lunes, 11 de enero de 2016

"EFECTO MARIPOSA" Y SUS CONSECUENCIAS EN LAS COMPAÑÍAS


Una combinación de factores marcó el final de un período de notable crecimiento en la década de 1970, lo que se conoció como la crisis del petróleo. La declaración de inconvertibilidad del dólar en 1971 y las devaluaciones del dólar entre 1971 y 1973 pusieron fin al sistema monetario de Bretton Woods. La decisión de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) de aumentar el precio del crudo en 1973 —y nuevamente en 1979— terminó con el petróleo barato que había lubricado el crecimiento de posguerra. 

El crecimiento económico, que había desempeñado un papel esencial en la consolidación de la democracia, experimentó un incontestable estancamiento a finales de los años sesenta, en los que se asistió, en los países industriales, al desarrollo paralelo de la inflación y del paro. Pero las limitaciones del sistema se pusieron de manifiesto bruscamente con las dos crisis del petróleo que sufrió el mundo industrial en 1973, primero con la Guerra del Yom Kippur entre árabes y judíos y segundo en 1979 con la toma del poder en Irán por Jomeini. El proceso de expansión de los países industriales avanzados tuvo en 1973 su punto de inflexión, pues el aumento de los precios del petróleo provocó una marcada contracción de la actividad económica en todos los países industriales. Desde 1975 la mayoría de los países desarrollados experimentaron por primera vez una disminución de su producción desde 1945. Al mismo tiempo, el crecimiento de los gastos petrolíferos disparó la inflación y provocó un deterioro considerable de las balanzas de pagos. La crisis económica abrió una etapa que presentó los rasgos inversos a la precedente, con la desaceleración de las tasas de crecimiento del PIB, el descenso de la productividad y la inestabilidad de la coyuntura económica.

Como consecuencia de estos cambios se frenó el ritmo del crecimiento económico. Creció la inflación, se redujeron las tasas de crecimiento y aumentó el desempleo. Importantes industrias —incluso sectores industriales enteros— se vieron obligados a reconvertirse: debieron introducir innovaciones tecnológicas, ahorrar energía, reducir sus plantillas de personal, etc. Muchas de estas reconversiones contaron con el apoyo de los estados nacionales, que tendieron a privilegiar la mejora de las estructuras productivas sobre los gastos sociales. En términos sociales y políticos, la salida de la crisis en la década de 1970 no fue neutral. En el terreno político, su rasgo principal fue el cuestionamiento teórico y práctico del estado de bienestar. Para sus críticos, enrolados en posiciones que suelen denominarse genéricamente neoliberales o neoconservadoras, el propio funcionamiento del estado de bienestar creaba las condiciones para el estancamiento económico, al limitar los beneficios empresariales y reducir en consecuencia las posibilidades de inversión.
Esta situación descrita anteriormente es lo que podíamos definir como teoría del caos, la cual produce lo que se conoce como el “efecto mariposa”: Dicho efecto es un concepto que hace referencia a la noción de sensibilidad a las condiciones iniciales. La idea es que, dadas unas condiciones iniciales de un determinado sistema caótico, la más mínima variación en ellas puede provocar que el sistema evolucione en formas completamente diferentes. Sucediendo así que, una pequeña perturbación inicial, mediante un proceso de amplificación, podrá generar un efecto considerablemente grande. Uno de los padres de esta teoría fue Edward Lorenz, un matemático y meteorólogo estadounidense. En 1963, experimentando sobre el comportamiento de la atmósfera en modelos computarizados, calculó el cambio en las condiciones atmosféricas frente a unas pequeñas modificaciones de temperatura programadas. Los resultados fueron sorprendentes: cambios insignificantes en los valores de algunas variables meteorológicas, resultaron modificar el panorama atmosférico de una forma gigante e impredecible. De aquí nació el dicho popular del "efecto mariposa" que dice: “el aleteo de una mariposa en Hong Kong causará un tifón en México”, haciendo referencia a que por más insignificante que parezca una circunstancia, siempre acarreará algún tipo de consecuencia importante. Cambios minúsculos que conducen a resultados totalmente divergentes.
En la actualidad nuestro país sufre el "efecto mariposa" político, lo cual se traduce en miedo, inacción, temor, recelo del mundo económico con respecto al devenir de las políticas que se pueden implantar por el futuro gobierno que se consolide así como por la posibilidad de que no exista gobierno y haya que ir nuevamente a elecciones generales. Los dos escenarios pueden traer consigo cambios y afectación a las compañías, sobre todo en aquellas que están en mercados regulados, en las cuales existe una fuerte presencia política en sus órganos de gestión, condicionando su devenir futuro a decisiones que no se acometen cuando el escenario es tan volátil como el actual y sus gestores astisban que el ciclo de su gestión puede acabar. En aquellas que no están reguladas y no tienen presencia política así como para los inversores extranjeros que están en las sociedades a través de los fondos de inversión, el miedo es igual, ya que las decisiones que el futuro gobierno pueda tomar causan desconfianza para sus directivos cuando no existe una previsión y escenario futuro claro y diáfano sobre las medidas que se van a acometer.

Las mejores decisiones económicas se toman cuando hay suficiente información económica disponible, la incertidumbre tiene un impacto nocivo en la actividad económica. En primer lugar cuando existe la misma sus efectos adversos son muy difíciles de controlar, puesto que se transmiten a los diferentes sectores económicos a través de numerosos canales de la economía. En segundo lugar, como se ha visto con frecuencia después de una crisis económica la incertidumbre es anticíclica, una elevada incertidumbre se asocia con recesiones profundas y recuperaciones más débiles. Durante las épocas de expansión, la incertidumbre es, en promedio, mucho menor que durante los tiempos de recesión. La incertidumbre actual impacta sobre la economía en sentido contrario al ciclo económico de pequeña expansión que está viviendo la economía española. Esta incertidumbre está relacionada como dije anteriormente con la política actual y actúa en dos direcciones sobre las decisiones de empresas y hogares. En el mundo empresarial por ejemplo, si un empresario desconoce cuándo va a cobrar un pedido retrasará sus planes de inversión, así mimo esto le generará dudas para la contratación de nuevo personal y expansión de su negocio, etc. En los individuos o sociedad civil actúa en el mismo sentido, si una familia tiene dudas sobre la continuidad de sus ingresos, procurará ahorrar, evitará las grandes compras y con ellas los posibles estímulos que podría dar a la economía por vía de la demanda agregada, (suma del gasto en bienes y servicios que los consumidores, las empresas y el Estado están dispuestos a comprar a un determinado nivel de precios y depende tanto de la política monetaria y fiscal, así como de otros factores).

Se puede afirmar sin lugar a duda que la incertidumbre es el rasgo más distintivo del entorno actual en el que movemos, pareciera lógico pensar que lo normal es vivir cargados de angustia y desesperación, sin embargo no estamos preparados para vivir en ella ya que hemos sido educados para movernos en entornos de una mayor certeza. Esa agonía que suele aparecer con facilidad, cuando el individuo ve amenazada su estabilidad laboral u otras aún peores, que suelen englobar muchas preocupaciones a la vez, como suelen ser por ejemplo, unos resultados electorales, donde existen expectativas que van desde la posibilidad de perder un empleo hasta la de perder una propiedad o una empresa. Y es que la incertidumbre, ya sea económica, política o social, está asociada a lo desconocido y esto nos provoca inseguridad, estrés, ansiedad y miedo. En consecuencia, se convierte en una generadora de situaciones muy angustiantes que pueden llevar a la persona a desarrollar acciones defensivas en su comportamiento. Por otro lado, ante la incertidumbre, siempre es importante pensar y preparar vías de acción ante lo peor que pueda suceder y que tanto se teme. Lo que suele suceder es que en ese análisis vamos a encontrar que eso que consideramos “lo peor” tampoco es tan grave como para no tener salidas y que además y paradójicamente suele ser poco probable. De esta manera podemos calcular posibilidades, crear "escenarios" de lo que pueda sobrevenir preparándose mentalmente para cada uno. Preguntarse, ¿qué haría si se da este u otro escenario?, nos prepara con nuevas ideas para abordar cada situación y esto hará que disminuya la incertidumbre, el miedo y por ende la ansiedad. La incertidumbre nunca desaparecerá mientras siga creciendo. La única manera de vencer al miedo es enfrentarlo, no evitarlo. Por ende, el objetivo no es dejar de sentir miedo, sino que dicho miedo sea un factor controlable y no nos inmovilice,  lo otro es temeridad, y esta sí que puede llevar a cualquiera al desastre.  

Ante esta situación de incertidumbre que vivimos actualmente se plantea un dilema fundamental a los gestores dentro de las compañías, ¿abordar y gestionar las mismas tomando medidas que salven a las mismas del “efecto mariposa” o quedarse quietos y esperar a que escampe con el consiguiente riesgo para las mismas?... la decisión puede que no sea fácil, pero el sentido común y la generosidad de dichos gestores tiene que estar puesta en la salvaguarda de los intereses de todos los stakeholders (trabajadores, accionistas, clientes, etc.) que están dentro de las compañías a los que representan.

Ya lo dijo Arthur Schopenhauer: “No hay ningún viento favorable para el que no sabe a qué punto se dirige”.

1 comentario:

  1. REcomiendo leer "el cisne negro" de Nassim Taleb, en torno a la incertidumbre y cómo enfrentarnos a ella.

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