Una empresa decide fabricar coches europeos, pero para ello compra el motor, el software de conducción y la electrónica principal a un proveedor extranjero. El vehículo puede ensamblarse en España, cumplir las normas europeas y llevar una marca nacional, pero la parte que determina su funcionamiento, evolución y valor tecnológico sigue dependiendo de otro. En la nube ocurre algo parecido: no basta con que los datos estén en España si la plataforma que los mueve, procesa y hace evolucionar pertenece a un hiperescalador no europeo.
La soberanía digital se ha convertido en una de las principales prioridades estratégicas de la Unión Europea. En un contexto marcado por la creciente dependencia tecnológica de proveedores estadounidenses y chinos, Bruselas ha intensificado sus esfuerzos para reforzar las capacidades europeas en ámbitos como la computación en la nube, la inteligencia artificial, los centros de datos y los semiconductores. La reciente presentación de la Cloud and AI Development Act (CADA), junto con el respaldo de un consorcio de proveedores europeos de nube, constituye un nuevo paso en esa dirección.
Sin embargo, esta apuesta europea por construir una mayor autonomía tecnológica coincide con decisiones empresariales que parecen seguir una dirección diferente. Entre ellas destaca la reciente alianza entre Telefónica y Google Cloud para desarrollar servicios de nube soberana en España. Analizar hasta qué punto esta estrategia encaja con los objetivos perseguidos por la Comisión Europea, los Informes Letta y Draghi y el movimiento emergente a favor de una infraestructura cloud genuinamente europea permite comprender mejor uno de los debates tecnológicos e industriales más importantes que afronta actualmente Europa.
El 3 de junio la Comisión Europea presentó un paquete de soberanía tecnológica para reducir la dependencia de proveedores de EE.UU y China en áreas críticas como cloud, inteligencia artificial, semiconductores y software abierto. El eje principal es la Cloud and AI Development Act (CADA), que busca triplicar la capacidad de centros de datos de la UE en 5-7 años y cubrir las necesidades de empresas y administraciones públicas europeas para 2035 https://bit.ly/4fDtlhi
Quién lo apoya
Según Reuters, un consorcio con 13 proveedores europeos de nube se han unido a eurodiputados y ONG para respaldar la iniciativa, defendiendo que Europa necesita depender menos de gigantes tecnológicos estadounidenses como Microsoft, Google o Amazon https://bit.ly/4ojFdHi Esta alianza responde a la iniciativa de la Comisión Europea destinada a reducir la dependencia tecnológica de Europa respecto a Estados Unidos y a fortalecer el desarrollo de empresas tecnológicas europeas.
La Comisión Europea prevé anunciar nuevas medidas para garantizar que las licitaciones públicas más sensibles en materia de servicios en la nube sean adjudicadas prioritariamente a empresas europeas, además de impulsar la fabricación de semiconductores dentro del territorio comunitario. Esta estrategia responde tanto a las crecientes tensiones geopolíticas con Estados Unidos y China como a la necesidad de que Europa refuerce su competitividad en sectores tecnológicos estratégicos.
En una carta abierta dirigida a las instituciones europeas, los firmantes afirman que la soberanía tecnológica implica que Europa sea capaz de diseñar, comprender, elegir entre diferentes alternativas propias, construir, operar y regular eficazmente los sistemas digitales de los que dependen su economía y su sociedad. Entre los firmantes destacan empresas como OVHcloud (Francia), Nextcloud (Alemania), Mastodon, Monnet Social, Proton (Suiza), Ecosia y la compañía neerlandesa de tecnología cuántica QuantWare. También suscribieron la carta varios eurodiputados del Grupo de los Verdes en el Parlamento Europeo y organizaciones de la sociedad civil como Defend Democracy y Save Social. La eurodiputada Alexandra Geese resumió la posición de los firmantes con el lema: “Construir en Europa, comprar en Europa y proteger Europa”, destacando la importancia de reforzar la autonomía tecnológica europea en un contexto de creciente competencia internacional.
Por qué importa a las telecos
Las telecos europeas, especialmente grupos como Deutsche Telekom, Orange u otros operadores con servicios cloud y centros de datos, pueden beneficiarse porque la UE quiere que infraestructuras críticas —administración pública, defensa, sanidad, energía o transporte— usen servicios más controlados desde Europa. Deutsche Telekom, por ejemplo, está impulsando T Cloud Public, una nube con datos alojados en centros alemanes y enfoque de soberanía europea https://bit.ly/4ojAHJ3
Qué dicen otros medios
TechRadar describe la iniciativa como un giro importante en la estrategia europea para reducir dependencia de tecnología estadounidense y china. Señala tres pilares: Chips Act 2.0, Cloud and AI Development Act y una estrategia europea de software open source https://bit.ly/4vK3qcG
El diario The Times, en cambio, recoge críticas de empresas tecnológicas que temen que estas normas acaben siendo demasiado proteccionistas, encarezcan servicios cloud y dificulten la innovación de startups y empresas de IA https://bit.ly/4e1cOTa
Reuters también informa de que asociaciones de Australia, Canadá y Japón han advertido a la UE de que una política demasiado centrada en “lo europeo” podría excluir a socios aliados, limitar opciones y aumentar costes https://bit.ly/4edUKUq
Lectura clave
La noticia no va solo de “usar nube europea”. Va de que Europa quiere controlar mejor sus datos, infraestructuras digitales, IA y centros de datos, para no depender tanto de Amazon, Microsoft, Google o proveedores chinos en sectores estratégicos.
La oportunidad es clara: más inversión para telecos y cloud europeos. El riesgo: que la soberanía digital acabe convirtiéndose en burocracia, proteccionismo o servicios más caros.
Además, la Comisión Europea ha vinculado esta estrategia con un paquete más amplio de soberanía tecnológica presentado el 3 de junio de 2026. Dicho paquete incluye dos propuestas legislativas —la Cloud and AI Development Act y la Chips Act 2.0—, junto con una nueva estrategia europea de software abierto. Su objetivo es reforzar la capacidad europea en inteligencia artificial, nube, semiconductores y tecnologías abiertas, reduciendo dependencias estratégicas respecto a proveedores no europeos.
La Cloud and AI Development Act se plantea como una pieza central del plan europeo para fortalecer el ecosistema de nube e inteligencia artificial. La Comisión la vincula directamente con la necesidad de aumentar la inversión, la infraestructura y la competitividad europea en estos ámbitos.
La Chips Act 2.0, por su parte, busca reforzar la industria europea de semiconductores, reducir dependencias estratégicas y apoyar tanto el diseño como la producción de chips avanzados y convencionales dentro de la Unión Europea. La Comisión señala que esta norma complementa a la Cloud and AI Development Act y a la estrategia de software abierto dentro de una misma política de autonomía digital.
Otro elemento que enriquece la noticia es el papel del software de código abierto. La Comisión Europea sostiene que el software abierto debe situarse en el centro de la soberanía tecnológica europea, ya que permite desarrollar alternativas europeas a soluciones propietarias no comunitarias en sectores críticos. Esta estrategia pretende apoyar el desarrollo, escalado, despliegue y mantenimiento a largo plazo de tecnologías abiertas en el sector público y privado.
También se ha publicado que la Comisión adjudicó en abril un contrato de 180 millones de euros para servicios de nube soberana a proveedores europeos, entre ellos Post Telecom, StackIT, Scaleway y Proximus. Esta adjudicación se enmarca en el objetivo de reducir la dependencia de tecnología no europea y aplicar criterios de soberanía en los servicios cloud usados por las instituciones comunitarias.
En conjunto, las publicaciones más recientes muestran que la soberanía digital europea no se limita a favorecer proveedores cloud europeos. La estrategia pretende articular una cadena tecnológica más completa, que incluya centros de datos, inteligencia artificial, semiconductores, software abierto y contratación pública. Para el sector de las telecomunicaciones, esto es relevante porque los operadores europeos pueden ganar peso como proveedores de infraestructura digital, servicios cloud y centros de datos para administraciones públicas y sectores estratégicos.
En un post que publique el 29 de mayo en el blog https://bit.ly/4xkqLmx, analizaba la alianza entre Telefónica y Google Cloud para nuestro país en el contexto de la creciente apuesta europea por la soberanía digital, concluía que la solución presentada por ambas compañías constituye un avance en materia de control operativo de los datos, pero no representaba una verdadera soberanía tecnológica. El núcleo de mi argumentación es que la propuesta de nube soberana impulsada por Telefónica incorpora elementos importantes de seguridad y gobernanza, como la residencia de los datos en España, el cifrado, la custodia local de claves, los mecanismos de control de acceso y la gestión operativa a través de Telefónica Tech. Sin embargo, consideraba que estos elementos no modifican la realidad fundamental de la solución: la infraestructura, la plataforma cloud, los servicios avanzados y la hoja de ruta tecnológica continúan dependiendo de Google Cloud.
Para explicar esta situación, recurría a la imagen de una “caja fuerte española dentro del edificio de Google”. Con la metáfora pretendía ilustrar que Telefónica puede gestionar determinadas capas de control y seguridad, pero la tecnología sobre la que se sustenta todo el sistema sigue siendo propiedad de Google. Desde esta perspectiva, la soberanía se limita al ámbito operativo y regulatorio, mientras que la dependencia tecnológica permanece intacta.
La relevancia de esta cuestión aumenta si se analiza a la luz de las iniciativas que la Unión Europea ha puesto en marcha durante los últimos años. Bruselas ha intensificado su estrategia para reducir la dependencia de proveedores tecnológicos extranjeros y construir capacidades propias en ámbitos considerados críticos para la competitividad y la seguridad económica del continente. Esta política se articula a través de proyectos como Gaia-X, la Cloud and AI Development Act (CADA), la futura Chips Act 2.0, todas ellas son iniciativas que buscan impulsar gigafactorías de inteligencia artificial y los programas destinados a fortalecer el software abierto y los centros de datos europeos.
La Comisión Europea ha insistido en numerosas ocasiones en que la soberanía digital no debe limitarse a garantizar la protección de los datos, sino que debe abarcar también la capacidad de diseñar, desarrollar, operar y controlar las infraestructuras tecnológicas sobre las que se sustenta la economía digital. Bajo esta visión, la cuestión clave no es únicamente dónde se encuentran almacenados los datos o quién gestiona las claves de cifrado, sino quién controla la plataforma tecnológica, quién decide la evolución de los servicios, quién desarrolla las funcionalidades futuras y quién captura el valor económico generado por esas infraestructuras.
Es precisamente en este punto donde situaba la principal contradicción de la estrategia de Telefónica. Como uno de los mayores operadores de telecomunicaciones de Europa y uno de los grupos tecnológicos más importantes del continente, Telefónica podría desempeñar un papel relevante en la construcción de una oferta cloud genuinamente europea. Sin embargo, bajo la presidencia de Marc Murtra la compañía ha optado por desarrollar su propuesta de nube soberana sobre la infraestructura y los servicios de Google Cloud, una decisión que puede resultar lógica desde el punto de vista empresarial, pero que se aleja de los objetivos que actualmente persiguen las instituciones europeas como la Comisión Europea.
Esta situación adquiere una dimensión aún más significativa si se tiene en cuenta que Marc Murtra mantiene un discurso público alineado con conceptos como la autonomía estratégica europea, la digitalización del continente y la necesidad de reforzar las capacidades tecnológicas propias. Al mismo tiempo, la empresa participa en proyectos vinculados al edge computing, la inteligencia artificial, la ciberseguridad y las infraestructuras digitales avanzadas. Sin embargo, cuando se observa el desarrollo concreto de su oferta cloud para sectores regulados, el componente tecnológico principal continúa procediendo de un proveedor estadounidense.
En el post destacaba además una segunda contradicción relacionada con la inversión realizada por la propia Telefónica en infraestructuras digitales nacionales. La compañía está desplegando una red de 17 nodos edge en España que presenta como una infraestructura europea diseñada para ofrecer baja latencia, mayor seguridad y una menor dependencia de recursos externos. Esta inversión demuestra que Telefónica posee capacidad para desarrollar activos tecnológicos propios y participar en la construcción de infraestructuras digitales avanzadas. Sin embargo, consideraba difícil conciliar este esfuerzo con una estrategia cloud que sitúa a Google Cloud como elemento central de la propuesta para administraciones públicas y empresas reguladas.
Desde un punto de vista industrial, el análisis sostenía que la cuestión no debe interpretarse en términos de legalidad o cumplimiento normativo, ya que la solución cumple los requisitos regulatorios establecidos. El debate se sitúa en un plano diferente: el de la autonomía tecnológica y la capacidad industrial europea. La pregunta que plantea el artículo es si una nube puede considerarse verdaderamente soberana cuando los elementos tecnológicos esenciales siguen dependiendo de una compañía extranjera.
La cuestión también tiene una dimensión económica relevante. Según los datos citados en el post, el mercado cloud español habría superado los 8.000 millones de euros en 2025, convirtiéndose en uno de los segmentos de mayor crecimiento dentro del sector tecnológico y de telecomunicaciones. En este contexto, la posición que ocupa Telefónica resulta especialmente importante. La compañía participa activamente en este mercado y mantiene una relación directa con clientes empresariales y administraciones públicas, pero una parte significativa del valor generado por los servicios cloud se apoya sobre una plataforma tecnológica desarrollada fuera de Europa.
Desde esta óptica, esto implica que Telefónica desempeña principalmente el papel de integrador local, gestor de confianza y proveedor de servicios complementarios, mientras que la plataforma tecnológica fundamental permanece bajo control de Google. Como consecuencia, parte del valor económico, tecnológico y estratégico derivado del crecimiento del mercado cloud español termina concentrándose en un proveedor extranjero en lugar de reforzar plenamente el ecosistema tecnológico europeo.
Esta reflexión conecta con un debate más amplio que actualmente atraviesa a la industria tecnológica europea. Por un lado, existe una voluntad política creciente de construir capacidades propias y reducir dependencias estratégicas. Por otro, la posición dominante alcanzada por los grandes hiperescaladores estadounidenses hace extremadamente difícil desarrollar alternativas capaces de competir en igualdad de condiciones a corto plazo. Empresas como Amazon Web Services, Microsoft Azure y Google Cloud concentran una parte muy importante del mercado mundial de servicios cloud y cuentan con una escala de inversión difícilmente replicable por los actores europeos.
Por ello, el caso de Telefónica refleja una realidad más amplia que afecta a gran parte del sector tecnológico europeo. Mientras la Unión Europea impulsa políticas orientadas a la autonomía digital, muchas de sus principales empresas continúan dependiendo de plataformas desarrolladas fuera de Europa para competir en mercados cada vez más exigentes. La alianza entre Telefónica y Google Cloud constituye un ejemplo claro de esta tensión entre pragmatismo empresarial y soberanía tecnológica.
En definitiva, en el post se concluía que la propuesta de nube soberana de Telefónica mejora el control local de los datos y fortalece determinados aspectos de la seguridad y la gobernanza digital, pero no altera la dependencia estructural respecto a la tecnología de Google Cloud. Bajo esta perspectiva, la soberanía operativa alcanzada por la solución no equivale a una soberanía tecnológica plena. La cuestión fundamental sigue siendo quién controla la infraestructura, quién desarrolla la tecnología, quién marca la evolución futura de la plataforma y quién captura el valor estratégico derivado de su utilización. Es precisamente en ese punto donde el análisis del post identificaba la principal distancia entre la estrategia seguida por Telefónica y la visión de soberanía digital que actualmente promueve la Unión Europea.
La alianza Telefónica–Google Cloud encaja solo parcialmente con la estrategia europea de los informes Letta y Draghi. Encaja porque mejora residencia de datos, cifrado, control local de claves y cumplimiento regulatorio en España; pero entra en tensión con el objetivo europeo de reforzar una industria cloud propia y reducir dependencias estratégicas de proveedores no europeos.
Telefónica anunció el 28 de mayo de 2026 una alianza con Google Cloud para ofrecer soluciones de nube soberana a administraciones públicas españolas y empresas reguladas. La propia Telefónica explica que Google Cloud aporta su infraestructura local en Madrid y que Telefónica actúa como socio de soberanía en España, gestionando controles de residencia, protección de datos, acceso y claves de cifrado desde territorio español https://bit.ly/43Zb8n5
El problema aparece al compararlo con el diagnóstico de Draghi. El Informe Draghi señala que tres hiperescaladores estadounidenses concentran más del 65% del mercado cloud mundial y europeo, mientras que el mayor operador europeo apenas representa el 2% del mercado de la UE. También afirma que Europa debe mantener presencia en ámbitos donde la soberanía tecnológica es necesaria, como seguridad, cifrado y soluciones de nube soberana https://bit.ly/4gdGNIN
Desde ese punto de vista, Telefónica cumple una parte del enfoque Draghi: aporta una capa europea y española de seguridad, cifrado y control operativo. Pero no cumple plenamente la parte industrial del diagnóstico, porque la plataforma base sigue siendo Google Cloud. Es decir, España gana control regulatorio sobre datos y claves, pero no construye una plataforma cloud española o europea independiente.
Draghi, además, no propone aislar a Europa de los hiperescaladores estadounidenses. Al contrario, plantea una vía intermedia: colaboración entre proveedores europeos y no europeos para acceder a la tecnología cloud más avanzada, pero preservando cifrado, seguridad y servicios acotados para proveedores europeos de confianza https://bit.ly/4eau3A5 En ese sentido, la alianza Telefónica–Google Cloud sí encaja con la parte pragmática del informe Draghi, porque permite usar tecnología estadounidense bajo controles locales. Sin embargo, queda lejos de crear un campeón europeo cloud, como si recoge la noticia publicada el 3 de junio con la formación de un consorcio con raíz europea.
El Informe Letta también ayuda a entender la contradicción. Letta propone una “quinta libertad” en el mercado único europeo, centrada en investigación, innovación, conocimiento, datos, inteligencia artificial y capacidad computacional. Defiende que Europa debe pasar de ser solo reguladora a ser también creadora y fabricante de nuevas tecnologías. Bajo esa lógica, la alianza de Telefónica con Google Cloud puede facilitar servicios cloud en España, pero no refuerza de forma plena la capacidad europea de diseñar y controlar la tecnología base.
La Comisión Europea ha llevado esa orientación a su paquete de soberanía tecnológica, que incluye la Cloud and AI Development Act (CADA), la Chips Act 2.0 y una estrategia de software abierto. La Comisión afirma que la CADA busca fortalecer la soberanía y competitividad europea en cloud e IA, triplicar la capacidad de centros de datos de la UE en 5-7 años e introducir un marco europeo de soberanía cloud con distintos niveles de garantía https://bit.ly/3Qu8Edr
Aquí está el punto clave para España: si la nube soberana se basa en Google Cloud, las administraciones públicas y empresas españolas pueden obtener más seguridad jurídica, residencia de datos y control de accesos, pero la dependencia tecnológica de fondo no desaparece. La infraestructura, la evolución de servicios, muchas herramientas avanzadas de IA y la capacidad de innovación siguen vinculadas a un hiperescalador estadounidense.
Para los españoles, el efecto puede ser doble. A corto plazo, puede ser positivo porque permite a administraciones, banca, sanidad, energía o empresas reguladas modernizarse con servicios cloud avanzados sin renunciar a controles locales de datos. A medio y largo plazo, el riesgo es que una parte importante del valor económico, tecnológico y estratégico del negocio cloud en España quede capturada por proveedores no europeos, mientras las empresas españolas actúan sobre todo como integradores, operadores de confianza o gestores de capas de seguridad.
Existe además un elemento que ayuda a comprender mejor la distancia entre la estrategia seguida por Telefónica y la dirección que actualmente está impulsando la Comisión Europea. La carta abierta firmada por los trece proveedores europeos de nube, junto con eurodiputados y organizaciones de la sociedad civil, no se limita a reclamar una mayor protección de los datos o una regulación más estricta de los servicios digitales. Su planteamiento es más profundo: defienden que Europa debe desarrollar la capacidad de diseñar, construir, operar y controlar sus propias infraestructuras digitales estratégicas.
Esta posición resulta especialmente relevante porque entre los firmantes figuran compañías europeas que compiten precisamente en ámbitos donde Telefónica ha optado por apoyarse en Google Cloud. Empresas como OVHcloud, Nextcloud, Scaleway o StackIT representan un modelo diferente de soberanía digital, basado en el desarrollo y explotación de tecnologías europeas propias. El mensaje que trasladan a las instituciones comunitarias es que la soberanía tecnológica no puede limitarse a establecer controles regulatorios sobre plataformas extranjeras, sino que requiere fortalecer proveedores europeos capaces de ofrecer alternativas competitivas.
Desde esta perspectiva, el debate ya no se centra únicamente en dónde se almacenan los datos o quién custodia las claves de cifrado, sino en quién controla la tecnología subyacente y quién captura el valor económico generado por ella. Precisamente por ello, la Comisión Europea ha comenzado a adjudicar contratos de nube soberana a proveedores europeos y a diseñar instrumentos para reforzar la capacidad industrial del continente en servicios cloud, inteligencia artificial y centros de datos. La intención es que Europa no sea únicamente usuaria de tecnologías desarrolladas por terceros, sino también creadora y propietaria de una parte significativa de esas tecnologías.
Es en este punto donde la estrategia de Telefónica muestra un contraste especialmente visible con la orientación que está tomando Bruselas. Mientras el consorcio europeo reclama una mayor autonomía tecnológica respecto a los grandes hiperescaladores estadounidenses y promueve la construcción de una oferta cloud europea propia, Telefónica ha decidido apoyarse en uno de esos mismos hiperescaladores para desarrollar su propuesta de nube soberana en España. La compañía aporta una capa relevante de confianza, gobernanza y control operativo, pero la plataforma tecnológica fundamental sigue siendo externa al ecosistema europeo.
La consecuencia es que Telefónica se sitúa en una posición intermedia. Por una parte, participa en el esfuerzo europeo por reforzar la seguridad, la residencia de los datos y la soberanía operativa. Por otra, no forma parte del grupo de empresas que están intentando construir una alternativa tecnológica europea independiente de los grandes proveedores estadounidenses. Esta diferencia resulta especialmente significativa porque la Comisión Europea, los informes Letta y Draghi y el reciente consorcio de proveedores europeos coinciden en señalar que el verdadero reto para Europa ya no es únicamente regular la tecnología, sino disponer de capacidades propias para desarrollarla y controlarla.
Por ello, la principal cuestión estratégica no es si la solución de Telefónica cumple los requisitos regulatorios o proporciona mayores garantías de seguridad, algo que nadie discute, sino si contribuye al objetivo más amplio que actualmente persigue la Unión Europea: reducir la dependencia estructural de plataformas tecnológicas no europeas y fortalecer una industria cloud propia capaz de competir internacionalmente. Es precisamente en ese aspecto donde el caso de Telefónica refleja con mayor claridad la falta de alineamiento existente entre el pragmatismo empresarial y la ambición de soberanía tecnológica que hoy promueven las instituciones europeas.
La cuestión adquiere una relevancia especial porque Telefónica no es una empresa tecnológica cualquiera dentro del panorama europeo. Se trata del principal operador español de telecomunicaciones y de uno de los grupos de infraestructuras digitales más importantes de la Unión Europea. Precisamente por ello, las decisiones que adopte en ámbitos como la computación en la nube trascienden el ámbito estrictamente empresarial y se proyectan sobre el debate europeo acerca de la autonomía tecnológica.
En un momento en el que la Comisión Europea, los informes Letta y Draghi y un creciente número de empresas tecnológicas europeas reclaman el fortalecimiento de capacidades propias en cloud, inteligencia artificial y centros de datos, el caso de Telefónica ilustra las dificultades que encuentra Europa para traducir sus ambiciones estratégicas en realidades industriales. La tecnología necesaria para competir globalmente existe, pero continúa concentrada en un reducido grupo de hiperescaladores estadounidenses.
Por ello, el verdadero debate que plantea la alianza entre Telefónica y Google Cloud no gira únicamente en torno a la protección de los datos o al cumplimiento normativo, sino sobre el modelo tecnológico que Europa quiere construir durante la próxima década. La pregunta de fondo no es si una nube puede ser segura y soberana desde el punto de vista regulatorio, sino si Europa será capaz de desarrollar plataformas propias sobre las que sustentar su transformación digital o si continuará dependiendo de tecnologías desarrolladas fuera de sus fronteras. La respuesta a esa cuestión determinará en gran medida el papel que desempeñarán empresas como Telefónica en la futura arquitectura digital europea.
Para terminar el post quiero manifestar que al comienzo del mismo planteaba la imagen de una empresa que fabrica coches en Europa, los ensambla en España y los comercializa bajo una marca europea, pero que depende de un proveedor extranjero para el motor, la electrónica y el software que determina su funcionamiento. El vehículo puede cumplir todas las normas europeas, ofrecer garantías de seguridad y fabricarse localmente, pero la tecnología que define su evolución futura sigue estando fuera de su control.
Esa misma imagen ayuda a comprender el debate que hoy existe en torno a la soberanía digital europea. Lo que la Comisión Europea, los informes Letta y Draghi y el reciente consorcio de proveedores cloud europeos están planteando no es únicamente la necesidad de que los datos permanezcan en Europa o de que existan mayores garantías regulatorias. El objetivo es más ambicioso: que Europa sea capaz de desarrollar, controlar y hacer evolucionar las tecnologías sobre las que se apoyará su economía digital durante las próximas décadas.
Desde esta perspectiva, la estrategia seguida por Telefónica bajo la presidencia de Marc Murtra plantea una evidente falta de alineamiento con la dirección que está tomando Europa. La alianza con Google Cloud puede responder a criterios empresariales legítimos y proporcionar una solución rápida y competitiva para el mercado español, pero difícilmente contribuye a la construcción de la capacidad tecnológica propia que Bruselas considera necesaria para reducir las dependencias estratégicas del continente.
La cuestión no reside en la colaboración con un proveedor internacional ni en las ventajas que ofrece Google Cloud. El verdadero debate es si uno de los principales grupos tecnológicos europeos está utilizando su posición para fortalecer una industria cloud europea o si está reforzando un modelo en el que Europa continúa dependiendo de tecnologías desarrolladas fuera de sus fronteras.
Precisamente por su dimensión, Telefónica no puede ser considerada un actor más dentro de este proceso. Se trata de una de las mayores compañías tecnológicas de Europa y de uno de los pocos grupos con capacidad para desempeñar un papel relevante en la construcción de una infraestructura digital europea. Por ello, sus decisiones tienen una trascendencia que va mucho más allá de los resultados trimestrales o de la lógica comercial inmediata.
Europa ha comenzado a construir una estrategia de soberanía tecnológica que abarca la nube, la inteligencia artificial, los centros de datos, los semiconductores y el software abierto. Los recursos públicos, la regulación y la política industrial empiezan a alinearse con ese objetivo. Telefónica puede optar por ser uno de los protagonistas de esa transformación o limitarse a desempeñar el papel de integrador local de tecnologías desarrolladas por terceros.
Porque, al final, la cuestión es exactamente la misma que planteaba la anécdota inicial. No basta con ensamblar el coche en Europa si el motor, la electrónica y el software siguen perteneciendo a otros. Del mismo modo, no basta con alojar los datos en España si la plataforma que los procesa, los hace evolucionar y captura gran parte del valor tecnológico continúa fuera del ecosistema europeo. Y en una industria que se encamina hacia la inteligencia artificial, el cloud y los datos como pilares de la competitividad, a Telefónica le va buena parte de su futuro en la capacidad de participar activamente en la construcción de esa soberanía tecnológica que Europa acaba de decidir impulsar.
Ya lo dijo Thierry Breton: “La autonomía estratégica de Europa empieza por su capacidad para decidir sobre sus propias infraestructuras críticas.”







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