domingo, 4 de enero de 2026

CONSOLIDAR EMPRESAS O CONSOLIDAR EUROPA: EL PULSO ENTRE HEYDEMANN, MURTRA Y LA COMISIÓN EUROPEA

 

Durante la construcción de la red ferroviaria europea en el siglo XIX, cada país europeo decidió actuar por su cuenta. Francia eligió un ancho de vía. España, otro. Italia, otro distinto. Cada ingeniero defendía que su diseño era “el mejor” y cada compañía ferroviaria quería preservar su control. El resultado parecía eficiente… Hasta que los trenes empezaron a intentar cruzar fronteras.

Había estaciones donde los viajeros tenían que bajarse, cambiar de tren y esperar horas porque las vías no encajaban. Las mercancías se descargaban vagón por vagón para volver a cargarse en el tren del país vecino. La tecnología existía, el mercado existía, la necesidad existía… Pero la falta de coordinación convirtió la infraestructura en un mosaico ineficiente y caro.

Al final, no fueron las compañías ferroviarias quienes arreglaron el problema. Fueron los gobiernos quienes establecieron estándares comunes, armonizaron normas y diseñaron la red pensando en Europa como conjunto, no en cada operador individual Solo entonces los trenes empezaron realmente a conectar el continente.

Algo parecido sucede hoy con las telecomunicaciones: no basta con tener “grandes operadores” en cada país si el sistema en su conjunto no está pensado para interoperar, innovar y servir a un proyecto común. Si dejamos que cada empresa trace sus vías según sus intereses… Acabaremos con más fragmentación, no con más Europa.

                  Foto: red de alta velocidad de la Unión Europea

En los últimos meses, voces influyentes del sector de las telecomunicaciones europeas —como Christel Heydemann, presidenta de Orange, y Marc Murtra, presidente de Telefónicahan insistido en un diagnóstico que parece tan contundente como seductor: Europa necesita consolidación empresarial, menos operadores y compañías más grandes para ganar escala, invertir más y competir frente a Estados Unidos y China. La narrativa es simple: el problema es la fragmentación; la solución, permitir fusiones y relajar la regulación. Sin embargo, bajo esa aparente lógica económica se esconde un error profundo. El modelo que defienden confunde escala corporativa con fortaleza estratégica europea, y propone que sean los propios directivos de las telecos quienes tomen el timón de un proceso que afecta directamente a la soberanía digital, la cohesión social y la arquitectura institucional del continente.

La Comisión Europea, apoyada por los análisis de Draghi y Letta, plantea algo muy diferente. No niega la necesidad de mayor coordinación, inversión y tamaño operativo; lo que cuestiona es que la vía adecuada sea construir oligopolios privados que concentren poder sin garantizar innovación, interoperabilidad ni orientación al interés público. Frente a una consolidación guiada por los mercados y sus ejecutivos, la Comisión propone una estrategia de integración basada en consorcios, plataformas comunes y un modelo de “tres capas”, donde la infraestructura crítica y los estándares se gobiernan desde lo público, mientras la competencia se preserva aguas abajo. No se trata de hacer a las telecos más grandes, sino de hacer Europa más fuerte. Y ahí reside el verdadero punto de fricción: quién debe decidir el futuro digital europeo —los consejos de administración o las instituciones democráticas. 

Hoy podemos leer en la prensa las declaraciones de la presidenta de Orange, Christel Heidemann, tras la presentación de resultados del tercer trimestre (Q3). En su discurso ha lanzado un mensaje que va mucho más allá de celebrar los resultados operativos de su compañía en Francia —donde Orange ha logrado más de 10 millones de clientes de fibra y cobertura del 93 % de los hogares— para subrayar un diagnóstico compartido sobre el futuro del sector de las telecomunicaciones en Europa. Cinco Días

En una entrevista con Euronews, Heidemann adoptó un discurso prácticamente alineado con el que desde hace meses viene defendiendo Marc Murtra, presidente de Telefónica: la industria europea está lastrada por la fragmentación del mercado y por unas normas de competencia que aún consideran que cuatro operadores por país son el mejor escenario para proteger al consumidor. Tanto para Heydemann como para Murtra, este dogma está hoy muriendo de éxito: limita la inversión, reduce la capacidad de competir con gigantes globales y hace imposible que las empresas europeas alcancen la escala necesaria para liderar en redes digitales, inteligencia artificial o ciberseguridad. Cinco Días

La ejecutiva gala destacó que, aunque el tráfico de datos sigue creciendo —entre un 10% y un 30% anual debido al auge del vídeo y la IA—, los ingresos en un mercado maduro están estancados. Esta paradoja de crecimiento sin rentabilidad obliga a replantear las reglas de juego: mantener infraestructuras robustas, enfrentar amenazas de ciberataques o eventos climáticos extremos y financiar nuevas generaciones de redes exige recursos y economías de escala que operadoras fragmentadas no pueden generar eficientemente. Cinco Días


Para Heydemann, Europa debe inspirarse en modelos como el de Estados Unidos o China, donde tres grandes operadores con decenas de millones de clientes dominan mercados completos, generando una base sólida para inversión continúa. En contraste, un operador europeo medio —con alrededor de 5 millones de clientesno puede sostener los costes fijos de actualización tecnológica que exige el presente y el futuro digital. Cinco Días

Frente a quienes temen que menos competidores implique precios más altos o peor servicio, Heidemann defendió que competir eficazmente no se reduce solo al precio. Señaló que casos como la creación del nuevo líder de mercado en España tras la fusión de Orange con MásMóvil demuestran que tres actores bien dimensionados pueden competir incluso mejor que cuatro o cinco en mercados con crecimiento moderado. Subrayó que los reguladores europeos han estado obsesionados con el precio sin considerar si las compañías tienen la capacidad de invertir para estar al nivel tecnológico global. Cinco Días

Heidemann fue explícita al cuantificar el desafío: faltan alrededor de 200.000 millones de euros para que Europa cumpla sus objetivos de conectividad para 2030, una cifra que no podrá cubrirse si no se cambian las reglas del juego regulatorias y de competencia. En este terreno, coincidió plenamente con Murtra en que la próxima reforma legislativa —especialmente el Digital Networks Act en discusión en Bruselas— es una oportunidad para modernizar las normas y permitir fusiones y adquisiciones que consoliden el sector, tanto dentro de cada país como a nivel paneuropeo. Cinco Días

Al terminar su intervención, Heidemann lanzó una advertencia clara: Europa ha pasado 25 años priorizando el precio sobre la inversión tecnológica, y si no se cambia este enfoque, el continente seguirá quedándose atrás frente a Estados Unidos y China en soberanía digital y capacidad innovadora. Su discurso, que replica y amplía el de Murtra, aspira a convertirse en la nueva norma de Bruselas para una política industrial y regulatoria más ambiciosa y estratégica. Cinco Días

Citas destacadas de Christel Heydemann sobre la situación de las telecomunicaciones europeas:

“La realidad es que probablemente hemos llegado al límite de fijarnos únicamente en los precios para los consumidores. Realmente necesitamos tener en cuenta la capacidad de las empresas para invertir en un mundo que se mueve muy rápido.”
— Subrayando que centrarse solo en mantener precios bajos ya no es suficiente si las compañías europeas quieren invertir en infraestructura frente a la competencia global. euronews

“Es algo que estamos intentando concluir, pero no hay garantía de que esta oferta no vinculante llegue a buen puerto. Lo que es muy importante para nosotros es la velocidad y el momento, porque … este tipo de transacciones no pueden prolongar las negociaciones indefinidamente.”
— Comentario referido al intento de Orange, junto con otros operadores, de adquirir SFR en Francia, y la necesidad de que los procesos sean más ágiles para favorecer la consolidación. euronews

“El tráfico sigue creciendo entre un 10% y un 30% cada año en nuestras redes. La gente consume más vídeos y utiliza más inteligencia artificial.”
Indicando que las demandas sobre las redes aumentan rápidamente, lo que exige mayor capacidad de inversión y refuerza la tesis de que las operadoras deben lograr mayor escala. euronews

“Es normal que exista este tipo de resistencia. Hay una enorme diferencia en la realidad de los mercados en cada país de Europa… por lo que no estamos diciendo que vaya a ser una solución única para todos.”
— Aclara que aunque apoya la modernización regulatoria y consolidación, reconoce que cada país tiene particularidades que deben considerarse en la reforma normativa europea. euronews

Estas citas reflejan el núcleo del mensaje de Heydemann: Europa necesita economías de escala y modernizar su regulación para que las operadoras puedan competir con gigantes globales como los de Estados Unidos o China. La clave, según ella, no es sacrificar competitividad por precios bajos, sino permitir fusiones y adquisiciones que fortalezcan la capacidad de inversión y desarrollo de las redes. euronews

El 27 de diciembre escribí un post en el blog en el cual hacia una exposición detallada para dicha consolidación tomando como base la figura del “consorcio” como se ha hecho con el líder mundial de la aviación comercial,  Airbus”. Dicho modelo viene recogido tanto por, Draghi y Letta, en sendos informes que redactaron para la Comisión Europea sobre Competitividad y Mercado Interior.


Aquí está la confrontación detallada entre las declaraciones de Christel Heydemann (CEO de Orange) sobre la necesidad de consolidación en el sector europeo de telecomunicaciones y el contenido del post que recoge las declaraciones de Teresa Ribera en el Financial Times sobre el modelo de consolidación que defiende la Comisión Europea.  En el blog también defendía un modelo de tres capas para formar un consorcio del “modelo Airbus” para el sector europeo de las telecomunicaciones. La comparación refleja las diferencias profundas entre una visión corporativa orientada a la escala y una visión regulatoria centrada en la innovación y la arquitectura del mercado. Las diferencias de los dos modelos, Heydemann y Teresa Ribera, se detalla a continuación:

1. Capa inferior: Infraestructura y redes vs. regulación estricta

Para Christel Heydemann, Europa enfrenta un mercado fragmentado con ingresos estancados frente a un crecimiento exponencial del tráfico de datos. Ella señala que, para competir en el plano global —especialmente contra operadores de Estados Unidos o China— las empresas europeas necesitan escala que les permita invertir en fibra, 5G/6G, ciberseguridad e innovación tecnológica. Esto implica, según ella, revisar normas de competencia que hoy mantienen cuatro operadores por país y que, a su juicio, limitan la capacidad de inversión y de competir internacionalmente. Heidemann ve la consolidación no como una amenaza sino como un paso natural para crear campeones europeos con escala suficiente para financiar redes robustas y futuras tecnologías. Pinsent Masons

Frente a esta postura orientada a la expansión de infraestructura vía fusiones y adquisiciones, el post del blog que escribí recoge las declaraciones de Teresa Ribera en el Financial Times donde se plantea una lectura diametralmente distinta: Europa no va a relajar el control regulatorio simplemente para facilitar fusiones que prometen escala sin garantizar innovación real y valor añadido. Ribera advierte que mantener los altos estándares regulatorios es clave para que el continente siga siendo competitivo y no caiga en la “carrera hacia abajo” de regulación que beneficiarían a actores globales sin valores fundamentados en el mercado único. Según este enfoque, la fragmentación no debe combatirse mediante la reducción de operadores como defiende Heydemann, sino a través de un marco regulatorio sólido que impulse inversiones productivas, cooperación industrial y mercados verdaderamente integrados a nivel europeo. En este escenario la figura del consorcio emerge de forma natural en el nuevo marco competitivo que ha dibujado tanto, Draghi, Letta y la Comisión Europea climalaboralycomunicacion.blogspot.com

2. Capa intermedia: Plataforma común europea vs. consolidación corporativa

En el discurso de Heydemann hay una aceptación implícita de que un mercado con menos competidores pero más grandes podría lograr sinergias, mayor inversión y mejores resultados tecnológicos. Desde su perspectiva, permitir fusiones y revisiones de las reglas de competencia (por ejemplo, como las que recomienda revisar la Comisión en sus directrices de fusiones) podría crear un entorno en que operadores más grandes tengan más recursos para liderar la modernización de redes y el despliegue digital. Pinsent Masons

En el post que escribí sobre las declaraciones de Ribera al Financial Times cuestiona precisamente esa lógica de consolidación como estrategia principal. En el post propongo un modelo en tres capas que rompe con la idea errónea de que, tamaño = competitividad. En lugar de fomentar fusiones al estilo clásico, sugiero la figura del consorcio de tres capas:

  • Primera capa: cooperación compartida en I+D y tecnologías críticas (centros de datos, cloud, redes avanzadas, IA, etc.)
  • Segunda capa: una plataforma europea interoperable accesible a todos los operadores para reducir duplicidades y acelerar innovación.
  • Tercera capa: mantener competencia comercial “aguas abajo” en servicios finales como atención al cliente, ofertas y precios. climalaboralycomunicacion.blogspot.com

En este modelo enfatizó que Europa necesita infraestructuras tecnológicas comunes y compartidas antes que simples fusiones corporativas, porque sin una base interoperable y alineada tecnológicamente, las telecos europeas seguirán siendo proveedores de conectividad exclusivamente perdiendo el valor de los servicios que van por las redes de conectividad que poseen. Hoy en muchos casos las telecos actúan como agregadores de los hiperescaladores, capturando escaso valor en la cadena de la digitalización de extremo a extremo.

3. Capa superior: Competencia del mercado vs. robustez institucional y valores europeos

Heydemann subraya que los ingresos estancados, junto con la creciente necesidad de inversión en redes de próxima generación, hacen indispensable repensar las reglas —incluyendo la política de fusiones— para que las telecos europeas puedan competir en escala con gigantes globales como los hiperescaladores chinos y norteamericanos. Desde su punto de vista empresarial, la prioridad está en permitir que se formen “campeones europeos” con mayor capacidad financiera y tecnológica. Pinsent Masons

Contrariamente, Ribera —y el post que resume su postura— recalcan que el principal cuello de botella no es solo la regulación actual, sino la propia arquitectura del mercado europeo: sin un enfoque que combine integración real del mercado, innovación compartida y liderazgo institucional en tecnologías estratégicas, simplemente agrupar operadores más grandes no resolverá la falta de innovación, valor añadido o posición competitiva global. Ribera defiende que la UE debe “resistir la presión de rebajar normas” como pide Heydemann y mantener estándares, incluso frente a presiones globales, para asegurar que Europa compita por calidad tecnológica e innovación, no por la vía de reducir regulaciones y facilitar fusiones a cualquier precio. climalaboralycomunicacion.blogspot.com

Además, la crítica implícita del post del blog apunta a que confiar en que el regulador europeo ceda y permita fusiones como solución estructural es una apuesta frágil que puede dejar a compañías como Telefónica o incluso Orange en una posición estratégica débil si esas fusiones no se materializan bajo los supuestos que algunas ejecutivos plantean. climalaboralycomunicacion.blogspot.com

En resumen, la visión de Heydemann es la de una industria que necesita mayor escala para invertir y competir globalmente, y que ve en la revisión del marco regulatorio un camino para lograrlo.

Por otro lado, la visión articulada por Ribera (y reflejada en el blog) empuja hacia una arquitectura europea basada en cooperación en innovación y estándares compartidos, preservando competencia en los niveles comerciales y rechazando la simplificación de fusiones como respuesta principal a los desafíos tecnológicos y de mercado. Ribera sostiene que el tamaño por sí solo no garantiza innovación ni competitividad, y que la UE debe fortalecer sus mercados sin sacrificar valores ni estándares regulatorios. climalaboralycomunicacion.blogspot.com

El punto neurálgico no es solo si consolidar o no, sino quién conduce la consolidación y, por tanto, quién define sus objetivos, sus límites y a quién rinde cuentas. A partir de ahí, se abren dos modelos con lógicas casi opuestas: el de consolidación dirigida por las operadoras (Heydemann) y el de consorcios dirigidos por los gobiernos europeos (Ribera y el modelo de tres capas).


En el modelo que defiende Heydemann, la consolidación del sector descansa explícitamente sobre la idea de que son los propios directivos de las grandes operadoras quienes deben pilotar el proceso. La argumentación es clara: ellos conocen el negocio, saben dónde están las ineficiencias, qué inversiones son urgentes y cómo ganar escala para competir en un mercado globalizado. Bajo esta lógica, los reguladores deberían retirar parte de los obstáculos que impiden que estas empresas se fusionen entre sí o compren a competidores más pequeños. El motor del cambio reside en la iniciativa corporativa, y el papel de los Estados queda relegado al de árbitro que supervisa, pero que no fija el rumbo estratégico.

Sin embargo, esto tiene una consecuencia estructural: si son los directivos quienes conducen la consolidación, entonces también conservan el control estratégico de los nuevos oligopolios resultantes. La escala se vuelve un instrumento de poder privado. El relato habla de competitividad europea, pero la toma de decisiones se concentra en consejos de administración que responden prioritariamente a accionistas, no a ciudadanos. Por eso, detrás del discurso técnico de inversión y eficiencia, hay un elemento político clave: los directivos de las telecos como Heydemann y Murtra no quieren perder el timón de un proceso que puede redefinir todo el mapa europeo de las comunicaciones.

Frente a esto se sitúa el modelo de consorcios impulsados y diseñados por los gobiernos europeos. Aquí la consolidación no desaparece, pero cambia radicalmente de naturaleza. No se trata de dejar que grandes operadoras se fusionen siguiendo su propio interés corporativo, sino de construir estructuras supranacionales o sectoriales en las que el liderazgo lo ejercen los poderes públicos, y las empresas participan como ejecutoras técnicas y gestoras operativas. Los gobiernos definen el marco, el alcance, las prioridades y los límites. La dirección estratégica ya no se deja al mercado, sino a una lógica de política industrial europea.

En este modelo, los Estados no pierden el control sobre los nodos críticos de conectividad: redes troncales, infraestructuras de datos, ciberseguridad, interoperabilidad, estándares comunes. Y, sobre todo, pueden orientar esas infraestructuras hacia necesidades sociales y geopolíticas: cohesión territorial, inclusión digital, protección de datos, resiliencia frente a crisis, soberanía tecnológica, transición ecológica. Los directivos de las operadoras siguen existiendo, pero ya no deciden el marco: se alinean con directrices públicas o se sustituyen. Esto invierte la jerarquía entre interés general e interés corporativo.

Hay además otra diferencia importante: el modelo de Heydemann identifica escala con integración corporativa, mientras que el modelo de consorcio identifica escala con cooperación estructurada y gobernada públicamente. El primero concentra propiedad, el segundo coordina capacidades. Uno crea oligopolios que tienden a cerrarse; el otro crea plataformas comunes que obligan a interoperar.

Por supuesto, ambos modelos tienen riesgos. En el modelo corporativo, el peligro evidente es que la consolidación derive en oligopolios con enorme poder de mercado, con capacidad de presionar reguladores, condicionar precios, priorizar dividendos sobre inversión y desplazar el interés público. No es casualidad que quienes lo defienden insistan en que “tres operadores grandes bastan”, porque eso preserva el liderazgo de quienes ya están sentados en la cima.

En el modelo de consorcios públicos, el riesgo es el contrario: burocratización, lentitud, captura política, menor flexibilidad empresarial. Pero incluso con esas limitaciones, mantiene una ventaja decisiva desde el punto de vista democrático: la rendición de cuentas. Si algo falla, se juzga a gobiernos elegidos, no solo a gestores corporativos que responden a accionistas dispersos y, en muchos casos, extracomunitarios.

Por eso, lo que se está discutiendo en el fondo no es solo la arquitectura del mercado de telecomunicaciones, sino algo más profundo: quién define el futuro digital europeo, los consejos de administración o los parlamentos.

El modelo de tres capas encaja perfectamente con esta lectura. En la base, infraestructuras y estándares gestionados bajo liderazgo público; en la capa intermedia, plataformas comunes y consorcios; arriba, competencia entre empresas en servicios al consumidor. En ese marco, los directivos ya no conducen la consolidación: la gestionan, pero no la deciden.

Esta observación señala exactamente el punto crítico: las telecos defienden la consolidación empresarial no solo por razones técnicas, sino porque no quieren perder el timón del proceso. Los gobiernos, al proponer la figura de consorcios, no sólo piensan en eficiencia económica, sino en soberanía, control democrático y alineamiento entre tecnología y sociedad.

Si hacemos un análisis sobre quiénes son los ganadores y perdedores en este choque de trenes que son los directivos como Heydemann y Murtra con la Comisión Europea (Teresa Ribera) sobre la base de los informes de Draghi y Letta tendremos los siguientes hechos:

  • El modelo de consolidación impulsado por directivos de operadoras (como propone Christel Heydemann y Marc Murtra) y
  • El modelo de consorcios y liderazgo público europeo (como sugieren los informes vinculados a Mario Draghi y Enrico Letta, que defiende la Comisión Europea donde está Teresa Ribera y lo que se discute en la política comunitaria actual) Consilium+1

Ganadores

Europa como conjunto si adopta una estrategia pública integrada

Si las propuestas de los informes de Draghi y Letta se implementan eficazmente, Europa ganaría una arquitectura de mercado más integrada y resiliente. Ambos informes destacan la necesidad de profundizar el Mercado Único para aliviar la fragmentación que limita la competitividad europea frente a Estados Unidos y China, así como la necesidad de un enfoque estratégico para sectores digitales y otras industrias clave Parlamento Europeo+1.

La consolidación pública en forma de consorcios o plataformas comunes podría permitir:

  • Establecer infraestructuras compartidas interoperables que reduzcan costes duplicados y permitan cooperación tecnológica entre países.
  • Orientar inversiones hacia objetivos estratégicos (conectividad universal, soberanía digital, ciberseguridad, transiciones ecológica y digital).
  • Reforzar la autonomía estratégica de la UE reduciendo dependencias externas en sectores críticos.
  • Preservar la competencia en servicios finales, manteniendo diversidad comercial mientras se crea masa crítica técnica para competir globalmente Consilium+1.

Este enfoque también puede ayudar a orientar las inversiones públicas y privadas hacia tamaños y estructuras que favorezcan la innovación sostenida a largo plazo.

Los ciudadanos europeos

En este modelo, los ciudadanos como colectividad salen beneficiados si la regulación y las decisiones estructurales priorizan valor social, cohesión territorial, inclusión digital y protección de derechos por encima de la simple dimensión de precios de mercado. El énfasis en innovación, interoperabilidad y acceso universal puede contribuir a servicios más robustos y alineados con necesidades sociales reales.

Perdedores

Directivos de grandes operadoras si el control lo asumen gobiernos o consorcios públicos

El punto esencial que señalaba anteriormente, es que en el modelo corporativo que abandera, Haydemann y Murtra, los directivos conservan prácticamente el control estratégico del proceso de consolidación y del rumbo de las nuevas estructuras incluso si se forman oligopolios. Eso les permite definir prioridades, inversiones y cronogramas en función de lógicas empresariales más que de objetivos públicos, como soberanía, cohesión o resiliencia.

Si el liderazgo fuera transferido a gobiernos o consorcios públicos:

  • Los consejos de administración perderían capacidad de decisión autónoma sobre grandes fusiones, estrategias de mercado y destinos de inversión.
  • La orientación de esas nuevas entidades estaría ligada a prioridades públicas marcadas por los Estados y la UE, no por la maximización de beneficios ni por las estrategias internas de cada operador.
  • Esto disminuye la influencia pri­vada sobre decisiones de política industrial y de infraestructura crítica, entregando esa influencia al ámbito público.

Para los directivos actuales, esto representa una pérdida tangible de poder de decisión en favor de una lógica orientada al interés común, algo que muchos ejecutivos de telecos consideran indeseable porque prefieren que sean sus propias corporaciones las que lideren y se beneficien del proceso de consolidación Telefónica.

Accionistas de telecos que buscan retorno rápido

La lógica de consorcios públicos puede priorizar inversiones de largo plazo y objetivos de bienestar colectivo por encima de la rentabilidad financiera inmediata. Para accionistas interesados en retornos a corto plazo, esto puede ser visto como una desventaja porque los criterios de decisión no serán exclusivamente económicos.

Consecuencias para Europa tras los estudios de Draghi y Letta

Los informes de Mario Draghi y Enrico Letta comparten varias conclusiones importantes que contextualizan este choque y sus consecuencias:

·         Profundización del Mercado Único: ambos informes coinciden en que la fragmentación del mercado europeo es un obstáculo estructural para la competitividad. La integración real —incluyendo sectores como telecomunicaciones— es considerada clave para reducir barreras y permitir operaciones transfronterizas y economías de escala que hoy son limitadas dentro del modelo actual Parlamento Europeo.

Competitividad y productividad: Draghi subraya que Europa ha caído detrás de EE. UU. y China en innovación, productividad y capacidad industrial. Su informe propone reorganizar prioridades políticas y económicas para revertir esta desventaja que hoy tiene y mejorar la resiliencia ante shocks globales y riesgos geopolíticos.

Política industrial y prioridades públicas: ambos informes fomentan una política industrial que vaya más allá del statu quo competitivo tradicional, vinculen mejor políticas de mercado único, regulaciones armonizadas y asignación de recursos para sectores estratégicos como digital, energía o tecnologías avanzadas Consilium.

En telecomunicaciones específicamente, si Europa adopta políticas inspiradas en estos informes —y en iniciativas regulatorias como el Digital Networks Act— podría:

  • Reducir barreras regulatorias que hoy limitan operaciones transnacionales.
  • Establecer condiciones para que las telecos puedan invertir a gran escala sin perder objetivo público.
  • Promover mecanismos de cooperación e interoperabilidad que no dependen exclusivamente de decisiones privadas.

El balance final es que el choque entre la visión de Heydemann y la visión europea de consorcios públicos no solo refleja una preferencia técnica, sino una elección política profunda sobre quién tiene la autoridad para definir el rumbo estratégico del sector.

En el camino de consolidación de las telecomunicaciones europeas hay dos modelos con ganadores y perdedores claros:

  • El modelo corporativo liderado por operadoras puede generar oligopolios fuertes, pero preserva poder y autonomía de los gestores empresariales, con un enfoque centrado en retorno financiero y competitividad de mercado.
  • El modelo de consorcios e integración pública busca alinear la infraestructura digital europea con prioridades estratégicas más amplias, favoreciendo la competitividad colectiva, la cohesión social y la soberanía tecnológica, incluso a costa de limitar la independencia absoluta de los actores privados.

                                                    Foto: Comisión Europea

La implementación efectiva de los informes Draghi y Letta empujaría a Europa hacia una arquitectura más coordinada, institucional y orientada al interés común, beneficiando a la Unión y a sus ciudadanos en el largo plazo, aunque sea percibida como una restricción para las élites ejecutivas del sector. Parlamento Europeo

Para terminar el post quiero manifestar que el discurso de, Christel Heydemann y Marc Murtra, se presenta como el camino inevitable: menos operadores, más tamaño, más fusiones, más poder para quienes ya lo tienen. Se vende como realismo económico, como una cura para la fragmentación, como la única vía para no quedar atrás. Pero cuando se rasca un poco, aparece el verdadero mensaje: lo que se quiere consolidar no es Europa, sino el control de unos pocos consejos de administración sobre un sector que es, por definición, estratégico.

El error es profundo. Confundir escala corporativa con fortaleza europea es como confundir un rascacielos con una ciudad. Puede ser imponente, pero no sostiene por sí solo la vida que lo rodea. La consolidación que defienden estos directivos no construye proyecto europeo: lo sustituye. No articula un mercado integrado, interoperable y gobernado desde el interés público; simplemente concentra propiedad privada esperando que, por arte de magia, el interés privado coincida con el interés general.

Mientras tanto, los hiperescaladores norteamericanos y chinos observan el debate con tranquilidad. Saben que Europa dividida en oligopolios nacionales sigue siendo una Europa débil. Saben que operadores grandes pero aislados, más preocupados por proteger cuotas y dividendos que por definir estándares, siguen jugando en su terreno, no en el nuestro. Una Europa sin gobernanza común, sin plataformas compartidas y sin estrategia industrial propia no compite: se adapta. Y quien se adapta, acaba subordinado.

Frente a ello, los informes de Draghi y Lettay la posición de la Comisión— no son un capricho tecnocrático. Son el recordatorio incómodo de que Europa solo será relevante si actúa como Europa. Si pone por delante el diseño institucional, las infraestructuras compartidas, la interoperabilidad y la capacidad de orientar la inversión hacia objetivos colectivos. No para proteger empresas débiles, sino para construir un continente fuerte.

Por eso, cuando algunos ejecutivos claman por “escala” como si fuese una especie de mantra salvador, conviene hacerse una pregunta sencilla: ¿escala para quién y para qué? Porque una consolidación que debilita la capacidad pública de decisión, que relega a Europa al papel de cliente y que deja la arquitectura digital del continente en manos de oligopolios privados no es una estrategia: es una renuncia.

Y Europa —si quiere seguir siendo Europa— no puede permitirse renunciar.

Ya lo dijo Mario Draghi: Si Europa no actúa unida, otros escribirán las reglas por nosotros”. 

 

 

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