sábado, 25 de marzo de 2017

COMPAÑÍAS CON MIEDO, PARÁLISIS Y...FUNCIONAMIENTO BAJO LA INERCIA




Para los griegos el Dios del miedo era Fobo, el cual hacía que el guerrero se batiera en retirada en medio del combate. Y para mayor temor, Fobo residía en la entrada del infierno. Fobo era hermano de Fuga, otra divinidad de la guerra que inducía a los hombres a huir del combate, y de Deimo (terror), que los paralizaba en el mismo lugar donde se encontraban. Los tres eran hijos y aurigas de Marte, el dios supremo de la guerra que siempre estaba presente en los combates acompañado por sus temibles vástagos. La madre de Fobo, Fuga y Terror era Afrodita, diosa del amor. Y eso representaba que para los griegos la violencia y el amor eran las dos caras de la misma moneda. No por casualidad la más emblemática de todas las guerras, la de Troya, tuvo como causa directa el insensato amor entre el príncipe troyano Paris y la reina de Esparta, Helena. Precisamente era en Esparta donde estaba el principal templo de Fobo. Y estaba situado muy cerca del palacio de los Éforos (los magistrados que administraban la justicia, cobraban los impuestos y gobernaban la ciudad cuando el rey estaba en la guerra), para que éstos tuvieran temor de cometer actos indignos de su clase. Y además, el culto a Fobo, o sea el Miedo, ayudaba a que la gente no se atreviera a violar las normas (leyes) y las costumbres (la moral). También en la ciudad de Corinto había un templo con una gran estatua de Fobo o Miedo. Y su figura aparecía en la égida de Minerva, en tanto que Agamenón, el gran rey que dirigió a los griegos en la guerra contra Troya, llevaba siempre la imagen de Fobo en su escudo. Los grandes guerreros, como Teseo en la mitología y Alejandro en la historia, ofrecían sacrificios a Fobo para que el miedo no se apoderara de sus tropas. Cuando los griegos entraron a Troya gracias a la estrategia del caballo urdida por Odiseo (Ulises), los troyanos trataron de defender su hasta entonces invencible ciudad. Sin embargo el Miedo y la Fuga se encargaron de ahuyentarlos y por eso todos los intentos de resistir fueron inútiles. Los romanos comenzaron a honrar al dios del Miedo desde que Tulio Hostilio (el tercer rey legendario de Roma, sucesor de Numa Pompilio) le prometió instaurar su culto si lo favorecía en una batalla decisiva contra los albanos. Desde entonces los romanos representaron al dios Miedo como una persona con los cabellos erizados por el terror, el rostro asombrado, la boca abierta y la mirada reflejando el espanto como si estuviera ante un peligro súbito y terrible. 


La palabra miedo proviene del latín metus, que según el diccionario de la Real Academia Española, se refiere a la perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario, así como el recelo o la aprensión que alguien tiene de que le suceda algo contrario a lo que desea. La psicología ha explorado el miedo como un estado afectivo y emocional necesario para la adaptación al medio, el cual está asociado a la angustia que genera en el individuo una situación o hecho. Esto puede generar en la persona finalmente una alteración psicológica o un estado somatomorfo (cuando una emoción arraiga en el cuerpo y se somatiza produciendo un trastorno o síntoma físico), lo cual genera perturbaciones o deterioros en la vida del individuo. Existe un acuerdo teórico en considerar que el miedo suele ir acompañado de sentimientos de temor, aprensión e impotencia (Rachman, 1990), y representa la protección natural del cuerpo contra la amenaza potencial, ya sea física o psicológica.  El profesor Daniel Goleman señala el cuerpo humano posee dos caminos para responder a dicho miedo en función de la gravedad de la amenaza. El primer camino sería, cuando se produce dicha amenaza esta es percibida por los sentidos (vista y oído) para ir al tálamo, y posteriormente el neocórtex que procesa la información y envía la señal al hipocampo que enviará finalmente la orden a la amígdala para segregar la hormona (oxitocina) que desencadenara una respuesta a dicha amenaza que percibe el individuo. Sin embargo existe una segunda vía más directa y rápida, si el peligro o amenaza es muy grande la señal llega por sentidos (vista u oído) y directamente va al tálamo para posteriormente llegar a la amígdala, la cual segrega la hormona (oxitocina) que permite al cuerpo humano emitir una respuesta antes de que las señales sean registradas y procesadas por el neocortex.

La emoción del miedo ha sido siempre un aspecto muy recurrente de estudio por parte de los teóricos del management en la gestión y administración de una compañía. Las principales vías de estudio se centraron en el impacto de dicha emoción sobre las compañías sin enunciar argumentos que permitiesen una sólida explicación de por qué se presenta este fenómeno, sin embargo si se planteó que la emoción del miedo genera efectos perniciosos en las organizaciones y por ello erradicarla del lugar del trabajo debe ser una prioridad por parte de la dirección de las compañías. Causas como; la ausencia de creatividad e innovación, la mala calidad de la vida laboral, tener visiones enfocadas en el corto plazo, baja productividad, desconfianza entre mandos y subordinados, ausencia de comunicación real en la compañía, etc., son algunas de las causas que son características en organizaciones empresariales con dicho fenómeno. Esta situación tiene su traslación al funcionamiento diario de la misma con un mal desempeño de los empleados y una grave dificultad para alcanzar los objetivos que fija dicha compañía. 
El miedo es una emoción que se extiende a todos los ámbitos de la vida, tanto en el ámbito personal del individuo como en el laboral, esto da lugar a que aparezcan conductas que no son acordes con las condiciones tanto físicas como emocionales que se requieren para llevar a cabo actividades laborales. Fue el profesor Edward Deming el que afirmo con respecto a dicha emoción lo siguiente: “el miedo inhibe el crecimiento profesional y aniquila la creatividad y la innovación, lo que genera como costo la incapacidad de la mente y el espíritu. En este sentido, se pierde la motivación, la capacidad de reflexión y el talento de los individuos, lo cual afecta negativamente a las organizaciones”. Kish-Gephart sostienen que el miedo en las organizaciones genera culturas del silencio (miedo a hablar), que inciden en las conductas o en el estilo del líder o mando y en la estructura organizacional. En el clima de silencio juegan también otras variables como son los procedimientos internos de justicia, así como la inseguridad sobre el trabajo o la rotación laboral, etc. Parodiando a Herbert Marshall McLuhan cuando dijo que; “el medio era el mensaje”, podemos afirmar, pues, que en la actualidad el miedo es el mensaje, o si prefieren, el miedo es el medio que está instalado en algunas organizaciones que no despejan sus dudas con respecto a su futuro y el elemento central que mueve las mismas, las personas. Cuando hablamos de ese miedo o parálisis corporativa no estamos hablando del miedo genético producido por la duplicidad del cromosoma 15 en las personas, que predispone al espanto, pavor o fobia en dichos directivos. No, estamos hablando de la manipulación que se hace de dicho miedo, el cual ocasiona esa parálisis, silencio y ausencia de decisiones que se extiende en la estructura de una organización e impide que la misma avance. 
El 78% de los trabajadores españoles dice estar descontento con su trabajo, según un estudio realizado recientemente en seis países iberoamericanos por Universia, la plataforma de universidades de Banco Santander, y la consultora de inspiración sobre personas People First. De entre ellos, España es el que peor índice de satisfacción muestra. Una infelicidad y desmotivación laboral que afecta tanto a empleados de menor rango como a cargos directivos, pese a disponer estos de mejores salarios y una influencia mayor en el rumbo de la compañía. Los motivos de dicha situación habría que buscarlos en que las empresas han tenido que ceñirse a una situación difícil y reestructurarse para sobrevivir a la profunda crisis pasada y el leve crecimiento que existe en la actualidad. Los empleados han visto salir a mucha gente mediante ajustes de empleo y han tenido que sobrecargarse con más trabajo. Esto ha generado preocupación, incertidumbre, duda, recelo y estrés en las compañías, máxime cuando en algunas se esperan explicaciones y cambios de personas y estratégicos que no acaban de llegar por sufrir dichas organizaciones una parálisis inexplicable. En estas organizaciones lo curioso es que el cambio se presiente entre dichos empleados y mandos por varios motivos, algunos de ellos serían: indicadores muy dañados por la crisis como por ejemplo: pérdida de clientes, caída de ingresos, etc., ausencia en la toma de decisiones por parte de dichos mandos y directivos, las reestructuraciones y cambios que se hacen sobre la marcha si una hoja de ruta, la ausencia de una comunicación en todos los niveles de la compañía donde se den explicaciones claras y concisas de las metas, objetivos y cambios que se están haciendo, etc. 


Encontrar la solución óptima a dicha situación solo se logrará si se empeña el equipo directivo y la empresa en su conjunto. El primero, con una actitud proactiva tomando decisiones y explicando el que, cómo, cuando y por qué de lo que sucede dentro de la compañía. Para ello los directivos tienen que ser generosos, siendo conscientes de la situación en la que se encuentra la misma, anteponiendo los intereses generales al particular. Es por ello que se requiere identificar las causas que han llevado a esa situación y desarrollar planes específicos para corregir las mismas, proponiendo nuevos retos, planteando un cambio de estrategia y personas, pero sobre todo volviendo a lo fundamental como es poner el foco sobre los empleados.  Para ello, la comunicación es clave, ya que preservar la salud emocional de los empleados desterrando el miedo y la inseguridad es garantía para que el talento, compromiso, iniciativa y otros intangibles florezcan, ya que si no la ausencia de los mismos hará que la compañía pierda enormes recursos para poder competir. El cerebro cuenta con las denominadas neuronas espejo, que hacen que las emociones se contagien. Si en las compañías se crean emociones negativas, estas se retroalimentan y se crean climas de trabajo poco edificantes o tóxicos. Cuantos menos espacios de expresión emocional positiva haya, peor será el ambiente. Hace una década no se podía hablarse de emociones en la empresa, la incorporación de la gestión emocional a la cultura corporativa, con herramientas específicas para desarrollarla entre los empleados es garantía para competir, esto repercute en una mayor eficiencia y por consiguiente en una mejora de la cuenta de resultados.
Todas las personas tienen miedo, ya que dicha emoción ha sido la que ha permitido llegar al ser humano a la actualidad, esa precaución es algo necesario e imprescindible para protegerse a la hora de tomar decisiones prudentes. Sin embargo, también hay un miedo insano, tóxico, que paraliza al individuo, no permitiéndole avanzar ni asumir nuevos retos por temor a equivocarse o a que le rechacen. Este es el miedo que se tiene que reconocer y combatir para evitar que frene los intangibles de las personas, como por ejemplo arriesgarse en determinadas decisiones o transitar caminos no antes transitados por otros. La empresa que ha entendido esta nueva forma de liderazgo escoge a los líderes que realmente son ejemplo y que no se preocupan del poder o de quedar bien hacia arriba, sino de alcanzar los mejores resultados mirando hacia abajo, hacia sus colaboradoresEstas empresas son las que están teniendo los mejores resultados y son los nuevos referentes. El directivo y mando inteligente es aquel que sabe rodearse de gente más inteligente que él, esa es quizás la clave junto con saber escuchar a la gente que manifiesta y argumenta sobre aquellas cosas que se pueden mejorar y se están haciendo mal.  Las compañías no se pueden permitir perder ni un ápice de talento por el miedo, por eso los directivos tienen que saber identificar y seleccionar a aquellas personas que sepan potenciar un Clima Laboral de seguridad en el que él empleado se le permita aflorar todo su potencial y talento. Implantar al Dios Fobo (Miedo) en las compañías como hacían los griegos en la sociedad para contener a la gente de sus malos hábitos o para librar sus batallas no parece un buen negocio en el tiempo en que vivimos, así pues, comunicar, tomar decisiones, desterrar la inercia y el miedo siendo accesibles son el mejor antídoto para desterrar a Fobo y eludir que no se le pongan a uno los pelos de punta como representaban los griegossi se quiere triunfar en la gestión de una compañía actualmente.


Ya lo dijo el célebre humorista José Luis Coll: Desengáñate, no es el dinero, el sexo o el poder lo que mueve el mundo: el miedo mueve el mundo. El miedo a la soledad, a la enfermedad, al azote, a la paliza, al paro, al jefe, al padre, al juez, el miedo al miedo”.

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