Una comparación interesante puede encontrarse lejos del fútbol, en el negocio de las aerolíneas. Una compañía aérea puede invertir cientos de millones en comprar aviones, pero esos activos pueden generar ingresos durante veinte o treinta años. El desembolso inicial es enorme, aunque su capacidad para producir ingresos permanece durante miles de vuelos y numerosos ejercicios.
Los derechos deportivos presentan una característica económica diferente. El contenido de una temporada tiene una vida comercial extraordinariamente corta: una vez disputados los partidos, esos derechos ya no permiten ofrecer la competición de la temporada siguiente. Para mantener el producto es necesario disponer nuevamente de los derechos correspondientes al nuevo campeonato.
La diferencia ayuda a entender por qué el precio de adquisición no es la única cuestión relevante. Una inversión puede ser muy elevada y resultar perfectamente racional si el activo continúa generando caja durante muchos años; otra puede requerir desembolsos recurrentes simplemente para conservar el mismo producto. En el fútbol, por tanto, tan importante como conocer cuánto se paga por los derechos es conocer cuánto rendimiento económico producen durante el breve periodo en el que conservan todo su valor comercial.
El fútbol sigue siendo uno de los contenidos más valiosos de la televisión de pago, pero seguir LaLiga y las competiciones europeas resulta cada vez más caro para el aficionado español. Mientras en varios de los grandes mercados europeos el coste ha descendido durante la última década, España ha recorrido el camino contrario. Este análisis examina cuánto ha aumentado el precio, cuánto cuestan los derechos audiovisuales y qué papel desempeña el fútbol en el negocio de Telefónica, tratando de responder a una cuestión para la que las cuentas públicas todavía dejan importantes incógnitas: ¿hasta qué punto resulta rentable pagar miles de millones por conservar el fútbol?
España se desmarca de Europa: el precio para ver LaLiga y la Champions se dispara un 61% en una década
El comienzo de cada temporada de LaLiga vuelve a situar las audiencias del fútbol español en el centro del debate, pero existe otro indicador que permite observar cómo ha evolucionado el acceso de los aficionados a las principales competiciones: el precio que debe pagar un hogar para ver tanto la liga nacional como las competiciones europeas. Los datos recopilados por el analista François Godard muestran que España ha seguido durante la última década una trayectoria muy diferente a la observada en buena parte de las cinco grandes ligas europeas. Mientras algunos mercados han reducido considerablemente el coste para el espectador, en España el precio ha aumentado alrededor de un 61 % en diez años y otro 5% durante el último año. Los datos y comparaciones aparecen recogidos en la noticia original.
La diferencia respecto a otros grandes mercados europeos es considerable. Según los datos de Godard citados en la información, el coste de acceder conjuntamente a la liga nacional y a la principal competición europea ha descendido durante los últimos diez años un 34% en Francia, un 33% en Italia y un 16% en Reino Unido. España se encuentra en el extremo contrario. El incremento acumulado cercano al 61% convierte al mercado español en uno de los dos únicos entre las cinco grandes ligas europeas donde el precio ha aumentado durante ese periodo. El otro es Alemania, aunque allí el crecimiento ha sido notablemente inferior al español, con una subida acumulada del 33%.
La comparación muestra así dos comportamientos claramente diferenciados. Francia, Italia y Reino Unido han reducido el coste asociado al acceso televisivo al fútbol durante la década analizada, mientras España y Alemania son las dos excepciones entre las cinco grandes ligas. La evolución alemana tiene además características distintas. La fragmentación del antiguo modelo dominado por Sky ha provocado que un espectador necesite actualmente varios servicios para acceder al conjunto de la oferta futbolística, entre ellos DAZN y Amazon Prime Video. Esa multiplicación de suscripciones ha elevado el desembolso necesario para seguir la Bundesliga completa, aunque los datos manejados por Godard indican que, incluso en esas circunstancias, el coste alemán continúa siendo inferior al necesario para seguir la Premier League.
España, la mayor subida entre las cinco grandes ligas
El caso español presenta una estructura diferente. LaLiga comercializa sus derechos domésticos mediante un modelo en el que Telefónica ocupa una posición central en la distribución del fútbol de pago, y los demás operadores interesados en incorporarlo a sus ofertas deben alcanzar sus correspondientes acuerdos para poder ofrecer las competiciones a sus clientes. Telefónica continuará vinculada a los derechos audiovisuales de LaLiga hasta 2032, después de la renovación del último ciclo de derechos.
Desde el punto de vista de LaLiga, el acuerdo ha resultado económicamente favorable. El último análisis de Enders Analysis citado en la información señala que la renovación vinculada a Telefónica ha incrementado el valor de los derechos, un resultado especialmente significativo dentro de un mercado europeo en el que varias competiciones nacionales han encontrado dificultades para aumentar el precio de sus contratos audiovisuales. La evolución favorable del valor de los derechos para la competición española convive, sin embargo, con el incremento del precio que afrontan los consumidores españoles para contratar los paquetes que permiten acceder al fútbol.
La diferencia se observa con claridad al comparar las tarifas actuales con las existentes hace diez temporadas. Según los datos recopilados por el portal especializado Roams.es citados en la información, en la temporada 2016/17 el precio mínimo para acceder al fútbol era de 79,90 euros mensuales en Movistar y de 58,90 euros en Orange. Diez temporadas después, esos mínimos se han incrementado un 46,4 % en Movistar y cerca de un 75 % en Orange. El aumento no corresponde, por tanto, únicamente a la última temporada, sino a una acumulación de incrementos producidos durante buena parte de la última década.
La evolución anual ayuda también a entender el resultado acumulado. Ana de la Torre, experta en telefonía citada por Roams, señala que una subida mensual aparentemente reducida adquiere otra dimensión cuando se repite sucesivamente durante varias temporadas. Incrementos de uno o dos euros al mes pueden tener un efecto limitado en un único ejercicio, pero su acumulación durante años termina modificando considerablemente el coste anual que soporta el consumidor.
Cerca de 1.500 euros al año para acceder a LaLiga
Los cálculos de Roams muestran además que los incrementos no se concentran exclusivamente en una determinada modalidad de contratación. Las diferentes opciones de Movistar para acceder al fútbol han experimentado aumentos de precio, aunque su magnitud depende del paquete elegido y de los servicios adicionales incorporados. El estudio contabiliza hasta 16 combinaciones diferentes de tarifas, con incrementos distribuidos por todo el catálogo.
El resultado es un desembolso anual considerable. Según los datos citados por la información, el precio anual medio para acceder a LaLiga mediante estas ofertas alcanza aproximadamente los 1.475 euros. Como referencia, la noticia compara esa cantidad con los 1.424,50 euros mensuales del salario mínimo interprofesional (SMI) utilizados en sus cálculos. De acuerdo con esa comparación, el gasto anual medio asociado a estas tarifas de fútbol supera el importe de una mensualidad del salario mínimo tomada como referencia.
Las diferencias entre paquetes son, no obstante, importantes. En las modalidades más económicas, el incremento puede quedarse en aproximadamente 5,5 euros anuales para determinadas combinaciones de Movistar Base con todo el fútbol. Las modalidades Max e Ilimitado x2 registran incrementos de alrededor de 30 a 35 euros anuales, mientras que las mayores variaciones aparecen en las opciones que incorporan más servicios y líneas móviles.
El mayor incremento corresponde a Movistar Ilimitado x4, la modalidad que incluye cuatro líneas móviles ilimitadas. Dependiendo de si el usuario contrata LaLiga, la Champions League o el paquete completo de fútbol, el coste anual aumenta entre 48 y 207,20 euros respecto a la temporada anterior. En las combinaciones más completas, la diferencia respecto al ejercicio precedente se aproxima así a los 18 euros mensuales.
Ana de la Torre resume esta situación señalando que el incremento de Movistar no afecta únicamente a una tarifa determinada, sino que se extiende al catálogo, aunque con consecuencias muy diferentes según el tipo de cliente. Las modalidades básicas registran incrementos mensuales relativamente pequeños, mientras que las opciones más completas, especialmente aquellas con cuatro líneas móviles, concentran las mayores subidas absolutas.
Una evolución opuesta a Francia, Italia y Reino Unido
La perspectiva de diez años permite observar mejor la singularidad española. Francia ha reducido un 34 % el coste para acceder a su liga nacional y al fútbol europeo; Italia, un 33 %; y Reino Unido, un 16 %. Alemania ha aumentado un 33 %, mientras España acumula aproximadamente un 61 % de incremento, según los datos de François Godard recogidos en la información. España presenta así la mayor subida de las cinco grandes ligas durante el periodo analizado.
La evolución resulta especialmente relevante porque se produce mientras varios mercados europeos están intentando reducir las barreras económicas para recuperar consumidores que habían abandonado o reducido sus suscripciones. La multiplicación de plataformas necesarias para acceder a distintas competiciones y el precio agregado de esos servicios se han convertido en elementos centrales del mercado audiovisual deportivo europeo. Los datos de Godard muestran que esa tendencia ha terminado generando reducciones de precios en varios de los principales países, pero España no ha seguido hasta ahora ese recorrido descendente.
Al mismo tiempo, LaLiga ha conseguido mantener y aumentar el valor de sus derechos audiovisuales mediante sus acuerdos de largo plazo. Para la competición, la renovación de sus derechos domésticos hasta 2032 proporciona estabilidad contractual y económica, mientras que para el consumidor la evolución durante la última década ha sido la contraria a la experimentada en Francia, Italia y Reino Unido.
Los números sintetizan esa diferencia: España acumula alrededor de un 61% de aumento en diez años y un 5% adicional durante el último año, frente a las caídas acumuladas del 34% en Francia, 33% en Italia y 16% en Reino Unido, mientras Alemania registra un incremento del 33%. A ello se añade que las tarifas españolas analizadas por Roams han pasado, desde los mínimos de 79,90 euros en Movistar y 58,90 euros en Orange en la temporada 2016/17, a niveles un 46,4% y cerca de un 75% superiores, respectivamente, diez temporadas después.
De esta forma, España se sitúa como la principal excepción dentro de las cinco grandes ligas europeas por la magnitud del incremento acumulado del precio para seguir el fútbol durante la última década. Mientras LaLiga ha conseguido reforzar el valor de sus acuerdos audiovisuales y extender su relación contractual hasta 2032, el coste soportado por el espectador español ha avanzado en sentido contrario al de tres de los otros cuatro grandes mercados europeos.
El fútbol español frente a Europa según François Godard y Enders Analysis
El informe European football: An opportunity to reset, publicado por Enders Analysis el 16 de junio de 2020 y firmado por François Godard y Jamie McGowan Stuart, debe situarse en un momento muy concreto. No es un informe sobre la situación actual del fútbol europeo, sino una radiografía realizada inmediatamente después de la interrupción de las competiciones provocada por la COVID-19. Su interés reside precisamente en que identifica problemas que no nacieron con la pandemia: el agotamiento del crecimiento de los derechos audiovisuales, la escasa competencia entre compradores, la dependencia económica de los clubes respecto de la televisión y las grandes diferencias existentes entre las principales ligas europeas.
Informe original de Enders Analysis: European football — An opportunity to reset
Para entender correctamente la posición de España hay que partir de una precisión importante. El informe de 16 de junio de 2020 concentra su análisis cuantitativo detallado en Alemania, Italia y Francia porque sus derechos nacionales debían renegociarse antes. España y Reino Unido estaban en una situación diferente: sus ciclos audiovisuales vigentes se prolongaban hasta 2022 y las correspondientes subastas se esperaban posteriormente. Por tanto, no sería correcto atribuir al informe cifras españolas que este no proporciona. Lo que sí hace Enders es situar explícitamente a España dentro de la comparación europea y calificarla, junto con Alemania e Inglaterra, como una de las ligas “financieramente más saludables” frente a la mayor vulnerabilidad que entonces presentaban Italia y Francia.
Esta consideración de España como mercado relativamente saludable no significa que Godard considerase resueltos sus problemas estructurales. De hecho, el diagnóstico previo de Enders había sido bastante más severo. En el informe Peak football revenues and post-boom scenarios, publicado el 25 de octubre de 2019, François Godard y sus coautores sostenían que los ingresos procedentes de licencias audiovisuales de las cinco grandes ligas europeas probablemente habían entrado en una fase sin crecimiento significativo. En aquel análisis, España aparecía junto con Italia y Francia entre los campeonatos más expuestos a una eventual caída de los ingresos audiovisuales, mientras que el modelo de la Premier League era considerado más robusto.
Por tanto, entre los análisis de octubre de 2019 y junio de 2020 no existe una contradicción. España estaba financieramente en una posición mejor que Italia y Francia para soportar el impacto inmediato de la pandemia, pero continuaba estando expuesta al problema de fondo señalado por Godard: el mercado televisivo europeo estaba dejando atrás la etapa en la que cada nueva subasta garantizaba automáticamente importantes incrementos de ingresos. La pandemia agravó ese escenario, pero no lo creó. En junio de 2020, Enders afirmaba expresamente que las perspectivas de ingresos de las próximas ventas de derechos en Europa continental ya eran negativas antes de incorporar el impacto de la crisis sanitaria.
La comparación con Alemania permite dimensionar el mercado continental. Para el ciclo 2013-2017, Sky pagaba 456 millones de euros anuales por los derechos domésticos en directo de la Bundesliga. En el ciclo 2017-2021, esa cantidad había aumentado hasta 876 millones anuales, mientras Eurosport aportaba otros 70 millones, es decir, aproximadamente 946 millones de euros por temporada entre ambos operadores. El incremento del contrato principal de Sky había sido de aproximadamente el 80 %. Sin embargo, en junio de 2020, Enders advertía que ese crecimiento se había producido bajo unas expectativas de aumento de abonados que posteriormente no se habían materializado con la intensidad prevista: Sky Alemania se mantenía alrededor de 5,1-5,2 millones de abonados durante los tres años anteriores.
Ese dato alemán es importante para comprender la tesis general del informe: el problema europeo no era la falta de valor del fútbol como contenido, sino la ausencia de compradores dispuestos a competir agresivamente entre sí por ese contenido. Enders no veía en junio de 2020 ningún rival capaz de disputar frontalmente a Sky los principales paquetes de la Bundesliga. DAZN estaba debilitada por la crisis y buscaba al menos 500 millones de dólares de nueva financiación, mientras Amazon seguía una política de adquisición selectiva y de gasto limitado. En esas circunstancias, Enders consideraba que la Bundesliga podía darse por satisfecha simplemente con conseguir un incremento modesto de sus derechos.
Italia presentaba una situación más delicada. En el ciclo 2015-2018, Sky pagaba 572 millones de euros por temporada y Mediaset 391 millones. Para 2018-2021, Sky pasó a aproximadamente 780 millones anuales, con la posibilidad de hasta 100 millones adicionales variables, mientras DAZN aportaba 193 millones. Enders cifraba en 1.340 millones de euros anuales el conjunto de los ingresos audiovisuales de la Serie A en 2020. Pero el dato relevante no era únicamente su volumen: los clubes italianos eran descritos por el informe de 16 de junio de 2020 como los más endeudados de Europa, circunstancia que hacía a la Serie A especialmente vulnerable ante cualquier reducción de ingresos.
Esta debilidad explica que la Serie A estuviera estudiando la entrada de capital privado. En mayo-junio de 2020, CVC planteaba aproximadamente 2.200 millones de euros por un 20 % del vehículo vinculado a los derechos, mientras que Bain manejaba una propuesta de alrededor de 3.000 millones por un 25 %. Enders llamaba la atención sobre la relación entre esas valoraciones y los 1.340 millones anuales que generaban entonces los derechos. El análisis de Godard advertía del riesgo de que una inyección inmediata de liquidez solucionase problemas de tesorería sin corregir las deficiencias estructurales de la competición.
Francia era todavía más representativa de los excesos que Enders detectaba en el mercado audiovisual. Para 2012-2016, Canal+ pagaba 420 millones de euros anuales y beIN Sports 150 millones por la Ligue 1. En 2016-2020, esas cantidades ascendieron respectivamente a 550 y 177 millones, situando el ciclo en aproximadamente 727 millones anuales. La subasta para 2020-2024, celebrada en 2018, prometía elevar los ingresos domésticos hasta aproximadamente 1.050 millones de euros anuales, un aumento del 44 %, fundamentalmente gracias a los 780 millones comprometidos por Mediapro y los 320 millones correspondientes al paquete adquirido originalmente por beIN y posteriormente transferido a Canal+.
Pero Enders consideraba ya el 16 de junio de 2020 extremadamente improbable que esos 1.050 millones anuales llegasen a materializarse plenamente. El informe contemplaba incluso que la Ligue 1 tuviera que regresar a un valor próximo a los 727 millones de euros del ciclo anterior. A ello se sumaba el impacto directo de la pandemia: la competición francesa había perdido aproximadamente 213 millones de euros de ingresos de televisión por la cancelación de la temporada y había contratado un préstamo garantizado por el Estado de 225 millones, con amortizaciones de 67 millones anuales durante cuatro años. Los documentos citados por Enders estimaban inicialmente en 437 millones de euros las pérdidas asociadas a la crisis, aunque el propio informe recogía estimaciones alternativas del organismo francés de control financiero.
España se encontraba claramente fuera de ese grupo de máxima emergencia financiera en junio de 2020. La afirmación procede directamente de Enders: al final del informe, después de identificar a Serie A y Ligue 1 como las dos grandes ligas más expuestas a la COVID-19, señala que las reformas adoptadas allí serían observadas atentamente por las ligas financieramente más saludables de España, Alemania e Inglaterra. Esta es probablemente una de las conclusiones más relevantes para valorar la posición relativa del fútbol español en aquel momento.
Hay, además, una peculiaridad regulatoria española que el informe destaca expresamente. En abril de 2020, el Gobierno español había eliminado el límite de tres años para la duración de los contratos de derechos audiovisuales. Enders consideraba que los ciclos tradicionales —cuatro años en Alemania y Francia y tres años en otros países— podían resultar demasiado cortos para construir relaciones estables entre ligas y operadores. La modificación española encajaba, por tanto, con una de las reformas que Godard defendía: contratos audiovisuales más largos que permitieran alinear mejor los intereses de las ligas y de las plataformas de televisión.
Esta cuestión es fundamental porque el diagnóstico de Enders no consiste simplemente en pedir que las ligas vendan sus derechos por más dinero. Su argumento es que el sistema europeo de subastas periódicas había conseguido elevar históricamente los ingresos televisivos, pero no había creado un mercado estable con muchos compradores capaces de competir permanentemente por los derechos. En junio de 2020, las grandes plataformas tradicionales de televisión de pago seguían siendo los principales financiadores de las ligas nacionales. La consecuencia era que, cuando desaparecía la competencia entre operadores, las ligas perdían capacidad para obtener incrementos de precio.
Esta interpretación resulta especialmente relevante para España. El informe menciona expresamente la retirada de Vodafone del fútbol en España antes de junio de 2020 y utiliza esa decisión como argumento para considerar improbable que Vodafone se convirtiese en un comprador relevante de Bundesliga en Alemania. Es un detalle significativo porque muestra que la reducción del número de compradores no era exclusivamente un problema alemán, italiano o francés: España también había experimentado la retirada de un operador importante de la puja directa por el fútbol.
El análisis posterior de Enders confirma que esta tendencia no fue coyuntural. En el informe Football rights tracker: Incumbents pay less for longer cycles, publicado el 18 de enero de 2024, Godard y sus coautores concluyeron que el valor de los derechos domésticos de las principales ligas europeas estaba cayendo por la menor intensidad competitiva entre broadcasters. La Premier League ampliaba su ventaja, mientras Serie A afrontaba una reducción aproximada del 10 % y Ligue 1 tenía dificultades incluso para mantener el valor anterior.
El informe Football rights market in transition: Tech is interested, but selective, publicado el 29 de octubre de 2024, profundizó en la misma dirección. Enders señaló que el valor de los derechos británicos se había distanciado todavía más del de las ligas continentales, dentro de un mercado europeo esencialmente estancado. Las empresas de telecomunicaciones habían reducido su presencia como compradores y las grandes tecnológicas mostraban interés por el deporte, pero de manera selectiva, sin sustituir automáticamente a los operadores tradicionales en las grandes subastas.
Los acontecimientos de 2024 permiten comprobarlo con cifras. El acuerdo de la Ligue 1 para 2024-2029 implicaba aproximadamente 400 millones de euros anuales de DAZN, más unos 100 millones anuales de beIN Sports por su principal partido semanal. Enders calculaba una caída aproximada del 14 % respecto del ciclo anterior. En Alemania, por el contrario, la adjudicación de Bundesliga para 2025-2029, anunciada en diciembre de 2024, consiguió un incremento de aproximadamente el 2 % anual, un resultado que Enders destacó precisamente porque otras grandes ligas continentales habían sufrido descensos.
España presenta, sin embargo, una diferencia cuantitativa muy importante respecto a Alemania, Italia y Francia: la fortaleza internacional de LaLiga. La propia LaLiga señala que en la temporada 2023-2024 disponía de 11 oficinas internacionales —13 contando Madrid y Barcelona—, una red de 44 delegados y presencia activa en más de 90 mercados. Según los datos publicados por la competición, los derechos audiovisuales internacionales generaban más de 900 millones de euros, equivalentes aproximadamente al 42 % del total audiovisual.
Ese dato permite situar con mayor precisión al fútbol español en Europa. LaLiga no iguala la potencia económica de la Premier League, pero posee una dimensión audiovisual internacional muy superior a la que depende exclusivamente del mercado doméstico español. En la información corporativa disponible de LaLiga, los derechos audiovisuales del ciclo vigente se sitúan cerca de 2.000 millones de euros por temporada y constituyen la principal fuente de ingresos para los clubes, representando más del 60 % de sus ingresos para la mayoría de ellos. Estas cifras son actuales en la información publicada por LaLiga consultada en agosto de 2026, mientras que los más de 900 millones internacionales aparecen en la información corporativa referida a su estructura de internacionalización de la temporada 2023-2024.
Conviene distinguir estas cifras posteriores de las contenidas en el informe original de Godard. El informe de junio de 2020 no afirma que LaLiga ingresase entonces 2.000 millones o 900 millones internacionales. Utilizar esas cantidades como si fueran datos de 2020 falsearía la cronología. Lo que permiten es comprobar cómo evolucionó posteriormente una liga que Enders consideraba financieramente más saludable que Italia y Francia, pero que al mismo tiempo había sido identificada en octubre de 2019 como expuesta al agotamiento del crecimiento audiovisual.
La situación más reciente analizada por Godard refuerza esa diferenciación española. En Football broadcasting rights: Downward pressure persists, publicado el 16 de junio de 2025, Enders mantenía que fuera del Reino Unido los derechos de las grandes ligas europeas continuaban sometidos a una tendencia descendente, mientras la Champions League constituía la principal excepción.
Sin embargo, en España, LaLiga consiguió posteriormente renovar sus acuerdos domésticos con Telefónica y DAZN hasta 2032. El propio Enders destacó este hecho en el informe UEFA and LaLiga lift market: Football rights tracker H2 2025, publicado el 16 de diciembre de 2025, cuyo título ya identifica a UEFA y LaLiga como los dos elementos que estaban elevando el mercado en ese momento.
La evolución de la Champions League también resulta significativa para España porque demuestra que la presión sobre las ligas nacionales no equivale a una caída general del valor de todo el fútbol. En la adjudicación europea correspondiente al ciclo que comienza en 2027, los derechos de Champions aumentaron de manera considerable en varios grandes mercados. En España, el incremento fue de aproximadamente un 14 %, con Movistar manteniendo los derechos; Alemania registró aproximadamente un 40 % de crecimiento e Italia alrededor del 30 %. El Reino Unido también experimentó un incremento muy elevado en el valor total contratado. Estos resultados corresponden a la adjudicación conocida en noviembre de 2025, no al informe original de 2020.
Todo ello conduce a una lectura bastante precisa del fútbol español dentro del marco analítico de François Godard, sin necesidad de introducir hipótesis. En 2019, Enders identificaba a España como una de las ligas expuestas a un eventual retroceso de los ingresos audiovisuales; en junio de 2020, pese a ese riesgo estructural, situaba al fútbol español entre los tres grandes mercados financieramente más saludables, junto con Alemania e Inglaterra; entre 2023 y 2025 constató que el mercado europeo de derechos domésticos había entrado en una fase de estancamiento o descenso real; y a finales de 2025 destacó específicamente la renovación de LaLiga hasta 2032 como uno de los elementos positivos del mercado europeo.
La diferencia esencial respecto de la Premier League permanece. Enders ya señalaba en octubre de 2019 que el modelo inglés era más robusto, y en enero y octubre de 2024 constataba que la Premier League había ampliado su ventaja sobre las demás competiciones europeas. Por consiguiente, los datos no permiten sostener que España haya alcanzado económicamente al fútbol inglés. Lo que sí permiten afirmar es que LaLiga ocupa una posición diferenciada dentro del fútbol continental: está por debajo de la Premier League, pero ha mostrado una capacidad de comercialización internacional y una estabilidad audiovisual superior a la de los mercados europeos que han sufrido las crisis más severas, especialmente Francia e Italia.
Otro elemento del informe de 2020 que afecta directamente al modelo español es el reparto de los ingresos. Godard y McGowan Stuart defendían una agenda de reformas para las grandes ligas que incluía un reparto más igualitario de los derechos televisivos, una posible reducción del número de clubes para disminuir la presión del calendario y mayores inversiones en los estadios. El informe aplicaba particularmente esta preocupación a las tres grandes ligas latinas —España, Italia y Francia—, donde observaba una separación creciente entre un pequeño grupo de superclubes orientados hacia la Champions League y el resto de sus competiciones nacionales.
En España, la comercialización centralizada de los derechos audiovisuales está regulada desde el Real Decreto-ley 5/2015, de 30 de abril, y LaLiga distribuye los ingresos de acuerdo con los criterios establecidos en esa normativa y en su desarrollo posterior. La propia competición confirma que la comercialización centralizada constituye su principal fuente de ingresos. Por tanto, cuando Enders plantea en 2020 una distribución más equilibrada como mecanismo para reforzar las competiciones nacionales, está señalando una cuestión que afecta directamente a la estructura económica del fútbol profesional español.
La tesis central de Godard puede resumirse, por tanto, sin extrapolaciones. El gran problema económico del fútbol europeo no es la desaparición de la demanda por el fútbol, sino la creciente dificultad de las ligas nacionales para provocar competencia entre compradores suficiente para incrementar continuamente el precio de sus derechos. La Premier League ha conseguido resistir mejor esa tendencia; Francia ha sido el ejemplo más extremo de destrucción de valor; Italia ha sufrido una erosión significativa y problemas financieros estructurales; Alemania ha conservado una gran fortaleza doméstica pero tiene menor potencial internacional; y España ocupa una posición intermedia-alta, con una notable capacidad internacional y una estabilidad reciente de sus contratos audiovisuales, pero todavía claramente por debajo del poder económico de la Premier League.
Visto exclusivamente desde los datos disponibles, la posición española es por tanto más sólida de lo que sugeriría una comparación basada únicamente en el mercado televisivo nacional. La internacionalización resulta decisiva: más de 900 millones de euros de derechos internacionales y alrededor del 42 % del negocio audiovisual de LaLiga, según la información de la competición referida a la temporada 2023-2024, muestran que una parte sustancial del valor del fútbol español se genera fuera de España. Al mismo tiempo, la renovación doméstica hasta 2032, conocida en diciembre de 2025, aporta una estabilidad contractual que encaja precisamente con una de las recomendaciones que Godard formulaba ya en junio de 2020: sustituir parcialmente la lógica de subastas cortas y permanentemente confrontativas por relaciones audiovisuales de mayor duración.
En definitiva, la secuencia documental de Enders Analysis entre 2019 y 2025 permite establecer una conclusión respaldada por datos: el fútbol español no posee la fortaleza económica audiovisual de la Premier League, pero tampoco comparte la fragilidad que han mostrado Francia e Italia. LaLiga se encuentra entre los grandes activos audiovisuales del fútbol continental, apoyada especialmente en su capacidad internacional, mientras el conjunto del mercado europeo —salvo Inglaterra y determinados productos UEFA— ha sufrido una reducción de la competencia entre compradores y una presión persistente sobre el valor de los derechos. Esa es la posición que puede sostenerse a partir de los informes de François Godard y de los datos posteriores de Enders y LaLiga, sin atribuir al analista cifras o conclusiones que no aparecen en sus trabajos.
¿Por qué es tan caro ver el fútbol en España y hasta qué punto le resulta rentable a Telefónica?
La evolución del precio del fútbol televisado en España plantea una aparente contradicción. Mientras Francia, Italia y Reino Unido han reducido durante la última década el coste necesario para seguir conjuntamente sus principales competiciones nacionales y europeas, España lo ha incrementado alrededor de un 61 %, según los datos de François Godard recogidos en la información analizada. Alemania constituye la otra excepción entre las cinco grandes ligas, aunque con un incremento acumulado menor, cercano al 33%. El fenómeno español resulta especialmente significativo porque coincide con un mercado europeo en el que los derechos domésticos han encontrado dificultades para continuar creciendo.
Para comprender por qué España se comporta de manera diferente hay que separar tres cuestiones: lo que paga Telefónica por disponer del fútbol, el número de clientes que sostiene su negocio televisivo y la función que el fútbol desempeña dentro del conjunto de servicios que comercializa la operadora. La rentabilidad del fútbol no puede determinarse simplemente comparando el precio de los derechos con lo que paga mensualmente un abonado, porque Telefónica no comercializa ese contenido como un negocio completamente independiente. Forma parte fundamentalmente de una estrategia convergente que combina fibra, telefonía móvil, televisión y otros servicios.
Los propios datos de Telefónica muestran esa lógica. En sus resultados correspondientes al segundo trimestre de 2026, la compañía señala que el ingreso medio de sus clientes convergentes en España alcanzó los 91,1 euros mensuales, mientras que su tasa de abandono —churn— se encontraba en el 0,7 %, mínimo histórico. Los clientes convergentes crecían además un 1 % interanual. Al mismo tiempo, los ingresos minoristas de Telefónica España aumentaron un 5 % interanual durante el trimestre, crecimiento que la propia compañía atribuye, entre otros factores, a la mayor base de clientes y a la actualización de precios.
Resultados de Telefónica del primer semestre de 2026
Este dato permite entender una parte esencial del modelo. El fútbol no debe medirse exclusivamente por los ingresos que genera directamente el paquete deportivo, porque también forma parte de una oferta destinada a mantener dentro de Movistar a clientes que contratan simultáneamente fibra, líneas móviles, televisión y otros servicios. Telefónica España cerró el segundo trimestre de 2026 con doce trimestres consecutivos de ganancia neta positiva en sus principales accesos y con crecimiento interanual tanto en banda ancha fija como en contrato móvil y televisión.
La compañía, además, mantiene una posición financiera rentable en España. Durante el primer semestre de 2026, Telefónica España obtuvo 6.513 millones de euros de ingresos, un 2,5% más que un año antes, y 2.301 millones de EBITDA ajustado, un 2,1% más. Su flujo de caja operativo ajustado después de arrendamientos —OpCFaL— alcanzó 1.262 millones de euros, un 3% más, y su margen sobre ingresos se situó alrededor del 19%. Estos datos corresponden al conjunto de Telefónica España y no al fútbol aisladamente, distinción imprescindible para no atribuir al contenido deportivo una rentabilidad que la empresa no publica por separado.
¿Cuántos clientes de Telefónica pagan realmente por ver fútbol?
Aquí existe una limitación fundamental en los datos públicos. Telefónica no publica actualmente el número exacto de clientes españoles que contratan LaLiga, la Champions o el paquete Todo el Fútbol. Por tanto, cualquier cifra concreta que pretendiera identificar el número de abonados al fútbol tendría que ser una estimación y no un dato comunicado oficialmente por la compañía.
Sí conocemos, sin embargo, la evolución de la televisión de Telefónica España. En los resultados correspondientes a junio de 2026, la compañía informa de que sus accesos de televisión en España habían aumentado en 58.000 durante el segundo trimestre y crecían un 7 % interanual. Es una evolución considerablemente positiva, pero Telefónica no desglosa dentro de esa base cuántos usuarios tienen contratado específicamente el fútbol.
Tampoco debe confundirse esta cifra española con los 7,327 millones de accesos de televisión de pago que Telefónica declara a 30 de junio de 2026, porque esa cantidad corresponde al Grupo Telefónica en su conjunto, no exclusivamente a Movistar España. La cifra global crecía un 0,5% interanual.
La CNMC aporta otra perspectiva sobre el mercado español. Al finalizar 2025, el 65,7% de los hogares españoles con Internet utilizaba alguna plataforma audiovisual de pago y más del 65% de esos hogares utilizaba al menos dos plataformas. Movistar Plus+ era la plataforma principal para aproximadamente el 17% de los hogares usuarios de plataformas audiovisuales de pago, por detrás de Netflix y Amazon Prime Video. Este indicador mide utilización declarada de plataformas y tampoco equivale al número de abonados al fútbol de Movistar.
Por tanto, la respuesta rigurosa a la pregunta de cuántos clientes paga actualmente a Telefónica específicamente para ver el fútbol es: no existe una cifra pública oficial suficientemente desglosada para afirmarlo. Sabemos que la televisión de Telefónica España crecía un 7 % interanual a junio de 2026, pero desconocemos qué porcentaje de esos accesos corresponde al paquete de LaLiga, al de Champions o a Todo el Fútbol. Utilizar todos los clientes de televisión como si fueran abonados al fútbol sobredimensionaría el dato. La trasparencia del equipo de Murtra en esta cuestión brilla por su ausencia con el fin de dimensionar dicho negocio.
Una factura de alrededor de 1.120 millones anuales por LaLiga y UEFA
Lo que sí conocemos con bastante precisión es cuánto paga actualmente Telefónica por sus principales derechos futbolísticos. Para las temporadas 2025/26 y 2026/27, Telefónica paga directamente a LaLiga 520 millones de euros por temporada por los cinco encuentros por jornada que tiene adjudicados. A esta cantidad se añaden los otros cinco encuentros de LaLiga comercializados originalmente por DAZN: Telefónica firmó en marzo de 2022 un acuerdo de distribución con DAZN valorado en 280 millones de euros por temporada para poder ofrecer también ese paquete a sus clientes.
Eso significa que la factura vinculada a disponer de toda LaLiga alcanza aproximadamente 800 millones de euros por temporada, antes de considerar otros contenidos futbolísticos y los correspondientes costes asociados.
A esa cantidad hay que añadir las competiciones europeas. Telefónica adquirió directamente de UEFA los derechos españoles de Champions League, Europa League, Conference League y Youth League para las temporadas 2024/25, 2025/26 y 2026/27. El contrato asciende a 960 millones de euros durante tres temporadas, exactamente 320 millones por temporada.
Solo sumando esos tres grandes conceptos —los derechos propios de LaLiga, el acuerdo de distribución con DAZN y las competiciones UEFA— se obtiene una cifra aproximada de 1.120 millones de euros por temporada: 520 millones + 280 millones + 320 millones. No constituye el coste total de todo el deporte de Movistar, porque existen otros derechos y costes de producción, distribución y explotación, pero permite dimensionar económicamente la apuesta.
La magnitud resulta especialmente significativa al compararla con Telefónica España. Sus ingresos fueron de 6.513 millones de euros durante los primeros seis meses de 2026, mientras su EBITDA ajustado alcanzó los 2.301 millones. De nuevo, la comparación sirve únicamente para mostrar la dimensión de los compromisos futbolísticos: no permite calcular por sí sola el beneficio o la pérdida producida por el fútbol, porque los ingresos de Telefónica España incluyen todo su negocio de telecomunicaciones y servicios digitales.
¿Por qué puede Telefónica comprometer más de 1.000 millones anuales?
Una parte de la respuesta se encuentra en la estructura de comercialización. El fútbol premium sirve para construir paquetes convergentes con un ingreso por cliente considerablemente superior al de una conexión de fibra o una línea móvil contratadas aisladamente. El ARPU de los clientes convergentes de Telefónica España era de 91,1 euros mensuales en el segundo trimestre de 2026, acompañado de un churn de solo 0,7 %.
Por comparación, la CNMC calculó que durante 2025 un hogar español pagaba en promedio 38,3 euros mensuales por un paquete cuádruple —telefonía fija y móvil y banda ancha fija y móvil—, mientras que el paquete quíntuple que añade televisión de pago alcanzaba 77,4 euros mensuales. No son magnitudes directamente equivalentes al ARPU de Telefónica, pero muestran la diferencia existente entre los paquetes de telecomunicaciones sin televisión y aquellos que incorporan contenidos audiovisuales.
La estrategia tampoco es nueva. Cuando Telefónica adquirió los derechos de Champions y Europa League para 2018-2021, la propia empresa explicó que la adquisición debía permitirle generar nuevas oportunidades de monetización, incluida la posibilidad de revender los canales a otros operadores. Telefónica sostuvo entonces que el incremento del coste neto del fútbol se compensaría mediante eficiencias e ingresos adicionales y presentó los derechos como una fuente de estabilidad para su negocio de televisión de pago.
Esta capacidad de distribución a terceros es relevante. Telefónica no necesariamente soporta económicamente todo el coste de los derechos únicamente mediante las cuotas de sus propios abonados. Históricamente, su posición en televisión de pago ha estado acompañada de acuerdos mayoristas con otros operadores. La CNMC explica que, para determinados canales premium de fútbol y motor sujetos a los compromisos derivados de la compra de DTS, existían mecanismos para repartir costes fijos de derechos y producción entre Telefónica y los operadores que contrataran esos canales, atendiendo a criterios establecidos por los compromisos regulatorios.
El precio de los derechos españoles no está bajando
La segunda explicación está en el propio precio al que LaLiga está consiguiendo vender el producto. En la adjudicación correspondiente al ciclo 2027/28-2031/32, LaLiga obtuvo más de 5.250 millones de euros por los derechos residenciales de Primera División, frente a los 4.950 millones del ciclo 2022-2027. Es decir, un incremento del 6%. Si se incorporan HORECA, Segunda División, derechos en abierto y resúmenes, LaLiga calcula unos ingresos domésticos superiores a 6.135 millones de euros, un 9% más que en el ciclo anterior.
Adjudicación oficial de los derechos de LaLiga 2027/28-2031/32
Telefónica volverá a ser uno de los dos grandes compradores. Para esas cinco temporadas se ha comprometido a pagar 2.635,85 millones de euros, equivalentes a una media de 527,17 millones por temporada, por cinco partidos de cada jornada. En el ciclo actual paga 520 millones por temporada por un paquete comparable. El coste directo de esos derechos para Telefónica, por tanto, no disminuye en el siguiente ciclo: aumenta ligeramente.
Esto enlaza directamente con la anomalía española descrita anteriormente: mientras el documento aportado muestra que los precios al consumidor han descendido durante diez años un 34% en Francia, 33% en Italia y 16% en Reino Unido, España acumula aproximadamente un 61% de aumento, y al mismo tiempo LaLiga continúa consiguiendo incrementar el valor de sus derechos domésticos.
¿Tiene sentido pagar tanto por un activo que desaparece cada temporada?
Desde el punto de vista contable hay que matizar la pregunta. Los derechos deportivos no funcionan como una red de fibra, un edificio o una frecuencia de espectro que permanece durante muchos años en el balance. Telefónica explica en sus cuentas que los derechos audiovisuales cuyo consumo se produce normalmente en menos de doce meses se registran como existencias. En particular, los derechos de fútbol y motor, incluidos sus costes inherentes de producción, se llevan a resultados linealmente durante los doce meses desde el comienzo de la temporada.
Por eso es correcto señalar que existe un consumo extremadamente rápido del activo económico: el derecho correspondiente a una temporada se consume contablemente durante esa temporada. Una vez disputada la competición, el derecho premium que justificó la inversión ha perdido esencialmente su capacidad de generar el mismo servicio en la temporada siguiente y debe ser sustituido por los derechos del nuevo ejercicio.
Pero eso no significa que Telefónica adquiera los derechos año a año. Los compromisos contractuales abarcan varios ejercicios. Los derechos UEFA actuales comprenden tres temporadas, 2024/25-2026/27, por 960 millones; el próximo contrato de LaLiga comprende cinco temporadas, 2027/28-2031/32, y solo la participación directa de Telefónica supone 2.635,85 millones. Lo que ocurre es que cada temporada de esos contratos se consume y reconoce económicamente conforme se disputa la competición.
La pregunta decisiva: ¿es rentable el fútbol para Telefónica?
Los documentos públicos disponibles no permiten calcular una rentabilidad independiente del fútbol. Telefónica no publica una cuenta de resultados donde aparezcan enfrentados exclusivamente los ingresos obtenidos por los abonados de fútbol, los ingresos mayoristas y publicitarios asociados y todos los costes de adquisición, producción y distribución. Por ello, no sería riguroso afirmar a partir de la información pública que Telefónica gana o pierde una determinada cantidad con el fútbol.
Lo que sí puede afirmarse con datos es que Telefónica España continúa siendo rentable mientras mantiene esta estrategia. Durante el primer semestre de 2026, generó 6.513 millones de ingresos, 2.301 millones de EBITDA ajustado y 1.262 millones de OpCFaL ajustado; además, el EBITDA aumentó un 2,1% y el OpCFaL un 3%. En el segundo trimestre, sus ingresos crecieron un 2,9%, el EBITDA un 2,3% y los ingresos minoristas un 5%.
También existe evidencia de que la televisión está contribuyendo a una base de clientes de alto valor: los accesos de TV de Telefónica España aumentaban un 7% interanual en junio de 2026, los clientes convergentes un 1%, su ARPU alcanzaba 91,1 euros y el churn estaba en un mínimo histórico del 0,7%. Lo que estos datos no permiten establecer es qué parte de ese comportamiento se debe exclusivamente al fútbol y qué parte corresponde a la fibra, móvil, cine, series y restantes servicios incluidos en la oferta.
Por tanto, la rentabilidad del fútbol debe distinguirse de la rentabilidad global del cliente que contrata el fútbol. Un derecho deportivo que cuesta cientos de millones y se consume durante una temporada puede tener sentido económico para una operadora si contribuye a obtener clientes con ingresos elevados, reduce sus bajas, permite vender servicios adicionales y genera ingresos mediante distribución a terceros. Que esas ventajas compensen exactamente el coste del fútbol es precisamente el cálculo que no puede reconstruirse con las cuentas públicas actuales de Telefónica.
Los propios datos obligan, por ello, a detener la conclusión en ese punto. Sabemos cuánto cuestan los principales derechos —aproximadamente 1.120 millones de euros por temporada para LaLiga completa y competiciones UEFA en el ciclo actual—; sabemos que Telefónica España está creciendo y es rentable; sabemos que sus accesos de televisión aumentan y que sus clientes convergentes presentan un ARPU de 91,1 euros y un churn del 0,7%; pero no sabemos públicamente cuántos clientes pagan específicamente por todo el fútbol ni cuánto beneficio neto genera exclusivamente ese contenido. Sin esas dos últimas magnitudes, calcular una tasa de retorno del capital destinado al fútbol supondría introducir estimaciones que las cuentas publicadas no permiten verificar.
Lo
que sí resulta comprobable es la diferencia entre España y buena parte de
Europa. El consumidor español ha soportado una subida aproximada del 61% en
una década, según los datos de Godard aportados, mientras el valor
doméstico de los derechos de LaLiga vuelve a aumentar para 2027-2032 y
Telefónica ha decidido comprometer otros 2.635,85 millones de euros para
conservar cinco partidos por jornada durante ese ciclo.
La respuesta documentada a por qué Telefónica continúa haciéndolo no está, por
tanto, en considerar el fútbol como una inversión permanente, sino en su
utilización como contenido premium dentro de un negocio convergente de
telecomunicaciones. La empresa consume contablemente los derechos de cada
temporada en doce meses, pero los utiliza dentro de relaciones con clientes que
pretende mantener durante años. A junio de 2026, los indicadores
publicados —crecimiento de televisión, ARPU de 91,1 euros, churn del 0,7%,
crecimiento de ingresos y EBITDA— muestran que el conjunto del modelo español
de Telefónica continúa siendo rentable. Lo que la información pública no
demuestra, y por ello no debe darse por supuesto, es que el fútbol considerado
aisladamente lo sea.
Existe, además, una cuestión que debe ser valorada al analizar la estrategia de Telefónica con los derechos deportivos: la información pública permite conocer con bastante precisión cuánto cuesta adquirir una parte sustancial del fútbol, pero no permite conocer con el mismo grado de precisión cuánto dinero genera específicamente ese contenido para la compañía. Telefónica publica el importe de sus principales contratos audiovisuales y sus resultados financieros generales, pero no ofrece una cuenta de resultados independiente del fútbol en España que permita enfrentar los ingresos directamente atribuibles a esos contenidos con todos sus costes de adquisición, producción y distribución.
Esta limitación es especialmente relevante porque estamos ante compromisos económicos de gran magnitud. Como se ha expuesto anteriormente, disponer actualmente de toda LaLiga y de las principales competiciones UEFA supone compromisos próximos a 1.120 millones de euros por temporada, considerando los 520 millones correspondientes a los cinco partidos de LaLiga adquiridos directamente, los aproximadamente 280 millones del acuerdo con DAZN para disponer del otro paquete y los 320 millones anuales correspondientes a las competiciones UEFA. Al mismo tiempo, los derechos deportivos correspondientes a cada temporada tienen un consumo económico muy rápido: Telefónica contabiliza los derechos de fútbol y motor y sus costes inherentes de producción durante los doce meses posteriores al comienzo de la temporada, por lo que cada ejercicio requiere nuevamente disponer del contenido necesario para mantener la oferta.
La dimensión de estas cantidades contrasta con la imposibilidad de conocer públicamente uno de los datos fundamentales para evaluar la inversión: Telefónica no comunica cuántos clientes españoles pagan específicamente por LaLiga, Champions League o el paquete completo de fútbol. La compañía sí publica la evolución de sus accesos de televisión y de sus clientes convergentes, pero esos indicadores engloban clientes y servicios diferentes y no permiten determinar qué proporción de ellos está vinculada específicamente al contenido futbolístico. Por tanto, utilizar el número total de clientes de televisión como equivalente al número de abonados al fútbol produciría una conclusión que los datos disponibles no permiten sostener.
La misma precaución debe aplicarse a la rentabilidad. Los últimos resultados publicados muestran que Telefónica España es un negocio rentable y que mantiene una evolución comercial favorable. Durante el primer semestre de 2026, la filial española obtuvo 6.513 millones de euros de ingresos, un 2,5% más, y 2.301 millones de EBITDA ajustado, un 2,1% más. En el segundo trimestre, sus ingresos alcanzaron los 3.279 millones, un 2,9% más, y el EBITDA ajustado fue de 1.151 millones, con un crecimiento del 2,3%.
También son favorables los indicadores correspondientes a sus clientes convergentes. En el segundo trimestre de 2026, el ingreso medio por cliente —ARPU— se situó en 91,1 euros mensuales, mientras la tasa de abandono o churn permaneció en un 0,7%, mínimo histórico. Son cifras relevantes porque muestran la capacidad de Telefónica para conservar una base de clientes de elevado valor económico dentro de su oferta conjunta de telecomunicaciones y contenidos.
Sin embargo, ninguno de esos indicadores demuestra por sí mismo que el fútbol considerado aisladamente sea rentable. El cliente convergente no compra exclusivamente fútbol: puede contratar fibra, varias líneas móviles, televisión, cine, series, plataformas y otros servicios. Del mismo modo, el EBITDA de Telefónica España procede del conjunto de sus actividades. La propia información analizada reconoce esta limitación: aunque los accesos de televisión aumentaban un 7% interanual en junio de 2026 y los clientes convergentes presentaban un ARPU elevado y un churn reducido, los datos publicados no permiten determinar qué parte de ese comportamiento corresponde específicamente al fútbol y qué parte procede del resto de los servicios contratados.
Esta distinción resulta fundamental para valorar correctamente la estrategia. La rentabilidad de Telefónica España no equivale necesariamente a la rentabilidad de los derechos del fútbol, de la misma manera que el elevado ingreso medio de un cliente convergente no puede atribuirse automáticamente a LaLiga o a la Champions League. Para demostrar la rentabilidad independiente de esos derechos sería necesario conocer, entre otros datos, cuántos clientes los contratan, qué ingresos incrementales producen, cuánto recupera Telefónica mediante acuerdos de distribución con terceros y cuáles son los costes completos asociados a su explotación. La información pública actualmente disponible no proporciona ese desglose.
Por ello, desde la perspectiva del accionista existe una cuestión que merece atención. Conocemos el coste de buena parte de los derechos, pero no disponemos de información suficiente para calcular el retorno específico obtenido sobre ese desembolso. Esto no significa que el fútbol sea deficitario ni permite afirmar que Telefónica esté destruyendo valor con su adquisición. Significa únicamente que, con los datos publicados, un inversor externo no puede comprobar de manera independiente si la rentabilidad obtenida específicamente con esos derechos compensa el capital comprometido.
También debe considerarse el coste de oportunidad de esa inversión. Una cantidad destinada a adquirir derechos deportivos no puede destinarse simultáneamente a otras inversiones o usos de los recursos de la compañía. La comparación relevante no consiste únicamente en determinar si Telefónica puede asumir económicamente el fútbol, sino en conocer qué rendimiento obtiene de esos derechos frente a otras posibles utilizaciones de ese capital. Las cuentas públicas permiten analizar la rentabilidad general, el flujo de caja, la inversión y el endeudamiento de Telefónica, pero no proporcionan una tasa de retorno específica de los derechos deportivos que permita realizar esa comparación. La propia compañía presenta sus resultados de 2026 dentro de una estrategia de disciplina financiera y reducción de deuda, que en junio situó la deuda financiera neta del Grupo en 25.278 millones de euros, un 8,4 % menos que un año antes.
Desde el punto de vista del consumidor aparece una segunda cuestión. El mercado español ha evolucionado en dirección contraria a la mayor parte de los grandes mercados europeos. Los datos de François Godard recogidos en la información muestran que durante la última década el coste para acceder conjuntamente a la liga nacional y al principal torneo europeo descendió un 34% en Francia, un 33% en Italia y un 16% en Reino Unido, mientras Alemania registró un incremento del 33% y España acumuló aproximadamente un 61% de subida.
Esta evolución coincide con un mercado español de derechos que continúa manteniendo o aumentando su valor. Para el ciclo 2027/28-2031/32, Telefónica se ha comprometido a pagar 2.635,85 millones de euros, equivalentes a aproximadamente 527,17 millones por temporada, por cinco partidos de cada jornada de Primera División. En el ciclo actual paga aproximadamente 520 millones anuales por un paquete comparable, por lo que el desembolso directo de Telefónica por esos derechos no disminuye en el siguiente ciclo, sino que aumenta ligeramente.
No puede concluirse únicamente a partir de esa coincidencia que el aumento del precio de los derechos sea la causa directa de las subidas soportadas por los clientes. Para demostrar esa relación sería necesario conocer la estructura completa de costes y márgenes de las tarifas. Lo que sí puede afirmarse con los datos disponibles es que España presenta simultáneamente dos fenómenos: el valor de sus derechos domésticos continúa creciendo mientras el precio soportado por el consumidor para acceder al fútbol ha aumentado considerablemente durante la última década, en contraste con las reducciones registradas en Francia, Italia y Reino Unido.
Existe además una dificultad añadida para determinar cuánto paga realmente un cliente español por el fútbol. Telefónica comercializa buena parte de estos contenidos dentro de paquetes convergentes que incorporan simultáneamente telecomunicaciones y servicios audiovisuales. El cliente puede contratar fibra, una o varias líneas móviles, televisión y diferentes paquetes de contenidos, de manera que el importe final de su factura no representa exclusivamente el precio del fútbol.
Esta estructura explica también la enorme diferencia existente entre las tarifas. El análisis recogido anteriormente muestra que Movistar dispone de numerosas combinaciones y que los incrementos de precio varían considerablemente dependiendo de los servicios contratados. Algunas modalidades experimentan aumentos relativamente pequeños, mientras determinadas combinaciones más completas pueden alcanzar incrementos de hasta 207,20 euros anuales respecto a la temporada anterior.
El modelo convergente puede tener ventajas comerciales y económicas tanto para la compañía como para determinados usuarios, pero introduce una dificultad objetiva para analizar el mercado: resulta complicado aislar qué parte de la factura corresponde realmente al fútbol y qué parte remunera la fibra, las líneas móviles y los restantes contenidos y servicios incluidos en el paquete. Esa dificultad también condiciona las comparaciones internacionales cuando en otros mercados el acceso al fútbol se realiza mediante estructuras de contratación diferentes.
La falta de desglose adquiere todavía mayor importancia cuando se observa que Telefónica atribuye parte del crecimiento de sus ingresos minoristas tanto al aumento de clientes como a las actualizaciones de precios. En sus resultados del segundo trimestre de 2025, por ejemplo, la compañía explicó que los ingresos minoristas crecieron un 2,2% interanual, apoyados, entre otros factores, en la mayor base de clientes y las subidas de precios. Por tanto, existe información pública que permite comprobar que las actualizaciones tarifarias contribuyen al crecimiento de los ingresos, aunque tampoco este dato permite determinar qué parte concreta corresponde a clientes que contratan fútbol.
La cuestión de la transparencia puede plantearse, por tanto, en dos niveles diferentes. Para el consumidor, no siempre resulta sencillo identificar el coste económico específico del fútbol dentro de una factura convergente. Para el accionista o analista externo, la dificultad es distinta: puede conocer el importe de determinados contratos de derechos y los resultados generales de Telefónica España, pero no dispone de suficientes datos públicos para reconstruir una cuenta económica independiente del fútbol y calcular su retorno específico.
Esta limitación resulta particularmente significativa por la naturaleza del activo adquirido. Telefónica compromete contratos de varias temporadas, pero el contenido deportivo de cada temporada se consume económicamente conforme se disputa la competición. A diferencia de una infraestructura de fibra o de otro activo capaz de prestar servicio durante numerosos ejercicios, los derechos de una temporada necesitan ser sustituidos por los correspondientes al ejercicio siguiente para mantener la misma propuesta deportiva. El análisis ya recoge que los derechos de fútbol y motor se llevan a resultados durante los doce meses desde el comienzo de la temporada.
Por todo ello, la crítica que permiten formular los datos no consiste en afirmar que Telefónica pague demasiado por el fútbol ni que esos derechos sean deficitarios, porque ninguna de esas dos afirmaciones puede demostrarse con la información pública disponible. La cuestión relevante es otra: tratándose de compromisos económicos superiores a los 1.000 millones de euros anuales para los principales contenidos futbolísticos considerados, existe una notable diferencia entre la información disponible sobre cuánto cuestan los derechos y la información disponible sobre el retorno económico específico que generan.
Telefónica sí demuestra públicamente que su negocio español continúa siendo rentable. A junio de 2026, los ingresos y el EBITDA ajustado crecían, el ARPU convergente alcanzaba 91,1 euros y el churn permanecía en un mínimo histórico del 0,7%. Lo que esos resultados no permiten demostrar es que el fútbol sea responsable de esa evolución ni cuál sería el comportamiento económico de Telefónica España sin semejante inversión en derechos deportivos.
Por tanto, el principal interrogante que queda abierto no es si Telefónica puede permitirse comprar el fútbol, sino qué rentabilidad incremental obtiene de hacerlo. Para responder rigurosamente sería necesario conocer el número real de abonados que pagan específicamente por esos contenidos, sus ingresos asociados, la aportación de los acuerdos mayoristas, los costes completos de explotación y la capacidad efectiva del fútbol para incrementar el ARPU o reducir las bajas. Telefónica no publica actualmente ese conjunto de variables de manera separada.
La conclusión que puede extraerse sin introducir hipótesis es, por ello, limitada pero relevante: el consumidor español ha experimentado una subida del coste de acceso al fútbol muy superior a la observada en la mayoría de los grandes mercados europeos, mientras Telefónica continúa comprometiendo cantidades crecientes para conservar un contenido que considera estratégico dentro de su oferta convergente. Al mismo tiempo, la compañía mantiene una operación española rentable y una elevada fidelidad de sus clientes. Lo que permanece fuera del alcance de las cuentas públicas es precisamente la variable necesaria para cerrar el análisis: cuánto valor económico crea específicamente el fútbol después de descontar todo lo que cuesta adquirirlo y explotarlo.
Al final lo que permiten los datos es, por tanto, más preciso que afirmar simplemente que el fútbol es caro o rentable para Telefónica. España ha experimentado una subida del coste de acceso al fútbol muy superior a la registrada en la mayoría de los grandes mercados europeos, mientras Telefónica continúa comprometiendo miles de millones de euros para conservar este contenido durante los próximos ciclos. Al mismo tiempo, Telefónica España mantiene un negocio rentable, un ARPU elevado entre sus clientes convergentes y una reducida tasa de abandono.
Sin embargo, sigue faltando el dato que permitiría cerrar completamente la ecuación. Telefónica publica cuánto paga por los principales derechos, pero no cuántos clientes españoles pagan específicamente por el fútbol ni una cuenta económica independiente que permita conocer cuánto beneficio genera después de descontar adquisición, producción y distribución. Por ello, los datos disponibles permiten afirmar que el fútbol continúa siendo un activo estratégico para Movistar, pero no calcular públicamente su rentabilidad específica.
Esa ausencia de información adquiere todavía más importancia ante los compromisos ya asumidos para los próximos años. Telefónica se ha adjudicado cinco partidos de LaLiga entre 2027/28 y 2031/32 por 2.635,85 millones de euros, una media de 527,17 millones por temporada, y las principales competiciones UEFA entre 2027/28 y 2030/31 por otros 1.464 millones, 366 millones por temporada. La compañía ha decidido, por tanto, prolongar su apuesta por el fútbol premium durante buena parte de la próxima década.
La cuestión ya no es si
Telefónica puede permitirse seguir comprando fútbol, porque sus resultados
muestran que actualmente puede hacerlo. La cuestión que sus cuentas públicas
todavía no permiten responder es cuánto valor económico crea específicamente
ese fútbol frente a los miles de millones de euros necesarios para conservarlo. Y
mientras esa respuesta no pueda obtenerse de los datos publicados, esa
seguirá siendo la principal incógnita económica del modelo.
Para terminar el post quiero manifestar que al comienzo de este análisis utilizábamos una comparación alejada del fútbol. Una aerolínea puede invertir cientos de millones de euros en comprar un avión y utilizarlo durante veinte o treinta años. El desembolso puede ser extraordinario, pero accionistas, acreedores y analistas pueden observar durante años los ingresos que genera ese activo, sus costes, su utilización y, finalmente, evaluar si aquella inversión produjo una rentabilidad suficiente.
Con los derechos del fútbol sucede algo muy diferente. Telefónica compromete cientos de millones de euros en un activo cuyo valor económico se consume esencialmente durante cada temporada. Los partidos se disputan, la competición termina y, para mantener el mismo producto al año siguiente, es necesario disponer de los derechos de la nueva temporada. La propia contabilidad de Telefónica refleja esta naturaleza: los derechos de fútbol y motor y sus costes inherentes de producción se llevan a resultados durante los doce meses posteriores al inicio de cada temporada.
Precisamente por esa característica, conocer su rendimiento resulta especialmente importante. Y aquí aparece la gran incógnita que ha acompañado todo este análisis. Sabemos mucho sobre cuánto cuesta el fútbol, pero sabemos considerablemente menos sobre cuánto produce específicamente para Telefónica.
Las cifras del coste son extraordinariamente concretas. En el ciclo actual podemos identificar aproximadamente 520 millones de euros por temporada por los cinco partidos de LaLiga adquiridos directamente, otros 280 millones por el acuerdo de distribución con DAZN y 320 millones por las competiciones UEFA. La suma permite dimensionar compromisos próximos a 1.120 millones de euros por temporada, antes de incorporar otros derechos y determinados costes de explotación.
Cuando intentamos recorrer el camino contrario, sin embargo, la precisión desaparece. Telefónica no publica cuántos clientes españoles pagan específicamente por ver LaLiga, la Champions League o Todo el Fútbol en Movistar Plus+. Conocemos la evolución de los accesos de televisión, el ARPU de los clientes convergentes, su tasa de abandono y los resultados generales de Telefónica España. Pero ninguno de esos indicadores nos dice cuántos hogares sostienen específicamente el negocio del fútbol.
Tampoco sabemos, a partir de la información pública disponible, qué ingresos incrementales genera exactamente ese contenido, qué margen deja después de incorporar todos sus costes o qué rentabilidad específica obtiene Telefónica del capital comprometido. Sabemos que Telefónica España es rentable; no sabemos si el fútbol, considerado aisladamente, lo es. Confundir ambas afirmaciones supondría atribuir a los derechos deportivos unos resultados que las cuentas publicadas no permiten separar.
Esta ausencia de desglose afecta a distintos stakeholders. El accionista puede conocer cuánto capital se compromete, pero no calcular con precisión su retorno específico. El analista puede estudiar los resultados del negocio español, pero no reconstruir una cuenta de resultados independiente del fútbol. El consumidor puede conocer el importe total de su factura, pero la estructura convergente de las tarifas dificulta determinar qué parte de ella remunera realmente el fútbol y qué parte corresponde a fibra, móvil y otros contenidos. El propio análisis muestra esta doble dificultad de transparencia para inversores y consumidores.
Nada de ello demuestra que la estrategia sea equivocada. Tampoco demuestra que el fútbol sea deficitario. Los datos disponibles no permiten sostener ninguna de las dos conclusiones. El problema es precisamente que tampoco permiten comprobar la conclusión contraria. Para hacerlo sería necesario disponer, como mínimo, del número de clientes que contratan específicamente esos contenidos, de los ingresos incrementales asociados, de los ingresos obtenidos mediante su distribución a terceros y de los costes completos necesarios para adquirirlos y explotarlos.
Y ahí es donde aquella comparación con el avión adquiere un significado diferente.
En gestión empresarial, el tamaño de una inversión no debería ser el único dato visible; también importa poder evaluar el retorno que produce. Cuanto mayor es el capital comprometido y cuanto más recurrente resulta el desembolso, mayor es la relevancia de disponer de información que permita valorar sus resultados. La transparencia no garantiza que una decisión empresarial sea acertada, pero proporciona a quienes tienen intereses en la compañía los elementos necesarios para juzgarla.
Telefónica ha decidido que el fútbol continúe siendo una pieza relevante de su oferta y ha comprometido miles de millones de euros para conservar esa posición durante los próximos años. Puede ser una estrategia económicamente rentable dentro de un negocio convergente capaz de generar clientes de elevado valor y reducir su propensión a abandonar la compañía. Lo que las cuentas públicas no permiten determinar es cuánto de ese valor puede atribuirse realmente al fútbol.
Por eso este análisis termina prácticamente en el mismo lugar en el que comenzó. Podemos conocer cuánto cuesta comprar el activo. Podemos conocer durante cuánto tiempo puede explotarse. Podemos observar los resultados de la compañía que lo adquiere. Pero si desconocemos cuántos clientes pagan realmente por él y qué retorno económico específico generan, nos falta una parte esencial de la imagen.
Ese es el lado oscuro que dejan los datos públicos actuales. No porque podamos afirmar que exista algo irregular detrás de él, sino porque hay una parte económicamente relevante del negocio que un observador externo no puede iluminar con la información disponible.
Y cuando hablamos de compromisos de miles de millones de euros, esa diferencia importa. La gestión exige resultados, pero su evaluación exige transparencia. Sin ella podemos ver el coste del fútbol, podemos ver los resultados de Telefónica y podemos ver lo que paga el consumidor. Lo que no podemos ver con suficiente claridad es la línea que conecta esas tres magnitudes.
Hasta que esa línea pueda observarse, seguirá faltando la respuesta a la pregunta que ha recorrido todo este artículo: sabemos cuánto cuesta tener el fútbol; todavía no podemos saber, con las cuentas públicas en la mano, cuánto vale realmente para Telefónica.
Ya
lo dijo Louis D. Brandeis: «La luz del sol es el mejor de los
desinfectantes.»











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