El mapa de operaciones que tradicionalmente utilizaba Telefónica en sus presentaciones corporativas durante años mostró una compañía extensa, con una fuerte presencia en toda Hispanoamérica, reflejando una vocación global construida durante décadas por presidentes visionarios como Cándido Velázquez Gaztelu. Sin embargo, tras el proceso de desinversiones ejecutado en el año 2025, ese mapa se ha ido “encogiendo” progresivamente hasta quedar centrado en cuatro mercados principales.
Lo relevante no es solo el cambio visual, sino lo que representa: mientras el discurso sigue apelando a escala, liderazgo global y ambición tecnológica, la realidad tangible de la compañía —visible en algo tan simple como su mapa— muestra una Telefónica más pequeña, más concentrada y con menor huella internacional. Es una imagen sencilla, pero que ilustra de forma clara la idea central del análisis: la distancia sideral que existe entre el relato estratégico y la evolución real del negocio que hoy vivimos.
La Junta General de Accionistas celebrada hoy en Telefónica permite, por primera vez, analizar con cierta perspectiva el primer ciclo completo de gestión de Marc Murtra al frente de la compañía. Transcurrido un año desde su llegada, ya es posible contrastar con datos concretos qué se prometió en la Junta de 2025, qué se ha ejecutado realmente durante ese periodo y, sobre todo, cómo encajan esas decisiones con el discurso estratégico que hoy vuelve a plantear ante los accionistas. Este análisis no se centra en valoraciones subjetivas, sino en la comparación directa entre compromisos, resultados y contexto, con el objetivo de determinar hasta qué punto existe coherencia entre la narrativa expuesta por la presidencia y la realidad operativa, financiera y estratégica de Telefónica tras su proceso de transformación.
En el discurso que pronunció Marc Murtra en la Junta General de Accionistas del año 2025, el presidente definió un programa de actuación centrado en la transformación interna de Telefónica, la mejora del desempeño operativo y la redefinición del perímetro geográfico de la compañía. Sus compromisos se estructuraron en torno a objetivos concretos, especialmente en el ámbito financiero, estratégico y organizativo, alejados de formulaciones genéricas.
Desde el punto de vista financiero, Murtra estableció como prioridad el crecimiento orgánico en ingresos, EBITDA y flujo de caja operativo, junto con el mantenimiento de un flujo de caja libre estable y la reducción del endeudamiento https://bit.ly/4sBLOyp Estos objetivos reflejaban una clara orientación hacia la disciplina financiera y la solidez del balance. A su vez, mantuvo el compromiso de remunerar al accionista mediante dividendo.
En el ámbito estratégico, anunció una reestructuración del negocio internacional basada en la reducción de la exposición en Hispanoamérica. Durante el año 2025 se materializaron decisiones en esa línea, como la venta de la filial en Argentina, acuerdos para la salida de Colombia y la limitación de financiación en Perú . Este proceso implicaba una reorientación del grupo hacia mercados considerados estratégicos, abandonando otros con menor rentabilidad o mayor riesgo.
Paralelamente, Murtra se comprometió a una simplificación y reorganización interna de la compañía mediante una revisión estratégica profunda, cuyos resultados se presentarían antes de finalizar 2025 (finalmente el Plan Estrategico se presentó el 4 de noviembre). Esta revisión tenía como objetivo mejorar la eficiencia operativa, simplificar estructuras y acelerar la toma de decisiones. Asimismo, definió un marco general basado en foco, disciplina financiera y excelencia tecnológica y operativa .
En términos geográficos, el presidente planteó reforzar el foco en Europa, manteniendo Brasil como mercado clave, e impulsar la consolidación del sector europeo como línea estratégica, aunque este último aspecto quedaba condicionado por factores externos y no era ejecutable íntegramente en un solo ejercicio.
Al contrastar estos compromisos con los resultados presentados posteriormente, se observa que el grado de cumplimiento es significativo en los aspectos operativos. En el año 2025 Telefónica declaró crecimiento de ingresos del 1,5% a tipo de cambio constante, mejora del EBITDA y cumplimiento de los objetivos de generación de caja https://bit.ly/4sy6ya Estos indicadores coinciden con los objetivos prioritarios definidos por Murtra, lo que permite afirmar que el desempeño operativo ha evolucionado conforme a lo prometido.
No obstante, el ejercicio se cerró con unas pérdidas de 4.318 millones de euros. Este dato, aunque relevante, no contradice directamente los compromisos asumidos, ya que el propio discurso del año 2025 anticipaba impactos negativos derivados del deterioro de activos en determinados mercados https://bit.ly/4sBLOyp Posteriormente se confirma que el resultado contable está afectado por elementos extraordinarios ligados al proceso de transformación https://bit.ly/4sy6ya Por tanto, las pérdidas reflejan ajustes contables asociados a la reestructuración, no un incumplimiento de los objetivos operativos fijados para una compañía con menor perímetro como la que quedó tras el ajuste efectuado.
El impacto más visible de la estrategia ejecutada en el año 2025 se observa en la reducción del perímetro del grupo. La base de accesos pasa de 390 millones en 2024 a 326 millones en 2025 https://bit.ly/4sy6ya, lo que supone una disminución de 64 millones de accesos, aproximadamente un 16,4% del total del grupo. Esta caída no responde a pérdida de clientes en sentido orgánico, sino a la salida de operaciones en varios países de Hispanoamérica. En paralelo, Telefónica redefine su estructura geográfica y se concentra en cuatro mercados core: España, Reino Unido, Alemania y Brasil.
Si se toma como base el total de ingresos de la división de Hispam en el año 2024, poco antes de la llegada de Murtra, los ingresos ascendieron a 9.032 millones de euros, y se restan los negocios que permanecen dentro del perímetro —México, con 1.286 millones de euros, y Venezuela, cuya contribución económica fue de 313 millones de euros al resultado antes de impuestos https://bit.ly/4tfCVul, el volumen de actividad asociado a las operaciones enajenadas por Murtra en el año 2025 sería aproximadamente de unos 7.433 millones de euros. Esta cifra representa el tamaño aproximado del negocio que Telefónica ha dejado de consolidar tras la venta y salida de sus filiales en Hispanoamérica, evidenciando una reducción significativa del perímetro del grupo en términos de volumen económico, derivada directamente de la estrategia de desinversión ejecutada durante ese ejercicio.
A pesar de esta reducción del tamaño operativo, la compañía logra mantener crecimiento en ingresos comparables, lo que indica una mejora relativa en la calidad del negocio dentro del nuevo perímetro más reducido. En este sentido, no se observa una pérdida de ingresos en términos orgánicos, sino una disminución deliberada del volumen total derivada de la desinversión.
La revisión estratégica anunciada también puede considerarse cumplida, ya que en el discurso posterior se presentó un Plan Estratégico dentro del plazo fijado, “Transform & Grow”, que está en ejecución pero que los mercados bursátiles no dieron la bienvenida al no tener confianza en el mismo al tener demasiadas cuestiones que no están dentro del ámbito de cumplimiento de la compañía como es el tema de la consolidación europea.
En conjunto, los datos permiten concluir que Murtra ha cumplido los compromisos de carácter operativo y estratégico asumidos en la Junta de Accionistas del año 2025, si bien estos se han materializado sobre un perímetro empresarial más reducido tras las desinversiones realizadas. En este contexto, se ha logrado el crecimiento de las magnitudes clave, la generación de caja, la ejecución de las ventas de activos y la simplificación del grupo. Por otro lado, los objetivos de mayor alcance, vinculados al posicionamiento en Europa y a la consolidación del sector, permanecen abiertos, al tratarse de procesos que exceden el horizonte de un solo ejercicio.
En relación con los objetivos de mayor alcance —posicionamiento en Europa y consolidación del sector—, el planteamiento de Marc Murtra presenta una limitación estructural clara: insiste en la consolidación mediante fusiones como vía principal para ganar escala, pese a que el marco regulatorio europeo no respalda ese enfoque en los términos en los que él lo plantea. La Comisión Europea, a través de su política de competencia y de las posiciones reiteradas de sus responsables, ha dejado claro que no favorecerá procesos que impliquen una reducción significativa del número de operadores si ello conlleva una merma de la competencia efectiva en los mercados nacionales.
En este contexto, la estrategia de consolidación vía fusiones choca directamente con los criterios regulatorios vigentes. La propia orientación de la política europea, alineada con los informes de Mario Draghi y Enrico Letta, apunta hacia un refuerzo de la competitividad del continente sin sacrificar la competencia interna como motor de eficiencia. La Comisaria de Competencia, Teresa Ribera, como responsable de Competencia, se apoya en estas directrices, que no contemplan la concentración clásica como solución principal, sino fórmulas que permitan ganar escala sin eliminar operadores.
El error de enfoque de Murtra
radica, por tanto, en mantener una visión de consolidación basada en
integración corporativa tradicional en un entorno donde esa vía está limitada
por diseño institucional. Frente a ello, la propia evolución del
sector en Europa sugiere alternativas más compatibles con el marco regulatorio,
como las “joint ventures”, los acuerdos de compartición de
infraestructuras o los consorcios tecnológicos. Estas fórmulas permiten
capturar economías de escala, reducir costes y competir a nivel global
sin necesidad de reducir el número de actores en cada mercado nacional.
En este sentido, la verdadera escala europea no se alcanzará mediante la absorción de operadores dentro de cada país, sino mediante la creación de estructuras supranacionales que operen de forma coordinada sobre los 27 mercados actuales, avanzando hacia una lógica de mercado único en la práctica, aunque no en la titularidad empresarial. Este enfoque es coherente con las líneas estratégicas que se están marcando a nivel europeo https://bit.ly/40Rm58Z.
En consecuencia, la insistencia en la consolidación vía fusiones refleja una desconexión total entre la estrategia defendida por Murtra y el marco regulatorio y político europeo vigente, que prioriza la cooperación estructural y la integración funcional del mercado sobre la concentración empresarial directa.
En la Junta General de Accionistas celebrada hoy del año 2026, el discurso de Marc Murtra mantiene una línea argumental centrada en la necesidad de consolidación del sector como vía para ganar escala en Europa. En este sentido, afirma que “Europa necesita operadores fuertes, con capacidad de inversión, con escala suficiente” y defiende “la consolidación del sector en Europa como condición necesaria para crear soberanía tecnológica europea” . Asimismo, insiste en que “la fragmentación del mercado europeo limita la escala, reduce la inversión en tecnología y dificulta la innovación” , planteando la consolidación como respuesta estructural a este problema https://bit.ly/4sy6ya
Sin embargo, estas afirmaciones entran en contradicción con la orientación que está marcando la política de competencia europea. Teresa Ribera, como responsable de esta área, ha reiterado en diferentes intervenciones públicas que la reducción del número de operadores mediante fusiones no es la vía adecuada si ello implica una disminución de la competencia efectiva. El enfoque de la Comisión Europea, alineado con los informes de Mario Draghi y Enrico Letta, no pasa por permitir concentraciones que reduzcan la presión competitiva en los mercados nacionales, sino por reforzar la capacidad del sector sin deteriorar esa competencia.
De este modo, cuando Murtra sostiene que la consolidación es condición necesaria para competir globalmente, su planteamiento omite el límite fundamental impuesto por el marco regulatorio europeo: la prioridad de preservar la competencia como elemento central del mercado único. Frente a la idea de concentración empresarial, la Comisión está orientando el desarrollo del sector hacia mecanismos de cooperación que permitan ganar escala sin eliminar operadores, como acuerdos industriales, compartición de redes o estructuras conjuntas.
La contradicción se hace más evidente al observar que el propio discurso de Murtra reconoce la fragmentación del mercado como problema, pero propone una solución —las fusiones— que no es viable en el contexto regulatorio actual. Mientras él plantea una reducción del número de actores para ganar tamaño, la Comisión Europea defiende un modelo en el que la escala se construye mediante integración funcional y coordinación entre operadores, no mediante su desaparición.
En consecuencia, el planteamiento de Murtra en este 2026 refleja una desconexión total entre la estrategia empresarial que propone y el marco institucional europeo vigente. Sus afirmaciones sobre la necesidad de consolidación mediante fusiones no se alinean con la política de competencia de la Unión Europea, que, bajo la dirección de Teresa Ribera, prioriza mantener la competencia y fomentar fórmulas de cooperación antes que autorizar procesos de concentración que reduzcan el número de operadores en los mercados nacionales… Han pasado catorce meses desde su llegada y todavía no se ha dado cuenta que existe una desconexión total en esta cuestión.
Leído en conjunto, el discurso que hoy Murtra pronunció en la Junta General de Accionistas, presenta graves contradicciones entre lo que afirma como relato estratégico y algunas de las decisiones efectivamente adoptadas en ese mismo ciclo. El texto insiste en que Telefónica cuenta “con un capital humano de enorme valor”, que ha “reforzado talento”, que “ninguna tecnología sustituye a la excelencia humana” y que “cuánto mejor es la tecnología, mayor talento se necesita”. También vincula a la compañía con la formación, citando el programa de becas tecnológicas de la Fundación Telefónica para 150 jóvenes. Sin embargo, ese discurso convive con una política de ajuste laboral de gran magnitud. En diciembre del año 2025 Telefónica firmó con los sindicatos CCOO, UGT y Sumados un ERE para 4.525 salidas en siete filiales, y en febrero de 2026 se concretó la aceptación de 4.772 salidas en las tres principales filiales españolas, tras registrarse más de 5.100 adhesiones voluntarias. El hecho relevante no es discutir la legalidad o viabilidad del ajuste, sino constatar que el elogio del talento y del valor de las personas queda acompañado, en la práctica, por una reducción muy intensa de plantilla. Empleados que tenían como mínimo quince años de antigüedad y conocimiento en la compañía hasta tener algunos entre 35 o 40 que tenían los más antiguos. Eso no invalida el discurso sobre el capital humano de Murtra, pero sí lo sitúa en un marco donde la simplificación y la reducción de costes pesan de forma determinante a la hora de sacrificar el valor de las personas y sus conocimientos.
La propia literalidad del discurso refuerza esa contradicción. Murtra defiende que la transformación exige decidir, simplificar y actuar, y más adelante anuncia que profundizará en “simplificación y optimización de costes”, con “más eficiencia, más automatización, más foco”. Visto junto al ERE, el mensaje real del ejercicio no es únicamente el de revalorizar el conocimiento y las personas, sino también el de reordenar la base laboral para ajustar la estructura de costes. Por tanto, cuando el discurso presenta a las personas como eje de la transformación, los hechos muestran que ese eje ha coexistido con una política muy severa de reducción de empleo. La prioridad operativa del año 2025 no fue ampliar capacidades humanas internas, sino hacer compatible la mejora de caja y rentabilidad con un redimensionamiento de la compañía.
Otro punto de fricción de lo dicho por Murtra aparece en la manera en que describe la innovación. En la Junta de hoy sostiene que el compromiso con la innovación se traduce en “capacidades tecnológicas concretas” y pone como ejemplos: una cloud con capacidades de IA y baja latencia, la resiliencia de red mediante automatización y Titan Connect, y, en tercer lugar, las producciones de Movistar Plus+. Los dos primeros encajan dentro de una lógica industrial propia del sector —infraestructura, software de red, edge computing o ciberseguridad—, mientras que el tercero pertenece al ámbito comercial y de contenidos audiovisuales. El desarrollo audiovisual puede ser relevante para la captación y retención de clientes, pero no constituye capacidad tecnológica estructural en el mismo plano que las redes o la nube. En este punto, el discurso mezcla dos niveles distintos: innovación industrial y estrategia comercial.
Esta confusión se acentúa si se introduce el contexto real de inversión en I+D del sector. Según los datos de la Comisión Europea (EU Industrial R&D Investment Scoreboard), las grandes telecos europeas —incluida Telefónica— presentan niveles de inversión en I+D muy reducidos en comparación con los grandes actores tecnológicos globales. Mientras las principales empresas tecnológicas destinan entre un 10% y un 20% de sus ingresos a I+D, las operadoras de telecomunicaciones europeas se sitúan habitualmente en rangos cercanos al 1%–2%. Esto sitúa al sector en una posición claramente secundaria dentro de la revolución digital, más centrado en la explotación de infraestructuras que en la generación de tecnología propia. En este contexto, la inclusión de contenidos audiovisuales como ejemplo de innovación refuerza esa percepción: no se trata de desarrollo tecnológico disruptivo, sino de una palanca comercial dentro de un sector cuya aportación directa a la I+D global es limitada. Para un análisis más amplio sobre esta cuestión puede consultarse el siguiente enlace https://bit.ly/4rSl639
Esa mezcla se aprecia mejor al observar la asignación de capital. En noviembre de 2025 Telefónica fue adjudicataria provisional de un paquete relevante de derechos de LaLiga para la televisión de pago residencial en España, y además aseguró los derechos de las competiciones UEFA para el ciclo 2027/28-2030/31. Se trata de compromisos económicos de entidad, como ya mostraba el ciclo anterior de LaLiga, en el que el paquete principal ascendía a 250 millones de euros en 2024/25 y 520 millones por temporada en 2025/26 y 2026/27. Con estos datos, la contradicción no consiste en que Telefónica invierta en contenidos —eso forma parte de su negocio comercial—, sino en que Murtra presenta esa apuesta dentro del mismo bloque argumental con el que habla de soberanía tecnológica, capacidades de red o competitividad industrial. Los derechos audiovisuales pueden sostener ingresos, diferenciar la oferta y reducir churn, pero no generan por sí mismos una base industrial comparable a la inversión en infraestructuras, cloud, ciberseguridad o soluciones B2B.
También hay una contradicción ostensible entre el lenguaje expansivo con el que Murtra presenta la misión de Telefónica y el perímetro real sobre el que esa misión va a operar. En el discurso afirma que Telefónica quiere ser “la mejor forma de acceso” de ciudadanos, empresas e instituciones a las tecnologías digitales, y añade que los clientes tienen que ser “el centro” de la actividad, con “más red, más calidad, más capacidad”. Pero al mismo tiempo reivindica como éxito del ejercicio haber culminado la salida de Perú, Uruguay, Ecuador, Colombia y Chile, concentrando la compañía en cuatro mercados core: España, Reino Unido, Alemania y Brasil. Eso significa que el proyecto industrial y comercial que describe ya no se apoya en la Telefónica geográficamente extensa que existía antes, sino en una compañía deliberadamente más pequeña y concentrada. El contraste no está en que haya incoherencia contable —la simplificación era una decisión anunciada—, sino en que el discurso mantiene una retórica de gran plataforma tecnológica mientras los hechos reflejan una reducción sustancial del perímetro operativo.
En la misma línea, Murtra presenta a Telefónica como “motor económico”, “cohesión social” e “infraestructura crítica” para España y Europa. Esa caracterización encaja con el papel de una gran teleco en redes y conectividad, pero vuelve a chocar con la doble lógica que ha dominado el año: por un lado, la compañía reduce presencia internacional y empleo; por otro, mantiene y amplía apuestas intensivas en contenidos audiovisuales. El resultado es un relato en el que conviven dos prioridades distintas: una Telefónica que se define como operador estratégico de infraestructura y otra Telefónica que sigue asignando recursos relevantes a activos de entretenimiento y derechos deportivos para sostener su propuesta comercial. Ambas son reales, pero no responden a la misma lógica de creación de capacidad industrial que hoy persigue la Comisión Europea siguiendo el modelo de competitividad que escribió Mario Draghi.
Donde el discurso sí se corresponde mejor con lo realizado es en la parte estrictamente financiera y de simplificación. Murtra afirma que “nos comprometimos a cumplir el “guidance” financiero. Y lo hemos cumplido”, y apoya esa afirmación en un crecimiento de ingresos del 1,5% a tipo de cambio constante, un crecimiento del EBITDA ajustado del 2% y un flujo de caja libre de operaciones continuadas de 2.069 millones de euros. Ese bloque encaja con los hechos ya comunicados oficialmente por la compañía. El problema aparece cuando el discurso intenta elevar ese cumplimiento operativo a una validación global del modelo. La mejora de ingresos comparables, EBITDA y caja es compatible con que el ajuste se haya apoyado en reducción de perímetro, menor complejidad, contención de costes y reestructuración laboral. Es decir, los resultados operativos pueden haber mejorado y, al mismo tiempo, dejar abiertas dudas sobre la coherencia entre el relato del talento, la misión tecnológica y ciertas decisiones de asignación de capital.
En suma, el discurso de hoy en la Junta por Murtra tiene una coherencia clara en tres puntos: simplificación del grupo, cumplimiento del “guidance” financiero y concentración en mercados “core”. Donde aparecen las contradicciones es en otros planos. La exaltación del “capital humano” y de la formación convive con un ERE de miles de salidas; la apelación a la innovación como capacidad tecnológica se mezcla con una fuerte apuesta por contenidos y derechos audiovisuales; y la aspiración de ser una gran puerta de acceso tecnológica se formula desde una Telefónica ya más reducida en geografía y empleo. A ello se añade otra contradicción relevante: Murtra plantea un horizonte de cinco años para convertir a Telefónica en una compañía líder en Europa en 2030 y, posteriormente, en la mejor compañía de telecomunicaciones del mundo en 2035, objetivos que contrastan con la realidad ejecutada durante el periodo analizado de su primer año, marcada por la reducción del perímetro, la salida de múltiples mercados y un menor peso relativo en términos globales. No son contradicciones retóricas menores: describen la diferencia entre la narrativa institucional del discurso y la naturaleza concreta de las decisiones ejecutadas durante el año.
Hay un elemento adicional del discurso de hoy de Murtra que conviene tratar para completar este análisis y que refuerza la contradicción entre relato y realidad: la recepción del Plan Estratégico por parte del mercado y su encaje con las capacidades reales de la compañía. Murtra afirmó en la Junta de hoy que “la ejecución de nuestro plan estratégico ‘Transform & Grow’ ya está en marcha” y que “hemos pasado de la intención a la ejecución”, presentándolo como la hoja de ruta que dará coherencia a la transformación de Telefónica. Sin embargo, este planteamiento contrasta con la reacción de los inversores desde su presentación el 4 de noviembre del año 2025. El mercado no acogió positivamente el plan, fundamentalmente porque incorpora elementos —como la consolidación europea— que no dependen de la capacidad de ejecución de la compañía, sino de decisiones regulatorias externas. Este hecho introduce una debilidad estructural en el propio plan: parte de sus palancas clave no son controlables por Telefónica.
A ello se suma otra cuestión relevante del discurso: Murtra insiste en que “Telefónica es estructuralmente más sólida” tras la transformación y que “hemos fortalecido el balance”. Sin embargo, esa afirmación debe interpretarse en el contexto real en el que se produce: la mejora de la estructura financiera se ha apoyado en desinversiones significativas y en la reducción del perímetro del grupo. Es decir, la fortaleza a la que alude no proviene exclusivamente de una expansión o mejora del negocio existente, sino también de una contracción deliberada del mismo.
Otro aspecto que merece destacarse es la insistencia en la ambición tecnológica global. Murtra plantea que Telefónica quiere ser un actor relevante en ámbitos como la inteligencia artificial, la cloud o la ciberseguridad. No obstante, como ya se ha señalado, esta ambición convive con un nivel de inversión en I+D reducido en comparación con los grandes actores tecnológicos globales. A esta limitación se añade el caso de la adquisición de Netomnia en el Reino Unido, presentada como un paso en el refuerzo de capacidades de red en Europa, pero en la que Telefónica participa como socio minoritario dentro de una estructura dominada por un fondo de inversión. Esta configuración implica que la capacidad de decisión sobre el activo —y, por tanto, su alineación plena con la estrategia de la compañía— está parcialmente condicionada, lo que limita su utilidad como palanca estratégica propia. En conjunto, esta divergencia entre ambición declarada y capacidad inversora y de control real añade otra capa de tensión al discurso.
Finalmente, el propio énfasis en la “disciplina” y en “anunciar poco y ejecutar mucho” entra en contraste con la amplitud de los objetivos estratégicos planteados. El discurso combina un enfoque prudente en lo operativo con una narrativa expansiva en lo estratégico (liderazgo europeo en 2030, liderazgo global en 2035), lo que genera una disonancia entre la escala real de la compañía tras la reestructuración y el alcance de las metas fijadas.
En conjunto, estos elementos —la dependencia externa del Plan Estratégico, la fortaleza basada en reducción de perímetro, la brecha entre ambición tecnológica e inversión real, la limitación de control en activos estratégicos como Netomnia y la distancia entre prudencia operativa y ambición estratégica— refuerzan la idea central: el discurso pronunciado hoy por Murtra mantiene una coherencia interna en lo financiero y operativo, pero presenta contradicciones relevantes cuando se confronta con las condiciones reales del mercado, del entorno regulatorio y de la propia capacidad estructural de Telefónica.
En definitiva, el problema de Murtra no reside en la ausencia de un relato estratégico, sino en el desajuste entre ese relato y la realidad sobre la que se sustenta. Telefónica ha mejorado sus indicadores operativos, pero lo ha hecho sobre un perímetro más reducido, con menor presencia geográfica y tras un ajuste relevante de su estructura. Al mismo tiempo, el discurso proyecta ambiciones de liderazgo europeo y global apoyadas en palancas —como la consolidación del sector o determinadas capacidades tecnológicas— que no dependen plenamente de la compañía o cuya base real es limitada. El resultado es una estrategia que presenta coherencia en lo financiero y operativo, pero que muestra una distancia evidente entre las metas declaradas y las condiciones efectivas en las que hoy opera Telefónica.
Para terminar el post quiero manifestar que el primer año de gestión de Marc Murtra al frente de Telefónica deja un balance claro: los objetivos operativos se han cumplido, pero lo han hecho sobre una compañía más pequeña, con menor presencia internacional y tras un ajuste relevante de su estructura. No es un fracaso en términos de ejecución financiera, pero tampoco es una transformación que refuerce de forma evidente la posición estratégica de la empresa en el contexto global. La mejora de cifras convive con una reducción de escala, y esa es la realidad que define este primer año de Murtra.
La encrucijada en la que se encuentra hoy Telefónica no es solo consecuencia de las decisiones adoptadas, sino también de la falta de corrección de rumbo por parte de sus principales accionistas dominicales. La presencia de la SEPI como accionista relevante implica una responsabilidad directa en la supervisión de la estrategia, pero hasta ahora no se ha traducido en una intervención que reoriente de forma clara el proyecto empresarial. Los hechos acumulados —reducción de perímetro, ajuste de plantilla, dependencia de factores regulatorios para ejecutar el plan estratégico— no han provocado cambios visibles en la dirección marcada.
En este contexto, el problema ya no es únicamente el desajuste entre discurso y realidad, sino la ausencia de un contrapeso efectivo que exija coherencia entre ambos. Telefónica sigue avanzando con un relato ambicioso, pero con una base operativa más limitada y con palancas estratégicas que no controla plenamente. Mientras esa situación no se corrija, la compañía permanecerá en una posición de indefinición: con resultados que sostienen el corto plazo, pero sin una dirección clara que garantice su relevancia a medio y largo plazo en el sector global de las telecomunicaciones en Europa.
Ya lo dijo Peter Drucker: “La estrategia es inútil si no se traduce en ejecución, pero la ejecución sin una estrategia coherente solo conduce al desgaste.”





