sábado, 8 de agosto de 2026

TELEFÓNICA, FUERA DE ÓRBITA: MURTRA COMTEMPLA DESDE TIERRA EL FUTURO EUROPEO DE LAS TELECOMUNICACIONES

 

Hay una pequeña ironía que resume bastante bien la situación de Telefónica. Cuando Marc Murtra presentó Transform & Grow el 4 noviembre de 2025, uno de los conceptos que quiso colocar en el centro del nuevo relato de la compañía fue la autonomía estratégica europea. Apenas nueve meses después, Europa cerraba una nueva fase de IRIS², ampliaba el proyecto hasta 348 satélites y consolidaba un núcleo industrial en el que estaban Orange, Deutsche Telekom, Hispasat, Airbus o Thales. Telefónica seguía fuera.

La paradoja es difícil de ignorar: Telefónica empezó a hablar de soberanía tecnológica europea cuando algunos de sus principales competidores ya llevaban tiempo ocupando una silla en uno de los proyectos donde esa soberanía estaba dejando de ser un discurso para convertirse en infraestructura. Murtra no provocó aquella ausencia, porque la composición inicial de IRIS² se decidió antes de su llegada bajo la desgraciada presidencia de Álvarez-Pallete, pero sí heredó el problema. Y hasta ahora Murtra no ha conseguido cambiar la fotografía. 

Europa está empezando a convertir en infraestructura real su discurso sobre soberanía tecnológica. IRIS², la futura red europea de comunicaciones seguras por satélite, avanza ya con una arquitectura de 348 satélites y con un núcleo industrial en el que participan compañías como Orange, Deutsche Telekom, Hispasat, Airbus o Thales. Telefónica, en cambio, no está entre ellas.

La ausencia resulta especialmente significativa porque llega mientras Marc Murtra defiende la autonomía estratégica europea como uno de los ejes del futuro de Telefónica. El contraste entre ese discurso y la posición real de la compañía en uno de los mayores proyectos tecnológicos paneuropeos abre una pregunta incómoda: ¿está Transform & Grow preparando a Telefónica para liderar la próxima década o simplemente para gestionar mejor la compañía que ya existe?

Hispasat se coloca en el centro de IRIS², la gran red europea de comunicaciones seguras por satélite

La Unión Europea ha dado uno de los pasos más importantes hasta ahora para convertir IRIS², su futura infraestructura soberana de comunicaciones por satélite, en un sistema operativo. La Comisión Europea y el consorcio SpaceRISE cerraron el 6 de agosto las negociaciones de la denominada fase Rendez-vous 1 y firmaron el acuerdo de implementación que permite pasar del diseño y la planificación al despliegue industrial de la constelación. En ese reparto de responsabilidades, la española Hispasat ha sido designada contratista principal del segmento terrestre, con un presupuesto superior a los 1.600 millones de euros.

El papel adjudicado a Hispasat comprende la infraestructura de antenas, los sistemas de control y las conexiones entre la constelación y las redes terrestres. Se trata del conjunto de instalaciones desde las que se gestionarán las distintas capas orbitales de IRIS², incluidos centros de control, estaciones y enlaces sometidos a los requisitos de seguridad y resiliencia establecidos para una infraestructura destinada, entre otros usuarios, a gobiernos, fuerzas de defensa, cuerpos de seguridad y servicios de emergencia. Hispasat califica el proyecto como la mayor y más compleja infraestructura terrestre desarrollada hasta ahora en Europa para un programa espacial. Comunicado de Hispasat sobre su participación en IRIS²

La adjudicación refuerza además el peso de España dentro de SpaceRISE. Hispasat comparte el núcleo del consorcio con la francesa Eutelsat y la luxemburguesa SES, mientras que la cadena industrial incorpora a compañías europeas como Airbus Defence and Space, Thales Alenia Space, OHB, Aerospacelab, Telespazio, Deutsche Telekom, Orange, Hisdesat y Thales SIX. El esquema responde al modelo de colaboración público-privada elegido por Bruselas para IRIS², tercer gran programa espacial de la Unión después de Galileo y Copernicus.

El acuerdo cerrado ahora modifica de manera sustancial las dimensiones que se manejaban cuando se firmó la concesión original en diciembre de 2024. La configuración principal de IRIS² queda fijada en 348 satélites, 330 en órbita terrestre baja —LEO— y 18 en órbita terrestre media —MEO—. La Unión ha añadido 66 satélites LEO a la arquitectura para aumentar específicamente las capacidades destinadas a defensa, seguridad y servicios de emergencia. Según la comunicación sobre el acuerdo de implementación, la ampliación aumentará en un 60% la capacidad gubernamental segura disponible dentro de la UE y en un 54% la capacidad a escala mundial. Acuerdo de implementación y arquitectura actualizada de IRIS²

La cifra es importante porque la primera arquitectura formalizada por Bruselas contemplaba algo más de 290 satélites en diferentes órbitas. La Agencia Espacial Europea hablaba entonces de una constelación multiorbital de aproximadamente 300 unidades. La revisión realizada durante Rendez-vous 1 ha servido precisamente para validar costes, requisitos técnicos, plazos, organización industrial y financiación y para adaptar el sistema a las nuevas necesidades de seguridad planteadas por los Estados miembros. Reuters confirmó este viernes que el acuerdo incorpora los 66 nuevos satélites y eleva la constelación principal a 348 unidades. Información de Reuters sobre la ampliación de IRIS²

 

Hispasat asumirá además el liderazgo de la denominada capa Low LEO, destinada a operar a altitudes inferiores a 750 kilómetros y concebida para incorporar servicios como la conexión directa entre satélites y dispositivos móviles —Direct-to-Device— y aplicaciones de Internet de las Cosas. La compañía ha comprometido una inversión de hasta 600 millones de euros vinculada al acceso a capacidades en órbitas no geoestacionarias y a derechos de explotación en regiones consideradas de interés estratégico y comercial. Esta participación permite a un operador históricamente asociado a los satélites geoestacionarios avanzar hacia una infraestructura multiorbital.

La distribución industrial también deja a SES un papel destacado. El operador luxemburgués ha confirmado tras superar Rendez-vous 1 que desplegará los 18 satélites MEO del programa y prevé comprometer hasta 1.350 millones de euros en ese segmento. SES será asimismo responsable de áreas relacionadas con terminales de usuario, operaciones y prestación de servicios LEO/MEO desde los centros de control de IRIS². La compañía calcula que aproximadamente el 90% de la capacidad de su segmento MEO podrá ser explotada comercialmente. Comunicado de SES tras completar Rendez-vous 1

IRIS² suele presentarse como la respuesta europea a grandes constelaciones como Starlink, aunque su estructura y su objetivo institucional son diferentes. La prioridad establecida por la Unión es disponer de comunicaciones soberanas, cifradas, seguras y resilientes para administraciones públicas, defensa, seguridad, gestión de crisis y protección de infraestructuras críticas, al mismo tiempo que la capacidad no reservada puede utilizarse para prestar servicios comerciales. La UE busca con ello reducir su dependencia de proveedores externos y mantener bajo control europeo una infraestructura de comunicaciones considerada estratégica.

También ha aumentado el volumen financiero del proyecto. Cuando se firmó la concesión de doce años en diciembre de 2024, la ESA situaba el presupuesto previsto en unos 10.600 millones de euros, de los que 6.500 millones procedían de financiación pública y más de 4.000 millones de la industria. Tras la revisión del programa y la ampliación de capacidades, la inversión total prevista supera ahora los 15.600 millones de euros. La Comisión ha señalado que la aceleración del calendario y el refuerzo de la constelación exigirán recursos adicionales procedentes del presupuesto comunitario para 2028-2034 y de aportaciones de Estados miembros y terceros países participantes. Información de la ESA sobre la configuración original de IRIS²

En este apartado ya hay compromisos nacionales concretos. Polonia ha comprometido 656 millones de euros y Hungría otros 500 millones, mientras que España ha anunciado una aportación de entre 1.600 y 2.000 millones de euros. La Comisión señala que se están ultimando acuerdos con otros Estados miembros. Estas aportaciones nacionales se suman a la financiación comunitaria y privada y permiten incorporar necesidades específicas de los países al diseño general del sistema.

El calendario también se ha acelerado. El plan de trabajo contempla completar el diseño detallado, preparar la fabricación de los satélites y de la infraestructura terrestre segura, contratar los servicios de lanzamiento y comenzar los primeros lanzamientos en el año 2029. La Comisión prevé desplegar progresivamente servicios de conectividad desde ese mismo año, mientras que el objetivo de entrada en servicio del conjunto del programa continúa situado en 2030.

IRIS² no parte, además, de un vacío operativo. Desde enero de 2026 funciona EU GOVSATCOM, el sistema mediante el cual la Unión agrupa capacidades de comunicaciones por satélite ya existentes y las pone a disposición de usuarios gubernamentales autorizados. Francia, Grecia, Italia, Luxemburgo y España aportan actualmente capacidad al sistema a través del GOVSATCOM Hub. IRIS² deberá ampliar sustancialmente esta capacidad cuando sus satélites comiencen a entrar en servicio. Información oficial de EUSPA sobre GOVSATCOM

La adjudicación adquiere especial relevancia para Indra después de la toma de control de Hispasat. La operación para comprar a Redeia el 89,68% del operador español por 725 millones de euros fue acordada el 31 de enero de 2025 y se cerró formalmente el 30 de diciembre de 2025, una vez obtenidas las autorizaciones necesarias. La adquisición dio también a Indra el control de Hisdesat y pasó a formar parte de su estrategia para integrar capacidades espaciales civiles, gubernamentales y militares bajo Indra Space. Información de Redeia sobre la venta de Hispasat

El avance de IRIS² coincide con otro contrato internacional anunciado este viernes por Indra. La compañía española liderará, junto con la empresa griega ATESE, el suministro de los sistemas de gestión del tráfico aéreo, vigilancia, navegación y comunicaciones del nuevo Aeropuerto Internacional de Heraclión, en Kastelli, Creta, por 85 millones de euros. El aeropuerto está previsto para entrar en funcionamiento en 2028 y sustituirá al actual Nikos Kazantzakis. Comunicado de Indra sobre el aeropuerto de Creta

Con el cierre de Rendez-vous 1, IRIS² deja así atrás una parte esencial de su fase de definición y entra en la etapa industrial. Para Hispasat supone asumir el liderazgo de una pieza crítica de la infraestructura europea —el segmento que permitirá controlar los satélites y conectarlos con las redes terrestres—, mientras que para la Unión Europea el acuerdo fija una arquitectura ampliada, un calendario de despliegue y un marco de financiación para convertir las comunicaciones espaciales seguras en una infraestructura propia a partir de 2029 y 2030

En conjunto, las principales compañías que participan en dicho proyecto son:

  • SES — Luxemburgo. Es el miembro líder de SpaceRISE y tiene un papel destacado en la arquitectura de órbita media, MEO.
  • Eutelsat — Francia. Operador europeo de satélites y uno de los tres socios principales de la concesión.
  • Hispasat — España. Uno de los tres operadores principales; además, ha asumido un papel central en el segmento terrestre de IRIS².
  • Airbus Defence and Space — grupo europeo con fuerte presencia en Francia, Alemania y España. Participa en el componente industrial y espacial.
  • Thales Alenia Space — empresa franco-italiana especializada en fabricación de satélites y sistemas espaciales.
  • OHB — Alemania. Uno de los principales fabricantes europeos de satélites.
  • Telespazio — Italia. Especializada en operaciones espaciales, servicios satelitales e infraestructuras terrestres.
  • Deutsche Telekom — Alemania. Participa en el ámbito de redes y telecomunicaciones terrestres.
  • Orange — Francia. Aporta capacidades de telecomunicaciones y conectividad.
  • Hisdesat — España. Especializada en comunicaciones gubernamentales y militares por satélite.
  • Thales SIX / Thales Secure Information and Communication Systems — Francia. Especializada en comunicaciones seguras, sistemas de defensa y ciberseguridad.

Por tanto, si hablamos estrictamente de las compañías que la Comisión Europea reconoce como núcleo industrial de IRIS², actualmente son 11 grandes empresas, encabezadas por SES, Eutelsat e Hispasat. Esto no significa que sean las únicas compañías que terminarán trabajando en el programa: cada uno de estos grupos puede contratar a su vez fabricantes de componentes, electrónica, antenas, terminales, software, lanzadores y proveedores especializados, por lo que la cadena industrial de IRIS² será considerablemente más amplia. La propia Comisión sigue abriendo convocatorias para incorporar industria europea, por ejemplo en terminales de usuario.

En el caso de España, los nombres directamente presentes en este núcleo son sobre todo Hispasat y Hisdesat, además de la participación española existente dentro de grupos multinacionales como Airbus y otros proveedores que podrán incorporarse a la cadena industrial. Información oficial de la Comisión Europea sobre el consorcio SpaceRISE

Las ventajas de IRIS² para Deutsche Telekom, Orange y los grandes operadores europeos de telecomunicaciones

La participación de compañías como Deutsche Telekom y Orange en IRIS² tiene una importancia que va bastante más allá de colaborar en la construcción de una constelación europea de satélites. Para estos grandes operadores de telecomunicaciones, IRIS² representa principalmente la posibilidad de participar desde su fase de diseño en la integración de dos mundos que hasta hace pocos años funcionaban en gran medida de manera separada: las redes terrestres de fibra y telefonía móvil y las nuevas redes de comunicaciones por satélite en órbitas LEO y MEO.

Conviene precisar, sin embargo, cuál es exactamente su posición. Deutsche Telekom y Orange no son los concesionarios principales de IRIS². El contrato de concesión de doce años fue adjudicado por la Comisión Europea al consorcio SpaceRISE, formado por los operadores satelitales SES, Eutelsat e Hispasat. Deutsche Telekom y Orange forman parte del denominado “Core Team” de subcontratistas europeos, junto con Airbus Defence and Space, Thales Alenia Space, OHB, Telespazio, Hisdesat y Thales SIX. Su participación es, por tanto, industrial y tecnológica y no debe confundirse con los derechos de inversión y explotación atribuidos a los tres operadores satelitales que integran SpaceRISE.

Para Orange y Deutsche Telekom, una de las ventajas más concretas es poder intervenir directamente en el desarrollo de la futura convergencia entre las redes terrestres y las redes no terrestres, conocidas en el sector como NTN, Non-Terrestrial Networks. Esta integración constituye precisamente una de las transformaciones tecnológicas más importantes que está experimentando la industria de telecomunicaciones.

Deutsche Telekom ha explicado públicamente cuál es su cometido dentro de IRIS². Su contrato incluye el diseño de servicios avanzados de tecnologías de la información y centros de datos, redes WAN seguras y una red de núcleo 5G. Es decir, Telekom no se limita a proporcionar una conexión entre una antena y un satélite, sino que trabaja en la infraestructura que deberá hacer posible que la conectividad espacial se integre en las redes digitales terrestres europeas. La propia compañía considera que el futuro de las telecomunicaciones pasa por una integración progresiva entre redes terrestres y no terrestres.

Orange está trabajando en una dirección semejante. La compañía ha señalado que su participación en IRIS² se concentra particularmente en las tecnologías 5G NTN, destinadas a hacer posible que las redes móviles puedan conectarse con sistemas satelitales. Orange identifica entre las aplicaciones de esta tecnología la conexión directa entre satélites y terminales móviles, los servicios de Internet de las Cosas mediante satélite y la integración de la conectividad espacial dentro de la arquitectura general de las telecomunicaciones 5G.

Esto tiene una consecuencia tecnológica importante para ambos operadores: IRIS² les permite trabajar sobre una arquitectura en la que la red de satélites no se concibe como una infraestructura aislada que compite necesariamente con las redes móviles y de fibra, sino como una extensión de ellas. El objetivo es que un operador pueda combinar distintas infraestructuras dependiendo del lugar, la disponibilidad de red y el servicio solicitado.

Para una compañía de telecomunicaciones europea, esta integración permite ampliar la cobertura allí donde desplegar fibra óptica o estaciones base móviles resulta difícil o económicamente poco eficiente. El propio Reglamento (UE) 2023/588, que establece el Programa de Conectividad Segura de la Unión, fija como uno de sus objetivos permitir que el sector privado proporcione banda ancha de alta velocidad y conectividad continua, eliminando las denominadas zonas muertas de comunicaciones y reduciendo la brecha digital.

Por consiguiente, un operador terrestre podría disponer de una infraestructura adicional para complementar su red en áreas rurales, montañosas, marítimas o de difícil acceso. La Comisión Europea contempla expresamente que IRIS² refuerce los servicios móviles y fijos de banda ancha y proporcione conectividad en lugares donde las infraestructuras tradicionales no llegan adecuadamente. También prevé conexiones para buques, aviones, vehículos, drones y otros medios de transporte.

Esta característica es particularmente relevante porque Orange y Deutsche Telekom ya poseen enormes redes terrestres. Para ellas, el satélite no tiene necesariamente que sustituir las infraestructuras existentes. Deutsche Telekom señala expresamente que las redes satelitales deben complementar la elevada cobertura móvil existente en Europa. La combinación permite establecer una arquitectura híbrida en la que fibra, 5G y satélite puedan utilizarse conjuntamente.

Otro beneficio directamente relacionado con esa arquitectura es la resiliencia de las redes. Una red terrestre puede quedar interrumpida debido a daños físicos en fibra, fallos de suministro eléctrico, catástrofes naturales, sabotajes u otras incidencias. Una red satelital proporciona un camino de comunicaciones adicional que no depende completamente de las mismas infraestructuras terrestres.

La Comisión Europea incluye precisamente entre los casos de utilización de IRIS² el refuerzo de las redes terrestres mediante enlaces satelitales cuando se produzcan acontecimientos disruptivos. También contempla comunicaciones para gestión de crisis, protección civil, infraestructuras críticas, centros de datos, redes energéticas, banca, transporte, sanidad y servicios de emergencia.

Para operadores como Deutsche Telekom y Orange, cuya actividad consiste precisamente en garantizar disponibilidad y continuidad de comunicaciones a millones de clientes y a grandes empresas, disponer de otra capa tecnológica susceptible de integrarse con sus redes amplía las alternativas técnicas para proporcionar comunicaciones resilientes.

 

Deutsche Telekom ha identificado expresamente entre las aplicaciones futuras de IRIS² la protección civil, la gestión de crisis, la protección de infraestructuras críticas, la seguridad nacional y la resiliencia europea. Además, la compañía confirma que está previsto que exista una oferta de banda ancha dirigida a clientes empresariales, B2B.

Aquí aparece otra de las ventajas importantes para las empresas de telecomunicaciones: IRIS² no está concebido exclusivamente como una red gubernamental o militar. El modelo legal europeo distingue una infraestructura destinada a servicios gubernamentales y una infraestructura comercial.

El Reglamento europeo establece explícitamente que el sector privado podrá prestar servicios comerciales en condiciones de mercado. Entre ellos se encuentran la banda ancha de alta velocidad y la conectividad continua tanto dentro de Europa como en determinadas áreas de interés fuera del continente.

Por tanto, existe un mercado comercial asociado a IRIS². Para empresas como Orange y Deutsche Telekom, este mercado está relacionado fundamentalmente con aquellos clientes para los que la cobertura global, la seguridad o la continuidad del servicio tienen especial importancia: grandes empresas, operadores mayoristas, transporte, energía, banca, industria, administraciones y organizaciones que operan infraestructuras críticas.

La Comisión identifica específicamente como casos de utilización comercial los servicios B2B de trunking satelital, el acceso satelital para transporte, las comunicaciones marítimas, aeronáuticas y de vehículos conectados, los servicios basados en la nube, los centros de datos, la banca, las redes eléctricas inteligentes y otras aplicaciones industriales.

Orange, de hecho, ya desarrolla comercialmente parte de este modelo híbrido fuera de IRIS². Su división Orange Wholesale ofrece infraestructura terrestre para operadores de satélites y dispone de un telepuerto propio y acceso a una red internacional de telepuertos asociados. La compañía define su estrategia precisamente como una combinación de infraestructuras de conectividad por tierra, mar y espacio.

La participación en IRIS² también proporciona a estas compañías experiencia directa en una tecnología que será especialmente relevante durante la evolución desde 5G hacia 6G. Desde los primeros estudios preparatorios de la futura constelación europea se planteó que el sistema debía aprovechar el papel de los satélites dentro del ecosistema 5G y estudiar su interoperabilidad teniendo en cuenta la evolución posterior hacia tecnologías 6G. Orange participaba ya en esos trabajos iniciales.

Este aspecto se está haciendo cada vez más concreto. En 2026, la Comisión Europea ha abierto nuevas convocatorias para desarrollar terminales IRIS² compatibles con 5G NR NTN, precisamente con el objetivo de industrializar equipos que puedan fabricarse a gran escala y reducir la dependencia europea de componentes externos.

La conectividad directa con dispositivos constituye otro campo relevante. Orange identifica el denominado Direct-to-Cell como uno de los desarrollos derivados de la integración entre satélite y redes móviles. Esta tecnología busca que determinados teléfonos y otros terminales puedan comunicarse directamente con satélites cuando desaparece la cobertura de las antenas terrestres.

De manera paralela aparece el Internet de las Cosas por satélite. Sensores industriales, instalaciones energéticas, flotas de transporte, explotaciones agrícolas, plataformas marítimas o infraestructuras ubicadas en zonas remotas pueden necesitar transmitir cantidades relativamente pequeñas de información pero hacerlo desde lugares en los que no existe cobertura terrestre permanente. Orange cita expresamente estas aplicaciones entre las oportunidades de la integración entre redes móviles y satélite.

Existe asimismo una ventaja derivada del carácter paneuropeo de IRIS². Para operadores como Deutsche Telekom y Orange, que trabajan simultáneamente en numerosos países y conectan redes nacionales e internacionales, participar en una infraestructura desarrollada a escala de la Unión facilita trabajar sobre un sistema concebido desde su origen para proporcionar conectividad transfronteriza.

 

Deutsche Telekom destaca precisamente que su participación se produce en una infraestructura digital transfronteriza europea. No se trata de desarrollar una constelación exclusivamente alemana, francesa o española, sino de establecer una infraestructura común capaz de prestar servicios en toda la Unión y fuera de ella.

El modelo de colaboración público-privada también presenta una característica económica relevante, aunque debe interpretarse con cuidado. El Reglamento europeo establece que esta fórmula permite compartir los gastos relacionados con los componentes comunes de las infraestructuras gubernamentales y comerciales y alcanzar un elevado grado de mutualización de capacidades y costes operativos.

Esto no significa que Bruselas financie automáticamente las inversiones comerciales de Orange o Deutsche Telekom ni que ambas compañías tengan garantizada una rentabilidad determinada. La legislación establece, de hecho, que la infraestructura comercial y el riesgo asociado deben ser financiados por los contratistas correspondientes. Lo que sí establece el modelo es una infraestructura común en la que determinadas inversiones y capacidades gubernamentales y comerciales pueden desarrollarse de forma coordinada, evitando tener que crear sistemas completamente separados para cada finalidad.

La magnitud del proyecto refuerza esta característica. Tras el acuerdo alcanzado el 6 de agosto de 2026 entre la Comisión Europea y SpaceRISE, la arquitectura principal de IRIS² se ha ampliado hasta 348 satélites, 330 en LEO y 18 en MEO, y el programa ha pasado de su fase de planificación hacia el despliegue industrial. Los primeros lanzamientos están previstos a partir de 2029.

También existe un componente relacionado con la seguridad y soberanía tecnológica europea. El Reglamento que creó el programa establece expresamente como objetivo evitar una dependencia excesiva de soluciones establecidas fuera de la Unión, especialmente para infraestructuras críticas. IRIS² debe proporcionar comunicaciones seguras y autónomas y desarrollar redundancia, protección frente a ciberamenazas y otras medidas de resiliencia.

Para Deutsche Telekom y Orange, participar en la construcción de esta infraestructura significa trabajar directamente en el desarrollo de sistemas sometidos a esos requisitos europeos de seguridad, autonomía y resiliencia. Deutsche Telekom, por ejemplo, tiene asignados trabajos sobre redes WAN seguras, infraestructura informática, centros de datos y núcleo 5G, precisamente elementos críticos para conectar el segmento espacial con las redes terrestres.

Esta dimensión puede resultar especialmente importante en el mercado gubernamental y de infraestructuras críticas, aunque debe hacerse otra distinción. Ser miembro del Core Team de IRIS² no significa que Orange o Deutsche Telekom reciban automáticamente contratos futuros de ministerios, ejércitos, bancos o compañías energéticas. Lo que sí está establecido es que la infraestructura en la que participan debe soportar servicios de esta naturaleza y que el programa está diseñado expresamente para atender necesidades de gobiernos, defensa, protección civil e infraestructuras críticas.

Además, IRIS² se conectará progresivamente con GOVSATCOM, el sistema europeo de comunicaciones gubernamentales por satélite que comenzó a prestar sus primeros servicios en enero de 2026. La documentación europea establece que los servicios de IRIS² se incorporarán posteriormente al catálogo de GOVSATCOM, incrementando las capacidades de comunicaciones gubernamentales disponibles.

La participación en el mismo proyecto de operadores satelitales, fabricantes de satélites, compañías de telecomunicaciones terrestres y especialistas en seguridad aporta otra ventaja objetiva: la interoperabilidad puede abordarse desde la propia fase de diseño. SES, Eutelsat e Hispasat aportan la infraestructura espacial; Airbus, Thales Alenia Space y OHB participan en el ámbito industrial espacial; Telespazio e Hisdesat aportan capacidades especializadas; y Orange y Deutsche Telekom representan el conocimiento de las grandes redes terrestres y móviles europeas. La estructura del consorcio fue concebida precisamente para reunir distintos segmentos del ecosistema de comunicaciones por satélite.

Desde la perspectiva de Orange y Deutsche Telekom, por tanto, probablemente la característica tecnológica más importante de IRIS² sea que les permite intervenir en el punto de unión entre satélite, fibra, centros de datos y 5G. No necesitan convertirse en fabricantes de satélites para participar en la economía de las comunicaciones espaciales: su función está precisamente en convertir la capacidad proporcionada desde el espacio en servicios que puedan integrarse en las redes y plataformas de telecomunicaciones utilizadas por empresas, administraciones y usuarios.

Sin embargo, participación industrial y éxito comercial no son sinónimos. Este es un punto especialmente importante para evitar conclusiones que las propias compañías no sostienen.

En febrero de 2026, Orange y Deutsche Telekom advirtieron públicamente de que IRIS² tendrá que ofrecer prestaciones y precios suficientemente competitivos frente a constelaciones estadounidenses como Starlink o Kuiper para resultar atractivo comercialmente. Los representantes de ambas compañías señalaron que los operadores europeos tendrán que valorar precio, prestaciones y relación calidad-precio a la hora de adquirir capacidad satelital. El consejero delegado de Eutelsat, Jean-François Fallacher, confirmó posteriormente a Reuters que esa exigencia reflejaba las expectativas existentes en el mercado.

Esto significa que IRIS² no garantiza a Deutsche Telekom u Orange una ventaja comercial simplemente por ser europeo. Tampoco existe una obligación conocida que las fuerce a utilizar exclusivamente la constelación europea para sus servicios comerciales. Su principal ventaja actual consiste en participar directamente en el desarrollo de una infraestructura soberana paneuropea, adquirir y aportar capacidades de integración entre redes espaciales y terrestres y poder incorporar, si sus prestaciones son competitivas, una nueva capa de conectividad a sus servicios.

En términos estrictamente empresariales y tecnológicos, las oportunidades documentadas son, por tanto, considerables: extensión de cobertura sin depender exclusivamente de infraestructura terrestre; respaldo satelital para mejorar la resiliencia; integración de satélite con redes 5G y posteriormente 6G; desarrollo de Direct-to-Cell y 5G NTN; comunicaciones IoT en regiones remotas; servicios para empresas y operadores mayoristas; conectividad para transporte marítimo, aéreo y terrestre; comunicaciones para centros de datos e infraestructuras críticas; participación en una infraestructura europea con elevados requisitos de ciberseguridad; y experiencia industrial directa en la construcción de una arquitectura multiorbital integrada con las redes convencionales.

Todo ello se produce además dentro de un programa concebido para operar a escala europea y global y no como una suma de sistemas nacionales independientes. Esa dimensión paneuropea es posiblemente una de sus diferencias fundamentales para Deutsche Telekom y Orange: IRIS² permite que grandes operadores terrestres europeos participen directamente en la construcción de la capa espacial de las futuras telecomunicaciones europeas manteniendo su especialización principal —redes, 5G, fibra, centros de datos, seguridad y servicios a clientes— y conectándola con la nueva generación de infraestructuras satelitales.

 

La principal conclusión es que la ventaja para Orange y Deutsche Telekom no consiste tanto en “poseer satélites” como en poder integrar IRIS² dentro de su negocio tradicional de telecomunicaciones: 5G/6G, fibra, cloud, centros de datos, redes empresariales y conectividad mayorista. Y existe una cautela importante: las propias Orange y Telekom han dejado claro que el componente comercial de IRIS² deberá ser competitivo en prestaciones y precio; su participación industrial no equivale a una garantía de negocio futuro https://tinyurl.com/4bvzp3kc

Telefónica mira desde tierra mientras Europa construye en el espacio su soberanía digital

La fotografía que deja el reparto industrial definitivo de IRIS² resulta difícil de encajar con el relato estratégico que Telefónica viene construyendo desde que Marc Murtra asumió la presidencia de la compañía. Mientras Europa avanza en la creación de la mayor infraestructura soberana de comunicaciones por satélite desarrollada hasta ahora en el continente, dos de los grandes competidores europeos de Telefónica, Deutsche Telekom y Orange, están dentro del núcleo industrial del proyecto. Telefónica, no.

No es una cuestión menor ni un contrato convencional que pueda incorporarse simplemente al inventario de adjudicaciones perdidas. IRIS² es uno de los grandes proyectos europeos de autonomía estratégica de las próximas décadas. La Comisión Europea acaba de cerrar con SpaceRISE una nueva etapa de su despliegue, ampliando la arquitectura hasta 348 satélites y acelerando un sistema concebido para proporcionar comunicaciones seguras a gobiernos, defensa, servicios de emergencia e infraestructuras críticas, además de habilitar servicios comerciales de conectividad.

Y en ese tablero aparecen Orange y Deutsche Telekom. La Comisión Europea las incluye oficialmente dentro del Core Team industrial de IRIS² junto con Airbus Defence and Space, Thales Alenia Space, OHB, Telespazio, Hisdesat y Thales SIX, alrededor de los tres operadores que forman SpaceRISE: SES, Eutelsat e Hispasat. Telefónica no figura entre ellos.

La diferencia es especialmente relevante porque Orange y Deutsche Telekom no participan en IRIS² como simples espectadores. Lo hacen precisamente en el terreno en el que se jugará una parte del futuro de las telecomunicaciones: la convergencia entre redes terrestres de fibra y 5G y redes no terrestres o NTN. Deutsche Telekom trabaja en áreas como centros de datos, redes WAN seguras y núcleo 5G, mientras Orange está involucrada en el desarrollo de tecnologías 5G NTN y en la conexión entre redes móviles y satelitales. Es decir, ambas están adquiriendo posición industrial dentro de la infraestructura europea que pretende unir fibra, móvil, cloud y espacio. Esa es precisamente una de las grandes oportunidades que IRIS² ofrece a las operadoras tradicionales.

El contraste con Telefónica resulta inevitable.

El 4 de noviembre de 2025, Marc Murtra presentó Transform & Grow 2026-2030, el plan llamado a redefinir la compañía durante cinco años. Telefónica declaró entonces que quería convertirse en una operadora europea de referencia mundial, aumentar sus capacidades tecnológicas, escalar el negocio B2B y contribuir a la autonomía estratégica europea. La propia estrategia corporativa continúa afirmando que uno de sus compromisos es precisamente la “European Strategic Autonomy” y advierte de la creciente dependencia tecnológica de Europa en áreas críticas. Plan estratégico Transform & Grow de Telefónica El problema es que IRIS² representa casi literalmente aquello de lo que habla ese discurso.

Estamos ante una infraestructura europea, paneuropea, tecnológica, de telecomunicaciones, 5G, satélite, ciberseguridad, resiliencia, servicios B2B, administraciones públicas e infraestructuras críticas. Es difícil encontrar un proyecto que encaje mejor con una operadora que proclama como objetivos simultáneos crecer en B2B, evolucionar tecnológicamente y contribuir a la soberanía digital europea.

Y, sin embargo, Telefónica está fuera de su núcleo industrial.

Orange y Deutsche Telekom están dentro.

Ese dato pesa mucho más que cualquier declaración de intenciones.

Hay además una paradoja particularmente incómoda. Murtra ha convertido durante 2026 la soberanía tecnológica europea en uno de los ejes de su discurso público. En marzo reclamó en el Mobile World Congress “escala”, una regulación favorable a la tecnología y “más velocidad” para reforzar la soberanía estratégica europea. En junio fue todavía más explícito: defendió que Europa debía construir tecnología propia para garantizar su autonomía y aseguró que el continente dispone del talento, los ingenieros, las empresas y las instituciones necesarios para hacerlo.

IRIS² es exactamente una materialización industrial de ese planteamiento.

Europa está construyendo tecnología propia. Está poniendo dinero público y privado. Está creando una infraestructura crítica. Está reuniendo operadores de telecomunicaciones, fabricantes de satélites, especialistas en ciberseguridad, compañías espaciales y proveedores de redes. Está intentando reducir su dependencia de infraestructuras no europeas. Y Telefónica no está sentada en la mesa principal.

La comparación española hace todavía más visible la situación. Indra tomó el control de Hispasat precisamente para reforzar su posición en el espacio y las comunicaciones seguras. En documentación presentada por el propio consejo de administración de Indra, la compañía justificó la adquisición señalando expresamente que Hispasat permitiría reforzar su presencia en IRIS², capturar valor industrial y ampliar su huella tecnológica en comunicaciones seguras.

El resultado ya es tangible. Hispasat se ha convertido en contratista principal del segmento terrestre de IRIS², responsable de una infraestructura valorada en más de 1.600 millones de euros, y liderará además el desarrollo de la capa Low LEO, para la que ha comprometido hasta 600 millones;

·         Mientras Telefónica habla de soberanía, Indra ha comprado activos para posicionarse en ella.

·         Mientras Telefónica habla de tecnología europea, Hispasat asume responsabilidades industriales dentro de la infraestructura europea.

·         Mientras Telefónica habla de escala continental, Orange y Deutsche Telekom forman parte del proyecto paneuropeo que conectará satélite, 5G y redes terrestres.

·         Ése es el problema estratégico.

Sería incorrecto, sin embargo, afirmar que Telefónica no está haciendo absolutamente nada en conectividad satelital o en proyectos tecnológicos europeos. En marzo de 2026, Telefónica anunció una colaboración con Satellite Connect Europe para explorar servicios satelitales Direct-to-Device en España y Alemania. El acuerdo pretende evaluar tecnologías, modelos de integración y posibles casos de uso capaces de complementar sus redes móviles. Telefónica y Satellite Connect Europe exploran conectividad D2D. La palabra relevante es “explorar”.

Satellite Connect Europe, impulsada originalmente por Vodafone y AST SpaceMobile, está desarrollando una plataforma europea abierta para proporcionar conectividad Direct-to-Device a operadores móviles. Es una iniciativa relevante y Telefónica puede beneficiarse de ella. Pero no constituye la misma posición industrial que formar parte de IRIS² desde su arquitectura y desarrollo.

Tampoco puede decirse que Telefónica esté ausente de los programas paneuropeos de soberanía tecnológica. En marzo lanzó junto con la Comisión Europea EURO-3C, un consorcio liderado por la propia Telefónica e integrado por más de 70 entidades europeas para desarrollar una infraestructura federada de Telco, Edge, Cloud e inteligencia artificial. El proyecto dispone de 75 millones de euros de presupuesto y está financiado por Horizonte Europa. Es una iniciativa real y relevante.

Pero precisamente por eso resulta todavía más llamativa la ausencia en IRIS².

Una compañía capaz de encabezar un consorcio europeo de cloud, edge y telecomunicaciones no puede presentar como irrelevante quedar fuera del núcleo de una infraestructura que pretende convertirse en una de las grandes redes soberanas de comunicaciones de Europa.

Y aquí es donde Transform & Grow empieza a mostrar una grieta estratégica mucho más seria que la evolución trimestral de una cuenta de resultados. El plan presentado el 4 de noviembre de 2025 dedica gran parte de su arquitectura a mejorar la experiencia de cliente, ampliar la oferta B2C, escalar B2B, evolucionar las capacidades tecnológicas, simplificar la organización y mejorar la eficiencia. También prepara a Telefónica para una eventual consolidación del sector europeo.

Todo eso puede mejorar márgenes. Puede reducir costes. Puede liberar caja. Puede adelgazar estructuras. Puede preparar adquisiciones futuras.

Pero ninguna de esas medidas sustituye a estar presente en las plataformas tecnológicas que pueden definir la siguiente generación de las telecomunicaciones europeas.

Una estrategia que aspira a convertir Telefónica en una “best-in-class European telco” no puede medirse únicamente por cuánto reduce costes, cuánto genera de flujo de caja o cuánto baja el apalancamiento. También debe medirse por la posición que consigue para la compañía en los grandes ecosistemas tecnológicos europeos.

Y en IRIS² esa posición sencillamente no existe.

Conviene introducir aquí otra precisión fundamental para que la crítica no deforme los hechos. Murtra no perdió personalmente la adjudicación inicial de IRIS². La Comisión Europea adjudicó la concesión a SpaceRISE en octubre de 2024 con Álvarez-Pallete como presidente y publicó la composición del consorcio en noviembre de aquel año; Murtra llegó a la presidencia de Telefónica en enero de 2025. La ausencia de Telefónica en el Core Team es, por tanto, anterior a su mandato.

Pero eso no elimina el problema. Lo desplaza.

Murtra heredó una Telefónica ausente de IRIS². Lo que debe evaluarse ahora es si la nueva estrategia presentada diez meses después de su llegada ha conseguido corregir esa posición en el nuevo mapa tecnológico europeo.

Y, a 7 de agosto de 2026, no hay ningún anuncio público que sitúe a Telefónica dentro del núcleo industrial del programa. El proyecto ha seguido avanzando sin ella.

El 6 de agosto, la Comisión Europea y SpaceRISE cerraron la siguiente fase de implementación. Hispasat, Eutelsat, SES, Orange, Deutsche Telekom y el resto de socios continúan desarrollando la infraestructura. La constelación ha aumentado hasta 348 satélites. Se han concretado nuevas responsabilidades industriales y la inversión total prevista alcanza los 15.600 millones de euros.

Ésa es la fotografía que hace daño al plan estratégico Transform & Grow de Marc Murtra.

No porque pueda afirmarse rigurosamente que el plan esté “muerto” desde el punto de vista financiero. Los propios resultados de Telefónica correspondientes al primer semestre de 2026 impiden sostener algo semejante: los ingresos crecieron un 1,7%, el EBITDA ajustado un 3,8% y la compañía elevó su previsión de crecimiento del flujo de caja operativo ajustado para el conjunto de 2026.

Sería intelectualmente poco serio ignorarlo.

Pero una cosa es que Transform & Grow funcione como programa de disciplina financiera y eficiencia operativa y otra muy distinta que esté demostrando ser una verdadera estrategia de posicionamiento tecnológico europeo.

Ahí está la crítica.

Si su gran ambición consiste en recortar costes, simplificar el grupo, generar caja, reducir deuda y esperar una consolidación regulatoria que algún día permita comprar o fusionarse con otro operador, Transform & Grow puede ser un plan financiero perfectamente ejecutable. Pero eso es muy diferente de liderar la próxima arquitectura europea de telecomunicaciones. En IRIS², otros ya están construyendo esa arquitectura.

Orange está.

Deutsche Telekom está.

Hispasat está.

Indra está.

Airbus está.

Thales está.

Telefónica no.

Y resulta difícil conciliar esa fotografía con una compañía cuyo presidente sostiene públicamente que Europa necesita construir tecnología propia, ganar escala y actuar con mayor velocidad. La cuestión de fondo no es que Telefónica tenga que fabricar satélites. Tampoco Orange ni Deutsche Telekom los fabrican. La cuestión es que ambas compañías han conseguido situarse en el punto de encuentro entre redes terrestres, 5G y conectividad espacial, precisamente uno de los espacios de crecimiento que ofrece IRIS². El proyecto permite trabajar desde su concepción en una infraestructura paneuropea capaz de proporcionar resiliencia a las redes, comunicaciones B2B, conectividad para infraestructuras críticas, servicios 5G NTN, Internet de las Cosas y futuras aplicaciones Direct-to-Device.

Ésa es la verdadera oportunidad estratégica que Telefónica observa hoy desde fuera.

Por eso el problema de Transform & Grow no está necesariamente en sus números. Está en el riesgo de que termine siendo un plan para administrar mejor la Telefónica existente en lugar de construir la Telefónica que exigirá la próxima década. Cuando el proyecto se presentó el 4 de noviembre de 2025 se habló de transformación, crecimiento, liderazgo europeo, capacidades tecnológicas y autonomía estratégica. Nueve meses después, uno de los mayores proyectos europeos que reúne exactamente esas cinco características avanza sin Telefónica en su núcleo industrial.

En ese ámbito concreto, Transform & Grow empieza a parecer un muerto estratégico: un documento que proclama soberanía europea mientras otros operadores ocupan los espacios industriales donde esa soberanía se está materializando.

Y eso es mucho más grave que perder un contrato.

Los contratos pueden recuperarse.

Las posiciones industriales que se construyen durante una década alrededor de una infraestructura estratégica son bastante más difíciles de reconstruir cuando los demás llevan años sentados a la mesa.

Porque, al final, IRIS² plantea a Telefónica una pregunta bastante más incómoda que la de por qué no está en un determinado consorcio: ¿qué posición quiere ocupar realmente en la reconstrucción de la soberanía tecnológica europea? Murtra ha pedido escala, autonomía estratégica y capacidad tecnológica propia para Europa. Ahora tendrá que demostrar que Telefónica puede convertir ese discurso en posiciones industriales concretas. Porque mientras espera la consolidación del mercado europeo y ejecuta Transform & Grow, sus principales competidores ya están tomando posiciones en algunas de las infraestructuras que definirán las telecomunicaciones de la próxima década. Y en tecnología, como en estrategia, llegar después no siempre permite recuperar el terreno perdido.

Para terminar el post quiero manifestar que el balance, a estas alturas, es difícil de maquillar. Telefónica llega tarde a uno de los proyectos que mejor resume la nueva política industrial europea en telecomunicaciones: soberanía tecnológica, seguridad, redes híbridas, 5G NTN, conectividad crítica y autonomía estratégica. IRIS² reúne precisamente todos esos elementos y, sin embargo, Telefónica sigue fuera de su núcleo industrial, mientras Orange y Deutsche Telekom participan directamente en la arquitectura que integrará redes terrestres y satelitales.

Marc Murtra no fue responsable de la adjudicación inicial del proyecto. Esa ausencia se produjo antes de su llegada a la presidencia. Pero desde enero de 2025 sí ha tenido que gestionar una compañía que ya estaba fuera de IRIS² y, hasta hoy, no ha conseguido revertir esa posición ni situar a Telefónica dentro del núcleo industrial del programa. Ese es el dato relevante. No se trata de responsabilizarle de una decisión anterior a su mandato, sino de evaluar qué ha hecho después para corregir una carencia estratégica que encaja de lleno con el discurso que él mismo ha construido alrededor de la soberanía tecnológica europea.

La contradicción es evidente. Telefónica habla de autonomía estratégica, de escala europea, de capacidades tecnológicas y de liderazgo continental, pero cuando Europa articula una de las mayores plataformas comunes de telecomunicaciones de las próximas décadas, la compañía no ocupa una posición comparable a la de sus principales rivales. Orange está dentro. Deutsche Telekom está dentro. Hispasat está dentro. Telefónica no.

Y esa ausencia pesa porque IRIS² no es un proyecto periférico. Es una infraestructura concebida para conectar satélites, 5G, fibra, centros de datos, redes empresariales, servicios gubernamentales e infraestructuras críticas. Es exactamente el terreno en el que una gran operadora europea debería aspirar a tener una posición relevante si quiere formar parte de la próxima arquitectura de comunicaciones del continente.

Telefónica sí participa en otras iniciativas europeas y ha anunciado proyectos relacionados con conectividad satelital, cloud, edge e inteligencia artificial. Eso impide afirmar que esté ausente de todo movimiento tecnológico paneuropeo. Pero también hace más difícil justificar que no haya encontrado una vía para ganar peso en IRIS². La compañía puede liderar EURO-3C y explorar servicios Direct-to-Device, pero ninguna de esas iniciativas equivale hoy a formar parte del núcleo industrial de la infraestructura satelital soberana de la Unión.

Ahí está el problema de fondo de la gestión de Murtra. No en haber perdido un contrato que se decidió antes de su llegada, sino en no haber conseguido, hasta ahora, transformar una ausencia heredada en una posición industrial relevante dentro del proyecto. Y cuanto más avanza IRIS², más difícil resulta presentar esa carencia como una cuestión secundaria.

Transform & Grow puede mejorar márgenes, reducir costes, simplificar estructuras y reforzar el flujo de caja. Pero una estrategia no se mide únicamente por su eficiencia financiera. También se mide por las posiciones que una compañía consigue ocupar en los ecosistemas que determinarán su futuro. Y en uno de los más importantes para las telecomunicaciones europeas, Telefónica sigue mirando desde fuera.

Ese es quizá el juicio más severo que puede hacerse sin exagerar: Murtra heredó una Telefónica ausente de IRIS² y, un año y medio después de asumir la presidencia, no ha logrado corregir esa ausencia. Mientras sus competidores consolidan capacidades, relaciones industriales y conocimiento dentro del proyecto, Telefónica acumula discurso sobre soberanía estratégica sin una posición equivalente en la infraestructura que mejor representa hoy esa soberanía.

Y en sectores tecnológicos de ciclo largo, llegar tarde tiene un coste que no se compensa con una presentación de resultados ni con una nueva hoja de ruta corporativa. Las alianzas se consolidan, los contratos se reparten, las capacidades se desarrollan y los ecosistemas se cierran alrededor de quienes estuvieron presentes desde el principio. Si Telefónica quiere seguir defendiendo que aspira a liderar la Europa digital, tendrá que demostrarlo ocupando posiciones concretas.

Porque la soberanía tecnológica no se proclama. Se construye. Y en IRIS², Telefónica todavía no está construyendo con los demás.

Ya lo dijo  

 

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