martes, 24 de marzo de 2026

TELEFÓNICA ANTE EUROPA: SIN HOJA DE RUTA CON MURTRA... MIENTRAS OTROS YA JUEGAN LA PARTIDA

 

Se cuenta que en una gran compañía industrial, en plena transformación, el equipo directivo convocó varias reuniones para definir el rumbo de la empresa. En la primera, el mensaje fue claro: había que apostar por la automatización como eje central del futuro. Semanas después, en otra reunión con distintos interlocutores, el discurso cambió y se presentó la automatización como un proceso gradual sin impacto relevante a corto plazo. En una tercera sesión, ya con inversores, se habló de eficiencia operativa sin mencionar cambios estructurales. Al terminar, uno de los asistentes comentó: “No es que la empresa no tenga estrategia; es que tiene una distinta según quién escuche”.

La anécdota ilustra un problema clásico: cuando el mensaje cambia en función del público, no solo se genera confusión, sino que se proyecta la sensación de que la estrategia no está realmente definida. Y en sectores en transformación, donde las decisiones deben ser coherentes y sostenidas en el tiempo, esa falta de alineación entre discurso y acción acaba siendo, más que un problema de comunicación, un problema de dirección.

 

La irrupción de un nuevo ciclo en el sector europeo de las telecomunicaciones ha coincidido en España con un relevo de gran calado en la cúpula de Telefónica, una compañía que históricamente ha sido uno de los principales vectores tecnológicos, industriales y estratégicos del país. El nombramiento de Marc Murtra como presidente no solo supuso un cambio de liderazgo, sino que abrió una expectativa clara: la de una redefinición del rumbo de la operadora en un momento en el que Europa está replanteando su modelo de mercado, su soberanía digital y su capacidad de competir a escala global. Sin embargo, catorce meses después, el balance que arrojan sus decisiones, sus declaraciones públicas y la respuesta del mercado plantea interrogantes relevantes sobre la coherencia del proyecto, la claridad de su estrategia y la posición real que Telefónica está ocupando en el nuevo escenario que se está configurando en el ámbito europeo.

Ayer se publicaba en un diario nacional las declaraciones de Marc Murtra con respecto a la (IA) y su afectación en Telefónica. El presidente de Telefónica afirmó que la inteligencia artificial (IA) no tendrá un impacto directo ni decisivo en el negocio de las telecomunicaciones en los próximos años. Según sus declaraciones, aunque la (IA) sí transformará profundamente sectores como la medicina, la abogacía o la programación, en telecomunicaciones no se espera una afectación “de lleno” a corto plazo.

Murtra subraya que, desde la perspectiva de las telecos, la (IA) debe entenderse principalmente como una oportunidad estratégica, no como una disrupción inmediata del modelo de negocio. En concreto, señala que permitirá reconfigurar la forma en que las compañías ofrecen sus servicios, mejorando su eficiencia y propuesta de valor, pero sin alterar radicalmente el sector en el corto plazo.

En paralelo, el presidente destaca que Telefónica se encuentra en una nueva fase de transformación y crecimiento, con el objetivo de convertirse en una de las mejores empresas de telecomunicaciones de Europa en un plazo de cinco años. Esto implica apostar por la excelencia operativa (“best-in-class”) en todos los mercados donde opera, lo que conlleva importantes inversiones.

En cuanto a España y especialmente Cataluña, Murtra recalcó su relevancia estratégica, mencionando inversiones recientes, la presencia de empleados y proyectos tecnológicos como nodos “edge” y una posible gigafactoría audiovisual. Finalmente, en el ámbito europeo, insiste en que el futuro pasa por la soberanía tecnológica y del dato, defendiendo que Europa debe ser capaz de gestionar su propia información, y posiciona a Telefónica como uno de los actores clave en ese proceso https://bit.ly/4c32nNK

En todos los artículos de prensa que leído sobre dicha cuestión coinciden en los siguientes aspectos afirmados por Murtra:

  • La (IA) no impactará “de lleno” en las telecomunicaciones a corto plazo.
  • Se considera una oportunidad para mejorar y reconfigurar los servicios.

En relación con la estrategia de crecimiento de Telefónica, Marc Murtra explicó que el proceso de consolidación de la compañía no debe centrarse inicialmente en el mercado español, afirmando de forma expresa que “la consolidación por parte de Telefónica no tiene que empezar por España”. Con esta declaración, deja entrever que las oportunidades estratégicas pueden encontrarse en otros ámbitos, especialmente en el contexto europeo. Su planteamiento sugiere que Telefónica busca abordar este proceso de forma más amplia, analizando dónde resulta más eficiente y beneficioso avanzar en términos de integración y crecimiento dentro del sector de las telecomunicaciones https://bit.ly/4bsKPKO


En teoría de la comunicación afirmar un día una cuestión y al poco decir la contraria se conoce como, inconsistencia discursiva o disonancia comunicativa, conceptos vinculados a la Teoría de la disonancia cognitiva desarrollada por Leon Festinger. Se produce cuando un emisor transmite mensajes contradictorios en un corto periodo de tiempo, generando una ruptura en la coherencia del discurso. Para quien recibe esa información, esta situación provoca confusión, desconfianza y una menor credibilidad hacia la fuente, ya que percibe una falta de estabilidad o fiabilidad en el mensaje. Como consecuencia, el receptor puede cuestionar la veracidad de las afirmaciones, reinterpretar la intención del emisor o incluso dejar de otorgarle autoridad, debilitando así la eficacia comunicativa y la capacidad de influencia del mensaje.

Voy a analizar ambas cuestiones planteadas por Marc Murtra, comparando sus declaraciones más recientes —realizadas en el marco del Gran Encuentro Expansión Catalunya— con las que había sostenido no hace mucho tiempo sobre estos mismos asuntos, con el fin de evidenciar la evolución de su discurso y valorar el alcance de dichos cambios.

Con respecto a la (IA) nos tenemos que remontar al ERE aprobado recientemente bajo su presidencia y para ello me voy a remitirme a la carta que recibieron cada una de las personas que se acogieron al mismo. En la misma dice lo siguiente:

“Para comprender esta decisión, debe referirse en primer lugar el complejo sector de las telecomunicaciones en España, en el que opera TDE, caracterizado por un mercado de telecomunicaciones altamente competitivo, con una creciente presencia de operadores de bajo coste que ejercen presión sobre los márgenes, y una elevada fragmentación del mercado español, lo que dificulta la capacidad de alcanzar un volumen de clientes suficiente que permita aprovechar economías de escala y rentabilizar los elevados costes fijos del negocio.

Adicionalmente, la digitalización y la automatización de procesos ya no se presenta como una ventaja competitiva, sino como una necesidad estratégica para asegurar la sostenibilidad del negocio. Por ello, la Compañía, al igual que sus competidores, ha iniciado un proceso de digitalización e hiper automatización, con el objetivo de incorporar nuevas capacidades tecnológicas y desplegar soluciones basadas en (IA). No avanzar en esa dirección implicaría perder posicionamiento frente a otros operadores.

Así, el sector se encuentra inmerso en una profunda transformación que exige una inversión continua en innovación y desarrollo, mientras que los márgenes de retorno siguen siendo reducidos. Esta situación impacta negativamente en la rentabilidad de TDE y compromete su posicionamiento competitivo.

Entre los mayores desafíos de TDE se encuentra la finalización de la red de cobre, mejorando la conectividad y la calidad del servicio. Asimismo, destacan otros proyectos tales como (i) el Plan Conecta IA, que define más de 130 iniciativas de automatización y busca maximizar la oportunidad de IA en todas las áreas, (ii) el proyecto Entregando Excelencia, que busca implementar nuevas iniciativas de mejora en la experiencia de cliente, y (iii) el proyecto ISLA, cuya finalidad es testar nuevos procesos con el objetivo de validar su impacto desde el punto de vista económico”.

Si tenemos en cuenta que el Expediente de Regulación de Empleo (ERE) firmado el 22 de diciembre del año 2025 en el Grupo Telefónica supone, en su escenario mínimo, la salida de 4.525 trabajadores sobre una plantilla total de 17.248 empleados, lo que representó una afectación global aproximada del 26,2 % del conjunto de las siete filiales implicadas https://bit.ly/4rV2tMj

Por sociedades, el impacto es desigual. En Telefónica de España, se prevén 2.925 salidas sobre 8.892 empleados, lo que equivale a un ajuste del 32,9 % de su plantilla. En Telefónica Móviles, las 720 bajas sobre 3.587 trabajadores suponen una reducción del 20,1 %, mientras que en Telefónica Soluciones se contemplan 120 salidas sobre 1.118 empleados, es decir, un 10,7 % https://bit.ly/41u7KPO

En las unidades globales (GBU’s), el ajuste asciende a 585 bajas, distribuidas en 109 en Telefónica Global Solutions (17 % de 638 empleados), 182 en Telefónica Innovación Digital (18,3 % de 993) y 294 en Telefónica S.A. (25,3 % de 1.160) https://bit.ly/4lNJ9Pi  Por su parte, Movistar+ registra 175 salidas, lo que supone aproximadamente un 20,3 % de su plantilla (860 empleados) https://bit.ly/4t9acHy

En conjunto, el ajuste refleja una reducción significativa del empleo en el grupo, concentrándose especialmente en Telefónica de España, que asume tanto el mayor volumen absoluto de salidas como el mayor porcentaje relativo dentro del ERE.

El contraste entre las declaraciones publicadas ayer por Marc Murtra y el contenido del ERE aprobado bajo su presidencia permite identificar una clara distorsión entre el discurso público y las decisiones empresariales adoptadas. Por un lado, Murtra sostiene que la inteligencia artificial (IA) no tendrá un impacto “de lleno” en el sector de las telecomunicaciones en los próximos años, presentándola principalmente como una herramienta de mejora de servicios. Sin embargo, en la carta remitida a los trabajadores afectados por el ERE se expone que la digitalización, la hiper automatización y la incorporación de soluciones basadas en (IA) constituyen una necesidad estratégica para la sostenibilidad del negocio, vinculándolas directamente con la transformación del sector y con decisiones estructurales de la compañía.

 

Esta contradicción se hace más evidente al observar las cifras del ajuste: una reducción mínima de 4.525 empleados (26,2 % de la plantilla), con especial incidencia en Telefónica de España, donde el recorte alcanza el 32,9 %. El propio documento del ERE justifica este proceso en la necesidad de adaptarse a un entorno marcado por la automatización y el despliegue de inteligencia artificial (IA), incluyendo planes específicos como el “Plan Conecta IA”, que articula más de 130 iniciativas. Es decir, la (IA) no aparece como un elemento accesorio, sino como uno de los ejes que sustentan la reestructuración laboral.

De este modo, mientras que en el ámbito público Murtra minimiza el impacto directo de la (IA) en el sector a corto plazo, en el ámbito interno de la compañía que preside reconoce su papel como motor de transformación que exige cambios profundos en la estructura de la empresa, incluyendo una reducción significativa de empleo. Para el observador, este contraste evidencia un claro desajuste entre lo dicho y lo hecho, en el que la IA es presentada externamente como oportunidad sin efectos disruptivos inmediatos, pero es utilizada internamente como argumento para justificar una reconfiguración intensiva de la plantilla. Esta divergencia debe interpretarse como una falta absoluta  de coherencia comunicativa, en la medida en que el mismo fenómeno —la implantación de la (IA)— es descrito con distinto alcance según el contexto en el que se expone y al público que se dirige, bien sea un foro como el de Expansión en Cataluña o bien sea a los empleados afectados por el ERE.

En relación con la estrategia de crecimiento de Telefónica, Marc Murtra explicó que el proceso de consolidación de la compañía no debe centrarse inicialmente en el mercado español. Según sus palabras, esta consolidación no tiene por qué comenzar en España, dejando entrever que las oportunidades estratégicas pueden encontrarse en otros ámbitos, especialmente en el contexto europeo. Su planteamiento sugiere que Telefónica busca abordar este proceso de forma más amplia, analizando dónde resulta más eficiente y beneficioso avanzar en términos de integración y crecimiento dentro del sector de las telecomunicaciones https://bit.ly/3Pqye29

Pues bien, el 10 de abril del año 2025 se publicaba en el diarioEl Pais” las siguientes declaraciones de Murtra:

El presidente de Telefónica, Marc Murtra, reafirmó este jueves su demanda a las autoridades regulatorias de la Unión Europea para que relajen las normas y permitan un proceso de consolidación entre las grandes operadoras de telecomunicaciones europeas con el fin de hacer frente a los gigantes de Estados Unidos o China. Sin embargo, en su discurso ante la junta general de accionistas fue un paso más allá y exigió que, antes de ese proceso de fusiones europeas, Bruselas permita primero que la consolidación se produzca en cada país, eliminando las trabas que pone a cualquier fusión. En ese contexto, Telefónica está dispuesta a plantearse consolidaciones en España que sean “económicamente rentables” antes de abordar operaciones de mayor calado a escala europea. Operaciones corporativas como la compra de otras telecos rivales que operan en España, que hasta ahora le han estado vetadas por su liderazgo en el mercado nacional.

“Ha llegado el momento de que las grandes compañías de telecomunicaciones europeas puedan consolidarse y crecer para tener una escala que permita invertir, innovar y atraer talento de forma determinante”, dijo Murtra, quien supeditó la participación de Telefónica es ese proceso de consolidación europea a que se liberen primero los mercados nacionales. “No habrá consolidación europea ni la consideraremos sin consolidación previa a nivel intra mercado y sin racionalidad económica” https://bit.ly/4rPGxBW

La comparación entre ambas declaraciones de Marc Murtra pone de manifiesto una incoherencia clara y verificable en su discurso sobre la estrategia de consolidación. En abril del año 2025, Murtra defendía de forma explícita que la consolidación europea debía estar condicionada a una consolidación previa en los mercados nacionales, afirmando de manera contundente que “no habrá consolidación europea […] sin consolidación previa a nivel intra mercado”. Esta posición no solo priorizaba el ámbito nacional, sino que lo establecía como requisito indispensable para cualquier avance posterior en Europa.


Sin embargo, en sus declaraciones recogidas ayer en prensa, el propio Murtra sostiene que la consolidación de Telefónica no tiene que empezar por España, desmarcándose así de aquel planteamiento inicial. Este giro no es un simple matiz, sino una rectificación sustancial del orden estratégico previamente defendido: pasa de considerar la consolidación nacional como condición necesaria a relegarla a un plano secundario o incluso prescindible.

Este cambio refleja una ruptura en la coherencia del discurso estratégico, ya que dos posiciones no pueden sostenerse simultáneamente sin incurrir en contradicción: o la consolidación intra mercado es un paso previo imprescindible, o no lo es. La evolución de sus declaraciones evidencia, por tanto, un cambio de criterio no justificado públicamente, lo que debilita la solidez de su planteamiento y proyecta una imagen de falta de consistencia en la definición de la estrategia corporativa. Para el observador, no se trata de una evolución argumentada, sino de una negación práctica de lo defendido anteriormente, lo que pone en cuestión la fiabilidad del mensaje emitido y la claridad del rumbo estratégico de la compañía.

Ayer escribí un post en el blog defendiendo una idea alineada con los informes de Mario Draghi y Enrico Letta, según los cuales el problema estructural del sector de las telecomunicaciones en Europa no radica tanto en la falta de tamaño empresarial como en la fragmentación del mercado en 27 marcos nacionales distintos, lo que limita la escala, la inversión y la competitividad global. En este sentido, la verdadera consolidación que impulsa Europa no es únicamente corporativa, sino regulatoria y de mercado, orientada a construir un auténtico mercado único europeo donde los operadores puedan actuar como si se tratara de un solo espacio económico.

Desde esta perspectiva, la escala que persiguen las operadoras no se alcanzaría prioritariamente mediante fusiones entre empresas —como sostienen directivos del sector como Marc Murtra—, sino mediante la integración efectiva del mercado europeo, eliminando barreras nacionales y armonizando la regulación. En ese contexto, el crecimiento y la cooperación empresarial tenderían a articularse más a través de consorcios, alianzas estratégicas o “joint ventures”, que permitirían operar a escala continental sin necesidad de concentraciones societarias tradicionales. Así, la clave no estaría en reducir el número de operadores, sino en transformar el marco en el que operan, de modo que la escala deje de ser una consecuencia de fusiones y pase a ser el resultado natural de un mercado verdaderamente unificado https://bit.ly/4tb7AsN

Ayer se publicaba una noticia en La Vanguardia donde se recogía que la compañía estatal italiana Poste Italiane ha lanzado una oferta pública de adquisición (OPA) de aproximadamente 10.800 millones de euros para hacerse con el control de Telecom Italia (TIM). La operación combina efectivo y acciones, valorando cada título en torno a 0,635 euros, lo que supone una prima cercana al 9 % respecto a su cotización previa.

El objetivo de esta operación es crear un gran grupo integrado de telecomunicaciones y servicios digitales, que permita reforzar la posición estratégica de Italia en ámbitos clave como los centros de datos y la ciberseguridad. En caso de éxito, Poste pasaría a controlar activos esenciales de TIM, incluyendo su red de data centers y su filial de ciberseguridad Telsy, con la intención de impulsar la soberanía digital nacional.

Además, la integración daría lugar a un grupo de gran tamaño, con unos ingresos estimados de 27.000 millones de euros y una plantilla cercana a los 150.000 trabajadores, consolidando así un actor de referencia en el sector tecnológico y de telecomunicaciones en Europa. La operación está prevista para completarse a lo largo del año 2026, siempre que reciba las aprobaciones necesarias https://bit.ly/4t9eONS  

La operación impulsada por el Gobierno de Italia, liderado por Giorgia Meloni, refleja una estrategia industrial clara: preservar el control nacional sobre un activo considerado estratégico como las telecomunicaciones, en un contexto europeo de transformación del sector. A través del movimiento de Poste Italiane sobre Telecom Italia, el Estado italiano no solo busca reforzar su posición interna, sino también asegurar su capacidad de decisión en futuros desarrollos a escala europea, evitando una pérdida de soberanía similar a la que, en mayor o menor medida, han asumido otros países.

Este planteamiento choca frontalmente con la línea defendida por Marc Murtra y otros directivos del sector, que han apostado por la consolidación a través de fusiones empresariales como vía principal para ganar escala. La actuación italiana apunta en una dirección distinta: no prioriza la reducción del número de operadores mediante integraciones corporativas, sino el fortalecimiento de un actor nacional capaz de participar en estructuras de cooperación más amplias a nivel europeo via consorcios, “joint venture”, etc.

En este sentido, el movimiento italiano se alinea con una lógica de alianzas estratégicas entre compañías, que permitirían configurar un ecosistema europeo de telecomunicaciones basado en la colaboración entre operadores relevantes de distintos países. Este modelo, comparable al seguido en la industria aeronáutica con Airbus, se basa en la creación de capacidades compartidas sin necesidad de una fusión societaria completa, lo que facilita mantener el control nacional al tiempo que se alcanza escala continental.

De este modo, la operación no solo tiene una dimensión empresarial, sino también política e industrial: refuerza la idea de que la escala europea puede construirse desde la cooperación entre actores nacionales sólidos, y no exclusivamente mediante procesos de concentración corporativa. Esto introduce un elemento de contraste relevante en el debate actual sobre el futuro del sector, al evidenciar que existen vías alternativas a la consolidación por fusiones para alcanzar los objetivos de competitividad e integración en Europa.

Final del formulario

Principio del formulario

A lo anterior puede añadirse un elemento clave para que el lector comprenda con mayor claridad la dimensión del problema: la diferencia entre anticipación estratégica y reacción tardía. Mientras en Italia el Gobierno ha actuado de forma decidida para asegurar el control y la posición de Telecom Italia dentro del nuevo marco europeo, en Telefónica se observa una falta de dirección estratégica coherente, marcada por mensajes cambiantes en cuestiones centrales como la inteligencia artificial o el modelo de consolidación. Esta diferencia no es menor: en un entorno en el que la Comisión Europea está definiendo un nuevo escenario para el sector, las decisiones que se adopten ahora condicionarán la posición de cada operador en el medio y largo plazo.


En este contexto, la actuación italiana evidencia una estrategia clara: reforzar su operador nacional para competir en igualdad de condiciones dentro de un futuro mercado europeo más integrado, sin renunciar al control ni a la capacidad de decisión. Frente a ello, la posición de Telefónica, tal y como se desprende de las declaraciones de Marc Murtra, aparece confusa, al no ofrecer un planteamiento estable sobre cómo afrontar ese mismo proceso. Esta falta de consistencia no solo afecta a la credibilidad del discurso, sino que dificulta la alineación interna de la compañía y la percepción externa de su estrategia, elementos esenciales en un sector en plena transformación.

Así, mientras otros actores se posicionan con decisiones concretas para no quedar rezagados, el riesgo en el caso de Telefónica es que la indefinición estratégica derive en una pérdida de iniciativa, obligando a la compañía a adaptarse a un escenario diseñado por otros en lugar de participar activamente en su configuración. En un momento en el que la escala, la soberanía tecnológica y la integración europea son factores determinantes, la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace deja de ser un aspecto comunicativo para convertirse en un factor crítico de competitividad.

El 22 de enero del año 2025 el diario vasco “El Correo” publicaba que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha valorado positivamente la llegada del nuevo equipo directivo a Telefónica, mostrando su respaldo al relevo. En concreto, afirmó estar “entusiasmado” y “muy confiado” con el nuevo equipo, destacando además que se trata de una “decisión corporativa” adoptada por los accionistas entre los que esta la SEPI brazo ejecutor del Gobierno. Sánchez subrayó la relevancia del cambio al señalar que es “muy importante” en términos de industria de telecomunicaciones, economía digital, seguridad y defensa, y apuntó que Telefónica puede desempeñar “un papel muy importante” en ámbitos como los semiconductores y la economía digital, aunque matizó que “habrá que esperar y ver” las decisiones que adopte la nueva dirección https://bit.ly/4v7F2Cj

Han pasado algo más de catorce meses desde que Marc Murtra fue nombrado presidente de Telefónica el 18 de enero del año 2025, y los datos disponibles no muestran, por ahora, una revalorización bursátil sostenida ni una mejora clara de la percepción inversora basada en nuevos catalizadores visibles. El primer mensaje del mercado fue, de hecho, de cautela: en la primera sesión tras el relevo, la acción cayó alrededor de un 3% por el temor a interferencia política en la compañía. A 24 de marzo de 2026, la acción cerraba en 3,658 euros, por debajo de los 3,970 euros del 17 de enero de 2025, la última sesión antes del cambio, lo que equivale a una caída aproximada del 7,9% en ese periodo.

En el plano laboral y financiero, el balance del primer año ha sido muy duro. Bajo la presidencia de Murtra, Telefónica firmó en diciembre de 2025 un ERE con una salida mínima de 4.525 trabajadores en siete filiales en España, equivalente al 26,2% de la plantilla afectada. En las cuentas de 2025, la propia compañía reconoció 2.900 millones de euros en costes de reestructuración, de los que 2.500 millones correspondieron a España.

Los resultados anuales tampoco han servido para consolidar un giro de percepción. Telefónica cerró 2025 con 35.120 millones de euros de cifra de negocios, frente a 35.671 millones en 2024; el EBITDA ajustado bajó de 12.109 a 11.918 millones; el flujo de caja libre total descendió de 2.634 a 1.794 millones; y el resultado atribuido a los accionistas pasó de unas pérdidas de 49 millones en 2024 a pérdidas de 4.318 millones en 2025. La deuda financiera neta terminó 2025 en 26.824 millones de euros. Parte relevante del deterioro vino de costes de reestructuración, deterioros y del impacto de las desinversiones en Hispanoamérica, pero el dato agregado que recibe el mercado sigue siendo el de un ejercicio con pérdidas muy abultadas y menor caja libre.


El gran momento en que Murtra intentó presentar un cambio de rumbo fue el 4 de noviembre del año 2025 con el Capital Markets Day con la presentación del Plan Estratégico “Transform & Grow” (2026-2030). Ahí anunció una nueva política de asignación de capital, recortó el dividendo de 2026 a 0,15 euros por acción desde los 0,30 euros de 2025 y fijó objetivos de crecimiento moderado, reducción de deuda y mejora del flujo de caja. Pero el mercado reaccionó mal: la acción llegó a desplomarse cerca de un 10% el día del anuncio. Esa reacción indica que los inversores vieron el plan más como reconocimiento del esfuerzo pendiente que como prueba inmediata de creación de valor. Desde la presentación del plan estratégico hasta hoy la acción ha caído un 15%.

Es verdad que no todo ha sido negativo. En febrero del año 2026, al presentar los resultados, Telefónica dijo que había cumplido sus objetivos anuales y elevó la guía de flujo de caja libre para 2026 hasta alrededor de 3.000 millones de euros, con previsión de crecimiento del EBITDA ajustado y de los ingresos de entre el 1,5% y el 2,5%. Ese día la acción terminó prácticamente plana, después de haber subido al inicio de la sesión. Es decir, el mercado no castigó las cuentas como en noviembre, pero tampoco otorgó una prima clara al nuevo relato.

Con estos datos, la conclusión más ajustada es que no se aprecia todavía un cambio sólido en la percepción inversora que permita hablar de un “nuevo campeón” bursátil o estratégico de Telefónica. Lo que hay, de momento, es una compañía que ha cambiado de presidente, ha acometido un ajuste laboral masivo, ha presentado unas pérdidas muy fuertes, ha recortado el dividendo para ganar flexibilidad financiera y ha prometido una mejora a medio plazo (5 años)  que el mercado aún no ha comprado de forma concluyente. El “campeón” al que aludía Pedro Sánchez en sus declaraciones no se ve todavía en la cotización ni en una revalorización clara de la acción; por ahora, lo que existe es una expectativa pendiente de demostración.

Final del formulario

Principio del formulario

A la vista de los datos, resulta difícil sostener que España pueda permanecer impasible en Telefónica si de verdad quiere que la compañía conserve un papel relevante en el nuevo mapa europeo de las telecomunicaciones. La propia Comisión Europea ha asumido ya que el sector sigue fragmentado en 27 mercados nacionales, lo que limita la escala, la inversión y la capacidad de competir, y ha situado esa fragmentación en el centro de la futura Digital Networks Act (DNA). Esa diagnosis coincide con los enfoques de Draghi y Letta: el problema europeo no es solo de tamaño empresarial, sino de mercado incompleto y de barreras regulatorias que impiden operar con verdadera escala continental.

En ese contexto, la pasividad tendría un coste evidente. Italia ya ha movido ficha con una operación de 10.800 millones de € para que Poste Italiane tome el control de TIM, reforzando así el control nacional sobre infraestructuras críticas como centros de datos y ciberseguridad, con la vista puesta en la soberanía digital y en la posición del país dentro del nuevo equilibrio europeo. Es decir, mientras Bruselas redefine el marco, Roma no espera a ver qué ocurre: se posiciona.

Frente a eso, Telefónica llega a este momento con una señal bursátil y financiera muy  débil. Desde la llegada de Murtra a la presidencia, el mercado reaccionó inicialmente con cautela por el temor a injerencia política. Lo que ha sucedido a posteriori no describe una compañía que haya convencido ya al mercado de que existe un nuevo catalizador claro y creíble de creación de valor. Por eso, la cuestión ya no es solo comunicativa, sino industrial. Si España quiere que Telefónica siga siendo un actor de peso en Europa, no puede limitarse a acompañar los acontecimientos. Tiene que decidir qué papel quiere para la operadora en el nuevo marco europeo: si va a ser un mero activo defensivo, una compañía en espera de una oportunidad futura, o un instrumento real de política industrial y tecnológica con capacidad para participar en alianzas, consorcios o “joint ventures” paneuropeas. Lo que no parece sostenible es una combinación de intervención accionarial, mensajes estratégicos cambiantes y ausencia de resultados bursátiles concluyentes como lo que tenemos ahora, porque eso debilita tanto la confianza inversora como la posición negociadora de la empresa en el tablero europeo.


Dicho de forma directa: España no debería permanecer impasible, pero tampoco basta con estar presente en el capital. Lo decisivo es tener una línea industrial clara, estable y ejecutable cuestión que de momento el mercado no percibe. Hoy la Comisión Europea está dibujando el terreno de juego, Italia ya está ocupando posiciones y Telefónica todavía no ha demostrado al mercado que el relevo en su presidencia ha traído una dirección estratégica inequívoca tras catorce meses de presidencia de Murtra con el cambio de mensajes que vemos un día sí y otro también. En ese vacío, el riesgo no es solo perder valor; es perder tiempo, iniciativa y peso europeo.

Final del formulario

Principio del formulario

Lo que está en juego ya no es únicamente la credibilidad personal de Marc Murtra ni la evolución bursátil inmediata de Telefónica, sino la posición que España quiere ocupar en el nuevo mapa europeo de las telecomunicaciones. La cuestión de fondo ha dejado de ser meramente comunicativa para convertirse en un problema de política industrial, soberanía tecnológica y capacidad de influencia en un sector estratégico. Si Telefónica llega a este momento con un discurso cambiante sobre la inteligencia artificial, con contradicciones evidentes sobre el modelo de consolidación, con un mercado que no ha respaldado el relevo en la presidencia ni el plan estratégico presentado, y con una señal financiera todavía débil, entonces el problema ya no puede despacharse como una simple fase de transición. En ese escenario, España corre el riesgo de acudir tarde al proceso de reconfiguración europea, no como uno de sus arquitectos, sino como un actor a remolque de decisiones tomadas por otros países que sí han entendido la dimensión del momento.

Por eso, la cuestión decisiva no es solo si Telefónica mejorará sus resultados dentro de uno, tres o cinco años, sino si existe hoy una línea estratégica clara, coherente y ejecutable que permita a la compañía desempeñar un papel central en la Europa que viene. Y, a día de hoy, eso es precisamente lo que no perciben ni el mercado ni buena parte de quienes observan la evolución reciente de la operadora. Mientras Italia se posiciona para proteger a su incumbente y asegurar su capacidad de decisión futura, en España sigue sin aclararse si la participación del Estado en Telefónica responde a una auténtica visión industrial o si, por el contrario, se limita a una presencia accionarial sin hoja de ruta definida. Esa indefinición es, en sí misma, una debilidad. Porque en un momento en el que Europa está rediseñando las reglas del juego, llegar sin una estrategia nítida equivale a perder iniciativa, margen de maniobra y peso político e industrial. Y eso, para una compañía como Telefónica y para un país como España, sería mucho más grave que una simple caída en bolsa o un mal trimestre de resultados.

Final del formulario

Principio del formulario

Para terminar el post quiero manifestar que al final, la anécdota con la que se abría este texto deja de ser una simple imagen retórica para convertirse en una descripción bastante precisa de lo que hoy transmite Telefónica bajo la presidencia de Marc Murtra: no parece una compañía con una estrategia firme, reconocible y sostenida en el tiempo, sino una compañía que adapta su discurso según el auditorio, el momento y la conveniencia del mensaje. Cuando eso ocurre en una empresa de esta dimensión, en un sector tan expuesto al cambio tecnológico, regulatorio e industrial, ya no estamos ante un mero problema de comunicación. Estamos ante un problema de dirección. Porque cuando un presidente sostiene en público que la inteligencia artificial no va a impactar “de lleno” en las telecomunicaciones, pero la propia compañía utiliza la IA, la automatización y la hiper automatización como argumento central de un ERE de 4.525 salidas, lo que se rompe no es solo la consistencia del relato: se rompe la confianza en la palabra del máximo ejecutivo. Y cuando ese mismo presidente defendía en abril de 2025 que no habría consolidación europea sin una consolidación previa a nivel intra mercado, para afirmar ahora que la consolidación de Telefónica no tiene que empezar por España, lo que queda dañado no es solo el discurso, sino la credibilidad estratégica de la operadora.

Ese es el verdadero problema de fondo que deja el balance de estos catorce meses: Murtra no ha conseguido acreditar ni ante el mercado, ni ante la opinión pública, ni ante el propio entorno industrial europeo, que Telefónica dispone hoy de una hoja de ruta inequívoca. Y eso resulta especialmente grave porque coincide con un momento histórico en el que la Comisión Europea está redefiniendo el sector a partir de una lógica que no encaja con la simplificación interesada de buena parte de los directivos incumbentes. Tanto los informes de Mario Draghi como los de Enrico Letta sitúan el núcleo del problema europeo en la fragmentación del mercado, en la falta de un auténtico espacio común de telecomunicaciones y en la ausencia de escala regulatoria continental. La cuestión central, por tanto, no es solo fusionar empresas para hacerlas más grandes, sino construir un mercado único en el que esa escala surja de manera natural y permita nuevas fórmulas de cooperación industrial, tecnológica y operativa. En ese marco, insistir en un discurso centrado casi exclusivamente en la consolidación corporativa por fusiones, mientras otros países ya se preparan para participar en proyectos europeos a través de consorcios, alianzas y “joint ventures”, no revela visión estratégica, sino una preocupante miopía sobre hacia dónde se dirige realmente Europa.

Por eso la posición que hoy proyecta Murtra no solo parece contradictoria; parece también desalineada con el sentido profundo de la nueva etapa europea. Mientras Italia mueve ficha para reforzar a TIM y preservar capacidad nacional de decisión antes de integrarse en futuros esquemas continentales de cooperación, Telefónica continúa lanzando mensajes cambiantes, sin lograr convencer al mercado, sin haber generado nuevos catalizadores claros de valor y sin mostrar una estrategia que encaje con la arquitectura que Bruselas empieza a dibujar. Esa combinación de ambigüedad discursiva, debilidad bursátil y falta de alineamiento estratégico es impropia de una compañía que debería estar liderando, no improvisando.

Y aquí el Gobierno español ya no puede refugiarse ni en la comodidad del accionista pasivo ni en la ambigüedad de la “decisión corporativa”. Con la SEPI dentro del capital de Telefónica, el Estado no puede ni debe permanecer impasible mientras otros países ya se están posicionando con claridad ante el nuevo escenario europeo. No basta con estar en el accionariado; hay que saber para qué se está. El Gobierno tiene la obligación de definir qué papel quiere que juegue Telefónica en la Europa que viene: si la quiere como simple activo defensivo, gestionado a golpe de equilibrios políticos y mensajes cambiantes, o como un verdadero instrumento de política industrial, tecnológica y de soberanía estratégica, con capacidad para integrarse en consorcios paneuropeos, “joint ventures” y proyectos compartidos en redes, ciberseguridad, datos, inteligencia artificial e infraestructuras críticas. Esa definición no puede seguir aplazándose.

Porque el mayor riesgo para Telefónica ya no es solo perder valor en bolsa, ni presentar malos resultados, ni recortar dividendo, ni destruir empleo mientras promete transformación futura. El mayor riesgo es llegar tarde al momento en que se está decidiendo quién contará en la nueva Europa de las telecomunicaciones y quién quedará relegado a adaptarse a decisiones tomadas por otros. Y si España permite que su principal operador llegue a esa cita sin una estrategia coherente, sin liderazgo claro y sin alineamiento con la nueva lógica europea, entonces el problema dejará de ser solo de Murtra o de Telefónica. Será un fracaso de país.

Final del formulario

Principio del formulario

Ya lo dijo Peter Drucker: “La inconsistencia es el primer síntoma de una estrategia que no existe.” Final del formulario

 

Final del formulario

 

Final del formulario

 

 

Final del formulario

 

 

Final del formulario

 

 

Final del formulario

 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario