sábado, 20 de junio de 2026

LA PARADOJA MURTRA: CREAR GIGANTES EUROPEOS SOBRE TECNOLOGÍA AJENA

 

Durante años, Europa fue líder mundial en la fabricación de automóviles, maquinaria industrial, aeronáutica y equipamiento de telecomunicaciones. Sin embargo, cuando estalló la crisis mundial de los semiconductores entre los años 2020 y 2023, numerosas fábricas europeas tuvieron que reducir o paralizar temporalmente su producción porque dependían de chips fabricados principalmente en Asia. Aquella situación llevó a muchos responsables políticos europeos a preguntarse cómo era posible que una potencia industrial como la Unión Europea no controlara una tecnología tan crítica para su propia economía. De ese debate surgieron iniciativas como el European Chips Act y el renovado impulso a la soberanía tecnológica europea.

La reunión del Consejo de Telecomunicaciones de la Unión Europea del 9 de junio de 2026 no cerró la negociación de la Digital Networks Act, pero sí dejó una señal relevante para el futuro del sector: Europa quiere operadores con más escala, redes más resilientes y una mayor soberanía tecnológica. Este debate afecta directamente a Telefónica y a la estrategia defendida por Marc Murtra, que considera la consolidación europea un elemento clave para ganar competitividad, capacidad inversora y relevancia global.

Sin embargo, existe una cuestión que apenas comienza a emerger en el debate regulatorio europeo. Aunque las fusiones pueden crear operadores más grandes y financieramente más sólidos, no garantizan por sí mismas la soberanía tecnológica que persigue la Unión Europea. Las principales capacidades en ámbitos estratégicos como la computación en la nube, la inteligencia artificial, las plataformas digitales, los semiconductores o determinadas infraestructuras de software continúan concentradas en un reducido número de compañías, en su mayoría estadounidenses. Esto plantea una cuestión de fondo: incluso si Europa consigue crear grandes grupos de telecomunicaciones mediante procesos de consolidación, ¿serán realmente más soberanos desde el punto de vista tecnológico o seguirán dependiendo de capacidades críticas controladas por terceros?

La respuesta a esta pregunta resulta especialmente relevante para Telefónica, cuya estrategia combina la búsqueda de mayor escala mediante la consolidación con alianzas tecnológicas mantenidas con algunos de los principales hiperescaladores mundiales. En este contexto, la Digital Networks Act abre un debate que va mucho más allá de las fusiones empresariales: el de cómo construir autonomía tecnológica europea en un sector cada vez más dependiente de tecnologías que Europa todavía no controla plenamente.

Consejo de Telecomunicaciones de la UE (9 de junio de 2026): Digital Networks Act y Cybersecurity Act 2

El 9 de junio de 2026 se celebró la reunión del Consejo de Transportes, Telecomunicaciones y Energía (TTE) de la Unión Europea en su formación de Telecomunicaciones. Durante la sesión, la Presidencia chipriota presentó un informe de progreso sobre la propuesta de Reglamento de la Digital Networks Act (DNA) y otro sobre el paquete de ciberseguridad Cybersecurity Act 2, sin que se alcanzara una posición política definitiva por parte de los Estados miembros.

Consejo de la UE – Reunión TTE del 9 de junio de 2026:
https://tinyurl.com/4pmb6ha9

La reunión también sirvió para aprobar la posición del Consejo sobre las carteras europeas de empresa, una herramienta destinada a facilitar las relaciones digitales seguras entre empresas y administraciones públicas dentro del mercado interior europeo.

En relación con la Digital Networks Act, los ministros respaldaron de forma general los objetivos de la propuesta, orientados a desarrollar infraestructuras digitales europeas más robustas, rápidas, seguras y avanzadas. Asimismo, la iniciativa pretende favorecer la actividad transfronteriza de los operadores, incentivar la inversión en conectividad de nueva generación y reforzar la integración del mercado único digital europeo.

Según el informe presentado, existe un amplio apoyo a objetivos como el fortalecimiento del mercado único, la mejora de la competitividad europea, el incremento de la conectividad y el refuerzo de la seguridad y resiliencia de las infraestructuras digitales. No obstante, el Consejo señaló que todavía es necesario profundizar en diversos aspectos antes de alcanzar una posición común.

Entre las principales cuestiones pendientes destacan la necesidad de garantizar una mayor seguridad jurídica, simplificar los procedimientos regulatorios y tener en cuenta las diferentes condiciones de mercado existentes entre los Estados miembros. También se identificó como un aspecto especialmente sensible la transición desde las redes de cobre hacia las redes de fibra óptica.

Los debates pusieron igualmente de manifiesto la importancia de respetar las competencias nacionales en ámbitos considerados estratégicos, especialmente la gestión del espectro radioeléctrico y los asuntos relacionados con la seguridad nacional. Del mismo modo, varias delegaciones consideraron necesario seguir trabajando en el denominado “pasaporte único”, mecanismo concebido para facilitar la prestación de servicios de telecomunicaciones en varios Estados miembros mediante procedimientos administrativos simplificados.

El documento de contexto elaborado por el Consejo señala que la Digital Networks Act pretende consolidar en un único marco regulatorio diversas normas actualmente vigentes, entre ellas el Código Europeo de las Comunicaciones Electrónicas, el Reglamento BEREC, el Programa de Política del Espectro Radioeléctrico, el Reglamento de Internet Abierta y la Directiva ePrivacy.

Documento de contexto del Consejo:
https://tinyurl.com/5em89rxt

Dicho documento precisa además que la propuesta legislativa está compuesta por 210 artículos y 416 considerandos, reflejando el amplio alcance de la reforma planteada.

Paralelamente, los ministros examinaron el paquete de ciberseguridad y, en particular, la propuesta de Cybersecurity Act 2. Los Estados miembros mostraron un apoyo general a sus objetivos, entre los que destacan el fortalecimiento del papel de la Agencia de la Unión Europea para la Ciberseguridad (ENISA) y la simplificación del sistema europeo de certificación de ciberseguridad. Sin embargo, también solicitaron aclaraciones sobre las futuras responsabilidades operativas de ENISA, la participación de los Estados miembros en los procedimientos de certificación y el nuevo marco europeo de seguridad para la cadena de suministro de tecnologías de la información y las comunicaciones.

La reunión abordó asimismo otros asuntos relacionados con la soberanía tecnológica europea, la cooperación con la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), la iniciativa Digital Omnibus, el futuro Fondo Europeo de Competitividad y las medidas destinadas a reforzar la protección de los menores en el entorno digital.

La cobertura realizada por la prensa especializada europea coincidió en señalar que la reunión no produjo avances decisivos en la negociación de la Digital Networks Act, aunque permitió identificar con mayor claridad los principales elementos que continúan generando debate entre los Estados miembros y el sector.

Uno de los aspectos más destacados fue la intención de avanzar hacia un mercado único europeo de telecomunicaciones mediante la simplificación de autorizaciones, la creación de un pasaporte único” para operadores y una mayor coordinación del espectro radioeléctrico.

Propuesta de la Comisión Europea sobre la Digital Networks Act:
https://tinyurl.com/5h7fy82u

Análisis de Cinco Días:
https://tinyurl.com/mvehjtw7

La prensa económica también vinculó el debate de la DNA con una posible consolidación del sector europeo de las telecomunicaciones. Diversos operadores han defendido reformas que faciliten alcanzar una mayor escala empresarial para incrementar las inversiones en infraestructuras digitales.

Reuters – Vodafone CEO urges Europe to allow telecom scale:
https://tinyurl.com/4huc66bb

Financial Times – SFR break-up can win approval, says Bouygues:
https://tinyurl.com/yky7zn2u

Reuters – Consortium signs deal to buy SFR:
https://tinyurl.com/2bhkck5y

Asimismo, la Digital Networks Act está siendo presentada cada vez más como una herramienta para reforzar la soberanía digital europea, mejorar la resiliencia frente a ciberataques, reducir dependencias tecnológicas externas y favorecer la integración entre telecomunicaciones, servicios en la nube, inteligencia artificial y comunicaciones por satélite.

European Commission – Digital Networks Act:
https://tinyurl.com/2s3j2fsm

European University Institute – Digital Networks Act for a competitive and secure Europe:
https://tinyurl.com/y3ew283v

Por otro lado, diversas organizaciones empresariales y técnicas han mostrado reservas respecto a determinados aspectos de la propuesta, señalando que podría incrementar las obligaciones regulatorias, generar nuevas cargas administrativas y no resolver completamente los problemas de rentabilidad asociados a las inversiones en fibra óptica y redes 5G.

BDI – Position on the Digital Networks Act:
https://tinyurl.com/4yeaf5sj

FTTH Council Europe – Digital Networks Act:
https://tinyurl.com/yzbt4mcv

En conclusión, el Consejo consideró la Digital Networks Act una base sólida para continuar las negociaciones, pero dejó abiertas cuestiones relevantes relacionadas con: la seguridad jurídica, la simplificación regulatoria, la transición tecnológica hacia redes de fibra, la gestión del espectro radioeléctrico, la seguridad nacional y el funcionamiento del futuro “pasaporte único” europeo para operadores de telecomunicaciones.

La reunión del Consejo de Telecomunicaciones de la Unión Europea celebrada el 9 de junio de 2026 afecta directamente al contexto regulatorio en el que Marc Murtra está intentando desarrollar la nueva estrategia de Telefónica. La compañía ha situado la consolidación europea como uno de los ejes de su plan estratégico, pero el resultado de dicha reunión muestra que la Digital Networks Act todavía no ofrece una vía cerrada ni plenamente despejada para las fusiones y adquisiciones en el sector.

Según el Consejo de la UE – Reunión TTE del 9 de junio de 2026, la Presidencia chipriota presentó un informe de progreso sobre la Digital Networks Act y otro sobre el paquete de ciberseguridad, sin que se alcanzara una posición política definitiva. Esto significa que el marco regulatorio que Telefónica considera necesario para facilitar la consolidación sigue en fase de negociación.

La estrategia actual de Telefónica, bajo la presidencia de Marc Murtra, se basa en una compañía más simple, más enfocada y con mayor escala en sus mercados principales. En su plan Transform & Grow 2026-2030, Telefónica concentra sus prioridades en España, Alemania, Reino Unido y Brasil, con el objetivo de convertirse en una operadora europea de referencia mundial con escala rentable. Esta orientación encaja con la petición pública de Murtra de permitir que las grandes telecos europeas se consoliden y crezcan para crear capacidad tecnológica, tal como defendió en el Mobile World Congress en la comunicación oficial “Es hora de que se permita a las telcos europeas consolidarse y crecer”.

La Digital Networks Act, según la Comisión Europea, pretende modernizar el marco jurídico de la conectividad, simplificar la regulación, armonizar normas y favorecer la inversión en infraestructuras digitales avanzadas. En principio, este planteamiento favorece el discurso de Telefónica, porque reconoce que el mercado europeo continúa fragmentado en 27 mercados nacionales y que esa fragmentación limita la capacidad de los operadores para invertir, innovar y competir globalmente.

Sin embargo, la reunión del Consejo también pone de manifiesto una primera contradicción importante. Telefónica reclama rapidez, escala y simplificación regulatoria, mientras que los Estados miembros todavía piden más aclaraciones sobre seguridad jurídica, procedimientos regulatorios, condiciones nacionales de mercado, transición de cobre a fibra, gestión del espectro y seguridad nacional. Es decir, la dirección política de la UE parece compatible con las demandas de Telefónica, pero el proceso institucional sigue siendo prudente y no elimina todavía los obstáculos nacionales que dificultan una consolidación rápida.

Esta contradicción se observa especialmente en el llamado “pasaporte único”. Para Telefónica, un mercado más integrado facilitaría operar de forma más eficiente en varios países europeos. Pero el Consejo señaló que aún hace falta más trabajo sobre ese procedimiento. Por tanto, la Digital Networks Act apunta hacia un mercado único más funcional, pero todavía no garantiza que Telefónica pueda ejecutar operaciones transfronterizas con menor complejidad regulatoria en el corto plazo.

También existe una tensión clara en materia de espectro radioeléctrico. La prensa económica, en particular Reuters, informó de que la propuesta de reforma europea contemplaba derechos de uso del espectro de duración muy prolongada o incluso indefinida. Esta medida sería favorable para operadores como Telefónica, porque aumentaría la visibilidad inversora y reduciría incertidumbre. Sin embargo, el Consejo subrayó el respeto a las competencias nacionales en la gestión del espectro, lo que limita el alcance de una armonización completa a escala europea https://tinyurl.com/2edjm3a4

La situación también afecta a la estrategia financiera de Telefónica. El plan Transform & Grow plantea crecimiento, eficiencia y simplificación, pero no concreta operaciones corporativas inmediatas. Según El País, Telefónica redujo el dividendo y presentó un plan de ahorro de costes de hasta 3.000 millones de euros, dejando abierta la posibilidad de operaciones de consolidación en sus mercados clave si se dan tres condiciones: sinergias adecuadas, precio razonable y condiciones regulatorias aceptables. La reunión del Consejo celebrada confirma que precisamente esa tercera condición, la regulatoria, sigue sin estar despejada.

La posible consolidación europea también se mueve en un entorno político contradictorio. Por un lado, operadores como Vodafone han pedido públicamente más escala para invertir en infraestructuras digitales, como recoge Reuters. Por otro lado, las autoridades de competencia siguen obligadas a evaluar el impacto de las fusiones sobre precios, competencia efectiva y consumidores. El caso francés de SFR, tratado por Financial Times, se ha convertido en una prueba relevante para comprobar hasta qué punto Europa está dispuesta a aceptar mercados con menos operadores si eso permite aumentar inversión y escala.

Para Telefónica, esto supone una oportunidad, pero también un riesgo. La oportunidad consiste en que el discurso europeo sobre competitividad, soberanía digital, resiliencia e inversión se acerca cada vez más a las posiciones defendidas por Murtra. El riesgo es que ese cambio político no se traduzca en una relajación efectiva y rápida de las normas de competencia. La Digital Networks Act puede facilitar el marco general, pero no sustituye automáticamente el análisis caso por caso de las autoridades de competencia.

Otra contradicción aparece entre el objetivo de crear campeones europeos y la protección de las competencias nacionales. La Comisión Europea afirma que la Digital Networks Act busca reducir barreras y favorecer operadores con mayor escala, pero el Consejo insiste en respetar los marcos nacionales en materias como espectro y seguridad. Para Telefónica, que quiere concentrarse en mercados clave y aprovechar posibles oportunidades de consolidación, esta dualidad significa que el discurso europeo es favorable, pero la ejecución práctica seguirá dependiendo de equilibrios políticos y regulatorios nacionales.

La estrategia de Murtra también se ve reforzada por el enfoque de soberanía digital incluido en la Digital Networks Act y en el paquete de ciberseguridad. Telefónica está intentando posicionarse no solo como operadora tradicional, sino como actor tecnológico en conectividad, ciberseguridad, servicios digitales, inteligencia artificial y administraciones públicas. La reunión del Consejo trató también el Cybersecurity Act 2, el refuerzo de ENISA y la seguridad de la cadena de suministro TIC, ámbitos que conectan con el crecimiento de Telefónica Tech y con la orientación de la compañía hacia servicios digitales de mayor valor añadido.

No obstante, esa misma agenda de soberanía digital puede aumentar las exigencias regulatorias. El Consejo pidió más claridad sobre las nuevas responsabilidades operativas de ENISA, la certificación europea de ciberseguridad y el marco de seguridad de la cadena de suministro TIC. Por tanto, mientras Telefónica puede beneficiarse de una mayor demanda de servicios de ciberseguridad y conectividad segura, también deberá operar en un marco normativo más complejo y exigente.

En conclusión, la reunión del Consejo de Telecomunicaciones del 9 de junio de 2026 no cambia de forma inmediata la estrategia de Marc Murtra y Telefónica, pero sí confirma que esa estrategia depende en gran medida de cómo evolucione la regulación europea. La Digital Networks Act respalda muchas de las ideas defendidas por Telefónica: simplificación normativa, mercado único, inversión, resiliencia, escala y competitividad. Sin embargo, el Consejo dejó claro que todavía no existe una posición definitiva y que siguen abiertos asuntos clave como el espectro, la seguridad nacional, el pasaporte único, la transición cobre-fibra y la seguridad jurídica.

La principal contradicción es que Europa reconoce la necesidad de operadores más fuertes y de mayor escala, pero aún mantiene cautelas regulatorias y nacionales que pueden retrasar o limitar la consolidación. Para Telefónica, esto significa que su estrategia de concentración en mercados clave y búsqueda de posibles fusiones está alineada con el nuevo discurso europeo, pero sigue condicionada por decisiones regulatorias que todavía no están cerradas.

Hay una cuestión adicional que puede resultar incluso más relevante para Telefónica que la propia consolidación: la evolución del concepto de soberanía tecnológica europea.

Si se analizan conjuntamente la Digital Networks Act, el Cybersecurity Act 2, la estrategia de autonomía estratégica de la Comisión Europea y las iniciativas sobre nube soberana, centros de datos, inteligencia artificial y contratación pública, aparece una posible tensión entre dos objetivos europeos:

  1. Crear grandes operadores europeos capaces de competir globalmente.
  2. Reducir la dependencia tecnológica de proveedores extracomunitarios, especialmente los grandes hiperescaladores estadounidenses.

 

Esta cuestión conecta directamente con las alianzas que por ejemplo Telefónica mantiene con actores como Google Cloud, Microsoft, Amazon Web Services y otros proveedores de nube.

La aparente contradicción

Por una parte, Telefónica lleva años construyendo una estrategia basada en alianzas con hiperescaladores.

Algunos ejemplos son:

  • Acuerdos con Google Cloud para servicios cloud e inteligencia artificial.
  • Integración de capacidades de nube pública en Telefónica Tech.
  • Alianzas con Microsoft para soluciones empresariales.
  • Utilización de infraestructuras y herramientas de IA desarrolladas por proveedores estadounidenses.

Sin embargo, la narrativa que está ganando hoy peso en Bruselas es diferente. La Comisión Europea lleva tiempo impulsando proyectos como:

  • Gaia-X.
  • Nubes soberanas europeas.
  • Centros de datos bajo jurisdicción europea.
  • Certificaciones europeas de ciberseguridad.
  • Reducción de dependencias estratégicas frente a EE.UU. y China.

La propia reunión del Consejo del 9 de junio identificó la soberanía tecnológica como uno de los ejes políticos de futuro.

¿Dónde puede aparecer el problema para Telefónica?

El problema no aparece porque Telefónica tenga acuerdos con Google Cloud. El problema potencial aparece si las futuras normas europeas empiezan a exigir que determinados servicios críticos:

  • se ejecuten bajo jurisdicción europea;
  • utilicen infraestructuras certificadas por la UE;
  • mantengan determinados datos dentro del territorio europeo;
  • limiten la dependencia operativa de proveedores extracomunitarios.

En ese escenario, Telefónica podría verse obligada a equilibrar dos objetivos:

  • aprovechar la innovación de Google Cloud y otros hiperescaladores;
  • demostrar que mantiene suficiente autonomía tecnológica europea.

Un aspecto especialmente sensible: la Administración Pública

Telefónica es uno de los principales proveedores tecnológicos de administraciones públicas españolas y europeas. Si Bruselas avanza hacia criterios de soberanía digital más estrictos, podrían aumentar las exigencias sobre:

  • localización de datos;
  • control de infraestructuras críticas;
  • seguridad de la cadena de suministro;
  • certificación de servicios cloud.

Eso podría favorecer a Telefónica en algunos contratos porque es una empresa europea, pero podría obligarla a rediseñar parte de las soluciones que actualmente se apoyan en proveedores estadounidenses.

Telefónica puede ser beneficiaria y perjudicada a la vez

Aquí aparece una de las paradojas más interesantes. La soberanía tecnológica puede beneficiar a Telefónica porque:

  • es una compañía europea;
  • posee redes físicas propias;
  • dispone de centros de datos;
  • tiene capacidades de ciberseguridad a través de Telefónica Tech;
  • es considerada infraestructura crítica en varios países.

Pero esa misma soberanía puede perjudicar parcialmente a Telefónica porque:

  • parte de su crecimiento digital depende de alianzas con hiperescaladores;
  • muchos servicios de IA y cloud se apoyan en tecnología estadounidense;
  • una regulación más estricta podría aumentar costes de cumplimiento.

El caso Google Cloud

La colaboración con Google Cloud es un buen ejemplo. Desde el punto de vista empresarial, Telefónica obtiene:

  • acceso a capacidades avanzadas de IA;
  • escalabilidad;
  • servicios cloud de última generación;
  • reducción de tiempos de desarrollo.

Sin embargo, desde la óptica de la soberanía tecnológica europea, algunos responsables políticos podrían preguntarse:

  • ¿hasta qué punto una solución es realmente europea si depende de tecnología crítica estadounidense?
  • ¿quién controla los datos?
  • ¿quién controla el software?
  • ¿quién controla la infraestructura subyacente?

Ese debate todavía no está resuelto en la UE.

Lo que puede ocurrir bajo la presidencia de Marc Murtra

Si observamos conjuntamente:

  • la Digital Networks Act;
  • el Cybersecurity Act 2;
  • la política industrial europea;
  • la estrategia de soberanía tecnológica;

parece que Telefónica tendrá que desarrollar una estrategia dual. Por un lado, seguirá necesitando acuerdos con Google Cloud, Microsoft y otros proveedores para competir en inteligencia artificial y servicios digitales. Por otro, probablemente tendrá que reforzar su imagen como proveedor europeo soberano de infraestructuras críticas, ciberseguridad, conectividad, datos y servicios para administraciones públicas.

La cuestión clave no es si Telefónica romperá sus vínculos con los hiperescaladores —no existe ninguna señal pública que apunte a ello—, sino si la futura regulación europea obligará a que esas alianzas funcionen bajo condiciones más estrictas de autonomía, control de datos, certificación y soberanía tecnológica. Esa es una de las tensiones estratégicas más relevantes que se desprenden de la reunión celebrada del Consejo del 9 de junio y de la evolución actual de la política digital europea.

Otras cuestiones que pueden condicionar la estrategia de Telefónica

Más allá de los obstáculos regulatorios asociados a la consolidación, existe un elemento adicional que puede tener una influencia significativa sobre la estrategia futura de Telefónica: la creciente importancia que las instituciones europeas están otorgando al concepto de soberanía tecnológica.

La consolidación persigue aumentar la escala de los operadores europeos para que puedan competir con mayor eficacia en un entorno global dominado por grandes grupos tecnológicos. Sin embargo, el aumento de tamaño mediante fusiones no resuelve por sí mismo uno de los problemas que preocupa actualmente a las instituciones europeas: la dependencia tecnológica respecto de proveedores extracomunitarios en ámbitos como la computación en la nube, la inteligencia artificial, los centros de datos, los semiconductores, los sistemas operativos o determinadas plataformas digitales. Esta preocupación aparece reflejada en la nueva agenda europea para impulsar capacidades propias en cloud, inteligencia artificial y chips, tal como recogió Reuters sobre la iniciativa europea para reducir la dependencia de las Big Tech estadounidenses.


En consecuencia, aunque Telefónica lograse una mayor dimensión empresarial a través de procesos de consolidación, seguiría necesitando apoyarse en tecnologías desarrolladas por compañías no europeas para buena parte de sus servicios digitales avanzados. Esta es una de las tensiones de fondo de su estrategia: la escala puede reforzar su posición competitiva, pero no garantiza por sí sola autonomía tecnológica real.

Esta situación genera una segunda tensión estratégica. Telefónica aspira a posicionarse como uno de los principales actores europeos en materia de conectividad, ciberseguridad, servicios digitales e inteligencia artificial. Sin embargo, una parte relevante de esta estrategia se desarrolla mediante alianzas con proveedores tecnológicos internacionales, entre ellos Google Cloud, Microsoft o Amazon Web Services. Telefónica y Google Cloud anunciaron una alianza para ofrecer soluciones de nube soberana a organizaciones españolas, con residencia de datos y cifrado gestionado por Telefónica, según la comunicación oficial Telefónica and Google Cloud Partner to Deliver Sovereign Cloud Solutions for Spanish Organizations. Telefónica Tech también mantiene colaboración con Microsoft en ciberseguridad, como recoge Telefónica Tech scales up its global cybersecurity services with Microsoft, y acuerdos con AWS para servicios cloud y edge, reflejados en Telefónica expands its strategic collaboration with Amazon for cloud development and the digital home.

Estas colaboraciones permiten acelerar la innovación y ampliar la oferta tecnológica de Telefónica, pero al mismo tiempo pueden entrar en tensión con las iniciativas europeas destinadas a reforzar la autonomía tecnológica y reducir dependencias estratégicas externas. La contradicción no consiste en que Telefónica colabore con hiperescaladores, sino en que una parte de su crecimiento digital se apoya precisamente en proveedores cuyo peso Bruselas pretende equilibrar mediante políticas de soberanía tecnológica.

La cuestión adquiere una relevancia especial en el ámbito de la nube soberana y de los servicios prestados a las administraciones públicas. En los últimos años, la Unión Europea ha impulsado iniciativas encaminadas a garantizar que determinados datos, infraestructuras y servicios estratégicos permanezcan bajo control europeo o se encuentren sometidos a estándares específicos de seguridad y gobernanza. En abril de 2026, la Comisión Europea adjudicó un contrato de hasta 180 millones de euros para servicios de nube soberana destinados a instituciones europeas, en una iniciativa orientada a reforzar la soberanía cloud, como explica la propia Comisión en Commission advances cloud sovereignty through strategic procurement. Reuters también presentó esa adjudicación como parte de una estrategia para reducir la dependencia de tecnología no europea en EU Commission awards 180 million euro cloud contract to four European providers.

Si esta tendencia se intensifica, Telefónica podría verse obligada a adaptar parte de sus alianzas tecnológicas para garantizar que sus servicios cumplen los requisitos de soberanía, localización de datos, certificación de seguridad y control operativo exigidos por las futuras regulaciones europeas. Esta situación puede favorecerla en determinados contratos, al ser una empresa europea con redes, capacidades de ciberseguridad y relación histórica con administraciones públicas, pero también puede obligarla a rediseñar soluciones que actualmente combinan capacidades propias con tecnología de terceros.

Asimismo, la evolución de la política industrial europea plantea una paradoja adicional. Por una parte, Bruselas defiende la creación de operadores de mayor tamaño capaces de competir globalmente y realizar inversiones de gran escala. Por otra, la misma agenda europea busca fortalecer proveedores tecnológicos europeos frente al peso creciente de los hiperescaladores estadounidenses. Esta tensión ya se observa en el debate sobre la Digital Networks Act y el Cybersecurity Act 2, donde la soberanía tecnológica, la seguridad de la cadena de suministro y la resiliencia de las infraestructuras digitales han pasado a ocupar un lugar central.

Como consecuencia, Telefónica podría encontrarse en una posición dual: beneficiarse de un entorno más favorable a la consolidación del sector de las telecomunicaciones y, simultáneamente, afrontar mayores exigencias regulatorias destinadas a limitar determinadas dependencias tecnológicas externas. El desafío para la compañía no consiste únicamente en ganar tamaño mediante fusiones o adquisiciones, sino en demostrar que esa mayor escala contribuye también a reforzar la autonomía tecnológica europea, la seguridad de las infraestructuras críticas, la protección de los datos y el desarrollo de capacidades digitales propias dentro de la Unión Europea.

En definitiva, la estrategia de consolidación defendida por Telefónica puede quedar incompleta si no se acompaña de una respuesta clara al debate sobre soberanía tecnológica. La Unión Europea no solo está discutiendo si debe haber operadores de telecomunicaciones más grandes, sino también qué tipo de capacidades tecnológicas deben controlar esos operadores y hasta qué punto pueden depender de hiperescaladores no europeos para prestar servicios críticos. Ahí se encuentra una de las principales tensiones que puede condicionar la estrategia de Telefónica en los próximos años.

Finalmente el debate abierto por la Digital Networks Act trasciende la mera cuestión de la consolidación empresarial. Europa parece reconocer que necesita operadores con mayor escala para financiar las inversiones que exige la transformación digital, pero al mismo tiempo avanza hacia un modelo basado en la soberanía tecnológica, la resiliencia de las infraestructuras críticas y la reducción de dependencias estratégicas. Esta doble dinámica sitúa a Telefónica en una posición compleja: la compañía puede beneficiarse de una futura flexibilización regulatoria que facilite la consolidación, pero deberá demostrar simultáneamente que su crecimiento contribuye a reforzar capacidades tecnológicas europeas propias en ámbitos como la nube, la inteligencia artificial, la ciberseguridad y la gestión de datos. La cuestión de fondo ya no es únicamente si Europa permitirá operadores más grandes, sino si esos operadores serán capaces de convertirse en auténticos actores de soberanía tecnológica europea.

 


Para terminar el post quiero manifestar que la crisis mundial de los semiconductores demostró que disponer de grandes empresas y de una potente capacidad industrial no garantiza necesariamente la autonomía estratégica cuando las tecnologías críticas dependen de terceros. Europa contaba con algunos de los principales fabricantes de automóviles, maquinaria y equipamiento tecnológico del mundo, pero aun así tuvo que afrontar interrupciones en su actividad porque no controlaba una parte esencial de la cadena de valor.

Esa experiencia resulta especialmente útil para comprender el debate que hoy se está produciendo en torno a la Digital Networks Act y a la consolidación del sector europeo de las telecomunicaciones. La estrategia defendida por Marc Murtra parte de una realidad difícilmente cuestionable: Europa necesita operadores con mayor escala para competir en igualdad de condiciones con los grandes actores tecnológicos globales, aumentar su capacidad inversora y afrontar los enormes retos que plantea la transformación digital.

Sin embargo, la propia evolución de la agenda europea pone de manifiesto que el problema actual trasciende la mera dimensión empresarial. La Unión Europea no está discutiendo únicamente cómo crear operadores más grandes, sino también cómo reducir dependencias tecnológicas consideradas estratégicas y cómo reforzar el control europeo sobre infraestructuras, datos y capacidades digitales críticas.

Desde esta perspectiva, la consolidación puede contribuir a mejorar la posición competitiva de Telefónica y del resto de operadores europeos, pero no resuelve necesariamente la cuestión de fondo. Un operador de mayor tamaño seguirá dependiendo de terceros si las capacidades más avanzadas en computación en la nube, inteligencia artificial, plataformas digitales o determinados entornos de software continúan estando controladas por empresas ajenas a la Unión Europea.

Aquí aparece una de las principales limitaciones de la estrategia defendida por Murtra. La consolidación responde al desafío de la escala, pero no ofrece por sí misma una respuesta al desafío de la soberanía tecnológica. Son dos cuestiones relacionadas, pero no equivalentes. Europa puede acabar teniendo menos operadores y empresas más grandes sin que ello implique necesariamente una reducción de sus dependencias tecnológicas.

Del mismo modo que la industria europea comprobó que la fortaleza de sus fabricantes no evitaba la dependencia de los chips asiáticos, la futura consolidación de las telecomunicaciones europeas tampoco garantiza por sí sola la soberanía tecnológica si las capacidades críticas en nube, inteligencia artificial o plataformas digitales continúan concentradas fuera de Europa. La verdadera cuestión que subyace tras el debate abierto por la Digital Networks Act en Europa no es únicamente quién tendrá mayor tamaño en el mercado europeo, sino quién controlará las tecnologías esenciales sobre las que se construirá la economía digital de las próximas décadas.

Ya lo dijo Jacques Delors: “La Europa que hemos construido debe ahora construir su propia capacidad de acción.”

 

 

 


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