En los pasillos del congreso Mobile World Congress 2026 que se celebrará en Barcelona en los próximos días, mientras los stands de los grandes hiperescaladores exhibían cifras astronómicas de capacidad y despliegue global, cinco operadores europeos mostraban algo distinto: no una nueva nube gigantesca, sino una demostración de interoperabilidad entre nodos repartidos en distintos países. No era una imagen de concentración, sino de coordinación. Un ingeniero explicaba cómo una aplicación podía migrar en tiempo real desde un nodo en Alemania a otro en España sin que el usuario lo percibiera. Técnicamente impecable. Simbólicamente revelador.
La escena resume bien el momento europeo: frente al modelo de escala vertical y centralizada de los gigantes tecnológicos, Europa ensaya una escala horizontal y federada. No se trata de crear un único campeón continental mediante fusiones, sino de hacer que varios campeones nacionales funcionen como un sistema común. Esa diferencia, más que el propio despliegue técnico, es la verdadera novedad estratégica del European Edge Continuum.
El anuncio del European Edge Continuum en el Mobile World Congress 2026 no es simplemente la presentación de una nueva iniciativa tecnológica, sino la expresión visible de un cambio de paradigma en el sector europeo de las telecomunicaciones. Cinco grandes operadores —Deutsche Telekom, Orange, Telefónica, Telecom Italia y Vodafone— han decidido federar sus infraestructuras de computación en el borde para ganar escala operativa sin recurrir a fusiones. Este movimiento se produce en un contexto marcado por la tensión entre la estrategia de consolidación defendida por la industria y la apuesta de la Comisión Europea por preservar la competencia y fomentar consorcios paneuropeos como vía para reforzar la autonomía tecnológica. Lo que está en juego no es solo una arquitectura técnica, sino el modelo mismo de crecimiento y competitividad del sector en Europa
Hoy podemos leer en la prensa que durante el Mobile World Congress (MWC) 2026 en Barcelona, cinco de los principales operadores de telecomunicaciones de Europa —Deutsche Telekom (Alemania), Orange (Francia), Telefónica (España), Telecom Italia (Italia) y Vodafone (Reino Unido)— han presentado y demostrado en vivo el primer European Edge Continuum federado paneuropeo, un sistema que interconecta sus infraestructuras de computación en el borde (edge computing) para ofrecer una red interoperable y segura con cobertura continental. La demostración ya está operativa en entornos de laboratorio y preproducción como paso previo a su despliegue industrial y comercial.
Esta federación permite que empresas y desarrolladores desplieguen aplicaciones automáticamente y de forma segura en nodos de computación en el borde pertenecientes a diferentes operadores, todo a través de un único punto de acceso. Entre sus ventajas destacan la asignación dinámica de cargas de trabajo, la distribución inteligente de aplicaciones para optimizar rendimiento y costes, y la continuidad del servicio incluso cuando los usuarios se mueven entre redes de distintos operadores. Además, se preservan aspectos clave como la soberanía de datos, interoperabilidad y flexibilidad para clientes empresariales, factores que se consideran fundamentales para la transformación digital europea.
El proyecto forma parte de esfuerzos más amplios de la Unión Europea para reforzar la infraestructura digital soberana y distribuida en Europa, apoyándose en iniciativas como el IPCEI-CIS (Important Project of Common European Interest on Cloud Infrastructure and Services) financiado con fondos de Next Generation EU. Este marco no sólo impulsa la cooperación entre operadores, sino que también abre la puerta a la participación de otros actores tecnológicos europeos, desarrolladores y comunidades de software abierto, configurando un ecosistema abierto y colaborativo con potencial para nuevos modelos de negocio y aplicaciones innovadoras.
El enfoque de computación en el borde implica procesar datos cerca del punto en que se generan, reduciendo latencia y mejorando la eficiencia en aplicaciones en tiempo real —algo esencial para casos de uso avanzados como Internet de las Cosas (IoT), vehículos conectados, industria 4.0, ciudades inteligentes o soluciones con exigencias de respuesta inmediata.
En resumen, este hito representa un paso significativo hacia una infraestructura digital europea más robusta, flexible y soberana, donde la colaboración entre operadores permite superar barreras tradicionales de interoperabilidad y ofrecer servicios distribuidos a gran escala. Este continuum federado, además, puede servir de base a nuevas iniciativas tecnológicas y comerciales en toda Europa https://bit.ly/3MYenq3
El European Edge Continuum es una iniciativa conjunta presentada en el Mobile World Congress 2026 por cinco grandes operadores europeos: Deutsche Telekom, Orange, Telefónica, Telecom Italia y Vodafone.
Se trata de un consorcio que integra las infraestructuras de computación en el borde (edge computing) de estas compañías para crear una red federada e interoperable a escala europea. En lugar de que cada operador gestione su entorno de borde de manera aislada, el proyecto conecta sus nodos para que funcionen como un ecosistema común.
El objetivo principal es permitir que empresas y desarrolladores desplieguen aplicaciones a través de un único punto de acceso, aunque estas se ejecuten físicamente en centros de datos distribuidos entre distintos operadores y países. La federación facilita la asignación dinámica de cargas de trabajo, la continuidad del servicio cuando los usuarios cambian de red y el cumplimiento de requisitos de soberanía y protección de datos dentro del ámbito europeo.
El European Edge Continuum no se plantea como una plataforma cerrada, sino como un ecosistema abierto a la incorporación de otros actores tecnológicos. Su finalidad es ofrecer a clientes empresariales una infraestructura paneuropea coherente que mejore el rendimiento de aplicaciones en tiempo real y simplifique el despliegue de servicios digitales distribuidos en varios países.
La iniciativa European Edge Continuum ha sido interpretada en determinados ámbitos como un primer paso hacia una cooperación industrial europea más estructurada en el ámbito digital, comparable —en términos de lógica estratégica— a la que en su día dio lugar a Airbus en el sector aeronáutico.
El proyecto consiste en la federación de infraestructuras de computación en el borde (edge computing) de varios grandes operadores europeos, con el fin de ofrecer una red interoperable y paneuropea que permita a empresas desplegar aplicaciones digitales distribuidas bajo un único marco técnico. Esta integración persigue reforzar la capacidad tecnológica europea en un ámbito considerado estratégico: la infraestructura digital avanzada para servicios en tiempo real, Internet de las cosas, movilidad conectada e industria inteligente.
La comparación con Airbus no responde a una equiparación estructural —no se trata de una empresa única ni de una fusión industrial—, sino a la idea de cooperación estratégica entre grandes actores europeos para ganar escala, autonomía y capacidad competitiva frente a grandes plataformas tecnológicas globales, principalmente estadounidenses y asiáticas.
En este sentido, la iniciativa encaja con los planteamientos recogidos en los informes recientes sobre competitividad europea elaborados por Mario Draghi y Enrico Letta. Ambos han defendido la necesidad de reforzar la integración del mercado interior, eliminar fragmentaciones regulatorias y promover proyectos industriales transnacionales en sectores estratégicos, incluyendo tecnología, energía y defensa. Sus propuestas insisten en la creación de capacidades europeas propias, mayor coordinación entre Estados miembros y el impulso de inversiones conjuntas para competir a escala global.
El European Edge Continuum se alinea con esos postulados en la medida en que busca superar la fragmentación nacional de infraestructuras digitales, crear interoperabilidad transfronteriza y ofrecer a empresas europeas una base tecnológica común dentro del mercado interior. No constituye una política pública en sí misma, pero sí un ejemplo de cooperación industrial privada coherente con el objetivo político de fortalecer la soberanía tecnológica y la competitividad europea. En suma, la iniciativa representa un esfuerzo coordinado entre grandes operadores para construir una infraestructura digital federada a escala europea, en consonancia con las estrategias recientes orientadas a reforzar la autonomía estratégica y la integración del mercado interior en sectores clave.
El impulso reciente a fórmulas de cooperación como el European Edge Continuum debe entenderse en el contexto de la evolución regulatoria y estratégica del sector europeo de las telecomunicaciones en los últimos años. Las grandes operadoras europeas venían reclamando a la Comisión Europea una revisión profunda del marco competitivo del sector. Su posición sostenía que el mercado europeo estaba excesivamente fragmentado —con múltiples operadores por país y fuertes límites a la concentración transfronteriza—, lo que dificultaba alcanzar la escala necesaria para competir con gigantes tecnológicos globales. En ese contexto, el sector solicitaba una relajación de las normas de competencia que facilitara fusiones y consolidación, así como la introducción de un mecanismo conocido como “fair share”, consistente en que las grandes plataformas digitales (las denominadas OTT, over-the-top, como servicios de vídeo o redes sociales) contribuyeran económicamente al mantenimiento y despliegue de las redes, dado el volumen de tráfico que generan.
Sin embargo, la orientación de la Comisión Europea no se dirigió hacia esos planteamientos. Con la aprobación de la Ley de Servicios Digitales (DSA) y el desarrollo de otras iniciativas regulatorias digitales, el enfoque comunitario se centró en la responsabilidad, supervisión y transparencia de las grandes plataformas, pero no incorporó un sistema de peaje obligatorio a favor de las telecos. Tampoco supuso una flexibilización generalizada de las reglas de competencia para favorecer consolidaciones masivas en el sector.
Paralelamente, la Comisión ha defendido con firmeza una estrategia basada en la cooperación industrial estructurada y en la creación de consorcios paneuropeos como vía para ganar escala y competitividad. Esta lógica se ha visto reflejada en instrumentos como los proyectos importantes de interés común europeo (IPCEI) y en la promoción de alianzas industriales en ámbitos estratégicos. El planteamiento comunitario prioriza la colaboración transnacional, la interoperabilidad y la integración del mercado interior antes que la concentración empresarial tradicional.
Ante la falta de avances en las reivindicaciones sobre “fair share” y relajación de competencia, parte de la industria europea de telecomunicaciones ha orientado sus esfuerzos hacia modelos de federación y cooperación técnica que permitan generar escala sin necesidad de fusiones estructurales. Iniciativas como el European Edge Continuum responden a esa lógica: en lugar de consolidar empresas, se federan infraestructuras para ofrecer servicios conjuntos a escala europea, manteniendo la autonomía jurídica de cada operador.
En consecuencia, el movimiento no nace tanto de un cambio ideológico del sector como de una adaptación estratégica al marco regulatorio existente, es lo que podríamos decir según el refranero español, “a la fuerza ahorcan”. Frente a una Comisión que apuesta por consorcios y por la construcción de capacidades comunes dentro del mercado interior, y que no ha aceptado plenamente las demandas de consolidación o de peaje obligatorio a las OTT, las telecos han optado por fórmulas de cooperación técnica que les permitan ganar escala operativa y reforzar su competitividad dentro de las reglas vigentes.
A continuación hago una cuantificación de la escala de mercado y de la magnitud en euros que el European Edge Continuum puede abordar según estudios y fuentes públicas, y las cifras públicas de inversión/ambición de la Unión Europea que fijan el contexto de la oportunidad.
El mercado europeo de edge computing (todo el conjunto de hardware, software y servicios desplegados en el borde) fue valorado en 7 mil millones de $ en 2025 y, según un informe sectorial, se proyecta que alcance 49.6 mil millones $ en 2034. Tomando como referencia la cotización del euro frente al dólar publicada por el Banco Central Europeo en febrero de 2026 (≈ 1 EUR = 1,1767 USD), esos importes equivalen a aproximadamente 5,95 mil millones de € en 2025 y €42,15 mil millones de € en 2034.
Si se mira sólo el segmento industrial del edge (aplicaciones en manufactura, automoción, energía, logística), otro estudio de mercado sitúa el valor en 6,6 mil millones $ en 2025 y lo proyecta en 19,11 mil millones $ en 2034; aplicado el mismo tipo de cambio, esto equivale a aproximadamente 5,61 mil millones € (2025) y 16,24 mil millones € (2034).
La Comisión Europea ha fijado objetivos y despliegues que contextualizan la escala potencial que una federación paneuropea puede explotar: la estrategia de nube y edge de la UE contempla metas como que el 75 % de las empresas utilicen tecnologías cloud-edge y el despliegue de 10.000 nodos edge climáticamente neutros para el año 2030, lo que define una demanda y una hoja de ruta de infraestructura a nivel continental. Además, la Comisión lanzó estudios específicos sobre el potencial económico del “far edge” (borde lejano) y ha financiado investigaciones para cuantificar oportunidades sectoriales.
En términos de compromisos de inversión detectados en hojas de ruta y documentos públicos, hay estimaciones y compromisos de orden de miles de millones de euros para infraestructuras de nube/edge (por ejemplo, cifras agregadas de inversiones en infraestructura “near” y “far” edge que aparecen en roadmaps tecnológicos europeos indican partidas del orden de 1–3 mil millones € para despliegues específicos o programas pilotos), lo que muestra que la inversión pública-privada necesaria para desarrollar la capa de borde es sustantiva y ya está siendo presupuestada.
¿Qué representan estas cifras respecto a la escala que puede alcanzar el consorcio?
- En términos absolutos, el European Edge Continuum estaría posicionándose para operar dentro de un mercado que, según estudios comerciales, podrá moverse desde ≈6 mil millones € (2025) hasta ≈42 mil millones € (2034) en toda la región europea; para el segmento industrial la horquilla sería ≈5,6 mil millones € → ≈16,2 mil millones € en el mismo horizonte. Estas cifras son las estimaciones de tamaño de mercado publicadas por analistas del sector.
- En cuanto a inversión pública/planificada que facilita el despliegue (capacidades, nodos, programas piloto e instrumentos europeos), los documentos de la UE y roadmaps técnicos consignan partidas e iniciativas por centenas de millones y en algunos bloques por miles de millones de euros, lo que define el volumen de apoyo y la demanda potencial para una federación operativa a escala paneuropea.
Fuentes citadas (selectas, para que el lector pueda verificar las cifras):
- Informe de mercado — Europe edge computing market: valoración y proyecciones en USD https://bit.ly/4c5ylth
- Informe de mercado — Europe industrial edge market: valoración y proyecciones en USD https://bit.ly/4c5BB7Z
- Página de la Comisión Europea sobre objetivos de nube y edge (Digital Decade / Cloud and Edge ambition) https://bit.ly/4b2ACnY
- Convocatoria/iniciativa de la Comisión sobre el potencial económico del far edge (estudio/licitación) https://bit.ly/4avFdiq
- Referencia del tipo de cambio EUR↔USD usada para convertir las cifras (citas del ECB / cotizaciones de febrero de 2026) https://bit.ly/4qQy2Ge
Según los estudios de mercado citados, la dimensión del mercado europeo de edge computing que el consorcio puede abordar se mide en miles de millones de euros: ≈€6.0 bn € (2025) creciendo hasta ≈€42.2 bn € (2034) en el conjunto del edge, y ≈€5.6 bn → ≈€16.2 bn € en el segmento industrial. Las ambiciones e inversiones públicas europeas (nodos, programas y financiación) añaden órdenes de magnitud de inversión pública y facilitan que esa escala sea alcanzable a nivel paneuropeo. Las cifras anteriores proceden de los informes y páginas oficiales citadas.
Más allá de lo ya expuesto —presentación en el Mobile World Congress 2026, interoperabilidad técnica, encaje con el IPCEI-CIS y dimensión de mercado— pueden añadirse algunos elementos relevantes sobre la formación y arquitectura del consorcio que completan la fotografía de dicho consorcio.
En primer lugar, el European Edge Continuum no se constituye como una nueva sociedad mercantil conjunta, sino como una federación técnica y operativa entre operadores que mantienen plena independencia jurídica y comercial. Los participantes —Deutsche Telekom, Orange, Telefónica, Telecom Italia y Vodafone— coordinan estándares técnicos, interfaces y mecanismos de orquestación, pero no integran balances ni estructuras societarias. La cooperación se articula sobre acuerdos multilaterales que permiten la interconexión de nodos edge y la portabilidad de cargas de trabajo entre redes nacionales.
En segundo lugar, la federación se apoya en estándares abiertos y marcos de interoperabilidad comunes, condición necesaria para que las aplicaciones puedan desplegarse en distintos países sin rediseño. Esto implica alineación en capas de virtualización, orquestación, APIs y mecanismos de identidad y seguridad. La elección de marcos abiertos responde a la voluntad de facilitar la incorporación futura de nuevos operadores o proveedores tecnológicos sin generar dependencia de un único suministrador.
En tercer lugar, la formación del consorcio refleja una lógica de federación horizontal entre incumbentes nacionales en lugar de integración vertical con fabricantes o proveedores cloud concretos. Es decir, el núcleo del acuerdo se produce entre operadores de red, que son quienes controlan la infraestructura física y el acceso al cliente empresarial, dejando abierta la capa superior para integradores, desarrolladores y ecosistemas de software.
El European Edge Continuum se centra en coordinar y federar la infraestructura de red y de computación en el borde que controlan los operadores —es decir, la capa física y la capa básica de virtualización—, pero no cierra ni reserva para sí la capa de aplicaciones y servicios que se ejecutan sobre esa infraestructura.
Cuando se dice que “se deja abierta la capa superior para integradores, desarrolladores y ecosistemas de software”, se está aludiendo a lo siguiente:
- Separación por capas
tecnológicas.
En una arquitectura digital existen varias capas: - Infraestructura física (redes, centros de datos, nodos edge).
- Capa de virtualización y orquestación.
- Capa de plataformas y middleware.
- Capa de aplicaciones y servicios finales.
El consorcio actúa principalmente en las dos primeras: conecta y coordina los nodos edge de los operadores para que funcionen como una red paneuropea.
- Neutralidad en la capa
de aplicaciones.
La capa superior —donde se desarrollan aplicaciones industriales, soluciones IoT, plataformas logísticas, sistemas de movilidad conectada, etc.— no queda restringida a un proveedor concreto ni a un único ecosistema propietario. Esto significa que: - Una empresa de software puede desplegar su aplicación en la infraestructura federada sin depender de un fabricante específico.
- Un integrador tecnológico puede combinar soluciones de distintos proveedores.
- No se impone una única nube propietaria ni un único estándar cerrado.
- Modelo abierto frente a
integración vertical.
Si hubiera integración vertical, el consorcio podría estar ligado a un proveedor concreto de nube o a un fabricante determinado, limitando quién puede desarrollar o integrar servicios sobre la plataforma.
En cambio, al dejar abierta la capa superior: - Se fomenta la competencia entre desarrolladores.
- Se facilita la innovación.
- Se evita dependencia tecnológica exclusiva.
En términos prácticos, esto implica que los operadores proporcionan la infraestructura interoperable común, pero el valor añadido —aplicaciones industriales, soluciones sectoriales, plataformas digitales— puede ser creado por terceros. Así, el consorcio actúa como una infraestructura habilitadora, no como un proveedor cerrado de servicios finales.
En resumen, “dejar abierta la capa superior” significa que la federación construye la base técnica común, pero permite que sobre ella compitan y colaboren libremente desarrolladores, integradores y empresas de software, sin imponer un ecosistema único ni cerrado.
Hay que decir que cuando se habla de que la “capa superior” queda abierta, significa que empresas tecnológicas e industriales pueden desarrollar soluciones sobre esa infraestructura federada, siempre que cumplan los estándares técnicos y de interoperabilidad definidos por los operadores.
En ese sentido, compañías como:
- Nokia
- Ericsson
- Indra
- Leonardo
- SAP
- Thales Group
sí podrían tener cabida, pero en distintos roles.
Hay que distinguir tres niveles:
- Infraestructura de red
y edge físico
Aquí los protagonistas son los operadores (Deutsche Telekom, Orange, Telefónica, etc.). Empresas como Nokia o Ericsson podrían participar como proveedores de tecnología (equipamiento 5G, edge nodes, software de red). - Plataformas y
middleware
Empresas como SAP podrían desplegar soluciones empresariales adaptadas a entornos edge (por ejemplo, analítica en tiempo real para industria). - Aplicaciones
sectoriales avanzadas
Indra, Leonardo o Thales podrían desarrollar soluciones para defensa, movilidad inteligente, gestión aeroportuaria, tráfico ferroviario, sistemas críticos, etc., que se ejecuten sobre la infraestructura edge federada.
Lo importante es que el consorcio no reserva esa capa para sí mismo, ni la limita a un único proveedor cloud global. La infraestructura federada actúa como base técnica común, pero el valor añadido lo pueden construir terceros.
En resumen, si empresas como Nokia, Ericsson, SAP, Indra, Leonardo o Thales podrían desarrollar soluciones sobre esa capa, ya sea como proveedores tecnológicos, integradores de sistemas o desarrolladores de aplicaciones sectoriales, siempre dentro del marco técnico y contractual que establezcan los operadores que forman el European Edge Continuum.
Además, desde el punto de vista geográfico, la iniciativa cubre de inicio los principales mercados de Europa occidental (Alemania, Francia, España, Italia y Reino Unido), lo que ya supone una masa crítica significativa en términos de PIB, tejido industrial y base empresarial. La arquitectura federada permite, en principio, la ampliación a otros operadores europeos sin necesidad de rediseñar el modelo estructural, lo que convierte al consorcio en escalable por adhesión.
Por último, en términos institucionales, la iniciativa se alinea con el marco estratégico de la UE en materia digital —incluida la Digital Services Act (DSA) en lo relativo a gobernanza del entorno digital y el programa de Década Digital—, pero no depende de una regulación específica que la cree o imponga. Es una respuesta empresarial coordinada dentro del marco normativo vigente, lo que refuerza su carácter voluntario y cooperativo.
En síntesis, además de los aspectos técnicos y económicos ya señalados, puede añadirse que el European Edge Continuum se caracteriza por:
- una federación sin fusión societaria,
- uso de estándares abiertos e interoperables,
- cooperación horizontal entre operadores incumbentes,
- escalabilidad por adhesión de nuevos miembros,
- y encaje estratégico en las políticas europeas sin ser una entidad pública.
Estos elementos completan la comprensión de cómo se ha configurado el consorcio y cuál es su naturaleza estructural dentro del ecosistema digital europeo.
La capacidad del European Edge Continuum para competir con los grandes hiperescaladores debe analizarse diferenciando claramente qué tipo de servicios ofrece cada uno y en qué segmento del mercado operan.
Los grandes proveedores globales de nube —como Amazon Web Services, Microsoft (Azure) o Google (Google Cloud)— son hiperescaladores porque operan infraestructuras cloud masivas, con centros de datos distribuidos globalmente, economías de escala muy elevadas y una oferta completa que abarca infraestructura (IaaS), plataformas (PaaS), bases de datos, inteligencia artificial, herramientas de desarrollo y servicios empresariales avanzados.
El European Edge Continuum, por su parte, no es un proveedor cloud unificado ni una empresa única. Es una federación de infraestructuras edge de operadores europeos que permite ejecutar aplicaciones cerca del usuario final o del punto donde se generan los datos. Su foco principal es la baja latencia, la proximidad geográfica, la soberanía de datos y la interoperabilidad transfronteriza dentro de Europa.
Desde esta perspectiva, el consorcio no compite frontalmente con los hiperescaladores en todo el espectro de servicios cloud. No ofrece —al menos en su concepción actual— un catálogo integral comparable al de AWS o Azure. Tampoco concentra la inversión ni la integración vertical que caracteriza a los hiperescaladores.
Sin embargo, sí puede competir en segmentos específicos:
- Servicios que requieren ultra baja
latencia
Aplicaciones industriales en tiempo real, automatización avanzada, vehículos conectados o procesamiento local de datos críticos son áreas donde el edge federado puede tener ventaja estructural, porque los operadores controlan la red y pueden situar capacidad de cómputo en nodos muy próximos al usuario. - Entornos regulados y soberanía de
datos
En sectores donde la localización de datos, el cumplimiento normativo europeo o la autonomía estratégica son prioritarios, una infraestructura paneuropea federada puede resultar más atractiva que una nube gestionada por un proveedor no europeo. - Integración red-computación
Los operadores tienen control directo de la red de acceso (5G y fibra). Esto les permite integrar conectividad y cómputo en el borde de forma más estrecha que un proveedor cloud puro.
No obstante, existen limitaciones claras:
- Los hiperescaladores poseen mayor escala financiera y tecnológica global.
- Disponen de ecosistemas consolidados de desarrolladores.
- Ofrecen un portafolio mucho más amplio de servicios avanzados (IA, machine learning, big data, herramientas DevOps, etc.).
- Tienen presencia comercial mundial y una base instalada masiva.
Por tanto, el European Edge Continuum no sustituye ni desplaza a los hiperescaladores en el mercado global de servicios cloud. Más bien puede posicionarse como:
- Complemento en arquitecturas híbridas (cloud central + edge europeo federado).
- Alternativa parcial en determinados casos de uso críticos o regulados.
- Infraestructura estratégica europea en ámbitos industriales y de servicios públicos.
En conclusión, el consorcio puede “plantar cara” a los hiperescaladores en nichos concretos —especialmente donde la proximidad, la regulación europea y la integración con la red sean determinantes—, pero no constituye, en su estado actual, un competidor integral del modelo de hiperescalador global. Se trata de una estrategia de escala federada y especialización, no de replicación del modelo cloud dominante.
Una cuestión importante es que este consorcio que se presentará en el Mobile World Congress (MWC) 2026 en Barcelona, introduce un elemento estratégico relevante: la disonancia entre la estrategia corporativa de una operadora como Telefónica y la lógica de cooperación federada promovida a escala europea.
El plan estratégico de Telefónica denominado “Transformación y Crecimiento”, según lo publicado en prensa económica, sitúa como palanca principal para ganar escala la consolidación sectorial mediante fusiones y adquisiciones (M&A). Esa orientación responde a un diagnóstico compartido por buena parte del sector: el mercado europeo de telecomunicaciones está fragmentado, con múltiples operadores por país, lo que limita economías de escala, capacidad inversora y rentabilidad frente a competidores globales.
Sin embargo, la Comisión Europea mantiene un marco de competencia que, aunque ha autorizado operaciones puntuales, no ha modificado estructuralmente las reglas antitrust para facilitar una consolidación masiva transfronteriza. La política comunitaria sigue priorizando la preservación de la competencia efectiva en los mercados nacionales de telecomunicaciones, lo que restringe fusiones que reduzcan significativamente el número de operadores.
En este contexto, se produce una tensión estratégica:
- Por un lado, la industria —incluida Telefónica— ha defendido históricamente que la escala debe alcanzarse vía consolidación empresarial, reduciendo el número de actores y aumentando tamaño y eficiencia.
- Por otro, la Comisión promueve escala mediante cooperación estructurada y consorcios, sin alterar las reglas básicas de competencia.
El European Edge Continuum encaja claramente con esta segunda lógica: no implica fusiones ni integración societaria, sino federación técnica entre operadores independientes. Desde el punto de vista jurídico, no altera la estructura del mercado minorista ni reduce el número de competidores; por ello es compatible con el marco vigente.
Si el plan estratégico de Telefónica no sitúa explícitamente al consorcio como eje vertebrador, ello puede interpretarse como que la compañía sigue considerando que la escala “real” —en términos financieros, comerciales y de poder de mercado— proviene principalmente de la consolidación corporativa. El consorcio, en ese caso, sería una herramienta complementaria, no sustitutiva de una estrategia de M&A.
En síntesis, la situación refleja una divergencia muy importante en el enfoque que hoy tiene Europa y que la Telefónica de Murtra ha fijado en su plan estratégico:
- Industria (Telefónica): ganar escala estructural mediante fusiones y adquisiciones.
- Comisión Europea: preservar competencia y fomentar cooperación federada para ganar capacidad tecnológica sin concentración empresarial.
El European Edge Continuum aparece, así, como una fórmula de adaptación al marco regulatorio vigente, mientras que la aspiración a consolidación empresarial sigue presente en la estrategia declarada de algunos operadores con escasos visos de tener realización al ir contra los principios definidos por el “guiadance” que Draghi y Letta han fijado en sus libros blancos sobre competitividad y mercado interior y que son los referentes de la Comisión Europea.
La presentación del European Edge Continuum en el Mobile World Congress 2026 introduce una tensión estratégica evidente entre el marco europeo actual y la narrativa de escala defendida por la dirección de Telefónica bajo el plan “Transformación y Crecimiento”.
Si la estrategia declarada por la compañía sitúa la consolidación vía fusiones y adquisiciones como principal mecanismo para ganar tamaño, eficiencia y capacidad competitiva, la aparición de un consorcio federado —alineado con la lógica de cooperación promovida por la Comisión Europea— desplaza el eje de la discusión hacia un terreno distinto: la escala ya no se plantea prioritariamente como concentración societaria, sino como interoperabilidad y coordinación técnica.
En ese contexto, la posición del presidente Marc Murtra en Telefónica queda en una situación muy precaria en varios ámbitos concretos:
1. Coherencia estratégica interna
Si Telefónica participa activamente en una federación paneuropea para ganar escala operativa sin fusionarse, ello evidencia que la compañía reconoce, de facto, que la vía consorcial es hoy viable dentro del marco regulatorio vigente. Esto puede interpretarse como una adaptación pragmática, pero también introduce una posible disonancia entre el discurso de consolidación estructural y la práctica de cooperación técnica. La escala federada no sustituye la escala financiera o de balance que aporta una fusión, pero sí demuestra que existen alternativas funcionales dentro de las reglas actuales.
2. Dependencia del marco regulatorio europeo
La estrategia de M&A depende directamente de la flexibilización de las normas de competencia. Si la Comisión mantiene su línea —priorizando cooperación antes que concentración—, la probabilidad de grandes fusiones transfronterizas se reduce significativamente. En ese escenario, una estrategia centrada en consolidación puede quedar limitada por factores exógenos. El consorcio, en cambio, se desarrolla dentro del marco permitido. Esto sitúa a Telefónica en una posición de cierta precariedad estratégica si su hoja de ruta principal requiere cambios regulatorios que no están garantizados.
3. Escala operativa frente a escala financiera
El European Edge Continuum ofrece escala tecnológica y geográfica sin integración de balances. Sin embargo, no resuelve problemas estructurales del sector como:
- baja rentabilidad relativa frente a EE.UU.,
- elevada intensidad de capital,
- presión competitiva en mercados nacionales,
- fragmentación accionarial.
Si la consolidación no avanza y el crecimiento orgánico es limitado, Telefónica podría encontrarse en un punto intermedio: sin la escala financiera plena que otorgan las fusiones y dependiendo de mecanismos federados que no incrementan directamente tamaño de mercado ni márgenes estructurales.
4. Narrativa frente a realidad industrial
La Comisión Europea, apoyada en las orientaciones estratégicas asociadas a Mario Draghi y Enrico Letta sobre competitividad e integración del mercado interior, ha priorizado proyectos transnacionales cooperativos. Si ese es el marco dominante, la narrativa de consolidación como solución principal pierde centralidad política. Telefónica, al participar en el consorcio, se alinea operativamente con ese enfoque, aunque estratégicamente siga defendiendo otro.
5. Riesgo de posicionamiento intermedio
El mayor riesgo no es participar en el consorcio, sino quedar en una posición híbrida:
- sin consolidación estructural efectiva,
- sin convertirse en un hiperescalador,
- y dependiendo de alianzas federadas que requieren coordinación compleja entre varios operadores con intereses nacionales propios.
En síntesis, tras la presentación del consorcio, Murtra no queda deslegitimado estratégicamente, pero sí en una posición donde la vía de fusiones aparece condicionada por un entorno regulatorio poco proclive a cambios profundos. Telefónica se ve obligada a operar simultáneamente en dos planos: defender consolidación como horizonte estructural y, al mismo tiempo, desarrollar cooperación federada como solución práctica inmediata.
La precariedad no es operativa —la compañía sigue siendo uno de los grandes operadores europeos—, sino estratégica: su principal palanca declarada de escala depende de decisiones regulatorias que no controla, mientras que el camino que sí avanza es el de los consorcios, que no modifican sustancialmente la estructura competitiva del mercado europeo.
Para completar el análisis pueden añadirse algunos elementos que matizan y equilibran la situación, incorporando dimensiones que aún no han sido desarrolladas y que son relevantes para una visión estratégica completa.
En primer lugar, conviene introducir la dimensión financiera y de mercado de capitales. La estrategia basada en fusiones y adquisiciones no solo responde a una lógica industrial, sino también a una lógica bursátil. Los mercados tienden a premiar historias de consolidación cuando estas prometen mejora de márgenes, reducción de costes y mayor poder de fijación de precios. Si el entorno regulatorio europeo limita esa vía, Telefónica podría enfrentarse a un reto adicional: mantener una narrativa de creación de valor convincente ante inversores en ausencia de grandes movimientos corporativos. El consorcio edge, por sí mismo, no transforma inmediatamente la cuenta de resultados ni altera la estructura de ingresos del grupo.
En segundo lugar, es útil añadir la dimensión geopolítica y estratégica europea. La Comisión no solo está defendiendo competencia, sino también autonomía estratégica y resiliencia tecnológica. El European Edge Continuum se inserta en esa lógica. Telefónica, al participar, no queda necesariamente en contradicción con su estrategia (pero tiene pocos visos de concretarse tras la posición de la Comisión Europea), sino que podría estar asegurando posicionamiento institucional en un entorno donde Bruselas valora cooperación industrial paneuropea. Desde esta óptica, la participación no es debilidad, sino cobertura estratégica frente a un cambio de paradigma europeo.
En tercer lugar, falta incorporar el factor temporal. La consolidación estructural es una estrategia de medio o largo plazo que depende de ciclos regulatorios y políticos. Los consorcios federados, en cambio, pueden implementarse más rápidamente. En este sentido, no son necesariamente excluyentes. Telefónica puede estar operando con una doble velocidad: cooperación técnica inmediata y consolidación como horizonte condicionado al cambio de opinión en Europa. La otra variable que hay que ponderar es, ¿Tiene Murtra crédito como presidente para seguir el tiempo que se necesita para alcanzar dicho cambio de opinión europea?
En cuarto lugar, conviene matizar el concepto de “precariedad”. No se trata de una precariedad institucional o de liderazgo, sino de incertidumbre estratégica estructural del sector europeo en su conjunto. Todos los grandes operadores comparten la misma limitación regulatoria. Por tanto, la situación no es singular de Telefónica, sino sistémica.
Por último, puede añadirse una reflexión sobre el riesgo de ejecución del propio consorcio. La federación técnica requiere gobernanza compleja, coordinación entre cinco grandes operadores y alineación de intereses nacionales. Si el consorcio no logra traducirse en contratos relevantes, ingresos o ventajas competitivas tangibles, la cooperación podría quedar en un plano más simbólico que transformador. Este riesgo también forma parte del equilibrio estratégico.
En suma, para completar el análisis conviene añadir:
- La dimensión financiera y la percepción del mercado.
- La lógica geopolítica europea de autonomía estratégica.
- El factor temporal (corto plazo consorcio vs. largo plazo consolidación).
- El carácter sistémico de la limitación regulatoria.
- El riesgo de ejecución y gobernanza del propio consorcio.
Con estos elementos, el análisis deja de centrarse únicamente en la aparente disonancia entre Murtra y la Comisión y pasa a describir un entorno más amplio de transición estratégica del sector europeo de telecomunicaciones, donde la incertidumbre no es exclusivamente corporativa, sino estructural.
En última instancia, el European Edge Continuum simboliza algo más profundo que un acuerdo técnico entre operadores: refleja el momento de inflexión del modelo europeo de telecomunicaciones. Europa ha optado por preservar la competencia y promover escala mediante cooperación estructurada antes qué mediante concentración empresarial, desplazando el eje estratégico desde la fusión hacia la federación. En ese marco, Telefónica —como el resto de incumbentes— se ve obligada a adaptar su narrativa de consolidación a una realidad donde la integración societaria no es hoy la vía prioritaria. El consorcio no resuelve los desequilibrios estructurales del sector, pero sí evidencia que la escala operativa puede construirse sin alterar la arquitectura competitiva del mercado interior. La cuestión de fondo ya no es si la consolidación es deseable, sino si el modelo europeo de cooperación federada será capaz de generar la rentabilidad y la competitividad global que la industria lleva años reclamando.
Para terminar el post quiero manifestar que aquella escena en los pasillos del Mobile World Congress 2026, con ingenieros demostrando cómo una aplicación saltaba de un nodo alemán a otro español sin fricción, no era solo una prueba técnica. Era la constatación de que la realidad ha terminado imponiéndose a las preferencias ideológicas del sector. Durante años, buena parte de la industria europea defendió que la única vía para ganar escala era la concentración: menos operadores, balances más grandes, más poder de mercado. Sin embargo, la fuerza de los hechos —un marco regulatorio estable, una Comisión decidida a preservar la competencia y una agenda estratégica alineada con los planteamientos de Mario Draghi y Enrico Letta— ha desembocado en lo que muchos no querían asumir: la formación de un consorcio como instrumento de escala.
El European Edge Continuum no nace del entusiasmo doctrinal, sino de la necesidad estratégica. Y precisamente por eso es relevante. Representa un giro pragmático: si la concentración no es viable, la cooperación estructurada es el camino. Ojalá no sea un caso aislado, sino el inicio de una arquitectura industrial más ambiciosa que permita a Europa no perder pie frente a los gigantes norteamericanos y chinos en infraestructuras digitales críticas. El precedente existe: Airbus demostró que la cooperación transnacional bien diseñada puede crear campeones globales sin diluir la competencia interna del continente.
En contraste, la Telefónica presidida por Marc Murtra queda desalineada respecto al foco que se ha abierto en Europa. Su plan “Transformación y Crecimiento” pivota sobre la consolidación vía fusiones y adquisiciones como eje vertebrador de la escala. Sin embargo, esa no es la dirección que marca hoy Bruselas. La Comisión Europea no ha dado señales de flexibilizar estructuralmente las reglas de competencia, y los informes estratégicos que orientan la política comunitaria apuntan hacia cooperación industrial, interoperabilidad y proyectos paneuropeos, no hacia concentración empresarial. Persistir en una narrativa centrada en M&A como solución principal supone apostar por un cambio regulatorio que no se vislumbra en el horizonte inmediato.
El riesgo para Telefónica no es operativo, sino estratégico: quedar anclada en un marco conceptual que no coincide con el diseño industrial europeo en construcción. Mientras el continente ensaya fórmulas de federación para ganar autonomía tecnológica, sostener que la única escala válida es la societaria implica situarse fuera del eje de transformación real. Europa ha trazado un modelo; la cuestión es si todos los actores relevantes están dispuestos a asumirlo.
Si el European Edge Continuum es el primer paso, su éxito o fracaso marcará el rumbo del sector. Pero una cosa ya es evidente: la escala europea del futuro no parece construirse exclusivamente a golpe de fusiones, sino a través de arquitectura compartida. Y en esa arquitectura, el ejemplo de Airbus no es una metáfora retórica, sino un recordatorio de que la cooperación estratégica puede ser tan poderosa como la concentración. El sector teleco europeo necesita un faro; ahora queda por ver quién decide mirarlo.
Ya lo dijo Enrico Letta: “Airbus demuestra que cuando Europa une fuerzas puede competir y ganar a escala global.”






