sábado, 14 de septiembre de 2019

PSI, ERE, ERTE, SUTOT... LA DOBLE VARA DE MEDIR DE QUIEN FIRMA LOS MISMOS

“Una mujer fue junto con su hijo a ver a Gandhi. Gandhi le preguntó qué quería y la mujer le pidió que consiguiese que su hijo dejase de comer azúcar.
Gandhi le contestó: “traiga usted otra vez a su hijo dentro de dos semanas”.
Dos semanas más tarde la mujer volvió con su hijo. Gandhi se volvió y le dijo al niño: “deja de comer azúcar”.
La mujer, muy sorprendida, le preguntó: “¿Por qué tuve que esperar dos semanas para qué usted le dijese eso? ¿Acaso no podía habérselo dicho hace quince días?”.
Gandhi contestó: “no, porque hace dos semanas yo comía azúcar”.




El ejemplo puede ser, a todas luces, el mejor método de enseñanza. Pero ejercerlo con honestidad y decisión, de la forma más correcta o más idónea, resulta algo muy difícil de lograr. No obstante, también es algo que vale la pena y que puede darle sustancia a más de una vida, incluida la de cualquier persona. Predicar con el ejemplo es lo más sabio que se puede transmitir. Ya lo dijo Stephen Covey: “Tus actos siempre hablan más alto y más claro que tus palabras.” Porque los hechos son la forma de concretar lo que se dice y porque decir una cosa y luego hacer otra es auto-descalificarte. Si uno no interioriza verdaderamente lo que expresa, jamás será una realidad. Ya lo decía Albert Einstein, “Dar ejemplo no es la principal manera de influir sobre los demás; es la única manera”. Indudablemente, en cualquier ámbito de la vida se necesitan personas convencidas de sus actos, y en una organización empresarial no iba a ser menos. Personas arriesgadas, que fijen sus ojos en aquello en lo que creen, a diferentes niveles; y que sean valientes, no para agredir a otros grupos de personas o ganar una pelea contra los demás, sino para hacerlos crecer: esto es lo verdaderamente difícil y complejo. De igual modo que cuando una persona dice mentiras pero reclama honestidad a los demás, posiblemente está en la dirección equivocada. Porque no conviene pedir aquello, que nunca serás capaz de dar. Nadie puede enseñar a otro, lo que no sabe y lo que no aplica a sí mismo, las personas que son ejemplo de vida son capaces de cambiar su contexto y escenario en el cual se hacen y se desarrollan. Si se quiere son, en muchos casos, líderes anónimos de la existencia, que a la vez que crecen, nos inducen a crecer. Porque el verdadero ejemplo es “cohesionador”: nos muestra un deber ser, que nos impulsa a la imitación. Nos contagia para hacernos más fuertes y resistentes ante los infortunios a los que nos enfrentamos, sobre todo, nos hace ver que es posible ser así… Desafortunadamente para una persona, cuando se vuelve ejemplo para los demás tiene más exigencias. Hasta el más mínimo detalle negativo tiende a menoscabar su imagen y sus buenas acciones. Los otros se inclinan a mirar más el defecto o el traspié que la virtud, así esta última sea muchísimo mayor que todo lo demás.
Estos días atrás hemos visto como una gran compañía (Telefónica), ha propuesto un acuerdo con la representación sindical (UGT y CCOO) para la firma de un PSI, según el cual, facilitará la salida de unos 5.000 posibles trabajadores si lo aceptan de forma voluntaria. Sin embargo, para cualquier profano que mira la gestión del equipo directivo actual, hay distintas métricas que dicen bastante de cuál ha sido el recorrido de la misma en los poco más de tres años que llevan al frente de la compañía dichos directivos. Su capitalización en bolsa a la llegada era de 48.000 millones de euros aproximadamente y el precio de la acción cotizaba a 9,31 euros y había en plantilla un total de 31.118 empleados al cierre del primer trimestre del 2016. Por contra al cierre del segundo trimestre del 2019 la plantilla está compuesta por 25.353 empleados y la capitalización bursátil ayer era de 35.530 millones de euros siendo el precio de la acción de 6,79 euros. La gestión de dicho equipo directivo para sus accionistas ha sido de una pérdida del 25,97% del valor de la compañía y su fuerza laboral se ha visto reducida en 5.765 empleados antes del PSI aprobado el día 10 de septiembre en el Consejo de Administración. Sin embargo, la retribución del Presidente ejecutivo de la compañía se ha incrementado como se puede observar en 17.000 euros (0,32%) entre el año 2016 y el año 2018, un cierto contrasentido si observamos el discurrir la cotización de la compañía.

                                     Pirámide de edad de Telefónica

 Retribuciones del Consejo año 2018

 Retribuciones del Consejo año 2016

Llegados a esta situación cabe preguntarse si el PSI es necesario para conseguir una compañía más eficiente, ¿porque los nacidos antes del 1966 y que son directivos como el presidente ejecutivo o el Consejero Delegado no se ve afectados por el mismo? Lo mismo cabe preguntarse de las personas que están en la mesa en representación de los trabajadores, ¿Por qué no dan ejemplo acogiéndose al mismo?

Sin duda, en la gestión de una compañía todo tiene un proceso y un tiempo. No se puede llegar a la meta, sin haber transitado por completo cada uno de los diferentes trayectos. Nada de lo que se haga por crecer será en vano y esta será una trascendental labor que nadie realizará por los diferentes stakeholders que integran cualquier compañía. La elección es de ellos y de nadie más.
El ejemplo del principio de este post de Gandhi es fundamental para triunfar allí donde cualquier persona desempeña su función en un intervalo de tiempo razonable…Sin embargo parece que en la operadora el tiempo se ha detenido.


Ya lo dijo Confucio: “Cuando el gobernante mismo obra rectamente, ejercerá influencia sobre el pueblo sin dar órdenes, y cuando el gobernante mismo no obra rectamente, todas sus órdenes serán inútiles.”

















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