jueves, 23 de julio de 2026

EUROPA DESNUDA ANTE LOS HIPERESCALADORES: MURTRA Y EL ESPEJISMO DE LAS FUSIONES

 

Tras la Segunda Guerra Mundial, varios científicos europeos plantearon la necesidad de crear un gran laboratorio común que permitiera recuperar capacidad investigadora y evitar que cada país tuviera que sostener por separado instalaciones insuficientes para competir en la física de frontera. La propuesta se materializó en 1954, cuando doce Estados fundaron la Organización Europea para la Investigación Nuclear, el CERN. Desde su origen, el modelo se basó en que los países miembros contribuyeran conjuntamente al presupuesto y participaran en las decisiones a través de un órgano de gobierno compartido. No se creó una única empresa europea ni desaparecieron los centros nacionales de investigación: se construyó una institución común para abordar proyectos que exigían una escala superior a la disponible en cada Estado.

El resultado más visible de aquella decisión es el Gran Colisionador de Hadrones, el acelerador de partículas más grande y potente del mundo. La instalación ocupa un túnel circular de aproximadamente 27 kilómetros, situado unos 100 metros bajo tierra en la frontera entre Francia y Suiza. Su construcción y funcionamiento reúnen infraestructuras, financiación, ingeniería y equipos científicos procedentes de numerosos países. Las grandes colaboraciones experimentales que trabajan en el CERN integran, además, a universidades e institutos de investigación de todo el mundo.

La anécdota resulta útil para el debate sobre la soberanía tecnológica porque muestra que Europa puede alcanzar escala sin concentrar previamente todas sus capacidades en una sola compañía. El CERN no surgió de la fusión de los laboratorios nacionales, sino de la definición de un objetivo común, de aportaciones financieras estables y de una gobernanza capaz de coordinar recursos distribuidos entre diferentes países. Cada Estado conservó sus instituciones, pero puso una parte de sus capacidades al servicio de una infraestructura compartida.

La enseñanza no consiste en trasladar mecánicamente el modelo científico al mercado de las telecomunicaciones, sino en reconocer un principio acreditado por la experiencia europea: cuando una infraestructura tecnológica supera la capacidad individual de empresas o Estados, la escala también puede construirse mediante financiación conjunta, especialización, reglas comunes y cooperación permanente. El Gran Colisionador de Hadrones demuestra que compartir capacidades no significa renunciar a ellas; puede significar multiplicar su alcance.

                                         Colisionador de Hadrones

La línea de crédito de 16 millones de euros concedida a Telefónica Open Innovation permite observar algo más que la situación financiera de Wayra o el riesgo asociado a la inversión en empresas emergentes. La operación ofrece un punto de partida para analizar la verdadera dimensión del esfuerzo innovador de Telefónica y, sobre todo, para situarlo dentro de la profunda brecha tecnológica que separa a las compañías europeas de telecomunicaciones de los grandes hiperescaladores estadounidenses.

El EU Industrial R&D Investment Scoreboard 2025 muestra que esta diferencia no se limita al tamaño de las empresas ni al número de clientes. Afecta a la capacidad de inversión en I+D, la computación, el software, la inteligencia artificial, los datos y la acumulación de conocimiento. Mientras Telefónica contabilizó 647 millones de euros de inversión en I+D en 2024, Amazon destinó aproximadamente 65.318 millones, algo más de cien veces esa cantidad.

Ante esta distancia, Marc Murtra ha defendido la consolidación del mercado europeo de telecomunicaciones como una vía para crear operadores con mayor capacidad inversora. Las fusiones pueden aportar escala financiera, reducir duplicidades y facilitar el despliegue de redes, pero no generan automáticamente las capacidades europeas que faltan en nube, semiconductores, inteligencia artificial o plataformas digitales. El debate, por tanto, no consiste únicamente en determinar si Europa necesita compañías telefónicas más grandes, sino en establecer qué política industrial, qué financiación común y qué estructuras de cooperación permitirían transformar sus recursos dispersos en verdadera soberanía tecnológica.

Telefónica, la brecha de I+D y los límites de las fusiones para construir soberanía tecnológica europea

Telefónica Open Innovation, sociedad matriz de Wayra y filial del grupo especializada en inversiones en empresas emergentes, ha reforzado su financiación mediante una línea de crédito de 16 millones de euros concedida por Telefónica Finanzas. El préstamo, firmado a finales de marzo y con vencimiento en septiembre de 2027, tiene como finalidad atender las necesidades de liquidez, cumplir las obligaciones de pago y financiar proyectos presentes y futuros, según la información recogida en las cuentas de la sociedad y publicada por Cinco Días.

La operación llega después de que Telefónica Open Innovation cerrara 2025 con un fondo de maniobra negativo de 7,8 millones de euros, frente al saldo positivo de 9,73 millones registrado al finalizar 2024. La sociedad presentó además unas pérdidas de 10,03 millones de euros, en contraste con el beneficio de 2,14 millones obtenido durante el ejercicio anterior.

Estas cifras no significan que Telefónica esté reduciendo necesariamente su actividad inversora en empresas emergentes. Según fuentes de la compañía citadas por el mismo medio, la línea de crédito pretende financiar un ciclo inversor de mayor intensidad. En 2025, las inversiones realizadas a través de Wayra superaron los 15 millones de euros, y la entidad mantenía una cartera de más de 400 empresas participadas activas.

Al cierre del ejercicio, Telefónica Open Innovation valoraba sus inversiones en 115,41 millones de euros, frente a los 102,7 millones contabilizados un año antes. El incremento fue de 12,71 millones de euros, aproximadamente un 12,4 %. Durante 2025, la filial realizó ampliaciones de capital por más de tres millones, desembolsó 10,22 millones en fondos de capital riesgo y concedió 1,75 millones en préstamos convertibles. Estas tres vías movilizaron conjuntamente al menos 14,97 millones de euros.

El ejercicio también refleja el riesgo inherente a esta actividad. Telefónica Open Innovation reconoció 8,21 millones de euros en pérdidas por deterioro de inversiones en start-ups, frente a los 1,23 millones registrados en 2024. En sentido contrario, la venta parcial de su participación en Perplexity AI y la liquidación del fondo Capital Tech II generaron un beneficio de 3,56 millones de euros y un aumento de tesorería de 4,29 millones.

La innovación abierta no equivale al gasto total en I+D

Las inversiones de Wayra deben diferenciarse del gasto contable en investigación y desarrollo de Telefónica. La financiación de start-ups, las participaciones en fondos de capital riesgo, los préstamos convertibles y las operaciones de innovación abierta forman parte de la estrategia tecnológica del grupo, pero no constituyen por sí mismas la cifra total de I+D reconocida en las cuentas empresariales.

La fotografía comparable de esta actividad la ofrece el EU Industrial R&D Investment Scoreboard 2025, elaborado por el Centro Común de Investigación de la Comisión Europea a partir de las cuentas correspondientes a 2024. El informe analiza las 2.000 empresas que más invierten en I+D en el mundo, responsables de más del 90 % de la investigación y el desarrollo financiados por el sector empresarial a escala global. En conjunto, estas compañías destinaron 1,446 billones de euros a I+D durante 2024.

Según la base de datos mundial del Scoreboard, Telefónica ocupó el puesto 364 entre las 2.000 mayores inversoras mundiales en I+D. En la clasificación de las 800 principales empresas de la Unión Europea, apareció en la posición 60. El ranking atribuye a Telefónica una inversión en I+D de 647 millones de euros, con un descenso interanual del 17,58 %. Esta cantidad representó el 1,57 % de unas ventas netas de 41.315 millones de euros. El Scoreboard también recoge un capex de 5.521 millones, equivalente al 13,36 % de las ventas. La inversión en I+D representó el 11,72 % de ese capex.

Esta diferencia es fundamental. El capex financia activos como redes, infraestructura y equipamiento, mientras que la I+D mide la actividad de investigación y desarrollo reconocida conforme a los criterios contables utilizados por el informe. No deben sumarse automáticamente el capex, la I+D y las inversiones de Wayra como si fueran una sola partida, aunque las tres formen parte del esfuerzo tecnológico general de Telefónica.

También debe precisarse que los datos del Scoreboard corresponden al ejercicio 2024. Por tanto, describen la posición de Telefónica anterior a la llegada de Marc Murtra a la presidencia ejecutiva en enero de 2025 y no permiten valorar por sí solos los resultados de la política de I+D desarrollada durante su mandato.

Una brecha que no es únicamente de tamaño empresarial

El Scoreboard 2025 muestra que la inversión mundial en I+D está cada vez más concentrada en las grandes compañías tecnológicas estadounidenses. Amazon, Alphabet, Meta, Microsoft y Apple ocuparon las cinco primeras posiciones y reunieron conjuntamente cerca del 15 % de toda la I+D de las 2.000 empresas analizadas. Su participación conjunta en los beneficios agregados de ese grupo pasó del 3 % en 2011 al 15 % en 2024. La magnitud de la brecha queda reflejada con claridad en las cifras. Telefónica contabilizó 647 millones de euros de inversión en I+D, mientras que Amazon, primera compañía del ranking, destinó aproximadamente 65.318 millones de euros, es decir, algo más de cien veces la inversión de Telefónica.

La comparación no pretende equiparar dos modelos empresariales diferentes. Telefónica es un operador de telecomunicaciones intensivo en redes e infraestructuras, mientras que Amazon desarrolla actividades en comercio electrónico, computación en la nube, inteligencia artificial, logística, dispositivos y servicios digitales. La comparación sirve para dimensionar la diferencia en los recursos disponibles para investigar, desarrollar tecnología y acumular capacidades estratégicas.

El problema no se limita, por tanto, a que Telefónica o los operadores europeos tengan un tamaño empresarial menor. Existe una brecha estructural en capacidad financiera, computación, software, datos, propiedad intelectual, escala de investigación y acumulación de conocimiento.

La Comisión Europea confirma además que este desequilibrio continúa aumentando. En 2024, las empresas de la Unión elevaron su inversión nominal en I+D un 2,9 %, frente al 7,8 % de las estadounidenses. Las grandes tecnológicas de Estados Unidos vinculadas al software y al hardware fueron uno de los principales motores del crecimiento mundial. El sector de software y servicios informáticos concentró el 24,9 % de toda la I+D empresarial analizada, y las compañías estadounidenses aportaron el 77 % de la inversión de ese sector.

Las necesidades de las telecomunicaciones europeas

La debilidad tecnológica europea convive con unas necesidades de inversión muy elevadas en conectividad. El Libro Blanco sobre las infraestructuras digitales de Europa calcula que alcanzar los objetivos actuales de gigabit y 5G puede exigir hasta 148.000 millones de euros, a los que podrían añadirse entre 26.000 y 79.000 millones para cubrir plenamente los principales corredores de transporte. Las necesidades totales de inversión en conectividad podrían superar así los 200.000 millones de euros.

El documento identifica como problemas la falta de un mercado único efectivo para las telecomunicaciones, la fragmentación de la gestión del espectro, las necesidades de financiación, las dependencias exteriores y la insuficiencia de capacidades industriales e innovadoras a lo largo de la cadena de valor.

Este diagnóstico coincide con el informe de Mario Draghi sobre el futuro de la competitividad europea. El informe sitúa la tecnología digital en el centro de la diferencia de productividad entre Europa y Estados Unidos y señala que alrededor del 70 % de los modelos fundacionales de inteligencia artificial desarrollados desde 2017 procede de Estados Unidos. Añade que tres hiperescaladores estadounidenses controlan más del 65 % del mercado mundial y europeo de servicios en la nube, mientras que el mayor proveedor europeo representa únicamente el 2 % del mercado de la Unión.

 

La ventaja de los hiperescaladores no procede únicamente de disponer de una gran base de clientes. Se sustenta en inversiones continuas de gran magnitud, economías de escala, centros de datos, capacidad de computación, software, modelos de inteligencia artificial y servicios integrados dentro de una misma plataforma. El informe Draghi advierte de que estas características harán que la desventaja europea en la nube probablemente siga ampliándose.

La propuesta de consolidación de Marc Murtra

Marc Murtra ha defendido que Europa necesita operadores de telecomunicaciones de mayor tamaño. En marzo de 2026 sostuvo que la consolidación permitiría crear empresas con más recursos, mayor capacidad para asumir riesgos y posibilidades de realizar inversiones tecnológicas más profundas. Su planteamiento vincula la escala empresarial con la soberanía estratégica y tecnológica europea.

El diagnóstico sobre la fragmentación no carece de fundamento. El propio informe Draghi recomienda facilitar determinadas operaciones de consolidación para elevar la inversión en conectividad. Propone evaluar los mercados de telecomunicaciones desde una perspectiva europea, otorgar mayor peso a los compromisos de inversión e innovación al examinar fusiones y avanzar hacia una gestión más armonizada del espectro. Al mismo tiempo, señala que este proceso debe realizarse sin sacrificar el bienestar de los consumidores ni la calidad del servicio.

Por tanto, no sería riguroso afirmar que las fusiones carecen de utilidad. Una consolidación puede reducir ciertas duplicidades, generar economías de escala, fortalecer los balances y ampliar la capacidad para financiar redes. La cuestión es distinta: las fusiones no bastan para construir soberanía tecnológica europea.

Una operación entre compañías de telecomunicaciones puede reunir clientes, redes, frecuencias, ingresos y capacidad financiera. Sin embargo, no crea automáticamente un proveedor europeo de nube con dimensión mundial, un fabricante de procesadores avanzados, un desarrollador de modelos fundacionales de inteligencia artificial, una plataforma global de software o una industria propia de ciberseguridad.

Una fusión puede producir un operador de telecomunicaciones mayor, pero no convierte por sí sola a ese operador en un competidor integral de Amazon, Microsoft o Alphabet.

Identificar la consolidación sectorial con la soberanía tecnológica supone confundir dos escalas. Una es la escala necesaria para desplegar y gestionar redes de telecomunicaciones. Otra, mucho más amplia, es la requerida para controlar las tecnologías sobre las que funcionan la nube, la inteligencia artificial, los centros de datos, los semiconductores, el software y los servicios digitales.

Incluso después de una gran fusión, un operador europeo continuaría dependiendo de procesadores, plataformas de nube, sistemas operativos, modelos de inteligencia artificial y software desarrollados fuera de Europa si no existe una política industrial capaz de crear alternativas propias.

La posición de Murtra contiene, además, una tensión interna. El presidente de Telefónica reconoce que Europa necesita productos propios de ciberseguridad, capacidades de inteligencia artificial y alternativas en la gestión de software e infraestructuras digitales. También ha afirmado que la prioridad debe ser invertir en tecnología. Sin embargo, esas capacidades no nacen automáticamente de la concentración de operadores.

La escala tecnológica debe construirse mediante cooperación europea

Las propuestas del Informe Draghi van más allá de las fusiones. El documento recomienda ampliar la capacidad europea de computación de alto rendimiento, dedicar más recursos al entrenamiento de modelos de inteligencia artificial y desarrollar un modelo federado basado en la cooperación entre infraestructuras públicas y privadas. También reclama una mayor coordinación entre sectores y el intercambio de datos entre empresas europeas para crear aplicaciones de inteligencia artificial adaptadas a la industria.

En el ámbito específico de las telecomunicaciones, Draghi propone crear un organismo europeo con participación pública y privada para desarrollar estándares técnicos comunes relacionados con las interfaces de programación de las redes y la computación en el borde. Esta recomendación no se basa en que una empresa absorba a las demás, sino en que actores diferentes coordinen recursos, conocimientos e infraestructuras.

El informe también plantea un marco europeo de coordinación de la competitividad que reúna a los Estados, las instituciones comunitarias, los expertos técnicos y el sector privado alrededor de prioridades estratégicas, objetivos comunes, gobernanza y financiación.

La respuesta no puede descansar exclusivamente en decisiones corporativas de compra o fusión. La soberanía tecnológica es un objetivo continental y exige proyectos, financiación e infraestructuras de dimensión continental.

La Comisión Europea ha comenzado a aplicar este enfoque mediante EURO-3C, un proyecto dotado con 75 millones de euros y respaldado por Horizonte Europa para desarrollar una infraestructura federada de telecomunicaciones, computación en el borde y nube. El consorcio reúne a 87 participantes, entre ellos operadores, proveedores de nube, fabricantes de equipos, desarrolladores de software, integradores y centros de investigación.

Su finalidad es combinar redes, capacidad de computación y servicios en una plataforma integrada que reduzca la dependencia de proveedores de terceros países y permita desarrollar aplicaciones europeas en 6G, inteligencia artificial, ciberseguridad y servicios digitales.

EURO-3C no demuestra por sí solo que la brecha europea vaya a cerrarse. Su presupuesto es limitado frente a las cantidades anuales invertidas por las grandes tecnológicas y no debe presentarse como una respuesta suficiente. Sí acredita, sin embargo, que la Comisión considera viable un modelo en el que diferentes empresas e instituciones ponen en común infraestructuras, conocimiento y recursos sin necesidad de integrarse dentro de una sola compañía.

La escala puede obtenerse mediante consolidación empresarial, pero también mediante infraestructuras federadas, estándares comunes, financiación conjunta y consorcios transnacionales. Para las tecnologías que desbordan el negocio tradicional de un operador, esta segunda vía resulta indispensable.

 

Una política industrial, no solo compañías más grandes

Europa dispone de operadores de telecomunicaciones, fabricantes, universidades, centros de investigación, capacidad industrial y un mercado de unos 450 millones de personas. Su debilidad no consiste únicamente en la ausencia de empresas de mayor tamaño, sino en la fragmentación de esos recursos y en la dificultad para convertirlos en productos y plataformas tecnológicas con alcance global.

Las fusiones pueden formar parte de la respuesta cuando generen eficiencias verificables, aumenten la inversión y mantengan la competencia, la calidad del servicio y la protección de los consumidores. Lo que no pueden hacer es sustituir una política industrial europea.

Para reducir la dependencia tecnológica será necesario combinar empresas con capacidad inversora, consorcios transnacionales, infraestructuras federadas, financiación pública y privada, contratación estratégica, intercambio de datos, estándares abiertos y cooperación entre operadores, fabricantes, empresas de software, universidades y centros de investigación.

El reto tampoco consiste en intentar reproducir de manera aislada cada producto de los hiperescaladores. El propio Informe Draghi reconoce que las inversiones necesarias para crear competidores sistemáticos en todos los segmentos de la nube son extraordinariamente elevadas. La prioridad debe ser identificar las áreas en las que Europa necesita conservar control tecnológico, puede desarrollar ventajas industriales o debe disponer de alternativas soberanas.

La conclusión es clara: las fusiones pueden fortalecer a algunas compañías europeas de telecomunicaciones, pero no corrigen por sí solas la brecha de I+D ni crean las capacidades que Europa no posee en nube, inteligencia artificial, semiconductores, software y computación avanzada.

Confundir consolidación empresarial con soberanía tecnológica constituye un diagnóstico incompleto. La soberanía no se alcanza únicamente reuniendo abonados y redes bajo una misma sociedad, sino desarrollando y controlando tecnologías críticas.

Una fusión puede crear una empresa más grande. Solo una política tecnológica europea coordinada puede crear capacidades que Europa todavía no controla. 

Para terminar el post quiero manifestar que la experiencia del CERN, con la que se abre este análisis, ofrece una enseñanza difícil de ignorar. En 1954, doce Estados europeos no respondieron a la pérdida de capacidad científica fusionando todos sus laboratorios nacionales ni entregando el proyecto a una única empresa. Crearon una institución común, aportaron financiación estable, compartieron conocimiento y establecieron una gobernanza conjunta. Décadas después, esa cooperación hizo posible el Gran Colisionador de Hadrones, una infraestructura de 27 kilómetros que ningún país fundador habría podido desarrollar con la misma escala de manera aislada.

No se trata de trasladar mecánicamente el modelo del CERN al mercado de las telecomunicaciones, sino de atender al principio que demuestra: cuando el desafío supera la capacidad individual de cada participante, la escala puede construirse poniendo recursos en común, sin necesidad de concentrarlos previamente en una única compañía. Ese precedente europeo está recogido en la anécdota que sirve de introducción al post.

Este principio resulta especialmente relevante ante la insistencia de Marc Murtra en presentar la consolidación del sector como una condición para reforzar la soberanía tecnológica europea. El presidente de Telefónica sostiene que Europa necesita empresas de telecomunicaciones mayores, con más recursos y capacidad para acometer inversiones tecnológicas profundas. El diagnóstico sobre la fragmentación del mercado contiene una parte cierta: las fusiones pueden reducir duplicidades, fortalecer los balances y facilitar algunas inversiones en redes. El propio informe Draghi contempla la consolidación como uno de los instrumentos para mejorar la capacidad inversora del sector.

Pero convertir ese instrumento limitado en la gran respuesta al atraso tecnológico europeo supone presentar como solución estructural lo que, en el mejor de los casos, es una medida sectorial. Las fusiones pueden crear operadores de telecomunicaciones mayores; no crean automáticamente procesadores europeos, modelos fundacionales de inteligencia artificial, plataformas de nube, sistemas operativos, centros de datos ni una industria propia de software y ciberseguridad.

Los números oficiales dejan poco espacio para los mensajes simplificadores. El EU Industrial R&D Investment Scoreboard 2025 atribuye a Amazon alrededor de 65.000 millones de euros de inversión en I+D, mientras que Telefónica contabilizó 647 millones: una diferencia cercana a cien veces. La comparación no equipara modelos empresariales distintos, pero sí dimensiona la distancia existente en recursos para investigar, desarrollar tecnología y acumular conocimiento.

La brecha tampoco desaparece sumando clientes y redes mediante adquisiciones. El informe Draghi señala que tres hiperescaladores estadounidenses controlan más del 65% del mercado mundial y europeo de servicios en la nube, mientras que el mayor proveedor europeo representa apenas el 2% del mercado de la Unión. Una fusión entre operadores puede ampliar su capacidad financiera, pero no elimina por sí misma esa dependencia.

Por tanto, presentar las fusiones como el “agua bendita” que resolverá la debilidad tecnológica europea es una exageración que los datos no sostienen. La repetición de este mensaje en intervenciones públicas o comunicaciones corporativas no modifica la naturaleza del problema. Europa no compite solamente contra operadores telefónicos de mayor tamaño, sino contra ecosistemas tecnológicos de escala planetaria que integran nube, computación, datos, inteligencia artificial, software y plataformas digitales.

La respuesta europea exige algo más ambicioso que reorganizar la propiedad de las compañías existentes. Requiere identificar proyectos tecnológicos comunes, concentrar financiación pública y privada, compartir infraestructuras, establecer estándares europeos y coordinar las capacidades de operadores, fabricantes, empresas de software, universidades y centros de investigación. El propio Murtra ha reconocido que la autonomía europea necesita combinar inversión, capacidad industrial, innovación, talento y una visión compartida a largo plazo.

Europa necesita empresas sólidas, pero necesita sobre todo capacidades compartidas. Una compañía más grande puede seguir dependiendo de tecnología extranjera. Un consorcio europeo bien financiado, con objetivos concretos y una gobernanza estable, puede desarrollar una capacidad que antes no existía. Eso fue lo que Europa comprendió al crear el CERN: la soberanía no consiste únicamente en acumular tamaño dentro de una sociedad mercantil, sino en disponer colectivamente de los conocimientos, las infraestructuras y las tecnologías necesarias para decidir el propio futuro.

Los datos del Scoreboard y del Informe Draghi sitúan el debate en su verdadera dimensión. Frente a competidores con escala planetaria, Europa debe compartir recursos para alcanzar una escala superior a la que puede conseguir cada empresa o Estado por separado. Las fusiones pueden ser una pieza secundaria; presentarlas como la solución central es confundir concentración empresarial con soberanía tecnológica. Lo demás es relato corporativo frente a una realidad expresada en cifras.

Ya lo dijo Mario Draghi: «Solo trabajando juntas pueden las naciones de Europa superar estos desafíos». 


 


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