La mejor forma de entender el cambio que hoy vive el sector de las telecomunicaciones es recordar que, durante años, las operadoras europeas presumieron de ser quienes construían las “autopistas digitales”. La metáfora era acertada, pero incompleta. Porque mientras ellas invertían en asfalto, túneles y carriles —fibra, 4G y 5G—, otros empezaron a construir los camiones, los almacenes, las plataformas logísticas y los sistemas de peaje. Hoy, con la inteligencia artificial, esa diferencia se ha vuelto evidente: las telecos siguen siendo imprescindibles para que los datos circulen, pero los grandes beneficios ya no están solo en transportar el tráfico, sino en procesarlo, almacenarlo y convertirlo en servicios de alto valor. Esa es la paradoja que explica la debilidad estratégica de Telefónica y de buena parte del sector europeo.
La irrupción de la inteligencia artificial está desencadenando una carrera global por una infraestructura que hasta hace pocos años era considerada un activo tecnológico más: los centros de datos. Lo que hoy está en juego no es únicamente la capacidad de almacenar información o ejecutar aplicaciones en la nube, sino el control de la capacidad de computación que sustentará la economía digital, la inteligencia artificial, la industria, la defensa y los servicios públicos durante las próximas décadas. Estados Unidos ha entendido esta realidad y está acelerando la conexión de nuevos centros de datos a su red eléctrica para mantener su liderazgo tecnológico. Europa, por su parte, intenta reaccionar combinando inversión, regulación y soberanía digital. En este contexto, España emerge como uno de los grandes destinos europeos para la nueva ola de infraestructuras digitales. Sin embargo, detrás de esta oportunidad aparecen interrogantes de enorme relevancia sobre energía, competitividad, soberanía tecnológica y el papel que podrán desempeñar operadores históricos como Telefónica en un mercado cada vez más dominado por los grandes hiperescaladores globales.
El 7 de mayo se publicaba en el prensa la noticia donde se informaba que los reguladores federales de Estados Unidos han ordenado a los operadores regionales de la red eléctrica que aceleren la conexión de grandes consumidores de energía, especialmente centros de datos de inteligencia artificial, al sistema nacional de transmisión eléctrica. La medida busca responder al fuerte aumento de demanda energética provocado por la expansión de la IA https://tinyurl.com/y27fd39y La orden fue impulsada por el secretario de Energía, Chris Wright, quien pidió a la Comisión Federal Reguladora de Energía, FERC, actuar para que Estados Unidos pueda competir mejor con China en el sector de la inteligencia artificial https://tinyurl.com/y27fd39y Las empresas tecnológicas y los promotores de centros de datos celebraron la decisión, porque algunos de estos complejos consumen más electricidad que una ciudad pequeña. En cambio, empresas eléctricas, estados y operadores regionales temían perder control sobre el proceso de conexión, aunque la FERC aseguró que los estados seguirán controlando tarifas, condiciones y normas del suministro minorista https://tinyurl.com/y27fd39y
La decisión llega en un contexto de creciente rechazo social a los centros de datos. Muchas comunidades se quejan por su enorme consumo de electricidad y agua, además de posibles problemas de ruido, contaminación, escasez de agua y pérdida de terrenos agrícolas o espacios abiertos https://tinyurl.com/y27fd39y La FERC aprobó la medida por unanimidad. Ordenó a seis operadores regionales de red garantizar que los centros de datos de IA y otros grandes consumidores puedan conectarse al sistema de transmisión de forma “oportuna y ordenada”. La presidenta de la comisión, Laura Swett, calificó la votación como “histórica” y dijo que busca modernizar el mercado eléctrico sin cargar los costes a los consumidores normales https://tinyurl.com/y27fd39y Según la orden, los centros de datos deberán pagar el coste completo de las mejoras necesarias para conectarse a la red. Sin embargo, AP señala que esta medida no resuelve por sí sola el problema de fondo: en algunas zonas la oferta eléctrica se está tensando, suben las facturas y existen advertencias de apagones porque los centros de datos se construyen más rápido que las nuevas centrales eléctricas https://tinyurl.com/y27fd39y
El abogado Robert Montejo afirmó que la IA ha cambiado por completo el panorama eléctrico: la red y las normas anteriores no estaban diseñadas para una demanda tan rápida y masiva. Los seis operadores afectados cubren a unos 200 millones de estadounidenses, aproximadamente dos tercios de la jurisdicción de la FERC https://tinyurl.com/y27fd39y Actualmente, las grandes tecnológicas buscan desesperadamente energía para sus centros de datos. En algunas regiones, conectarse a la red puede tardar años. Además, hay oposición local en muchas comunidades donde los vecinos no quieren vivir cerca de estas instalaciones. En EE.UU ya operan más de 4.000 centros de datos, y otros 3.000 están planificados o en construcción https://tinyurl.com/y27fd39y La FERC dio a los operadores de red 30 días para explicar cómo garantizarán suficiente suministro eléctrico para nuevos centros de datos, y 60 días para presentar planes de integración de grandes consumidores bajo las nuevas directrices https://tinyurl.com/y27fd39y Además, datos del Electric Power Research Institute indican que los centros de datos ya representan alrededor del 5% de la demanda eléctrica de Estados Unidos, y esa cifra podría triplicarse para 2035 https://tinyurl.com/y27fd39y
En Europa la situación es parecida a la de EE.UU en el fondo, pero distinta en la forma: el problema ya no es solo construir más centros de datos, sino conseguir energía firme, conexión a red, suelo, permisos y refrigeración sin disparar el coste eléctrico ni bloquear otros usos industriales.
La Agencia Internacional de la Energía estima que los centros de datos consumieron en la UE unos 70 TWh en 2024 y que podrían llegar a 115 TWh en 2030. Es decir, el consumo crecería con fuerza, pero no al ritmo absoluto de Estados Unidos. A escala mundial, los centros de datos consumieron unos 415 TWh en 2024 y podrían alcanzar unos 945 TWh en 2030; la mayor parte del crecimiento previsto se concentra en EE.UU y China, mientras que Europa crecería en torno a 45 TWh adicionales, aproximadamente un 70% más respecto a 2024 https://tinyurl.com/y688ffyz
La diferencia clave es que Europa parte de una red eléctrica más tensionada en ciertas zonas, con menos margen para conectar grandes cargas rápidamente. Los centros de datos no consumen energía de forma flexible como una vivienda o una fábrica convencional: necesitan suministro continuo, estable y de alta potencia. Un centro de datos medio puede requerir entre 5 y 10 MW, mientras que un hyperscale grande puede superar los 100 MW, equivalente al consumo anual de unas 100.000 viviendas. En la UE, los centros de datos rondan el 3% de la demanda eléctrica total, pero el impacto local puede ser mucho mayor: en Irlanda superan el 20% https://tinyurl.com/4ef87c66
Por eso, el cuello de botella europeo no es únicamente la generación eléctrica total, sino la disponibilidad real de potencia en el punto exacto donde se quiere construir. Frankfurt, Londres, Ámsterdam, París y Dublín siguen siendo los grandes hubs europeos, pero precisamente por su éxito sufren saturación de red, falta de suelo y más presión regulatoria. La consecuencia es que el crecimiento se está desplazando hacia mercados secundarios como Madrid, Milán, Polonia o países nórdicos, donde puede haber más suelo, mejor acceso a renovables o menor congestión. CBRE prevé que Europa añada más de 750 MW de capacidad de centros de datos en el año 2026, una cifra récord, aunque insuficiente para eliminar la escasez de capacidad disponible https://tinyurl.com/3xmd269m
El caso de Países Bajos muestra bien el problema europeo. El país ha impuesto moratorias locales a nuevas conexiones eléctricas desde 2022, y la demanda de centros de datos se suma a la electrificación industrial, la expansión renovable y la falta de infraestructura de red. TenneT señala que los centros de datos podrían pasar de consumir el 5% de la electricidad nacional al 15% en 2030. Además, los proyectos de red pueden tardar hasta 12 años, y más de la mitad de los proyectos necesarios para 2030 siguen pendientes de permisos https://tinyurl.com/wbxuhxyp
La relación entre consumo y disponibilidad energética en Europa, por tanto, es desequilibrada: hay capacidad renovable creciendo, especialmente solar y eólica, y también nuclear en algunos países, pero la red de transporte y distribución no siempre puede entregar esa energía donde se necesita. La IEA indica que en Europa la electricidad adicional para centros de datos procederá sobre todo de renovables y nuclear, que juntas podrían cubrir hasta el 85% del suministro de estos centros en 2030. Sin embargo, eso no elimina los retrasos de conexión ni la congestión local https://tinyurl.com/ftru2nfh
Europa está intentando reducir la brecha con EE.UU. por tres vías. La primera es aumentar capacidad física. La Comisión Europea quiere triplicar la capacidad de centros de datos en los próximos cinco a siete años y ha lanzado el plan AI Continent, con 200.000 millones de euros para impulsar IA, 20.000 millones para hasta cinco gigafactorías de IA y 19 AI factories para startups, industria e investigación https://tinyurl.com/5xv2vhex
La segunda vía es ordenar el crecimiento energéticamente. A diferencia de EE.UU, donde la prioridad actual es acelerar conexiones para competir en IA, Europa está combinando expansión con obligaciones de eficiencia, transparencia y sostenibilidad. La Directiva de Eficiencia Energética exige que los centros de datos reporten consumo de energía, uso de agua y renovables; además, la Comisión prepara una etiqueta europea de eficiencia para centros de datos https://tinyurl.com/y688ffyz
La tercera vía es cambiar la geografía del sector. Europa no puede concentrar todo el crecimiento en los hubs tradicionales porque la red no lo soporta. Por eso el mercado se está moviendo hacia localizaciones donde haya potencia disponible, acceso a renovables, menor presión urbanística y posibilidades de reutilizar calor residual. Esto no elimina el gap con EE.UU, pero sí permite crecer de forma más distribuida y menos dependiente de cinco ciudades saturadas.
La conclusión es clara: Europa no está parada, pero su avance es más regulado y más condicionado por la red eléctrica. Estados Unidos está construyendo a mayor escala y con más agresividad, impulsado por hyperscalers y demanda de IA. Europa intenta reducir la distancia mediante inversión pública-privada, AI factories, gigafactorías, eficiencia energética y diversificación territorial. Su mayor riesgo no es la falta de ambición, sino que la infraestructura eléctrica, los permisos y la disponibilidad local de potencia crezcan más despacio que la demanda de IA.
La radiografía de España en esta cuestión es clara: el país está pasando de tener un mercado de centros de datos relativamente pequeño a convertirse en uno de los polos de crecimiento del sur de Europa. El salto no se debe solo al uso normal de la nube, sino sobre todo a la inteligencia artificial, a las nuevas regiones cloud, a los cables submarinos, a la disponibilidad de renovables y al interés de grandes operadores por instalar campus de gran potencia.
En el año 2025, la potencia instalada de centros de datos en España se situó en torno a 439 MW, un 24% más que el año anterior, y SpainDC proyecta que podría alcanzar 2.537 MW en 2030, es decir, multiplicarse por casi seis en cinco años. La inversión directa e indirecta asociada podría llegar a 66.900 millones de euros hasta 2030. Madrid sigue siendo el principal nodo, con una previsión de hasta 612 MW de potencia IT instalada en 2030, mientras Barcelona, Aragón, Comunidad Valenciana, País Vasco, Extremadura, Castilla-La Mancha y Cantabria aparecen como polos relevantes de expansión https://tinyurl.com/yc3zsbuf
La situación actual debe entenderse con una precisión importante: cuando el sector habla de megavatios de centros de datos normalmente se refiere a potencia IT, es decir, la potencia destinada a servidores, almacenamiento y equipos informáticos. Pero el consumo eléctrico total de una instalación es mayor, porque incluye refrigeración, sistemas eléctricos auxiliares, seguridad, iluminación y pérdidas. Por tanto, 439 MW de potencia IT no equivalen exactamente a 439 MW de demanda total de red, aunque sí sirven como referencia principal para medir el tamaño del mercado.
Si esos 439 MW funcionaran de forma continua durante todo el año, solo la parte IT supondría aproximadamente 3,8 TWh anuales. Si en 2030 se alcanzaran los 2.537 MW, la energía anual asociada solo a la carga IT sería de unos 22,2 TWh. Esta cifra debe leerse como una equivalencia técnica de potencia por horas del año, no como una previsión oficial cerrada de consumo final. Para compararlo, la demanda eléctrica nacional en 2025 fue de 256 TWh, o algo más de 269 TWh si se incluye el autoconsumo https://tinyurl.com/35mwx2kr
Esto significa que, si la potencia proyectada para centros de datos se materializa, el sector pasaría de ser un consumo todavía manejable a convertirse en una nueva gran demanda estructural del sistema eléctrico español. No sería comparable al conjunto de la industria, ni absorbería por sí solo la capacidad eléctrica del país, pero sí tendría un peso suficiente para condicionar la planificación de redes, las subestaciones, la disponibilidad de potencia en ciertos territorios y la velocidad de conexión de nueva demanda.
España parte con una ventaja energética relevante: tiene mucha potencia renovable instalada y sigue creciendo. En 2025, la potencia instalada total del sistema eléctrico español alcanzó 142.558 MW, o 150.809 MW si se incluye autoconsumo. Las renovables representaron el 67,1% de la potencia instalada nacional y generaron el 55,5% de la electricidad del año. Además, en 2025 se incorporaron casi 10 GW renovables, de los cuales casi 9 GW fueron solares fotovoltaicos https://tinyurl.com/35mwx2kr
El problema, por tanto, no es solo si España produce suficiente electricidad anual. El verdadero cuello de botella es si la red puede entregar grandes bloques de potencia firme exactamente donde se quieren instalar los centros de datos. Un campus de IA no necesita solo energía barata; necesita conexión de alta capacidad, redundancia, estabilidad, refrigeración, permisos y plazos fiables. Por eso Madrid, aunque es el principal hub, tiene límites evidentes: concentra demanda, conectividad y clientes, pero también presión sobre suelo, red y disponibilidad de potencia.
La planificación eléctrica española ya refleja este cambio. El MITECO ha planteado que la nueva planificación de red con horizonte 2030 atienda 27,7 GW de nueva demanda desde la red de transporte, frente a los 2 GW de la planificación vigente anterior. También contempla 5,3 GW adicionales de apoyo a redes de distribución. Esta cifra no corresponde solo a centros de datos: incluye industria, hidrógeno, puertos, electrificación y otros nuevos consumos. Pero muestra que España está rediseñando su red para absorber una demanda eléctrica mucho más intensa https://tinyurl.com/5f9uwyv3
La construcción proyectada confirma que el mercado español ya no se limita a Madrid. Colliers recoge proyectos de gran escala como el campus Altamira en Cantabria, con una capacidad prevista de 480 MW hacia 2032; los campus de Merlin Properties en Extremadura, cada uno con objetivo de 1 GW; el proyecto Bilbao-Arasur, con objetivo de 125 MW IT ampliable a 180 MW; proyectos en Talavera de la Reina vinculados a Meta y Substrate AI; y desarrollos en Valencia relacionados con conectividad submarina https://tinyurl.com/44h3ps49
Esta expansión tendrá varios efectos sobre el mercado español. El primero será sobre la red eléctrica: habrá que reforzar transporte y distribución, construir nuevas posiciones de subestación, aumentar capacidad de transformación y acelerar permisos. Red Eléctrica ya señala que la red de transporte sigue siendo clave para la transición energética; en 2025 aumentó la longitud de circuitos hasta 46.155 km y la capacidad de transformación hasta 99.071 MVA, pero el crecimiento de nueva demanda exigirá más inversión.
El segundo efecto será territorial. Las comunidades con más renovables, suelo disponible y capacidad de conexión ganarán atractivo. Aragón, Extremadura, Castilla-La Mancha, Cantabria o Comunidad Valenciana pueden captar proyectos que en otros países europeos irían a hubs tradicionales como Frankfurt, Londres, Ámsterdam o París. España compite precisamente porque combina buena conectividad internacional, renovables abundantes y menor saturación relativa que otros mercados europeos.
El tercer efecto será sobre precios y costes regulados. No puede afirmarse automáticamente que los centros de datos vayan a encarecer la luz doméstica, porque dependerá de cómo se financien las redes, de los peajes, de los contratos de suministro y de si los promotores pagan sus infraestructuras asociadas. Pero sí es cierto que una demanda nueva, intensa y concentrada obliga a invertir en red. EY estima que la demanda eléctrica española podría aumentar entre un 33% y un 54% para 2030, hasta 305,8-360,8 TWh, y que los nuevos vectores de demanda, incluidos centros de datos, hidrógeno, puertos y recarga eléctrica, podrían sumar más de 170 TWh en 2035 https://tinyurl.com/mvjmdw7b
El cuarto efecto será industrial. Los centros de datos pueden atraer inversión, empleo técnico, proveedores eléctricos, ingeniería, construcción, refrigeración, ciberseguridad y servicios cloud. SpainDC estima un impacto potencial de hasta 7.300 millones de euros anuales en PIB y más de 16.000 empleos directos e indirectos al final de la década https://tinyurl.com/yc3zsbuf
La conclusión es que España tiene una oportunidad real, pero condicionada. Dispone de renovables, suelo y conectividad, y por eso está ganando peso en el mapa europeo. Pero el crecimiento proyectado de centros de datos no será automático: dependerá de que la red eléctrica llegue antes que los proyectos, de que los permisos no bloqueen las inversiones y de que el sistema pueda absorber una demanda continua de varios gigavatios sin perjudicar a otros consumidores industriales. En términos energéticos, España no está ante un problema inmediato de falta absoluta de electricidad, sino ante un reto de potencia disponible, red, planificación y localización.
Telefónica entra en este escenario con una posición híbrida: no aparece como el gran promotor inmobiliario de megacentros de datos al estilo Amazon, Microsoft, Merlin o ACS, pero sí como una operadora con activos muy valiosos para capturar parte del negocio: red de fibra, 5G, clientes empresariales, ciberseguridad, cloud, edge computing, soberanía del dato y alianzas con hyperscalers.
La primera idea importante es que Telefónica redujo su exposición directa al negocio clásico de “propietario de grandes data centers” bajo la presidencia de Álvarez-Pallete. En 2019 vendió una cartera de centros de datos a Asterion, operación que dio origen a Nabiax, y en el año 2021 aportó más activos a cambio de una participación del 20%. En noviembre del año 2024, Asterion y Telefónica acordaron vender Nabiax a Aermont, incluyendo la participación de Telefónica. Nabiax contaba con tres centros de datos en Alcalá de Henares, Julián Camarillo y Terrassa, con 35 MW IT instalados y capacidad de escalar por encima de 100 MW a medio plazo https://tinyurl.com/4ebxepjz
Sin embargo, la posición actual de Telefónica también refleja una de las decisiones estratégicas más discutidas de la última década en el sector europeo de las telecomunicaciones. Mientras Estados Unidos permitió la aparición de gigantes tecnológicos capaces de controlar simultáneamente infraestructuras digitales, plataformas cloud, inteligencia artificial y centros de datos a gran escala, los operadores europeos permanecieron centrados en la conectividad y sometidos a un marco regulatorio mucho más fragmentado dando de lado al futuro. El resultado es que, en el momento en que la inteligencia artificial y la computación en la nube se convierten en los principales motores de inversión digital, Telefónica se encuentra obligada a colaborar con los grandes hiperescaladores estadounidenses —Google, Microsoft, Amazon u Oracle— para participar en el crecimiento del mercado. Estas alianzas le permiten generar ingresos en áreas como la conectividad, la ciberseguridad, la nube híbrida, la soberanía del dato o el edge computing, pero el control de las plataformas, de los servicios de inteligencia artificial y de una parte sustancial del valor añadido permanece en manos de los hiperescaladores.
Esta situación conecta directamente con las conclusiones de los informes Draghi y Letta, que alertan sobre la pérdida de competitividad tecnológica europea y sobre la excesiva fragmentación del mercado digital de la Unión. Ambos informes sostienen que Europa necesita empresas con escala suficiente para competir globalmente en sectores estratégicos y que la regulación europea ha dificultado la creación de campeones tecnológicos capaces de rivalizar con los grandes grupos estadounidenses y chinos. Desde esta perspectiva, la venta de activos de centros de datos y la ausencia de una apuesta temprana por construir una plataforma cloud europea de gran escala deben interpretarse como decisiones que han reducido la capacidad de Telefónica para capturar una mayor parte del valor generado por la nueva economía de la inteligencia artificial. Como consecuencia, la operadora ocupa hoy una posición relevante dentro de la cadena de valor digital, pero no controla los segmentos que concentran los mayores márgenes, el mayor crecimiento y la mayor capacidad de fijación de precios. En un escenario en el que los centros de datos, la nube y la inteligencia artificial se están convirtiendo en infraestructuras críticas para la economía europea, el desafío para Telefónica ya no es únicamente desplegar redes, sino determinar hasta qué punto puede recuperar protagonismo en capas de negocio donde actualmente depende de alianzas con actores que poseen la tecnología, la escala financiera y las plataformas dominantes del mercado.
Eso significa que Telefónica no está hoy posicionada principalmente como casero de grandes centros de datos como si hacen los hiperescaladaores, sino como proveedor de conectividad, servicios digitales, cloud gestionado y capacidades de edge. Esta diferencia es clave: si España vive un boom de construcción de centros de datos, Telefónica no necesariamente capturará el valor inmobiliario o eléctrico de cada campus, pero sí puede capturar valor en la capa de telecomunicaciones, interconexión, servicios gestionados, ciberseguridad, nube soberana e integración tecnológica.
Lo más relevante que está haciendo Telefónica en España es el despliegue de una red nacional de 17 nodos de edge computing. La compañía anunció en enero de 2026 este plan para crear infraestructuras tecnológicas distribuidas, seguras y sostenibles en España. En febrero activó servicios comerciales B2B en cinco nodos: Madrid, Valencia, Sevilla, Bilbao y A Coruña. La lógica del edge es distinta a la de un gran hyperscale: no se trata de concentrar miles de servidores en un único campus, sino de acercar capacidad de cómputo al cliente, reducir latencia y dar soporte a usos como IA industrial, vídeo, IoT, sanidad, administración pública, logística o redes privadas https://tinyurl.com/3spf2z8j
Esta red de edge puede ser especialmente importante porque el crecimiento de los centros de datos no será solo centralizado. La IA generativa y el cloud necesitan grandes centros de entrenamiento, pero muchas aplicaciones empresariales necesitan inferencia, baja latencia y procesamiento cerca del punto de uso. Ahí Telefónica tiene una ventaja clara: ya dispone de centrales, fibra, red móvil, presencia territorial y clientes corporativos. Cinco Días señalaba que el plan parte de 17 minicentros de datos, con 10 nodos ya activados y posibilidad de llegar a unos 100 nodos si la demanda lo justifica https://tinyurl.com/pbspxdbz
La segunda línea de actuación es Telefónica Tech. En el año 2025, Telefónica Tech aumentó sus ingresos un 18,9%, hasta 2.222 millones de euros, consolidándose como la unidad de crecimiento digital del grupo. Su actividad se concentra en ciberseguridad, cloud, datos, IA, IoT y servicios digitales para empresas y administraciones https://tinyurl.com/z7e3u56e
Esta parte es fundamental porque el negocio que se abre alrededor de los centros de datos no es solo construir edificios con servidores. También es migrar sistemas, proteger datos, operar nubes híbridas, gestionar cumplimiento regulatorio, desplegar IA empresarial, conectar sedes, asegurar infraestructuras críticas y administrar entornos multicloud. Ahí Telefónica puede ganar más como integrador y operador tecnológico que como constructor de megacentros.
La tercera línea es la nube soberana. En mayo de 2026, Telefónica y Google Cloud anunciaron una alianza para ofrecer soluciones de nube soberana en España. Google eligió a Telefónica como socio de confianza para soberanía del dato, con Google Cloud Data Boundary y cifrado gestionado por Telefónica. La oferta va dirigida especialmente a administraciones públicas y empresas reguladas, donde importan la residencia del dato, el control de accesos, el cumplimiento normativo y la autonomía operativa https://tinyurl.com/3nmbkxjc
Esta estrategia encaja solo parcialmente con la visión que hoy defienden los informes de Mario Draghi y Enrico Letta sobre el futuro de la competitividad europea. La Unión Europea es consciente de que no puede permitirse una dependencia absoluta de las infraestructuras digitales estadounidenses o chinas, pero al mismo tiempo reconoce que, en el corto y medio plazo, tampoco puede prescindir de los grandes hiperescaladores mientras no disponga de capacidades propias comparables en nube, inteligencia artificial y centros de datos a gran escala.
Por ello, está tomando forma un modelo basado en la denominada soberanía digital compartida, en el que los grandes proveedores tecnológicos aportan la escala, la capacidad de inversión y las plataformas tecnológicas, mientras que operadores europeos como Telefónica proporcionan conectividad, operación local, ciberseguridad, cifrado, cumplimiento normativo y acceso a clientes institucionales y empresariales. Sin embargo, este modelo presenta una limitación evidente: el control de las infraestructuras críticas de computación, de las plataformas cloud y de buena parte del valor añadido asociado a la inteligencia artificial continúa concentrado en los hiperescaladores.
En este contexto, la consolidación de las telecomunicaciones europeas impulsada por Marc Murtra puede contribuir a generar operadores con mayor tamaño financiero y capacidad inversora, pero difícilmente resolverá por sí sola el problema de la soberanía tecnológica. La integración de operadoras mejora la escala comercial, optimiza redes y refuerza la capacidad de inversión, pero no crea automáticamente centros de datos hiperescalables, plataformas cloud globales, modelos de inteligencia artificial ni ecosistemas tecnológicos equivalentes a los desarrollados por los grandes actores estadounidenses. La verdadera cuestión estratégica para Europa no es únicamente disponer de operadores más grandes, sino desarrollar infraestructuras digitales propias capaces de competir en aquellos segmentos donde se concentra el mayor valor económico y tecnológico de la economía digital.
La cuarta línea es su relación con Oracle. Oracle anunció una inversión de más de 1.000 millones de dólares en IA y cloud en España durante la próxima década, incluyendo una tercera región cloud en Madrid. Esa expansión se desarrolla en colaboración con Telefónica España. Ya en 2022, Oracle y Telefónica Tech anunciaron que Telefónica sería socio anfitrión de la región cloud de Oracle en Madrid https://tinyurl.com/4xk246ds
Esto refuerza la idea de que Telefónica no está compitiendo frontalmente con los hyperscalers, sino intentando situarse como socio local necesario. En un país donde la demanda de centros de datos crecerá por IA, nube y soberanía del dato, esa posición puede ser rentable si Telefónica consigue capturar servicios recurrentes de conectividad, operación, seguridad y migración cloud.
Desde el punto de vista energético, Telefónica tiene una doble lectura. Por un lado, sus propias redes consumen mucha energía, y el crecimiento del tráfico de datos presiona esa factura. Por otro, la compañía lleva años reduciendo intensidad energética mediante fibra, apagado de cobre, modernización de red y 5G. Telefónica afirma que su electricidad es 100% renovable en Europa y Brasil, y que en los centros de datos que opera, propios y de terceros, el 92% de 284.649 MWh procede de fuentes renovables https://tinyurl.com/2kfne8v8
Esto le da una ventaja reputacional y comercial, porque los clientes de centros de datos y cloud están cada vez más obligados a justificar consumo energético, emisiones, trazabilidad y sostenibilidad. Telefónica no evita el problema eléctrico del sector, pero puede presentarse como operador de infraestructura digital más eficiente que en el pasado. En el año 2025 también comunicó una reducción del 49% de emisiones respecto a 2015 y energía 100% renovable en Europa y Brasil https://tinyurl.com/2s3tyebc
El impacto para Telefónica puede ser positivo, pero no automático. Será positivo si el crecimiento de centros de datos en España aumenta la demanda de conectividad de alta capacidad, redes privadas, fibra empresarial, cloud híbrido, ciberseguridad, edge, servicios gestionados e IA corporativa. En ese escenario, Telefónica puede vender más a empresas, administraciones, operadores cloud y sectores regulados. También puede reforzar su papel como infraestructura crítica nacional.
Pero también hay riesgos. El primero es que los hyperscalers capturen la mayor parte del valor económico directo. Amazon, Microsoft, Google y Oracle tienen escala, capital y plataformas globales. Telefónica puede ser socio, pero no controla toda la cadena. El segundo riesgo es que el negocio de centros de datos exige mucha inversión, y Telefónica viene de años de presión financiera, deuda elevada y reestructuración. En el año 2025 cerró con pérdidas atribuidas por impactos extraordinarios, aunque su flujo de caja libre de operaciones continuadas fue de 2.069 millones de euros y Telefónica Tech siguió creciendo https://tinyurl.com/3azsbebt
El tercer riesgo es competitivo. MasOrange, Vodafone, operadores neutros de fibra, integradores tecnológicos y proveedores cloud también quieren capturar este mercado. Vodafone, por ejemplo, ha lanzado líneas de ciberdefensa y nube soberana vinculadas a redes edge y seguridad nacional. Telefónica parte con ventaja histórica en administraciones, grandes empresas y red nacional, pero no tiene el mercado garantizado.
En conjunto, Telefónica se está posicionando de forma pragmática. No parece apostar por convertirse en el mayor constructor de megacentros de datos de España. Su estrategia visible es situarse en las capas donde ya tiene fortaleza: conectividad, edge computing, cloud gestionado, soberanía del dato, ciberseguridad, alianzas con hyperscalers y servicios B2B. Si España se convierte en un gran hub europeo de centros de datos, Telefónica puede beneficiarse de forma relevante, no tanto por vender megavatios de capacidad inmobiliaria, sino por operar la capa digital que conecta, protege y gestiona esa nueva infraestructura.
En última instancia, el debate trasciende a Telefónica y afecta al conjunto del sector europeo de las telecomunicaciones. Durante años, las operadoras invirtieron cientos de miles de millones de euros en desplegar redes de fibra y 5G, convirtiéndose en los principales financiadores de la infraestructura digital europea. Sin embargo, gran parte del valor generado sobre esas redes terminó concentrándose en los hiperescaladores, que hoy controlan las plataformas cloud, los grandes centros de datos, los servicios de inteligencia artificial y buena parte de la economía digital. El resultado es una paradoja estratégica: las telecos europeas poseen las autopistas por las que circulan los datos, pero no controlan los vehículos, las mercancías ni los peajes de mayor valor añadido. Precisamente por ello, los informes Draghi y Letta insisten en la necesidad de construir campeones tecnológicos europeos capaces de competir en infraestructuras críticas digitales. Desde esta perspectiva, la venta de activos de centros de datos por parte de Telefónica aparece hoy como una decisión difícil de reconciliar con la estrategia industrial que Europa intenta impulsar en la actualidad. La cuestión ya no es únicamente si las operadoras deben consolidarse para ganar escala, sino si Europa será capaz de recuperar posiciones en los segmentos donde realmente se está concentrando el poder económico, tecnológico y geopolítico de la nueva economía digital.
Si los centros de datos, la computación en la nube y la inteligencia artificial se convierten en las nuevas infraestructuras críticas del siglo XXI, Europa corre el riesgo de repetir un patrón que ya conoce bien: construir y financiar la infraestructura física mientras terceros capturan la mayor parte del valor generado sobre ella. La batalla ya no se libra únicamente en las redes de telecomunicaciones, sino en quién controla la capacidad de computación, los datos, las plataformas y los modelos de inteligencia artificial. Ese es precisamente el terreno donde hoy se encuentra la mayor debilidad estratégica de las operadoras europeas y, al mismo tiempo, uno de los mayores desafíos para la autonomía tecnológica de la Unión Europea.
Para terminar el post quiero manifestar que al comienzo de este análisis recordábamos la vieja metáfora de las operadoras europeas construyendo las autopistas digitales. Vista la evolución del mercado, quizá el verdadero problema no fue que la metáfora fuera incorrecta, sino que las propias telecos terminaron creyendo que construir la carretera era suficiente para controlar el negocio. Mientras Europa celebraba el despliegue de la fibra y del 5G, otros actores comprendieron que el valor futuro no estaría únicamente en transportar datos, sino en almacenarlos, procesarlos, explotarlos y convertirlos en inteligencia económica.
Hoy la realidad es difícil de ignorar. Los centros de datos, la computación en la nube y la inteligencia artificial se están convirtiendo en las infraestructuras críticas de la economía digital del siglo XXI, del mismo modo que las redes eléctricas, los ferrocarriles o las autopistas lo fueron en etapas anteriores del desarrollo económico. Sin embargo, cuando Europa descubre la importancia estratégica de estas infraestructuras, buena parte de ellas ya están en manos de compañías estadounidenses que controlan la tecnología, la capacidad financiera, las plataformas, los datos y la relación directa con el cliente.
La posición de Telefónica simboliza perfectamente esta contradicción. La compañía dispone de una de las mejores redes de telecomunicaciones del continente, una enorme base de clientes, capacidades relevantes en ciberseguridad, cloud y servicios digitales, y una presencia estratégica en mercados clave. Pero al mismo tiempo ha quedado relegada a una posición secundaria en algunos de los segmentos que más valor capturarán durante las próximas décadas. Mientras los hiperescaladores construyen centros de datos de cientos de megavatios, desarrollan modelos de inteligencia artificial, controlan plataformas cloud globales y atraen la mayor parte de las inversiones, las operadoras europeas se ven obligadas a desempeñar el papel de socios tecnológicos necesarios, pero no de actores dominantes.
La paradoja es evidente: quienes financiaron durante años la infraestructura digital europea corren el riesgo de convertirse en proveedores de acceso dentro de un ecosistema cuyo poder económico reside cada vez más en otras capas de la cadena de valor. Las fusiones entre operadoras pueden mejorar balances, generar eficiencias y aumentar la capacidad inversora, pero no resolverán por sí solas una carencia mucho más profunda: Europa sigue careciendo de suficientes infraestructuras propias de computación a gran escala, plataformas cloud competitivas y capacidades de inteligencia artificial comparables a las de Estados Unidos o China.
Por eso, el verdadero debate ya no consiste en determinar cuántos centros de datos se construirán en España o cuántos gigavatios adicionales podrá absorber la red eléctrica. La cuestión de fondo es quién controlará esas infraestructuras, quién capturará el valor generado sobre ellas y quién fijará las reglas tecnológicas de la próxima revolución digital. Si Europa no es capaz de responder a esas preguntas con activos propios, corre el riesgo de repetir una historia demasiado conocida: financiar la infraestructura, asumir los costes y contemplar cómo otros capturan la mayor parte de los beneficios. Y en ese escenario, la debilidad estratégica de Telefónica no sería una excepción, sino el reflejo de una debilidad mucho más profunda de la propia Europa.
Ya lo dijo William Gibbson: “El futuro ya está aquí, solo que no está distribuido de manera uniforme.”









No hay comentarios:
Publicar un comentario