sábado, 5 de diciembre de 2020

"DESINFORMACIÓN" , UNA ACCIÓN DEMASIADO COMÚN EN COMPAÑÍAS CON MALA GESTIÓN

 

En la actualidad, en apenas unos segundos, podemos comprobar si una noticia es falsa o no. Pero en la antigüedad no lo tenían tan fácil. La de verificar también es una tarea complicada para los investigadores de la historia antigua. Gracias a estas investigaciones hemos descubierto que cuando Julio César cruzó el río Rubicón para entrar en Italia, no lo hizo con el inmenso ejército que creía su adversario, Pompeyo Magno. O que Octaviano fue, en parte, culpable de la muerte de Marco Antonio y Cleopatra al hacerse con el testamento del primero y manipularlo en su propio beneficio. Los romanos tenían fama de conspiradores, pero hay más bulos en la actualidad. Provocar el miedo. El objetivo sigue siendo el mismo, pero la ideología parece ser un filtro importante a la hora de asumir o rechazar una información. La primera víctima de la guerra es la verdad”. Esta frase, atribuida al senador estadounidense Hiram Warren Johnson en 1917, fue pronunciada hace más de cien años durante la Primera Guerra Mundial. Lo cierto, es que la historia nos demuestra cómo la verdad es víctima recurrente en cualquier sociedad organizada, y es que la mentira política es un arte tan viejo como la civilización.

La primera constatación histórica del empleo del término desinformación se produjo a inicios del siglo XX. Los rusos que emigraron a Francia al acabar la Primera Guerra Mundial relataron que la policía política bolchevique utilizaba la expresión “desinformatzia” para referirse a todas aquellas acciones dirigidas desde el interior y exterior del país destinadas a impedir la consolidación del régimen comunista en Moscú. Transmitir a alguien una información que no es verdadera es una situación que puede darse con asiduidad. Sin embargo, sólo podrá hablarse de desinformación, cuando hay intención clara de engañar por parte de los promotores y realizadores de la información. En virtud de este criterio, ha sido común entre autores estadounidenses y franceses establecer la distinción entre “missinformation”, para hacer referencia al error, y disinformation cuando hay intención de engañar (Fallis, 2011) La práctica de la desinformación ha quedado vinculada a la Guerra Fría, periodo en el que tanto Estados Unidos como la Unión Soviética crearon organismos especializados en utilizar la información como arma de guerra. Sin embargo, este término ha traspasado este contexto histórico, puesto que continuó usándose tras el fin del conflicto entre americanos y soviéticos, habiendo llegado hasta nuestros días con múltiples significaciones que han difuminado sus límites conceptuales. El término desinformación se ha convertido en habitual en el lenguaje político, periodístico y empresarial, habiéndose incorporado también al acervo popular, en el que aparece vinculado a la manipulación de los medios, al control de la información en beneficio de intereses políticos o económicos y a las estrategias de gobiernos, partidos o grandes empresas para engañar a la opinión pública. Y así, dicen los diccionarios que “desinformación” es sinónimo de desconocimiento o ignorancia y también de manipulación o de confusión. Esta situación es corroborada por Internet, si uno mete en el buscador de Google el termino “desinformación” aparecen 7.210.000 resultados de la búsqueda de dicho término. Esta situación es particularmente reseñable por cuanto el término en sí mismo es de reciente creación, de principios del siglo XX, y su incorporación a los principales diccionarios aún más cercana en el tiempo. Como recoge Jacquard, el Larousse francés lo incluyó por primera vez en 1982, definiéndolo como “acción de suprimir la información, de minimizar su importancia o modificar el sentido” (Jacquard, 1988: 9). Por su parte, el diccionario de la Real Academia Española no lo introdujo hasta 1992, definiéndolo como “dar información intencionadamente manipulada al servicio de ciertos fines” o “dar información insuficiente u omitirla”. Con el paso de los años se ha convertido en un término cliché, al que se recurre para definir múltiples situaciones, todas ellas caracterizadas por el empleo de la mentira, y muy especialmente en el campo de la comunicación política o económica (empresarial). 

En el mundo de la “desinformación” un factor fundamental para sobrevivir en el mismo es, la distracción. La palabra distracción proviene etimológicamente de la raíz latina distractĭo, -ōnis que significa, separación por distintas vías o desunión y como aplicación accionaria del verbo “distrahere” compuesto por el prefijo dis (divergencia) y la raíz del verbo “trahere” que se traduce como tirar, halar o arrastrar. La definición acuñada en el Diccionario de la Real Academia Española hace referencia a “una cosa que atrae la atención apartándola de aquello a que está implicada”, por lo que la distracción sugiere que existe un factor externo al que atiende, que origina la desviación de su propia atención. Para llevar a efecto dicho situación se produce una sobresaturación informativa, es lo que se conoce como infobesidad, infoxicación o “data smog”. Este hecho  atenta contra la atención que la audiencia –receptora–tiene sobre los acontecimientos que le son útiles afectando su capacidad en la toma de decisiones; la distracción pareciere estar englobada en una de las consecuencias pragma-lingüísticas que surgen tanto de manera no intencional por la sobresaturación del canal  y  la  ingente  cantidad  de  pseudo informaciones,  los  cambios  de  hábitos  de consumo informativo, así como aquellas que de manera intencionada el “establishment” o directivos pueden originar para evitar profundizar de sus propios problemas. Así pues, la distracción se muestra como resultado de un ente externo que manipula volitivamente o no la atención hacia otro asunto para evitar la exposición de otro principal que no le conviene, aunque también puede provenir bien de fuentes internas como la fatiga, la falta de concentración o la ausencia de interés sobre un asunto o como resultado de ruidos comunicacionales que intervienen en el propio proceso comunicativo y perjudican la entrega del mensaje. 

La mentira no debería ser una herramienta empresarial o de comunicación, pero la realidad es que la manipulación de la opinión pública o de los stakeholders de una compañía, es más común de lo que pensamos. Generalmente la efectúan en beneficio propio algunos directivos, es moneda común en nuestros días y se utiliza conscientemente en todo momento. Este hecho forma parte del comportamiento de todos los estamentos públicos y privados, y también de nuestras propias vidas y de nuestra percepción de la realidad. Siempre estamos intentando dilucidar dónde está la verdad de lo que se nos transmite desde distintas fuentes. Las compañías comunican constantes mensajes intencionales, que los medios de comunicación reciben en algunos casos  “previo pago de las mismas” y luego hacen llegar a la opinión pública. Habría que preguntarse lo siguiente, ¿Verifican acaso los medios de comunicación el 100% de la información que los profesionales de la comunicación corporativa les hacen llegar? La respuesta es no. No se hace generalmente porque carecen en muchos casos de medios como es el tiempo o los recursos humanos o materiales para ello. Simplemente se da por veraz la fuente en la inmensa mayoría de los casos. Sin embargo, cuando se miente y se llega a conocer dicha acción, el resultado es mucho peor que si hubiéramos optado por el camino de la sinceridad; por lo tanto, ante la encrucijada de la mentira hay siempre que valorar los efectos secundarios. Por lo tanto, la mentira es una herramienta constante de la que se valora su uso en caso de necesidad. Y si el resultado de dicha valoración es positivo, se construye y se lanza sin escrúpulos. El objetivo final de cualquier CEO o presidente de una compañía es velar por la imagen corporativa de su empresa, sin embargo, demasiadas veces dicha acción se cimenta sobre medias verdades o mentiras. Si uno lee cualquier manual de comunicación de crisis, observaremos que la posición del reconocimiento de culpa, la humildad y la sinceridad, son las mejores armas para superar dicha crisis.

                                                                     Fuente: Telefónica

Llevamos unos días viendo en los medios de comunicación una campaña publicitaria por parte del operador Telefónica, en la cual se pone de relieve toda una serie de hechos que ocultan otros tan importantes o más que los que se resaltan https://bit.ly/3mK8iLK , https://bit.ly/37FF0r1 , https://bit.ly/3mGnSrA , https://bit.ly/37CBbmv Toda esta campaña viene precedida de un artículo que se publico en un diario económico cuyo título es el siguiente, Telefónica cumple con su plan para llegar a toda la sociedad” https://bit.ly/33IZk9N En el mismo se afirma lo siguiente; “Como explica el presidente de Telefónica, José María Álvarez-Pallete, con el plan anunciado el año pasado se trata de que la compañía se prepare para los próximos 100 años, comprendiendo lo que demanda tanto la sociedad como el entorno empresarial. La digitalización, acelerada como nunca por la covid-19, ha dejado de ser una cuestión del pasado. Es uno de los asuntos capitales en el corto, medio y largo plazo. “Quiero una Telefónica comprometida con hacer nuestro mundo más humano y más sostenible. Una Telefónica con el propósito de generar valor para todos sus grupos de interés y la sociedad a largo plazo, creando relaciones de confianza, con crecimiento y eficiencia”, asegura. Lo primero que hay que recordar, es que la operadora renunció a sus objetivos financieros para este año en la presentación de resultados del primer trimestre el 7 de mayo https://bit.ly/2VHtjec Por lo tanto, si no existen objetivos ¿Cómo se puede decir que se ha cumplido en la creación de valor? Sin embargo, lo mejor que haremos es fijarnos en una serie de datos que nos guiaran cual ha sido dicha creación de valor desde la aprobación del nuevo plan estratégico. El día que se hizo la presentación del nuevo plan estratégico, la operadora cerró en bolsa cotizando a 6,656 euros por título. El viernes 4 de diciembre del 2020 la cotización cerró a 3,78 euros por título, la pérdida de valor en dicha cotización en el periodo de tiempo reflejado ha sido del (-43,20%). Si a esto añadimos por ejemplo, que en la principal división de la operadora, Telefónica de España, en los nueve primeros meses del año 2020 se han perdido 206.300 accesos con respecto al año 2019, de los que 69.500 accesos son de TV o que en los nueve primeros meses del año se han perdido 354 millones de euros en los ingresos con respecto al mismo periodo del año 2019, la foto no puede ser más preocupante si se mira objetivamente. Probablemente, vengan nuevos spots publicitarios próximamente en prensa o televisión, en los cuales se trate de poner de relieve aquellas cosas que están bien hechas. Sin embargo, cuando se utilizan dichos hechos ocultando otras cuestiones que son fundamentales en el devenir de una compañía, se está haciendo un flaco favor a los diferentes grupos de interés de la misma (stakeholders)

                                                  Cotizacion de Telefónica

Evolución de la cotización desde la llegada del actual presidente de Telefónica el 8 de abril del 2016

Para terminar el post decir que en algunas compañías la verdad es la gran sacrificada como bien dijo el senador Hiram Warren Johnson, lo grave de la situación actual es que la información muchas veces esta delante de nuestros ojos y sin embargo… No la miramos para gusto y beneficio de aquellos que tratan de ocultarla, pagando por ello un precio demasiado alto. 

Ya lo dijo Confucio: “El camino de la verdad es ancho y fácil de hallar. El único inconveniente estriba en que los hombres no lo buscan”.

 

 

 

 

                                                      


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