sábado, 28 de febrero de 2026

EL OCASO DEL GIGANTE DIGITAL: TELEFÓNICA Y EL NUEVO ORDEN TECNOLÓGICO GLOBAL

 

A comienzos del año 2000, en plena euforia tecnológica, los entonces presidentes de BBVA y Telefónica escenificaron públicamente su alianza estratégica como el símbolo de la nueva economía española. En aquel momento, la convergencia entre banca y telecomunicaciones se veía como el motor del futuro digital: comercio electrónico, pagos online, portales de internet y expansión en Latinoamérica. La fotografía de aquel acuerdo —con intercambio de participaciones y vicepresidencias cruzadas— fue interpretada como la consolidación de un “núcleo duro” empresarial capaz de competir en la economía global.

Veinticinco años después, el contraste es evidente. La digitalización no la lideran ya las telecos y los bancos tradicionales en alianza, sino las fintech, las big tech y las plataformas globales. Lo que en el año 2000 se presentó como una apuesta estratégica de largo plazo hoy se disuelve de forma silenciosa y ordenada, no por ruptura personal ni conflicto abierto, sino porque el contexto competitivo, regulatorio y financiero es radicalmente distinto.

Esa evolución histórica resume mejor que cualquier cifra el trasfondo del movimiento: no es el fin de una relación por desgaste, sino el cierre natural de una estrategia diseñada para un mundo que ya no existe.


Durante más de dos décadas, la relación entre BBVA y Telefónica simbolizó una de las alianzas corporativas más sólidas del capitalismo español: participaciones cruzadas, presencia en los consejos y una visión compartida de expansión digital y financiera. Hoy, ese vínculo histórico se está deshaciendo a gran velocidad. La venta de la participación de Telefónica en el banco y la salida de BBVA del consejo de la operadora no son movimientos aislados, sino el reflejo de un cambio estructural en la gobernanza, la disciplina de capital y el equilibrio de poder dentro del Ibex. Esta ruptura marca el fin de una etapa y abre una nueva fase en la evolución estratégica de ambas compañías

La histórica relación accionarial y de gestión entre BBVA y Telefónica, dos de los gigantes del Ibex, está experimentando una ruptura significativa tras más de 25 años de vínculo. Por un lado, Telefónica ha completado la venta de su participación del 0,77 % en el capital de BBVA por 608 millones de euros, cerrando así su presencia en el accionariado del banco tras un cuarto de siglo de inversión cruzada. Esta desinversión, ejecutada durante 2025 y recogida en la memoria anual de la teleco, ha generado plusvalías netas de alrededor de 335 millones de euros y una reclasificación de 119 millones de euros a reservas por la valoración de activos financieros. Con esta operación, Telefónica sale completamente del capital de BBVA después de haber llegado a controlar hasta un 3 % en el pasado https://bit.ly/4cljBXs  

Por otro lado, el BBVA ha anunciado que abandonará el consejo de administración de Telefónica, donde tenía presencia continua desde 1999, después de que la compañía operadora haya ido aumentando el peso de otros grandes accionistas como la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI), Saudi Telecom (STC) y CriteriaCaixa, cada uno con alrededor de un 10 % del capital. En la junta de accionistas prevista para el 26 de marzo, José María Abril, vicepresidente y representante del banco desde el año 2007, dejará su asiento, que será ocupado por Jane Thompson, una consejera independiente https://bit.ly/4cl5lxQ

A pesar de esta salida del consejo, BBVA conserva aún una participación aproximada del 5 % en Telefónica, que define como una inversión financiera y no estratégica, aunque ese porcentaje está por debajo de los requisitos de gobierno corporativo (cerca del 6,6 %) para mantener derecho a representación en el consejo de Telefónica https://bit.ly/4aYhdDx 

 

La relación entre ambas compañías se remonta a finales de los años noventa y principios de los 2000, cuando sellaron una alianza que incluía intercambios de participaciones —Telefónica compró un 3 % del banco y BBVA llegó a controlar hasta un 10 % de la operadora— e intercambios de vicepresidencias en sus consejos de administración, con una visión conjunta para liderar servicios digitales y financieros en Iberoamérica https://bit.ly/4rEMH8L

Los cambios actuales reflejan una nueva configuración accionarial en Telefónica y un repliegue de BBVA de su presencia operativa en la teleco, aunque ambos grupos mantienen todavía participaciones conjuntas en proyectos como la sociedad Adquira España https://bit.ly/4aF9AD6

La ruptura progresiva del vínculo histórico entre BBVA y Telefónica tiene consecuencias diferenciadas para cada grupo, tanto en términos de balance como de mercado. En el caso de BBVA, la entidad mantiene aproximadamente un 5 % del capital de Telefónica, valorado actualmente en torno a 1.000–1.100 millones de euros, tras la fuerte depreciación acumulada de la acción en los últimos años. Desde el 31 de diciembre de 2017, cuando el banco aplicó la normativa contable IFRS 9 y reconoció un deterioro de 1.123 millones de euros por el ajuste a valor razonable, la cotización de Telefónica ha caído aproximadamente un 55 %. Esto implica que, en términos acumulados, la participación ha perdido varios miles de millones de euros respecto a su valoración histórica.

No obstante, el efecto contable actual no impacta directamente en la cuenta de resultados, sino en patrimonio neto, al estar clasificada como activo financiero “a valor razonable con cambios en otro resultado global”. Cada caída adicional del 10 % en la acción de Telefónica reduce aproximadamente dos puntos básicos el capital CET1 (es la medida principal de solvencia y fortaleza financiera de un banco, compuesta por su capital de máxima calidad (acciones ordinarias y reservas) del BBVA. Aunque el impacto es considerado marginal dentro de un grupo con ratios de solvencia elevados, sí supone una reducción técnica de capital regulatorio.

Desde el punto de vista estratégico, bajo la presidencia de Carlos Torres Vila y con Onur Genç como consejero delegado, el banco ha reiterado que se trata de una inversión financiera y no estratégica. Sin embargo, en el mercado se interpreta que mantener inmovilizados más de 1.000 millones de euros en una participación sin influencia en el consejo de Telefónica limita la flexibilidad para destinar capital a crecimiento orgánico, dividendos o eventuales adquisiciones.

Además, el nuevo equilibrio accionarial en Telefónica —con la presencia destacada de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI), el grupo saudí Saudi Telecom Company (STC) y CriteriaCaixa— ha diluido el peso relativo de BBVA, lo que explica su salida del consejo tras más de dos décadas.

En términos bursátiles, la ruptura simbólica no ha generado movimientos extremos de corto plazo, pero sí consolida una tendencia estructural:

  • Telefónica busca fortalecer balance y reducir dividendo (recorte previsto del 50 % en el año 2026), priorizando el desapalancamiento y la caja.
  • BBVA centra su discurso en el cumplimiento de su plan estratégico a cuatro años, con objetivo de 48.000 millones de euros de beneficio acumulado y 36.000 millones de euros en dividendos, evitando operaciones que generen volatilidad reputacional tras el fracaso de la opa sobre Sabadell.

En conclusión, el impacto financiero inmediato es más favorable para Telefónica, que materializa liquidez y plusvalías, mientras que para BBVA el efecto es principalmente de carácter patrimonial y estratégico: mantiene una inversión con minusvalías latentes pero sin impacto directo en resultados, aunque con un coste de oportunidad relevante en términos de capital y asignación de recursos.

Aquí está una tabla comparativa con las principales magnitudes financieras y bursátiles derivadas de la ruptura progresiva entre BBVA y Telefónica:

Comparativa financiera

Concepto

BBVA en Telefónica

Telefónica en BBVA

Participación actual

~5 %

0 % (vendida)

Participación histórica máxima

~9,1 % (1999-2000)

~3 %

Valor aproximado actual

1.000–1.100 M€

0 €

Importe de la última operación

Venta por 608 M€

Plusvalías generadas

No realizadas (minusvalías latentes)

~335 M€ netas

Deterioro reconocido (2018, IFRS 9)

-1.123 M€

Caída acumulada acción Telefónica (desde 2017)

~-55 %

Impacto en capital (CET1)

-2 pb por cada -10 % adicional en cotización

No aplica

Impacto en cuenta de resultados actual

No (va contra patrimonio)

Sí, vía plusvalías

Posición en el consejo

Sale en 2026

Sin representación en BBVA

Impacto financiero resumido

🔹 Para BBVA

  • Mantiene una inversión relevante (≈1.000 M€) sin influencia estratégica.
  • Las minusvalías son patrimoniales, no afectan al beneficio neto actual.
  • Existe coste de oportunidad de capital.
  • Riesgo reputacional si se materializa una venta con pérdidas.
  • Impacto técnico limitado en solvencia (CET1).

Bajo la presidencia de Carlos Torres Vila, el banco prioriza estabilidad y ejecución de su plan estratégico frente a movimientos que generen volatilidad.

🔹 Para Telefónica

  • Ha obtenido 608 M€ de liquidez inmediata.
  • Genera plusvalías contables relevantes.
  • Refuerza balance en un contexto de reducción de dividendo y foco en caja.
  • Consolida el nuevo equilibrio accionarial impulsado por Marc Murtra para tener más controlado el consejo de la operadora.

Conclusión numérica

  • Beneficio financiero inmediato: Telefónica.
  • Situación financiera neutral con riesgo latente: BBVA.
  • Relación histórica prácticamente desmantelada: solo queda el 5 % de BBVA en Telefónica como vínculo principal.

Por otro lado hay varios ángulos adicionales que pueden enriquecer la situacion de dicha ruptura y ayudar al lector a comprender mejor el movimiento estratégico, son los siguientes.


Un primer aspecto relevante es el fin del modelo de participaciones cruzadas como herramienta de estabilidad corporativa en el Ibex. Durante los años noventa y principios de los 2000, era habitual que grandes compañías españolas intercambiaran acciones para blindarse frente a movimientos hostiles y consolidar alianzas estratégicas. Ese modelo ha ido desapareciendo progresivamente por exigencias de transparencia, gobierno corporativo y disciplina de capital. La ruptura entre BBVA y Telefónica puede interpretarse como el cierre definitivo de esa etapa histórica del capitalismo español.

Un segundo elemento interesante es el impacto en términos de gobernanza y poder accionarial. La salida de BBVA del consejo no solo responde a la pérdida de peso relativo, sino que deja el órgano más alineado con el nuevo núcleo duro formado por Sociedad Estatal de Participaciones Industriales, Saudi Telecom Company y CriteriaCaixa. Esto supone que Telefónica pasa de un modelo más distribuido a uno con mayor concentración de influencia estratégica. Para el lector, esto ayuda a entender que no se trata solo de una operación financiera, sino también de un reajuste del equilibrio de poder interno.

Un tercer punto que aporta profundidad es el coste de oportunidad del capital para BBVA. En un entorno de alta rentabilidad bancaria, tipos elevados y exigencias regulatorias estrictas, mantener más de 1.000 millones de euros invertidos en una compañía sin sinergias directas implica renunciar a otras posibles asignaciones: recompras de acciones, crecimiento en mercados estratégicos o fortalecimiento de ratios de capital. Este enfoque conecta el movimiento con la lógica financiera moderna de optimización del ROE (rentabilidad sobre recursos propios).

También puede añadirse el factor regulatorio y contable. Desde la implantación de las IFRS 9 (NIIF 9 es la Norma Internacional de Información Financiera que regula la contabilización de instrumentos financieros, préstamos, acciones, derivados, vigente desde el año 2018), las participaciones minoritarias en renta variable generan volatilidad patrimonial que afecta al capital regulatorio, aunque no al beneficio. Esto hace menos atractivas este tipo de inversiones para un banco sistémico como BBVA, cuyo capital CET1 es una variable crítica supervisada por el BCE. La evolución normativa ha reducido el incentivo a mantener inversiones cruzadas de carácter no estratégico.

Otro aspecto que también puede resultar interesante es el cambio en la narrativa sectorial. La alianza original se justificaba por la convergencia entre banca y telecomunicaciones en la era inicial de Internet y pagos digitales. Hoy esa convergencia se ha desplazado hacia fintechs, plataformas digitales y big tech, reduciendo la relevancia de una alianza directa entre un banco tradicional y una operadora de telecomunicaciones.

Finalmente, hay que señalar que el movimiento transmite un mensaje de madurez estratégica por ambas partes. Telefónica simplifica su balance y refuerza liquidez en un contexto de pérdidas contables y reducción de dividendo. BBVA reduce implicación operativa sin asumir pérdidas inmediatas en resultados. La ruptura no es un conflicto, sino una adaptación a un nuevo entorno financiero, regulatorio y accionarial.

En suma, el lector puede entender este movimiento no como una crisis entre ambas compañías, sino como el desenlace lógico de un modelo empresarial propio de otra etapa económica. La clave interpretativa no parece estar en causas ocultas, sino en la evolución estructural: cambio en el núcleo accionarial de Telefónica, disciplina de capital en BBVA y transformación del marco regulatorio y estratégico en el que operan ambas empresas.

 


Otro aspecto importante, que se debería tener en cuenta es el hecho de que ese porcentaje del 5% del BBVA posee sobre Telefónica pudiera caer en manos de un accionista hostil.  Es un aspecto relevante, pero conviene analizarlo con precisión jurídica y societaria para evitar interpretaciones erróneas.

En este caso, no se ha producido la venta del 5 % que BBVA mantiene en Telefónica, sino la venta por parte de Telefónica de su participación minoritaria en BBVA (0,77 %). Por tanto, no hay evidencia de que ese porcentaje haya sido transferido a un “accionista hostil” dentro de Telefónica, ya que la operación se refiere al capital del banco, no al de la teleco. Ahora bien, si la preocupación se refiere al eventual escenario en el que el 5 % que BBVA conserva en Telefónica pudiera acabar en manos de un accionista con intereses divergentes, ahí sí pueden identificarse consideraciones objetivas.

En primer lugar, un paquete del 5% en una empresa cotizada del tamaño de Telefónica no confiere control por sí mismo, pero sí puede ser relevante en votaciones estratégicas si el capital está atomizado. Sin embargo, el actual núcleo accionarial de Telefónica —con la presencia significativa de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales, Saudi Telecom Company y CriteriaCaixaconcentra porcentajes cercanos o superiores al 9-10 % cada uno. Ese bloque reduce sustancialmente la capacidad de influencia de un nuevo accionista minoritario, incluso aunque tuviera una postura crítica respecto a la dirección.

En segundo lugar, Telefónica opera en un sector considerado estratégico en España. La normativa sobre inversiones extranjeras directas permite al Gobierno analizar y, en su caso, vetar determinadas adquisiciones relevantes en empresas estratégicas. Esto introduce un filtro regulatorio que limita la entrada de actores potencialmente conflictivos si superan determinados umbrales de participación.

En tercer lugar, desde el punto de vista de mercado, un eventual comprador del 5 % de BBVA tendría que asumir una inversión superior a 1.000 millones de euros a precios actuales. No es una posición que se adquiera con facilidad ni sin visibilidad pública, ya que las participaciones significativas deben comunicarse a la CNMV. La transparencia del mercado reduce la posibilidad de movimientos discretos con intención desestabilizadora.

Por tanto, ¿cabe reticencia en abstracto? Sí, en el sentido de que cualquier paquete accionarial relevante puede alterar equilibrios si cambia de manos. Pero en el contexto concreto de Telefónica, existen tres factores que moderan ese riesgo:

  1. la concentración actual del accionariado en varios bloques fuertes,
  2. la regulación sobre sectores estratégicos,
  3. y las obligaciones de transparencia en participaciones significativas.

En consecuencia, más que un riesgo inmediato de “hostilidad”, lo que existe es una variable estratégica abierta: BBVA mantiene una participación financiera que, en algún momento, podría rotar hacia otro inversor. El efecto de esa eventual rotación dependería del perfil del comprador y del contexto accionarial en ese momento, pero hoy por hoy no hay indicios objetivos de una transferencia a un actor hostil ni de una amenaza directa al equilibrio de poder existente. Un análisis prudente, por tanto, no apunta a una maniobra de confrontación, sino a un escenario de transición en el que la estabilidad accionarial de Telefónica está respaldada por su núcleo duro actual y por el marco.

Uno de los elementos que debe añadirse en esta situación de ruptura es el impacto reputacional y simbólico. Durante más de dos décadas, la relación entre Telefónica y BBVA representó una alianza entre dos pilares del capitalismo español. La desaparición práctica de esa interconexión no solo tiene efectos financieros, sino también simbólicos: refleja el fin de un modelo de grandes alianzas corporativas nacionales que actuaban como red de estabilidad frente a shocks externos. Desde una perspectiva crítica, puede interpretarse como un signo de mayor profesionalización y disciplina de mercado, pero también como una pérdida de cohesión estratégica entre grandes actores nacionales.

Otro punto que puede incorporarse es el riesgo estratégico para Telefónica de depender en mayor medida de un núcleo accionarial más concentrado y con fuerte componente institucional y extranjero. La consolidación del peso de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales, Saudi Telecom Company y CriteriaCaixa aporta estabilidad, pero también implica que la gobernanza puede estar más condicionada por intereses estratégicos de largo plazo que por una lógica puramente financiera. Esto no es necesariamente negativo, pero sí supone un cambio en el equilibrio entre independencia corporativa y alineamiento institucional. Desde una óptica crítica, cabe señalar que una mayor concentración puede reducir la pluralidad de visiones en el consejo.

También puede añadirse un análisis sobre el timing de la operación. Telefónica ejecuta la venta de su participación en BBVA en un momento en el que el banco cotiza en máximos relativos tras un ciclo favorable para el sector financiero. Desde una perspectiva de gestión financiera, la decisión muestra disciplina en la rotación de activos y aprovechamiento del ciclo. Al mismo tiempo, la operadora atraviesa un periodo de pérdidas contables relevantes y ajuste estratégico. Esto refuerza la narrativa de gestión activa del balance, pero también evidencia la necesidad estructural de generar liquidez en un entorno de presión sobre deuda y dividendos.

En cuanto a BBVA, puede incorporarse un matiz crítico adicional: aunque la participación en Telefónica no impacta en resultados, sí representa un activo con rentabilidad histórica muy inferior a la que el banco obtiene en su negocio principal. La permanencia en el capital puede ser interpretada como prudencia estratégica o como inercia histórica. La ruptura parcial deja abierta la cuestión de si el banco optará en el futuro por una desinversión total para maximizar eficiencia de capital.

Finalmente, conviene subrayar que la ruptura no implica necesariamente un distanciamiento operativo completo. Ambas compañías siguen coincidiendo en mercados, clientes y proyectos puntuales. La desvinculación es accionarial y de gobernanza, no comercial. Este matiz evita sobredimensionar el alcance del movimiento. Con estas matizaciones se ofrece una lectura crítica sobre sus implicaciones estructurales, estratégicas y simbólicas de dicha ruptura.

En definitiva, la ruptura entre BBVA y Telefónica no responde a un conflicto coyuntural, sino a una transformación estructural del capitalismo corporativo español: menos alianzas cruzadas, mayor disciplina de capital, concentración accionarial y adaptación a un entorno regulatorio y financiero más exigente.

Para terminar el post quiero manifestar que la ruptura de Telefónica con BBVA también deja al descubierto una cuestión más profunda: la débil posición de Telefónica en la nueva economía digital. Hace veinticinco años, la operadora estaba en el centro del relato tecnológico europeo. Internet, movilidad, datos y servicios online parecían girar en torno a las grandes telecos. Sin embargo, la evolución de la digitalización ha desplazado el eje de creación de valor hacia plataformas globales, proveedores de nube, big tech y empresas nativas digitales que operan con estructuras más ligeras y escalables.

Telefónica ha invertido en redes, fibra y 5G, y ha realizado ajustes para sostener su balance, pero el mercado ha penalizado de forma persistente su capacidad para capturar el valor añadido de la transformación digital. La infraestructura es indispensable, pero el margen se ha concentrado en capas superiores del ecosistema: datos, servicios digitales, inteligencia artificial, cloud y plataformas. En ese desplazamiento estructural, la operadora ha actuado más como garante de conectividad que como actor dominante del nuevo entorno tecnológico.

La salida de alianzas históricas y la reconfiguración accionarial evidencian una adaptación financiera, pero no necesariamente una posición de liderazgo en la economía digital. El desafío no es solo reducir deuda o ajustar dividendo, sino encontrar un espacio competitivo sostenible en un entorno donde la innovación y la escala global marcan el ritmo. La digitalización avanza con una velocidad que no espera a las estructuras tradicionales. Y en ese contexto, la verdadera cuestión no es quién se sienta en el consejo, sino qué lugar ocupa Telefónica en la cadena de valor del futuro tecnológico europeo.

Ya lo dijo Peter Drucker: “La mayor amenaza en tiempos de turbulencia no es la turbulencia; es actuar con la lógica de ayer.”

 

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