viernes, 26 de junio de 2026

TELEFÓNICA, DNA Y MURTRA: MUCHA REGULACIÓN Y POCA ESTRATEGIA TECNOLÓGICA

 

A finales de los años noventa, Intel era el líder indiscutible en el mercado mundial de los microprocesadores para ordenadores personales. Su capacidad tecnológica, su posición industrial y su cuota de mercado parecían garantizar un liderazgo duradero. Sin embargo, mientras la compañía mantenía esa posición dominante, el centro de gravedad de la industria tecnológica comenzó a desplazarse hacia Internet, el software, los servicios digitales y, años más tarde, la computación en la nube y la inteligencia artificial. Aquella transformación demostró que liderar una parte esencial de la cadena de valor no bastaba para controlar el futuro del sector. En tecnología, el verdadero liderazgo suele pertenecer a quienes identifican antes que nadie dónde se generará el valor de la siguiente etapa.

Europa ha abierto el debate sobre la futura Ley de Redes Digitales con una promesa clara: reforzar la competitividad, acelerar la inversión en redes y corregir las debilidades estructurales de las telecomunicaciones europeas. Sin embargo, la publicación de Telefónica sobre esta propuesta deja ver un desajuste de fondo entre el diagnóstico comunitario, las recomendaciones de Draghi y Letta, y la estrategia que Marc Murtra viene defendiendo al frente de la compañía.

El problema no está solo en si Bruselas debe permitir más fusiones o en si los hiperescaladores deben contribuir al coste de las redes. La cuestión central es más profunda: saber si Telefónica está construyendo capacidades tecnológicas propias en las capas donde hoy se concentra el verdadero valor de la digitalización —I+D, cloud, inteligencia artificial, software, plataformas y centros de datos— o si su estrategia sigue anclada en una defensa regulatoria del viejo negocio de conectividad.

Ayer se podía leer la publicación de Telefónica, titulada “Ley de Redes Digitales: Reseteo de la competitividad más allá de las telcos”, analiza la propuesta de la futura Digital Networks Act (DNA) de la Unión Europea como una de las reformas regulatorias más importantes para el sector de las telecomunicaciones en los próximos años. Según la compañía, Europa se encuentra en un momento decisivo, ya que sus objetivos de conectividad gigabit, despliegue de redes 5G y 6G, resiliencia de las infraestructuras críticas y soberanía tecnológica requieren un marco regulatorio moderno que incentive la inversión y responda a la realidad tecnológica actual https://tinyurl.com/5bdss5sa

Telefónica explica que la propuesta presentada por la Comisión Europea supone un cambio de orientación respecto a la regulación tradicional de las telecomunicaciones. La compañía considera que la futura Ley de Redes Digitales representa una oportunidad para simplificar el marco normativo, eliminar cargas regulatorias que ya no responden a la realidad del mercado y establecer incentivos que permitan acelerar las inversiones necesarias para alcanzar los objetivos fijados por la Década Digital europea. No obstante, también señala que el texto todavía presenta limitaciones que deberían corregirse durante su tramitación para que la reforma tenga un impacto real sobre la competitividad del continente.

Uno de los principales apartados del documento se refiere a la política de espectro radioeléctrico. Telefónica valora positivamente que la Comisión proponga avanzar hacia autorizaciones de uso con duración indefinida y renovaciones automáticas por defecto, lo que proporcionaría mayor estabilidad jurídica para acometer inversiones de largo plazo. Asimismo, considera un avance la intención de armonizar criterios entre los distintos Estados miembros respecto a las condiciones de asignación y valoración económica del espectro. Sin embargo, la compañía advierte de que estas mejoras solo serán efectivas si también se aplican a las licencias actualmente en vigor que expiran antes de 2035, evitando que se mantengan procedimientos nacionales centrados principalmente en la recaudación mediante nuevas subastas.

Otro de los aspectos analizados es la regulación de acceso a las redes fijas. Telefónica sostiene que el modelo regulatorio europeo debe adaptarse a las condiciones competitivas reales de cada mercado nacional y abandonar un enfoque uniforme para todos los países. Según expone, en mercados donde ya existe una competencia efectiva basada en infraestructuras, como ocurre en España con el amplio despliegue de redes de fibra óptica, la regulación ex ante pierde parte de su justificación y debería evolucionar hacia mecanismos más flexibles. En la misma línea, rechaza que la Unión Europea establezca una fecha única para el apagado de las redes de cobre, argumentando que cada país presenta un grado distinto de desarrollo y que dicha transición debe depender del nivel real de cobertura de fibra y de las circunstancias particulares de cada mercado.

La publicación también dedica un apartado a la revisión de las normas que regulan el funcionamiento de Internet abierta y la privacidad electrónica. Telefónica considera que la evolución tecnológica de las redes móviles, especialmente con el despliegue de 5G y la futura llegada del 6G, requiere actualizar el marco regulatorio para permitir nuevos servicios avanzados que necesitan capacidades diferenciadas de calidad de servicio, baja latencia o comunicaciones críticas. Además, propone sustituir la actual Directiva ePrivacy por un marco regulatorio más coherente con el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD), al entender que ambos instrumentos presentan solapamientos que generan complejidad jurídica y cargas administrativas innecesarias. 

Otro de los elementos centrales del documento es el denominado desequilibrio del ecosistema digital. Telefónica sostiene que las grandes plataformas digitales y los principales generadores de tráfico utilizan de forma intensiva las infraestructuras de telecomunicaciones, mientras que el peso de las inversiones continúa recayendo fundamentalmente sobre los operadores. En este contexto, la compañía considera insuficiente que la Comisión Europea proponga únicamente mecanismos voluntarios de negociación entre las partes. En su opinión, la futura Ley de Redes Digitales debería incorporar procedimientos obligatorios de negociación y sistemas efectivos de resolución de conflictos que permitan alcanzar acuerdos equilibrados cuando no exista entendimiento entre operadores y grandes plataformas digitales.

La simplificación normativa constituye otra de las prioridades expuestas por Telefónica. La empresa considera que durante los últimos años se ha producido una acumulación de obligaciones regulatorias relacionadas con la ciberseguridad, la resiliencia de infraestructuras críticas y la gestión de riesgos tecnológicos. Por ello propone que la nueva legislación evite duplicidades con otras normas europeas ya aprobadas, como la Directiva NIS2 o la Directiva CER, de forma que las obligaciones sean más claras, coherentes y sencillas de aplicar por parte de las empresas.

En conjunto, Telefónica sostiene que la futura Ley de Redes Digitales debe convertirse en una reforma estructural que trascienda el ámbito exclusivo de las empresas de telecomunicaciones y contribuya al fortalecimiento de toda la economía digital europea. La compañía considera que únicamente mediante un entorno regulatorio más estable, simplificado y orientado a incentivar la inversión será posible desplegar las infraestructuras necesarias para reforzar la competitividad europea, impulsar la innovación tecnológica y avanzar hacia los objetivos de autonomía estratégica fijados por la Unión Europea.

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La publicación de Telefónica sobre la Ley de Redes Digitales (DNA) parte de una coincidencia general con la Comisión Europea, Draghi y Letta: Europa necesita modernizar su marco de telecomunicaciones para impulsar inversión, conectividad, 5G/6G, resiliencia y competitividad. Sin embargo, cuando se baja al detalle, aparecen disonancias relevantes. Telefónica acepta el diagnóstico europeo, pero considera que la propuesta de la Comisión se queda corta en los instrumentos concretos para corregir los problemas estructurales del sector. La Comisión presenta la DNA como una norma para simplificar y armonizar el marco jurídico, impulsar inversión y reforzar infraestructuras digitales avanzadas; Telefónica, en cambio, sostiene que sin cambios más ambiciosos en espectro, regulación mayorista, reglas de Internet abierta, privacidad y relación con las grandes plataformas, el impacto real será limitado https://tinyurl.com/yw4ya2dz

La primera contradicción aparece en el espectro radioeléctrico. La Comisión plantea extender la duración de las licencias, renovar licencias existentes al vencimiento y fomentar el uso compartido del espectro. Telefónica valora ese avance, pero advierte que será insuficiente si no se aplica de forma inmediata a las licencias que expiran antes de 2035. La diferencia no es menor: la Comisión formula una mejora general del sistema, mientras Telefónica reclama que esa mejora tenga efectos prácticos sobre las licencias que vencen en los próximos años, evitando subastas orientadas a la recaudación. En este punto, Telefónica se alinea más con Letta, que defiende subastas con precios bajos o tasas anuales razonables y critica que el objetivo sea maximizar ingresos públicos, y también con Draghi, que pide armonizar reglas y procesos de espectro a escala europea. 

La segunda disonancia afecta a la regulación de acceso a redes fijas. La Comisión defiende actualizar el marco ex ante para acompañar la transición hacia la fibra y proteger a usuarios y operadores. Telefónica, por el contrario, pide superar por completo la regulación ex ante en mercados con fuerte competencia en infraestructuras, como España, y rechaza un producto mayorista armonizado a nivel europeo. Aquí el choque es claro: la Comisión busca una arquitectura regulatoria común y armonizada, mientras Telefónica pide más diferenciación por mercado nacional y menos control previo allí donde ya exista competencia efectiva. Draghi coincide parcialmente con Telefónica al recomendar reducir la regulación ex ante nacional y favorecer la aplicación ex post de la competencia en casos de abuso de posición dominante https://tinyurl.com/2s3j2fsm  

La tercera contradicción se observa en el apagado del cobre. La DNA quiere acelerar la transición hacia un entorno plenamente de fibra mediante planes nacionales obligatorios. Telefónica rechaza una fecha europea única y defiende que el apagado dependa de la disponibilidad real de fibra y de las condiciones de cada mercado. La Comisión intenta empujar una transición coordinada; Telefónica, desde su experiencia en España, reclama que no se imponga una solución homogénea que pueda distorsionar mercados donde la fibra está menos desarrollada, como Alemania https://tinyurl.com/2s3j2fsm

La cuarta disonancia está en las normas de Internet abierta y privacidad. La Comisión afirma que la DNA integrará partes centrales del Reglamento de Internet Abierta y creará mecanismos para aclarar las reglas aplicables a servicios innovadores, manteniendo un alto nivel de protección del consumidor. Telefónica considera que las reglas actuales fueron diseñadas para un contexto tecnológico distinto y que limitan nuevos casos de uso del 5G; por eso pide flexibilización y también la derogación de la Directiva ePrivacy por solaparse con el RGPD. La diferencia es de intensidad: la Comisión habla de aclarar y simplificar; Telefónica pide una revisión más profunda del marco https://tinyurl.com/2s3j2fsm

La quinta contradicción es una de las más importantes: la relación entre operadoras y grandes generadores de tráfico digital. La Comisión propone un mecanismo voluntario de cooperación sobre interconexión IP, eficiencia del tráfico y áreas emergentes. Telefónica considera que esa vía voluntaria no corrige el desequilibrio estructural entre las telcos y las grandes plataformas, por lo que reclama mecanismos vinculantes de negociación y resolución de conflictos. En este punto, Telefónica se acerca más al informe Draghi, que recomienda apoyar fórmulas de inversión compartida entre propietarios de redes y grandes plataformas online que utilizan masivamente las redes europeas https://tinyurl.com/yun7yuks

La sexta disonancia aparece en seguridad y resiliencia. La Comisión incluye en la DNA un plan europeo de preparación frente a riesgos como desastres naturales, interferencias extranjeras o amenazas sobre redes y señales de radio. Telefónica comparte la importancia de la seguridad, pero advierte de que la propuesta puede solaparse con normas ya existentes como NIS2 y la Directiva CER. El choque está en el método: la Comisión añade un instrumento sectorial europeo; Telefónica pide evitar duplicidades regulatorias para no incrementar cargas que puedan restar eficiencia e inversión https://tinyurl.com/yw4ya2dz

La disonancia de fondo es estratégica. Draghi y Letta sitúan el problema en la fragmentación europea: 27 mercados nacionales, falta de escala, barreras para operadores paneuropeos, menor capacidad inversora y pérdida de competitividad frente a Estados Unidos y China. Letta señala que las comunicaciones electrónicas siguen fragmentadas y que esa fragmentación limita la capacidad de invertir, innovar y competir; Draghi pide definir mercados de telecomunicaciones a escala europea, facilitar consolidación, armonizar espectro y dar más peso a compromisos de innovación e inversión en el control de fusiones https://tinyurl.com/2kf8m4r8

En ese marco, Telefónica no contradice el diagnóstico europeo, pero sí deja ver que la DNA, tal como está planteada, no llega hasta donde apuntaban Draghi y Letta. La Comisión propone armonización, simplificación, transición a fibra, cooperación voluntaria y más resiliencia. Telefónica pide aplicación inmediata de las mejoras de espectro, menos regulación ex ante en mercados competitivos, rechazo de productos mayoristas armonizados, apagado del cobre guiado por el mercado, flexibilización de Internet abierta, derogación de ePrivacy, mecanismos vinculantes con las grandes plataformas y menos duplicidad regulatoria. La conclusión que se desprende de esa comparación es que Telefónica considera la Digital Network Act (DNA) es una oportunidad, pero no una reforma suficientemente profunda para resolver las debilidades estructurales que los informes Draghi y Letta habían puesto sobre la mesa.

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Una de las cuestiones más llamativas de la publicación de Telefónica sobre la futura Ley de Redes Digitales es que, pese a presentar la DNA como una oportunidad clave para reforzar la competitividad europea, no desarrolla el eje de la consolidación empresarial que Marc Murtra viene defendiendo públicamente. En el texto publicado por Telefónica, disponible en el siguiente enlace https://tinyurl.com/3dkzhpp2, la compañía centra sus prioridades en espectro radioeléctrico, regulación de acceso, apagado del cobre, Internet abierta, ePrivacy, seguridad, resiliencia y mecanismos de negociación con los grandes generadores de tráfico digital. Sin embargo, no aparece como eje explícito el modelo de consolidación que Murtra defendió en el diario Cinco Días, consistente en avanzar primero mediante fusiones nacionales para después alcanzar una escala continental capaz de competir en el nuevo entorno digital https://tinyurl.com/tcjr7pwu

Esa ausencia resulta relevante porque Murtra ha presentado la consolidación como una pieza central para que las telecomunicaciones europeas ganen tamaño industrial. Según sus propias declaraciones, Europa necesita permitir que los operadores se consoliden si quiere desarrollar tecnología propia y competir en un escenario dominado por la inteligencia artificial, las infraestructuras digitales y los grandes actores estadounidenses y chinos. Sin embargo, la publicación de Telefónica sobre la DNA no convierte esa tesis en una prioridad expresa. El texto habla de competitividad, inversión y liderazgo digital europeo, pero desplaza el foco hacia reformas regulatorias concretas: licencias de espectro más estables, renovación automática, menos regulación ex ante en mercados con competencia de infraestructuras, rechazo de un producto mayorista armonizado europeo, mayor flexibilidad en Internet abierta, derogación de ePrivacy y mecanismos vinculantes frente a los grandes generadores de tráfico como son los hiperescaladores.

La disonancia es clara: en el discurso público de Murtra, la escala aparece vinculada a las fusiones; en la publicación institucional de Telefónica sobre la DNA, la escala no se articula mediante una hoja de ruta de consolidación nacional y posterior consolidación continental, sino mediante una reforma regulatoria que reduzca cargas, dé estabilidad al espectro y mejore la posición negociadora de las telecos frente a las plataformas digitales. No son planteamientos necesariamente incompatibles, pero sí muestran un distinto centro de gravedad. Murtra sitúa el problema en la falta de tamaño de los operadores europeos. El texto de Telefónica sitúa el problema en las condiciones regulatorias y en el desequilibrio de la cadena de valor digital.

La segunda cuestión relevante aparece en la propuesta de que los grandes generadores de tráfico, entre ellos los hiperescaladores y plataformas digitales, participen de forma más equilibrada en los costes derivados de la utilización intensiva de las redes. Telefónica sostiene que el crecimiento exponencial del tráfico de datos ha obligado a los operadores a incrementar la capacidad de sus redes fijas y móviles, mientras que las grandes plataformas digitales mantienen un poder de negociación superior. Por eso considera insuficiente el enfoque voluntario de la Comisión Europea y reclama mecanismos vinculantes de negociación y resolución de conflictos. Esa posición está recogida en la propia publicación de Telefónica https://tinyurl.com/yw4ya2dz El punto problemático no está en negar que los hiperescaladores ocupen una parte sustancial del tráfico de Internet ni en negar que las redes soporten costes de inversión. El punto crítico está en que esa reclamación convive con otra realidad que muestra la propia Comisión Europea en el EU Industrial R&D Investment Scoreboard: los grandes hiperescaladores estadounidenses no solo consumen capacidad de red, sino que llevan años realizando inversiones masivas de cientos de miles de millones de euros en I+D, centros de datos, inteligencia artificial, software, cloud e infraestructuras digitales. El último informe de la Comisión Europea puede consultarse en este enlace https://tinyurl.com/45pvfms6

Según el Scoreboard 2025, las 2.000 mayores empresas inversoras del mundo destinaron en 2024 un total de 1,446 billones de euros a I+D, representando más del 90% de la I+D empresarial global. El mismo informe señala que Amazon aparece como el mayor inversor mundial en I+D, con 65.000 millones de euros, y que la inversión global en I+D está cada vez más concentrada en grandes tecnológicas estadounidenses como Amazon, Alphabet, Meta, Microsoft y Apple. Además, la Comisión indica que las empresas estadounidenses concentran el 47,1% de la inversión en I+D de las 2.000 mayores compañías, frente al 16,2% de las empresas de la Unión Europea. Esa información refuerza una paradoja central: Telefónica reclama que los hiperescaladores contribuyan al coste de las redes, pero esos mismos actores son los que hoy concentran buena parte de la inversión mundial en las capas tecnológicas que capturan más valor dentro de la digitalización.

Ahí aparece la contradicción estratégica de fondo. Las telecos europeas reclaman una compensación por la ocupación de sus redes, pero son los hiperescaladores los que han construido durante años las plataformas, el software, la nube, los centros de datos, los modelos de inteligencia artificial y los ecosistemas digitales sobre los que se organiza gran parte de la economía actual. El problema no es solo quién paga por el tráfico, sino quién controla las capas de mayor valor añadido de la digitalización. En ese terreno, el Scoreboard muestra que la brecha entre Europa y Estados Unidos no se explica únicamente por el número de operadores de telecomunicaciones, sino por la diferencia de inversión en I+D, software, cloud, inteligencia artificial e infraestructuras digitales avanzadas.

Esa es precisamente la lectura que desarrolla el texto publicado en el blog Modelo Innovador de Gestión en el siguiente enlace https://tinyurl.com/cfxr6tm5 Ese análisis plantea que la debilidad de las telecomunicaciones europeas no se resuelve únicamente con fusiones defensivas o con una mejor redistribución de costes frente a las plataformas digitales, porque el problema principal está en la falta de control sobre las capas tecnológicas decisivas: I+D, software, cloud, inteligencia artificial, datos y plataformas.

Desde esa perspectiva, la propuesta de Murtra de avanzar primero por fusiones nacionales y después hacia una escala continental puede mejorar el tamaño de los operadores, pero no garantiza por sí misma que Europa cierre la brecha tecnológica con los hiperescaladores. Una operadora más grande puede tener más músculo financiero, pero eso no equivale automáticamente a controlar plataformas digitales, desarrollar modelos de inteligencia artificial competitivos, construir cloud soberano o liderar la inversión global en I+D. El propio Scoreboard de la Comisión Europea muestra que la ventaja de los hiperescaladores no procede solo de su tamaño empresarial, sino de la combinación de inversión en I+D, capex en centros de datos, control de software, dominio de plataformas y capacidad de escalar servicios globales.

Por eso la situación resulta especialmente llamativa. Telefónica reclama una reforma de la DNA para corregir el desequilibrio con los grandes generadores de tráfico, mientras su presidente defiende la consolidación como vía para ganar escala. Pero el Scoreboard obliga a introducir una pregunta más incómoda: aunque las telecos europeas se fusionen y aunque logren mejores condiciones frente a los hiperescaladores, ¿Basta eso para cambiar su posición dentro de la economía digital? Los datos de la Comisión apuntan a que la respuesta no puede limitarse a la consolidación empresarial ni al pago por uso de red. La cuestión de fondo es si Europa quiere seguir reforzando solo la conectividad o si pretende construir una arquitectura industrial propia en las capas donde hoy se concentra la innovación y la captura de valor.

En síntesis, la publicación de Telefónica sobre la DNA deja ver dos silencios y una tensión estratégica. El primer silencio es la ausencia de una referencia clara al modelo de consolidación que Murtra defiende públicamente. El segundo es que la reclamación contra los hiperescaladores no va acompañada de una reflexión equivalente sobre la enorme distancia en I+D que separa a las telecos europeas de esas mismas plataformas. Y la tensión central es que Europa puede acabar confundiendo escala financiera con escala tecnológica. La consolidación puede crear operadores más grandes; los mecanismos de contribución de los hiperescaladores pueden mejorar el reparto de costes; pero ninguna de esas dos vías garantiza por sí sola que Europa construya las capacidades digitales que hoy concentran Amazon, Alphabet, Meta, Microsoft, Apple o Nvidia.

La verdadera cuestión, por tanto, no es solo si Bruselas debe facilitar fusiones o si los hiperescaladores deben contribuir al coste de las redes. La cuestión decisiva es si la política europea de telecomunicaciones va a limitarse a recomponer el equilibrio económico de las redes o si va a afrontar el problema que el Scoreboard muestra con crudeza: Europa no lidera las capas tecnológicas más rentables y estratégicas de la digitalización. Mientras esa brecha no se aborde directamente, la DNA podrá mejorar el marco regulatorio, pero difícilmente resolverá por sí sola la subordinación tecnológica de las telecomunicaciones europeas frente a los grandes ecosistemas digitales globales.

La publicación de Telefónica sobre la Ley de Redes Digitales parte de una coincidencia general con la Comisión Europea, Draghi y Letta: Europa necesita modernizar su marco de telecomunicaciones para impulsar inversión, conectividad, 5G/6G, resiliencia y competitividad. Sin embargo, cuando se baja al detalle, aparecen disonancias relevantes. Telefónica acepta el diagnóstico europeo, pero considera que la propuesta de la Comisión se queda corta en los instrumentos concretos para corregir los problemas estructurales del sector. La Comisión presenta la DNA como una norma para simplificar y armonizar el marco jurídico, impulsar inversión y reforzar infraestructuras digitales avanzadas; Telefónica, en cambio, sostiene que sin cambios más ambiciosos en espectro, regulación mayorista, reglas de Internet abierta, privacidad y relación con las grandes plataformas, el impacto real será limitado https://tinyurl.com/yw4ya2dz

La primera contradicción aparece en el espectro radioeléctrico. La Comisión plantea extender la duración de las licencias, renovar licencias existentes al vencimiento y fomentar el uso compartido del espectro. Telefónica valora ese avance, pero advierte que será insuficiente si no se aplica de forma inmediata a las licencias que expiran antes de 2035. La diferencia no es menor: la Comisión formula una mejora general del sistema, mientras Telefónica reclama que esa mejora tenga efectos prácticos sobre las licencias que vencen en los próximos años, evitando subastas orientadas a la recaudación. En este punto, Telefónica se alinea más con Letta, que defiende subastas con precios bajos o tasas anuales razonables y critica que el objetivo sea maximizar ingresos públicos, y también con Draghi, que pide armonizar reglas y procesos de espectro a escala europea.

La segunda disonancia afecta a la regulación de acceso a redes fijas. La Comisión defiende actualizar el marco ex ante para acompañar la transición hacia la fibra y proteger a usuarios y operadores. Telefónica, por el contrario, pide superar por completo la regulación ex ante en mercados con fuerte competencia en infraestructuras, como España, y rechaza un producto mayorista armonizado a nivel europeo. Aquí el choque es claro: la Comisión busca una arquitectura regulatoria común y armonizada, mientras Telefónica pide más diferenciación por mercado nacional y menos control previo allí donde ya exista competencia efectiva. Draghi coincide parcialmente con Telefónica al recomendar reducir la regulación ex ante nacional y favorecer la aplicación ex post de la competencia en casos de abuso de posición dominante https://tinyurl.com/2s3j2fsm  

La tercera contradicción se observa en el apagado del cobre. La DNA quiere acelerar la transición hacia un entorno plenamente de fibra mediante planes nacionales obligatorios. Telefónica rechaza una fecha europea única y defiende que el apagado dependa de la disponibilidad real de fibra y de las condiciones de cada mercado. La Comisión intenta empujar una transición coordinada; Telefónica, desde su experiencia en España, reclama que no se imponga una solución homogénea que pueda distorsionar mercados donde la fibra está menos desarrollada, como Alemania https://tinyurl.com/2s3j2fsm

La cuarta disonancia está en las normas de Internet abierta y privacidad. La Comisión afirma que la DNA integrará partes centrales del Reglamento de Internet Abierta y creará mecanismos para aclarar las reglas aplicables a servicios innovadores, manteniendo un alto nivel de protección del consumidor. Telefónica considera que las reglas actuales fueron diseñadas para un contexto tecnológico distinto y que limitan nuevos casos de uso del 5G; por eso pide flexibilización y también la derogación de la Directiva ePrivacy por solaparse con el RGPD. La diferencia es de intensidad: la Comisión habla de aclarar y simplificar; Telefónica pide una revisión más profunda del marco https://tinyurl.com/2s3j2fsm

La quinta contradicción es una de las más importantes: la relación entre operadoras y grandes generadores de tráfico digital. La Comisión propone un mecanismo voluntario de cooperación sobre interconexión IP, eficiencia del tráfico y áreas emergentes. Telefónica considera que esa vía voluntaria no corrige el desequilibrio estructural entre las telcos y las grandes plataformas, por lo que reclama mecanismos vinculantes de negociación y resolución de conflictos. En este punto, Telefónica se acerca más al informe Draghi, que recomienda apoyar fórmulas de inversión compartida entre propietarios de redes y grandes plataformas online que utilizan masivamente las redes europeas https://tinyurl.com/yun7yuks

La sexta disonancia aparece en seguridad y resiliencia. La Comisión incluye en la DNA un plan europeo de preparación frente a riesgos como desastres naturales, interferencias extranjeras o amenazas sobre redes y señales de radio. Telefónica comparte la importancia de la seguridad, pero advierte de que la propuesta puede solaparse con normas ya existentes como NIS2 y la Directiva CER. El choque está en el método: la Comisión añade un instrumento sectorial europeo; Telefónica pide evitar duplicidades regulatorias para no incrementar cargas que puedan restar eficiencia e inversión https://tinyurl.com/yw4ya2dz

La disonancia de fondo es estratégica. Draghi y Letta sitúan el problema en la fragmentación europea: 27 mercados nacionales, falta de escala, barreras para operadores paneuropeos, menor capacidad inversora y pérdida de competitividad frente a Estados Unidos y China. Letta señala que las comunicaciones electrónicas siguen fragmentadas y que esa fragmentación limita la capacidad de invertir, innovar y competir; Draghi pide definir mercados de telecomunicaciones a escala europea, facilitar consolidación, armonizar espectro y dar más peso a compromisos de innovación e inversión en el control de fusiones https://tinyurl.com/2kf8m4r8

En ese marco, Telefónica no contradice el diagnóstico europeo, pero sí deja ver que la DNA, tal como está planteada, no llega hasta donde apuntaban Draghi y Letta. La Comisión propone armonización, simplificación, transición a fibra, cooperación voluntaria y más resiliencia. Telefónica pide aplicación inmediata de las mejoras de espectro, menos regulación ex ante en mercados competitivos, rechazo de productos mayoristas armonizados, apagado del cobre guiado por el mercado, flexibilización de Internet abierta, derogación de ePrivacy, mecanismos vinculantes con las grandes plataformas y menos duplicidad regulatoria. La conclusión que se desprende de esa comparación es que Telefónica considera la Digital Network Act (DNA) es una oportunidad, pero no una reforma suficientemente profunda para resolver las debilidades estructurales que los informes Draghi y Letta habían puesto sobre la mesa.

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Una de las cuestiones más llamativas de la publicación de Telefónica sobre la futura Ley de Redes Digitales es que, pese a presentar la DNA como una oportunidad clave para reforzar la competitividad europea, no desarrolla el eje de la consolidación empresarial que Marc Murtra viene defendiendo públicamente. En el texto publicado por Telefónica, disponible en el siguiente enlace https://tinyurl.com/3dkzhpp2, la compañía centra sus prioridades en espectro radioeléctrico, regulación de acceso, apagado del cobre, Internet abierta, ePrivacy, seguridad, resiliencia y mecanismos de negociación con los grandes generadores de tráfico digital. Sin embargo, no aparece como eje explícito el modelo de consolidación que Murtra defendió en el diario Cinco Días, consistente en avanzar primero mediante fusiones nacionales para después alcanzar una escala continental capaz de competir en el nuevo entorno digital https://tinyurl.com/tcjr7pwu

Esa ausencia resulta relevante porque Murtra ha presentado la consolidación como una pieza central para que las telecomunicaciones europeas ganen tamaño industrial. Según sus propias declaraciones, Europa necesita permitir que los operadores se consoliden si quiere desarrollar tecnología propia y competir en un escenario dominado por la inteligencia artificial, las infraestructuras digitales y los grandes actores estadounidenses y chinos. Sin embargo, la publicación de Telefónica sobre la DNA no convierte esa tesis en una prioridad expresa. El texto habla de competitividad, inversión y liderazgo digital europeo, pero desplaza el foco hacia reformas regulatorias concretas: licencias de espectro más estables, renovación automática, menos regulación ex ante en mercados con competencia de infraestructuras, rechazo de un producto mayorista armonizado europeo, mayor flexibilidad en Internet abierta, derogación de ePrivacy y mecanismos vinculantes frente a los grandes generadores de tráfico como son los hiperescaladores.

La disonancia es clara: en el discurso público de Murtra, la escala aparece vinculada a las fusiones; en la publicación institucional de Telefónica sobre la DNA, la escala no se articula mediante una hoja de ruta de consolidación nacional y posterior consolidación continental, sino mediante una reforma regulatoria que reduzca cargas, dé estabilidad al espectro y mejore la posición negociadora de las telecos frente a las plataformas digitales. No son planteamientos necesariamente incompatibles, pero sí muestran un distinto centro de gravedad. Murtra sitúa el problema en la falta de tamaño de los operadores europeos. El texto de Telefónica sitúa el problema en las condiciones regulatorias y en el desequilibrio de la cadena de valor digital.

La segunda cuestión relevante aparece en la propuesta de que los grandes generadores de tráfico, entre ellos los hiperescaladores y plataformas digitales, participen de forma más equilibrada en los costes derivados de la utilización intensiva de las redes. Telefónica sostiene que el crecimiento exponencial del tráfico de datos ha obligado a los operadores a incrementar la capacidad de sus redes fijas y móviles, mientras que las grandes plataformas digitales mantienen un poder de negociación superior. Por eso considera insuficiente el enfoque voluntario de la Comisión Europea y reclama mecanismos vinculantes de negociación y resolución de conflictos. Esa posición está recogida en la propia publicación de Telefónica https://tinyurl.com/yw4ya2dz El punto problemático no está en negar que los hiperescaladores ocupen una parte sustancial del tráfico de Internet ni en negar que las redes soporten costes de inversión. El punto crítico está en que esa reclamación convive con otra realidad que muestra la propia Comisión Europea en el EU Industrial R&D Investment Scoreboard: los grandes hiperescaladores estadounidenses no solo consumen capacidad de red, sino que llevan años realizando inversiones masivas de cientos de miles de millones de euros en I+D, centros de datos, inteligencia artificial, software, cloud e infraestructuras digitales. El último informe de la Comisión Europea puede consultarse en este enlace https://tinyurl.com/45pvfms6

Según el Scoreboard 2025, las 2.000 mayores empresas inversoras del mundo destinaron en 2024 un total de 1,446 billones de euros a I+D, representando más del 90% de la I+D empresarial global. El mismo informe señala que Amazon aparece como el mayor inversor mundial en I+D, con 65.000 millones de euros, y que la inversión global en I+D está cada vez más concentrada en grandes tecnológicas estadounidenses como Amazon, Alphabet, Meta, Microsoft y Apple. Además, la Comisión indica que las empresas estadounidenses concentran el 47,1% de la inversión en I+D de las 2.000 mayores compañías, frente al 16,2% de las empresas de la Unión Europea. Esa información refuerza una paradoja central: Telefónica reclama que los hiperescaladores contribuyan al coste de las redes, pero esos mismos actores son los que hoy concentran buena parte de la inversión mundial en las capas tecnológicas que capturan más valor dentro de la digitalización.

Ahí aparece la contradicción estratégica de fondo. Las telecos europeas reclaman una compensación por la ocupación de sus redes, pero son los hiperescaladores los que han construido durante años las plataformas, el software, la nube, los centros de datos, los modelos de inteligencia artificial y los ecosistemas digitales sobre los que se organiza gran parte de la economía actual. El problema no es solo quién paga por el tráfico, sino quién controla las capas de mayor valor añadido de la digitalización. En ese terreno, el Scoreboard muestra que la brecha entre Europa y Estados Unidos no se explica únicamente por el número de operadores de telecomunicaciones, sino por la diferencia de inversión en I+D, software, cloud, inteligencia artificial e infraestructuras digitales avanzadas.

Esa es precisamente la lectura que desarrolla el texto publicado en el blog Modelo Innovador de Gestión en el siguiente enlace https://tinyurl.com/cfxr6tm5 Ese análisis plantea que la debilidad de las telecomunicaciones europeas no se resuelve únicamente con fusiones defensivas o con una mejor redistribución de costes frente a las plataformas digitales, porque el problema principal está en la falta de control sobre las capas tecnológicas decisivas: I+D, software, cloud, inteligencia artificial, datos y plataformas.

Desde esa perspectiva, la propuesta de Murtra de avanzar primero por fusiones nacionales y después hacia una escala continental puede mejorar el tamaño de los operadores, pero no garantiza por sí misma que Europa cierre la brecha tecnológica con los hiperescaladores. Una operadora más grande puede tener más músculo financiero, pero eso no equivale automáticamente a controlar plataformas digitales, desarrollar modelos de inteligencia artificial competitivos, construir cloud soberano o liderar la inversión global en I+D. El propio Scoreboard de la Comisión Europea muestra que la ventaja de los hiperescaladores no procede solo de su tamaño empresarial, sino de la combinación de inversión en I+D, capex en centros de datos, control de software, dominio de plataformas y capacidad de escalar servicios globales.

Por eso la situación resulta especialmente llamativa. Telefónica reclama una reforma de la DNA para corregir el desequilibrio con los grandes generadores de tráfico, mientras su presidente defiende la consolidación como vía para ganar escala. Pero el Scoreboard obliga a introducir una pregunta más incómoda: aunque las telecos europeas se fusionen y aunque logren mejores condiciones frente a los hiperescaladores, ¿Basta eso para cambiar su posición dentro de la economía digital? Los datos de la Comisión apuntan a que la respuesta no puede limitarse a la consolidación empresarial ni al pago por uso de red. La cuestión de fondo es si Europa quiere seguir reforzando solo la conectividad o si pretende construir una arquitectura industrial propia en las capas donde hoy se concentra la innovación y la captura de valor.

En síntesis, la publicación de Telefónica sobre la DNA deja ver dos silencios y una tensión estratégica. El primer silencio es la ausencia de una referencia clara al modelo de consolidación que Murtra defiende públicamente. El segundo es que la reclamación contra los hiperescaladores no va acompañada de una reflexión equivalente sobre la enorme distancia en I+D que separa a las telecos europeas de esas mismas plataformas. Y la tensión central es que Europa puede acabar confundiendo escala financiera con escala tecnológica. La consolidación puede crear operadores más grandes; los mecanismos de contribución de los hiperescaladores pueden mejorar el reparto de costes; pero ninguna de esas dos vías garantiza por sí sola que Europa construya las capacidades digitales que hoy concentran Amazon, Alphabet, Meta, Microsoft, Apple o Nvidia.

La verdadera cuestión, por tanto, no es solo si Bruselas debe facilitar fusiones o si los hiperescaladores deben contribuir al coste de las redes. La cuestión decisiva es si la política europea de telecomunicaciones va a limitarse a recomponer el equilibrio económico de las redes o si va a afrontar el problema que el Scoreboard muestra con crudeza: Europa no lidera las capas tecnológicas más rentables y estratégicas de la digitalización. Mientras esa brecha no se aborde directamente, la DNA podrá mejorar el marco regulatorio, pero difícilmente resolverá por sí sola la subordinación tecnológica de las telecomunicaciones europeas frente a los grandes ecosistemas digitales globales.

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En definitiva, el verdadero riesgo para Telefónica no reside únicamente en que la Digital Networks Act resulte más o menos ambiciosa o en que Europa permita una mayor consolidación del sector. El riesgo estratégico es que el debate termine centrándose en cómo redistribuir el valor generado por las infraestructuras de telecomunicaciones mientras el centro de gravedad de la economía digital continúa desplazándose hacia otras capas tecnológicas.

Los informes de Draghi y Letta insisten en que Europa necesita recuperar capacidad industrial y tecnológica para competir en un entorno dominado por Estados Unidos y China. La Comisión Europea, a través de la Digital Networks Act, intenta adaptar el marco regulatorio a esa nueva realidad. Sin embargo, los datos del EU Industrial R&D Investment Scoreboard muestran que la distancia competitiva no se explica únicamente por la fragmentación del mercado europeo de las telecomunicaciones, sino también por la enorme diferencia de inversión en investigación, software, inteligencia artificial, cloud y plataformas digitales.

Desde esa perspectiva, la cuestión deja de ser exclusivamente cómo conseguir operadores de mayor tamaño o cómo repartir el coste de las redes entre telecos e hiperescaladores. La cuestión pasa a ser si Telefónica está construyendo capacidades propias en aquellas tecnologías que determinarán la creación de valor durante la próxima década. Hasta el momento, el mercado tampoco ha ofrecido una validación clara de esa estrategia. En torno a la llegada de Marc Murtra a la presidencia, la acción de Telefónica cotizaba alrededor de 3,9 euros por acción, mientras que en la actualidad se mueve en el entorno de 3,7 euros, después de casi diecisiete meses de mandato.

Sin una respuesta clara a esa pregunta, y sin que la evolución bursátil haya reflejado una creación sostenida de valor para el accionista durante este periodo, el riesgo es que la compañía consiga mejorar su posición regulatoria y aumentar su escala empresarial mientras continúa ocupando un papel cada vez más periférico dentro del ecosistema digital que pretende liderar Europa.

Ese es, en última instancia, el punto donde convergen Draghi, Letta y el propio Scoreboard de la Comisión Europea: la competitividad ya no depende únicamente de disponer de mejores redes de telecomunicaciones, sino de controlar las tecnologías que generan el mayor valor económico sobre esas redes. Y es precisamente ahí donde la publicación de Telefónica deja sin responder la cuestión estratégica más importante.

Para terminar el post quiero manifestar que la historia de Intel recordaba que el liderazgo tecnológico puede empezar a erosionarse cuando una empresa continúa concentrando su estrategia en la parte de la cadena de valor que dominó durante décadas, mientras el verdadero motor de la innovación se desplaza hacia otros ámbitos. Esa misma reflexión sobrevuela la publicación de Telefónica sobre la Ley de Redes Digitales.

Lejos de presentar una estrategia orientada a construir capacidades propias en inteligencia artificial, software, cloud, plataformas digitales o centros de datos, el documento centra sus principales reivindicaciones en la reforma del marco regulatorio, la consolidación del sector y el reequilibrio económico con los grandes generadores de tráfico. Son cuestiones relevantes para el negocio de las telecomunicaciones, pero los propios informes de Draghi y Letta, junto con el EU Industrial R&D Investment Scoreboard de la Comisión Europea, muestran que la competitividad futura dependerá también de la capacidad para liderar las tecnologías donde hoy se concentra la creación de valor.

Tras casi diecisiete meses de presidencia de Marc Murtra, tampoco el mercado ha ofrecido una validación clara de esa estrategia. La evolución de la cotización de Telefónica durante este periodo refleja que los inversores aún no perciben un cambio capaz de situar a la compañía en una posición de liderazgo dentro del nuevo ciclo tecnológico.

Si la estrategia continúa pivotando principalmente sobre la consolidación, la regulación y el reparto de los costes de las redes, mientras otros actores siguen liderando la inversión en inteligencia artificial, software, cloud y plataformas digitales, Telefónica corre el riesgo de repetir la lección que dejó Intel: mantener una posición relevante en una parte esencial de la cadena de valor, mientras el liderazgo económico y tecnológico termina desplazándose hacia el lugar donde realmente se construye el futuro de la industria.

Ya lo dijo Gordon Moore (expresidente de Intel): “No se puede ganar el futuro defendiendo solo la posición que te hizo fuerte en el pasado.”

 

 

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