miércoles, 7 de octubre de 2026

BEREC: PONE CONTRA LAS CUERDAS LA ESTRATEGIA DE MURTRA Y GAYO PARA TELEFÓNICA

Existe una conocida anécdota tradicionalmente atribuida a Abraham Lincoln, aunque no existe certeza suficiente sobre que pronunciara exactamente esas palabras. Según el relato, Lincoln planteaba una pregunta aparentemente sencilla: si llamamos pata a la cola de un perro, ¿cuántas patas tiene el perro? La respuesta intuitiva sería cinco. Pero la contestación atribuida a Lincoln era otra: cuatro, porque llamar pata a una cola no convierte la cola en una pata. 

Durante meses, Marc Murtra y Emilio Gayo han situado la falta de escala, la fragmentación del mercado europeo y la necesidad de consolidación entre los grandes problemas de las telecomunicaciones en Europa. El nuevo informe de BEREC obliga, sin embargo, a contrastar ese discurso con los datos. Europe’s Telecom Reality Check analiza competencia, inversión, fibra, 5G, precios, consolidación y situación financiera de las operadoras y llega a una conclusión incómoda para algunas de las premisas que Telefónica ha incorporado en su plan estratégico: la evidencia no demuestra que Europa invierta insuficientemente por falta de escala ni que reducir el número de operadores garantice más inversión e innovación.

Este post analiza qué dice realmente BEREC, qué datos utiliza y hasta qué punto sus conclusiones chocan con el diagnóstico defendido por la actual dirección de Telefónica. La cuestión de fondo no es estar a favor o en contra de la consolidación, sino algo mucho más exigente: determinar si la realidad del mercado europeo respalda el argumento con el que se viene justificando. 

El diagnóstico de BEREC sobre las telecomunicaciones europeas: competencia, inversión y conectividad frente a los grandes mercados mundiales

El Body of European Regulators for Electronic Communications (BEREC) Organismo de Reguladores Europeos de las Comunicaciones Electrónicas acaba de publicar uno de sus análisis comparativos más amplios sobre la situación de las telecomunicaciones europeas. El informe, titulado Europe’s Telecom Reality Check: BEREC Fact finding report on connectivity, competition and regulatory highlights in different jurisdictions, tiene fecha de 1 de octubre de 2026, lleva la referencia BoR (26) 137 y analiza la posición de la Unión Europea frente a Estados Unidos, Canadá, Australia, China, Corea del Sur, Japón y Reino Unido. No se trata simplemente de un estudio de cobertura: BEREC examina conjuntamente despliegue y adopción de fibra y 5G, precios, calidad de las conexiones, brecha urbano-rural, regulación mayorista, consolidación empresarial y situación financiera de los operadores. El documento oficial puede consultarse directamente en la página de BEREC dedicada al informe Europe’s Telecom Reality Check.

El punto de partida metodológico es importante para interpretar correctamente sus conclusiones. BEREC pretende realizar una comparación internacional objetiva y advierte expresamente de que no todos los indicadores son perfectamente comparables entre jurisdicciones. Las diferencias en estándares estadísticos, definiciones de cobertura, estructuras económicas y geográficas, tecnologías empleadas y transparencia de los mercados obligan a manejar algunas comparaciones con cautela. El análisis utiliza principalmente datos correspondientes al periodo 2019-2024 y recurre a fuentes como la Comisión Europea/DESI, el Observatorio Europeo del 5G, FTTH Council, FCC estadounidense, ITU, OECD, Ookla, autoridades nacionales de regulación y agencias de calificación. Esto es especialmente relevante porque BEREC no construye su argumentación a partir de un único indicador: intenta contrastar simultáneamente cobertura, penetración, precios, prestaciones, inversión, competencia y salud financiera.

Una conclusión central: Europa no presenta un sector de telecomunicaciones estructuralmente débil

El resultado general del análisis es considerablemente más matizado que la idea de que Europa sufre inevitablemente un retraso estructural en telecomunicaciones. BEREC considera que el modelo europeo ha producido una combinación característica de competencia, diversidad de servicios, regulación ex ante, inversión, asequibilidad y protección de los usuarios finales y sostiene que ese sistema ha permitido mantener un equilibrio entre esos objetivos. La conclusión final del organismo es particularmente relevante para el debate regulatorio actual: BEREC considera que la competencia, acompañada por el marco regulatorio que la hace posible, constituye el principal motor de la inversión, la innovación y el progreso del sector. No identifica, por tanto, una contradicción necesaria entre una competencia intensa y la capacidad inversora de los operadores.

Esta posición debe entenderse en el contexto de la discusión europea sobre escala, consolidación e inversión. El informe analiza precisamente si la estructura relativamente fragmentada de los mercados europeos está provocando una insuficiencia inversora respecto de Estados Unidos o Asia. Su conclusión no respalda esa tesis de manera general como afirman los primeros ejecutivos de las operadoras como Marc Murtra o Emilio Gayo. BEREC reconoce diferencias significativas entre Estados miembros y reconoce igualmente que Europa queda por detrás de determinadas referencias internacionales en algunos parámetros técnicos, particularmente en velocidades medias de descarga. Sin embargo, los datos examinados no llevan al regulador a concluir que el marco competitivo europeo esté impidiendo invertir o innovar. Al contrario, señala que varios Estados miembros aparecen entre los mercados con mejores resultados internacionales.

La fibra europea: rápido avance de cobertura, pero grandes diferencias de adopción

En redes fijas, BEREC utiliza principalmente FTTP —fibre to the premises— como referencia. La elección no implica que la fibra sea la única tecnología capaz de proporcionar velocidades Gigabit: el propio organismo reconoce el papel del cable y de determinadas tecnologías inalámbricas. La fibra se utiliza como referencia por la mayor disponibilidad de datos comparables y por su importancia en el proceso europeo de apagado de las redes de cobre.

Los datos muestran una expansión considerable. La cobertura FTTP de los hogares de la UE-27 pasó del 49,7 % en 2021 al 69,2 % en 2024. Europa continúa muy lejos de Japón, cuya cobertura alcanzaba aproximadamente el 99,8 %, pero supera en este indicador a Estados Unidos, donde BEREC sitúa la cobertura de fibra en el 56,5 % de los hogares en 2024. El promedio europeo, además, oculta resultados nacionales considerablemente superiores: los tres Estados miembros con mejores cifras se encontraban aproximadamente entre el 93 % y el 96 % de cobertura FTTP, niveles cercanos a Japón.

La situación cambia cuando se distingue entre cobertura y penetración efectiva. Que una vivienda tenga fibra disponible no significa que sus ocupantes la hayan contratado. En 2024, la penetración FTTP de la UE-27 se situaba en el 39,9 % de los hogares, por debajo de Japón pero por encima de Estados Unidos, cuya cifra era del 28,7 %. Al mismo tiempo, algunos países europeos presentan resultados extraordinariamente altos: Portugal figura entre los diez mercados con mayor penetración de fibra del mundo, mientras España, Rumanía, Francia y Suecia también ocupan posiciones destacadas y superan individualmente la penetración japonesa del 71,1 %.

La principal debilidad europea en fibra no es, por tanto, exclusivamente de despliegue, sino también de adopción desigual. BEREC identifica diferencias importantes entre Estados miembros y señala factores como los diferenciales de precio, la persistencia de redes heredadas, restricciones de disponibilidad, la percepción de que conexiones de menor capacidad resultan suficientes y una presión competitiva insuficiente en determinados mercados para migrar clientes hacia la fibra. Existe progreso: el número de países de la UE con penetración FTTP inferior al 20 % descendió de diez a seis en tres años. Pero la heterogeneidad sigue siendo elevada. 

 

Europa dispone de cobertura de alta velocidad, pero no siempre la convierte en contratación

Esta diferencia entre disponibilidad y adopción aparece nuevamente en las conexiones de alta velocidad. En 2024, el 91,1 % de los hogares de la UE-27 tenía acceso a conexiones capaces de proporcionar al menos 100 Mbps, pero la proporción de abonados que efectivamente contrataba velocidades iguales o superiores a 100 Mbps era inferior al promedio observado en Estados Unidos y China. BEREC subraya, no obstante, que Rumanía, España y Suecia superaban a ambos mercados en este indicador.

En velocidades Gigabit el panorama vuelve a ser heterogéneo. Francia registraba 29,4 suscripciones Gigabit por cada 100 habitantes, Hungría 16,5 y Dinamarca 15,5. El conjunto de la UE superaba a Corea del Sur y Australia, aunque Estados Unidos alcanzaba 9,17 suscripciones por 100 habitantes y Canadá 13,02. El informe, por consiguiente, no permite resumir la posición europea mediante una clasificación simple de “Europa frente a Estados Unidos”: dependiendo del indicador y del Estado miembro considerado, la posición cambia sustancialmente.

5G: Europa ya se encuentra cerca de sus principales comparadores internacionales

En cobertura móvil, la situación que presenta BEREC es considerablemente más favorable de lo que sugeriría una descripción de Europa como rezagada tecnológicamente. El objetivo de la Década Digital europea es que todas las zonas pobladas dispongan de redes inalámbricas de alta velocidad con prestaciones al menos equivalentes al 5G. Para realizar la comparación internacional, BEREC utiliza cobertura 5G total, incluyendo tanto arquitecturas standalone como non-standalone, aunque advierte de diferencias metodológicas entre las estadísticas europeas y las de otras jurisdicciones.

La cobertura media 5G de la UE-27 alcanzó el 94,3 % en 2024. Corea del Sur se encontraba cerca del 100%, mientras China, Estados Unidos y Canadá estaban aproximadamente entre el 94% y el 96%, y Australia en torno al 91%. BEREC considera, por ello, que la cobertura europea es ya comparable con la de las principales jurisdicciones analizadas. Más aún, ocho Estados miembros —Chipre, Dinamarca, Malta, Países Bajos, Austria, Grecia, Lituania y Luxemburgo— habían alcanzado ya el 100 % de cobertura 5G, seis años antes del horizonte de 2030.

El consumo de datos móviles tampoco muestra una Europa marginal. El tráfico mensual medio en la UE-27 alcanzaba 14,52 GB por suscripción en 2024, frente a un intervalo internacional que iba desde los 8,18 GB de Canadá hasta los 17,04 GB de Corea del Sur. Existen, de nuevo, diferencias enormes dentro de Europa: Letonia alcanzaba aproximadamente 56 GB mensuales por usuario, y los tres Estados miembros con mayor utilización se encontraban claramente por encima de los comparadores internacionales. BEREC relaciona estos niveles, entre otros elementos, con la utilización del móvil como sustituto parcial de la banda ancha fija y con la existencia de tarifas ilimitadas a precios reducidos.

El precio constituye una de las principales fortalezas del modelo europeo

Uno de los resultados más claros del informe aparece al comparar precio y calidad conjuntamente. Para los precios, BEREC emplea los estudios de banda ancha fija y móvil elaborados para la Comisión Europea, ajustando las comparaciones al poder adquisitivo local. Para la calidad utiliza datos de Speedtest/Ookla sobre velocidad de descarga, velocidad de subida y latencia. El organismo explica expresamente que pretende utilizar ambos grupos de indicadores para evaluar el valor obtenido por el consumidor a cambio del precio pagado.

En banda ancha fija, entre 2019 y 2022 las ofertas europeas de 200-999 Mbps se hicieron progresivamente más asequibles y en 2022 la UE presentaba el menor precio medio de las jurisdicciones analizadas. La tendencia continuó posteriormente: el precio medio de la oferta más barata pasó de 24,94 euros en 2022 a 22,89 euros en 2023 y 21,91 euros en 2024. En conexiones de al menos 1 Gbps, el precio europeo pasó de 35,17 euros en 2022 a 30,19 euros en 2024.

La comparación con Estados Unidos resulta particularmente marcada. Para conexiones fijas independientes de entre 200 y 999 Mbps, la oferta estadounidense más económica analizada costaba en 2022 aproximadamente el doble que la europea: 49,25 euros frente a 24,94 euros. En conexiones de al menos 1 Gbps, la diferencia era de 80,08 euros en Estados Unidos frente a 35,17 euros en la UE.

La diferencia es todavía mayor en paquetes convergentes. En 2022, un paquete triple-play —internet fijo, telefonía fija y televisión— de entre 200 y 999 Mbps costaba en su modalidad más económica una media de 40,37 euros en la UE frente a 138,08 euros en Estados Unidos, aproximadamente 3,4 veces más. En conexiones de al menos 1 Gbps, la comparación era 50,65 euros frente a 186,67 euros, unas 3,7 veces más en Estados Unidos. Los precios europeos siguieron descendiendo posteriormente: el paquete de 200-999 Mbps bajó hasta 35,83 euros en 2024 y el de al menos 1 Gbps hasta 43,37 euros.

Menores precios no significan que Europa lidere en todos los indicadores de calidad

BEREC tampoco oculta las debilidades europeas. La UE queda por detrás de Estados Unidos y China en velocidad media de descarga de banda ancha fija. Su posición es relativamente mejor en subida y latencia. Para 2022, BEREC calcula que la velocidad de descarga europea era aproximadamente un 40% inferior a la estadounidense, pero la velocidad de subida era un 8% superior y la latencia un 38% menor, mientras el servicio fijo costaba aproximadamente la mitad. En 2024, Francia, el país europeo con mejores resultados, superaba a todas las demás jurisdicciones analizadas tanto en descarga como en subida.

La lectura rigurosa del informe es, por ello, que Europa ofrece una relación precio-prestaciones muy competitiva, pero no que posea las redes más rápidas del mundo en promedio. Esta distinción es fundamental. El propio BEREC reconoce el retraso en determinadas velocidades medias y, simultáneamente, documenta menores precios, buena latencia y la existencia de Estados miembros que igualan o superan a los grandes referentes internacionales.

 

La ventaja europea también aparece en las tarifas móviles

La comparación móvil conduce a una conclusión semejante. Para una cesta de 20 GB, la UE presentaba desde 2021 el precio medio más bajo entre las jurisdicciones estudiadas. En 2022 la tarifa europea media era de 16,15 euros, frente a 37,87 euros en Estados Unidos y 46,73 euros en Corea del Sur. Para 50 GB, Europa registraba 19,89 euros, Japón 21,39 euros y Estados Unidos 43,23 euros.

Además, la reducción continuó después de 2022. La cesta europea de 20 GB cayó hasta 11,95 euros en 2024 y la de 50 GB hasta 14,68 euros. En calidad móvil, sin embargo, Europa vuelve a presentar velocidades de descarga inferiores a las principales jurisdicciones estudiadas. La subida es comparable a Estados Unidos y la latencia constituye uno de los puntos fuertes europeos. Corea del Sur sobresale claramente por calidad, pero sus precios son sustancialmente superiores.

BEREC resume la comparación UE-Estados Unidos de manera especialmente significativa: utilizando los datos comparables de 2022, Europa tenía velocidades móviles de descarga aproximadamente un 35 % inferiores, pero velocidades de subida superiores y una latencia un 26% menor, mientras los servicios móviles costaban aproximadamente entre un tercio y la mitad del precio estadounidense. El organismo concluye que existe evidencia clara de que los operadores europeos proporcionan una mayor relación calidad-precio que sus homólogos estadounidenses.

La brecha digital rural se ha reducido, aunque no ha desaparecido

El estudio dedica también atención específica a la separación entre zonas urbanas y rurales. En 2024, la cobertura 5G media de la UE era del 94,3% para el conjunto de hogares y del 79,6% para los hogares rurales. Esta última cifra se aproxima al 82% de Estados Unidos y al 85% de China. BEREC concluye que la magnitud de la brecha urbano-rural en 5G es comparable entre las tres jurisdicciones. Dinamarca y Países Bajos habían alcanzado ya el 100% de cobertura 5G, incluidas sus zonas rurales.

En banda ancha fija rural la posición europea es menos favorable. Los datos de la OCDE utilizados por BEREC muestran que la cobertura rural europea de conexiones capaces de ofrecer al menos 100 Mbps se situaba ligeramente por debajo de la media de la OCDE y que Estados Unidos superaba a la UE-27 en este indicador. Sin embargo, los tres mejores países de la OCDE eran precisamente miembros de la Unión: Dinamarca, Países Bajos y España. De nuevo, el informe insiste indirectamente en una característica recurrente del mercado europeo: la media comunitaria esconde diferencias nacionales extraordinariamente grandes.

El modelo regulatorio europeo frente al estadounidense

El análisis regulatorio es esencial para comprender las conclusiones de BEREC. En la Unión Europea, las autoridades nacionales de regulación operan dentro de un marco común, bajo la supervisión de la Comisión Europea y la coordinación de BEREC. El modelo europeo utiliza regulación ex ante: las autoridades pueden imponer obligaciones en mercados donde existen operadores con poder significativo de mercado antes de que se produzca una conducta anticompetitiva.

El instrumento central es el acceso mayorista. Las obligaciones permiten que otros operadores utilicen determinados elementos de las infraestructuras de los operadores regulados y que, cuando resulte económicamente viable, progresen hacia el despliegue de sus propias redes. Es la conocida “escalera de inversión”, en la que un nuevo competidor puede comenzar utilizando productos mayoristas y aumentar progresivamente su independencia mediante infraestructura propia.

Estados Unidos representa el contraste más claro. Su sistema se apoya en mucha mayor medida en intervención ex post, legislación antimonopolio y competencia directa entre infraestructuras, con una utilización mucho más limitada del acceso mayorista regulado. Canadá combina mecanismos ex ante y ex post; Australia utiliza una infraestructura mayorista nacional de propiedad pública; China mantiene un modelo fuertemente dirigido por el Estado; y Reino Unido conserva después del Brexit principios regulatorios ex ante próximos al modelo europeo. La comparación sirve a BEREC para sostener que las decisiones regulatorias no son neutrales: influyen directamente en el número y tipo de operadores capaces de competir.

Consolidación: BEREC cuestiona que reducir el número de operadores garantice más inversión

Probablemente uno de los capítulos políticamente más relevantes del informe es el dedicado a la consolidación. BEREC examina el argumento según el cual Europa necesitaría operadores de mayor escala y un número menor de competidores para incrementar la inversión. Su revisión de la evidencia empírica no permite afirmar que los mercados europeos sean ineficientes por falta de escala, ni que las normas de competencia constituyan un obstáculo fundamental para una consolidación eficiente, desmintiendo el mantra de los directivos europeos como Marc Murtra (Telefónica), Tim Höttges (Deutsche Telekom), Christel Heydemann (Orange), Margherita Della Valle (Vodafone).

El organismo advierte además de que una concentración descontrolada podría conducir a oligopolios más estrechos y deteriorar las condiciones competitivas. El punto esencial no es que BEREC se oponga a toda concentración: el informe reconoce que las operaciones de consolidación son posibles dentro del marco europeo, tanto nacionales como transfronterizas y, cuando resulta necesario, sujetas a remedios. Lo que rechaza es que la consolidación deba presumirse automáticamente beneficiosa para precios, calidad, inversión o innovación como defienden los directivos de las telecos europeas.

La evidencia examinada sobre fusiones móviles resulta especialmente relevante. BEREC recoge estudios que vinculan determinadas operaciones de concentración con incrementos de precios para los consumidores, mientras los beneficios sobre inversión e innovación aparecen mucho menos claros. Su propia investigación sobre fusiones móviles en Austria, Irlanda y Alemania había encontrado evidencia de incrementos de precios a corto y medio plazo respecto de escenarios sin esas fusiones, incluso cuando se aplicaron remedios relacionados con operadores móviles virtuales. BEREC cita además una estimación según la cual la mayor competencia derivada de disponer de cuatro operadores móviles en todos los países de la UE podría representar aproximadamente 800 millones de euros anuales de ahorro para los consumidores europeos. El registro oficial de informes de BEREC permite consultar tanto este documento como los restantes estudios regulatorios del organismo.

La salud financiera de las telecos: uno de los argumentos más importantes del informe

El capítulo financiero tiene una finalidad explícita. BEREC analiza la afirmación de que la situación económica de los operadores europeos justificaría una relajación de la regulación y del control de concentraciones. La conclusión del organismo es que los datos financieros examinados no justifican esa relajación.

BEREC estudia rentabilidad operativa, eficiencia del capital, deuda, inversión, flujo de caja y percepción de los inversores. En cuanto al margen EBITDA, señala que los operadores europeos mantuvieron cifras estables incluso durante el periodo de elevada inflación y recoge la previsión de S&P de que el margen se mantenga aproximadamente en el 40% en los próximos años. BEREC interpreta que unos márgenes europeos inferiores a los norteamericanos no constituyen por sí mismos una señal de inviabilidad: en un mercado más competitivo, la presión sobre precios puede trasladar una mayor proporción de las rentas económicas desde los operadores hacia los consumidores.

El informe también considera el ciclo inversor. Los operadores han destinado grandes cantidades de capital durante los últimos años al despliegue de fibra y 5G, lo que ha elevado el capex y reducido temporalmente el flujo de caja disponible. Pero a medida que esos despliegues maduran, BEREC recoge expectativas de reducción de costes operativos, mejora del flujo de caja y mayor capacidad para reducir deuda o remunerar a los accionistas. También señala una reducción del riesgo sistemático percibido por los mercados y unas primas de deuda estables o ligeramente descendentes.

De ahí deriva una de las conclusiones más contundentes de todo el documento: BEREC considera que los operadores europeos permanecen, en términos generales, financieramente saludables, con márgenes operativos estables, ciclos de inversión que están madurando, perspectivas de mayores flujos de caja y una percepción favorable por parte de inversores y agencias de crédito. Por ello, no encuentra una justificación financiera general para debilitar la regulación de telecomunicaciones o los controles de fusiones.

El mensaje final de BEREC

La lectura completa del informe conduce a una conclusión bastante precisa y conviene no simplificarla. BEREC no sostiene que Europa lidere todos los indicadores mundiales de telecomunicaciones. La UE mantiene debilidades identificables: velocidades medias de descarga inferiores a algunos competidores internacionales, diferencias muy amplias entre Estados miembros, adopción insuficiente de fibra en determinados países y una cobertura fija rural que todavía debe mejorar. El propio organismo reconoce estas limitaciones.

Pero tampoco encuentra evidencia para caracterizar al sector europeo como un sistema estructuralmente incapaz de invertir o competir internacionalmente. La cobertura FTTP ha crecido con rapidez; la cobertura 5G europea ya se encuentra en niveles comparables a Estados Unidos, China y otros mercados avanzados; algunos Estados miembros figuran entre los líderes mundiales; los precios de banda ancha fija y móvil son sustancialmente inferiores a los estadounidenses; la latencia europea es competitiva; y la situación financiera general de los operadores es considerada sólida.

La conclusión regulatoria de BEREC es consecuente con esos datos: la combinación europea de competencia basada en infraestructuras y competencia basada en servicios, junto con el acceso mayorista y la supervisión de las autoridades nacionales, las autoridades de competencia y la Comisión Europea, ha producido un marco que continúa generando inversión, innovación, conectividad y beneficios para los consumidores. Por ello, el organismo no considera que los datos examinados sustenten una relajación general de la regulación o de las normas de control de concentraciones.

En definitiva, el Europe’s Telecom Reality Check introduce un elemento muy relevante en el actual debate sobre el futuro de las telecomunicaciones europeas: el problema europeo no puede reducirse simplemente a “falta de escala” ni la solución puede identificarse automáticamente con una mayor concentración empresarial como defienden Murtra o Gayo constantemente. Los datos que BEREC reúne muestran un mercado con debilidades concretas, especialmente en determinadas prestaciones y en la desigualdad entre países, pero también un sector competitivo, con precios bajos, inversiones significativas, creciente cobertura de fibra y 5G y operadores que, en conjunto, conservan una posición financiera saludable. Esa es, estrictamente, la fotografía que ofrece el regulador europeo en su informe de octubre de 2026.

Documento de referencia: BEREC — Europe’s Telecom Reality Check, BoR (26) 137. La ficha oficial confirma que se trata del informe de BEREC de 1 de octubre de 2026 y permite acceder al PDF original.

El informe de BEREC cuestiona la premisa central de la estrategia de Murtra y Gayo: Europa no necesita menos competencia para invertir más

El informe Europe’s Telecom Reality Check, publicado por BEREC el 1 de octubre de 2026, adquiere una importancia especial para Telefónica porque no se limita a ofrecer una nueva colección de estadísticas sobre fibra, 5G o precios. Entra directamente en el debate que Marc Murtra y Emilio Gayo han situado en el centro del discurso estratégico de Telefónica: la supuesta falta de escala de las operadoras europeas, la necesidad de consolidación y la conveniencia de modificar el marco regulatorio para facilitarla. Y lo hace llegando a conclusiones que contradicen varias de las premisas con las que Telefónica ha justificado públicamente esa posición. El contraste debe hacerse con precisión: BEREC no afirma que Europa carezca de problemas, ni se opone a las fusiones, ni niega que existan economías de escala. Lo que afirma es mucho más concreto: la evidencia disponible no demuestra que el sector europeo sea ineficiente por falta de escala, que la competencia esté impidiendo invertir o que una mayor concentración produzca automáticamente más inversión, innovación o bienestar para los consumidores. Esa distinción es decisiva.

El choque es particularmente relevante porque no estamos comparando las conclusiones de BEREC con comentarios aislados de dos ejecutivos. La escala y la consolidación forman parte de la narrativa corporativa que Telefónica incorporó a su estrategia Transform & Grow 2026-2030. La propia compañía sostiene oficialmente que «la falta de consolidación» del mercado europeo habría generado inversiones ineficientes frente a Estados Unidos y China y declara que quiere estar preparada para aprovechar oportunidades de consolidación. Su hoja de ruta incluso sitúa, después de Transform & Grow, una fase denominada “Scale”, e identifica expresamente como objetivos «impulsar la consolidación intra-mercado» y «capitalizar las sinergias de la consolidación». Por tanto, BEREC no está refutando una cuestión periférica para Telefónica: está aportando evidencia que cuestiona una de las premisas utilizadas por la compañía para explicar hacia dónde debería evolucionar la estructura del mercado europeo.

·         PRIMER CONTRASTE: TELEFÓNICA ATRIBUYE INEFICIENCIAS DE INVERSIÓN A LA FALTA DE ESCALA; BEREC DICE QUE LA EVIDENCIA NO DEMUESTRA QUE EUROPA SEA INEFICIENTE POR CARECER DE ELLA.

La formulación de Telefónica es inequívoca. El 4 de noviembre de 2025, al presentar el plan estratégico Transform & Grow, la compañía afirmó que la falta de consolidación del mercado europeo había generado inversiones ineficientes frente a Estados Unidos y China, mercados caracterizados por un número menor de operadores de mayor tamaño. Murtra ha continuado desarrollando esta argumentación. En el Mobile World Congress de marzo de 2026 resumió su posición con tres conceptos: «necesitamos escala», una regulación favorable a la tecnología y mayor velocidad. Defendió además que permitir a las operadoras ganar escala mediante fusiones y adquisiciones facilitaría mayores inversiones tecnológicas, mejores servicios y mayor competitividad.

BEREC analiza precisamente esa hipótesis y llega a una conclusión diferente. Según el organismo de reguladores, la evidencia empírica de los mercados no indica que las telecomunicaciones de la UE sufran ineficiencia como consecuencia de una insuficiencia de escala, y tampoco encuentra que la política de competencia constituya un obstáculo importante para aquellas operaciones de consolidación que sean eficientes. El organismo recuerda además que las fusiones siguen siendo posibles dentro del marco europeo, tanto dentro de un mismo país como entre países, sometidas cuando corresponde a los remedios establecidos por las autoridades de competencia. El punto fundamental es, por tanto, que BEREC no encuentra en los datos la relación causal general que sostiene la tesis de que “más escala” sea la condición necesaria para corregir una supuesta insuficiencia inversora europea.

·         SEGUNDO CONTRASTE: MURTRA VINCULA CONSOLIDACIÓN, INVERSIÓN Y MEJORES SERVICIOS; BEREC ADVIERTE DE QUE ESA RELACIÓN NO PUEDE DARSE POR SUPUESTA.

Este punto permite una comparación especialmente limpia porque existen declaraciones oficiales de Murtra. En marzo sostuvo que respaldar las fusiones y adquisiciones para ganar escala beneficiaría al conjunto de la sociedad y planteó explícitamente una suerte de intercambio: permitir a las operadoras ganar escala y, a cambio, estas invertirían en tecnología; según su argumentación, ello permitiría ofrecer mejores servicios, aportar mayor valor y reforzar la competitividad.

BEREC no avala esa secuencia como consecuencia automática de la consolidación. Su revisión de la literatura económica concluye que las fusiones pueden provocar incrementos de precios mientras que sus efectos positivos sobre inversión e innovación son inciertos. Más significativo todavía, el organismo se apoya en su propio análisis de fusiones móviles en Austria, Irlanda y Alemania: encontró evidencia de aumentos de precios a corto y medio plazo respecto de un escenario sin las operaciones estudiadas, incluso cuando se habían establecido remedios mediante operadores móviles virtuales. El informe recoge asimismo una estimación según la cual disponer de cuatro operadores móviles en todos los países de la UE podría producir aproximadamente 800 millones de euros anuales de ahorro para los consumidores europeos.

La conclusión rigurosa no es que cualquier fusión vaya necesariamente a perjudicar al consumidor. BEREC no dice eso. Lo que queda seriamente cuestionado es la presunción inversa: que reducir el número de operadores vaya necesariamente a generar más inversión, más innovación, mejores servicios y mayor bienestar. Una concentración concreta puede estar económicamente justificada, pero deberá demostrarlo en función de sus circunstancias. BEREC rechaza precisamente convertir los beneficios de la consolidación en una premisa general.

·         TERCER CONTRASTE: TELEFÓNICA PRESENTA LA FRAGMENTACIÓN EUROPEA COMO UN PROBLEMA ESTRUCTURAL; BEREC ENCUENTRA EN LA COMPETENCIA UNA DE LAS EXPLICACIONES DE LOS RESULTADOS FAVORABLES DE EUROPA.

Aquí se encuentra probablemente la discrepancia conceptual más profunda. Telefónica compara habitualmente la estructura europea con Estados Unidos y China para argumentar que Europa tiene demasiados operadores y que sus competidores internacionales disfrutan de una escala superior. BEREC utiliza precisamente una comparación internacional —UE-27 frente a Estados Unidos, China, Corea del Sur, Japón, Canadá, Australia y Reino Unido— y obtiene una lectura muy distinta. Su conclusión es que la competencia, junto al marco regulatorio que la sostiene, constituye uno de los principales motores de inversión, innovación y progreso sectorial, no un impedimento estructural para ellos. El documento subraya que Europa ha conseguido combinar competencia, diversidad de servicios, regulación ex ante, inversión, asequibilidad y protección del consumidor.

Los resultados que utiliza BEREC para sostenerlo son difíciles de reconciliar con una descripción de Europa como un mercado incapaz de funcionar por su fragmentación. La cobertura FTTP europea pasó del 49,7 % de los hogares en 2021 al 69,2 % en 2024, por encima del 56,5 % estadounidense; la cobertura media de 5G alcanzó el 94,3%, comparable con los principales mercados mundiales; ocho Estados miembros habían llegado ya al 100% de cobertura 5G; y determinados países europeos se sitúan entre los líderes internacionales en fibra, velocidad o cobertura.

Esto no significa que Europa aventaje a Estados Unidos o Asia en todo. BEREC reconoce expresamente que la UE presenta peores velocidades medias de descarga que Estados Unidos y China y que persisten importantes diferencias entre Estados miembros. Precisamente por eso el informe resulta relevante: no necesita negar las deficiencias europeas para rechazar que estas demuestren una relación causal entre fragmentación, falta de escala e insuficiencia inversora.

·         CUARTO CONTRASTE: LOS DATOS DE PRECIOS COMPLICAN LA TESIS DE QUE EL MODELO ESTADOUNIDENSE DE MAYOR CONCENTRACIÓN CONSTITUYA POR SÍ MISMO UNA REFERENCIA SUPERIOR.

La comparación con Estados Unidos es particularmente reveladora porque es una de las referencias utilizadas por Telefónica cuando argumenta sobre escala. BEREC constata que Europa no iguala todos los parámetros técnicos estadounidenses, pero cuando introduce el precio pagado por los usuarios la fotografía cambia sustancialmente siendo devastadora para los norteamericanos. En banda ancha fija de 200-999 Mbps, la oferta estadounidense más económica considerada costaba en 2022 aproximadamente 49,25 euros frente a 24,94 euros en la UE. Para conexiones de al menos 1 Gbps, la diferencia era de 80,08 euros frente a 35,17 euros.

En los paquetes convergentes la distancia era aún mayor: un paquete triple play de 200-999 Mbps alcanzaba 138,08 euros en Estados Unidos frente a 40,37 euros en Europa, mientras que en velocidades Gigabit la comparación era de 186,67 euros frente a 50,65 euros. En móvil ocurre algo parecido: una cesta de 20 GB costaba 16,15 euros en Europa frente a 37,87 euros en Estados Unidos en 2022, y los precios europeos siguieron descendiendo posteriormente.

BEREC tampoco esconde la contrapartida: las velocidades de descarga estadounidenses son superiores en varios indicadores. Pero Europa registra mejores resultados en determinados parámetros de subida y latencia y, sobre todo, precios considerablemente menores. Su evaluación es que el consumidor europeo obtiene una relación calidad-precio muy competitiva. Por tanto, comparar únicamente el tamaño de los operadores estadounidenses con los europeos sin incorporar precios, competencia y bienestar del consumidor proporciona una fotografía incompleta del mercado.

·         QUINTO CONTRASTE: EL ARGUMENTO DE QUE HAY QUE RELAJAR LA REGULACIÓN PARA LIBERAR CAPACIDAD INVERSORA TAMPOCO ENCUENTRA RESPALDO GENERAL EN BEREC.

Gayo ha mantenido esta misma semana que Europa necesita modificar rápidamente su regulación para promover mayor inversión y facilitar la creación de empresas con suficiente escala para competir globalmente. Murtra viene reclamando igualmente una regulación más favorable a la tecnología y vinculándola a la necesidad de ganar escala. Nuevamente, conviene separar dos afirmaciones diferentes. Simplificar procedimientos administrativos, armonizar normas nacionales o proporcionar mayor seguridad jurídica a las inversiones no equivale a reducir la intensidad de la competencia ni a relajar automáticamente el control de fusiones.

Es precisamente en este segundo terreno donde BEREC establece una posición clara. El organismo analiza los argumentos según los cuales la situación financiera de las operadoras justificaría reducir regulación o flexibilizar el control de concentraciones y concluye que los indicadores financieros examinados no proporcionan esa justificación. Los operadores europeos presentan, en términos agregados, márgenes EBITDA estables —con previsiones alrededor del 40%—, perspectivas de crecimiento de los flujos de caja, ciclos intensivos de inversión en fibra y 5G que están madurando, menores costes futuros y una percepción de riesgo financiero que no muestra un deterioro estructural.

La conclusión del regulador resulta difícilmente ambigua: BEREC considera al sector europeo financieramente saludable en términos generales y no encuentra una justificación financiera para debilitar la regulación de telecomunicaciones ni los controles sobre fusiones. Eso no impide revisar o simplificar normas. Lo que cuestiona es que la salud financiera del sector obligue a sacrificar competencia para recuperar capacidad inversora.

·         Y AQUÍ APARECE LA DIGITAL NETWORKS ACT: BRUSELAS SÍ QUIERE CREAR ESCALA EUROPEA, PERO ESCALA TRANSFRONTERIZA NO SIGNIFICA NECESARIAMENTE REDUCIR EL NÚMERO DE COMPETIDORES NACIONALES.

Esta distinción resulta esencial para no presentar una falsa contradicción entre BEREC y la Comisión Europea. La propuesta de Digital Networks Act (DNA) presentada por la Comisión el 21 de enero de 2026 reconoce que existe fragmentación en el mercado europeo de comunicaciones electrónicas y pretende facilitar que los proveedores innoven, crezcan y operen transfronterizamente dentro de un verdadero mercado único de conectividad. Pero uno de los instrumentos escogidos para hacerlo es muy revelador: el “Single Passport” o pasaporte único.

Con este mecanismo, un operador podría prestar servicios en distintos Estados miembros registrándose en uno solo, mediante una confirmación única de una autoridad nacional de regulación. El proyecto pretende armonizar las condiciones de autorización y reducir costes administrativos y de cumplimiento para facilitar operaciones paneuropeas. El propio texto legislativo explica que el sistema debe permitir a los proveedores operar en uno, varios o todos los Estados miembros sobre la base de esa única confirmación, manteniendo mecanismos de coordinación y aplicación entre las autoridades nacionales, BEREC y las instituciones europeas. La Comisión resume el objetivo como permitir operaciones paneuropeas y prestación de servicios mediante una autorización de “Single Passport”, junto con una mayor armonización jurídica en toda la Unión.

Esto introduce una diferencia fundamental respecto del discurso corporativo sobre consolidación. La Comisión está intentando eliminar fronteras regulatorias para que una empresa pueda ganar escala operando en más mercados; eso no equivale a establecer que deba ganar escala comprando a uno de sus competidores dentro del mismo mercado. Son mecanismos económicamente diferentes. El primero defendido por la Comisión Europea busca un mercado único más integrado, menores costes administrativos y mayor facilidad de expansión transfronteriza. El segundo reduce el número de competidores mediante fusiones o adquisiciones. La DNA contempla el primer problema de manera explícita mediante armonización y pasaporte único; BEREC, paralelamente, advierte de que los beneficios del segundo no pueden presumirse sin evidencia.

·         EL PUNTO MÁS INCÓMODO PARA TELEFÓNICA ES QUE BEREC NO SOLO CUESTIONA LA CONSOLIDACIÓN INTRA-MERCADO COMO RECETA GENERAL: TAMBIÉN PONE EN DUDA QUE LA ESCALA TRANSFRONTERIZA HAYA PRODUCIDO LAS VENTAJAS ECONÓMICAS QUE SE LE ATRIBUYEN.

El informe recoge evidencia según la cual no se observa que un operador móvil perteneciente a un gran grupo europeo haya obtenido por esa circunstancia un desempeño financiero sistemáticamente superior al de operadores sin semejante escala internacional. BEREC recoge asimismo la conclusión de que no existe evidencia suficiente de que la consolidación transfronteriza mejore por sí misma los fundamentos económicos de los operadores, bien porque los ahorros de costes no sean suficientemente importantes, bien porque buena parte de las economías de escala relevantes ya hayan sido explotadas.

Este aspecto resulta particularmente importante para la estrategia de Telefónica porque Transform & Grow no presenta la escala como un elemento marginal. La propia página estratégica de la compañía dibuja una secuencia 2026-2030: Transform & Grow; 2030-2035: Scale, e identifica explícitamente la consolidación y la captura de sus sinergias como elementos de esa trayectoria. Telefónica estima incluso que una eventual consolidación en sus mercados principales podría generar entre 18.000 y 22.000 millones de euros en sinergias, de acuerdo con analistas y expertos citados por la compañía. BEREC no demuestra que esas sinergias concretas sean inexistentes; sería incorrecto afirmarlo. Lo que sí hace es negar que la escala corporativa pueda utilizarse como prueba suficiente, por sí misma, de mayor eficiencia, inversión o innovación.

·         POR ESO EL INFORME SUPONE UN PROBLEMA DE ENCAJE PARA LA NARRATIVA ESTRATÉGICA DE MURTRA Y GAYO, PERO NO PERMITE AFIRMAR QUE INVALIDA TODO EL PLAN DE TELEFÓNICA.

Esta precisión es imprescindible para mantener el análisis dentro de lo demostrable. Transform & Grow contiene objetivos de eficiencia, digitalización, experiencia de cliente, crecimiento B2B, simplificación, IA, modernización tecnológica y disciplina financiera que BEREC no analiza ni refuta. De hecho, el propio plan 2026-2030 no incorpora adquisiciones concretas en sus previsiones financieras; Telefónica afirma que quiere estar preparada para aprovecharlas si aparecen. Por tanto, no sería riguroso concluir que la publicación de BEREC convierte automáticamente el plan estratégico completo en inviable.

Lo que sí puede sostenerse es algo más preciso y relevante: el informe debilita empíricamente una de las justificaciones públicas utilizadas para colocar la consolidación y la escala en el horizonte estratégico de Telefónica. Cuando la compañía afirma que la falta de consolidación ha producido inversiones ineficientes en Europa, BEREC responde que la evidencia no muestra una ineficiencia provocada por falta de escala. Cuando Murtra relaciona mayor escala con más inversión y mejores servicios, BEREC advierte de que las ganancias inversoras de las fusiones son inciertas y documenta riesgos de mayores precios. Cuando se argumenta que la situación del sector exige aliviar regulación y controles de concentración, BEREC encuentra operadores financieramente saludables y dice expresamente que sus datos no justifican hacerlo. Y cuando la comparación con Estados Unidos se utiliza como argumento favorable a una estructura con menos operadores, BEREC muestra simultáneamente que los consumidores europeos pagan sustancialmente menos por numerosos servicios.

·         LA DNA, ADEMÁS, ABRE UNA VÍA ALTERNATIVA PARA CONSEGUIR PARTE DE LA ESCALA QUE RECLAMA TELEFÓNICA: CONSTRUIR UN MERCADO ÚNICO REAL EN VEZ DE PRESUPONER QUE LA ÚNICA VÍA ES CONCENTRAR LOS MERCADOS NACIONALES.

El pasaporte único es importante precisamente por esto. Una empresa europea podrá, si finalmente la propuesta legislativa se aprueba en estos términos, expandir servicios a través de las fronteras nacionales con mucha menos duplicación administrativa. Eso permite distinguir entre escala empresarial, escala operativa paneuropea y concentración de mercado. No son conceptos intercambiables. Una operadora puede aumentar su mercado potencial y explotar determinadas economías de escala gracias a una regulación europea armonizada sin necesidad de eliminar a un competidor nacional. Y una fusión nacional como contempla Murtra y Gayo puede aumentar el tamaño de una compañía sin crear por ello un verdadero mercado único europeo.

Ahí está probablemente el cambio más importante que Telefónica deberá incorporar a su argumentación. Después de BEREC ya resulta mucho más difícil sostener como premisa general que Europa necesita menos operadores para poder invertir. La discusión tendrá que desplazarse hacia algo más exigente: demostrar operación por operación dónde están las economías de escala, cuánto ahorro genera, qué parte se transforma efectivamente en inversión, qué efectos producen sobre los precios y qué beneficios recibe finalmente el usuario. BEREC reclama, en la práctica, evidencia verificable en lugar de una presunción favorable a la consolidación.

·         EL INFORME LLEGA, POR TANTO, EN UN MOMENTO ESPECIALMENTE DELICADO PARA EL POSICIONAMIENTO ESTRATÉGICO DE TELEFÓNICA.

Murtra ha situado desde su llegada la consolidación y la necesidad de ganar escala entre los grandes ejes de transformación del sector europeo de las telecomunicaciones. Su planteamiento ha sido reiterado: Europa tendría demasiados operadores, esa fragmentación limitaría la capacidad inversora de las compañías y sería necesario avanzar hacia mercados con menos actores y empresas de mayor dimensión. Esta tesis terminó incorporándose a la propia estrategia de Telefónica, Transform & Grow, que relaciona la falta de consolidación europea con inversiones menos eficientes que las realizadas en mercados como Estados Unidos o China. El discurso se mantuvo durante 2026: Murtra volvió a defender en febrero la necesidad de promover un mercado europeo con menos operadores y, el 24 de ese mismo mes, expresó un mayor optimismo sobre las posibilidades de consolidación, aunque condicionando eventuales operaciones a una evolución sustancial de la política comunitaria de fusiones.

Especialmente significativa resulta, sin embargo, la posición mantenida posteriormente por Emilio Gayo. El 5 de octubre de 2026, apenas cuatro días después de que BEREC publicara Europe’s Telecom Reality Check, el consejero delegado de Telefónica volvió a reclamar a las instituciones europeas una regulación que favoreciera la inversión y permitiera a las compañías alcanzar mayor escala para competir globalmente. La proximidad entre ambas fechas no es un detalle menor. BEREC acababa de publicar precisamente un extenso análisis empírico sobre la cuestión de la escala, la consolidación, la inversión y la situación financiera del sector, y sus conclusiones cuestionaban varios de los fundamentos utilizados por las grandes operadoras para defender una mayor concentración. El informe concluye que la evidencia disponible no demuestra que los mercados europeos sean ineficientes por falta de escala ni que las normas de competencia constituyan un obstáculo fundamental para una consolidación eficiente.

Resulta difícil ignorar la contradicción entre ambos discursos. Mientras BEREC sostiene que no existe evidencia suficiente para establecer que una mayor concentración produzca automáticamente más inversión e innovación, Gayo volvió a presentar la necesidad de escala como uno de los elementos centrales para incrementar la capacidad inversora y competitiva de las empresas europeas. El problema no reside en que el consejero delegado de Telefónica discrepe de BEREC —una compañía puede legítimamente defender ante el regulador un diagnóstico diferente—, sino en que su intervención mantuvo prácticamente intacto el argumentario corporativo sin confrontarlo públicamente con la evidencia que el organismo de reguladores europeos acababa de poner encima de la mesa.

El contraste resulta todavía más acusado porque BEREC no se limita a cuestionar teóricamente la relación entre tamaño e inversión. Su informe analiza la experiencia de anteriores procesos de concentración y recoge evidencia según la cual determinadas fusiones móviles han provocado incrementos de precios para los consumidores, mientras que los supuestos efectos positivos sobre inversión e innovación no han podido establecerse con la misma claridad. Del mismo modo, el organismo concluye que las operadoras europeas presentan, en términos generales, una situación financiera saludable, con márgenes operativos estables, ciclos de inversión en fibra y 5G que están madurando y perspectivas favorables de generación de caja, razón por la que no encuentra una justificación financiera general para relajar la regulación de telecomunicaciones o los controles de concentraciones.

Afirmar que Gayo no había leído el informe de BEREC sería una elucubración que los hechos disponibles no permiten sostener. Lo que sí puede afirmarse es algo más relevante: sus declaraciones públicas no incorporaron ni refutaron sus principales conclusiones. Cuatro días después de la publicación de un documento directamente relacionado con una cuestión central para el futuro estratégico de Telefónica, su consejero delegado no explicó por qué consideraba equivocada la evidencia presentada por BEREC sobre consolidación y escala, no aportó datos alternativos que demostrasen que reducir el número de operadores incrementaría necesariamente la inversión y tampoco reformuló públicamente la posición de Telefónica a la luz del nuevo análisis regulatorio. Simplemente volvió a defender el mismo esquema argumental: nueva regulación, mayor escala y mayor capacidad inversora.

Esto es precisamente lo que hace que el episodio resulte relevante desde una perspectiva de dirección estratégica. No se trata de reprochar a Gayo que mantenga una posición distinta a la del regulador, sino de constatar que Telefónica continuó defendiendo públicamente una tesis cuya fundamentación acababa de ser cuestionada de manera directa por BEREC. Si la compañía considera incorrectas las conclusiones del organismo europeo, el debate riguroso exigiría explicar dónde falla su análisis, qué evidencia alternativa maneja Telefónica y por qué las economías de escala que persigue producirían los efectos sobre inversión, innovación y precios que BEREC considera que no pueden darse por supuestos.

La cuestión adquiere todavía mayor importancia porque BEREC no describe un sector europeo financieramente incapacitado para invertir. Su diagnóstico habla de competencia intensa, precios asequibles, fuerte crecimiento de fibra y 5G y operadores que, en conjunto, conservan una posición financiera sólida. Por ello, la secuencia argumental que vincula automáticamente fragmentación, falta de escala, insuficiencia inversora y necesidad de consolidación requiere ahora una demostración mucho más exigente. Después del informe de BEREC ya no basta con repetir que Europa necesita escala: hay que demostrar qué escala, mediante qué operaciones, qué eficiencias concretas produciría, cuánto se trasladaría a inversión y qué consecuencias tendría para los precios y la competencia.

Ese es el verdadero problema que plantean las declaraciones de Gayo: no que demuestren que en Telefónica “no se leen” los informes procedentes de Europa —algo que no puede acreditarse—, sino que evidencian que el discurso público de la compañía permaneció esencialmente inalterado incluso después de que el organismo que agrupa a los reguladores europeos publicara un análisis que cuestionaba directamente varias de sus premisas. Y desde el punto de vista de la credibilidad estratégica, esa diferencia es importante: persistir en una tesis es perfectamente legítimo; persistir en ella sin responder a la nueva evidencia que la contradice convierte el debate sobre la consolidación en una afirmación corporativa pendiente de demostración, no en una realidad económica acreditada.

Frente a ello, el regulador europeo acaba de documentar un mercado que mantiene una competencia intensa, ofrece precios comparativamente bajos, ha desplegado fibra y 5G a gran velocidad y conserva operadores financieramente saludables. Y concluye que la combinación europea de competencia en infraestructuras y servicios, acceso mayorista y supervisión regulatoria continúa produciendo inversión, innovación, conectividad y beneficios para los usuarios.

·         ÉSTE ES EL VERDADERO ALCANCE DEL “JARRO DE AGUA FRÍA”: NO QUE BEREC HAYA PROHIBIDO LA CONSOLIDACIÓN, PORQUE NO LO HA HECHO, SINO QUE HA CUESTIONADO CON DATOS LA PRESUNCIÓN ECONÓMICA SOBRE LA QUE TELEFÓNICA VIENE JUSTIFICÁNDOLA.

Eso coloca a Murtra y Gayo ante una exigencia estratégica distinta. Si Telefónica quiere defender operaciones de concentración, ya no basta con invocar genéricamente la fragmentación europea, comparar el número de operadores con Estados Unidos o China y deducir de ahí que mayor tamaño producirá necesariamente mayor inversión. El informe de BEREC aporta evidencia empírica precisamente contra esa inferencia automática. Cada operación deberá acreditar sus eficiencias y demostrar que sus beneficios compensan los posibles efectos sobre competencia y precios.

Hablar de “consecuencias” requiere, sin embargo, separar hechos de valoraciones. El informe no establece responsabilidad alguna de los administradores de Telefónica, no ordena modificar Transform & Grow y no determina que una futura adquisición deba ser rechazada. Tampoco puede deducirse de él, por sí solo, que Murtra o Gayo deban afrontar consecuencias societarias. Eso correspondería a los órganos de gobierno y accionistas de Telefónica y dependería de la ejecución y resultados de la estrategia, no únicamente de un informe regulatorio. Lo demostrable es que una premisa relevante de su discurso estratégico acaba de recibir una contestación institucional particularmente sólida, procedente además del organismo que agrupa a los reguladores europeos de comunicaciones y basada en comparación internacional, literatura económica, resultados de fusiones y datos financieros.

El resultado deja a Telefónica ante una cuestión estratégica de primer orden. La Comisión está construyendo con la Digital Networks Act (DNA) una vía para obtener escala mediante mercado único, armonización y pasaporte europeo; BEREC sostiene al mismo tiempo que preservar la competencia sigue siendo fundamental para inversión, innovación y bienestar del consumidor. Propuesta oficial de la Digital Networks Act de la Comisión Europea Texto legislativo de la DNA y Single Passport en EUR-Lex Es un marco bastante más sofisticado que la equivalencia:

fragmentación = debilidad; consolidación = escala; escala = inversión.

Y ese es el elemento que obliga a revisar el discurso. Telefónica puede seguir aspirando legítimamente a crecer, obtener economías de escala y participar en operaciones corporativas. Lo que el Europe’s Telecom Reality Check pone seriamente en cuestión es que la necesidad de esas operaciones pueda presentarse como una conclusión inevitable de la realidad económica de las telecomunicaciones europeas. Los datos de BEREC describen una realidad diferente: un mercado imperfecto y heterogéneo, sí, pero competitivo, inversor, financieramente viable y especialmente favorable al consumidor en precios. La consolidación deja así de poder presentarse como una solución demostrada de antemano y vuelve al terreno donde BEREC considera que debe estar: una opción que tendrá que demostrar, caso por caso, que crea eficiencias reales sin destruir precisamente aquello que el informe identifica como una de las principales fortalezas europeas: la competencia.

Una última cuestión: ¿Y si el problema de Europa no era el que Telefónica (Murtra) había diagnosticado?

Llegados a este punto, la cuestión que deja abierta el informe de BEREC trasciende incluso a la consolidación. Si Europa no presenta una incapacidad estructural para invertir por falta de escala; si la cobertura 5G europea es comparable a la de Estados Unidos y China; si varios países europeos están entre los líderes mundiales en fibra; si los consumidores pagan precios sustancialmente inferiores a los estadounidenses; si las operadoras mantienen una situación financiera saludable; y si la evidencia disponible no permite concluir que reducir el número de competidores produzca automáticamente más inversión e innovación, entonces el diagnóstico sobre el que se ha construido buena parte del discurso de las grandes operadoras europeas necesita, como mínimo, ser revisado. Eso es precisamente lo que hace relevante el informe de BEREC, Europe’s Telecom Reality Check: obliga a separar problemas reales del sector de afirmaciones que, repetidas durante años, habían terminado adquiriendo categoría de evidencia sin que necesariamente la tuvieran.

Para Telefónica, esta cuestión resulta especialmente importante porque Transform & Grow ha situado la escala y la consolidación dentro de su horizonte estratégico, hasta el punto de identificar una posterior fase Scale y señalar expresamente la consolidación intra-mercado y la captura de sus sinergias como objetivos de esa trayectoria. El informe de BEREC no invalida esa estrategia ni demuestra que una futura operación corporativa de Telefónica vaya a destruir valor. Afirmarlo sería ir mucho más allá de la evidencia. Pero sí modifica sustancialmente el terreno sobre el que deberá defenderse: la consolidación ya no puede justificarse simplemente porque Europa esté fragmentada. Habrá que demostrar que cada operación concreta genera eficiencias reales, inversión adicional y beneficios suficientes para compensar la reducción de competencia que pueda provocar.

Y existe una segunda dificultad para el discurso de Telefónica. La propia Comisión Europea está intentando resolver parte del problema de escala europea sin identificar necesariamente escala con concentración. La Digital Networks Act y su Single Passport apuntan precisamente hacia otra dirección: reducir las fronteras regulatorias, facilitar operaciones paneuropeas y permitir que las empresas puedan crecer transversalmente dentro del mercado único. Es decir, Europa puede buscar empresas capaces de operar a escala continental sin asumir como consecuencia inevitable que cada mercado nacional deba terminar concentrado en dos o tres grandes operadores. Esa diferencia entre escala europea y concentración nacional puede convertirse en uno de los debates regulatorios fundamentales de los próximos años. El propio texto que he escrito en este post ya establece muy bien esa distinción.

Por eso, el verdadero desafío que el informe de BEREC plantea a Murtra y Gayo no consiste en abandonar necesariamente sus objetivos de crecimiento, sino en demostrar su diagnóstico. Si consideran que BEREC se equivoca, tendrán que explicar dónde se equivoca. Si sostienen que Telefónica necesita mayor escala, deberán concretar qué economías adicionales obtendría. Si consideran imprescindible reducir el número de operadores, deberán acreditar por qué esa reducción generaría más inversión y cómo evitaría trasladarse a precios. Y si mantienen que Estados Unidos constituye el modelo hacia el que Europa debería aproximarse, tendrán que incorporar a la comparación no solamente tamaño empresarial y velocidades de descarga, sino también precios, competencia, cobertura, rentabilidad, calidad de servicio y bienestar del consumidor, precisamente las variables que BEREC introduce en su comparación internacional. El informe documenta, por ejemplo, diferencias extraordinariamente favorables para Europa en numerosos precios de servicios fijos y móviles.

Ese cambio en la carga de la prueba es probablemente la consecuencia más importante de Europe’s Telecom Reality Check. Hasta ahora, una parte del discurso sectorial ha presentado la consolidación como respuesta prácticamente inevitable a un problema previamente aceptado: demasiados operadores, poca escala y, como consecuencia, insuficiente capacidad inversora. BEREC cuestiona la primera relación causal y encuentra una realidad bastante más compleja. Después de este informe, quienes defienden que Europa necesita menos competencia para conseguir más inversión son quienes tienen que demostrarlo.

Y ahí es donde Telefónica se juega algo más que una discusión regulatoria. Se juega la consistencia de una parte relevante de su diagnóstico estratégico. Porque si durante los próximos años Europa avanza hacia un verdadero mercado único digital mediante armonización, simplificación regulatoria y pasaporte único, mientras mantiene una política exigente de competencia, Telefónica tendrá que demostrar que su apuesta por la consolidación sigue creando un valor adicional que ese nuevo marco europeo no puede proporcionar por otras vías.

BEREC no ha cerrado el debate sobre la consolidación europea. Ha hecho algo posiblemente más importante: ha eliminado la posibilidad de dar por demostrado aquello que todavía tiene que demostrarse. Y, desde el 1 de octubre de 2026, la escala ya no puede ser el punto final del argumento. Tiene que ser el comienzo de la demostración.

Epílogo: llamar pata a la cola no la convierte en una pata

La anécdota con la que comienza este post, tradicionalmente atribuida a Abraham Lincoln, adquiere después de recorrer los datos de BEREC un significado bastante menos anecdótico. Si llamamos pata a la cola de un perro, el animal no pasa a tener cinco patas. Cambiar el nombre de una realidad no cambia la realidad. Y repetir una afirmación tampoco la convierte en verdadera.

La anécdota sirve para ilustrar un principio elemental que también debería aplicarse al debate económico y regulatorio: repetir una afirmación muchas veces no la convierte en un hecho. Puede afirmarse reiteradamente que Europa tiene demasiados operadores, que la fragmentación impide invertir, que las compañías europeas carecen de escala o que reducir el número de competidores producirá necesariamente más inversión. Pero la frecuencia con la que se repita una tesis no aumenta su valor probatorio. Para pasar de afirmación a diagnóstico hacen falta datos; y para convertir una correlación aparente en una relación causal hace falta evidencia.

Y ese es precisamente el problema al que se enfrentan ahora Marc Murtra y Emilio Gayo. El 4 de noviembre de 2025 Telefónica presentó Transform & Grow vinculando expresamente la falta de consolidación europea con inversiones menos eficientes que las de Estados Unidos y China. Posteriormente, Murtra condensó su posición en una expresión inequívoca —«necesitamos escala»— y defendió que las fusiones y adquisiciones facilitarían mayores inversiones tecnológicas, mejores servicios y mayor competitividad. No estamos, por tanto, ante una ocurrencia ocasional de sus principales ejecutivos. La escala y la consolidación fueron incorporadas al relato estratégico de Telefónica, hasta el punto de que la propia hoja de ruta sitúa después de Transform & Grow una fase denominada Scale y señala como objetivos impulsar la consolidación intra-mercado y capturar sus sinergias.

Eso es precisamente lo que hace especialmente relevante el informe de BEREC. Durante años, una parte de la industria europea de telecomunicaciones ha construido su argumentación alrededor de una secuencia aparentemente sencilla: fragmentación → falta de escala → menor capacidad inversora → necesidad de consolidación. BEREC somete precisamente esa relación a contraste y concluye que la evidencia examinada no permite afirmar que los mercados europeos sean ineficientes por falta de escala ni que una mayor concentración garantice automáticamente mejores resultados en inversión, innovación, precios o calidad.

Aquí aparece el verdadero problema estratégico para Murtra y Gayo. No es que BEREC haya demostrado que cualquier consolidación sea perjudicial. No lo ha hecho. Tampoco ha demostrado que Transform & Grow vaya a fracasar. El plan contiene objetivos de eficiencia, digitalización, inteligencia artificial, experiencia de cliente, crecimiento B2B, modernización y disciplina financiera que el informe ni siquiera pretende juzgar. Lo que ha sucedido es diferente y mucho más incómodo para quienes diseñaron y defienden la estrategia: una de las grandes premisas utilizadas para explicar hacia dónde debería evolucionar Telefónica se encuentra ahora seriamente cuestionada por la evidencia recopilada por el organismo que agrupa a los reguladores europeos.

Y es ahí donde Transform & Grow muestra hoy una pobreza especialmente visible en su diagnóstico sobre la estructura del mercado europeo. No porque carezca de iniciativas operativas, sino porque una parte relevante de su horizonte estratégico descansa sobre una relación que el nuevo escenario regulatorio obliga a demostrar y que hasta ahora se ha presentado demasiadas veces como si ya estuviera demostrada. Decir “escala” no explica por sí mismo dónde aparecen las eficiencias. Decir “consolidación” no cuantifica cuánto aumentará la inversión. Compararse con Estados Unidos no permite ignorar que el consumidor europeo paga considerablemente menos por muchos servicios. Y afirmar que Europa necesita menos operadores no demuestra que eliminar competidores vaya a producir mejores redes, más innovación o mayor bienestar. BEREC encuentra precisamente que los efectos positivos de las fusiones sobre inversión e innovación son inciertos y recoge evidencia de aumentos de precios en determinadas concentraciones móviles.

La dificultad aumenta porque Europa está moviendo el terreno bajo los pies de esa estrategia. La propuesta de Digital Networks Act intenta construir escala eliminando fronteras regulatorias, armonizando reglas y facilitando operaciones paneuropeas mediante el Single Passport. Eso introduce una distinción fundamental que el discurso de Telefónica tendrá que afrontar: escala europea no es sinónimo de concentración nacional. Una compañía puede ampliar su mercado potencial y operar transversalmente en la Unión sin que la única respuesta posible sea comprar a un competidor dentro de cada mercado nacional.

Por eso, el nuevo escenario europeo exige bastante más de Murtra y Gayo que continuar repitiendo el argumentario anterior. Si Telefónica considera insuficiente la evidencia de BEREC, deberá explicar por qué. Si sostiene que necesita más escala, deberá identificar las economías concretas que todavía no puede obtener. Si pretende participar en operaciones de consolidación, tendrá que demostrar cuánto ahorro generan, qué parte se transformará realmente en inversión, qué efectos tendrán sobre precios y calidad y por qué el beneficio resultante compensará la pérdida de competencia. Eso es estrategia: no proclamar el resultado deseado, sino demostrar el mecanismo que permite alcanzarlo. El propio análisis recogido en el post lleva precisamente la discusión hacia esa exigencia operación por operación.

La posición de Gayo resulta particularmente reveladora por una razón estrictamente verificable. Apenas cuatro días después de publicarse Europe’s Telecom Reality Check, volvió a reclamar una regulación que favoreciera la inversión y permitiera alcanzar mayor escala. No puede afirmarse que no conociera el informe, porque eso sería una elucubración. Sí puede constatarse que sus declaraciones públicas no incorporaron ni refutaron sus principales conclusiones: no explicó públicamente dónde fallaba la evidencia de BEREC, no presentó datos alternativos que acreditasen la relación entre menos operadores y más inversión y no reformuló públicamente el argumento. Esa diferencia importa porque discrepar del regulador es perfectamente legítimo; mantener una tesis después de aparecer evidencia contraria exige responder a esa evidencia si se pretende presentarla como diagnóstico y no simplemente como posición corporativa.

Eso no significa que la tesis de las grandes operadoras sea necesariamente falsa ni que una determinada operación de consolidación no pueda producir importantes eficiencias. Significa algo más sencillo y, al mismo tiempo, más exigente: quien sostiene esa tesis tiene que demostrarla. Puede discutir los datos de BEREC, cuestionar su metodología o presentar evidencia alternativa. Lo que no puede hacer es considerar demostrada una afirmación simplemente porque lleve años formando parte del discurso del sector.

Ahí reside, probablemente, la mayor debilidad que el nuevo escenario europeo deja al descubierto en la estrategia aprobada el 4 de noviembre con él plan estratégico. Murtra y Gayo han situado la escala en un lugar demasiado importante como para que pueda continuar funcionando como una palabra que se explica a sí misma. Cuanto mayor sea el peso de la consolidación en el futuro de Telefónica, mayor será también la carga de la prueba que corresponde a quienes la han convertido en parte de su horizonte estratégico. BEREC no les impide hacerlo; les exige, en la práctica, algo bastante más difícil: demostrar que tienen razón.

Y esa es una diferencia decisiva. Una estrategia puede sobrevivir a que cambien las circunstancias; lo que no debería hacer una dirección es comportarse como si las circunstancias no hubieran cambiado. BEREC ha colocado sobre la mesa datos que cuestionan la relación automática entre fragmentación, escala, inversión y consolidación. La Comisión, al mismo tiempo, plantea una construcción del mercado único que abre otras vías para obtener escala. Ante ese escenario, repetir el diagnóstico de 2025 ya no basta para responder a las preguntas de 2026.

Porque, volviendo finalmente a la vieja anécdota atribuida a Lincoln, por muchas veces que llamemos pata a la cola, la cola sigue siendo una cola. Y por muchas veces que se encadenen las palabras fragmentación, escala, consolidación e inversión, esa sucesión no se convierte por repetición en una relación causal.

Los datos son los que deben decirnos cuántas patas tiene realmente el perro. Y, después de BEREC, son Murtra y Gayo quienes tienen que demostrar que la quinta pata existe.

Ya lo dijo Aldous Huxley: «Los hechos no dejan de existir porque se los ignore.» 

 

 

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