martes, 16 de diciembre de 2025

TELEFÓNICA Y EL FRACASO DE LIDERAZGO: CONSOLIDAR PARA SOBREVIVIR NO ES UNA ESTRATEGIA

 

En el año 1947, en los laboratorios Bell —propiedad de AT&T, entonces el gigante absoluto de las telecomunicaciones estadounidenses y mundial— se inventó el transistor, probablemente el dispositivo más importante del siglo XX. Aquella innovación sentó las bases de toda la electrónica moderna, desde los ordenadores hasta los teléfonos móviles. En aquel momento, la dirección de la compañía veía el transistor como un riesgo innecesario. AT&T era un monopolio regulado, extremadamente rentable, con flujos de caja estables y una posición dominante incuestionable. Su negocio no era “reinventar la tecnología”, sino operar redes de comunicación fiables y eficientes. Exactamente una lógica de “utility”.

La empresa llegó incluso a plantearse guardar la patente en un cajón, porque no encajaba con su modelo económico ni con su cultura directiva. El transistor no mejoraba directamente la red telefónica ni garantizaba retornos claros a corto plazo. Desde una perspectiva puramente financiera, no era prioritario.

Solo la presión del regulador estadounidense obligó a AT&T a licenciar la tecnología a terceros por un coste simbólico. Ese gesto —forzado, no estratégico— permitió que empresas como Texas Instruments, Fairchild o Intel construyeran sobre el transistor la industria de los semiconductores y, décadas después, el ecosistema tecnológico que hoy domina el mundo. AT&T, pese a haber tenido en sus manos la llave del futuro, acabó convertida en una utility eficiente, mientras otras compañías capturaban el valor de la innovación.


Foto: De izquierda a derecha, John Bardeen, William Shockley y Walter Brattain, en una imagen tomada en 1948  bit.ly/45csIVH

El debate que atraviesa hoy al sector europeo de las telecomunicaciones no es técnico ni coyuntural: es existencial. El último informe publicado del banco norteamericano J.P. Morgan pone negro sobre blanco una realidad incómoda pero innegable: las telecos europeas han asumido que su horizonte inmediato no pasa por liderar la próxima ola tecnológica, sino por dejar de perder valor, estabilizar márgenes y recuperar atractivo financiero. Desde ese prisma, la consolidación defensiva tiene sentido; es racional, coherente y probablemente inevitable en el corto plazo.

Pero esa racionalidad financiera no equivale a una estrategia de futuro para Europa. El contraste con el Informe Draghi y con los datos del Cuadro de Indicadores de I+D de la Comisión Europea es demoledor. Mientras el núcleo de la economía digital global se articula alrededor de empresas que invierten de forma sistemática, agresiva y sostenida en innovación disruptiva, el sector teleco europeo sigue atrapado en una lógica de “utilities”: redes maduras, bajo riesgo, baja ambición tecnológica y prioridad casi exclusiva a la disciplina financiera y a la remuneración del accionista. La consecuencia es un desacople estructural entre la infraestructura por la que circula la economía digital y los verdaderos centros de creación de valor, que están fuera de Europa en los hiperescaladores.

Aquí es donde el relato empieza a resquebrajarse. No se puede invocar soberanía digital, autonomía estratégica y liderazgo tecnológico mientras se asume —como hace J.P. Morgan— que la inversión en I+D será estable, limitada y no disruptiva. Tampoco se puede presentar la consolidación como condición necesaria para competir con Estados Unidos y China cuando, en la práctica, dicha consolidación no va acompañada de un cambio profundo en la asignación del capital, en la cultura directiva ni en la ambición industrial.

El Informe Draghi plantea un salto histórico; el sector teleco propone un ajuste defensivo. La Comisión Europea pide más Europa, más integración y más innovación; las telecos reclaman menos competencia nacionalCada actor toca música diferente dentro de la orquesta. J.P. Morgan describe con precisión lo que probablemente ocurrirá; Draghi describe lo que debería ocurrir si Europa no quiere resignarse a la irrelevancia tecnológica.

El riesgo es evidente: confundir recuperación financiera con competitividad estratégica. Un sector teleco más rentable, más concentrado y más estable puede ser un buen activo bursátil, pero no necesariamente un pilar de la autonomía digital europea. Sin una política explícita que condicione la consolidación a compromisos reales de inversión en I+D, sin una reorientación clara del capital hacia tecnologías propias y sin un liderazgo industrial que vaya más allá del corto plazo financiero, la brecha con Estados Unidos y China no se cerrará: se consolidará.

En última instancia, este es el dilema que Europa debe resolver. Si acepta la lógica del informe de J.P. Morgan como punto de llegada, tendrá un sector más ordenado, pero subordinado. Si toma en serio el mandato de Draghi, deberá exigir algo más incómodo: menos dividendos hoy, más riesgo, más I+D y más ambición mañana.

Porque la historia económica nos ha demostrado multitud de veces que la innovación no nace de la defensa del “statu quo”, sino de la voluntad de romperlo. Y Europa, en telecomunicaciones, aún no ha decidido si quiere simplemente sobrevivir… o volver a liderar.

Se acaba de publicar el siguiente informe del banco norteamericano J.P. Morgan, “2026 Outlook: The (long awaited) year of the European telecom sector”, centrado en el sector de telecomunicaciones europeo con previsiones para el año 2026. El informe plantea para el próximo año como un punto de inflexión largamente esperado para el sector de las telecomunicaciones en Europa, tras más de una década marcada por bajo crecimiento, elevada competencia y retornos sobre el capital estructuralmente débiles. Según el banco de inversión, el principal catalizador de este cambio será la consolidación del sector, que pasará de ser una expectativa recurrente a convertirse en una realidad tangible.

 

Durante años, el mercado europeo de telecomunicaciones ha estado excesivamente fragmentado, con numerosos operadores compitiendo en cada país, lo que ha provocado presión constante sobre precios, márgenes reducidos y escasa creación de valor para el accionista. J.P. Morgan considera que este modelo ha llegado a un punto de agotamiento. En su visión, el año 2026 será el que los reguladores, los gobiernos y las propias compañías acepten que la sostenibilidad del sector pasa por reducir el número de operadores y ganar escala.

El informe prevé que se produzcan operaciones de fusiones y adquisiciones relevantes en varios mercados clave, especialmente en aquellos donde el nivel de competencia es más intenso, como Francia, Italia, España y Alemania. El objetivo principal de estas operaciones sería avanzar hacia estructuras de “cuatro a tres operadores” por mercado, lo que permitiría una mayor disciplina comercial, menor guerra de precios y una mejora gradual de la rentabilidad. J.P. Morgan señala que esta racionalización podría convertirse en la principal fuente de generación de valor bursátil del sector en el año 2026 .

Desde el punto de vista financiero, el banco no espera un fuerte crecimiento de los ingresos, ya que la demanda en telecomunicaciones se considera madura. Sin embargo, sí anticipa mejoras claras en los resultados netos y en el flujo de caja libre, apoyadas en tres factores: una menor intensidad de inversión tras el pico del despliegue de redes 5G y fibra, sinergias derivadas de la consolidación y una disciplina de costes más estricta. Estas dinámicas permitirían a muchas compañías reforzar su capacidad para mantener dividendos atractivos e incluso ejecutar recompras de acciones.

J.P. Morgan también subraya que el mercado podría experimentar una reevaluación de las valoraciones si la consolidación se materializa. El sector de telecomunicaciones europeo cotiza actualmente con múltiplos deprimidos frente a otros sectores defensivos y frente a sus homólogos estadounidenses. Una reducción estructural de la competencia, unida a una mayor visibilidad del flujo de caja, podría justificar múltiplos más altos y un mejor comportamiento relativo en bolsa.

No obstante, el informe advierte de varios riesgos. El principal sigue siendo la regulación europea en materia de competencia, que históricamente ha frenado grandes operaciones de fusión. Aunque J.P. Morgan detecta un cambio de tono en Bruselas, impulsado por la necesidad de crear “campeones europeos” capaces de competir a nivel global, el riesgo de retrasos o bloqueos regulatorios continúa siendo significativo. A esto se suman otros factores como: el bajo crecimiento económico en Europa, los riesgos macroeconómicos y la exposición a divisas en algunas compañías con presencia internacional .

En conjunto, J.P. Morgan concluye que 2026 podría marcar el inicio de una nueva etapa para las telecomunicaciones europeas, caracterizada menos por el crecimiento de ingresos y más por la eficiencia, la consolidación y la generación de valor para el accionista. Tras muchos años de decepción, el banco considera que el sector tiene, por fin, los elementos necesarios para justificar una visión más constructiva a medio plazo.

En el informe de J.P. Morgan sobre el outlook 2026 del sector de las telecomunicaciones europeo, la consolidación no se presenta como una idea abstracta, sino como un escenario bastante concreto de reordenación de los mercados nacionales, basado en la reducción del número de operadores con red propia y en la búsqueda de mayor escala y rentabilidad. El banco dibuja un posible “mapa” futuro del sector que, aunque no es una previsión cerrada, sí marca la dirección hacia la que podría evolucionar Europa a medio plazo.

En términos generales, J.P. Morgan parte de una premisa clara: la mayoría de los mercados europeos no pueden sostener de forma eficiente cuatro o más operadores móviles integrados. Este exceso de competencia ha erosionado precios, ha reducido los retornos sobre el capital y ha impedido que las inversiones en 5G y fibra se traduzcan en valor para el accionista. Por ello, el escenario base que plantea el informe es una transición progresiva hacia estructuras de tres operadores por país, acompañada de acuerdos de compartición de redes y venta de activos no estratégicos.

En Francia, uno de los ejemplos más claros de presión competitiva, el informe contempla la posibilidad de una reducción desde cuatro grandes operadores (Orange, SFR, Bouygues y Free) a tres. En este escenario, se barajan fusiones entre operadores con perfiles similares o la absorción de un actor más agresivo en precios por parte de uno con mayor escala. El resultado sería un mercado más equilibrado, con menor intensidad promocional y mayor capacidad para monetizar las redes de nueva generación.

En Italia, donde la fragmentación es aún más acusada y los precios están entre los más bajos de Europa, J.P. Morgan describe un escenario de consolidación casi inevitable. El mercado podría pasar de cuatro operadores relevantes a tres, o incluso a dos grandes grupos dominantes acompañados de un tercer actor más especializado. Esta reconfiguración permitiría recuperar márgenes y estabilizar un mercado que lleva años destruyendo valor.

En España, el informe considera que el proceso de consolidación ya ha comenzado, aunque aún no ha culminado. La reducción de operadores tradicionales y el auge de acuerdos mayoristas apuntan a un escenario futuro con tres grandes grupos integrados, apoyados por operadores virtuales con menor impacto competitivo. En este contexto, la consolidación no solo se daría a nivel comercial, sino también mediante una mayor integración de infraestructuras, especialmente en fibra y redes móviles.

En Alemania, el enfoque es más prudente. Aunque también existen cuatro grandes operadores, el mercado es más racional en precios y con mejores retornos. J.P. Morgan no descarta movimientos corporativos, pero prevé un ritmo más lento y selectivo, probablemente centrado en acuerdos de red o adquisiciones parciales antes que en grandes fusiones transformacionales.

En los países nórdicos y en mercados más pequeños como Países Bajos, Bélgica o Austria, el informe dibuja un escenario de consolidación defensiva, donde operadores ya relativamente eficientes buscarían reforzar su posición mediante compras selectivas o fusiones transfronterizas, creando grupos regionales con mayor escala y capacidad financiera.


El resultado final de este proceso, según J.P. Morgan, sería un mapa europeo con menos operadores, pero más fuertes, mejor capitalizados y con mayor poder de fijación de precios. La competencia sería más reducida, pero más racional, desplazándose del precio puro hacia la calidad de red, los servicios convergentes y el valor añadido. Este nuevo equilibrio permitiría mejorar los flujos de caja, reducir la volatilidad de resultados y justificar valoraciones más altas en bolsa.

En definitiva, el informe no plantea una consolidación caótica ni inmediata, sino un proceso gradual, país por país, condicionado por la regulación, pero impulsado por una realidad económica incuestionable: sin menos operadores y más escala, el sector europeo de telecomunicaciones difícilmente podrá sostener sus inversiones ni ofrecer retornos atractivos. En este contexto el año 2026 se perfila como el año en el que este nuevo escenario empieza a tomar forma de manera visible.

El informe de J.P. Morgan no se limita a la narrativa de la consolidación, sino que incorpora previsiones cuantitativas y métricas operativas clave que ayudan a definir cómo será el comportamiento del sector en el corto y medio plazo. No obstante, es importante matizar que el énfasis no está en un fuerte crecimiento, sino en la transformación estructural del modelo económico del sector.

En cuanto a los ingresos, J.P. Morgan adopta una visión prudente. El banco no anticipa un repunte significativo de la facturación agregada del sector en 2026. Las telecomunicaciones europeas siguen considerándose un mercado maduro, con una demanda estable pero con escaso potencial de crecimiento orgánico. En términos reales, las previsiones apuntan a ingresos prácticamente planos o con crecimientos muy moderados, cercanos a cero o ligeramente positivos, tras varios ejercicios de estancamiento. La clave no es tanto en capturar ingresos sino en dejar de destruir valor a través de la competencia en precios. La consolidación del sector en Europa, en este contexto, no actuaria con espoleta para disparar la innovación en busca de la captura de ingresos sino que sería un mecanismo de defensa para frenar la erosión de ingresos.

El planteamiento que realiza J.P. Morgan  en su informe, por un lado, y los Informes de Mario Draghi (competitividad europea) y Enrico Letta (mercado interior), por otro, no colisionan frontalmente, pero tampoco son plenamente coincidentes. Más bien operan en planos distintos del problema y revelan una tensión no resuelta en la política económica europea. A continuación desarrollo un análisis de forma estructurada de dicha situación:

1. El diagnóstico de J.P. Morgan: consolidación como mecanismo defensivo

El enfoque de J.P. Morgan parte de un diagnóstico financiero-industrial muy concreto:

  • El sector teleco europeo es maduro, con demanda estable.
  • Los ingresos están estancados en términos reales.
  • La competencia excesiva ha destruido valor durante más de una década.
  • El retorno sobre el capital ha sido insuficiente para justificar las inversiones realizadas.

Desde esta óptica, la consolidación no es un motor de crecimiento, sino un instrumento de supervivencia económica. Su función principal es:

  • Detener la erosión de precios.
  • Recuperar disciplina comercial.
  • Mejorar el flujo de caja.
  • Asegurar la sostenibilidad financiera de las redes existentes.

Es, por tanto, una consolidación defensiva, orientada a reparar el modelo económico antes que a transformarlo. J.P. Morgan no presupone —ni exige— que esa consolidación derive automáticamente en un salto en I+D o innovación disruptiva. Su horizonte es estabilizar primero, optimizar después.

2. Draghi y Letta: competitividad, escala y autonomía estratégica

Los informes de Mario Draghi y Enrico Letta parten de un diagnóstico macroeconómico y geopolítico, no financiero-sectorial.

Ambos coinciden en que Europa:

  • Ha perdido competitividad frente a EE. UU. y China.
  • Está fragmentada regulatoria, fiscal y empresarialmente.
  • Invierte menos en I+D, tecnología y capacidades estratégicas.
  • Carece de empresas con escala suficiente en sectores críticos.

En el ámbito de las telecomunicaciones, su planteamiento es distinto al de J.P. Morgan en intención, aunque no necesariamente en el mecanismo inicial:

  • La consolidación no es un fin, sino un medio.
  • El objetivo último es crear campeones europeos capaces de:

o    Invertir masivamente en I+D.

o    Liderar estándares tecnológicos.

o    Garantizar soberanía digital y autonomía estratégica.

Aquí la consolidación se concibe como consolidación ofensiva, orientada a reforzar la competitividad sistémica europea, no solo a sanear balances.

 

3. ¿Colisión o divergencia de planos?

No hay una colisión frontal porque no están hablando exactamente del mismo nivel del problema:

  • J.P. Morgan analiza qué es viable y razonable en el corto y medio plazo, dadas las condiciones actuales del sector.
  • Draghi y Letta plantean qué debería ocurrir en el largo plazo, si Europa quiere mantener relevancia estratégica.

El conflicto surge porque el paso intermedio no está claramente definido.

J.P. Morgan describe una consolidación que:

  • Mejora márgenes.
  • Reduce capex relativo.
  • Prioriza dividendos, desapalancamiento y estabilidad.

Draghi y Letta necesitarían que esa misma consolidación:

  • Liberase recursos para reinvertirlos en I+D.
  • Cambiase el destino del flujo de caja desde el accionista hacia la innovación.
  • Permitiese asumir riesgos tecnológicos comparables a los de EE. UU. o China.

El problema es que nada garantiza automáticamente ese tránsito.

4. El punto crítico: asignación del capital tras la consolidación

Aquí está el núcleo de la confrontación de JP Morgan y los Informes Draghi y Letta.

En el escenario de J.P. Morgan:

  • El capital liberado se destina prioritariamente a:
    • Reducir deuda.
    • Sostener dividendos.
    • Recomprar acciones.
  • La inversión en I+D se mantiene estable y contenida.

En el escenario implícito de Draghi y Letta:

  • Ese mismo capital debería:
    • Financiar I+D avanzada.
    • Impulsar tecnologías propias (cloud, edge, 6G, ciberseguridad).
    • Reforzar capacidades industriales estratégicas.

Por tanto, el riesgo real no es que ambos planteamientos sean incompatibles, sino que:

La consolidación del sector de las telecos europeas se quede en un ejercicio de estabilización financiera, sin convertirse en palanca de transformación estratégica.

5. Autonomía estratégica: el gran ausente en el análisis de J.P. Morgan

J.P. Morgan no incorpora de forma central el concepto de autonomía estratégica, porque:

  • No es su mandato como analista financiero.
  • No es una variable fácilmente monetizable a corto plazo.

Draghi y Letta, en cambio, consideran que:

  • Las telecomunicaciones son infraestructura crítica.
  • La dependencia tecnológica de terceros es un riesgo sistémico.
  • Sin operadores fuertes y tecnológicamente avanzados, Europa pierde soberanía.

Aquí sí hay una disonancia clara:

·         La visión de J.P. Morgan es económicamente coherente, pero estratégicamente incompleta desde el punto de vista europeo.

6. Conclusión: no contradicción, sino secuencia incompleta

En síntesis:

  • J.P. Morgan describe correctamente la fase necesaria: consolidar para dejar de destruir valor.
  • Draghi y Letta señalan la fase imprescindible posterior: usar esa escala para competir globalmente.

El problema no es que colisionen, sino que entre ambas visiones falta una política explícita de transición que:

  • Condicione la consolidación a compromisos de inversión.
  • Vincule escala con la I+D.
  • Alinee intereses financieros con objetivos estratégicos europeos.

Sin ese puente, el riesgo es:

·         Europa logre un sector teleco más rentable… Pero no más competitivo a escala global.


 

Y esa sería, paradójicamente, una consolidación exitosa desde el mercado financiero, pero fallida desde la perspectiva histórica y estratégica europea.

La visión de la Comisión Europea, tal como la encarnan hoy Teresa Ribera y el proceso de revisión de la política de competencia, no colisiona con los informes de Draghi y Letta, pero sí colisiona con la lectura estratégica interesada  que están haciendo hoy en día las grandes telecos europeas como Telefónica. La clave no está en Draghi o Letta, sino en la interpretación interesada de sus diagnósticos y en el uso instrumental que algunas empresas hacen de ellos para justificar consolidación defensiva y concentración de poder de mercado.

Voy a ordenar por partes dicha situación:

1. Draghi y Letta: escala e integración, no concentración nacional

Tanto el Informe Draghi como el Informe Letta parten de un diagnóstico que la Comisión Europea comparte plenamente:

  • Europa está perdiendo competitividad frente a EE. UU. y China.
  • La fragmentación del Mercado Único es un lastre estructural.
  • Falta escala empresarial en sectores estratégicos.
  • La inversión en I+D es insuficiente.

Hasta aquí, alineación total entre Draghi, Letta y la Comisión Europea.

Pero hay un matiz crucial que las telecos europeas tienden a borrar:

·         Ni Draghi ni Letta plantean la consolidación nacional como solución central, ni mucho menos la reducción del número de operadores como objetivo en sí mismo.

Ambos informes hablan de:

  • Escala paneuropea, no de oligopolios nacionales.
  • Integración del mercado, no de fusiones defensivas país por país.
  • Capacidad de inversión, no de estabilización financiera vía reducción de competencia.

La Comisión Europea se sitúa exactamente ahí: acepta el diagnóstico de fondo, pero rechaza el atajo que proponen las telecos europeas.

2. Dónde encaja (y dónde no) la visión de la Comisión con Draghi y Letta

Ø  Donde sí encajan

La Comisión está alineada con Draghi y Letta en estos puntos:

  • La necesidad de modernizar el Mercado Único.
  • La urgencia de reducir barreras regulatorias nacionales.
  • La importancia estratégica de las telecomunicaciones.
  • El reconocimiento de que la escala puede aportar eficiencias.

Por eso revisa las Directrices de Fusiones Horizontales (HMG).
No para debilitarlas, sino para actualizarlas a un entorno digital distinto al de hace 20 años.

En este sentido, no hay choque entre Comisión, Draghi y Letta.

Ø  Donde NO encajan (y aquí está la fricción real)

La fricción aparece cuando las telecos europeas intentan convertir esos informes en:

  • Una licencia para reducir operadores nacionales.
  • Un argumento para aceptar oligopolios “por razones industriales”.
  • Una coartada para desplazar el foco desde el mercado único hacia la fusión nacional.

Aquí es donde Ribera se separa nítidamente del discurso de personas como Murtra, y donde corrige públicamente la lectura que hacen las telecos  Informe Draghi.

Cuando Ribera dice que “la principal barrera no es la regulación de fusiones, es el mercado”, está diciendo exactamente lo que Draghi y Letta sostienen de fondo:

·         El problema europeo no es que haya demasiada competencia, sino que esa competencia está encerrada en compartimentos nacionales mal integrados.

·         Las telecos, en cambio, proponen resolver un problema europeo con una herramienta nacional y defensiva.

3. Consolidación defensiva vs. consolidación estratégica: el punto de colisión

La consolidación que hoy reclaman muchas telecos europeas no es la consolidación que dibujaron Draghi y Letta en sus informes.

  • Murtra y el sector:
    • Consolidación = menos operadores más margen más caja.
    • Objetivo implícito: estabilizar ingresos, frenar erosión, mejorar retornos.
    • Resultado probable: sector más rentable, pero no necesariamente más innovador.
  • Draghi / Letta / Comisión:
    • Escala = capacidad de competir globalmente con chinos y norteamericanos.
    • Objetivo: más inversión en I+D, liderazgo tecnológico, autonomía estratégica.
    • Condición: sin destruir competencia efectiva.

Ahí está la colisión:

Ø  La Comisión Europea percibe que la consolidación que se pide es defensiva, no transformadora y transversal para otros sectores económicos europeos.

4. Conclusión clara

No, la visión de la Comisión Europea no colisiona con los informes Draghi y Letta.
Colisiona con:

  • La interpretación que hacen las grandes telecos.
  • El uso de la “urgencia tecnológica” para justificar concentración nacional.
  • Una consolidación que busca rentabilidad defensiva más que liderazgo tecnológico.

En síntesis:

  • Draghi y Letta: más Europa, más integración, más escala competitiva con competencia.
  • Comisión (Ribera): exactamente eso, sin regalar poder de mercado.
  • Telecos (Murtra): menos competencia nacional como atajo hacia la escala.

Ahí está el desacople.

Y por eso la Comisión no está frenando el futuro europeo, sino intentando evitar que la bandera de la soberanía tecnológica se convierta en coartada para un retroceso competitivo.

Volviendo al informe JP Morgan, donde sí se espera un cambio relevante en el sector teleco europeo  es en la estructura de costes y en la rentabilidad operativa. J.P. Morgan prevé una mejora progresiva del EBITDA y del flujo de caja libre en el año 2026, impulsada por una combinación de sinergias derivadas de fusiones, racionalización de redes, reducción de duplicidades y una disciplina de costes más estricta. Estas mejoras permitirían al sector teleco europeo recuperar parte del atractivo defensivo que tradicionalmente ha tenido, especialmente para inversores conservadores más orientados a dividendos.


 

En relación con la inversión en capital (capex) —una métrica central en el informe—,  Aunque la inversión seguirá siendo elevada en términos absolutos, se espera que en 2026 el capex se estabilice o incluso descienda ligeramente como porcentaje de los ingresos. Esta normalización del esfuerzo inversor es fundamental para liberar caja y mejorar la visibilidad financiera de las compañías. El mensaje del informe es claro: ya no se trata de desplegar redes a cualquier coste, sino de monetizar las infraestructuras existentes.

En cuanto a la inversión en I+D, J.P. Morgan no proyecta un aumento significativo a nivel sectorial. A diferencia de otros sectores tecnológicos, las telecos europeas no destacan por una fuerte inversión en investigación disruptiva. El gasto en I+D se mantendría estable y muy focalizado, orientado principalmente a la optimización de redes, virtualización, automatización, eficiencia energética y desarrollo de servicios empresariales (B2B), más que a innovaciones radicales. El banco interpreta esto como una señal de madurez del sector: la ventaja competitiva futura no vendrá tanto de la I+D pura, sino de la escala, la eficiencia operativa y la integración de servicios.

Otras métricas relevantes que el informe utiliza para definir el futuro inmediato del sector son el retorno sobre el capital empleado (ROCE) y la generación de caja tras dividendos. J.P. Morgan espera que ambas mejoren gradualmente en el año 2026, especialmente en aquellos mercados donde la consolidación avance. Este incremento del ROCE es clave para justificar una revalorización del sector, históricamente penalizado por rendimientos inferiores a su coste de capital.

En síntesis, el informe no dibuja un futuro basado en el crecimiento agresivo de ingresos o en grandes saltos tecnológicos, sino en un cambio de paradigma financiero. El año 2026 se perfila como un año en el que el sector europeo de telecomunicaciones empieza a definirse por estabilidad de ingresos, menor intensidad inversora, mejora del flujo de caja y una asignación de capital más racional. Para J.P. Morgan, estas métricas —más que el crecimiento puro— son las que realmente marcarán el futuro del sector en el próximo año y sentarán las bases de una recuperación sostenible a medio plazo.

Además de los ingresos, el capex y la inversión en I+D, el informe de J.P. Morgan sobre el outlook 2026 del sector europeo de telecomunicaciones identifica otras métricas y datos clave que serán determinantes para evaluar la evolución del sector y que ayudan a entender por qué el banco adopta una visión más constructiva a medio plazo. Estos indicadores no siempre son los más visibles, pero resultan esenciales para definir la sostenibilidad del modelo de negocio.

Uno de los datos más relevantes es la evolución del flujo de caja libre (free cash flow). J.P. Morgan considera que esta será la métrica central para el sector en el año 2026. Tras años en los que gran parte del efectivo generado se absorbía por inversiones en redes y espectro, el informe prevé una mejora clara y generalizada del flujo de caja, especialmente en los operadores con mayor escala y exposición a mercados en proceso de consolidación. Este mayor flujo de caja es clave porque permite reducir deuda, reforzar dividendos y recuperar la confianza del inversor institucional.

Muy ligado a lo anterior aparece el nivel de endeudamiento y el desapalancamiento financiero. El informe anticipa que muchas telecos europeas priorizarán en 2026 la reducción del ratio deuda neta/EBITDA, aprovechando la menor presión inversora y las sinergias operativas. Para J.P. Morgan, el desapalancamiento es una condición necesaria para que el sector vuelva a considerarse estable y defensivo, y para que pueda absorber operaciones corporativas sin poner en riesgo su solvencia.

Otro elemento destacado es la política de remuneración al accionista. El informe prevé que, gracias a la mejora del flujo de caja, las telecos europeas refuercen su perfil como pagadoras de dividendos. No se espera una explosión de crecimiento, pero sí una mayor sostenibilidad y previsibilidad del dividendo, e incluso la reaparición selectiva de programas de recompra de acciones en los grupos mejor posicionados. Esto es especialmente relevante en un contexto de tipos de interés que podrían empezar a normalizarse.

J.P. Morgan también presta atención a la evolución del ARPU (ingreso medio por usuario), aunque con expectativas moderadas. El banco no anticipa subidas significativas, pero sí una estabilización en aquellos mercados donde la competencia se racionalice. Más que aumentar precios de forma agresiva, el objetivo sería frenar su erosión y mejorar el mix de clientes mediante servicios convergentes, paquetes premium y soluciones para empresas.

 

Otra métrica clave es la eficiencia operativa, medida a través de ratios de costes sobre ingresos. El informe prevé avances en este ámbito gracias a la automatización, la digitalización de procesos, la compartición de redes y la simplificación de estructuras tras posibles fusiones. Para J.P. Morgan, la eficiencia será uno de los principales motores de mejora de márgenes en un entorno de crecimiento limitado.

El informe también incorpora datos relacionados con la exposición regulatoria y el riesgo país, aunque de forma cualitativa. Se evalúa cómo la actitud de los reguladores europeos, especialmente en materia de competencia y espectro, puede condicionar las previsiones financieras. Un entorno regulatorio más flexible es visto como un factor clave para que se materialicen los escenarios positivos de consolidación y mejora de rentabilidad.

Por último, J.P. Morgan considera relevante la diversificación de ingresos hacia el segmento empresarial (B2B), incluyendo servicios de conectividad avanzada, cloud, ciberseguridad e Internet de las cosas. Aunque estos negocios aún no son dominantes, el informe los identifica como una fuente de crecimiento estructural modesto pero más rentable, que puede mejorar el perfil de largo plazo del sector.

En conjunto, el informe dibuja un futuro definido menos por el crecimiento tradicional y más por la calidad de los resultados. Métricas como: el flujo de caja libre, el desapalancamiento, la eficiencia operativa, la estabilidad del dividendo y la disciplina de capital se convierten en los verdaderos indicadores de éxito para el sector europeo de telecomunicaciones en el año 2026. Según J.P. Morgan, son estos datos —y no solo los ingresos— los que permitirán juzgar si el sector ha iniciado, por fin, una etapa de recuperación estructural.

La situación que dibujan conjuntamente las previsiones de: J.P. Morgan, el último  ranking mundial de inversión en I+D que elabora la Comisión Europea bit.ly/3MP4GtD y el Informe Draghi revela una contradicción estructural profunda en el sector europeo de las telecomunicaciones.

Por un lado, J.P. Morgan describe con realismo financiero un sector maduro, defensivo y con escasa ambición innovadora. Las telecos europeas no prevén aumentar de forma significativa su inversión en I+D y concentran sus esfuerzos en la optimización de redes, la eficiencia operativa y la estabilización de ingresos mediante consolidación. En este marco, la escala no se concibe como palanca para innovar, sino como un mecanismo para dejar de destruir valor, mejorar márgenes y sostener dividendos. Es una estrategia de supervivencia, no de liderazgo tecnológico.

Por otro lado, los datos objetivos del Cuadro de Indicadores de la UE confirman que esta actitud tiene consecuencias claras: las telecomunicaciones quedan muy rezagadas frente a los grandes ganadores de la revolución digital. Mientras las cuatro grandes tecnológicas estadounidenses invierten casi siete veces más en I+D por cada euro que destinan las telecos, estas últimas muestran intensidades sobre ventas inferiores al 2% en muchos casos. El resultado es un gap estructural creciente con Estados Unidos y China, imposible de cerrar sin un cambio radical en prioridades, cultura empresarial y asignación de capital.

El Informe Draghi choca frontalmente con esta realidad. Draghi no plantea una Europa competitiva basada en sectores que se limitan a gestionar infraestructuras maduras y repartir caja, sino en una reorientación profunda hacia la innovación disruptiva, con inversiones masivas en IA, semiconductores, redes avanzadas y tecnologías limpias. Su mensaje es inequívoco: sin un esfuerzo sostenido y coordinado —público y privado— en I+D, Europa perderá peso económico, tecnológico y geopolítico.

El problema es que el sector teleco europeo no está alineado con ese mandato. La consolidación que reclaman hoy sus principales directivos es defensiva, la inversión en I+D es insuficiente, y buena parte de los recursos se siguen destinando a dividendos elevados, reducción táctica de deuda o modelos de negocio heredados. En ese contexto, la soberanía digital que se invoca en el discurso no se materializa en los hechos… Existe un profundo divorcio ente ambos.


En síntesis, las previsiones de J.P. Morgan no son erróneas: describen fielmente lo que el sector está dispuesto a hacer. Pero colisionan con la ambición que exige Draghi. Mientras el informe europeo pide un salto histórico en innovación para cerrar la brecha con EE. UU. y China, las telecomunicaciones europeas siguen atrapadas en una lógica de defensa, escala financiera y bajo riesgo. Con ese planteamiento, el gap no solo no se cerrará: se hará estructural y más amplio.

Para terminar el post quiero manifestar que la anécdota del transistor no es solo un episodio fascinante de la historia tecnológica; es, sobre todo, un aviso. AT&T tuvo en sus manos una innovación que podía haber redefinido su destino y el del país. Sin embargo, optó por gestionarla desde la lógica de la estabilidad, la rentabilidad regulada y la protección del negocio existente. No falló técnicamente; falló estratégicamente. Sobrevivió como “utility”, pero cedió el liderazgo tecnológico a otros. Silicon Valley nació, en parte, de esa renuncia.

Europa se encuentra hoy peligrosamente cerca de repetir ese patrón.

El informe de J.P. Morgan describe con precisión quirúrgica el estado real del sector europeo de las telecomunicaciones: maduro, fragmentado, con retornos deprimidos y atrapado en una década de destrucción de valor. Su receta —consolidación defensiva, disciplina de costes, estabilización del capex y priorización del flujo de caja— es coherente desde el punto de vista financiero. Incluso necesaria. Pero, como en el caso de AT&T, esa lógica es insuficiente para construir futuro.

El problema no es que las telecos europeas quieran consolidarse; el problema es para qué. Bajo la perspectiva que dibuja J.P. Morgan, la consolidación sirve para dejar de perder dinero, sostener dividendos y recuperar atractivo bursátil. Y aquí aparece la complacencia de muchos primeros ejecutivos del sector: presentar ese ajuste defensivo como si fuera, por sí mismo, una estrategia de soberanía digital. No lo es. Es gestión del presente, no conquista del futuro.

Ahí es donde la narrativa colisiona frontalmente con Draghi, Letta y la propia Comisión Europea. Los informes europeos no piden campeones nacionales más cómodos, ni oligopolios defensivos mejor remunerados. Piden escala paneuropea para competir, inversión masiva en I+D, liderazgo en estándares tecnológicos y autonomía estratégica real frente a Estados Unidos y China. La competitividad, en su visión, no es un jarrón retórico para exhibir en discursos y presentaciones; es un arma económica y geopolítica.

Sin embargo, cuando la consolidación se plantea sin compromisos exigibles de inversión en innovación, cuando la escala se traduce en más dividendos y no en más riesgo tecnológico, la competitividad se convierte exactamente en eso: un objeto decorativo. Algo que se invoca, pero no se ejerce. Europa habla de soberanía digital mientras acepta, resignada, que el grueso de la innovación, del software, de la inteligencia artificial y de los ecosistemas digitales se genere fuera de sus fronteras.

El paralelismo con el transistor es, por tanto, inquietantemente preciso. AT&T tenía la infraestructura, el talento y la innovación, pero eligió no convertirlos en estrategia. Europa tiene las redes, los datos y el mercado, pero corre el riesgo de limitarse a monetizarlos mientras otros construyen encima el verdadero poder tecnológico global.

La lección final es incómoda, pero clara: la historia no castiga a quien se consolida, sino a quien confunde consolidación con ambición. No penaliza la estabilidad, sino la renuncia a transformar esa estabilidad en ventaja competitiva.

Europa aún está a tiempo de no repetir el error de AT&T. Pero eso exige algo que hoy escasea más que el capital: liderazgo industrial con visión, voluntad de riesgo y coherencia entre discurso y asignación de recursos. De lo contrario, dentro de unas décadas, las telecomunicaciones europeas serán recordadas como una infraestructura impecable… Sobre la que otros construyeron el futuro.

Ya lo dijo Peter Drucker: “La mayor dificultad en tiempos de turbulencia no es la turbulencia en sí, sino actuar con la lógica de ayer.”Principio del formulario

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