Los estadios llevan años funcionando como auténticos laboratorios para explorar las posibilidades del 5G. En 2022, Orange, Ericsson y Cinfo utilizaron el estadio de O Couto, en Ourense, como escenario de pruebas para las retransmisiones deportivas, mediante cobertura 5G y nueve cámaras integradas en un sistema de producción automática y remota para la Televisión de Galicia. El objetivo era comprobar cómo las redes móviles de nueva generación podían simplificar la producción audiovisual y reducir parte de la infraestructura necesaria para cubrir un acontecimiento deportivo. Precisamente, estadios, pabellones, aeropuertos y grandes recintos se encuentran entre los escenarios donde bandas de enorme capacidad como los 26 GHz pueden resultar especialmente útiles, ya que permiten atender grandes concentraciones de usuarios y aplicaciones profesionales dentro de superficies relativamente reducidas.
La decisión de Vodafone España de devolver al Estado los 400 MHz que tenía adjudicados en la banda de 26 GHz va más allá del ahorro asociado a unas frecuencias que apenas utilizaba. Aunque su impacto inmediato sobre la red y los clientes es reducido, la medida plantea cuestiones relevantes sobre el futuro de esta banda, la estrategia de sus competidores y la gestión del espectro 5G en España. Analizamos qué consecuencias puede tener y qué puede ocurrir ahora con las frecuencias devueltas.
Vodafone España renuncia a la banda de 26 GHz del 5G para reducir los costes asociados al espectro
Vodafone España ha renunciado formalmente a su concesión de espectro en la banda de 26 GHz, devolviendo al Estado los 400 MHz que le fueron adjudicados en la subasta de espectro para telefonía móvil 5G celebrada en diciembre de 2022. Con esta decisión, la operadora elimina los costes recurrentes vinculados al mantenimiento de unas frecuencias que apenas estaban siendo utilizadas y para las que no tenía previsto realizar un despliegue específico de red.
La devolución permitirá a Vodafone España dejar de abonar las tasas anuales asociadas a estos 400 MHz, estimadas en aproximadamente 160.000 euros al año. La decisión se produce en un contexto en el que el despliegue comercial de la banda de 26 GHz continúa siendo muy reducido en España. Actualmente, esta frecuencia cuenta con solo siete emplazamientos activos en todo el territorio nacional: cinco pertenecientes a Movistar y dos a Orange, mientras que Vodafone no dispone de ninguno.
La banda de 26 GHz forma parte del espectro destinado al desarrollo del 5G y presenta unas características especialmente orientadas a proporcionar una elevada capacidad de transmisión de datos en espacios con una gran concentración de usuarios. Entre sus posibles aplicaciones se encuentran zonas urbanas con una elevada densidad de tráfico, recintos o acontecimientos multitudinarios y otros lugares en los que se produzcan grandes concentraciones de conexiones simultáneas. Sin embargo, su utilización efectiva en España continúa siendo limitada.
Fuentes de Vodafone España han explicado que la devolución de estas frecuencias permite eliminar los costes asociados a un espectro que apenas estaba siendo utilizado. La compañía encuadra la decisión dentro de su estrategia para incrementar su eficiencia y competitividad, mediante la aplicación de medidas de racionalización en diferentes ámbitos de su actividad, incluidas las redes fija y móvil.
Según la operadora, esta estrategia ha permitido mejorar significativamente la rentabilidad de Vodafone España durante los dos últimos ejercicios, y la compañía prevé mantener esta línea de actuación en el futuro.
La decisión se produce además después de la adquisición de Vodafone España por parte de Zegona por 5.000 millones de euros, operación que supuso una nueva etapa para la compañía. Tras la adquisición, José Miguel García asumió la posición de consejero delegado de Vodafone España en sustitución de Mario Vaz. Bajo esta dirección, la empresa ha desarrollado diferentes actuaciones dirigidas a contener costes y ajustar sus inversiones.
La devolución de los 400 MHz de la banda de 26 GHz no constituye la primera decisión reciente de Vodafone España encaminada a evitar costes recurrentes relacionados con el espectro. A finales de 2024, la compañía también rechazó la posibilidad de recibir gratuitamente 10 MHz adicionales en la banda de 3,5 GHz, correspondientes al excedente generado por la operación de concentración entre Orange y MásMóvil.
Aunque aquella asignación no exigía a Vodafone realizar un desembolso inicial para adquirir las frecuencias, su aceptación sí habría implicado asumir posteriormente el correspondiente pago periódico de la tasa por utilización del espectro radioeléctrico. La compañía decidió no aceptar esos 10 MHz adicionales.
En el caso de los 26 GHz, la decisión está igualmente relacionada con la ausencia de planes de Vodafone para desplegar antenas específicas destinadas a trabajar en esta banda milimétrica. La compañía había obtenido sus frecuencias durante la subasta organizada por el Estado en diciembre de 2022.
En aquella licitación, las principales operadoras españolas consiguieron diferentes cantidades de espectro. Movistar adquirió 1.000 MHz por 20 millones de euros, mientras que Orange y Vodafone consiguieron 400 MHz cada una por un importe de 8 millones de euros por operador. Las concesiones fueron establecidas inicialmente para un periodo de explotación de 20 años, con posibilidad de prórroga.
Vodafone España considera que la devolución de estas frecuencias no compromete la capacidad necesaria para prestar sus servicios. Aunque abandona el espectro de 26 GHz destinado fundamentalmente a escenarios de muy alta densidad de tráfico, la compañía continúa desarrollando su infraestructura principal de quinta generación en otras bandas.
En concreto, Vodafone mantiene la expansión de su red 5G en la frecuencia de 3,6 GHz, donde dispone de 90 MHz de espectro y cuenta con 2.872 nodos activos. Sus previsiones contemplan alcanzar más del 92 % de cobertura de la población y extender la red hasta 4.700 municipios antes de finalizar el ejercicio.
La operadora también está trabajando en alternativas destinadas a ampliar la disponibilidad de las comunicaciones móviles fuera del alcance de las redes terrestres convencionales. En junio anunció un proyecto destinado a proporcionar servicios de comunicación directa con teléfonos móviles mediante satélite en zonas que carecen de cobertura terrestre.
La renuncia de Vodafone a la banda de 26 GHz se produce en un momento de transformación del mercado español de las telecomunicaciones. Las principales compañías están desarrollando diferentes fórmulas para ajustar sus estructuras y reducir los costes vinculados al despliegue y mantenimiento de las infraestructuras.
Dentro de este proceso, Telefónica, MasOrange y Vodafone han impulsado sociedades conjuntas conocidas como FiberCo para compartir infraestructuras de fibra óptica. Paralelamente, las operadoras han llevado a cabo operaciones de desinversión relacionadas con sus torres de telefonía móvil, pasando a utilizar parte de estas infraestructuras mediante acuerdos de alquiler con compañías especializadas como Cellnex, American Tower, Vantage y Totem.
De esta forma, la devolución de los 400 MHz de Vodafone España en la banda de 26 GHz supone la renuncia a unas frecuencias por las que la compañía desembolsó 8 millones de euros en la subasta de 2022 y cuyo mantenimiento suponía unas tasas estimadas de 160.000 euros anuales. La operadora concentra así sus recursos en las frecuencias y redes que actualmente utiliza para prestar y ampliar sus servicios móviles, especialmente en el despliegue de su red 5G sobre la banda de 3,6 GHz.
La información completa puede consultarse en la noticia publicada sobre la renuncia de Vodafone España a las frecuencias de 26 GHz.
Las consecuencias de la renuncia de Vodafone a los 26 GHz para el mercado español de telecomunicaciones
La decisión de Vodafone España de renunciar formalmente a los 400 MHz que tenía adjudicados en la banda de 26 GHz introduce un cambio significativo en la distribución de una de las bandas de frecuencias destinadas al desarrollo del 5G en España, aunque sus consecuencias inmediatas sobre los servicios que reciben actualmente los usuarios son limitadas. La principal razón es que esta banda presenta todavía un grado de utilización muy reducido en el mercado español y Vodafone no había desplegado ningún emplazamiento activo utilizando estas frecuencias. Según los datos publicados, en España existen actualmente únicamente siete emplazamientos activos en la banda de 26 GHz, cinco correspondientes a Movistar y dos a Orange, mientras que Vodafone no dispone de ninguno. Esto significa que la compañía estaba soportando el coste de mantener unas concesiones de espectro que no estaban siendo utilizadas comercialmente mediante una infraestructura propia. La devolución permite a Vodafone eliminar unas tasas estimadas en aproximadamente 160.000 euros anuales, dentro de una estrategia empresarial dirigida a reducir costes y concentrar las inversiones en aquellos activos y frecuencias que tienen una utilización efectiva.
La importancia económica de la decisión aumenta si se tiene en cuenta que Vodafone había adquirido esas frecuencias en la subasta organizada por el Estado en diciembre de 2022. En aquella licitación, la compañía consiguió dos bloques nacionales de 200 MHz cada uno, un total de 400 MHz, por los que desembolsó ocho millones de euros. Movistar fue el operador que realizó la mayor adquisición, obteniendo cinco bloques de 200 MHz, equivalentes a 1.000 MHz, por un importe conjunto de 20 millones de euros, mientras que Orange adquirió, al igual que Vodafone, 400 MHz por ocho millones. Las concesiones fueron otorgadas inicialmente por un periodo de veinte años, con posibilidad de prórroga. La renuncia significa, por tanto, que Vodafone abandona anticipadamente unos derechos de utilización del espectro por los que realizó un desembolso inicial relevante, pero al mismo tiempo deja de asumir los costes recurrentes asociados a unas frecuencias para las que no tenía previsto desarrollar una red específica. Los datos y las condiciones de aquella licitación pueden consultarse en la información oficial del Ministerio para la Transformación Digital y de la Función Pública sobre la subasta de la banda de 26 GHz.
Desde el punto de vista de la competencia, es importante precisar que los 400 MHz devueltos por Vodafone no pasan automáticamente a Movistar, Orange, MasOrange, Digi ni a ningún otro operador. El espectro radioeléctrico constituye un recurso de dominio público cuya gestión corresponde al Estado, mientras que las compañías disponen de derechos de utilización durante el periodo establecido en sus correspondientes concesiones. La renuncia de Vodafone supone la extinción de sus derechos sobre esos bloques, pero no una transferencia directa hacia sus competidores. Por tanto, no puede afirmarse que Telefónica o MasOrange hayan obtenido inmediatamente una ventaja equivalente a los 400 MHz abandonados por Vodafone. Cualquier utilización posterior de esas frecuencias dependerá de las decisiones que adopte la Administración y de los procedimientos que puedan establecerse para una eventual nueva asignación. Este aspecto resulta esencial para interpretar correctamente la decisión, porque Vodafone reduce su cartera de espectro, pero sus competidores no incrementan automáticamente la suya como consecuencia de la devolución.
Para Telefónica, propietaria de Movistar, la retirada de Vodafone deja una situación especialmente relevante porque fue precisamente este operador el que adquirió una mayor cantidad de espectro nacional de 26 GHz en la subasta de 2022. Movistar dispone de 1.000 MHz frente a los 400 MHz adquiridos originalmente por Orange y los 400 MHz que tenía Vodafone, y además cuenta con cinco de los siete emplazamientos activos actualmente señalados para esta frecuencia en España. La decisión de Vodafone no modifica las concesiones de Telefónica ni le proporciona espectro adicional, pero sí hace más visible la diferencia entre las estrategias adoptadas por ambas compañías. Telefónica mantiene sus frecuencias y dispone de determinados despliegues, mientras que Vodafone ha considerado que mantener los 400 MHz no estaba justificado teniendo en cuenta su utilización y los costes recurrentes asociados. Orange se encuentra en una situación intermedia, ya que mantiene sus 400 MHz de la banda de 26 GHz y cuenta con dos emplazamientos activos. Por tanto, después de la retirada de Vodafone, Movistar y Orange permanecen como los grandes operadores que mantienen tanto las concesiones adquiridas en aquella subasta como alguna utilización efectiva de esta banda, aunque el número total de instalaciones continúa siendo extraordinariamente reducido.
Para Digi y para otros operadores que participan en el mercado español, la devolución tampoco implica el acceso inmediato a las frecuencias abandonadas por Vodafone. Sin embargo, sí introduce un cambio objetivo: 400 MHz que anteriormente estaban vinculados a concesiones de Vodafone dejan de estar reservados a esta operadora y regresan al ámbito de gestión del Estado. Si esas frecuencias vuelven a ponerse a disposición del mercado en algún momento, las posibilidades de acceso dependerán del procedimiento y de las condiciones que establezca la Administración. No existe actualmente una base que permita afirmar que Digi vaya a adquirirlas, que Movistar u Orange vayan a ampliar sus actuales concesiones o que el Gobierno vaya a convocar inmediatamente una nueva subasta. Lo que sí puede afirmarse es que el Estado recupera capacidad para decidir sobre el futuro de esos bloques y que una eventual reasignación tendría que realizarse conforme a la normativa y a las condiciones administrativas aplicables.
Para comprender mejor las posibilidades de que esas frecuencias vuelvan al mercado también resulta necesario recordar lo sucedido durante la subasta original. En diciembre de 2022, el Estado puso a disposición de los operadores 2.400 MHz de ámbito nacional, distribuidos en doce concesiones de 200 MHz cada una, pero únicamente se adjudicaron nueve concesiones, equivalentes a 1.800 MHz. Esto significa que 600 MHz quedaron sin adjudicar ya en la propia subasta de 2022. Este dato es especialmente importante porque demuestra que la banda de 26 GHz no se encontraba en una situación de escasez en la que todos los bloques disponibles hubieran despertado un interés inmediato entre los operadores. La devolución de los 400 MHz de Vodafone se produce, por tanto, en un mercado en el que ya existía una cantidad considerable de espectro de esta frecuencia que no había sido adjudicada. Esta circunstancia debe tenerse presente antes de interpretar la devolución como una oportunidad que necesariamente vaya a desencadenar una competencia inmediata entre las restantes compañías para conseguir esas frecuencias.
La situación de los 26 GHz contrasta, además, con la evolución general de las redes de quinta generación en España. El hecho de que Vodafone abandone esta banda no significa que la compañía abandone el desarrollo del 5G ni que exista una paralización general de esta tecnología en el mercado español. Vodafone mantiene su despliegue principal utilizando otras frecuencias, especialmente la banda de 3,6 GHz, donde dispone de 90 MHz de espectro y 2.872 nodos activos, con el objetivo anunciado de superar el 92 % de cobertura de la población y alcanzar aproximadamente 4.700 municipios. La diferencia fundamental está en las características de cada frecuencia. Las bandas utilizadas habitualmente para desarrollar la cobertura 5G permiten atender territorios y poblaciones mucho más extensos, mientras que los 26 GHz están especialmente orientados a proporcionar enormes capacidades de transmisión en distancias reducidas y lugares con concentraciones elevadas de usuarios. La propia evolución del mercado español demuestra hasta ahora esta diferencia: mientras las redes 5G continúan ampliándose, la utilización efectiva de los 26 GHz sigue siendo extremadamente pequeña en comparación con el conjunto de la infraestructura móvil existente.
Este reducido desarrollo comercial es uno de los elementos fundamentales para comprender la decisión de Vodafone y también sus consecuencias para los demás operadores. Las frecuencias milimétricas pueden proporcionar una gran capacidad, pero requieren una infraestructura específicamente preparada y presentan unas características de propagación diferentes de las bandas inferiores. Por ello, su utilización está especialmente vinculada a escenarios concretos en los que se necesita concentrar una elevada capacidad de comunicaciones dentro de áreas relativamente pequeñas, como pueden ser zonas urbanas de gran densidad, determinados recintos, instalaciones empresariales o lugares que concentren temporalmente grandes cantidades de usuarios. El reducido número de emplazamientos existentes en España demuestra que este modelo de utilización todavía no se ha desarrollado a gran escala, por lo que disponer de cientos de MHz adicionales en esta frecuencia no proporciona necesariamente una ventaja competitiva inmediata si el operador no cuenta con casos de uso que justifiquen la inversión necesaria para explotarlos.
Respecto al futuro de los 400 MHz devueltos por Vodafone, el elemento esencial es que vuelven a quedar bajo la capacidad de gestión de la Administración. El espectro radioeléctrico es un bien de dominio público y las operadoras reciben derechos para utilizar determinadas frecuencias bajo unas condiciones y durante un periodo determinado, pero no adquieren su propiedad. Por ello, la renuncia de Vodafone permite que esos bloques puedan ser objeto en el futuro de nuevas decisiones administrativas. Entre las posibilidades contempladas por el marco de gestión del espectro se encuentra una eventual nueva asignación de frecuencias si existe disponibilidad y demanda suficiente. Sin embargo, no existe base para afirmar que los 400 MHz vayan a ser inmediatamente subastados de nuevo ni que exista ya un destinatario determinado para ellos. Será necesario esperar a las decisiones que adopte el Gobierno y, en su caso, a las condiciones concretas de cualquier procedimiento posterior.
El futuro de los 26 GHz tampoco tiene que limitarse exclusivamente a las redes comerciales de los grandes operadores móviles. La planificación de esta banda ha contemplado también redes privadas 5G y despliegues de ámbito local destinados a empresas, instalaciones industriales y otros proyectos que necesiten una gran capacidad de transmisión dentro de espacios delimitados. La CNMC ha analizado precisamente la utilización de esta banda para redes privadas y su potencial para actividades relacionadas con la digitalización empresarial y la industria 4.0. Puede consultarse información sobre la regulación y gestión del espectro en la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC). Esta posibilidad resulta relevante porque significa que el destino futuro de las frecuencias de 26 GHz no tiene por qué depender exclusivamente de Telefónica, MasOrange, Vodafone o Digi. Determinadas partes del espectro pueden utilizarse, de acuerdo con la planificación y las autorizaciones correspondientes, para proyectos privados o locales en los que las características de esta banda tengan una utilidad concreta.
Desde una perspectiva competitiva, la decisión también refleja un cambio en la forma en que las operadoras españolas están gestionando sus inversiones. Durante años, disponer de grandes cantidades de espectro ha constituido uno de los elementos fundamentales para desarrollar las redes móviles, pero las compañías también deben asumir los costes derivados de adquirir y mantener esos derechos. La decisión de Vodafone demuestra que conservar espectro que no se utiliza puede dejar de tener sentido económico cuando existen tasas recurrentes y no hay un despliegue previsto que permita aprovecharlo. Esta filosofía encaja con otras actuaciones recientes de la compañía, incluida su decisión de finales de 2024 de no aceptar 10 MHz adicionales en la banda de 3,5 GHz procedentes del excedente derivado de la integración entre Orange y MásMóvil. Aunque aquellas frecuencias podían recibirse sin desembolso inicial, Vodafone decidió no asumirlas debido a los costes posteriores vinculados a las correspondientes tasas de espectro.
La cuestión adquiere mayor importancia dentro de la transformación que está experimentando el mercado español de telecomunicaciones. Las grandes compañías están adoptando diferentes fórmulas para reducir el coste de mantener infraestructuras propias y compartir determinados activos, especialmente en fibra óptica y torres de telecomunicaciones. Telefónica, MasOrange y Vodafone han desarrollado operaciones destinadas a compartir redes mediante sociedades especializadas, mientras que una parte importante de las infraestructuras de torres móviles ha pasado a estar gestionada por compañías especializadas. En este contexto, la devolución del espectro de Vodafone constituye otra actuación dirigida a revisar qué activos justifican realmente su coste. La diferencia es que, en este caso, no se trata de vender una infraestructura física, sino de renunciar a unos derechos de utilización sobre un recurso público que la compañía no estaba explotando de manera efectiva.
Para el resto de competidores, la principal consecuencia no es, por ahora, disponer de más espectro, sino observar cómo uno de los grandes operadores españoles modifica su estrategia sobre las frecuencias milimétricas. Telefónica mantiene 1.000 MHz y sus cinco emplazamientos, Orange conserva sus 400 MHz y dos emplazamientos, mientras Vodafone abandona completamente los 400 MHz que había adquirido en 2022. Estas diferencias permitirán comprobar, a partir de los despliegues reales de cada compañía, qué papel termina teniendo esta banda dentro de las redes españolas, pero actualmente los datos disponibles únicamente permiten constatar que su utilización continúa siendo muy reducida. No sería correcto concluir que Vodafone queda tecnológicamente rezagada por abandonar la banda, del mismo modo que tampoco puede afirmarse que Telefónica u Orange hayan obtenido una ventaja comercial inmediata simplemente por conservarla. Esa valoración dependerá del grado de utilización efectiva que tengan estas frecuencias.
En consecuencia, la renuncia de Vodafone a los 400 MHz de 26 GHz tiene actualmente un impacto fundamentalmente económico, regulatorio y estratégico, más que un efecto directo sobre la cobertura o capacidad que reciben los clientes móviles españoles. Vodafone elimina unos costes recurrentes relacionados con unas frecuencias que no estaba utilizando; Telefónica y Orange conservan sus respectivas concesiones y sus reducidos despliegues; Digi y los restantes operadores no obtienen automáticamente acceso a los bloques liberados; y el Estado recupera la capacidad de decidir qué hacer con esos derechos de utilización. A ello se añade que ya habían quedado 600 MHz estatales sin adjudicar en la subasta original de 2022, circunstancia que confirma que la disponibilidad de espectro de 26 GHz no ha sido hasta ahora el principal obstáculo para el desarrollo de esta banda.
El verdadero punto de atención estará, por tanto, en qué decisión adopte la Administración respecto a los 400 MHz devueltos y, en términos más amplios, respecto al espectro de 26 GHz que permanece disponible. Las frecuencias podrían volver a ponerse a disposición del mercado mediante los procedimientos que determine el Estado, pero actualmente no puede darse por hecho cuándo sucederá, bajo qué condiciones ni qué operadores podrían estar interesados. También pueden seguir desarrollándose modelos de utilización vinculados a redes privadas, aplicaciones industriales o despliegues locales. Lo que los datos permiten afirmar en este momento es que Vodafone ha optado por concentrar recursos en las frecuencias que utiliza de forma efectiva para extender su red 5G, mientras que Movistar y Orange mantienen una apuesta, todavía limitada en número de emplazamientos, por conservar y utilizar la banda de 26 GHz. La evolución posterior dependerá de los despliegues reales, de la demanda de capacidad que aparezca en el mercado y, sobre todo, de las decisiones regulatorias que adopte el Estado sobre las frecuencias que han vuelto a quedar disponibles.
Además de los efectos que ya hemos analizado sobre el coste del espectro, la competencia y el futuro de los 400 MHz, hay varias cuestiones relevantes que merece la pena incorporar al análisis. Algunas tienen consecuencias inmediatas y otras son aspectos estratégicos cuyo efecto dependerá de cómo evolucione el uso de los 26 GHz. El punto de partida es importante: Vodafone no tenía emplazamientos activos en esta banda y había decidido no realizar un despliegue específico, mientras que mantiene su expansión 5G fundamentalmente sobre 3,6 GHz.
Una primera cuestión es la capacidad futura de Vodafone en lugares donde se produzcan concentraciones extraordinariamente altas de tráfico móvil. La banda de 26 GHz tiene precisamente entre sus principales características la posibilidad de proporcionar una enorme cantidad de capacidad utilizando grandes bloques de espectro en espacios relativamente reducidos. Esto puede resultar especialmente útil en estadios, aeropuertos, estaciones, centros de convenciones, festivales, grandes acontecimientos deportivos o determinadas zonas urbanas en las que miles de terminales intentan conectarse simultáneamente. El propio análisis que hemos realizado señala que esta banda está especialmente vinculada a zonas de elevada densidad, recintos e instalaciones donde se concentra temporalmente un gran número de usuarios. La devolución no provoca una pérdida de capacidad actual de Vodafone porque la compañía no estaba utilizando esas frecuencias, pero sí significa que deja de disponer de esos 400 MHz como recurso propio para un eventual despliegue futuro de muy alta capacidad. Si en algún momento quisiera utilizar nuevamente 26 GHz, tendría que disponer de derechos de uso adecuados en ese momento; no puede darse por supuesto que recuperaría los bloques que acaba de devolver.
También existe una cuestión relacionada con el Fixed Wireless Access (FWA), es decir, la utilización de una red móvil para proporcionar accesos de banda ancha fija. Las frecuencias milimétricas pueden emplearse en determinados despliegues FWA debido a la gran capacidad disponible. Esto no significa que Vodafone necesite los 26 GHz para ofrecer acceso fijo inalámbrico, puesto que el FWA puede desplegarse utilizando otras bandas 5G. Sin embargo, la devolución elimina esos 400 MHz concretos de entre los recursos propios que Vodafone podría utilizar para desarrollar servicios de muy alta capacidad sobre 26 GHz. El impacto actual es reducido porque, según los datos disponibles, Vodafone no tenía desplegada infraestructura en esta frecuencia.
Otra cuestión particularmente interesante afecta a las redes privadas 5G y a los servicios destinados a empresas e industrias. Los 26 GHz no tienen únicamente una posible utilización en las redes móviles públicas convencionales. La planificación de esta banda también contempla redes privadas y despliegues locales destinados a empresas, instalaciones industriales y proyectos que necesitan transmitir grandes cantidades de información dentro de superficies relativamente delimitadas. Esto abre una diferencia importante entre poseer espectro nacional y proporcionar soluciones empresariales: Vodafone puede continuar ofreciendo servicios 5G a empresas sin esos 400 MHz nacionales, pero ya no dispone de esas concesiones concretas como activo propio para desarrollar proyectos que pudieran aprovecharlas. El futuro de los 26 GHz para industria, puertos, logística, fábricas, campus empresariales o instalaciones privadas dependerá además del modelo regulatorio y de asignación aplicable a cada caso.
Existe igualmente una consecuencia sobre la flexibilidad estratégica de la compañía a largo plazo. Los derechos que Vodafone devuelve habían sido concedidos inicialmente por veinte años, con posibilidad de prórroga, y la operadora había pagado ocho millones de euros por ellos. Al devolverlos, Vodafone consigue un beneficio económico inmediato y perfectamente cuantificable —dejar de pagar aproximadamente 160.000 euros anuales de tasas—, pero simultáneamente renuncia a mantener durante los próximos años la disponibilidad de 400 MHz de espectro milimétrico nacional que ya tenía adjudicado. No puede afirmarse hoy que conservarlos hubiera generado una ventaja futura, porque actualmente apenas se utilizan y Vodafone no tenía previsto desplegarlos. Pero tampoco puede considerarse que la decisión sea completamente reversible: si las necesidades del mercado cambiasen, cualquier nuevo acceso de Vodafone a estas frecuencias dependería de las condiciones regulatorias y de disponibilidad existentes entonces.
Otra cuestión importante es precisamente el valor económico futuro del espectro. Vodafone está adoptando una decisión basada en las circunstancias actuales: unas frecuencias que apenas utiliza generan costes recurrentes y no existe un despliegue previsto que justifique mantenerlas. Esta lógica también aparece en su decisión anterior de rechazar 10 MHz adicionales en 3,5 GHz debido a los costes posteriores asociados al espectro. Sin embargo, las necesidades de espectro de las redes móviles evolucionan con el tráfico y con los servicios. Esto significa que la cuestión fundamental no es determinar ahora si los 26 GHz serán imprescindibles en el futuro —los datos disponibles no permiten afirmarlo—, sino señalar que Vodafone está priorizando el ahorro presente frente al mantenimiento preventivo de un recurso radioeléctrico que actualmente no utiliza.
La decisión también puede tener consecuencias sobre la diferenciación tecnológica entre Vodafone, Telefónica y MasOrange. Después de la devolución, las tres compañías dejan de encontrarse en la misma situación respecto a los 26 GHz: Telefónica mantiene los 1.000 MHz adquiridos y cinco emplazamientos activos, Orange conserva 400 MHz y dos emplazamientos, mientras que Vodafone deja de disponer de los 400 MHz nacionales que adquirió en 2022. Esto no significa automáticamente que Telefónica y Orange dispongan de mejores redes 5G que Vodafone. La ventaja solo existiría allí donde esas frecuencias fueran realmente utilizadas y proporcionasen una capacidad o un servicio que tuviera valor comercial. Con siete emplazamientos activos en toda España, actualmente su peso dentro de las redes móviles nacionales continúa siendo extremadamente reducido.
Hay además un aspecto que conviene separar claramente del debate sobre el 5G Standalone. Como comentábamos anteriormente, devolver los 26 GHz no impide a Vodafone desplegar o desarrollar 5G SA, porque Standalone describe fundamentalmente una arquitectura de red y no una frecuencia concreta. Sin embargo, 5G SA y 26 GHz sí pueden complementarse. Una red SA puede aprovechar distintas bandas y las características de una banda de gran capacidad pueden resultar útiles para determinados servicios avanzados. Por eso, la consecuencia correcta no es afirmar que Vodafone pierde el 5G SA, sino algo mucho más concreto: Vodafone pierde la posibilidad de utilizar esos 400 MHz concretos de 26 GHz dentro de su combinación propia de recursos radioeléctricos mientras no vuelva a obtener derechos sobre ese espectro.
Otra cuestión relacionada es el network slicing, que permite crear capacidades lógicas diferenciadas sobre una infraestructura 5G para determinados tipos de servicios o clientes. Tampoco depende exclusivamente de los 26 GHz y, por tanto, Vodafone no pierde esta posibilidad por devolver las frecuencias. Lo mismo sucede con las comunicaciones de baja latencia: no existe una equivalencia entre “26 GHz” y “baja latencia”, del mismo modo que tampoco existe entre “26 GHz” y “5G Standalone”. Son elementos diferentes de la tecnología. La banda milimétrica puede aportar fundamentalmente enormes cantidades de capacidad radioeléctrica, mientras que las prestaciones finales dependen de muchos otros componentes de la red.
La devolución también plantea una cuestión de eficiencia en la utilización de un recurso público escaso. Los 400 MHz dejan de permanecer asignados durante años a un operador que no tenía previsto utilizarlos. El Estado recupera así capacidad de decisión sobre esos bloques. Esto permite que, si posteriormente existe demanda y la Administración establece el correspondiente procedimiento, las frecuencias puedan tener otro destino. No obstante, aquí es especialmente importante evitar el exceso de interpretación: no existe base para afirmar que el Gobierno vaya a volver a subastarlas inmediatamente, que vayan a entregarse a Digi o que Telefónica o MasOrange estén interesadas en adquirirlas.
De hecho, existe un dato que limita considerablemente la idea de que vaya a producirse inmediatamente una batalla entre operadores por esos 400 MHz. En la subasta original de 2022, el Estado puso a disposición 2.400 MHz nacionales distribuidos en doce concesiones de 200 MHz, pero únicamente fueron adjudicados 1.800 MHz, quedando 600 MHz sin adjudicar. Es decir, ya existía espectro disponible de 26 GHz que el mercado no absorbió completamente. La devolución de Vodafone aumenta la cantidad que no permanece vinculada a las concesiones nacionales adjudicadas entonces, pero no demuestra por sí misma que exista demanda inmediata por esos bloques.
También merece atención la posible reacción regulatoria a medio plazo. Si el uso de los 26 GHz continúa siendo extraordinariamente reducido, la Administración tendrá que gestionar un escenario en el que existe una cantidad considerable de espectro disponible frente a una demanda limitada de concesiones nacionales. Si, por el contrario, aparecen nuevas aplicaciones empresariales, industriales o de alta densidad, podrá aumentar el interés por estas frecuencias. Lo que no podemos establecer todavía es cuál de esos escenarios terminará produciéndose. Por eso, desde un análisis riguroso, el comportamiento futuro del Gobierno respecto a los bloques devueltos constituye una de las principales cuestiones que habrá que observar, sin anticipar una nueva subasta que todavía no haya sido anunciada.
Finalmente, la decisión tiene una lectura más amplia sobre el modelo de inversión que está adoptando Vodafone España bajo Zegona. La devolución no aparece de manera aislada: el documento recoge que la compañía ya había rechazado espectro adicional en 3,5 GHz por sus costes recurrentes y que está desarrollando medidas destinadas a contener costes y ajustar inversiones. Al mismo tiempo, mantiene la expansión de su red sobre 3,6 GHz y concentra recursos en las frecuencias que actualmente utiliza. La cuestión estratégica de fondo es, por tanto, hasta dónde puede Vodafone optimizar su estructura de costes sin reducir la flexibilidad tecnológica y radioeléctrica que pueda necesitar en el futuro. No podemos afirmar que la devolución vaya a perjudicarla, porque actualmente no utilizaba esas frecuencias; tampoco podemos asegurar que nunca vaya a necesitarlas. Ese equilibrio entre ahorro, inversión y disponibilidad futura de espectro será uno de los aspectos más relevantes para evaluar la decisión con el paso del tiempo.
Por tanto, además del ahorro de 160.000 euros anuales, yo incorporaría al análisis cuatro grandes cuestiones: capacidad futura en puntos de tráfico extremadamente elevado; posibilidades de utilización en FWA, redes privadas e industria; reducción de la flexibilidad radioeléctrica futura de Vodafone; y gestión por parte del Estado de un volumen creciente de espectro de 26 GHz que actualmente presenta una utilización comercial muy reducida. Estas cuestiones permiten ampliar considerablemente el análisis sin necesidad de especular sobre quién comprará las frecuencias o sobre tecnologías que Vodafone supuestamente dejará de ofrecer, algo que los datos disponibles no permiten sostener.
La clave, por tanto, no estará en cuánto ahorra hoy Vodafone devolviendo los 26 GHz, sino en comprobar si unas frecuencias que actualmente apenas se utilizan terminan adquiriendo suficiente valor tecnológico y comercial como para convertir su renuncia en una decisión relevante para la competencia futura.
Para terminar el post quiero manifestar que la devolución de los 400 MHz de 26 GHz admite finalmente una lectura bastante menos complaciente que la del simple ahorro de 160.000 euros anuales. Vodafone España elimina un coste, pero también elimina de su balance estratégico un derecho de uso sobre 400 MHz de espectro nacional que había adquirido por ocho millones de euros y que podía conservar durante un periodo inicialmente establecido en veinte años, con posibilidad de prórroga. Hoy esas frecuencias apenas se utilizan y Vodafone no había desplegado ningún emplazamiento sobre ellas, pero precisamente por eso la cuestión importante no es cuánto producen actualmente, sino qué representan como activo disponible para construir la red del futuro. La compañía ahorra una tasa relativamente pequeña a cambio de renunciar a una capacidad radioeléctrica que, una vez devuelta al Estado, deja de estar bajo su control.
Desde esa perspectiva, Vodafone España es hoy un operador con un activo estratégico menos que antes de tomar esta decisión. Esto no significa que su red 5G vaya a deteriorarse mañana ni que los 26 GHz vayan a convertirse necesariamente en una frecuencia imprescindible. Significa algo mucho más sencillo: antes disponía de 400 MHz que podía utilizar si aparecían casos de uso que justificasen su despliegue y ahora ya no dispone de ellos. Un eventual comprador industrial tendría que valorar esa realidad junto con el resto de los activos, derechos de espectro, infraestructura, clientes, contratos y capacidad de generación de caja de la compañía. Sería excesivo afirmar que esos 400 MHz permiten calcular directamente cuánto menos debería pagarse por Vodafone, pero sería igualmente difícil defender que renunciar a activos y derechos estratégicos no tiene ninguna relevancia cuando se valora la capacidad industrial futura de un operador de telecomunicaciones.
Aquí aparece la cuestión de fondo sobre el modelo de Zegona. La propia compañía se presenta ante sus inversores como una firma especializada en adquirir negocios de telecomunicaciones, mejorar su funcionamiento y generar rentabilidad para sus accionistas, y su documentación corporativa histórica ha definido expresamente su filosofía mediante la fórmula “Buy-Fix-Sell” (comprar, arreglar y vender). Zegona también reconoce que en Vodafone España sus prioridades pasan por la reducción de costes, la optimización del capex, la mejora del flujo de caja y la estructura de capital. Por tanto, no estamos ante un propietario industrial convencional cuya única prioridad sea acumular infraestructura, espectro y capacidad tecnológica para las próximas décadas, sino ante un propietario cuya lógica declarada incluye de manera central la creación de valor para sus accionistas.
Los resultados financieros muestran que esa estrategia está funcionando desde su propia perspectiva. Zegona asegura haber aplicado más de 700 iniciativas de eficiencia, haber elevado el EBITDAaL de Vodafone España y prácticamente duplicado el flujo de caja operativo respecto al nivel existente cuando adquirió la compañía. También ha monetizado buena parte de la infraestructura de fibra mediante las FiberCo y ha destinado una parte muy significativa de los recursos obtenidos a remunerar a sus accionistas y reducir deuda. Financieramente puede resultar una estrategia perfectamente racional. La pregunta incómoda es si mejorar un activo para el accionista equivale necesariamente a fortalecerlo como operador industrial. No son exactamente la misma cosa.
La devolución de los 26 GHz resulta especialmente significativa porque se suma a otras decisiones orientadas a evitar costes recurrentes. Vodafone ya rechazó anteriormente 10 MHz adicionales en 3,5 GHz que podía recibir sin desembolso inicial porque aceptar esas frecuencias implicaba asumir posteriormente las correspondientes tasas. Ahora devuelve 400 MHz que sí había comprado y para los que no contemplaba un despliegue. Consideradas conjuntamente, estas decisiones dibujan una política en la que la disciplina financiera pesa mucho a la hora de decidir qué activos radioeléctricos merece la pena conservar. Eso puede mejorar los márgenes actuales, pero también obliga a preguntarse hasta qué punto se está preservando la máxima flexibilidad tecnológica para competir dentro de cinco, diez o quince años.
Y esa cuestión sería particularmente relevante ante cualquier hipotética operación corporativa futura. Un comprador industrial no adquiere solamente clientes y EBITDA: adquiere también red, espectro, infraestructura, tecnología, contratos y posibilidades de crecimiento. Cuanto mayor sea la complementariedad entre lo que posee el comprador y los activos de Vodafone, mayor puede ser su interés industrial; cuanto mayor sea la duplicación, menor será el valor estratégico adicional que determinados activos puedan aportar. Por eso no puede darse por supuesto que cualquier gran operador español vaya a valorar de la misma manera lo que queda dentro de Vodafone España.
El caso resulta todavía más evidente cuando se piensa en un operador que ya disponga de una posición sólida en cobertura, red y espectro. Para un potencial comprador de esas características, el atractivo de Vodafone no residiría necesariamente en incorporar otra infraestructura móvil parcialmente redundante, sino en aquello que realmente pudiera complementar sus activos existentes: cartera de clientes, posiciones comerciales, negocio empresarial, frecuencias concretas, acuerdos mayoristas, marcas o sinergias. La renuncia a 400 MHz no destruye por sí sola el atractivo de Vodafone España, pero tampoco lo incrementa. Es un recurso menos dentro de esa hipotética ecuación industrial.
Por eso merece la pena invertir el argumento utilizado para justificar la devolución. Vodafone sostiene, con lógica económica, que carece de sentido pagar indefinidamente por unas frecuencias que no utiliza. Pero un operador de telecomunicaciones no se construye exclusivamente alrededor de los activos que resultan rentables hoy. Las redes requieren planificación a largo plazo, inversiones realizadas antes de que exista una demanda masiva y capacidad suficiente para absorber necesidades que todavía no se han materializado. Precisamente por eso las concesiones de espectro tienen horizontes temporales de décadas. Renunciar a una frecuencia porque hoy no existe un caso de negocio suficientemente atractivo puede ser una excelente decisión financiera y, al mismo tiempo, reducir las opciones industriales disponibles mañana. Ambas cosas pueden ser ciertas simultáneamente.
Este es probablemente el aspecto más discutible del rumbo que está siguiendo Vodafone España bajo Zegona. La mejora de los márgenes, la generación de caja y la reducción de costes son indiscutiblemente importantes, pero no deberían confundirse automáticamente con un fortalecimiento industrial equivalente. Un operador puede presentar mejores cifras financieras después de desprenderse de activos, compartir infraestructuras, reducir costes y optimizar inversiones, mientras simultáneamente disminuye la cantidad de recursos estratégicos que controla directamente. Determinar si eso está ocurriendo en Vodafone exige analizar cada operación individualmente, pero la devolución de los 26 GHz proporciona un ejemplo particularmente claro del dilema.
Tampoco sería riguroso afirmar que Vodafone ha dejado de invertir o que ha renunciado a competir como operador nacional: continúa desplegando 5G sobre 3,6 GHz y mantiene una extensa base de clientes y activos. Lo que sí puede cuestionarse es qué clase de operador se está construyendo y cuánto de la transformación persigue reforzar su posición industrial a largo plazo frente a cuánto busca hacer más eficiente y rentable el activo propiedad de Zegona. Esa distinción es importante porque los intereses de un inversor financiero y los de un operador industrial no tienen por qué coincidir en todos los horizontes temporales.
Y ahí está la paradoja final. Zegona puede conseguir una Vodafone más rentable y eficiente y, sin embargo, no necesariamente una Vodafone dotada de más activos estratégicos que cuando la compró. Si algún día llega una operación de venta, será entonces cuando el mercado pueda poner precio a ambas cosas: a la mejora financiera conseguida y a los activos que entretanto hayan dejado de formar parte de la compañía. Hasta entonces, afirmar cuánto valdrá Vodafone o quién podría comprarla sería especular. Lo que ya puede constatarse es que los 400 MHz de 26 GHz han desaparecido de esa futura negociación: el ahorro de hoy es real, pero también lo es que cualquier eventual comprador encontrará 400 MHz menos de espectro nacional dentro de Vodafone España.
Ya lo dijo Peter Drucker: «En el largo plazo, la economía y la tecnología son inseparables».





