martes, 5 de mayo de 2015

EL LIDERAZGO FUNDAMENTADO EN LA INERCIA




Isaac Newton encaja perfectamente en el estereotipo de científico despistado: él mismo cuenta que, en una ocasión, entró en la cuadra de la granja donde vivía arrastrando por las riendas a un caballo sin advertir que el caballo hacía tiempo que se había zafado. Newton también se olvidaba a menudo de comer y hasta de dormir, al menos es lo que cuentan quienes le conocieron en sus tiempos universitarios. Y es que Newton a menudo quedaba abstraído por sus reflexiones. También se olvidaba a menudo de sus invitados cuando se ausentaba por algún motivo del salón: se dirigía a su laboratorio y no regresaba en horas. Vestía de forma descuidada, e incluso sucio, porque a menudo olvidaba su higiene personal. Se cuenta que en 1684, muchos de los científicos ingleses de la época mantenían un famoso e importantísimo debate sobre las leyes del movimiento de los cuerpos celestes. Este debate surgió a raíz de un encuentro mantenido en enero de aquel año por tres eminencias de la Royal Society de Londres: Robert Hooke, Christopher Wren y Edmund Halley, en el que, al no llegar a un acuerdo, Wren, arquitecto de la catedral de San Pablo, ofreció un premio al primer científico que lograse demostrar convincentemente las leyes del movimiento de los astros. Como pasaban los meses y nadie se atrevía a hacerlo, Halley decidió visitar a Newton a Cambridge. En el curso de la conversación, le preguntó por las órbitas de los cuerpos celestes, a lo que Newton contestó que eran elípticas. “¿Cómo lo sabe?”, volvió a preguntar Halley, a lo que Newton repuso: “Las calculé hace tiempo”. Halley, ansioso y sorprendido, le pidió que le mostrase esos cálculos, pero Newton fue incapaz de encontrarlos, así que no tuvo más remedio que prometerle que los volvería a hacer y se los haría llegar (promesa que cumplió rápidamente).

Dice la primera ley de Newton que, "todo cuerpo continúa en su estado de reposo, o en movimiento uniforme en línea recta, a no ser que se vea obligado a cambiar ese estado por fuerzas ejercidas sobre él". Es la definición de la inercia. Una explicación para esta ley es que establece que si la fuerza neta sobre un objeto es cero, si el objeto está en reposo, permanecerá en reposo y si está en movimiento permanecerá en movimiento en línea recta con velocidad constante.


La inercia no es un concepto aplicable sólo a la física, sino que también puede ser aplicado al ser humano o las organizaciones. Las mismas pueden caer en un peligroso estado de inercia cuando la situación se apodera de la organización sin que sus miembros hagan nada por remediar lo que está sucediendo. Se podría definir como inercia, “la falta de impulso para emprender algo. Falta de energía o vivacidad, inacción, apatía, pereza o resignación al futuro”.  Sin embargo esta situación puede ser letal en el entorno  actual, ya que los cambios suceden de forma más repentina y demanda de las organizaciones empresariales respuestas rápidas y novedosas, por lo que aquellas que no estén preparadas para asumir el reto tienen altas probabilidades de fallecer en el mercado en el que operan. La proactividad no garantiza el éxito de las organizaciones, pero prepara a las personas que integran las mismas para la luchar de escenarios nuevos en los que hay que competir con otros rivales que tienen las mismas necesidades. 
Las organizaciones que sufren esta inercia tienen en sus líderes un patrón de comportamiento muy definido, sus características son las siguientes:

  • Son personas que se acomodan a la situación actual, no viven pensando ni en el entorno actual, ni en el mañana del equipo que lideran, (su universo gira en torno a ellos mismos, son el centro de su propio universo).
  • Renuncian a su capacidad de construir nuevos escenarios, empleando los medios de los que disponen a su alcance, (personas, medios materiales, etc.), su única visión es defender lo que atesoran en ese momento. Esto hace que con el tiempo, eso que tienen (cuota de mercado, ingresos, clientes, etc.), vaya decreciendo por la fuerza que ambicionan otros líderes que compiten con ellos, innovando y poniendo en práctica nuevas estrategias, metas, etc.  
  • La inercia es la única estrategia que conocen, en las grandes empresas esta situación es mucho mayor que en las de tamaño más reducido. No se debe confundir inercia con conservador, se puede ser conservador para proteger un gran negocio e intentar retrasar al máximo la alternativa, la inercia sería no ser conscientes del cambio o serlo y no tomar ninguna medida. 
  • Los líderes que gestionan la inercia actúan con: falta de comunicación al equipo, ausencia de liderazgo frente a los problemas, ausencia en el día a día dentro de la compañía, cuando se les busca no aparecen, las inversiones en sus recursos humanos como formación, clima laboral, etc., no son prioridades para los mismos, viven mirando más hacia arriba en la estructura de la compañía, olvidándose de mirar para abajo donde están los miembros de su equipo que son los que hacen que la compañía funcione, etc.

Las excusas para auto justificar dicho comportamiento y abandonarse a la inercia como la crisis, el gobierno, los políticos, los funcionarios, la corrupción, los reguladores, los monopolios, el establishment, etc., ya no sirven, la inercia está dentro de dichas personas, lo único que hacen estos factores es acomodar dicho espíritu de lucha del individuo y cortar la capacidad de rebelarse que atesora el mismo. 
 

Esta inercia o resistencia pasiva al movimiento genera desgana, desconocimiento e incapacidad en aquellas personas que la perciben dentro de la compañía, obstaculizando los posibles esfuerzos dinamizadores o acciones útiles que se requieren para revisar sus procesos, alcanzar mejoras u objetivos, brindar más valor al cliente y demostrar apego por su empresa.

La fuerza que se requiere para vencer dicha inercia en la empresa será proporcional al tamaño de la misma y a los  factores negativos que atesora como; la antigüedad, anacronismo, desorden, inexperiencia, conformismo, incredulidad, vanidad, etc. Todos ellos están dentro de las mismas, pero son acentuados por liderazgos de corta mira por parte de directivos que se centran más en el día a día que por liderar con visión de futuro. Estos factores pueden acabar con ellas cuando van en sentido opuesto a la fuerza  que se emplea para impulsar a la empresa a dar un salto que le permita innovar en sus procesos y resultados. Muchos de estos factores negativos están anquilosados en la estructura directiva que es la que marca la pauta y camino que debe tomar dicha organización, siendo muy difíciles de cambiar por el resto de las personas que integran la misma.  

Surge entonces la pregunta ¿por dónde empezar a aplicar los esfuerzos que sean útiles para cambiar dicha situación? La respuesta está en empezar a cambiar todas aquellos procesos que generen mayor dificultad o impacto ante el cliente para desalojar de ellos cada restricción administrativa, operativa, logística, etc., todo ello partiendo de que son las personas las que realizan dicho trabajo, por lo que hay que poner foco en las mismas como palanca para poder conseguir lo primero.
Toda organización (empresa) mantendrá su inercia negativa hasta que una fuerza externa la impulse a cambiar su rutina. ¿Cuál será esa fuerza que mueva a esa organización? Principalmente será EL CLIENTE, para lo cual los liderazgos que se basan en la inercia tienen que desaparecer y sus líderes ser cambiados.
 


Hay que dejarse de excusas, ser proactivo y buscar la fuerza interna o externa para cambiar la rutina. A esa fuerza se la puede llamar de muchas maneras: competencia, necesidad, estrategia, conocimiento, involucración, ilusión, intuición, innovación,… sean éstas u otras, lo trascendente es superar lo conocido, abandonar el camino pisado y atreverse, moverse rápidamente, establecer nuevas reglas y conquistar nuevos mercados.

Ya lo dijo William James: "El hábito es el enorme volante de la inercia que mueve a la sociedad, su más valioso agente de conservación."



No hay comentarios:

Publicar un comentario