domingo, 10 de septiembre de 2017

PUERTAS GIRATORIAS EN LAS COMPAÑÍAS...OUTSOURCING ENVENENADO



En el año 2013 el prestigioso diario norteamericano "The Washington Post" informó de que una tercera parte de los servicios de inteligencia estadounidenses se encontraban en manos de empresas privadas. Según dicho diario, el 99% de los ingresos de Booz Allen provienen exclusivamente del gobierno federal norteamericano. Los datos hablan por sí mismos: en el ejercicio económico del 2012, Booz Allen Hamilton facturó 6.000 millones de dólares, es decir, unos 4.500 millones de euros. La firma tiene empleados a 25.000 trabajadores. Su accionista mayoritario es el fondo de inversión Carlyle Group, que fue fundado en 1987 por William E. Conway Jr., Daniel A. D’Aniello y David M. Rubenstein, y por ella han pasado personalidades como George Bush padre (que fue consejero de la compañía en Asia entre 1998 y 2003), o George W. Bush Jr., que formó parte de la junta directiva entre 1990 y 1992.

La relación entre poder político y dicha firma consultora ha sido muy estrecha a lo largo de los últimos veinte años. James Woolsey Jr., que fue director de la CIA, también ejerció como vicepresidente de Booz Allen Hamilton, cuyas oficinas se sitúan muy cerca de las de la CIA, en Langley, Virginia. También formó parte de la compañía el general retirado James Clapper, director de la inteligencia nacional (DNI), que manifestó que, “la revelación llevada a cabo por el “traidor” Snowden era “censurable” y que podía “dañar de manera irreversible y duradera” la seguridad nacional americana”. Clapper fue vicepresidente de la compañía a finales de los años noventa. También George E. Little, portavoz de la CIA, y John M. McConnell, antiguo director de la Agencia de Seguridad Nacional, formaron parte de la compañía.
Muchos de los hechos de intereses cruzados y puertas giratorias entre empresa privada y cargos públicos fueron puestos en conocimiento de la opinión pública por el periodista Tim Shorrock en su libro “Spies for Hire: the Secret Word of Intelligence Outsourcing (Simon & Schuster), en el que se denunciaba la externalización de los servicios estatales de inteligencia americanos y la gran cantidad de antiguos miembros del gobierno que formaron parte de dichas empresas, y cuyos sueldos pueden doblar o triplicar lo que percibían en su función pública. Como afirmó en un artículo publicado en “Salon”, “el espionaje se ha convertido en una de las industrias que han crecido más rápido de los Estados Unidos. El gobierno federal confía más que nunca en la externalización de parte de sus labores más sensibles”. Hasta que las revelaciones del trabajador de Booz Allen Hamilton, Edward Snowden, pusieron todo patas arriba. Shorrock acusó a algunos de los antiguos miembros del gobierno anteriormente citados, como John McConnell, James Woolsey o James Clapper de haber fomentado un conflicto de intereses en su continua circulación entre la agencia privada y los organismos públicos. La relación de firmas como Booz Allen Hamilton ha sido calificada con frecuencia como de “puertas giratorias”, es decir, es frecuente que aquellos que formaron parte del gobierno terminen trabajando para la firma (y viceversa). Como declaró Steven Aftergood, jefe del Proyecto de Secretos de Gobierno de la Federación de Científicos Americanos a Business Insider, “ahora estás en el gobierno dos o tres años, te dan un permiso, y emigras a uno de esos contratistas que pagan tan bien”. 
Booz Allen Hamilton fue fundada en 1914 de mano de Edwin G. Booz, pero fue durante la Segunda Guerra Mundial cuando gozó de su mayor crecimiento, al comenzar a colaborar con el ejército americano. Las largas décadas de la Guerra Fría y su constante vigilancia sobre el enemigo le permitieron posicionarse como una de las consultoras más importantes en Estados Unidos. Los atentados del 11 de septiembre dieron el último espaldarazo a estas empresas, que se llevan hasta el 60% del presupuesto de inteligencia del gobierno. La difícil situación a la que se enfrentó en el 2013 la imagen pública de Booz Allen no ha sido menoscabo para que dicha situación se siga produciendo años posteriores con el consiguiente riesgo que se abre a la seguridad nacional del gobierno norteamericano con imprevisibles consecuencias, parece que las revelaciones del empleado de Booz Allen, Snowden, no han servido mucho para corregir dicho problema.  

El outsourcing tiene su origen en los Estados Unidos en la década de los sesenta, fue la compañía norteamericana EDS quien comenzaría a realizar contratos de gestión de activos referidos al procesamiento de datos, respondiendo a la necesidad de las empresas de obtener un mayor rendimiento a las altas inversiones derivadas del coste del hadware. Con el acto de externalizar dicha actividad las compañías esperaban una mejor asignación de recursos técnicos y humanos con que contaba la empresa. El ámbito informático de aquellos contratos marcará la pauta posterior al tipo de servicio externalizado, hasta el punto que se identificará dicha externalización generalmente con los servicios informáticos. Será a comienzos de la década de los 90 cuando se irán incorporando otras actividades de las compañías a dicha práctica, como por ejemplo, la logística, operaciones, etc., hasta alcanzar un grado de enajenación de actividades notable como sucede en la actualidad. Actualmente no existe ninguna área de las compañías que se salve de dicha operativa, salvo algunas actividades de tipo estratégico. Hoy en día se está tendiendo hacia un concepto de corporación virtual como muestra el grafico abajo mostrado. Lo que pretenden mostrar aquellas compañías que han implantado profusamente dicha estrategia del outsourcing es una compañía integrada que ofrece productos y servicios, sin embargo la realidad es otra, lo que existe es una estructura de múltiples compañías que están implicadas en la creación de determinados productos y servicios.  En teoría cada una de dichas compañías realiza alguna de las fases necesarias para prestar dicho producto o servicio, de tal forma que satisfaga las necesidades de los clientes. Con ello se consigue una mayor eficiencia al ser cada una de dichas empresas especialista en extraer el máximo valor en la tarea que realiza, por ejemplo el fabricante Nike solo realiza las actividades de diseño y marketing...Hasta aquí el marco teórico.





Una cuestión actualmente, no menor, que está estropeando dicho marco teórico del outsourcing en las compañías son las “puertas giratorias” de los directivos o mandos. Este fenómeno se produce cuando determinados empleados que abandonan una compañía que externaliza dichos servicios,  se pasan con armas y bagaje, (Know How, contactos, operativas, etc.),  a las compañías que reciben dichos contratos, ejerciendo desde las mismas una función de lobby sobre la empresa que externaliza y que es de la que proceden. Muchas veces el poder o fuerza de “lobby” que ejercen dichas personas viene precisamente de que antes de abandonar la compañía que externaliza dicha actividad, ponen en el puesto o puestos que van a ser interlocutores a determinadas personas accesibles a sus intereses. Otro factor determinante para aquellos mandos o directivos que están dentro de la compañías para favorecer a antiguos exempleados es que se les abre para ellos un acceso a los contratistas cuando abandonen la compañía que externaliza dichos servicios. El principal problema que ocurre con este tipo de actos es que los criterios de externalización no son los más objetivos, generando muchas veces deficiencias en la gestión de dichos servicios por no obedecer las acciones de dicha adjudicación a unos criterios técnicos objetivos, sino que los criterios que se aplican vienen viciados por una relación particular de aquel que recibe el contrato de externalización con el que lo adjudica, dejando a la compañía de subroga dichos trabajos con unos costes y eficiencias notablemente mejorables con respecto a otras compañías que no pueden acceder a dichos contratos por carecer de “influencia” sobre la compañía que externaliza los servicios.



Este “mal outsourcing” viene motivado a veces por el hecho de asegurar una vinculación laboral o económica más allá de la relación contractual que tiene un empleado con su compañía, la cual puede verse afectada por cambios que se originen en su estructura, llámese ERE, desvinculaciones laborales, etc.

Fue Adam Smith la persona que sentó las bases de la teoría económica y fundamentó su propuesta liberal, tanto en política como en economía destacando la dimensión moral de la actividad económica en su tratado “Teoría de los sentimientos morales”.  Smith abordo el análisis económico teniendo en cuenta que el mismo ya se encontraba presente en la sociedad desde Aristóteles a través de la equidad: "Valor humano que busca justicia e igualdad de oportunidades respetando las características particulares, para darle a cada uno lo que le corresponde o merece".  La equidad social es la aplicación de los derechos y obligaciones a las personas de manera justa y equitativa. El objetivo último de la equidad social no es eliminar las desigualdades sociales, sino superarlas aplicando un trato equivalente a todas las personas que forman parte de la sociedad o de sus estructuras, económicas, políticas o sociales. La ética en los negocios tiene que ser, al mismo tiempo, una ética de la responsabilidad, atenta a las consecuencias de los actos económicos, una ética que contribuya al principio de humanidad, que vele por la dignidad de la persona en todas las relaciones que mantiene con el resto de stakeholders de la compañía, y que sirva como marco de referencia para sentar unos principios morales con el fin de lograr determinados bienes o servicios mediante prácticas compartidas y asumidas colectivamente.


   
Según un estudio efectuado este año por el Instituto de Auditores Internos de España (IAI), el barómetro mensual que toma el pulso a la profesión entre sus más de 3.200 socios, ocho de cada diez empresas, el 83%, cuentan con políticas o procedimientos para resolver los problemas derivados de un conflicto de interés, incluso antes de que se produzca. Porque, como recuerdan desde el propio IAI, “para que exista un conflicto de interés no es preciso que se materialice, sino que es suficiente con que exista la posibilidad de que se produzca”. De este estudio se desprende que el 67% de los encuestados asegura que en sus departamentos de auditoría interna los conflictos de interés forman parte del universo de riesgos a auditar. Y es que, según se destaca en la Guía de Implementación 2110 del Marco Internacional para la Práctica Profesional de la Auditoría Interna –que regula la labor de los auditores internos en todo el mundo–, el departamento de auditoría interna tiene que  incluir dentro de sus riesgos a auditar aquellos que estén relacionados con el proceso de gobierno, siendo uno de los objetivos clave la ética, con su revisión de los conflictos de interés. Existen diversas regulaciones nacionales e internacionales que establecen normas de actuación para detectar y actuar ante conflictos de interés en las organizaciones, como por ejemplo la Ley 3/2015 de la Administración Pública, reguladora del ejercicio del alto cargo de la Administración General del Estado; o de la guía práctica emitida por la European Commission Anti-Fraud Office (OLAF), para la detección de conflictos de interés en los procedimientos de contratación pública o la Circular 1/2014  de la CNMV para abordar los conflictos de interés. Sin embargo, es conocido que existen compañías que mantienen a personal que abandonaron la misma como miembros de compañías que prestan outsourcing para su antigua compañía, con el consiguiente riesgo que esto supone para extraer las sinergias y eficiencias en el proceso productivo. “Es el Consejo de Administración de las compañías el organo que debe definir el marco de actuación a través de una política, así como vigilar, controlar y evaluar periódicamente su eficacia”, explican fuentes del IAI.


Las revelaciones del ex analista de la NSA Edward Snowden sobre el espionaje de Estados Unidos y Reino Unido provoco un terremoto de consecuencias globales sin precedentes en el mundo de los servicios de espionaje. Este hecho puso a Estados Unidos en serios aprietos con sus aliados, generando una enorme desconfianza global y multiplicado la sensación en la sociedad de que se vive bajo un” gran hermano” que todo lo observa. El caso Snowden  abrió un debate sobre el significado de las libertades civiles en el siglo XXI que obligó a la Casa Blanca y al Congreso estadounidense a revisar sus programas de inteligencia. 

Para terminar este post quiero decir que es difícil corregir estas malas prácticas que sacuden a algunas compañías, sin embargo los beneficios de luchar contra ellas es que pueden ser determinantes en el futuro de una compañía para sobrevivir a entornos tan competitivos y cambiantes como los actuales, donde la eficiencia y eficacia tienen que ser la brújula de los directivos en la toma de decisiones de la actividad empresarial.


Ya lo dijo la filósofa norteamericana Ayn Rand: "Cuando advierta que para producir necesita obtener autorización de quienes no producen nada; cuando compruebe que el dinero fluye hacia quienes trafican, no bienes, sino favores; cuando perciba que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias más que por el trabajo, y que las leyes no los protegen contra ellos, sino, por el contrario son ellos los que están protegidos contra usted; cuando repare que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un auto sacrificio, entonces podrá afirmar, sin temor a equivocarse, que su sociedad está condenada".  

  



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