lunes, 29 de abril de 2019

"CORPORATE" DE AMIGUETES... COMPAÑÍAS EN DECADENCIA


Lo que ha hecho la Administración Trump desde su llegada al poder, es la toma de los distintos aparatos del Estado por la clase empresarial del país, en un proceso en el que las mayores agencias del Estado pasan a ser dirigidas por grandes empresarios o gestores próximos a las grandes empresas del país sin ningún intermediario. Es la máxima expresión del “capitalismo de amiguetes” en el que todo el aparato del Estado está dirigido y gestionado por los amiguetes del presidente. Un ejemplo de lo que digo ha sucedido en las agencias federales de Salud Pública, hoy dirigidas por personas procedentes de o próximas a las compañías comerciales del sector agropecuario, consideradas algunas de ellas las mayores promotoras de alimentos que no son considerados saludables, como en el caso de Coca-Cola. Los datos son los siguientes:
Un artículo publicado por Sheila Kaplan en primera plana del New York Times del 23 de julio de este año, se detalla como la compañía Coca-Cola influencia las políticas alimentarias del país, promoviendo las bebidas azucaradas, que se considera son la mayor causa de la obesidad infantil en Estados Unidos. Tal obesidad ha alcanzado unos niveles epidémicos en toda la sociedad, pero muy en particular entre los niños y los jóvenes. Las causas de dicha epidemia se han estudiado con gran detalle y son conocidas. Investigaciones llevadas a cabo por la mayor agencia federal de investigación en salud pública, el Center for Disease Control -CDC- (localizado en el mismo Estado de Georgia donde está también ubicada la sede de la empresa Coca-Cola), han señalado, por ejemplo, que las bebidas azucaradas como la Coca-Cola (entre otras) son una de las mayores causas del crecimiento de la obesidad en el país, siendo también responsables del aumento de la diabetes tipo 2, de enfermedades del corazón, de enfermedades renales, de enfermedades del hígado, del aumento de cavidades dentales y caries, y de artritis. Tales bebidas no son las únicas causas. Hay otros alimentos, como los ricos en grasas (la típica hamburguesa McDonald’s es un ejemplo de ello), que son otros ejemplos de ello. El mejoramiento de la dieta ha sido una de las campañas más centrales de las agencias de salud pública federales. ¡Al menos hasta ahora! Ahora bien, tales empresas alimentarias, responsables de dicha epidemia (y a fin de diluir el énfasis en la dieta como medida preventiva), están enfatizando el ejercicio físico como la manera de prevenir la obesidad. Coca-Cola ha financiado en el mismo Estado de Georgia un programa gestionado por el Departamento de Salud Pública de tal Estado, que consiste en añadir media hora de ejercicio en las escuelas públicas de aquel Estado, convirtiéndose en la campaña central del programa contra la obesidad entre los jóvenes de Georgia. Sin embargo es dramáticamente insuficiente para prevenir el problema, pues como bien señala la profesora de nutrición de la New York University, la Dra. Marion Nestle -autora del excelente libro crítico con el consumo de soda, “Soda Politics: Taking On Big Soda (and Winning)”, “una persona normal y corriente tiene que correr 3 millas (unos 5 kilómetros) para compensar las calorías existentes en una botella de 20 onzas de peso (un medio kilo)… Yo estoy muy a favor del ejercicio físico. Pero la realidad es que no hace mucho para reducir peso. De ahí que considere la campaña de perder peso a base primordialmente de hacer ejercicio físico (que es lo que la industria de la soda y comida basura promueven) como muy limitada, a no ser que vaya acompañada de un cambio de dieta, que es un factor más importante para resolver la epidemia de obesidad”. 

Sin embargo, Coca-Cola ahora tiene gran influencia en el gobierno federal y en el CDC. El presidente Trump ha nombrado directiva del CDC a la Dra. Fitzgerald, que era precisamente la Directora del Departamento de Salud del Estado de Georgia, cuando Coca-Cola financió el programa de aumentar media hora de ejercicio en las escuelas públicas. Coca-Cola tiene gran influencia en el Estado de Georgia y sobre sus representantes, la mayoría republicanos (incluido el famoso Newt Gingrich, asesor hoy del presidente Trump), influencia que ahora se ha extendido también al gobierno federal, siendo el nombramiento de la Dra. Fitzgerald un indicador de ello. Como consecuencia de ello, la gran amiga de Coca-Cola tendrá ahora una gran influencia en el diseño de las campañas de reducción de la obesidad. Consciente de la movilización en su contra de la comunidad salubrista de Estados Unidos, la Dra. Fitzgerald ha subrayado recientemente su interés también en promover la ingesta de fruta y vegetales entre los niños. Pero como bien señala la autora del artículo, Sheila Kaplan (de la cual extraigo todos estos datos), es muy probable que a partir de ahora se enfatice mucho más el ejercicio físico que no la dieta para reducir la epidemia de obesidad en EEUU. En realidad, el artículo de la Dra. Fitzgerald sobre nutrición que aparece en la promoción de los programas en contra de la obesidad de la web de Coca-Cola lleva el significativo título de que “La solución de la obesidad infantil requiere movimiento (físico)”. Y las subvenciones federales a instituciones que están haciendo estudios sobre la obesidad se centrarán primordialmente en áreas no relacionadas con los productos que ellos promueven, tales como las sodas. Esta es la consecuencia del capitalismo de amiguetes que existe hoy en EEUU y que, sin lugar a dudas, va a afectar a España también.

El “capitalismo de amiguetes” ha sido un término acuñado en la sociedad española para caracterizar la promiscua relación entre la política y los negocios en España. El término llegó de la mano de grupos de profesionales que desde hace más de diez años han venido reaccionando a la decadencia que presenta la vida pública española en los últimos años. Los bancos y más concretamente el lobby financiero, ha influido de forma directa sobre el poder político español. La abolición de leyes como Ley Glass-Steagall o conocida también como Banking Act en Estados Unidos, ha traído consigo un aumento del tamaño de las entidades y por ende una mayor inestabilidad del mundo financiero, cuyo fruto inmediato ha sido la gran recesión del año 2008. En España dicha situación favoreció el desarrollo de la burbuja inmobiliaria y, después, también propició que no se tomaran las medidas necesarias tras el estallido de la crisis, cosa que contribuyó a agudizarla y que desembocó en unas gravísimas consecuencias para todos los ciudadanos españoles.

En el IBEX-35, al margen de que las puertas giratorias para políticos y los préstamos a partidos políticos -que no se pretenden cobrar, como no se cobraban los de los gremios a los príncipes y reyes que les otorgaban los privilegios que garantizaban sus monopolios. Esto le facilita al sector financiero una capacidad de influir sobre el Estado que no alcanza a sectores como por ejemplo el eléctrico, aun con su potente lobby y sus consejos de administración repletos de expolíticos. También existe un lobby de empresarios que han llevado a sus compañías a un deterioro de sus KPIs de gestión que las hacen más difícil de reconocer, un ejemplo de lo que digo  sucede por ejemplo con Telefónica. El día 26/04/2019 publiqué el siguiente post, http://bit.ly/2Px4ltK En estas compañías llama la atención la pasividad de los accionistas de referencia tales como Bancos o Fondos de Inversión, donde sus partícipes pierden hasta la “camisa” sin que sus representantes exijan responsabilidades a los gestores de las mismas. A la vez que se produce este deterioro en el valor del activo (compañía), sin embargo dichos directivos o responsables de las mismas cobran unas remuneraciones millonarias año tras año, sin que en las mismas tenga ninguna repercusión la pésima gestión o el deterioro de dichos activos. Para más gravedad muchas de ellas son compañías que están operando en sectores regulados, donde se contienen precios para que el cliente final no sufra la carestía de dicho servicio, sin embargo los salarios de dichos directivos en promedio del IBEX-35 son unas 79 veces superiores al salario más bajo de dichas compañías. http://bit.ly/2DDMDQL


Una razón para que los bancos y el Gobierno cohabiten de forma cómplice hay que buscarla en la compra de deuda pública que realizan los mismos de los famosos bonos del Tesoro, y obtienen, a cambio, una regulación que les facilita su operativa y que dificulta la competencia. Esta regulación tiene su origen en el denominado privilegio de “pignoración automática de deuda pública”, instaurado a principios del siglo pasado. Esta situación perversa genera a la banca la siguiente situación, cuando suscribe las emisiones de deuda pública del Tesoro, puede obtener, a cambio y de parte del Estado, una línea de crédito del Banco de España utilizando esos mismos títulos como garantía. Todo el mundo gana, porque el déficit público del Estado (que en España ya está próximo al 100% del PIB) consigue disponer de una financiación segura y mucho más rentable electoralmente que la que supondría subirle los impuestos a los ciudadanos, y los bancos están encantados, porque la cartera de deuda pública es un activo muy líquido que les da un rendimiento seguro.

Ante esta situación, cabe pensar que las compañías que sufren este nefasto castigo en la gestión de las mismas, tengan que acometer drásticos cambios en la gestión con nuevos gestores que se vuelquen en las métricas y la gestión eficiente de las mismas. Algunas compañías han sido emblemáticas en la prosperidad económica de nuestro país, sin embargo lo que se está comunicando en la situación actual es una creciente desigualdad económica y social, esto es una pésima noticia para el capitalismo corporativo. Existen varios motivos para manifestar dicho malestar de la situación actual. La primera razón sería la falta de justificación económica de dichas elevadas retribuciones, las mismas responden a conductas de pérdida de autocontrol. Conductas que se apoyan en una cultura corporativa fundada en una idea equivocada sobre las fuentes del dinamismo empresarial. El segundo motivo proviene de  esas elevadas retribuciones son en compañías que operan en sectores regulados o monopolísticos. Sin embargo existen retribuciones mucho más razonables de directivos de las empresas cotizadas no pertenecientes al Ibex que actúan en mercados competitivos, retribuciones que se mueven en una brecha salarial con un múltiplo entre 10 y 20. La tercera preocupación es la más importante por su impacto en la legitimidad del capitalismo. Tiene que ver con la cultura y la ética corporativa de las últimas décadas. Esa cultura sostiene que el éxito de las corporaciones se basa en la “excelencia” y en el “talento” de sus líderes. Sin embargo es un error que se puede comprobar en algunas compañías donde su capitalización bursátil es muy inferior a la que tenían dichas compañías antes de la llegada de dicho equipo directivo que las dirigen. La riqueza que genera una gran corporación —lo mismo que cualquier otra compañía— es el resultado de la innovación que aportan todos sus stakeholders (grupos de interés)  involucrados: trabajadores, directivos, proveedores o clientes. Se ha prescindido de la idea de que toda persona posee la imaginación necesaria para aportar valor y concebir nuevos bienes y métodos. La creación de riqueza es una tarea colectiva, sin embargo las métricas que presentan en indicadores sobre como por ejemplo Clima Laboral son manifiestamente mejorables.

                                          CRECIMIENTO DEL PRECIO DE LA LUZ


Las elevadísimas remuneraciones de dichos directivos tienen efectos nefastos. Un ejemplo de esto último lo mencionaba Adam Smith cuando decía “la concentración de la renta y la riqueza lleva a la corrupción de los sentimientos morales de los muy ricos”, lo que provoca pérdida de empatía con el resto de la sociedad y debilita la cohesión social. Dichos directivos aprovechan las Juntas Generales para dar consejos a los Gobiernos de turno, sin embargo, en el pecado llevan la penitencia ya que el grave daño que ocasionan en sus compañías a sus stakeholders, tratan de manipularlo y hacerlo pasar desapercibido. Siendo en algunos casos aberrante ante las métricas que presentan por la gestión efectuada 


Las elevadas retribuciones, junto con los crecientes escándalos protagonizados por grandes multinacionales están creando rechazo social y una creciente demanda para reinventar las compañías. Esta nueva visión sostiene que el propósito de las compañías  no es sólo retribuir a sus inversores, sino ser concebidas como instrumentos de compromiso con los intereses de sus empleados, clientes y las comunidades en las que se insertan. Esto requiere pasar de la ética utilitarista, consistente en “maximizar el valor para los accionistas”, a una ética de la responsabilidad, basada en el criterio de maximizar el valor para el conjunto de la sociedad. Esperemos que el gobierno de turno que surja en las elecciones sea capaz de implantar un modelo económico donde las personas sean los grandes protagonistas y beneficiarios de la actividad económica de las compañías.  Adam Smith fue cuidadoso al equilibrar la defensa de los mercados competitivos en su libro  “La riqueza de las naciones” con la defensa de la moralidad y la virtud del autocontrol en la teoría de los sentimientos morales. Ese equilibrio se ha perdido, por lo tanto es necesario conjugar eficiencia económica con equidad social. De lo contrario, la pérdida de confianza en las compañías acabará deslegitimando al modelo económico actual.


Ya lo dijo Adam Smith: “No puede haber una sociedad floreciente y feliz cuando la mayor parte de sus miembros son pobres y desdichados.”





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