Existe una forma muy sencilla de entender cómo un dato positivo puede adquirir una importancia desproporcionada cuando se presenta aislado del conjunto.
Imaginemos un comercio que durante años factura 120 millones de euros. Decide desprenderse de varias líneas de negocio y, después de hacerlo, su facturación se reduce a 100 millones. Al año siguiente, una de las actividades que conserva consigue crecer un 10%.
El propietario podría colocar en el escaparate un gran cartel anunciando: «Nuestro negocio estrella crece un 10%».
La afirmación sería rigurosamente cierta.
Pero también sería incompleta.
El crecimiento de esa actividad no habría compensado necesariamente los 20 millones de euros de facturación que previamente desaparecieron del conjunto del negocio. El cartel dirige la atención hacia aquello que mejora; para conocer la dimensión completa del establecimiento habría que entrar también en el almacén y comprobar lo que ya no está.
Ese es el efecto de encuadre que puede producir un porcentaje cuando se separa de su base de comparación: el dato no necesita ser falso para transmitir una imagen incompleta. Basta con centrar la atención en aquello que crece sin mostrar simultáneamente la dimensión de aquello que ha desaparecido.
La aritmética permite verlo todavía con mayor claridad. Si un negocio que conserva 100 millones crece un 3%, pasa a facturar 103 millones. Pero si previamente se desprendió de otra actividad que aportaba 20 millones, ese crecimiento no reconstruye los 120 millones iniciales.
Por eso, cuando se habla de crecimiento, tan importante como mirar el porcentaje que aparece en el escaparate es comprobar el tamaño del negocio que permanece detrás de él.
Los últimos resultados de Telefónica permiten construir un relato aparentemente positivo: el negocio B2B crece con fuerza, los servicios digitales ganan cada vez más peso y la compañía presenta cloud, ciberseguridad, IoT e inteligencia artificial como algunos de los motores de su transformación. En el primer semestre de 2026, los ingresos empresariales rozaron los 4.000 millones de euros, confirmando que el mercado corporativo está adquiriendo una importancia creciente dentro del grupo.
Pero los porcentajes de crecimiento no deberían analizarse aisladamente del punto de partida sobre el que se calculan. Detrás del avance del B2B existe una Telefónica con un perímetro sensiblemente menor, después de acelerar las desinversiones internacionales y concentrar su estrategia en España, Brasil, Alemania y Reino Unido. La facturación consolidada pasó de 41.315 millones de euros en 2024 a 35.120 millones en 2025, una diferencia nominal de 6.195 millones, explicada en una parte sustancial por la reducción del perímetro y las operaciones discontinuadas, y no por una pérdida comercial equivalente.
A esta cuestión se añade otra igualmente relevante. El crecimiento de los servicios digitales no permite saber por sí mismo cuánto valor tecnológico y económico genera y retiene Telefónica. Una parte de su oferta se sustenta en redes, plataformas, conocimiento y desarrollos propios, mientras otra se construye mediante la integración de tecnologías proporcionadas por AWS, Microsoft Azure, Google Cloud y otros fabricantes, cuya capacidad de inversión en cloud, inteligencia artificial e I+D se encuentra en una escala muy superior.
Por eso, este análisis pretende ir más allá del titular sobre el crecimiento de los ingresos. No se trata de negar que Telefónica esté creciendo en B2B —los datos demuestran que lo está—, sino de determinar qué significa realmente ese crecimiento dentro de una compañía más pequeña, qué parte del valor digital puede considerarse propio, qué papel desempeñan los hiperescaladores y hasta qué punto el nuevo perímetro será capaz de compensar la escala perdida con las desinversiones.
Porque la cuestión decisiva no es solamente cuánto crecen los negocios que permanecen en Telefónica, sino cuánto valor propio genera, cuánto retienen y si ese crecimiento será suficiente para construir una compañía capaz de recuperar en términos económicos y competitivos la dimensión que ha ido dejando atrás.
El crecimiento digital no puede ocultar la reducción del perímetro de Telefónica desde la llegada de Marc Murtra
La mejora que Telefónica está proyectando en determinados indicadores —entre ellos el crecimiento del negocio B2B y de los servicios digitales— debe analizarse junto con otra realidad que muestran con claridad las cuentas de la compañía: Telefónica es hoy una empresa con un perímetro de actividad sensiblemente menor que el que tenía cuando Marc Murtra asumió la presidencia ejecutiva el 18 de enero de 2025. La fecha del relevo está recogida en la propia comunicación remitida por Telefónica al mercado, en la que consta que Murtra aceptó ese mismo día su nombramiento como presidente ejecutivo. Este hecho resulta esencial para interpretar correctamente cualquier comparación de ingresos. No basta con observar que los negocios que permanecen dentro del grupo están creciendo. También hay que medir cuánto volumen de negocio ha dejado de consolidarse como consecuencia de las ventas realizadas desde enero de 2025.
En el ejercicio 2024, inmediatamente anterior a la llegada de Murtra a la presidencia, Telefónica registró unos ingresos totales de 41.315 millones de euros. Es la cifra publicada por la propia compañía para aquel ejercicio. Un año después, Telefónica cerró 2025 con 35.120 millones de euros de ingresos.
La diferencia entre ambas magnitudes es de:
41.315 millones - 35.120 millones = 6.195 millones de euros.
Es decir, la cifra de ingresos consolidada presentada por Telefónica para 2025 fue 6.195 millones de euros inferior a los ingresos totales que había declarado en 2024, una reducción equivalente aproximadamente al 15% de aquella cifra de facturación. Esta comparación nominal requiere, sin embargo, una precisión contable importante para no atribuir a la gestión actual algo que las cuentas no permiten sostener. No puede afirmarse que Telefónica haya “perdido comercialmente” esos 6.195 millones de euros por una caída equivalente del negocio existente. Una parte fundamental de esa diferencia procede de la reducción del perímetro de consolidación y de la reclasificación de las operaciones vendidas como actividades discontinuadas. También intervienen los efectos de los tipos de cambio. La propia Telefónica distingue precisamente entre crecimiento reportado y crecimiento a perímetro y tipos de cambio constantes.
Por eso pueden convivir dos afirmaciones aparentemente contradictorias y ser ambas correctas: Telefónica puede comunicar crecimiento de los ingresos en términos constantes mientras la cantidad total de ingresos que consolida el grupo es sustancialmente inferior a la que presentaba antes de las desinversiones. Esta diferencia es imprescindible para valorar la evolución real del tamaño de Telefónica.
Un proceso de desinversión acelerado desde enero de 2025
La reducción del perímetro tiene fundamentalmente su origen en la aceleración de la retirada de Telefónica de Hispanoamérica. Cuando Marc Murtra llegó a la presidencia, el 18 de enero de 2025, Telefónica mantenía todavía operaciones relevantes en Argentina, Perú, Uruguay, Ecuador, Colombia, Chile, México y Venezuela, aunque la estrategia de reducción de exposición a Hispanoamérica había comenzado durante la etapa anterior del presidente despedido, Álvarez-Pallete. Durante 2025 y los primeros meses de 2026 esa política se aceleró de manera muy significativa.
La primera gran salida se produjo en Argentina. Telefónica desconsolidó Telefónica Argentina desde el 24 de febrero de 2025. Posteriormente se produjo la salida de Perú, que dejó de consolidarse desde el 13 de abril de 2025. A estas operaciones se añadieron posteriormente Uruguay y Ecuador. Telefónica explicó en sus resultados que Argentina, Perú, Uruguay y Ecuador fueron consideradas operaciones discontinuadas desde el 1 de enero de 2025 a efectos de presentación financiera y que incluso las cifras comparativas de 2024 fueron reformuladas para hacerlas comparables. La propia compañía confirmó posteriormente que durante el primer trimestre de 2026 había completado también las salidas de Colombia y Chile.
Por tanto, entre la llegada de Murtra y junio de 2026, Telefónica había salido de Argentina, Perú, Uruguay, Ecuador, Colombia y Chile. El proceso no se ha detenido ahí. La compañía mantiene igualmente la estrategia de abandonar los mercados de Hispanoamérica que no forman parte de sus cuatro mercados considerados estratégicos. El grupo ha concentrado su estrategia en España, Brasil, Alemania y Reino Unido, mientras México y Venezuela permanecían como los principales negocios hispanoamericanos todavía pendientes de salida. Reuters recogía en febrero de 2026 que la retirada latinoamericana estaba prácticamente completada salvo esos dos mercados.
Por tanto, la reducción del perímetro no constituye un accidente contable aislado: forma parte explícita de la estrategia seguida por Telefónica.
De 41.315 millones a 35.120 millones de ingresos
La dimensión económica de esa transformación puede visualizarse comparando las cifras publicadas por la compañía.
Telefónica 2024: 41.315 millones de euros de ingresos.
Telefónica 2025: 35.120 millones de euros de ingresos.
Diferencia: 6.195 millones de euros.
La cifra resulta suficientemente significativa como para que cualquier análisis de los actuales crecimientos porcentuales de Telefónica deba ponerla en contexto. En 2025 Telefónica comunicó que sus ingresos habían crecido un 1,5% en términos constantes, pese a haber terminado el ejercicio con 35.120 millones de euros. No existe contradicción contable. Ese porcentaje se calcula utilizando tipos de cambio y perímetro comparables, mientras que los 41.315 millones de 2024 corresponden al tamaño consolidado que tenía Telefónica antes de muchas de las operaciones posteriormente vendidas.
Esta diferencia entre crecimiento comparable y tamaño absoluto del grupo es precisamente uno de los aspectos que debe explicarse al analizar los resultados actuales. Una compañía puede mejorar un 2% o un 3% dentro del perímetro que conserva y, simultáneamente, facturar varios miles de millones menos porque ha dejado de poseer negocios que anteriormente generaban ingresos.
El primer semestre de 2026 confirma la nueva dimensión del grupo
Los resultados correspondientes al primer semestre de 2026 vuelven a mostrar esta nueva realidad. Telefónica obtuvo entre enero y junio 16.392 millones de euros de ingresos. La compañía destaca que esos ingresos aumentaron un 1,7% en términos reportados y un 0,4% a tipos de cambio constantes y perímetro comparable. Al mismo tiempo, el resultado neto del grupo continuó condicionado por el proceso de desinversión. Telefónica registró pérdidas de 338 millones de euros durante el primer semestre de 2026, pese a que las operaciones continuadas obtuvieron un beneficio neto de 474 millones. Las operaciones discontinuadas aportaron un resultado negativo de 812 millones de euros. Dentro de esas pérdidas destaca especialmente un impacto negativo de 1.001 millones de euros relacionado con la desinversión en Chile, al que se sumó una provisión de 265 millones relacionada con la reorganización de Telefónica Alemania. Por tanto, las desinversiones están afectando simultáneamente al tamaño del perímetro, a la cifra consolidada de ingresos y al resultado contable de Telefónica.
Esto no significa necesariamente que las operaciones vendidas fueran las más rentables del grupo. Tampoco permite afirmar que conservarlas hubiera generado mejores resultados futuros. Las cuentas disponibles no permiten realizar esa afirmación. Lo que sí puede afirmarse es algo mucho más concreto: Telefónica ha intercambiado tamaño y presencia geográfica por una estructura más concentrada en cuatro mercados principales.
La pérdida de accesos también refleja la reducción de perímetro
La contracción no se observa únicamente en los ingresos. También puede apreciarse en el número de accesos gestionados por el grupo, aunque nuevamente resulta imprescindible tener en cuenta los cambios de perímetro. Al finalizar el primer semestre de 2026, Telefónica contabilizaba 299,8 millones de accesos.
La comparación histórica debe realizarse con precaución debido a las desconsolidaciones, pero la caída del número absoluto de clientes y accesos asociados a los mercados vendidos constituye otra manifestación del mismo fenómeno: Telefónica controla directamente menos operaciones y menos activos comerciales internacionales que antes de la aceleración de las desinversiones. En términos de ingresos consolidados, la comparación directa entre los 41.315 millones de 2024 y los 35.120 millones de 2025 muestra una reducción nominal de aproximadamente el 15%.
Crecer sobre un perímetro menor
Esta circunstancia resulta particularmente relevante cuando se presentan los actuales crecimientos del negocio. En el segundo trimestre de 2026, Telefónica registró 8.265 millones de euros de ingresos, un 3% más en términos reportados respecto del mismo trimestre del año anterior y sin crecimiento en términos constantes. El B2B aumentó con fuerza, hasta alcanzar 2.022 millones de euros, y acumuló 3.954 millones durante el semestre. España y Brasil también presentan una evolución positiva. Telefónica España alcanzó 6.513 millones de euros de ingresos durante el primer semestre, un 2,5% más, mientras Brasil facturó 5.195 millones, un 12,5% más en términos reportados y un 7,5% a tipos constantes. Son crecimientos reales dentro del perímetro actual y deben reconocerse como tales.
Pero no restituyen automáticamente los miles de millones de facturación que desaparecen del consolidado cuando una filial deja de pertenecer a Telefónica.
Este es el punto que puede quedar oculto cuando se observan únicamente las tasas porcentuales de crecimiento. Un negocio que factura 100 y crece un 3% obtiene 103. Pero si previamente otro negocio que aportaba 20 ha sido vendido, el crecimiento porcentual del negocio restante no recompone inmediatamente el tamaño anterior del grupo. Aplicado a Telefónica, los crecimientos de España, Brasil, B2B y servicios digitales están mejorando el negocio que permanece dentro de la compañía, pero parten ahora de un perímetro consolidado menor.
Los 6.195 millones no son una “caída comercial” atribuible íntegramente a Murtra
La cifra representa la diferencia entre los ingresos totales publicados para 2024 antes de la llegada de Murtra y los publicados posteriormente con su llegada en el año 2025. Parte sustancial de esa reducción responde a empresas que han dejado de formar parte del perímetro de consolidación, no a clientes que Telefónica haya perdido manteniendo exactamente las mismas operaciones. Además, la estrategia de salida de Hispanoamérica no comenzó con Murtra. Telefónica había establecido durante la presidencia de José María Álvarez-Pallete la intención de reducir su exposición a la región, con Brasil como excepción estratégica.
Lo que sí puede atribuirse temporalmente a la etapa de Murtra es la aceleración y ejecución material de una parte muy importante de esas desinversiones desde el 18 de enero de 2025. Esta precisión fortalece el análisis porque permite diferenciar herencia estratégica, decisiones ejecutadas y consecuencias contables.
El coste contable de las desinversiones
La reducción del perímetro tampoco ha sido neutral para la cuenta de resultados. Telefónica terminó 2025 con unas pérdidas netas de 4.318 millones de euros. La propia compañía atribuyó una parte importante de ese resultado a factores extraordinarios, entre ellos las desinversiones realizadas en Hispanoamérica. Las operaciones discontinuadas —Argentina, Perú, Uruguay y Ecuador en aquel cierre— ocasionaron pérdidas de 2.269 millones de euros durante 2025. En 2026, las desinversiones continuaron teniendo consecuencias. Durante el primer semestre, Chile produjo un impacto negativo de 1.001 millones de euros, contribuyendo a que el grupo terminara junio con pérdidas de 338 millones.
Por tanto, desde que comenzó la nueva etapa no solo se ha reducido el volumen de ingresos consolidado: las operaciones de salida han generado también importantes minusvalías contables. Conviene nuevamente diferenciar las minusvalías contables de las salidas de caja. No son conceptos equivalentes. Pero forman parte del resultado atribuido al accionista y, por tanto, deben incluirse al evaluar económicamente el proceso.
Menos ingresos, pero también menos deuda
Existe, no obstante, otra cara de las desinversiones que debe recogerse para mantener un análisis equilibrado. Telefónica está utilizando la simplificación del grupo y la generación de caja para reforzar su balance. La deuda financiera neta terminó junio de 2026 en 25.278 millones de euros, un 8,4% menos que un año antes, y la ratio de endeudamiento cayó hasta 2,68 veces. A finales de 2025 la deuda financiera neta había sido de 26.824 millones de euros. Por ello, sería incompleto presentar las ventas exclusivamente como una destrucción de ingresos. Telefónica está aceptando un perímetro menor mientras intenta mejorar su balance, reducir deuda y concentrar recursos en España, Brasil, Alemania y Reino Unido.
La cuestión que queda abierta es diferente: si el crecimiento futuro de esos cuatro mercados será suficiente para compensar progresivamente el volumen de negocio que ha desaparecido con las desinversiones.
¿Existe un plan para recuperar los ingresos perdidos?
La compañía presentó el 4 de noviembre de 2025 su plan estratégico Transform & Grow 2026-2030, que establece expresamente objetivos de crecimiento de facturación. Telefónica prevé un crecimiento anual compuesto de los ingresos del 1,5%-2,5% entre 2025 y 2028, acelerándose hasta el 2,5%-3,5% entre 2028 y 2030. Para 2026, la previsión concreta es también de un crecimiento de los ingresos de entre el 1,5% y el 2,5% a perímetro y tipos de cambio constantes. Lo que no aparece publicado es un objetivo explícito de recuperar en términos absolutos los aproximadamente 6.195 millones de euros que separan la facturación total declarada en 2024 de la de 2025.
Esta diferencia es importante.
Transform & Grow fija tasas de crecimiento sobre el perímetro estratégico resultante, pero la documentación publicada no establece como objetivo que Telefónica deba volver en una fecha determinada a los 41.315 millones de euros de ingresos consolidados que registraba en el año 2024. Tampoco establece públicamente una cifra equivalente destinada específicamente a reemplazar euro por euro la facturación procedente de Argentina, Perú, Uruguay, Ecuador, Colombia o Chile.
Por tanto, Telefónica sí dispone de un plan para crecer, pero no ha publicado un objetivo específico que cuantifique cuándo o cómo recuperará en términos absolutos el volumen de ingresos que ha desaparecido del perímetro consolidado como consecuencia de las desinversiones.
A las tasas previstas, la recuperación del tamaño anterior no es inmediata
Los objetivos de Transform & Grow permiten comprender además la velocidad de crecimiento que la compañía espera conseguir. El plan establece un crecimiento anual compuesto de entre el 1,5% y el 2,5% hasta 2028, acelerándose posteriormente hasta el 2,5%-3,5% entre 2028 y 2030. Son objetivos de crecimiento positivo, pero relativamente moderados.
Por ello, el plan no plantea una recuperación inmediata mediante crecimiento orgánico del volumen de facturación desaparecido con las ventas. Su estrategia consiste en crecer progresivamente sobre un grupo más concentrado, mejorar márgenes, generar más caja, reducir deuda y buscar oportunidades de consolidación en los mercados principales.
La propia compañía define Transform & Grow como un plan basado en crecimiento orgánico, combinado con disciplina financiera y una posible consolidación del sector europeo cuando existan oportunidades. Esto permite precisar dónde reside el verdadero debate.
Más pequeño no significa necesariamente peor; pero obliga a demostrar que el nuevo perímetro crea más valor
Reducir el tamaño de una compañía no es necesariamente negativo desde el punto de vista económico. Una empresa puede vender negocios con baja rentabilidad y utilizar los recursos obtenidos para reducir deuda, concentrarse en mercados con mejores retornos y elevar posteriormente su generación de caja. Eso es precisamente lo que Telefónica sostiene que pretende conseguir con su transformación.
Sin embargo, la disminución del perímetro introduce una exigencia adicional para valorar el éxito de la estrategia: no basta con crecer porcentualmente sobre la base que queda. Hay que demostrar que el grupo resultante genera suficiente beneficio, caja y valor para compensar económicamente la reducción del tamaño.
Esa evaluación todavía está en curso.
A fecha de 12 de agosto de 2026, la información disponible permite comprobar mejoras en determinados indicadores: crecimiento de España y Brasil, crecimiento del B2B, mayor EBITDA ajustado, aumento del OpCFaL y reducción de la deuda. Telefónica incluso elevó en julio su previsión de crecimiento del OpCFaL ajustado para 2026 desde más del 2% hasta más del 3%.
Pero también permite constatar que la compañía presenta un volumen consolidado de facturación significativamente inferior al que tenía antes de las desinversiones, ha sufrido importantes minusvalías derivadas de ellas y mantiene unas previsiones de crecimiento orgánico moderadas. Ambas realidades deben analizarse conjuntamente.
El dato que no debería quedar oculto detrás del crecimiento B2B
Por eso, las noticias sobre los 3.954 millones de euros de ingresos B2B del primer semestre o sobre los cerca de 1.935 millones asociados a servicios digitales son importantes, pero no deberían interpretarse de forma aislada.
El crecimiento B2B se está produciendo dentro de una Telefónica de menor perímetro. Una actividad puede crecer con fuerza y mejorar su peso relativo precisamente porque otras actividades y mercados han salido del grupo. Esto no resta valor al crecimiento empresarial, pero modifica su interpretación.
Los ingresos B2B representaban aproximadamente el 24% de los ingresos de Telefónica en el segundo trimestre de 2026. Es un negocio cada vez más relevante. Sin embargo, su crecimiento todavía debe evaluarse frente a la dimensión de la facturación que Telefónica ha dejado de consolidar como consecuencia de su retirada internacional.
La pregunta central no es solamente cuánto crece lo que queda.Desde esta perspectiva, la cuestión estratégica que dejan los resultados del primer semestre de 2026 no es si Telefónica está creciendo en determinadas actividades. Los datos demuestran que sí lo está haciendo en España, Brasil y B2B.
La cuestión es otra:
¿podrá ese crecimiento generar a medio plazo suficiente facturación, rentabilidad y caja para compensar el menor tamaño derivado de las desinversiones?
A día de hoy, las cuentas todavía no ofrecen una respuesta definitiva. Existe un plan de crecimiento hasta 2030 y existen objetivos cuantificados de ingresos, EBITDA, flujo de caja y apalancamiento. Lo que no existe en la información pública es una senda específica que comprometa a Telefónica a recuperar los aproximadamente 6.195 millones de euros de diferencia entre la facturación total declarada en 2024 y la registrada en 2025.
Existe Transform & Grow; lo que no existe públicamente es un objetivo explícito de reconstrucción del tamaño de ingresos anterior a las desinversiones. Y esa diferencia resulta fundamental.
El verdadero riesgo es que la reducción del perímetro se convierta en estructural
El riesgo que los próximos ejercicios deberán despejar es precisamente ese. Telefónica ha optado por reducir presencia geográfica, concentrarse en cuatro mercados, fortalecer el balance, contener inversiones, aumentar eficiencia y buscar crecimiento orgánico y posibles operaciones de consolidación. El éxito de esta estrategia no podrá medirse únicamente por porcentajes de crecimiento anual. Deberá medirse también por la capacidad de la nueva Telefónica para generar más valor sobre un perímetro menor, incrementar sostenidamente su caja, mantener capacidad inversora, recuperar rentabilidad para sus accionistas y evitar que la reducción de tamaño termine convirtiéndose simplemente en una pérdida estructural de escala.
La comparación de ingresos ayuda a dimensionar ese reto: 41.315 millones de euros en 2024 frente a 35.120 millones en 2025: 6.195 millones menos de facturación consolidada en términos nominales. Es correcto señalar que durante su presidencia de Murtra se ha ejecutado una aceleración extraordinaria de la reducción del perímetro latinoamericano y que Telefónica es actualmente una compañía significativamente más concentrada que la que recibió el 18 de enero de 2025. Y los resultados del primer semestre de 2026 añaden un elemento fundamental: el crecimiento porcentual de las actividades que permanecen dentro del grupo no permite por sí solo concluir que se haya recuperado el volumen económico eliminado por las desinversiones.
La estrategia dispone de objetivos para crecer. Pero todavía no existe evidencia de que ese crecimiento haya compensado la pérdida absoluta de perímetro, ni una meta pública que determine cuándo Telefónica volverá a alcanzar el volumen de ingresos que tenía antes de esa reducción.
Ese es probablemente uno de los datos más relevantes que deberían acompañar a cualquier presentación de los actuales crecimientos B2B y digitales: Telefónica está haciendo crecer determinadas partes de su negocio, pero lo está haciendo sobre una compañía más pequeña. La prueba definitiva del plan no será únicamente que esas partes crezcan, sino que el nuevo perímetro sea capaz de generar más valor económico de forma sostenible y de recuperar, por crecimiento o por nuevas operaciones, la escala que la compañía ha decidido abandonar.
El análisis previo de los resultados del primer semestre de 2026 puede consultarse en «Resultados del primer semestre de 2026 bajo la presidencia de Marc Murtra», mientras que los datos financieros utilizados pueden contrastarse directamente con los resultados oficiales del primer semestre de 2026 de Telefónica y con la documentación del Plan Estratégico Transform & Grow 2026-2030.
Para terminar el post quiero manifestar que al final, después de porcentajes, perímetros comparables, tipos de cambio constantes y nuevos negocios digitales, queda una realidad mucho más sencilla de explicar: Telefónica es hoy una compañía que consolida menos ingresos que antes de acelerar sus desinversiones. En 2024 declaró 41.315 millones de euros de ingresos y en 2025, 35.120 millones: una diferencia nominal de 6.195 millones de euros. Esa reducción no equivale a una pérdida comercial de clientes por esa cantidad —una parte sustancial procede precisamente de negocios vendidos que dejaron de consolidarse—, pero el resultado sobre el tamaño del grupo es inequívoco: Telefónica factura hoy sobre un perímetro sensiblemente menor.
Por eso, presentar el crecimiento del B2B y de los servicios digitales sin colocar al lado esta transformación del perímetro ofrece una fotografía cierta, pero incompleta. Los 3.954 millones de euros de ingresos B2B del primer semestre de 2026 constituyen un dato positivo y su crecimiento es real. También lo son los avances registrados en España y Brasil. Pero ninguno de esos datos demuestra que Telefónica haya recuperado el volumen económico que ha desaparecido de sus cuentas consolidadas con las desinversiones. Crecer sobre lo que queda no significa haber recuperado lo que se ha vendido.
Esta es precisamente la diferencia que ninguna política de comunicación debería difuminar. Un porcentaje de crecimiento puede mejorar al mismo tiempo que disminuye el tamaño absoluto de una compañía. Telefónica comunicó crecimiento en términos constantes en 2025 mientras su cifra consolidada de ingresos fue sustancialmente inferior a la registrada en 2024. No existe contradicción: se están midiendo cosas diferentes. Pero precisamente por ello el porcentaje favorable necesita siempre el contexto del perímetro sobre el que se calcula.
La crudeza de los números aparece cuando se elimina el envoltorio. 41.315 millones frente a 35.120 millones. Una diferencia nominal de 6.195 millones de euros. Paralelamente, las operaciones discontinuadas ocasionaron pérdidas de 2.269 millones en 2025 y la desinversión de Chile produjo un impacto negativo de 1.001 millones durante el primer semestre de 2026. Son magnitudes diferentes y no deben sumarse como si representaran una única pérdida económica, pero todas forman parte del balance de una transformación que está reduciendo y concentrando el grupo.
También sería injusto ocultar la otra parte de las cuentas. La deuda financiera neta descendió hasta 25.278 millones de euros en junio de 2026, un 8,4% menos interanual, mientras Telefónica intenta concentrar sus recursos en España, Brasil, Alemania y Reino Unido. Reducir perímetro para reducir riesgo, deuda y complejidad puede responder a una estrategia empresarial perfectamente identificable. Lo que todavía tiene que demostrar esa estrategia es que el valor generado por la Telefónica resultante compensa económicamente la escala abandonada.
Y aquí aparece probablemente el dato más incómodo. Transform & Grow contempla crecimiento, pero no contiene un objetivo público específico que establezca cuándo se recuperarán en términos absolutos esos 6.195 millones de euros de diferencia entre la facturación declarada en 2024 y la de 2025. El plan prevé crecimientos anuales de ingresos del 1,5%-2,5% hasta 2028 y del 2,5%-3,5% entre 2028 y 2030, pero sobre el perímetro estratégico resultante.
Ese es el dato que ningún titular sobre el crecimiento digital puede resolver por sí solo.
Telefónica puede crecer en B2B, cloud, ciberseguridad, IoT o inteligencia artificial y continuar siendo, al mismo tiempo, una compañía de menor perímetro. Puede mejorar márgenes, reducir deuda y generar más caja, y esa estrategia podría acabar creando más valor. Pero a fecha de hoy todavía no existe evidencia de que el crecimiento conseguido haya compensado la reducción absoluta del perímetro, y las propias cuentas no ofrecen todavía una respuesta definitiva sobre cuándo ocurrirá.
Por eso, la cuestión no debería ser si el gabinete de comunicación de Telefónica consigue colocar en primer plano un determinado porcentaje de crecimiento. Los porcentajes son ciertos; lo que debe exigirse es que se interpreten junto con las magnitudes absolutas que permiten comprenderlos. El B2B crece, pero Telefónica ha reducido sustancialmente su perímetro. Los servicios digitales crecen, pero todavía no compensan por sí mismos la escala de ingresos que ha salido del consolidado. Y el plan estratégico promete crecimiento, pero no establece públicamente una fecha para reconstruir el tamaño de facturación anterior a las desinversiones.
La metáfora del escaparate resume bien esta realidad: se puede colocar un gran cartel anunciando el crecimiento del negocio que permanece, pero para conocer el verdadero tamaño de la empresa hay que mirar también lo que ha salido del almacén. El porcentaje anunciado puede ser completamente cierto y, aun así, insuficiente para describir el conjunto.
La realidad que tendrán que juzgar los próximos resultados es mucho más exigente que cualquier titular: no basta con hacer crecer lo que queda. Telefónica tendrá que demostrar que una compañía más pequeña puede generar suficiente crecimiento, rentabilidad, caja, inversión y valor para compensar económicamente la escala que ha decidido abandonar. Hasta que los números demuestren esa compensación, el crecimiento porcentual será una parte de la historia, pero no la historia completa.
Ya lo dijo Warren Buffett: «Solo cuando baja la marea se descubre quién ha estado nadando desnudo.»







