Cuenta una vieja escena popular que, en un pequeño pueblo, un administrador abandonó finalmente la casa que había dirigido durante años. Mientras cargaba sus pertenencias, uno de los vecinos se acercó para despedirlo y le dijo: “Tanta paz lleves como dejas”. El hombre interpretó aquellas palabras como un deseo amable, pero quienes permanecían allí conocían su verdadero significado: la tranquilidad no llegaba con él, sino después de su marcha. Durante su estancia había dejado cuentas sin resolver, bienes malvendidos y enfrentamientos entre quienes dependían de sus decisiones; sin embargo, partía satisfecho, convencido de que una despedida cordial podía borrar las consecuencias de su gestión.
El dicho no expresa odio ni deseo de venganza. Resume el alivio que produce la salida de una presencia cuya permanencia ha resultado perjudicial para quienes la acompañaban. Pero también contiene una advertencia: la paz solo llega cuando, además de marcharse quien causó el daño, quienes toman el relevo corrigen sus decisiones. Cuando el sucesor mantiene el mismo rumbo, cambian los nombres y los retratos, pero los problemas permanecen en la casa.
Hoy Telefónica incorporará el retrato de José María Álvarez-Pallete a su galería de expresidentes, cumpliendo una tradición institucional con la que la compañía reconoce a quienes ocuparon su máxima responsabilidad. Pero un homenaje no puede sustituir al balance, ni la solemnidad de una ceremonia puede borrar los resultados de casi nueve años de presidencia. Más allá de los discursos, los abrazos y la fotografía oficial, permanecen las cifras que permiten medir qué Telefónica recibió Álvarez-Pallete, qué compañía dejó y cómo fueron remuneradas las decisiones adoptadas durante su mandato.
Este análisis no pretende juzgar intenciones ni reconstruir relatos personales, sino examinar hechos contrastables: la evolución de la acción, la capitalización bursátil, los ingresos, la deuda, la plantilla, el perímetro empresarial, las desinversiones y las retribuciones percibidas por el máximo responsable. También observa lo sucedido después de su salida, porque la llegada de Marc Murtra no ha corregido todavía los principales desequilibrios y añade un elemento especialmente grave: el Estado español, a través de la SEPI, posee el 10 % de Telefónica y participa directamente en una compañía cuyo rumbo continúa sin ofrecer a accionistas, trabajadores y al propio contribuyente los resultados que cabría exigir a una empresa estratégica.
Hoy podemos leer en la prensa la noticia donde se nos informa que José María Álvarez-Pallete regresará a las oficinas centrales de Telefónica para recibir un homenaje por los 25 años que permaneció vinculado a la compañía y, especialmente, por la etapa en la que ejerció como presidente ejecutivo de la operadora.
Según la información publicada, Marc Murtra, actual presidente de Telefónica y sucesor de Álvarez-Pallete, lo ha invitado a participar en el acto de descubrimiento del retrato que la empresa ha encargado en su honor. La ceremonia está prevista para este miércoles a las 13.00 horas en el Distrito Telefónica.
El acto permitirá mantener la tradición de incorporar a los antiguos presidentes de la compañía a la Galería Gumersindo Rico, donde Telefónica conserva los retratos de algunas de las principales figuras que han dirigido la empresa a lo largo de sus más de cien años de historia. En ella figuran ilustres presidentes que contribuyeron al crecimiento de la operadora, como Antonio Barrera de Irimo y Cándido Velázquez, junto a Luis Solana, Juan Villalonga, César Alierta y el propio Gumersindo Rico, firmante del acta de constitución de Telefónica en 1924.
El retrato de Álvarez-Pallete ha sido encargado al pintor Hernán Cortés Moreno, autor también del cuadro de César Alierta. Con esta iniciativa, Telefónica pretende reconocer la trayectoria de quien trabajó en la compañía desde finales de la década de 1990 hasta su salida de la presidencia el 17 de enero de 2025. Álvarez-Pallete acudirá acompañado por su mujer y sus tres hijos, que se desplazarán desde Dubái, Londres y Nueva York para asistir al homenaje. También está prevista la presencia de antiguos y actuales directivos relacionados con su etapa al frente de la operadora. Entre los invitados se encuentran Julio Linares, antiguo consejero delegado de Telefónica; Rosauro Varo, accionista individual de la compañía y persona cercana a Álvarez-Pallete; Emilio Gayo, actual consejero delegado y expresidente de Telefónica España, y Javier de Paz, miembro durante años del consejo de administración de la operadora.
También ha sido invitado Isidro Fainé, presidente de la Fundación Bancaria ”la Caixa” y consejero de Telefónica desde hace más de tres décadas. Su asistencia dependerá de su agenda, aunque mantiene una relación cercana con Álvarez-Pallete y lo renovó como patrono de la Fundación Bancaria tras su salida de la compañía.
El homenaje se celebra después de una etapa marcada por el relevo de Álvarez-Pallete y la posterior llegada de Marc Murtra a la presidencia, impulsada por la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI). Pese a las circunstancias que rodearon el cambio de dirección, Telefónica ha decidido mantener la tradición de reconocer oficialmente a quienes han ocupado la presidencia de la compañía. La incorporación del retrato de Álvarez-Pallete a la galería de expresidentes busca cerrar institucionalmente aquella etapa y dejar constancia de su trayectoria dentro de una empresa en la que desarrolló la mayor parte de su carrera profesional.
La presidencia de José María Álvarez-Pallete en Telefónica: balance numérico de una transformación entre 2016 y 2025
La noticia sobre el homenaje que Telefónica rendirá a José María Álvarez-Pallete mediante la incorporación de su retrato a la Galería Gumersindo Rico ofrece la oportunidad de revisar, desde los datos y sin valoraciones ajenas a las cifras, la etapa en la que dirigió la compañía. Álvarez-Pallete asumió la presidencia ejecutiva el 8 de abril de 2016 y permaneció al frente de la operadora hasta el 17 de enero del año 2025. A efectos bursátiles, su última sesión completa fue la del viernes 17 de enero de 2025, aunque el cese formal como presidente ejecutivo y consejero se produjo el 18 de enero, fecha en la que el consejo nombró a Marc Murtra. La información sobre el homenaje puede consultarse en la noticia publicada que da origen a este análisis.
Para evaluar su presidencia es necesario distinguir entre tres planos diferentes. El primero es el financiero, especialmente la deuda y la generación de caja. El segundo es el industrial, que comprende el tamaño de la compañía, su plantilla, sus redes, sus clientes y su presencia internacional. El tercero es el bursátil, donde deben medirse la cotización, la capitalización y la remuneración recibida por los accionistas. También hay que advertir que Telefónica no tenía en el año 2024 el mismo perímetro que en el año 2016: se vendieron filiales, infraestructuras y activos, y el negocio británico dejó de consolidarse íntegramente después de su integración en Virgin Media O2. Por esa razón, magnitudes como los ingresos, la plantilla o el número de accesos no son completamente comparables sin tener en cuenta esas operaciones.
La Telefónica que recibió en abril de 2016
Cuando Álvarez-Pallete llegó a la presidencia, Telefónica seguía siendo una multinacional de gran extensión geográfica, con operaciones plenamente consolidadas en España, Alemania, Reino Unido, Brasil y numerosos países de Hispanoamérica. El grupo cerró el año 2016 con unos activos totales de 123.641 millones de euros y un patrimonio neto de 28.385 millones. Sus ingresos ascendieron a 52.036 millones de euros, el resultado operativo antes de amortizaciones —OIBDA— alcanzó los 15.118 millones de euros y el beneficio atribuido a la sociedad dominante fue de 2.369 millones de euros. El beneficio por acción se situó en 0,42 euros. Estos datos pueden comprobarse en las cuentas anuales consolidadas de Telefónica correspondientes a 2016.
El principal condicionante financiero era el endeudamiento. La deuda financiera neta alcanzaba los 48.595 millones de euros al finalizar el año 2016. Si se añadían los compromisos netos relacionados principalmente con prestaciones a empleados, la cifra ascendía a 53.116 millones de euros. El vencimiento medio de la deuda era entonces de 6,35 años. La dimensión del endeudamiento limitaba la capacidad de la compañía para acometer nuevas operaciones, sostener el dividendo y responder a las necesidades de inversión de un sector que se encontraba en plena transición desde el cobre y el 3G hacia la fibra, el 4G y, posteriormente, el 5G.
La plantilla mundial estaba formada por 127.323 trabajadores al cierre del año 2016. España contaba con 28.107 empleados; Reino Unido, con 7.075; Alemania, con 8.517; Brasil, con 33.782; Hispanoamérica, con 38.901, y el resto de las sociedades del grupo, con 10.941. Por tanto, Álvarez-Pallete recibió una compañía con una estructura laboral extensa, distribuida entre numerosos mercados y condicionada por las adquisiciones realizadas durante las etapas anteriores, entre ellas GVT en Brasil, Digital+ en España y E-Plus en Alemania.
Telefónica terminó aquel ejercicio con aproximadamente 350 millones de accesos (clientes). En el año 2016 invirtió 8.928 millones de euros, una cantidad equivalente a más del 17 % de sus ingresos, de los que más de 2.000 millones se destinaron al despliegue de LTE y banda ancha ultrarrápida. Los clientes móviles de contrato alcanzaban aproximadamente los 111 millones y los clientes de fibra se situaban en torno a 7,3 millones. La operadora tenía, por tanto, un tamaño superior al actual en ingresos, inversión, empleo y número de sociedades consolidadas, pero también soportaba una deuda considerablemente mayor y una infraestructura tradicional que debía ser sustituida progresivamente.
Los primeros años: reducción de deuda y revisión del dividendo
Uno de los primeros problemas que tuvo que afrontar Álvarez-Pallete como presidente fue el bloqueo, por parte de la Comisión Europea, de la venta de O2 Reino Unido a Hutchison, operación con la que Telefónica pretendía obtener recursos para acelerar su desapalancamiento. La prohibición de la transacción, acordada en mayo de 2016, retrasó la reducción de una deuda que, sin embargo, tampoco podía considerarse completamente ajena a su propia trayectoria en la dirección de la operadora. Álvarez-Pallete había sido nombrado consejero delegado de Telefónica el 17 de septiembre de 2012, con dependencia directa del presidente y responsabilidad sobre todas las unidades de negocio del grupo, cargo que desempeñó hasta su acceso a la presidencia el 8 de abril del 2016. Por tanto, aunque recibió una compañía condicionada por decisiones, adquisiciones y compromisos financieros procedentes de etapas anteriores, durante los tres años y medio previos a su nombramiento como presidente ya formaba parte del máximo nivel ejecutivo desde el que se administraron el balance, las inversiones y la estrategia financiera del grupo. No sería riguroso presentarlo únicamente como heredero de aquella deuda, sino también como corresponsable de su evolución durante su etapa como consejero delegado. Al terminar 2016, Telefónica mantenía una calificación BBB con perspectiva estable de Fitch, Baa3 estable de Moody’s y BBB estable de Standard & Poor’s. Fitch y Moody’s habían rebajado sus notas durante aquel ejercicio, aunque la deuda de la operadora permanecía dentro del grado de inversión. La decisión de la Comisión Europea sobre O2 puede consultarse en su comunicado oficial de mayo de 2016.
La compañía modificó igualmente su política de remuneración. Durante 2016 distribuyó 0,40 euros por acción en efectivo y 0,35 euros mediante dividendo flexible. Posteriormente, la política se ajustó a 0,40 euros anuales en efectivo durante 2017, 2018 y 2019. La reducción y posterior estabilización del dividendo buscaban compatibilizar la remuneración del accionista con la disminución de la deuda, evitando una salida de caja superior a la capacidad ordinaria de generación de recursos. En el año 2017 los ingresos se mantuvieron prácticamente estables en términos reportados, en 52.008 millones de euros. El OIBDA subió hasta 16.187 millones de euros, el beneficio neto alcanzó 3.132 millones y el flujo de caja libre se situó en 4.947 millones. La deuda financiera neta bajó hasta 44.230 millones, 4.365 millones menos que al finalizar 2016. Una parte de esa reducción procedió de la generación ordinaria de caja y otra de la venta del 40 % de Telxius por 1.275 millones de euros. El vencimiento medio de la deuda se amplió desde 6,35 hasta 8,08 años.
En el año 2018 el grupo obtuvo unos ingresos reportados de 48.693 millones, afectados por la evolución de las divisas y por cambios de perímetro, aunque en términos orgánicos crecieron un 2,4 %. El OIBDA fue de 15.571 millones y el beneficio neto ascendió a 3.331 millones. La deuda financiera neta se redujo hasta 41.785 millones y el flujo de caja libre, excluyendo pagos por espectro, alcanzó 5.578 millones. Entre el cierre de 2016 y el de 2018, la deuda financiera neta había descendido en 6.810 millones de euros, cerca de un 14 %.
El giro estratégico de 2019
En noviembre de 2019, Álvarez-Pallete presentó el cambio estratégico más importante de su mandato. El nuevo plan concentraba la inversión y el crecimiento en cuatro mercados considerados esenciales: España, Brasil, Alemania y Reino Unido. Estas cuatro geografías reunían entonces cerca del 80 % de los ingresos, del OIBDA y del flujo de caja operativo del grupo. El programa incluía también la creación de Telefónica Tech, la constitución de Telefónica Infra, la agrupación de los negocios hispanoamericanos en una unidad diferenciada y la reducción del tamaño del centro corporativo. El contenido completo puede consultarse en el plan estratégico de cinco puntos aprobado por Telefónica en noviembre de 2019.
La concentración en los cuatro grandes mercados fue acompañada por la venta de activos y filiales no prioritarios. Telefónica acordó la salida de todas sus operaciones en Centroamérica por un valor empresarial conjunto de 2.298 millones de dólares, aproximadamente 2.025 millones de euros al tipo de cambio utilizado entonces. La empresa estimó que estas operaciones permitirían reducir la deuda en unos 1.400 millones de euros. La transacción comprendía las filiales de Guatemala, El Salvador, Costa Rica, Panamá y Nicaragua.
En ese mismo ejercicio se pactó la venta de once centros de datos situados en siete países a Asterion Industrial Partners por 550 millones de euros. Telefónica conservó la relación comercial con sus clientes mediante un contrato de alojamiento a largo plazo, mientras transfería la propiedad de las instalaciones. La compañía estimó una plusvalía antes de impuestos y minoritarios de unos 260 millones de euros.
Los resultados del año 2019 ya empezaron a mostrar las consecuencias de dicha enajenación de perímetro, se alzanzaron unos ingresos de 48.422 millones de euros, un OIBDA de 15.119 millones y un flujo de caja libre de 5.912 millones, el mayor desde 2013. La deuda financiera neta bajó hasta 37.744 millones. El beneficio neto reportado fue, sin embargo, de 1.142 millones, frente a un resultado ajustado de 3.574 millones, debido principalmente a una provisión de 1.614 millones relacionada con gastos de reestructuración, especialmente en España.
La pandemia y el deterioro bursátil de 2020
El ejercicio 2020 estuvo condicionado por la pandemia, la caída del roaming, la menor actividad comercial y la depreciación de difrentes monedas latinoamericanas. Los ingresos disminuyeron hasta 43.076 millones, un 11 % menos en términos reportados y un 3,3 % menos en términos orgánicos. El OIBDA descendió hasta 13.498 millones, mientras que el beneficio neto fue de 1.582 millones. A pesar de esas circunstancias, Telefónica generó 4.794 millones de flujo de caja libre y redujo la deuda financiera neta hasta 35.228 millones.
La evolución bursátil fue mucho más negativa. La acción cerró el año 2020 a 3,25 euros, con una caída anual del 47,9 % y una rentabilidad total para el accionista, incluyendo el dividendo, del –42,7 %. La capitalización bursátil quedó reducida a 17.959 millones de euros. Telefónica mantuvo una distribución de 0,40 euros por acción, pero la pagó mediante dividendo flexible, lo que permitía al accionista elegir entre nuevas acciones o la venta de sus derechos.
El año 2021 y la mayor transformación del perímetro
El ejercicio 2021 marcó el punto de inflexión en la transformación societaria. Telefónica y Liberty Global integraron O2 Reino Unido y Virgin Media en una sociedad conjunta participada al 50%. La operación fue autorizada sin condiciones por la autoridad británica de competencia y dio lugar a Virgin Media O2. Desde ese momento, el negocio británico dejó de consolidarse íntegramente en los ingresos, resultados, deuda y plantilla de Telefónica, pasando a registrarse por el método de puesta en equivalencia. Esta modificación debe tenerse en cuenta al comparar las magnitudes del grupo antes y después de 2021.
La otra gran operación fue la venta de aproximadamente 30.722 emplazamientos de torres de Telxius en Europa y Latinoamérica a American Tower por 7.700 millones de euros. Telefónica calculó una plusvalía atribuible de aproximadamente 3.500 millones y una reducción de deuda de unos 4.600 millones. La transacción se realizó a un múltiplo aproximado de 30,5 veces el OIBDAaL estimado de los activos vendidos. Telefónica mantuvo dentro de Telxius el negocio de cables submarinos, pero dejó de ser propietaria de una parte sustancial de las torres que utilizaban sus propias operadoras, pasando a arrendarlas a su nuevo propietario.
Como consecuencia de estas operaciones, Telefónica declaró en 2021 un beneficio neto de 8.137 millones de euros, el mayor de toda la etapa de Álvarez-Pallete gracias a los beneficios extraordinarios de dichas ventas. Sin embargo, no se trató de un resultado ordinario: el OIBDA reportado ascendió a 21.983 millones debido principalmente a las plusvalías de la venta de las torres de Telxius y de la constitución de la sociedad conjunta británica. Los ingresos reportados fueron de 39.277 millones, aunque la empresa indicó que, incluyendo desde junio la parte proporcional de Virgin Media O2, habrían alcanzado 42.839 millones de euros.
El efecto más duradero se observó en el balance. La deuda financiera neta terminó 2021 en 26.032 millones de euros, 9.196 millones menos que un año antes y casi la mitad del nivel existente en 2016. El vencimiento medio se había ampliado hasta 13,6 años, frente a los 6,35 años registrados al comienzo de la presidencia.
La estabilización entre 2022 y 2024
En el año 2022 Telefónica registró ingresos de 39.993 millones de euros, un 1,8 % más que en 2021, y obtuvo un beneficio neto de 2.011 millones. El flujo de caja libre alcanzó 4.566 millones y la deuda financiera neta cerró en 26.687 millones de euros. Telefónica Tech, creada tres años antes, facturó 1.482 millones de euros, un 57 % más que en el ejercicio precedente de acuerdo con el perímetro utilizado por la compañía.
En el año 2023 los ingresos aumentaron hasta 40.652 millones y el OIBDA ordinario se situó en 13.121 millones. El beneficio ordinario fue de 2.369 millones, pero el resultado contable final arrojó unas pérdidas de 892 millones. La diferencia se explicó principalmente por la provisión correspondiente al plan de reestructuración de Telefónica España, el deterioro del fondo de comercio de Virgin Media O2 y otros impactos extraordinarios. El flujo de caja libre calculado con la definición utilizada hasta ese ejercicio fue de 4.227 millones; con la nueva definición aplicada desde el año 2024, la base comparable habría sido de 2.308 millones.
Telefónica Tech alcanzó en 2023 unos ingresos de 1.878 millones, un 26,7 % más que en 2022. Los vehículos de fibra de Telefónica Infra sumaban 21 millones de unidades inmobiliarias pasadas, mientras que Telxius conservaba más de 100.000 kilómetros de conectividad internacional mediante cables submarinos. Estas actividades permitieron a la compañía mantener exposición a las infraestructuras y servicios digitales después de haber vendido una parte relevante de sus activos físicos.
El ejercicio 2024, último año completo de Álvarez-Pallete, terminó con unos ingresos de 41.315 millones de euros, un 1,6 % más que en 2023. El beneficio neto ajustado fue de 2.304 millones, pero el resultado atribuido reportado registró unas pérdidas de 49 millones de euros. Durante el cuarto trimestre se contabilizaron deterioros de activos superiores a 2.000 millones de euros, concentrados en Argentina, Chile, Perú y Telefónica Tech. Por tanto, los dos últimos ejercicios completos de su presidencia finalizaron con pérdidas contables, aunque los resultados ordinarios o ajustados permanecieron positivos.
La inversión de 2024 ascendió a 5.318 millones de euros, con una intensidad de capital equivalente al 12,9 % de los ingresos. El flujo de caja libre, conforme a la nueva definición, fue de 2.634 millones, un 14,1 % más que la base comparable de 2023. La deuda financiera neta quedó en 27.161 millones y el apalancamiento se situó en 2,58 veces el EBITDAaL.
La inversión reportada había pasado de 8.928 millones en 2016 a 5.318 millones en 2024, una reducción nominal del 40,4 %. No obstante, esta comparación está condicionada por la venta de sociedades, la desconsolidación de Reino Unido y la utilización de vehículos compartidos para algunos despliegues de fibra. Más significativo que la cifra absoluta es el descenso de la intensidad de inversión desde más del 17% de los ingresos hasta el 12,9%, una vez completada una parte sustancial de las redes de nueva generación.
La transformación tecnológica y de los clientes
El número total de accesos pasó de aproximadamente 350 millones en 2016 a 389,95 millones en 2024, un aumento descriptivo del 11,4 %. Sin embargo, Telefónica incluye en la cifra de 2024 el 100 % de los accesos de Virgin Media O2, aunque únicamente posee el 50 % de la sociedad, por lo que el incremento no representa una comparación completamente homogénea.
La composición de esos accesos sí refleja con claridad el cambio tecnológico. Al finalizar 2024, Telefónica contabilizaba 132,7 millones de líneas móviles de contrato, 122,3 millones de prepago, 45,3 millones de conexiones de internet de las cosas, 27,4 millones de accesos de banda ancha y 17,9 millones de accesos FTTH. Las líneas fijas tradicionales habían descendido hasta 24,4 millones. El grupo terminó así el mandato con más conexiones de contrato, fibra e internet de las cosas, pero con menos telefonía fija y prepago, siguiendo la evolución tecnológica y comercial del sector.
En España, más del 90 % de la red minorista de cobre había sido apagada al cierre de 2024 y la cobertura de fibra llegaba a 30,8 millones de unidades inmobiliarias. La cobertura 5G alcanzaba el 91 % de la población. El cierre definitivo de las centrales de cobre quedó previsto para mayo de 2025, pocos meses después del relevo en la presidencia.
Telefónica Tech concluyó 2024 con 2.065 millones de euros de ingresos, un 10 % más que en 2023. Entre 2022 y 2024, su facturación pasó de 1.482 a 2.065 millones, un crecimiento acumulado cercano al 39%. Telefónica Infra alcanzó 25 millones de unidades inmobiliarias pasadas con fibra mediante sus diferentes vehículos y Telxius mantuvo un margen de EBITDA del 48% en el negocio de cables submarinos. Estos datos muestran que la reducción del perímetro tradicional se acompañó de la creación de negocios especializados en ciberseguridad, nube, datos, internet de las cosas e infraestructuras compartidas.
La reducción de la plantilla
La plantilla mundial descendió desde 127.323 empleados al finalizar 2016 hasta 100.870 al cierre de 2024. La reducción neta fue de 26.453 trabajadores, equivalente al 20,8%. Una parte del descenso responde a planes de salida y reestructuración, mientras que otra procede de los cambios de perímetro, especialmente de la desconsolidación de O2 Reino Unido y de la venta de filiales y activos. Por ello, la diferencia no debe atribuirse únicamente a los ajustes laborales realizados dentro de las sociedades que continuaron formando parte del grupo.
En España, la plantilla pasó de 28.107 a 18.305 empleados, lo que supone 9.802 trabajadores menos y una caída neta del 34,9%. Alemania redujo ligeramente su plantilla, desde 8.517 hasta 7.589 empleados, mientras que Brasil aumentó desde 33.782 hasta 35.818. Hispanoamérica pasó de 38.901 a 27.569 trabajadores, afectada tanto por los planes de eficiencia como por la salida de diferentes mercados.
La distribución geográfica también cambió. En 2016 Reino Unido aportaba 7.075 empleados plenamente consolidados. En 2024 Virgin Media O2 ya no aparecía dentro de la plantilla consolidada porque Telefónica poseía el 50 % de la sociedad y la registraba por puesta en equivalencia. En sentido contrario, la compañía reforzó su control sobre Telefónica Deutschland, hasta alcanzar aproximadamente el 96,85 % del capital y excluir sus acciones de la Bolsa de Fráncfort en 2024.
La deuda: la mejora financiera más visible
La deuda financiera neta pasó de 48.595 millones de euros en 2016 a 27.161 millones en 2024. La reducción fue de 21.434 millones, equivalente al 44,1 %. Si se compara la deuda financiera más los compromisos con empleados, la cifra descendió desde 53.116 hasta 30.950 millones, una disminución de 22.166 millones o del 41,7 %. Esta segunda magnitud es la más próxima a una comparación homogénea entre ambos ejercicios.
Desde 2019, las cuentas incorporan además las obligaciones de arrendamiento conforme a la norma IFRS 16. En el año 2024, la deuda financiera neta más arrendamientos ascendía a 35.436 millones y, añadiendo los compromisos laborales, a 39.225 millones. Estas cifras no pueden compararse directamente con las de 2016 porque entonces muchos alquileres operativos no se reconocían como deuda en el balance.
La estructura de vencimientos también mejoró. El vencimiento medio pasó de 6,35 años en 2016 a aproximadamente 11,3 años en 2024. Al término del mandato, Fitch mantenía a Telefónica en BBB estable, Moody’s en Baa3 estable y Standard & Poor’s en BBB– estable. Fitch y Moody’s conservaban el mismo nivel que al cierre de 2016, mientras que Standard & Poor’s se encontraba un escalón por debajo tras la rebaja aplicada en 2020. La compañía mantuvo, en todo caso, el grado de inversión.
Los ingresos y el tamaño económico del grupo
Los ingresos reportados pasaron de 52.036 millones de euros en 2016 a 41.315 millones en 2024. La diferencia o pérdida es de 10.721 millones, un 20,6 % menos en términos nominales. Esta caída no equivale por sí sola a una contracción orgánica del mismo tamaño, porque entre ambos ejercicios se produjeron depreciaciones de divisas, ventas de filiales, cambios contables y, sobre todo, la salida de O2 Reino Unido del perímetro de consolidación global. En 2021, por ejemplo, los ingresos reportados fueron de 39.277 millones, pero habrían alcanzado 42.839 millones incorporando la parte proporcional de Virgin Media O2 desde junio.
El beneficio atribuido mostró una trayectoria irregular. Fue de 2.369 millones en 2016, 3.132 millones en 2017, 3.331 millones en 2018, 1.142 millones en 2019 y 1.582 millones en 2020. En 2021 se elevó extraordinariamente hasta 8.137 millones por las plusvalías de las grandes operaciones corporativas; descendió a 2.011 millones en 2022 y terminó en pérdidas de 892 millones en 2023 y de 49 millones en 2024. Los resultados ordinarios o ajustados de esos dos últimos ejercicios fueron positivos, pero los deterioros de activos y las provisiones de reestructuración condujeron a pérdidas contables finales.
La acción, la capitalización y el resultado para el accionista
El comportamiento bursátil constituye la principal magnitud negativa de la etapa. La acción cotizaba a 9,31 euros cuando Álvarez-Pallete asumió la presidencia el 8 de abril de 2016 y cerró a 3,97 euros el viernes 17 de enero de 2025. La pérdida nominal por acción fue de 5,34 euros, equivalente al 57,4 %.
Conviene no confundir la caída de la cotización con la reducción de la capitalización. Telefónica terminó 2016 a 8,82 euros por acción y con una capitalización de 44.433 millones de euros. Al finalizar 2024, la acción valía 3,94 euros y la capitalización era de 22.323 millones. Comparando estos dos cierres anuales auditados, el valor bursátil del grupo se redujo en 22.110 millones, un 49,8 %. La diferencia respecto a la caída del 57,4 % de la acción se explica, entre otros factores, por las variaciones en el número de acciones derivadas de dividendos flexibles, ampliaciones, autocartera y posteriores amortizaciones.
La evolución no fue lineal. En 2020 la acción cerró a 3,25 euros y la capitalización cayó hasta 17.959 millones. En 2022 cerró a 3,39 euros, con un valor bursátil de 19.500 millones; en 2023 subió a 3,53 euros y 20.323 millones, y en 2024 avanzó hasta 3,94 euros y 22.323 millones. La rentabilidad total para el accionista fue del 13 % en 2023 y del 19,9 % en 2024, pero la recuperación de los dos últimos ejercicios no compensó la pérdida acumulada desde 2016.
Durante el periodo comprendido entre mayo de 2016 y diciembre de 2024, Telefónica distribuyó nominalmente 3,60 euros por acción. De esa cantidad, aproximadamente 2,35 euros fueron pagados en efectivo y 1,25 euros mediante dividendos flexibles. Esta suma no puede añadirse directamente a la cotización final para calcular la rentabilidad real, porque los dividendos flexibles podían recibirse en nuevas acciones, venderse en el mercado o cobrarse al precio de compra garantizado, y porque la reinversión modifica el número de títulos del accionista. No obstante, demuestra que la remuneración compensó parcialmente, pero no anuló, la caída del precio de la acción.
Un balance sustentado en cifras
Los números describen una presidencia marcada por una profunda reducción del endeudamiento y del perímetro de la compañía. La deuda financiera neta disminuyó un 44,1 %, los compromisos financieros y laborales comparables se redujeron un 41,7% y el vencimiento medio de la financiación casi se duplicó. Telefónica salió de Centroamérica, vendió centros de datos y torres, dejó de consolidar íntegramente Reino Unido y concentró su estrategia en España, Alemania, Brasil y la participación del 50 % en Virgin Media O2. Paralelamente, desarrolló Telefónica Tech y Telefónica Infra, completó una parte sustancial del despliegue de fibra y 5G y apagó prácticamente toda la red española de cobre.
La Telefónica que Álvarez-Pallete dejó era más pequeña en ingresos, plantilla, activos consolidados y capitalización bursátil. Los ingresos reportados eran un 20,6 % inferiores a los de 2016 y la plantilla se había reducido un 20,8 %, aunque ambas comparaciones están condicionadas por las desinversiones y por la salida de O2 Reino Unido del perímetro global. La inversión anual era un 40,4 % menor y representaba el 12,9 % de las ventas, frente a más del 17 % al inicio, después de años de despliegue de redes de nueva generación.
El balance operativo presenta una mayor proporción de clientes móviles de contrato, fibra e internet de las cosas, así como una menor dependencia de la telefonía fija tradicional y del prepago. Sin embargo, los dos últimos ejercicios completos terminaron con pérdidas contables por los deterioros de activos y las provisiones extraordinarias, aunque el beneficio ordinario o ajustado se mantuvo positivo.
Desde el punto de vista del accionista, la conclusión numérica es más desfavorable. La acción perdió aproximadamente el 57,4 % de su valor entre el nombramiento y la última sesión de Álvarez-Pallete, mientras que la capitalización bursátil comparable de cierre anual se redujo cerca del 49,8 %. Los dividendos repartidos mitigaron esa pérdida, pero no lograron compensarla en su totalidad.
Por tanto, las cifras no permiten resumir el mandato en una única magnitud. La presidencia de José María Álvarez-Pallete dejó una Telefónica menos endeudada, con vencimientos más largos, redes más modernas y un perímetro más concentrado. Al mismo tiempo, dejó una compañía de menor tamaño económico, con menos empleados, menores ingresos reportados y aproximadamente la mitad de valor bursátil que al comienzo de la etapa. La reducción de deuda y la modernización industrial constituyen los principales resultados positivos cuantificables; la pérdida de valor de la acción, la caída de la capitalización y la falta de crecimiento sostenido de los ingresos son los principales resultados negativos que reflejan los números.
Las retribuciones de José María Álvarez-Pallete durante su presidencia de Telefónica
La valoración económica de la presidencia de José María Álvarez-Pallete debe completarse con las remuneraciones que Telefónica declaró oficialmente durante los años en los que estuvo al frente de la compañía. Los informes anuales de remuneraciones no recogen únicamente el salario cobrado en metálico, sino también la retribución variable, los incentivos vinculados a acciones, los seguros, las aportaciones o derechos consolidados en sistemas de previsión y, en 2025, la indemnización derivada de su salida.
La retribución total devengada atribuida a Álvarez-Pallete fue de 5,359 millones de euros en 2016; 5,504 millones en 2017; 5,553 millones en 2018; 5,537 millones en 2019; 5,193 millones en 2020; 8,725 millones en 2021; 6,787 millones en 2022; 6,320 millones en 2023; 9,649 millones en 2024, y 44,510 millones en 2025, ejercicio en el que se produjo su cese y se reconocieron la indemnización y los derechos económicos asociados a diferentes planes retributivos. Las cifras pueden comprobarse en los informes de remuneraciones de 2016, 2021, 2023, 2024 y 2025.
La suma de los importes oficiales correspondientes a los ejercicios comprendidos entre 2016 y 2024 asciende a 58,627 millones de euros. Al añadir los 44,510 millones de euros devengados en 2025 con motivo de su salida y de la liquidación o consolidación de diferentes derechos retributivos, el total declarado para el periodo 2016-2025 alcanza los 103,137 millones de euros. Esta cantidad representa remuneración total devengada conforme a los criterios de los informes corporativos, pero no equivale íntegramente a dinero cobrado en efectivo, ya que incluye acciones, seguros y derechos de previsión cuyo pago quedó aplazado.
La cifra del año 2016 corresponde al ejercicio completo, por lo que incluye también los meses anteriores a su nombramiento como presidente ejecutivo el 8 de abril. El informe no divide la remuneración anual entre su etapa inicial como consejero delegado y la posterior como presidente. En aquel ejercicio, Telefónica declaró una retribución total de 5,359 millones: 1,923 millones de sueldo, 3,430 millones de variable a corto plazo y alrededor de 6.000 euros por otros conceptos. El documento también informó separadamente de una aportación de 673.000 euros a sistemas de ahorro, que no estaba integrada en el total anual de 5,359 millones. Por esa diferencia en el método de presentación, dicha aportación no se ha sumado de nuevo al acumulado de 103,137 millones de euros.
La retribución fija anual de Álvarez-Pallete se mantuvo en 1.923.100 euros desde 2013, cuando todavía era consejero delegado. Telefónica señala que esa cantidad no fue incrementada tras su nombramiento como presidente en 2016 y permaneció sin cambios durante el resto de su mandato. A esa remuneración fija se añadían cada año el incentivo variable a corto plazo, condicionado al cumplimiento de objetivos, los planes de acciones a largo plazo, las aportaciones o consolidaciones en sistemas de ahorro y determinadas prestaciones en especie. También renunció a cobrar las asignaciones que le habrían correspondido como presidente del Consejo de Administración y de la Comisión Delegada, valoradas conjuntamente en 320.000 euros anuales en 2024.
El ejercicio con la mayor remuneración ordinaria antes de su salida fue 2024, cuando devengó 9,649 millones de euros. De esa cantidad, 5,437 millones correspondieron a retribución en metálico; 4,032 millones, al beneficio bruto de acciones o instrumentos financieros consolidados; 132.000 euros, a sistemas de ahorro, y 48.000 euros, principalmente a prestaciones en especie.
También destacó el ejercicio 2021, en el que José María Álvarez-Pallete devengó una remuneración total de 8,725 millones de euros: 7,654 millones en metálico, 902.000 euros vinculados a acciones o instrumentos financieros, 132.000 euros correspondientes a sistemas de ahorro y 37.000 euros por otros conceptos. Dentro de la retribución en metálico se incluyó una remuneración variable extraordinaria de 1.923.100 euros, equivalente a una anualidad de su salario fijo, aprobada por el Consejo de Administración a propuesta de la Comisión de Nombramientos, Retribuciones y Buen Gobierno. Telefónica justificó expresamente esta compensación por la dedicación y participación de sus consejeros ejecutivos en dos operaciones corporativas consideradas de singular relevancia: la creación de Virgin Media O2 y la venta de la división de torres de Telxius. En el primer caso, Telefónica no vendió íntegramente O2, sino que la integró con Virgin Media en una sociedad conjunta participada al 50 % junto a Liberty Global. La operación valoró O2 en 12.700 millones de libras, preveía para Telefónica unos ingresos netos de 5.700 millones de libras —incluido un pago de compensación de 2.500 millones— y estimaba sinergias por 6.200 millones de libras en valor presente neto. En el segundo caso, Telefónica vendió aproximadamente 30.722 emplazamientos de Telxius a American Tower por 7.700 millones de euros en efectivo, con una plusvalía atribuible estimada de 3.500 millones y una reducción prevista de la deuda financiera neta de unos 4.600 millones. El informe oficial de remuneraciones atribuyó a Álvarez-Pallete la dirección de la relación estratégica y de las negociaciones fundamentales con Liberty Global, así como su participación directa en la ejecución de ambas transacciones, motivos utilizados por la compañía para concederle aquella remuneración extraordinaria.
El pago por su salida de Telefónica
El 18 de enero de 2025, el Consejo de Administración resolvió unilateralmente el contrato de Álvarez-Pallete como presidente ejecutivo. La documentación oficial no denomina al pago principal «finiquito», sino pago por cese o indemnización contractual. Conforme a las condiciones de su contrato, recibió una cantidad equivalente a cuatro anualidades de su remuneración, que ascendió exactamente a 23.525.668 euros brutos.
A esa indemnización se añadieron 93.420 euros de retribución fija, correspondientes al periodo comprendido entre el 1 y el 18 de enero de 2025. No percibió retribución variable a corto plazo por ese ejercicio. La suma de su salario de enero y del pago por cese fue clasificada en el informe como 23,619 millones de euros de remuneración en metálico, debido al redondeo de las cifras a miles de euros.
Además, el informe de 2025 reconoció 7,797 millones de euros vinculados a acciones o instrumentos financieros consolidados. Dentro de esta cantidad se incluyeron 3.917.315 euros abonados en marzo de 2025 por el ciclo 2022-2024 del Plan de Incentivo a Largo Plazo, equivalentes al valor de 995.000 acciones; 2,857 millones correspondientes a 725.570 acciones del ciclo 2023-2025, reconocidas proporcionalmente hasta la fecha de su cese, y 1.023.459 euros liquidados en efectivo por su participación proporcional en el ciclo 2024-2026, equivalentes al valor de 259.959 acciones.
El informe contabilizó asimismo 13,092 millones de euros por consolidación de derechos en sistemas de ahorro. El componente principal fue una provisión matemática de 13.086.429 euros correspondiente al Plan de Previsión Social de Directivos. Telefónica precisa expresamente que esa cantidad se incluye en el anexo estadístico como remuneración devengada, pero que no será abonada hasta que se produzca alguna de las contingencias previstas: jubilación, jubilación anticipada, incapacidad permanente o fallecimiento. Por tanto, no puede presentarse como una cantidad ingresada inmediatamente en el momento de su salida.
Finalmente, se contabilizaron aproximadamente 2.000 euros en prestaciones en especie, correspondientes a un seguro médico cuyo coste fue de 531 euros y a un seguro de vida valorado en 1.520 euros. La suma de todos los conceptos —23,619 millones en metálico, 7,797 millones vinculados a planes de acciones, 13,092 millones en sistemas de ahorro y unos 2.000 euros en especie— dio como resultado la remuneración total devengada de 44,510 millones de euros en 2025.
Por tanto, la cantidad que puede identificarse de manera inequívoca como indemnización por el cese de Álvarez-Pallete fue de 23,526 millones de euros brutos. La remuneración total reconocida por Telefónica a raíz de su salida fue considerablemente mayor, 44,510 millones, porque incorporó el salario de enero, los incentivos a largo plazo y la consolidación de derechos de previsión social. No obstante, una parte relevante de esta última cifra, especialmente los 13,086 millones provisionados para su previsión social, no fue cobrada inmediatamente.
El retrato y el balance: cuando el reconocimiento institucional se aleja de la creación de valor
Más allá del acto institucional que hoy se celebre en el Distrito Telefónica, del descubrimiento del retrato y de los previsibles saludos, abrazos y palabras de reconocimiento, la presidencia de José María Álvarez-Pallete exige una reflexión mucho más seria. La historia empresarial no se escribe únicamente con ceremonias, fotografías o cuadros colgados en una galería de expresidentes. Se escribe, ante todo, con resultados, con decisiones y con el valor creado o destruido para quienes confiaron su dinero, su trabajo, su futuro profesional o sus servicios a una compañía.
El padre de la gestión moderna, Peter Drucker, situó la eficacia de la dirección empresarial en los resultados y no en las intenciones, los discursos o el esfuerzo declarado. Para Drucker, la finalidad de una empresa pasa por crear y conservar clientes, y la efectividad de sus responsables debe juzgarse por su capacidad para cumplir los objetivos y sostener el funcionamiento de la organización. Desde esta perspectiva, un presidente no puede ser evaluado por la solemnidad de su despedida, sino por la situación en la que entrega la empresa que recibió.
R. Edward Freeman amplió este principio en el año 1984 con su libro, “Strategic Management: A Stakeholder Approach”. Su teoría sostiene que una empresa debe crear valor mediante la gestión equilibrada de sus relaciones con todos sus grupos de interés: accionistas, trabajadores, clientes, proveedores, socios y comunidades. Los accionistas no son los únicos destinatarios de la gestión empresarial, pero tampoco pueden ser relegados, ignorados o convertidos en los pagadores permanentes de decisiones que benefician principalmente a quienes las adoptan (los directivos).
Aplicada a la presidencia de Álvarez-Pallete, esta concepción obliga a mirar más allá de la reducción de la deuda y de la modernización tecnológica, que constituyen resultados reales de su mandato. También exige observar que la acción pasó de 9,31 euros cuando asumió la presidencia a 3,97 euros en su última sesión completa, una caída aproximada del 57,4 %. La capitalización comparable de cierre anual descendió desde 44.433 millones de euros en 2016 hasta 22.323 millones en 2024, prácticamente la mitad. Los ingresos reportados se redujeron un 20,6 %, la plantilla disminuyó un 20,8 % y los dos últimos ejercicios completos de su mandato terminaron con pérdidas contables, aunque los resultados ajustados permanecieran positivos.
Parte de la reducción de la deuda se consiguió mediante generación de caja, pero otra parte relevante llegó a través de la venta de activos y de la disminución del perímetro: operaciones en Centroamérica, centros de datos, las torres de Telxius y la desconsolidación de O2 Reino Unido tras su integración con Virgin Media. Vender patrimonio reduce deuda y puede ser financieramente necesario, pero no equivale automáticamente a crear valor empresarial duradero. Una empresa puede presentar un balance menos endeudado y, al mismo tiempo, ser más pequeña, generar menos ingresos reportados y valer mucho menos en bolsa.
La teoría de los grupos de interés obliga asimismo a observar lo sucedido con los trabajadores. La plantilla mundial pasó de 127.323 a 100.870 empleados, mientras que en España disminuyó desde 28.107 hasta 18.305. Una parte de esa reducción respondió a cambios de perímetro, pero otra procedió de sucesivos planes de bajas y reestructuración. Para miles de trabajadores, la transformación de Telefónica no fue un concepto estratégico expuesto ante analistas, sino la salida de la empresa, la desaparición de puestos de trabajo y la pérdida de una expectativa profesional construida durante años.
Frente a esta evolución, la remuneración total devengada por Álvarez-Pallete entre 2016 y 2025 alcanzó los 103,137 millones de euros, incluyendo retribuciones en metálico, acciones, sistemas de ahorro y derechos diferidos. Solo la indemnización contractual por su cese ascendió a 23,526 millones de euros brutos, mientras que el total reconocido en 2025 llegó a 44,510 millones. No todo ese importe fue cobrado inmediatamente, pero sí fue reconocido como remuneración devengada por Telefónica.
Esta es la contradicción que el acto institucional que hoy se celebra no debería ocultar: mientras el valor bursátil de la compañía se reducía aproximadamente a la mitad y el accionista veía desplomarse el precio de sus títulos, la remuneración del máximo responsable alcanzaba cifras extraordinarias. Incluso en el año 2021 recibió una retribución variable excepcional equivalente a una anualidad de su salario fijo por su participación en la creación de Virgin Media O2 y en la venta de las torres de Telxius (le premiaron por enajenar perímetro). La dirección fue recompensada por ejecutar operaciones que redujeron deuda y generaron plusvalías, aunque el resultado acumulado para el accionista durante el conjunto del mandato fuera profundamente negativo.
Telefónica contaba al cierre de 2024 con aproximadamente un millón de accionistas registrados. Muchos de ellos son pequeños inversores que confiaron durante años en la compañía, reinvirtieron dividendos, conservaron sus títulos y contemplaron cómo la cotización y la capitalización se deterioraban. Para estas personas, la presidencia de Álvarez-Pallete no puede medirse por el valor artístico de un retrato ni por la cordialidad de una ceremonia. Se mide por el valor de sus ahorros antes y después de su mandato.
No se trata de negar los avances logrados en fibra, 5G, digitalización o reducción del endeudamiento. Se trata de impedir que esos avances se utilicen para borrar el balance completo. Una gestión empresarial rigurosa no selecciona únicamente los indicadores favorables: confronta todos los resultados y determina quién creó valor, quién lo recibió y quién soportó las pérdidas. Desde la perspectiva de Freeman, la creación de valor debe alcanzar al conjunto de los grupos de interés. Cuando el presidente sale extraordinariamente remunerado, mientras los accionistas pierden una parte sustancial de su inversión, los trabajadores soportan ajustes y la compañía reduce su tamaño, el equilibrio entre esos grupos de interés resulta difícil de defender.
La elección equivocada de un presidente en Telefónica puede ser extraordinariamente lesiva para una sociedad. El máximo responsable no administra una empresa propia ni arriesga exclusivamente su patrimonio. Gestiona el capital de cientos de miles de accionistas, el empleo de decenas de miles de trabajadores, infraestructuras esenciales, relaciones con proveedores, compromisos con clientes y un activo estratégico para el país. Una decisión errónea en la cúspide puede mantenerse durante años, extenderse por todo el grupo y destruir un valor que después resulta extremadamente difícil recuperar.
Ese es precisamente el peligro de confundir la continuidad institucional con la absolución de la gestión. Telefónica puede respetar su tradición y colocar el retrato de Álvarez-Pallete junto al de los anteriores presidentes. Lo que no debería hacer es convertir el homenaje en una reescritura complaciente de su mandato. Un cuadro certifica que alguien ocupó la presidencia; no certifica que su gestión fuera satisfactoria.
Hoy habrá aplausos, reconocimientos y gestos de cordialidad. Pero, cuando termine la ceremonia y se apaguen las cámaras, permanecerán los números: una acción que perdió más de la mitad de su valor, una capitalización reducida casi un 50 %, una compañía de menor tamaño y una remuneración excepcional para quien ocupó la máxima responsabilidad ejecutiva. Los retratos pertenecen a la tradición; los resultados pertenecen a los accionistas, a los trabajadores y a la historia. Y esa historia no puede pintarse al gusto de quien encarga el cuadro.
Pero el problema de Telefónica no terminó con la salida de la presidencia de José María Álvarez-Pallete. Los resultados conocidos bajo la presidencia de Marc Murtra no permiten sostener, hasta el momento, que el cambio en la cúpula haya corregido el rumbo descrito en este análisis. Telefónica cerró el año 2025 con unas pérdidas atribuidas de 4.318 millones de euros, un flujo de caja libre de 2.786 millones, un 20,2 % inferior al del ejercicio anterior, y una deuda financiera neta de 26.824 millones; además, la compañía redujo el dividendo correspondiente a 2026 desde los 0,30 euros anteriores hasta 0,15 euros por acción. En el primer trimestre de 2026, aunque el negocio continuado obtuvo beneficios, el resultado ajustado descendió un 21,5 % y las operaciones discontinuadas ocasionaron unas pérdidas adicionales de 798 millones de euros. A ello se suma que la acción cerró el 14 de julio de 2026 en 3,615 euros, por debajo de los 3,97 euros registrados en la última sesión completa de Pallete y también del precio medio de 4,0295 euros que pagó la SEPI para adquirir su participación. El agravante es evidente: el Estado español, a través de la SEPI, posee el 10 % del capital de Telefónica, después de invertir aproximadamente 2.284 millones de euros de recursos públicos, no puede comportarse como un accionista meramente decorativo ante una evolución que afecta al valor de su propia inversión, al ahorro de más de un millón de accionistas, al empleo y a una infraestructura estratégica para el país. La equivocación, por tanto, ya no puede atribuirse exclusivamente a una presidencia pasada: persiste bajo la actual dirección y lo hace con la presencia directa del Estado en el accionariado. Mientras la SEPI no exija una corrección efectiva respaldada por resultados, Telefónica continuará atravesando un prolongado túnel de decisiones directivas manifiestamente mejorables, en el que cambian los nombres de los presidentes, pero los números siguen sin demostrar el cambio de rumbo que la compañía necesita.
Epílogo: cambió el administrador, pero la casa sigue esperando la paz
Al comienzo de este análisis recordábamos la historia de aquel administrador que abandonó la casa después de años de decisiones perjudiciales. Mientras recogía sus pertenencias, uno de los vecinos lo despidió con una frase aparentemente cordial: “Tanta paz lleves como dejas”. Quienes permanecían dentro sabían, sin embargo, que aquellas palabras no eran un homenaje, sino la expresión del alivio que debería producir la marcha de quien había dejado cuentas pendientes, patrimonio enajenado y problemas sin resolver. Pero la anécdota contenía también una advertencia: la paz no llega únicamente porque se marche el administrador; llega cuando quien ocupa su lugar corrige aquello que recibió.
Aplicado a Telefónica, “tanta paz lleves como dejas” no debe entenderse como un ataque personal contra José María Álvarez-Pallete, sino como el balance de una presidencia medido por sus resultados. Durante su mandato, la acción perdió más de la mitad de su valor, la capitalización bursátil se redujo prácticamente un 50 %, los ingresos reportados descendieron, la plantilla se contrajo y la compañía redujo su perímetro mediante la venta de filiales, centros de datos, torres y otros activos. La deuda disminuyó y las redes avanzaron tecnológicamente, pero esos logros no eliminan el deterioro sufrido por el accionista ni permiten presentar como creación de valor integral una gestión que dejó una empresa más pequeña y con mucho menor valor bursátil.
Aquellos resultados tampoco fueron obra exclusiva de una sola persona. Álvarez-Pallete presidía la compañía y asumía la máxima responsabilidad ejecutiva, pero estuvo acompañado por consejos, comisiones y equipos directivos que participaron en la elaboración, aprobación y ejecución de la estrategia. Una parte de esa estructura profesional permaneció en Telefónica después de su salida y continuó desempeñando funciones relevantes bajo la presidencia de Marc Murtra. Por ello, el relevo del presidente no podía considerarse por sí solo una ruptura completa con la etapa anterior: cambiar al administrador sin revisar las decisiones, los incentivos y la estructura que sostuvo su gestión corre el riesgo de prolongar los mismos problemas bajo una firma diferente.
Los números conocidos desde la llegada de Murtra todavía no acreditan la corrección profunda que la compañía necesitaba. Telefónica cerró 2025 con pérdidas atribuidas, redujo el flujo de caja libre y recortó a la mitad el dividendo previsto para 2026. La cotización permanece por debajo del precio registrado en la última sesión completa de Pallete y también del coste medio soportado por la SEPI para adquirir el 10% del capital. El agravante es que ahora el Estado español participa directamente en el accionariado y, por tanto, también responde por la protección de una inversión realizada con recursos públicos.
La casa (Telefónica), en consecuencia, no ha recuperado todavía la tranquilidad que prometía el relevo. Pallete se marchó, pero muchas de las consecuencias de su presidencia permanecieron; Murtra llegó, pero los resultados aún no demuestran que haya logrado cambiar el rumbo. Y mientras parte de las estructuras heredadas continúa gestionando la compañía, los accionistas, los trabajadores y el contribuyente siguen esperando una transformación que se refleje no en discursos, homenajes o nuevos planes estratégicos, sino en cifras.
Telefónica puede colgar hoy un retrato en su galería y cumplir con una tradición institucional. Lo que no puede colgar junto a ese cuadro es una versión complaciente del pasado ni utilizar la ceremonia para absolver una gestión cuyos resultados están escritos en los balances y en la cotización. “Tanta paz lleves como dejas”, decía el vecino de la anécdota. En Telefónica, sin embargo, la paz todavía no ha llegado, porque cambió el administrador, pero la casa continúa soportando las consecuencias de un modelo de dirección que los números siguen mostrando como manifiestamente mejorable.
Ya lo dijo W. Edwards Deming: “El 94 % de los problemas pertenece al sistema y es responsabilidad de la dirección”.










