomía tecnológica y las decisiones efectivas de inversión y desinversión. Esa revisión debe alcanzar también a la responsabilidad de quienes han diseñado, defendido y ejecutado las líneas estratégicas de la compañía. Marc Murtra, Emilio Gayo y Javier de Paz deben rendir cuentas en el ámbito de sus respectivas competencias, con información verificable sobre los beneficios esperados, las alternativas estudiadas y las consecuencias de las decisiones propuestas. Y si de ese examen se desprende que la estrategia carece de fundamentos suficientes o que sus responsables no pueden ejecutarla con las garantías exigibles, los órganos de gobierno deben contemplar los cambios de dirección que correspondan, sin excepciones ni blindajes personales.

La historia de 1914 encierra una advertencia que no debería olvidarse. Entonces, los cables submarinos eran tan importantes que una de las primeras decisiones estratégicas de una potencia en guerra consistió en cortar las comunicaciones internacionales de su adversario. Hoy, más de un siglo después, Europa dedica recursos y esfuerzos a evitar que sus comunicaciones puedan quedar comprometidas por la interrupción de esas infraestructuras. No estamos ante las mismas circunstancias históricas ni ante una amenaza equivalente, pero sí ante una misma realidad: quien carece de alternativas y de capacidad para proteger sus comunicaciones se encuentra en una posición de vulnerabilidad.

Por eso resulta legítimo exigir a la dirección de Telefónica algo más que cifras, presentaciones y promesas de creación de valor. Debe explicar qué papel quiere desempeñar la compañía en la construcción de las infraestructuras digitales europeas, qué capacidades industriales pretende conservar y qué consecuencias tendría desprenderse de Telxius. No basta con hablar de soberanía estratégica: hay que demostrar que las decisiones empresariales se han examinado también desde esa perspectiva.

En 1914, los cables submarinos se cortaban para debilitar las comunicaciones del adversario. En 2026, Europa invierte para protegerlos y multiplicar las rutas disponibles. Y, en ese mismo contexto, la Telefónica de Murtra, Gayo y Javier de Paz estudia vender su participación en una empresa que opera precisamente esas infraestructuras. La comparación histórica no demuestra que la venta sea un error, pero convierte su justificación en una exigencia ineludible.

Los accionistas deben tomar partido por una estrategia industrial coherente, exigir responsabilidades y revisar hasta sus últimas consecuencias las decisiones de quienes dirigen la operadora. Porque la soberanía estratégica europea no puede quedarse en una expresión repetida en los discursos mientras las decisiones sobre sus infraestructuras esenciales se toman sin explicar suficientemente sus consecuencias.

Vivir para ver.

Ya lo dijo Napoleón Bonaparte: «La soberanía no se discute, se defiende».